Two Artists In Love

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Sinopsis

Andrew, un talentoso cantante en el comienzo de su gira, y Giovanni, un famoso pintor y escultor, se encuentran en una fiesta y comparten un apasionado encuentro amoroso. Sin embargo, Giovanni sufre un contratiempo que lo deja sin memoria de ese encuentro. A medida que sus caminos se cruzan nuevamente en Roma, los dos artistas desarrollan una profunda amistad, sin darse cuenta de su conexión previa. Cuando Giovanni enfrenta un bloqueo creativo, recurre a Andrew y le pide que sea su musa, buscando su inspiración para recuperar su capacidad artística. La historia explora el poder del arte y el amor mientras Andrew se convierte en la musa de Giovanni. Juntos, descubren nuevas formas de expresión y se sumergen en un universo de emociones y creatividad. A medida que enfrentan barreras y prejuicios, luchan por encontrar la verdad en sus corazones y desafiar las expectativas impuestas por la sociedad.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1


—¿Dónde dijiste que sería la próxima fecha? —preguntó, volviendo a la conversación ya que me había perdido en un momento e ignoré todo.

—Milán, Italia —responde Mark, mi manager con cierto enfado—. Te hubieras enterado más rápido si dejaras de estar tan distraído.

No es mi culpa, llevo más de 6 horas sin dormir, ya que se suponía que el vuelo debió de haber salido hace 3 horas. Pude haber dormido perfectamente sin necesidad de parecer un muerto viviente en la terminal del aeropuerto.

Estamos en Amsterdam, hace 6 horas que terminó mi concierto y actualmente estoy pensando en lo pesado que será el itinerario cuando aterricemos en Milán.

Nunca había conocido Italia, es uno de los tantos países donde me presento durante mi gira mundial. Desde que volví a la música sólo había hecho pequeños conciertos en Reino Unido; cuando me dieron la noticia que saldríamos de gira y que casi todos los boletos se habían vendido en varios países me emocioné.

Claro que, nadie me dijo que significaba desvelos, horarios distintos a los de mi país y sobre todo, un gran desgaste mental.

Una voz resuena en los altavoces de la terminal, anunciando que los pasajeros del vuelo con destino a Milán pueden empezar a abordar.

Ya era hora —exclamó, levantándome de mi silla para poder estirarme, siento como parte de mi espalda truena.

—Vamos, hay que hacer fila para entrar al avión.

—Claro que sí, señor obvio —respondo y él solo me mira con enojo.

El sentimiento es mutuo. Aprecio su trabajo y se que quiere lo mejor para mí y mi carrera como artista, aunque en algunas ocasiones es sofocante y parece que es mi segunda madre.

Aun así, lo quiero, aunque jamás se lo diré en voz alta.

Unos minutos más tarde ya me encuentro en el avión, completamente relajado con un asiento que se hace cama y mis audífonos para poder dormir todo lo que dure el vuelo.

Duermo mientras en los audífonos se reproduce una de mis canciones.

Duermo soñando en que todo está bien.

***

Italia parece que ha estado sumida en un atraso tecnológico.

Es precisamente eso lo que me encanta del país, su hermosa arquitectura. Es tan hermosa que puedes mirar a cualquier lugar de las calles y quedar fascinado. Había visto el país muchas veces en fotografías, el mirarlo en persona es una gran experiencia.

Se supone que tengo una prueba de sonido dentro de unos minutos en la arena donde me estaré presentando, pero estoy en una cafetería disfrutando un café antes de volver a mi rutina diaria.

El lugar está demasiado solitario, sin embargo hay un chico al fondo de cabello castaño claro que se ve que está escribiendo algo en el papel.

Es lindo, hasta cierto punto.

Decido sacar mi teléfono para empezar a revisar mis redes y poder interactuar con algunos de mis fans por medio de mis publicaciones, a algunos les doy me gusta, a otros les respondo algunos comentarios con corazones.

Es extraño, jamás imaginé que mi sueño de la infancia se haría realidad. Normalmente siempre tendía a ser una idea completamente lejana, pero hoy es el día en el que ese sueño se puede volver realidad.

Estoy listo para hacer vibrar el mundo al ritmo de mis canciones.

***

Siento una sensación en mi pecho, estoy emocionado.

Faltan 30 minutos para que el concierto empiece y desde el camerino puedo escuchar a los fanáticos llenar las 11,172 gradas del estadio donde me presentó esta noche.

Jamás pensé en este momento. Quiero saltar de mi asiento y correr directamente al escenario y empezar a cantar y bailar, he esperado esto por más de dos años, el momento para poder conectar con la audiencia; mi audiencia.

A mi derecha, mi manager repasa nuevamente las instrucciones que ya me lo aprendí de memoria: pasea por todo el escenario, saluda y sonríe ante el público y que tus movimientos sean naturales.

Todo eso ya lo sé, lo he escuchado más de 5 veces desde que hemos empezado la gira. Llega a ser repetitivo y conlleva un desgaste mental.

Los minutos pasan muy lento, he perdido la cuenta de las tantas veces que he volteado a ver el reloj en la pantalla de mi teléfono para poder saber cuánto falta para que el concierto empiece.

Veo a muchas personas correr de un lado a otro, afinando los últimos detalles del concierto.

Una notificación llega a mi teléfono, rápidamente lo sacó para poder observarlo. Se trata de una marca de ropa que me patrocina, harán una fiesta al finalizar mi concierto y quieren que esté ahí.

—Oye, Street quiere que vaya a una fiesta cuando termine el concierto —digo, mientras le paso mi teléfono para que vea la invitación.

—Acepta, será una buena imagen para la disquera —responde con desdén.

Claro, para la disquera.

Aquí todo se trata de la disquera.

Suspiro bajó, a veces pienso que simplemente me manipulan. Todas mis canciones han sido producidas por mi sello discográfico pero hacen aparentar que soy yo quien las escribe.

Le han estado mintiendo a mi público por más de 2 años.

Dejo de pensar en eso y decido enfocarme en el presente. Terminan de maquillarme y me pongo el vestuario para poder empezar a caminar hacia el escenario.

3 minutos.

Comienzo a hacer unos ejercicios de estiramiento para poder aliviar toda la tensión que he tenido a lo largo del viaje.

Me reúno con mis bailarines y hacemos un círculo, manifestando lo mejor para el concierto.

Voy a mi posición, falta 1 minuto.

Las luces ya se apagaron y los gritos ensordecedores de la audiencia se escuchan por todo el recinto.

En las pantallas se reproduce un video conceptual de mi álbum y del concierto, 30 segundos para que empiece todo.

Inhalo profundamente, empiezo a escuchar los primeros acordes de la canción con la que el concierto empieza, eso significa una sola cosa.

Que el décimo concierto del Your Side Tour ha empezado.

***

—¡Grazie mille, Milano! —grito ante la audiencia, sonriendo.

El estadio y yo vibramos bajo la misma sintoniza durante todo el concierto, los gritos siguen escuchándose aún muy alto.

Una fan arroja una bandera de Italia al escenario, me agacho para recogerla y la levantó por todo lo alto. Causando la euforia de los italianos, comienzo a recorrer todo el escenario antes de volver a backstage.

La emoción aún sigue recorriendo mi cuerpo, esa vibra de querer más aún no abandona mi ser.

Una vez dentro del camerino, muchas personas se acercan a felicitarme, entre ellos mi manager.

—Estuviste fenomenal, Andrew —es lo único que dice, generalmente es alguien de pocas palabras.

Sonrió alegremente y le doy un apretón de manos. Todos salen y me quedo solo, aprovecho y me quito la ropa para ponerme la que tenía antes de que empiece el concierto.

Esa vibra abandona lentamente mi cuerpo, y con ello llega el cansancio, aunque me obligo a pensar que muy probablemente haré todo menos dormir esta noche ya que aún falta el evento de Street.

Terminé de cambiarme y de ahí fui hacia la camioneta que me llevaría al evento, al salir del estadio habían muchos fans afuera, me hubiera encantado poder bajarme para poder firmarles todo y tomarme fotos con ellos.

Lastimosamente, las cosas no sucedieron así.

La noche ha caído sobre la ciudad de Milán, veo por la ventana hacia la ciudad llena de luces, es un espectáculo hermoso.

Pocos minutos después, llegamos hacia la sede del evento, han puesto incluso una alfombra roja y hay mucha prensa del otro extremo. Una persona se acerca para abrirme la puerta para que pueda bajar.

Las cámaras apuntan hacia mí. Todos quieren capturar a Andrew Seidl.

Paso y me coloco en una marca donde posó para que los fotógrafos capten mi ángulo, después de eso entró al recinto.

El sonido es ensordecedor y las luces deslumbran a mis ojos, la música suena muy alta y puedo captar algunas de las canciones que suenan y reconozco también a algunas personas que están bailando en la pista.

Me acerco hacia ellos y comienzo a saludarlos, rápidamente me integro a la fiesta y empiezo a tomar junto con ellos y también a bailar.

Pocas horas después, la fiesta está en su punto más alto y toda la gente, incluyéndome, se encuentra algo ebria. Me acerco a la barra para poder pedir unos shots de tequila, de reojo noto que no estoy solo.

El mismo chico de la cafeteria se encuentra aquí, lo reconozco por el piercing y por ese tono de cabello, lleva una camisa, un jean y unos zapatos de vestir, todo negro, que hace conjunto con una cadena plateada alrededor del cuello.

Tal vez esta es una señal.

O tal vez no.

Quizá sí, ya que se acerca hasta quedar a mi lado, posando sus brazos en la barra mirando hacia la pista de baile, no lo miro pero tiene toda mi atención.

Ti piace questa canzone? —dice, aunque no lo comprendo bien ya que habla el italiano, puedo captar algunas cosas, creo que mencionó algo sobre que le gustaba la canción.

—Lo siento, no hablo italiano —mencione yo, volteando para poder verlo. Lo primero que capté fueron sus ojos color almendra, aunado a su altura, debía de medir un poco menos que yo. Este chico podría ser un modelo perfecto si se lo propone.

—Disculpa, debí suponer que no eras aquí —relame sus labios mientras me mira fijamente—. ¿De dónde eres?

—Vengo de Londres, desde Inglaterra —el simple hecho de mencionarlo hace que me de cuenta de que jamas había estado tan lejos de casa, y ahora aquí estoy, con alguien que habla un idioma completamente distinto al mío.

—Londres, un hermoso lugar —asiente lentamente—. Por cierto, ¿quieres un trago?

—La verdad, al igual que todos en esta fiesta estoy algo borracho —dije, aunque en mis labios se formó una sonrisa leve—. Pero, no veo porqué no aceptar.

Hai un bel sorriso —dice nuevamente en italiano y luego se gira a pedirle dos tragos al bartender.

No pasan ni dos minutos que nos lo alcanza y él paga.

—Asi que, cuentame, ¿a que te dedicas tú? —pregunte, sentándome en una de las sillas que había en la barra.

Por los altavoces se escucharon los acordes de una canción, de mi canción. Reí levemente, debi de suponer que pondrian mi música en algún punto de la fiesta.

—Soy pintor y escultor la mayor parte del tiempo, ¿tú qué haces?

—¿Escuchas la canción del fondo? —sonreí con burla—. Yo soy el cantante.

Dije orgulloso, y le guiñe el ojo mientras sonreía.

—¿En serio? —me mira alegre— Ya la había escuchado un par de veces y ahora tengo al cantante enfrente. Fascinante.

Sonreí aún más contento, la canción seguía sonando y se acercaba a mi parte favorita.

—I still picture it, it’s being a couple of months —sonreí mientras lo miraba, ofreciéndole mi mano para que la tomara.

Él la acepta sonriendo, mientras con la otra mano lleva el cóctel a su boca y toma un poco, luego lo deja en la barra y se acerca más a mí.

—¿Quieres bailar? —pregunté sonriendo, pegando mi cuerpo un poco hacia el suyo.

Solo quería ser Andrew, y no Andrew Seidl, el cantante angelical.

No contesta nada, solo me toma de la cintura y aún así dice todo, mi cuerpo responde, moviéndose lentamente al compás de la canción. Bailamos como dos borrachos bajo algunas risas.

—I still do, love you, hate you —sigo cantando contento, estamos en una zona alejada de todos, no hay mucha gente cerca nuestro.

Seguimos bailando contentos, sonriendo los dos hasta que la canción termina, ambos estamos respirando agitado y estamos completamente sudados.

—Oye, ¿te gustaría ir a una zona más alejada? —preguntó, posando una de mis manos en su cintura.

—Para tu suerte, tengo el lugar indicado —sonríe, y me toma de la mano que aún tengo disponible.

Recorremos una zona por donde no hay nadie hasta que llegamos a un callejón, lo pongo contra la pared y uno mis labios contra los suyos.

Su textura es tan suave y tersa, posa su mano en mi cabeza para que no me aleje de él.

Como si quisiera hacerlo.

Nos separamos por la falta de aire, pocos segundos después, es él quien va a besarme a mi, correspondo aquel beso sin siquiera oponerme.

Me pegó aún más a su cuerpo, creando algo de fricción en la parte baja mientras ahoga un jadeo.

Algo vibra en mi bolsillo, es mi teléfono, me separo para poder mirarlo y veo perfectamente como frunce el ceño.

—Es mi manager —respondo después de ver la pantalla.

—No contestes —murmura, pasando sus brazos por mi cuello—. La estamos pasando muy bien.

Pienso en el hecho de darle la razón, pero sé que no será nada bueno así que me separo un poco para poder responderle. Cuando termino, vuelvo para verlo, está molesto.

—Adelante, ve con tu manager y déjame aquí tirado —responde, claramente dolido.

Me acerco a él y lo empotró contra la pared, vuelvo a besarlo de forma pasional y succiono su labio cuando me separo.

—Se que volveré a encontrarte, bello, hasta ese entonces, mantente reservado para mí —le guiñe un ojo para después besar su mejilla y retirarme de ahí.