Instinto Ignorado (Instinto 3)

Sinopsis

Neville Longbottom es un Omega huérfano que vive con su abuela paterna, es vecino en el mismo edificio que Harry Potter y además niñero a tiempo completo. Él no espera ser amado por un Alfa aunque tampoco se cierra a la posibilidad, simplemente la vida no le está dando tiempo y ocasión para ello. Theodore es uno de los mejores amigos de Draco, el Alfa de Harry, y ante todo un libertino despreocupado que no cree en el compromiso y así lo demuestra burlándose de Malfoy y su vínculo. El karma es un gran maestro y les enseñará a ambos a tragarse sus propias palabras, también les enseñará que el instinto puede ser además ignorado.

Estado:
Completado
Capítulos:
24
Rating
4.5 2 reseñas
Clasificación por edades:
18+

1

Toda boda tiene su despedida de soltero y por consiguiente; mucho estrés, expectación y deseos de divertirse. Claro que eso por lo visto no importa si el que se casa es su amigo Draco Malfoy y vive lamiéndole el culo a su Omega Harry. Para Theodore Nott, su amigo y compañero de corredurías libertinas había muerto la noche en que conoció a ese maldito Omega. Él, como el resto, se había enterado las Navidades pasadas cuando el Alfa había ignorado olímpicamente a todos los Omegas de aquél local y confesó entre copa y copa su desesperante situación amorosa. Lo había perdido definitivamente. Lo peor no era eso, lo peor era que se había dejado marcar por su compañero ¿Qué Alfa en su sano juicio se deja marcar? Y encima en el primer celo compartido. Pero no, eso tampoco era lo peor, lo peor era que criaba como suyos a dos cachorros ajenos y encima vivía en aquella casa diminuta.


Theo tuvo que callarse muchos comentarios tras varias discusiones con Draco pues sentía que la próxima sería la ruptura definitiva de su vieja amistad.


No odiaba a los Omegas o la marca, no era eso. Detestaba en lo que un Alfa se convertía en esos casos: aburrido, monotemático, responsable y fiel. La vida era para ser disfrutada, no para sufrirla bajo el yugo de una relación monógama. Y hasta hacía casi un año Draco opinaba igual... Bueno, igual no porque el rubio simplemente se dedicaba a divertirse y era el propio Theo el de las pancartas de libertad Alfa.


—Compórtate o lo perderás. —Blaise no perdonaba ni una, era la tercera advertencia ya en el coche antes de llegar a casa de la pareja.


—Tranquilo, es la noche de Draco y seremos unos Alfas aburridos y castos y bla, bla, bla...


—Deja de ser tan gilipollas, Theo, está enamorado, no muerto.


—Se ha dejado marcar. —le recordó por enésima vez indignado.


—Pues genial, si él es feliz nosotros también.


—Eso lo dices porque eres Omega.


—Eso lo digo porque Draco es perfecto para ello —Blaise lo barrió con la mirada y le dedicó una sonrisa de suficiencia—. No todos tienen lo que hay que tener para poder ser marcados.


—Seh... Se llama no tener huevos.


Zabini le golpeó pese a estar conduciendo y subió el volumen de la música para ahogar el resto de risas.


Otro signo peligroso de Alfa marcado era que se reunirían todos en la casa de la pareja y luego se dividían.


Blaise, Theo, Marcus, Goyle y Crabbe por fin llegaron y cruzaron la puerta siendo recibidos por Draco. El encuentro fue maravilloso hasta que Theo levantó al rubio en volandas vociferando: «Fiesta loca y putas a mansalva».


—Es broma, hombre —se disculpó atónito por la reacción del Alfa—, es una forma de hablar.


—Hola —Harry le sorprendió con una sonrisa falsa y tirante—, soy Potter.


—Encantado y felicidades.


Bien, primer error por lo visto. Draco estaba tenso, el Omega Potter ceñudo y el resto de invitados callados.


—No tardaré mucho —Se inclinó por un beso de Harry concedido con ternura y le sonrió—. Esperad aquí.


Theo se quedó descolocado al quedarse solo con Harry, el cual le dio la espalda y se marchó sin más.


—Te lo advertí... —Canturreó Blaise divertido.


—¡Calla! Bueno, hay que socializar.


—No conozco al resto, pero hay bastantes Omegas.


Ambos a parte de Draco, eran los más allegados en amistad, los otros tres Alfas solían formar su extraño aquelarre de vulgaridad.


—Mira esa —señaló Theo a una chica rubia, conversaba con una morena más alta y un chico regordete—, es guapa.


—Será amiga de Harry.


Blaise lo buscó y lo encontró en el sofá con tres Betas pelirrojos. Aparte de ellos, sólo habían dos Omegas más conversando juntos sentados alrededor de la mesa y se parecían entre sí, dos Alfas pelirrojos, una Omega de cabello alborotado castaño y otra Omega que también parecía hermana de los Betas del sofá.


—Cuanto pelirrojo...


—Serán los Weasley. —aventuró Zabini.


Los olores de la habitación se mantenían a una frecuencia tenue y sin castigar el ambiente. Todos sabían retener su aroma para no incomodar a los demás. Se quedó junto a Zabini ahí plantado observando sus posibilidades, si es que en algún momento de la noche ambos novios se encontraban. Podría follarse a la rubia o en su defecto a la morena, o puede que uno de los Omegas sentados a la mesa... O la pelirroja... O si no, pues se serviría de los y las strippers.


—Estás buscando una presa. —No preguntó sino que manifestó el italiano en su oído.


—Sí. —reconoció pagado de sí mismo poniendo más atención a la mercancía.


Había donde elegir y entonces algo llamó su atención; el Omega regordete reía junto a la rubia y la morena. Era espantoso de ver, su boca formaba una O y los maxilares no cerraban por culpa de su irregular dentadura. Le confería una perpetua cara de bobo con los labios en semi luna a punto de babear. Sus ojos declinados en las puntas le hacían ver triste y sus hombros caídos aún más barrigón.


—... Habráse visto Omega más tonto y feo que... —Theo se jactó de aquel chico murmurando en la oreja de su amigo que buscaba extrañado a quién se refería, se rió sin contención con la vista clavada en su objeto de burla—. Para lo único que le sirve a ese rubio gordo la boca de pez es para ahorrar trabajo al meterle una polla y rezando que no se ahogue...


Pocas veces se dan ciertas circunstancias cuya milagrosa convergencia da lugar a lo imposible.


Justamente en su última frase la gente del salón, por demás pequeño, se quedó en silencio. Sólo existían tres rubios y el novio Alfa no sería, Luna tampoco por ser mujer y luego estaba Neville. Pero si ello no era suficiente como para dar a entender a quién iba dirigido tamaño insulto, estaba además el hecho de que Theo no disimuló al mirarlo directamente y hasta el señalarlo con un gesto de mano. También quiso la divina Providencia que el grupo conformado por Luna, Pansy y Neville girase a verlos con atención al escuchar tan sonoramente esa frase y por último fue Blaise harto de él.


—Eres gilipollas. —soltó Zabini cuya paciencia expiró.


Lo abandonó a su suerte y se unió al resto de amigos.


"Draco me va a matar" Dos Alfas pelirrojos se le quedaron mirando fijamente con la mandíbula apretada y las feromonas asfixiando el ambiente, pero la mirada verde helada que le asestó Harry le aseguró que no quedaría ahí la afrenta, eso y su espeso olor rancio homicida. Se sintió expuesto, incómodo y pillado en su fechoría, y al observar a ese Omega por ver si se le acercaba exigiendo una disculpa descubrió algo más; Sus ojos azules le devolvieron la mirada y se la sostuvo. Cerró los labios rojos no sin cierta dificultad y tragó parpadeando, apretó la lata de cerveza y se estiró del jersey que cubría su cuerpo redondeado.


Theo comprobó que aquél Omega luchaba por no llorar y hasta le supo un poco mal, no tenía la culpa de ser gordo y feo. En dos segundos todos los del salón hicieron un corro protector alrededor de él. Los dos Alfas encabezando al grupo y tres Betas detrás.


"Voy a disculparme"


Se acercó barajando varias justificaciones plausibles para su patinazo verbal y a dos pasos la morena se plantó delante esquivando al resto.


—No estoy de servicio, pero eso no me impide limarme las uñas con tus ojos de puerco.


—Ouww, vale —Alzó las manos componiendo su mejor sonrisa de arrepentimiento—. Vengo en son de paz, quiero disculparme.


Era espeluznante ver a Alfas, Betas y Omegas crear el círculo de protección. "Como en estado salvaje frente a un depredador y protegiendo al más débil"


—La única razón por la que no te echo de mi casa es porque eres amigo de la infancia de mi Alfa —Harry le desafió pese a su diferencia de estatura y corpulencia, no había rastro de temor o cobardía y uno de los Alfas pelirrojos permaneció a su lado con expresión intimidante—. Ten por seguro que ésto no quedará así. —Era una amenaza clara y alta.


—Estoy tremendamente arrepentido —olor a rancio y espeso de hojaldre... Harry—, soy un gilipollas redomado como bien dice mi amigo Blaise —Captó el olor a algodón de azúcar de la Omega rubia que lo observaba curioso—. Y el caso es que llevo varias latas de cerveza encima desde que salimos en coche —La morena era Beta y sorprendentemente uno de los pelirrojos era Omega por su inconfundible olor a campos de trigo áspero y seco—. Y cuando bebo digo tonterías porque no lo pienso, no de verdad —Los otros dos Omegas castaños no olían apenas por lo que dedujo que se habían tomado supresores, aunque no entendía los motivos, y la Omega castaña y pelirroja despidieron olores de rechazo malogrando su dulce aroma—. He dicho una estupidez que no pienso realmente porque simplemente me aburro y cuando me aburro es mejor tirarme al contenedor de la basura y sacrificarme para que deje de gimotear.


Y luego llegó el olor del cara de pez boca polla; almendras.


Básico, único y plano. Almendras. Nada de mezclas dulces como Harry o Luna, nada complejo como el olor a cáñamo y ron con naranja de Blaise, nada original como los campos de trigo... O a libros y barniz o... No, almendras a secas, sin caramelizar, sin rebozar, tostar, garrapiñadas o en combinación con otro olor delicioso. Nada. Almendras naturales cuyo amargor impactó en su nariz y se quedó allí atrancado.


—Pídele disculpas entonces. —Pansy se hizo a un lado y el corro se abrió hasta llegar a Neville.


"Brrrrr, qué mal rollo dan"


—Aligera, que para contar milongas sí tienes lengua. —apremió el Omega con aspecto de Beta pelirrojo.


—Dale un segundo, hermano, que aún está haciendo conexión neuronal. —añadió bufón uno de los gemelos.


—Hola, me llamo Theo, un placer. —Se presentó ofreciendo su mano.


—Neville. —Le apretó flojo el saludo.


La mano era más pequeña y regordeta en comparación a la suya, como su dueño. Tenía la piel tibia casi fría y las mejillas muy encendidas. La boca no se le cerraba pese a sus vanos esfuerzos y eso provocó el movimiento reiterado de sus labios: rojos y de aspecto floral como una rosa abierta. Sus ojos eran limpios y transparentes, empañados de desconfianza y molestia. Le llegó otra ráfaga de aroma a almendras, su intensidad natural le hizo estremecerse de placer y su Alfa se sacudió embelesado. Pese al conglomerado agobiante de olores en la habitación, Theo distinguió su olor con nitidez.


—Lo siento. —confesó realmente arrepentido.


El Omega llamado Neville sonrió cuanto apenas, con verdadero dolor en su expresión. Juntó los labios en otro fútil intento y desvió la mirada.


—No en realidad, pero da igual. —Y la mano le abandonó antes de siquiera notarlo.


—Soy honesto. —insistió, no supo por qué.


—Y yo hermoso y con cara de inteligente. —respondió sarcástico, sonriendo más y parpadeando lágrimas contenidas.


—Ahora que te presto más atención puedo decir que...


—¡Theo! —Draco se cernía tal cual era en la entrada al salón—. No lo empeores. —sentenció con voz honda.


Su mirada gris hielo muy parecida a la de su Omega le decía que ésto no terminaría así.


—Bueno, perdón —se giró a Neville buscando su olor con disimulo—, lo digo en serio.


El Omega asintió expresando sin retención que no se creía ni una palabra.


Finalmente se marcharon viendo a la pareja despedirse tras muchos besos, tirones de cuello, risas, amenazas y celos. Pansy para sorpresa de los Alfas se fue con Draco y la rubia llamada Luna con Harry.


Theo no había empezado la noche y ya no encontraba su centro. Soportó el regaño de Blaise, los consejos del resto, los gruñidos de un tal Charlie, la amenaza de esa Pansy que por lo visto era policía y un: «Tú y yo tendremos una charla», de Draco. Se encaminaron al restaurante intentando recuperar el ambiente festivo y trató de olvidarse del tema del Omega con boca de pez.


"Es que... Bueno, igual exageré con lo de feo, pero ciertamente guapo tampoco es. No es que esté gordo como tal, pero es bastante rellenito y fofo, tiene tripa, mofletes y se le nota ya la edad. Mira como una presa con esos ojos y... es templado. Sonríe raro, entre dulce y triste. Los labios son muy rojos y brillantes, como si tuviesen gloss, pero natural... huele a almendras, almendras, almendras..."


Por más comida que engulló, conversación, música, bailes y Omegas desnudos que olió y palpó, las almendras se quedaron en su nariz, y en su recuerdo la mirada vidriosa junto a una sonrisa dulce y afligida.