habit ✧ KookV

Sinopsis

Jung Kook y Tae Hyung prometieron dejar atrás su vida dentro de la mafia para ofrecerle algo distinto a sus hijos. Parecen haberse convertido en una familia común, pero en ocasiones es difícil olvidarse de su origen, de sus hábitos y formas de responder al peligro. 🀄️ Advertencias: - TwoShot - Mpreg (doncel) - Uso de armas. - Contenido para mayores de edad. [ Historia totalmente original, prohibidas copias y/o adaptaciones ]

Genero:
Romance
Autor/a:
dianaLovesV
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

parte uno.

Se dice que los niños que nacen en el seno de una familia de la mafia están condenados desde el inicio a una vida de violencia. Se dice que Dios se ha olvidado de ellos, que se ha olvidado de sus pequeños ángeles al condenarlos de aquella manera.


TaeHyung y JungKook nacieron como hijos de líderes dentro de la red de la mafia coreana.


Para ellos, el graznado de un ave y el revoloteo de sus alas ante el sonido de un disparo al aire en su dirección era común. Los gritos desgarradores provenientes del cuarto de torturas habían sido sus canciones de cuna. Las armas, los conflictos y muertes violentas delante de sus ojos les habían arrebatado la inocencia. Estaban acostumbrados a recibir besos y caricias paternales por parte de aquellas manos que no tambaleaban al matar. Para ellos, el mundo siempre había funcionado de esa peculiar manera, pues no importaba cuánto se lograran asemejaran sus vidas a las de los chicos de las películas occidentales, todo siempre terminaba por tomar el mismo rumbo.


Al final, todas sus alegrías estaban manchadas de sangre.


Sin embargo, detrás de aquellos niños que no sentían nada al ver una vida esfumarse delante de sus ojos, había justamente eso... niños con otro tipo de sentimientos jamás explorados.


JungKook jamás se había sentido tan desarmado, ni siquiera cuando su padre doncel le obligaba a dejar las prácticas de tiro para cocinar galletas juntos y hacer su corazón saltar alegre ante el azúcar. Pero entonces había cumplido los trece años y se encontraba en su primer día en el Instituto de Seúl al que asistían todos los hijos de líderes y más que importarle aquello que le decía SeokJin, el heredero de la mafia de Seúl, sus ojos estaban capturados por el chico castaño a tan solo unos lockers de distancia.


— ¿Quién es él? — había preguntado aún con los ojos sobre su perfil.


— Oh, ese es Kim TaeHyung, heredero de la mafia de Daegu.


— ¿Heredero?


SeokJin soltaba una risa perezosa.


— Su encanto ya te ha dicho que es un doncel — aseguraba. — Pues a su padre no le molesta que lo sea, sigue siendo su primogénito y por ende el heredero.


— Oh... — JungKook soltaba con un último aliento, ¿por qué se sentía tan mareado? Parecía que incluso se hubiera olvidado de respirar y todo empeoraba cuando aquel par de ojos verdes le devolvían una filosa mirada.


— Te lo puedo presentar, lo conozco de algunas reuniones con nuestros padres.


JungKook había estado apunto de negarse, apunto de salir corriendo ante el miedo que aquellos ojos verdes le habían provocado, pero para su fortuna o desgracia, su amigo había sido más rápido al llevarlo delante de aquel chico con apariencia tan dulce como intimidante.


Aquel chico por quien estaría soltando suspiros durante dos eternos años de amistad para después al fin declararse.


— Pensé que nunca lo pedirías — TaeHyung le había respondido mirándolo desde arriba.


— Llevo dos años buscando el momento correcto — JungKook soltaba aún hincado.


— Bien, entonces estaría bien que ya te presente formalmente a mi papá, a diferencia de ti, a mí no me gusta perder el tiempo.


— ¿Tú papá qué?


[...]


En el pasado, la mafia de Busan y la de Daegu se habían visto envueltas en diversos conflictos durante mucho tiempo, pero aunque en los últimos años se habían mantenido en paz con negocios regidos por estrictos acuerdos entre sus líderes, en definitiva a ninguno le cayó en gracia saber acerca del noviazgo entre sus herederos. De todas formas, aquella unión era la oportunidad perfecta para mantener una relación cordial y amistosa con verdadera confianza o por el contrario, destruirse de una vez por todas.


Los siguientes años fueron así, con los líderes trabajando en su confianza en el otro para negociar, pero sabiendo que todo podría irse al carajo a causa del corazón roto de cualquiera de sus hijos.


Por primera vez, los acuerdos entre dos importantes potencias de la mafia de Corea parecía depender de nada más que del amor.


— ¡Eres un imbécil! — el rostro de JungKook se volteaba ante el impacto de la palma de su padre, Jeon In Soo.


JungKook levantaba la cabeza obligándose a no sostenerse el área afectada, su rostro estaba rojo debido a la vergüenza de ser tratado así delante de aquellas personas.


— ¿Por qué te enojas? Deberías ponerte f-...


— Cállate — el hombre decía propinándole otra bofetada. — ¿Tú estás feliz?


JungKook giraba a la izquierda sólo para ver a TaeHyung sentado con las piernas cruzadas y ese aura de poder que amaba.


— Sí — respondía Seok seguridad girando nuevamente a su padre.


In Soo boqueaba furioso, TaeHyung creía que sufriría de un paro cardíaco en cualquier momento.


— No sabes lo que dices — su padre decía acercándose a pasos apresurados para golpearle de nuevo. — No eres nada más que un mocoso que no sabe-...


— Está bien, In Soo — la rasposa voz de Kim Hae Sik, el padre de TaeHyung, resonaba por toda la habitación, sus manos sobre los hombros del padre de JungKook para detener el siguiente golpe. — En estas circunstancias debemos pensar con la cabeza fría.


— No hay nada que pensar — TaeHyung decía desde su lugar. — Estamos en espera de un bebé y eso es todo — soltaba con aparente seguridad, aunque por dentro deseara soltarse a llorar como un cachorrito al que acaban de separar de su madre. — Ambos seguiremos cumpliendo con nuestras responsabilidades tanto como nos sea posible.


— Sí, ya no somos unos niños — JungKook decía dando un paso al frente hacia su padre. — Ni siquiera debí dejar que me golpearas.


In Soo carcajeaba, lo hacía tanto que terminaba por golpear suavemente el brazo de su socio, el líder de Daegu.


— ¿En verdad crees que ya no son unos niños?


JungKook sentía sus mejillas arder, pero no por la vergüenza de que el padre de TaeHyung estuviera siendo sutil al decirle que estaba equivocado. No, no, todo se debía a las bofetadas antes recibidas.


— Ambos ya tenemos veinte años — atinaba a decir. — Los dos seremos líderes, estamos trabajando en eso.


— ¡Aghh! — el gruñido proveniente de su padre le dejaba en claro que hubiera sido mejor no decir nada.


— Pero aún no lo son — Hae Sik decía ignorando los gruñidos del hombre a su lado. — Y ahora que tendrán un hijo todo será más difícil para ustedes. No será lo mismo — sus ojos bailaban entre su hijo y su yerno. — Ser padre no es algo que puedan aprender de la noche a la mañana. No es algo que se aprenda tan fácil como disparar un arma o gritar con autoridad a un par de hombres armados.


JungKook estaba más avergonzado qué nunca, pero siempre después de cada equivocación por su parte, TaeHyung era quien sacaba la cara por ambos delante de los líderes. Y aunque sabía que ellos no lo notaban, él aún podía percibir la nariz y párpados tintados en rojo después de las horas de llanto.


— No importa si es difícil — JungKook decía plantándose con seguridad frente a ambos. — Sabemos que no es el tiempo adecuado, al menos no el que nosotros mismos habíamos imaginado, pero es lo que es, así que haremos nuestro mayor esfuerzo — su espalda se doblaba en noventa grados frente a ambos. — Por favor disculpen las incomodidades y preocupaciones que estemos causándoles como nuestros padres, pero tengan por seguro que nosotros no estamos mejor que ustedes.


La preocupación que JungKook había mencionado parecía flotar en el aire mientras ambos líderes se miraban. No se trataba del futuro de sus legados en la mafia, sólo eran dos padres preocupados.


— ¿No quieres pegarle? — In Soo decía mirando hacia el líder de Daegu. — Te dejo por esta vez.


Hae Sik miraba por unos segundos hacía su propio hijo que permanecía sentado en la esquina de la habitación. TaeHyung apenas alzaba una de sus cejas al mirarlo también, mientras que JungKook no había retrocedido ni mucho menos.


— Creo que yo paso — Hae Sik decía dejando caer su mano en el hombro de JungKook. — No me gusta usar la violencia con mi familia.


[...]


Tal como habían estado escuchando de parte de sus padres por los siguientes nueve meses, la llegada de su bebé estaba complicando sus obligaciones como próximos líderes, pues aunque recibían ayuda de su parte y seguían contando con todas las comodidades de sus familias, la mayor parte del peso había caído sobre sus hombros.


Aún así, JungKook no parecía ver su mayor preocupación en descubrir la razón del llanto incontrolable de su hijo que mantenía despiertos a todos en la casa principal. Lo que le molestaba ni siquiera era pasar la noche en vela cambiando pañales o descubriendo cómo lograr sacarle el aire a su bebé. Había algo más, una sensación asfixiante cada vez que se separaba de él. Y quizás no lo había sabido en el primer instante en que lo vió, ni los siguientes días, pero lo había comprendido después de su primer conflicto armado contra una mafia del norte mientras en casa su hijo le esperaba.


— No puedo hacer esto — soltaba con los ojos fijos en su bebé, el lindo pelinegro que hasta hace minutos sollozaba sin cesar, las mejillitas regordetas tan parecidas a las de su padre.


TaeHyung apenas podía mantener los ojos abiertos aquella madrugada, pero las palabras de JungKook habían caído como un balde de agua helada.


— ¿Qué dijiste?


— No puedo con esto — JungKook decía levantando la cabeza para mirarlo, el pequeño cuerpo se movía entre cada arrullo en comodidad de los fuertes brazos de su padre.


— ¿A qué te refieres con esto? — TaeHyung soltaba dejando de susurrar aún cuando su bebé dormía.


— Yeon Jun.


Por unos breves instantes, los ojos del doncel habían flameado apunto de asesinar a JungKook, pero entonces lo escuchaba hablar de nuevo.


— ¿Cómo puedo salir todos los días sabiendo que quizás no voy a regresar? — los ojos que TaeHyung conocía afilados al enfrentarse a mafias enemigas, ahora se tornaban totalmente caídos, brillantes por las lágrimas retenidas. — ¿Cómo puedo estar tranquilo provocándole el mismo miedo que yo tengo cada día con mi padre?


TaeHyung abultaba su labio reteniendo el llanto, el corazón se le apretaba al escucharlo hablar de un sentimiento tan conocido por él mismo.


— Está bien, tranquilo — decía apresurándose a llegar a su lado en la cama. — No te va a pasar nada — agregaba reteniendo el nudo en su garganta, sus manos deslizándose por los brazos decorados con heridas apenas curadas y otras cuantas cicatrices pasadas debajo de aquellos tatuajes.


— Pero tú...


TaeHyung negaba fingiendo una sonrisa, sus manos sosteniendo el rostro de JungKook mientras sus pulgares se encargaban de limpiar las traviesas lágrimas que ya empapaban sus mejillas.


— Tampoco me va a suceder nada malo — decía buscando transmitir algo de seguridad incluso si el temor también comenzaba a crecer en su interior. — Vamos a hacer lo que debemos y al final del día estaremos aquí... juntos.


— Promételo — JungKook pedía recargando a YeonJun en su pecho. — Prométenoslo.


Los labios de TaeHyung habían temblado, ambos sabían que no podía prometerles algo como eso cuando la muerte estaba todo el tiempo a su acecho.


— Se los prometo.


Esa noche, los ojos de JungKook le habían hecho saber que no le creía, que sabía que estaba mintiendo para tranquilizarlo. Pero estaba equivocado, TaeHyung no podía mentirle cuando miraba a YeonJun y se veía reflejado en él. El pequeño TaeHyung yéndose a dormir sin un beso de buenas noches para a la mañana siguiente despertar oliendo el aroma de la sangre ajena impregnando la ropa de su padre, el hombre que a él le sonreía después de asesinar a quienes atentaban contra su felicidad.


[...]


— ¿Cuándo ibas a decirme que te inscribiste a la universidad?


TaeHyung levantaba la mirada sin dejar de mover a YeonJun de arriba a abajo con brinquitos en el pasto, su contagiosa risa de bebé resonando por todo el jardín de la casa principal, aquella extraña residencia ubicada entre Daegu y Busan, aquella donde los padres de ambos pasaban mucho tiempo visitando a su nieto, más del que ellos desearían para tener privacidad con su hijo.


— Iba a decírtelo cuando tú me contaras que también te inscribiste a la universidad — soltaba desviando la mirada nuevamente a su hijo. — ¿Negocios Internaciones? No lo hubiera imaginado.


JungKook boqueaba.


— ¿Fisioterapia? — cuestionaba acercándose más, su cabeza recargándose en una de las piernas del doncel. — Creo que me duele el hombro, un masaje me vendría bien.


— Que te masajee tu papá.


— Ah... — JungKook suspiraba. — Eres tan romántico, te adoro.


TaeHyung sonreía con él, sus ojos no podían despegarse de los suyos incluso cuando YeonJun balbuceaba tratando de arrancar el pasto debajo de ellos. Había pasado un año después de aquella promesa que JungKook había sentido vacía, y no podía estar más feliz por saber que se había equivocado.


[...]


No lo habían hablado directamente, al menos no hasta ese momento, pero ambos estaban consientes de que todos sus esfuerzos estaban destinados a un mismo objetivo.


— ¿Ya casi viene mi papi?


Y estaba siendo más que difícil sobrellevar una vida entre su hijo, la universidad y la mafia que les exigía demasiado como próximos líderes.


— ¿Ya casi? ¿Ya casi...? — YeonJun soltaba entre cada brinco a su lado en la cama.


La universidad era un infierno, al menos para JungKook lo era. YeonJun había cumplido los cinco años y él seguía allí, tal parecía que la vida se le estaba yendo por completo en la espera de graduarse. "Un poco más..." — se repetía a sí mismo todo el tiempo.


— Ya casi, cuenta hasta el diez — JungKook respondía con una sonrisa tranquila sabiendo que TaeHyung regresaba a casa después de la universidad. Se sentía tan orgulloso, unos días más para su doncel y estaría graduado.


Sin embargo, los toques en la puerta de su habitación no le dejaban disfrutar de su emoción pasajera.


— Están atacando la Casa Principal en Daegu — escuchaba de parte de uno de sus hombres que se marchaba a pasos apresurados después de entregarle el comunicado.


La Casa Principal entre ambas mafias, la misma donde él se encontraba con su hijo, no era un punto de reunión para negocios entre Daegu y Busan, ni mucho menos para otras mafias amigas o enemigas. Aquella casa era sólo su rincón familiar, pero ellos seguían siendo ellos, Jeon Jung Kook el heredero de la mafia de Busan y Kim Tae Hyung, el heredero de la mafia de Daegu.


Para los hombres de la red de la mafia coreana, su hijo sólo había llegado como un símbolo de unión pura. En su mundo amaban los matrimonios, los hijos, todo lo familiar porque representaba lealtad. Pero para algunos, la unión entre dos próximos líderes parecía más bien una amenaza, pues si al momento Busan y Daegu ya trabajaban como una gran alianza, cuando ellos se convirtieran en líderes a tiempo completo aquella unión se convertiría en una sola potencia. Un monstruo si así lo desearan y una amenaza para todas las mafias que les rodeaban.


Quizás por eso algunas mafias amigas habían estado traicionándolos una por una.


JungKook trataba de mantener la calma ante la noticia, aquello era común, lo había vivido toda su vida. Sin embargo, la diferencia radicaba al girarse sobre sus pies y encontrarse con su pequeño brincando sin parar sobre la cama. Sus ojitos verdes iguales a los de TaeHyung se achicaban al verlo con emoción.


— ¿Es papi?


La pregunta lo traía de vuelta haciéndolo comprender que si para ese momento su doncel no se encontraba junto a ellos... entonces seguro había pasado por la Casa de Daegu en el momento menos indicado.


— No — respondía cerrando de nuevo la puerta. — Quizás papá tarde un poco más en llegar.


— Oh... — YeonJun soltaba dejándose caer en la cama después de un último brinco desilusionado. — ¿Por qué?


— Porque... — su hijo ya llevaba demasiado tiempo en la edad del "¿por qué?" y en otras circunstancias a JungKook no le molestaría explicarle el porqué de cada cosita nueva para él en el mundo, pero en esa situación, mientras observaba a los guardias armados en posición de defensa ante cualquier signo de ataque, mientras sabía que la sangre corría en la casa de Daegu, simplemente no sabía que responderle. — Ah... mira cariño se está haciendo muy tarde, debería ponerte la pijama.


— Pero yo quería que mi papi lo hiciera — el pequeño soltaba con desánimo.


— Yo también soy tu papi — JungKook decía exagerando tristeza mientras abultaba sus labios.


Para su fortuna, YeonJun reía dejándose vestir con su pijama, pidiendo después un cuento tras otro hasta que poco a poco el movimiento de la pierna de su padre como símbolo de nervios terminaba por arrullarlo.


JungKook en cambio se mantenía despierto el resto de las horas, al menos hasta que el vago sonido de los vehículos arribando en su casa llegaban a sus oídos. Tratando de no despertar a su hijo que dormía abrazando su torso, se apresuraba a salir al pasillo de su habitación esperando encontrarse con TaeHyung en las peores condiciones, tal como antes se habían visto después de un ataque armado.


Pero terminaba por encontrarse algo que lo desconcertaba por completo.


— Carajo — TaeHyung gritaba en un susurro mientras se sostenía con una mano en la pared y la otra sobre su pecho. Estaba descalzo como siempre en casa, con su ropa limpia, su rostro lindo y sus castaños rizos despeinados como le gustaban. No había rastro de sangre ni mucho menos. — Me asustaste, amor.


¿Amor? TaeHyung se guardaba los apodos cariñosos para muy pocas ocasiones, aquello estaba bien para ambos, pero era bien sabido que JungKook era más fanático de ellos. Recibir uno en ese momento le parecía extraño, poco común, así que entrecerraba los ojos y lo examinaba de nuevo de pies a cabeza.


— ¿Estabas en la Casa de Daegu? — cuestionaba subiendo sus ojos hasta aquellos verdes orbes que con frecuencia causaban miedo pero que en ese momento lucían temerosos, ingenuamente temerosos.


— Sí.


Como si escondieran algo.


— ¿Y cómo fue? — cuestionaba refiriéndose al ataque.


— Una tontería — TaeHyung respondía frotando uno de sus pies descalzos sobre el otro. — Mi papá y yo estábamos negociando sobre la ruta con HamHung a China y de un segundo a otro el líder perdió los estribos y algunas balas salieron — suspiraba. — Pero nada de que preocuparse.


JungKook volvía a escudriñarlo de arriba a abajo. Era cierto, el líder de HamHung así como todos los líderes norcoreanos tendían a ser menos pacientes e incomprensibles.


— ¿Tú estás bien? — cuestionaba acercándose a él.


— Perfectamente — TaeHyung respondía regalándole una sonrisa que a JungKook no le parecía bonita, más bien... mentirosa.


— Me alegro, mi amor — respondía acercándose a tomarle del rostro, sus grandes manos apachurrando con suavidad las mejillas caramelo para entonces besar sus labios.


TaeHyung sonreía después del beso, su propio cuerpo buscando aferrarse al ajeno en un abrazo que era correspondido durante un largo rato en el que podría dormitar ante tanta paz. Lastimosamente para su padre, sus brazos ya no eran el lugar en el que TaeHyung se sentía más seguro.


Sin embargo, aquella repentina paz que lo obligaba a apachurrar su mejilla contra el hombro ajeno, se veía interrumpida ante las astutas manos que recorrían su espalda y los calientes labios que se posaban en su cuello obligándole a tomar un poco de aire que terminaba escapándosele en un suspiro.


— Espera... ¿YeonJun? — cuestionaba buscando separarse un poco, pero las fuertes manos en su cintura y su propio deseo no le permitían hacerlo demasiado, al menos no tanto como para dejar de sentir la nariz de JungKook acariciando y el aire caliente impactando contra su sensible piel a cada centímetro que se movía.


— Dormido — JungKook respondía antes de dejar otro sonoro y húmedo beso al costado de su cuello. — En nuestra habitación.


— Ah... — TaeHyung apretaba ambas manos en los hombros contrarios y mordía su labio tratando de reprimir el gemido que quería escapar de su boca. — Entonces no empieces algo que no podrás terminar — lograba decir aún sintiendo la mano izquierda de JungKook apretando ligeramente sobre su trasero.


— ¿Por qué no podría terminarlo? Parece que mi doncel la está pasando bien.


TaeHyung se abstenía de responder en voz alta, pues aunque por su mente aún estuvieran frescas las imágenes del atentado apenas vivido en Daegu, sus ojos simplemente no podían mantenerse abiertos cuando estaba siendo besado de aquella manera, tocado de esa forma tan especial que tenían las manos de JungKook para aprestarse con la fuerza justa para...


— ¡Ahhh!


— Bingo — JungKook soltaba sobre sus labios apunto de ser besados, su mano derecha bajando del muslo del doncel que apenas se había aventurado a tocar.


TaeHyung entonces se alejaba avergonzado y con ganas de escapar. Había sido atrapado en su mentira.


— Entonces... — JungKook decía golpeando con fuerza la pared a su costado justo en el encendedor para la luz del pasillo en el que se encontraban. — Lo preguntaré de nuevo — los ojos negros se afilaban como pocas veces contra él. — ¿Cómo estuvo el ataque en Daegu?


— Ya escuchaste como estuvo — TaeHyung respondía también afilando los ojos en la dirección contraria. — El líder de HamHung y sus arrebatos de violencia. Ya no importa porqué papá lo mató.


JungKook no se sorprendía aún sabiendo que la muerte del líder en cuestión sólo traería más muertes.


— Si tu papá lo ha matado sabiendo que desataría una guerra — su mano se posaba ahora suave sobre el muslo de TaeHyung. — Entonces creo que estoy en lo correcto al pensar que él te ha hecho esto antes de morir.


— La bala apenas me rozó.


La mano en el muslo de su doncel se mantenía suave incluso cuando el resto de su cuerpo se endurecía.


— Deja de mentirme — JungKook soltaba acorralándolo contra la pared a su costado. — No soy un imbécil ni mucho menos, así que deja de mentirme en la maldita cara.


TaeHyung no podía evitar llevar sus manos a la mandíbula contraria, sus dedos deslizándose por la superficie tan afilada que parecía cortar.


— Lo siento... — soltaba sobre los labios de JungKook sólo para obligarlo a guardar la calma. — Ya sacaron la bala, pero no me... — el cuerpo contrario se tensaba contra el suyo. — De acuerdo, sí me duele... más de lo que mi orgullo me permite aceptar.


— Eso es lo que quería escuchar — JungKook respondía relajando sus facciones, otorgándole una cariñosa a su novio. — Nada más que la verdad.


— No quería preocuparte por algo insignificante — el doncel respondía sosteniéndole la mirada.


— Nada relacionado a ti es insignificante — la voz de JungKook salía en un susurro para ambos, pues la cercanía ya hacía rozar sus narices. — Y no tienes que fingir que no te duele, aquí no eres el heredero de Daegu, aquí eres mi doncel, el padre de mi hijo y... mi corazón entero.


TaeHyung se apegaba a su cuerpo en el momento en que sentía el nudo en su garganta quebrándose para darle paso a las lágrimas. Era el siguiente líder de la mafia que siempre había pertenecido a su familia, pero también era un doncel dulce y frágil por naturaleza. Su padre siempre le había dicho que podía ser dulce con las personas correctas, pero frágil con ninguna. Así había sido siempre, a pesar de las opiniones en contra él era el siguiente líder de Daegu y era tan fuerte, inteligente y astuto que a su corta edad había podido ganarse muchos ojos de los siguientes líderes que esperaban expectantes por su próximo mandato.


Pero entonces también estaba JungKook.


Entablar un noviazgo, aceptar que tenía sentimientos por el chico de cabello pelinegro que conoció en el Instituto de Seúl no había sido difícil, no cuando le parecía tan atractiva la forma en que JungKook derrotaba a cada contrincante sin necesidad de un arma. Le parecía un chico fuerte, muy astuto y también apuesto, pues aunque TaeHyung disfrutaba de dominar un arma, JungKook parecía que dominaba su mente y cuerpo. Era tan atractivo de ver qué ni siquiera le molestaba perder una pelea, lo único que deseaba era tenerlo para él.


Sin embargo, aunque JungKook llevara una vida demasiado parecida a la suya, todas las decisiones de su relación impactaban de manera distinta en el mundo al que pertenecían. No había sido lo mismo para los líderes saber del nacimiento de YeonJun como el hijo del próximo líder de Busan... a saberlo como el hijo del próximo líder de Daegu, un doncel...


Aquella noche, el líder de HamHung había muerto a manos del padre de TaeHyung después de negarse a hacer negocios con un "inútil doncel que sólo servía para concebir".


[...]


Después de convertirse en líderes de sus respectivos territorios, los días que podían pasar como familia eran los más preciados que pudieran tener, y es que no importaba si YeonJun ya tenía siete años o si ambos ya se hubieran graduado de la universidad, deslindarse de aquel mundo no estaba siendo nada fácil. Aún debían aprovechar el poder de ser líderes para manejar la situación a su favor.


— Bien... esto es lo que yo pinté — JungKook giraba el lienzo. El sol aún no amenazaba con ocultarse pero sus rayos ya impactaban en su rostro de una manera agradable o quizás así lo percibía debido a la perfecta compañía que había tenido durante toda la tarde, sin interrupción alguna.


YeonJun abría su boca sorprendido ante el paisaje que se mostraba en el lienzo de su papá, siempre parecía hacer cosas tan realistas que le dejaban encantado por varios segundos.


— Creo que les gané — los ojos de JungKook evaluaban las otras dos pinturas que ya descansaban en el corto pasto. — Como siempre...


— Uhm... — el pequeño pelinegro giraba hacia la pintura en el lienzo de su papá doncel, la figura allí le parecía más llamativa, además, tenía sus colores favoritos. — Yo creo que hoy ganó papi.


— ¡Oh! — TaeHyung soltaba sorprendido recibiendo el peso de su hijo que le derribaba en un abrazo. — ¿Escuchaste eso? — soltaba burlón hacia su novio. — Yeonnie cree que gané esta vez.


JungKook fruncía en el entrecejo al no esperar aquel veredicto final por parte de su hijo. — Pero...


Su pequeño le interrumpía con una risa. — Pero no puedes ganar siempre papá —

le escuchaba decir aún desde el pecho del castaño doncel.


— ¿No...? — cuestionaba apartando la pintura de su regazo. — ¿Seguro?


YeonJun gritaba al escuchar los dedos de su padre tronando antes de acercarse lentamente para atacarlos a ambos con cosquillas. Para su mala suerte su papi era tan intolerante a las cosquillas como él, así que ambos eran por completo dominados mientras reían moviéndose de un lado a otro por el corto pasto de su residencia, con el Sol iluminándoles en un delicioso día y el viento haciendo soplar las coloridas flores que adornaban los costados de su jardín.


Todo un contraste al resto de la residencia que se encontraba custodiada por grandes hombres armados que habían sido entrenados para reaccionar incluso segundos antes de un primer disparo.


— Hay algo extraño... — el hombre en la caseta de entrada observaba hacia los primeros árboles del bosque frente a la Casa Familiar de Daegu-Busan, al menos ese era el nombre que entre los guardias le habían dado a aquella residencia donde el hijo de sus jefes se mantenía en su mayor parte del tiempo. — Manténganse en posición — decía apretando el pequeño botón sobre el dispositivo en su oreja, sus ojos afilándose para observar mejor hasta que comprendía, aquel movimiento entre los árboles no podría ser en consecuencia del viento. — Código rojo — confirmaba entre dientes incluso antes de que el atentado iniciara.


[...]


Código rojo.


El aviso resonaba en las cabezas de todos los hombres, pero Yong Rak, el guardaespaldas de YeonJun, no podía hacer o decir nada después de la escena frente a sus ojos. La risa por parte de los líderes y el pequeño niño al cual custodiaba en cada segundo del día, en el colegio, en sus ratos de juegos... YeonJun parecía feliz todo el tiempo, pero nada como los momentos con sus padres.


Dejarse llevar por sus sentimientos le habría podido costar muy caro de no ser porque el líder de Busan no reaccionara tan rápido para alejar a su hijo de aquella bala que en definitiva no tenía un objetivo equivocado.


— ¡Francotirador!


El grito acababa con el silencio que había en la cabeza de Yong Rak, después de allí todo sucedía muy rápido. Sus jefes huyendo al interior de la casa sólo para proteger a su hijo con sus cuerpos, JungKook de vuelta en el jardín para matar a los hombres del norte que se desplegaban rápidamente por todo su hogar.


— Ya sabes que hacer — TaeHyung soltaba hacía su hijo con el corazón acelerado en su pecho, su cuerpo entero estaba empapado de sudor ante los nervios y sus dedos se movían ágiles mientras revisaba la carga en su arma. — ¡YeonJun, entra!


El pequeño obediente negaba, aquel era el peor momento para negarse a algo, en especial a entrar al fuerte subterráneo diseñado para su protección.


— Pero no quiero venir sólo, ven conmigo por-...


TaeHyung lo interrumpía negando.


— No tengo tiempo para esto YeonJun, ¡haz lo que te digo ya!


El momento familiar que YeonJun ganó esperando durante toda la semana se quebraba en un instante, y no era especialmente por los hombres que disparaban contra él y su familia. En su mente infantil y en el mundo en el que aún en contra de sus padres se había desarrollado, los disparos no eran gran preocupación, en cambio, recibir un grito de parte de su papito... eso sí que era algo que le quebraba el corazón. Además, no creía estar pidiendo algo muy difícil de cumplir.


— ¡Ven conmigo! — pedía respondiendo también en un grito.


El miedo y la adrenalina no permitían que TaeHyung comprendiera lo normal en la petición de su pequeño hijo, lo único que deseaba era protegerlo, es por ello que actuaban sin pensar y disparaba el gatillo de su beretta sin siquiera molestarse en cubrir los ojitos de YeonJun que le miraban sorprendidos, incluso más que al hombre con el hoyo en la sien que se derrumbaba casi sobre ambos.


Cuando todo terminaba, cuando JungKook y su pequeño se encontraban durmiendo a su lado aquella madrugada, el arrepentimiento llegaba al cuerpo de TaeHyung. Toda su vida había tratado de proteger a YeonJun, pero estaba seguro de que no lo había logrado incluso si se encontraba a salvo y abrazado a su cuerpo.


El mundo era cruel, y aunque deseaba con todas sus fuerzas que YeonJun fuera un niño común fuera de la mafia, simplemente no lo era.


[...]


— ¿Por qué me haces caso? Pensé que ambos queríamos mantenerlo alejado de esto.


JungKook escuchaba atento incluso si sus labios estaban ocupados presionándose delicadamente sobre el cuello de su doncel.


— Porque tienes... — un lento beso se presionaba sobre el centro del cuello de TaeHyung. — Tienes razón. Esto es algo que YeonJun necesita y confío en que podemos convertirlo en algo beneficioso.


— Sólo es para que pueda defenderse — TaeHyung decía alejándolo con ambas manos sobre los hombros anchos, muy en contra de su voluntad.


— Estamos de acuerdo entonces — los labios de JungKook se abrían paso de nuevo sobre el cuello de TaeHyung mientras sus manos se apretaban con más fuerza.


— Sí, y ya compórtate, suéltame el trasero un segundo — decía alejándolo de un empujón que lo hacía caer en la cama.


— No puedo, mejor ven aquí — el doncel de nuevo era arrastrado hacía las piernas de JungKook que se encontraba sentado sobre la cama. — Puedo ser rápido — proponía acomodándolo sobre su regazo.


TaeHyung reía disfrutando de los besos, caricias y simplemente el tiempo al lado de su novio.


— Ni loco, estamos en la casa de tus papás.


— Eso no te importó antes.


El doncel cerraba los ojos ante el cálido aliento en su mejilla. — Ah... — un pequeñito gemido incluso se escapaba de su boca al sentir la fuerza con la que su cuerpo era tomado para terminar recostado en la vieja cama de JungKook, el cuerpo atlético cayendo deliciosamente contra el suyo.


— Aquí fue donde procreamos a nuestro primer hijo... — los ojos negros le miraban hambrientos. — Puedo hacerte otro si quieres.


TaeHyung reía desviando la mirada, sus mejillas sonrojadas por algo más que la calurosa situación. — ¿Quieres otro hijo?


— Sí — JungKook respondía sincero. — Quiero tantas cosas contigo — el ambiente cambiaba tan drásticamente que aunque su cuerpo apresaba por completo el de su doncel, sus labios se tornaban dulces al besar su mejilla. — Pero después de salir de aquí — TaeHyung abría los ojos aún sintiendo los labios delicadamente sobre la comisura de su boca. — Después de que por fin seas mi esposo.


— Pensé que no querías casarte conmigo — soltaba mirándolo de nuevo mientras buscaba reprimir su sonrisa.


JungKook fruncía el entrecejo.

— Dije que no quería la estúpida boda que nos estaban planeando sólo porque íbamos a tener un hijo, mucho menos con toda la mafia como invitados.


TaeHyung mordía su labio inferior, no había nada del doncel que la mafia conocía como despiadado, en ese momento sólo era un doncel enamorado.


— ¿Estás pidiéndome matrimonio?


— Mhm... — JungKook vacilaba acercándose nuevamente a sus labios. — Así parece — confirmaba antes de sumergirlos en un beso dulce como la miel de los pancakes de YeonJun esa mañana, y lento como todo el proceso que hacía años llevaban para escapar de ese mundo.


— Mejor no — TaeHyung decía con sus manos sobre las mejillas ajenas, la punta de su dedo acariciando sobre la cicatriz en el rostro de piel porcelana. — Pídemelo en otro momento porque te quiero de rodillas cuando lo hagas.


JungKook reía negando con la cabeza.


— Sabía que dirías algo así, eres tan egocéntrico.


— Tengo mis estándares — el doncel respondía llevando sus manos del rostro de su novio hasta su pecho.


— Creo qué yo puedo cubrirlos muy bien.


— No lo sé... ¿Puedes? — los dedos de TaeHyung se movían lento sobre los botones de la camisa negra hasta dejar al descubierto el pecho de JungKook.


— En todos los sentidos — afirmaba con seguridad.


Sin embargo, lo que verdaderamente hacía sonreír al doncel no era la seguridad de las palabras que le juraban un futuro juntos, una felicidad diferente... en cambio, era el peso de la pistola de JungKook contra su mandíbula lo que le excitaba.


— Oh, carajo... — soltaba al caer en cuenta de la situación, de inmediato podía sentir su entrada lubricando ante esa sensación y su erección alzarse frente a los ojos oscuros que le miraban a punto de devorarlo.


— Ahora quita el cinturón — JungKook ordenaba haciendo que el cañón de su arma acariciara desde la mandíbula de su doncel hasta el acaramelado pecho mientras se escabullía por debajo de sus prendas.


En respuesta, las manos de TaeHyung se movían rápido para abrirle el cinturón y desabotonarle el pantalón hasta liberar su erección que se alzaba gustosa esperando a que su doncel se despojara de su ropa.


— Pensé que no querías hacerlo aquí — JungKook soltaba al ver a su doncel abriéndose de piernas, su cuerpo completamente desnudo y a su merced, sin poder resistirse deslizaba el cañón de la pistola desde la rodilla de TaeHyung para llegar hasta...


— Cállate — el castaño soltaba arrebatándole el arma descargada. — Dijiste que serías rápido.


JungKook reía metiéndose entre sus piernas, sus manos escalando por su cuerpo hasta que el cañón de su propia arma en manos de su doncel impactaba en su frente.


— Vas a rogarme por más.


[...]


YeonJun miraba curioso la soledad que se percibía en el amplio jardín de casa de sus abuelos, la Casa Principal de Busan siempre se encontraba abarrotada de personas, desde los socios líderes y hombres de mandos menores pero también importantes dentro del negocio, hasta los numerosos hombres encargados de la logística y seguridad de la residencia. Ese día en cambio eran sólo sus padres y sus abuelos, además del personal de seguridad. El almuerzo no había sido distinto, quizás un poco solitario, pero lo verdaderamente extraño en su pequeña mente había sido verlos marchar hacia el interior de la casa a muy temprana hora dejándolos solos a los tres.


Y cuando menos lo esperaba, su papá sostenía una de sus armas firme delante de sus ojos.


No es que no hubiera visto una antes, todos en su casa portaban una, pero aunque la curiosidad le abordara nunca había podido cuestionar algo además de lo que sus propios ojos le habían mostrado que aquellos artefactos ocasionaban. Y cada vez que se acercaba a uno de sus padres para un abrazo, un beso o lo que fuera, ambos terminaban por apartar discretamente sus armas o guardarlas más al fondo de sus cinturillas, sin imaginarse que los curiosos ojitos verdes de YeonJun miraban todo el tiempo.


— ¿Recuerdas lo que sucedió el otro día en casa? — JungKook cuestionaba de cuclillas frente a su hijo, el arma cargada en su mano derecha se mantenía con el seguro puesto. — ¿Viste a papi usar su arma cuando llegaron esos hombres? — cuestionaba llevando su mano libre a acariciar los mechones negros.


YeonJun asentía con seguridad, su papi se encontraba de cuclillas detrás suyo sosteniéndole.


— ¿Te asustaste? — su hijo negaba con un vago movimiento de cabeza. — Por favor respóndeme con palabras, cielo.


— No me asusté por eso — YeonJun respondía después de un momento. — Pero sentí miedo cuando entraron así — su cabeza se movía buscando el contacto visual de TaeHyung, el doncel llevaba sus manos hasta el estómago de su hijo pegándolo más a su pecho.


— Está bien que sientas miedo — le respondía manteniendo el contacto visual, tomando después una bocanada de aire para aceptar su realidad. — Yo tengo miedo todo el tieempo.


YeonJun abría sus ojos sorprendidos, aquella había la primera vez que veía a su papi disparando un arma, pero de alguna forma en su cabeza siempre había sabido que lo hacía. Sabía exactamente para qué portaban armas. De todas formas, los niños en el colegio eran como él y ellos parecían estar más absortos al respecto de lo que sucedía con la vida de los adultos.


Así que sus ojos no se privaban de hacerle una pregunta silenciosa a su padre, JungKook asentía regalándole una pequeña sonrisa.


— Sentir miedo está bien, sólo no hay que hacérselos saber a los enemigos.


— ¿Enemigos? — cuestionaba confundido.


— Papá se refiere a los villanos — TaeHyung decía aún detrás suyo. — Los hombres de ese día... y cualquier otra persona que quiera hacerte daño, puedes considerarla como un villano.


— ¿Entonces nosotros somos los superhéroes?


Los ojos de JungKook y TaeHyung se buscaban al instante en que el repentino cuestionamiento emocionado de su hijo llegaba a sus oídos. Estaban lo más lejos posible de ser superhéroes.


— Tú lo serás — JungKook respondía volviendo su mirada hacia su hijo. — Y los superhéroes deben saber defenderse — la sonrisa en su rostro de alguna manera apaciguaba el nudo en su garganta.


TaeHyung se mantenía detrás suyo cuando la pistola en las manos ajenas se extendía hacia su hijo. YeonJun la tomaba con seguridad y un buen porte que después era perfeccionado con ayuda de ambos de sus padres. Escuchaba atento las indicaciones y como era de esperarse su cuerpo se agitaba temeroso después del primer disparo, pero los reflejos terminaban por desaparecer después de una larga sesión de tiros con supervisión de sus padres.


JungKook y TaeHyung no se sentían orgullosos ni siquiera porque parecía que a YeonJun no le tomaría mucho tiempo para acertar a un objetivo en movimiento; pero al menos una parte de sus almas se sentía tranquila.


Si alguna vez ellos faltaran, su hijo tendría como defenderse.


— Sé que vas a usarla sólo cuando sea necesario — JungKook decía aún visualizando el arma ahora descargada entre las pequeñas manos de su hijo.


— Como el otro día — el menor repetía con un asentimiento.


— Esto no es un juego, ni algo para llevar al colegio — TaeHyung explicaba sentándose al frente de su hijo, junto a su novio. — Ni siquiera porque los demás niños lo hagan.


— Sí papás — YeonJun soltaba totalmente convencido de sus palabras.


— Puedes practicar cuando estés con alguno de nosotros o con tus abuelos, pero no quiero verte disparando a las aves ni a otros animales.


El pequeño pelinegro abría sus ojos asustados, ni el arma en sus manos o la imagen del hombre con la bala en la cabeza del otro día le habían puesto así como imaginar a un animal herido por su culpa.


— Ni siquiera porque tú abuelo te lo pida — JungKook se unía a la conversación recordando la cantidad de aves que habían muerto en sus prácticas de tiro a la misma edad que su hijo.


YeonJun de nuevo asentía, pero estaba casi por extender la pistola de regreso hacia las manos de su padre cuando entonces lo recordaba.


— ¿Entonces, Rak era un villano?


JungKook sentía sus mejillas tornarse frías ante el nombramiento por parte de su hijo, y como nunca le había sucedido frente a nadie, sentía su lengua enredarse y su mente dejar de funcionar debido a los pares de ojos verdes que le miraban esperando una respuesta.


— ¿Mataste a Rak por qué era un villano, cierto papá?


La insistencia lo obligaba a pasar saliva y tomar valor antes de asentir hacia su hijo.


— Rak tenía que cuidarte y ese día no lo hizo.


A JungKook no le interesaba si Yong Rak era un infiltrado, si se había vendido o si sencillamente se había congelado ante el repentino ataque en la residencia. No podía darle una segunda oportunidad cuando la seguridad de su hijo estaba en juego. Ni siquiera lo había consultado con TaeHyung. Yong Rak simplemente había pasado a una mejor vida después de servirle para aliviar el coraje retenido en sus puños después del incidente en su casa. El disparo en la frente sólo había servido para asegurarse de su muerte.


Después de todo, JungKook no se consideraba a sí mismo como una buena persona. A veces sólo se sentía como un animal reaccionando ante el peligro.


[...]


Cuatro años después, el onceavo aniversario de YeonJun que para el resto de sus familiares había llegado más rápido de lo esperado, TaeHyung y JungKook podían asegurar que para ellos había significado toda una eternidad, y es que los once años de su hijo no eran una meta, era un límite que ambos se habían puesto años atrás.


YeonJun pronto estaría por ingresar al Instituto, y no lo haría en el ansiado recinto escolar de Seúl en el que sus padres se habían enamorado.


— ¡¿Dónde carajos esperas que consiga otro líder a estas alturas?!


Aún así, de todos los inconvenientes sobre la mesa, JungKook se sentía demasiado preocupado como para lidiar con su padre en ese momento.


— Tienes treinta y uno, JungKook — el hombre espetaba acercándose al líder de Busan, aquel que esperaba prescindir después de cinco años de su nombramiento oficial. — No me vengas ahora con que esta no es la vida que quieres.


— Que no queremos — repetía ante su padre. — YeonJun y TaeHyung... ninguno de los tres queremos seguir aquí.


El hombre arrugaba el rostro con una mezcla entre confusión, furia e incredulidad sobre lo que escuchaba.


— ¡Por Dios! TaeHyung es el jodido rey de Daegu, está enriqueciendo el territorio porque es tan bueno para las estrategias que tiene a todos los líderes comiendo de la palma de su mano... ¡Incluyéndote!


JungKook se guardaba su sonrisa.


— El resto de socios no confían tanto en alguien como en él, ni siquiera en ti que eres su esposo.


— No somos esposos — JungKook soltaba cerrando la carpeta con papales en su escritorio. — Y despreocúpate, Daegu y Busan seguirán teniendo dos líderes, sólo que ya no seremos Tae y yo.


— ¡Pero YeonJun! — el hombre soltaba en un nuevo grito que en su hijo no ocasionaba nada. — Se supone que él marcaría la etapa de unión definitiva de Daegu y Busan, un sólo líder sobre un sólo nuevo territorio. Nadie mejor para ese cargo que el hijo de ambos.


JungKook suspiraba.


— Lamento romper tus ilusiones, pero a Yeonnie ahora le interesa más esa pista de patinaje que le he contado que se encuentra cerca de nuestra casa en Estados Unidos — respondía poniéndose de pie hasta quedar detrás de su padre.


Estaba dándole ventaja por si quería agregar algo más sin mirarlo a los ojos.


— Así que te lo vas a llevar a Estados Unidos donde nunca más podré verlo.


JungKook bajaba la cabeza riendo, sus manos estaban dentro de sus bolsillos delanteros mientras recordaba la orden de aprensión de su padre en aquel país.


— Estoy seguro de que podremos encontrar un país intermedio para vernos.


In Soo suspiraba, le tomaba un largo rato ponerse de pie frente a su hijo.


— Supongo que tienen todo perfectamente decidido — recibía un asentimiento. — Perfectamente calculado conociendo a TaeHyung — su hijo sonreía. — Joder, quita esa boba sonrisa — demandaba con coraje, pero JungKook sonreía más que terminaba por contagiarlo. — Imbécil, te dije que no te enamoraras.


— Dijiste eso cuando tenía quince... a TaeHyung lo conocí cuando tenía trece.


In Soo blanqueaba los ojos.


— No podías ni disparar hacia una lata frente a él — JungKook bajaba la mirada recordando las reuniones de los líderes con sus hijos, todos mayormente herederos. — Y mientras todos esos chicos buscaban distintas maneras por impresionarlo, él terminó por quedarse contigo que sólo eres... — los ojos de su padre luchaban por no dar paso a las lágrimas mientras lo miraba de arriba a abajo. — Mi orgullo, JungKook.


Quizás había tardado una vida en decírselo, pero al fin había llegado el momento. Aún cuando ese momento era cuando sentía que lo perdía.


— Eres mi orgullo por muchas razones, pero creo que tu fuerte es llevarme la contraria.


JungKook reía apenas percatándose del abrazo en el cual se encontraba envuelto con su padre.


— Quizás ahora no puedo decirte que estoy feliz de que te marches — su padre decía separándose. — Pero tu familia es primero... aunque yo soy tu padre y...


— Mi padre, un ex líder que puede retirarse por completo de este mundo... — la negativa del hombre mayor le interrumpía.


— Esto es todo lo que conozco, aquí nací, aquí moriré.


JungKook apretaba los labios resignándose.


— Esto también es todo lo que conozco, pero estoy seguro de qué hay algo mejor allá afuera, algo donde no tema todos los días por la vida de mi familia.


[...]habit. 1/2

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