Mi adulterio mi venganza y salvación

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Sinopsis

Tarde o temprano el destino nos pone en el lugar y con la persona correcta. Aunque el hilo rojo que los una tarde en desenredarse siempre se encontrarán. Eso pasará con Mía y Oscar, sus vidas se cruzan por qué así estaba destinado.  Ahora que ya se conocieron, harán hasta lo imposible por estar juntos, venciendo cada obstáculo, el obstáculo, sus parejas, y es que tanto Oscar como Mía están casados.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
HelenMar
Estado:
En proceso
Capítulos:
59
Rating
5.0 5 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Tu traición desde mis ojos.


El teléfono de Mía no paraba de sonar.

—¡Aló! —dijo en voz baja.

—¡Te desperté! ¿Mía me escuchas?

—Sí, si te escucho —respondió aún somnolienta.

—Recuerda que hoy vamos a almorzar y después nos iremos a tomar alguito, te tengo que presentar a mi nuevo amigo —dijo emocionada Paola, la mejor y única amiga de Mía.

—Sí, no lo he olvidado. Hoy tengo cita con el ginecólogo y después nos vemos, ¿te parece?

—Si quieres te acompaño, ¿te has sentido mal? —preguntó preocupada la amiga.

—No —negó—. Son exámenes de rutina ya sabes.

—Si quieres te acompaño —repitió Paola sabiendo cómo era ella.

—No gracias amor iré con Ricardo —contestó.

—Ah, bueno, no gracias yo paso, ya sabes no soporto a ese animal.

—¡Paola! —refunfuño enojada por el comentario de su amiga y es que Ricardo no gozaba de la simpatía de Paola, ella más que nadie sabía todo lo que él le hacía.

—Bueno, bueno, me llamas apenas salgas de consulta.

—Si amor como tú digas —contestó con voz infantil.

—Tonta —le respondió Paola.

Mía se levantó como un resorte e inmediatamente se entró a bañar, estaba nerviosa, si bien siempre se hacía los controles de rutina, le resultaba un poco tedioso y vergonzoso tener que ir al ginecólogo, sobre todo si este era del sexo masculino.

Su esposo le había sacado la cita, ella se imaginaba un hombre de 60 años, mal humorado y aburrido, sin saber que era todo lo contrario.

No sabía que ponerse, así que se puso encima lo primero que encontró, un jean que se ajustaba perfectamente a su delgado y bien formado cuerpo, realzando su trasero redondo perfecto, una blusa holgada color blanco y una chaqueta de cuero negra, combinó su atuendo con unas botas rodilleras a tono.

Se dejó el cabello suelto y pensó en maquillarse.

—¿Maquillarme?, para ir al ginecólogo, hay no, además hace años que no lo hago seguramente quedaré como payaso y Ricardo se molestará y burlará. No, así tal cual nos vamos —murmuró.

Llegó a las 11: 00 am al bufete de abogados en el que laboraba su esposo, ingresó y no encontró Michelle, su nueva secretaria, una jovencita de unos 22 años.

Era viernes, las oficinas estaban vacías, no había ni un alma. Se dirigió a la oficina de su esposo y encontró la puerta de la misma entrecerrada, se escuchaban vocecitas, se acercó y observó al interior de la oficina y… Oh sorpresa, su esposo metido en la entrepierna de la flaca y escuálida de su secretaria, con la mirada pormenorizó cada detalle, ella estaba con la blusa abierta, con los pechos al aire, él arrodillado haciéndole sexo oral con el pantalón a las rodillas y su miembro al aire.

Lo estaban disfrutando tanto que estaban sumidos en su acto, en sus propios gemidos, y no se percataron que habían dejado la puerta abierta y que estaban siendo observados nada más y nada menos que por la víctima.

Mía se quedó helada, petrificada, pero no derramó ninguna lágrima. Observó con detalle todo lo que pasaba.

Ella sabía que su esposo tenía amantes, pero nunca lo había descubierto en el acto. Es más, creía que eran historias que contaban de su esposo para hacerlo parecer un gran macho, ya que a ella ni siquiera le tocaba los senos, para ella solo había maltratos.

Vio con mucha curiosidad como le follaba a la chica y como esta se retorcía de placer. Llegó a sentir envidia, quería ser la muchacha a la que su esposo se le estaba cogiendo duro y con gusto, pero no se imagina haciéndolo con él.

Parpadeó varias veces, se arregló el cabello y salió sin ser vista por nadie.

Sintió un alivio, se sintió liviana, pero inmediatamente se culpó porque pensaba que tenía que llorar, gritar, regresar y darles una paliza a los dos o por lo menos a la chica, pero no, no sintió nada más que alegría.

—¿Y si te pago con la misma moneda? —se preguntó moviendo la cabeza de lado a lado—. Para eso tendría que conseguirme un amante —musitó y justo por su lado paso un indigente. —¡Ay no! Uno que de verdad valga la pena —dijo largándose a reír.Llamó a Paola. —Hola, amor, en este momento voy al doctor, te veo en una hora y media en el Nubori

—¡Ok! Ten mucho cuidado —advirtió su amiga creyendo que iba con su esposo.

Ingresó al hospital, le tomaron sus datos y signos vitales.

—Tome asiento y espere a que el médico le llame —le dijo la enfermera.

Su mente seguía con la imagen de su esposo con su secretaria.

—Señora Carrillo —dijo una señora que salió del consultorio.

—Sí, soy yo —respondió poniéndose de pie.

Mía ingresó nerviosa.

—¡Buenas tardes! —saludó timorata.

—Buenas tardes, señora, tome asiento —le contesto el doctor, sin mirarle a los ojos, ya que estaba anotando en su computadora. —Por favor, ¿razón de la consulta? —preguntó.

—Quiero hacerme exámenes de rutina —contestó y respiró hondo.

—Exámenes de rutina —repitió el doctor continuando tecleando—. Perfecto —concluyó, terminando de escribir y alzó la cara, para enfrentar a su paciente y explicarle los exámenes que le iba a realizar.

Se encontró con el rostro de una linda chica de facciones muy particulares, de piel morena, cabello rizado y sin nada de maquillaje, lo que le hacía lucir más joven. Se quedó prendado de ella.

—Mucho gusto soy el doctor Oscar Smith —dijo y le estrechó la mano viéndole fijamente a los ojos. Ella se la dio aún nerviosa.

—Mía Carrillo, mucho gusto —respondió con una sonrisa leve.

—A ver señora Carrillo empezaremos con una anamnesis —comentó serio, ella se quedó con la boca abierta denotando ignorancia en el tema.

Inmediatamente, el doctor entendió lo que sucedía y le explicó: la anamnesis ginecológica es una descripción sobre los problemas que ocasionan la consulta, por ejemplo, antecedentes de la enfermedad actual, antecedentes menstruales, sexuales y los tratamientos ginecológicos”

A ella se le aclararon un poco sus dudas. El joven doctor empezó a apuntar muy atento las respuestas de la agraciada jovencita. Respuestas como edad, inicio de la menarquia, número de días de la menstruación, pero todo cambió cuando este le preguntó los antecedentes sexuales, como frecuencia de la actividad sexual, número y sexo de los compañeros, método anticonceptivo.

—¿Qué? —dijo sobresaltada, esas preguntas le incomodaban y el doctor se dio cuenta enseguida, claro era el profesional y la tranquilizó.

—Si no quieres responder —la tuteó—. No lo hagas, pero recalco que es muy importante tus respuestas para un tratamiento adecuado, además lo que se diga aquí, aquí se queda —se lo aseguró y ella automáticamente empezó a hablar sin parar.

—He estado sexualmente solo con un hombre, frecuencia de la actividad sexual casi nula, y pues no tengo un método anticonceptivo fijo.

El doctor escuchó atento a sus respuestas y pensó.

«Como era posible que una chica joven, bonita, atractiva no esté disfrutando de su sexualidad al máximo» Algo no andaba bien.

—Bueno, ¿Algo más que tengas que decirme? —inquirió.

—También quisiera usar algún tipo de anticonceptivo, porque no quiero ser mamá, aún —confesó.

—Está bien, el día lunes te espero a las 11:30 am para realizarte el papanicolaou y ver qué anticonceptivo es el más adecuado para ti. ¡¿Está bien?! —explicó viendo como ella asentía—. Te voy a entregar las indicaciones de preparación para el examen, aunque seguramente ya las sabes —comentó y se puso de pie para colocar más papel en la impresora.

Desde su asiento Mía pudo admirar el cuerpo del doctor, rápidamente los recuerdos se apoderaron de ella y sin poder controlar su mente se imaginó que en ese escritorio donde estaba esperando la información que el galeno le daría, era follada duramente por él, así como lo hacía su esposo con su amante.

Se mordió el labio y se maldijo por imaginar cosas tan sucias con un desconocido.