Mi Inesperado Sirenito | YunGi

Sinopsis

Plástico, peces muertos, un tenedor y un brazo. ¡Un brazo! Song MinGi jamás imaginó que encontraría aquello limpiando la playa. Mucho menos que el brazo pertenecía a una sirena. Mejor dicho, tritón. Uno hermoso y descarado. YunHo siendo la definición perfecta de “inesperado”. ATEEZ|MinYun MinGi Top! ; YunHo Bottom!

Genero:
Humor/Romance
Autor/a:
RebelKissa
Estado:
Completado
Capítulos:
7
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1


Suspiró. El panorama sin ser ni un poco alentador.

Y es que ver una playa sepultada por kilómetros de botellas de plástico, hace cuestionarse qué está mal con el mundo y por qué la humanidad sigue consumiendo ese tipo de botellas cuando sabían lo dañino que eran; la hipocresía trasluciéndose justo en ese momento al sostener una bebida isotónica que ya había tomado con antelación, la botella estando vacía.

Pero no solo eran botellas lo que atestaba la arena. Envoltorios, bolsas e incluso estaba seguro que vio por ahí el brillo metálico de un cubierto; los kilos de basura ahí arrumbado siendo escalofriante junto algunos peces muertos.

El último tifón que azotó las costas, no solo arrasó con el cableado eléctrico de algunas zonas e hizo desastres menores en las casas cercanas a la playa, sino también trajo kilos de basura junto con peces que no pudieron sobrellevar las fuertes marejadas.

Era un desastre. Cada año siendo peor.

Es por eso que él estaba ahí esa madrugada. Con una bermuda y musculosa simple, unas cómodas sandalias yendo con el conjunto, Song MinGi observaba todo lo que tendría que limpiar ese día. Junto con otro grupo de personas de la comunidad, se habían reunido con la intención de despejar la playa, especialmente porque estaban próximos a la llegada de miles de turistas. Pronto iniciaría la temporada alta y eran un pueblo pesquero que vivían principalmente de las rentas del turismo y de lo que producía el mar. Por lo mismo, debían arreglar todo aquello y pronto.

Si bien él era un escritor que se había erradicado hace unos años atrás en ese pueblecito en busca de paz para poder redactar sus novelas, le interesaba el bien común del pueblo en el que residía. Primero, porque si el pueblo tenía problemas económicos, eso lo afectaría de alguna forma en el futuro; y segundo, una playa sucia no le permitía dar correctamente sus caminatas matutinas.

Bostezando, el alba apenas despuntando, tomó las herramientas que les habían entregado para la labor, lo cual no era más que un par de bolsas y unos guantes.

Haciéndose de ánimos, acomodó sus lentes de pasta gruesa y tiró la botella vacía en la bolsa, para comenzar a recoger el resto de desperdicios.

Por varios minutos fue recogiendo plástico y echándolo en la bolsa blanca, mientras que en la negra se iban apilando los peces muertos que hallaba; tal como se lo habían indicado.

- Esto es asqueroso – musitó, arrugando la nariz antes de meter el pescado rápidamente para no seguir aspirando su hedor.

- Deberías haber traído mascarilla

- Y también un gorro para el sol – apuntó otra señora cercana a la primera, ambas haciendo señas a los objetos nombrados y que ellas portaban muy ufanas, como si quisieran alardear de su astucia.

MinGi rodó los ojos. No entendía por qué había personas que se empeñaban en mostrar lo evidente cuando ya era demasiado tarde. MinGi no podía hacer aparecer mágicamente un gorro y una mascarilla; y definitivamente habría sido mucho más inteligente haberlo sugerido cuando entregaron la información para la limpieza de la playa, y no ahora que no había remedio.

Aún así, les sonrió por cortesía e hizo una ligera venia, antes de continuar con su camino. Preferiblemente, lejos de señoras molestas.

Avanzó lo que más pudo y se internó hacia el extremo más apartado, donde algunas rocas salpicaban el borde costero, entremezclándose con la arena y la orilla del mar. Los rayos del sol pronto comenzaron a tocar su piel, pero sin ser desagradable aún. Algo que seguramente cambiaría en un par de horas más.

- Tal vez debería ir ahora por un gorro- musitó pasándose el antebrazo por la frente, removiendo el sudor que ahí se agolpaba.

Miró hacia el frente, el kilómetro y medio que le quedaba por recorrer antes de que la playa finalizara abruptamente por un acantilado. Había ido sacando botellas de plástico mayormente, pero todavía quedaba un rastro de basura considerable. Su bolsa estaba por sobre la mitad, lo mejor siendo llenarla por completo antes de retirarse a su hogar por algo de protección. Especialmente una mascarilla para el hedor que pronto los pescados en descomposición darían.

Decidiéndose, pasó avanzar un poco más y terminar de llenar ambas bolsas.

- Papel, no. Lata de cerveza, tampoco. Botella plástica, si – pronunció para sí mismo, algo agotado de la monotonía, intentando no confundir lo que debía colocar en cada bolsa.- Un pescado, bolsa negra. Un tenedor, fuera. Un brazo, no…

MinGi parpadeó.

¿Un brazo?

Recapacitando una vez más sus palabras, bajó la vista y vio lo que sostenía. Un alarido profundo escapó de su boca cuando vio que efectivamente sostenía un brazo humano. Uno real, de carne y hueso.

Espantado, cayó hacia atrás, su culo golpeando la arena sonoramente. Tembló entero y sus ojos inquietos viajaron aquel miembro que había soltado del susto. Uno que no estaba solo.

Divagando, observó que el brazo se continuaba a un hombro y este estaba conectado con un cuerpo aparentemente completo.

Tembló otra vez.

¡¿Cómo mierda había llegado un cuerpo ahí?!

¡Parecía una historia policial o una de terror!

Agitado, miró hacia todos lados en busca de apoyo, pero pronto notó el gran dilema de alejarse mucho, al punto de estar solo en ese extremo de la playa. Estaba por gritar por ayuda, cuando en eso escuchó un quejido que casi le saca el alma del cuerpo.

Solapado por el sonido de las olas al romper en la arena, un nuevo sonido provino de ese cuerpo que por un instante le pareció inerte y muerto.

- ¿Está… vivo? – consultó incrédulo, su curiosidad superando la neblina del miedo.

Con cautela, MinGi se acercó. Las algas y arena cubrían la piel ajena de forma azarosa, dando la impresión que el mar lo arrojó en un arrebato.

- ¿Será un náufrago? - se preguntó examinándolo una vez más al mismo tiempo que se sacaba los guantes.

Con cuidado lo giró y dio media vuelta, hasta que su espalda tocó la arena y el rostro del extraño quedó a la vista. Solo ahí, MinGi quedó mudo de palabras y vacío de razonamientos; el rostro de aquel náufrago siendo lo más atractivo que había visto en su vida.

De hermosos rasgos cincelados y labios finos, le dio la impresión que estaba frente una estrella de cine o similar. Incluso se sintió enrojecer cuando se percató que su torso estaba a la vista y no llevaba ni una prenda encima.

No por lo menos hasta la cintura, de ahí hacia abajo llevaba una extraña tela alrededor de las piernas.

- ¿Qué tipo de tela es esa?

Con dedos curiosos, tocó la superficie. Era lisa y suave, su color era verdoso oscuro, pero los rayos del sol al impactar en la superficie, mostraba los colores del arcoíris. Tan extraño y bello a la vez. Pensó que era una armadura, o algo similar, sus dedos continuando su recorrido hasta el final, la textura cambiando. Más fino y delicado, húmedo, como…¿la aleta de un pez?

Pestañeó confundido, sus ojos sosteniendo aún aquella tela verde más clara, sus manos moviéndolo de un lado a otro, hasta que este se movió. Con un gran aletazo, la tela se zafó de su agarre; todo el movimiento tomándolo por sorpresa y haciéndolo lanzar una maldición, a la vez que su trasero caía contra la húmeda arena, otra vez.

Perplejo, MinGi recorrió por completo la escena hasta llegar a quien había considerado inconsciente segundos atrás.

Con las manos apoyadas sobre la arena, su torso ligeramente erguido, igual que su cabeza, estaba aquél naufrago…aunque ahora, que veía todo el encuadre completo, se daba cuenta que había sido un idiota.

- ¡Eres una sirena! – chilló asombrado, sus ojos perdiéndose en el confundido rostro contrario.

Hasta que un grito a lo lejos, los alertó.

- ¡Hey! ¿Está todo bien ahí?

Pegando un brinco, MinGi miró por sobre su hombro, sus lentes casi cayendo por el puente de su nariz mientras vio a un hombre bajito acercarse desde la lontananza.

El pánico lo embargó.

Y al parecer a la “sirena” también.

Reencontrando sus miradas y sin mediar palabras, ambos se movieron al unísono en total descoordinación. MinGi se movió hacia arriba, la sirena hacia abajo; sus frentes impactando en el medio del caos. Ambos se quejaron al mismo tiempo mientras movían sus brazos en un intento de reordenarse.

Llevándose una mano a la frente, MinGi no tuvo tiempo de preguntar nada, las pisadas en la arena urgiéndolo a actuar.

Debo esconderlo, fue lo último que cruzó su mente, antes de actuar sin pensar.

Antes de comprender lo que hacía y apremiado por los gritos que no hacían más que acercarse, se lanzó sobre la sirena para cubrirlo con su largo cuerpo. Igual que una tabla humana, lo cubrió de la cabeza a los pies, sus brazos sosteniéndolo a cada lado para no aplastarlo del todo, pero lo suficiente cerca para que no se viera demasiado.

Con suerte, el hombre que venía hacia ellos no notaría que bajo suyo había un hombre mitad pez.

- Emm..si, todo bien – contestó finalmente MinGi, al hombre que terminaba de cerrar las distancias.

- ¿Seguro? Escuchamos a alguien gri…- el hombre se detuvo. Solo un par de metros fue lo suficiente para que detectara que algo no iba bien, sus ojos interrogantes cayendo en su postura - ¿Qué estás haciendo? Eso…

MinGi cerró los ojos, temiendo que diría ese sujeto. Quería excusarse que estaba haciendo ejercicio, pero sonaría muy idiota. También de que se alejara, pero eso solo levantaría sospechas.

- Es una persona – finalizó el hombre y MinGi sintió la vergüenza subir por su cuello - ¿Qué creen que están haciendo a estas horas de la mañana? – lo acusó indignado.

-¡No es eso! – se defendió rápidamente del señor malpensado – Es solo que…- carraspeó, eso dándole unos segundos demás para inventar algo, que la sirena bajo suyo se mantuviera estático facilitando las cosas para él- Es algo vergonzoso – admitió – Mi…amigo estaba limpiando cuando algo maloliente ensució su camisa y se la tuvo que sacar. Es algo tímido con los extraños y …esto fue lo mejor que se me ocurrió para cubrirlo – finalizó lo mejor que pudo, esperando que el otro se tragara su mentira mal hecha.

- Ajá…-musitó el hombre sin estar convencido - ¿Y el grito? ¿Por qué fue?

- Ah…eso, fue por un cangrejo – mintió otra vez – Pensé que estaba muerto, pero la verdad estaba vivo y casi me atrapa con sus tenazas. Me sorprendió, es todo – aceptó, sonriendo incomodo.

El hombre permaneció en hermético silencio por lo que parecieron horas, hasta que finalmente asintió en comprensión. Por un segundo MinGi pensó que estaban a salvo, hasta que el hombre desvió la mirada hacia las bolsas que tenía consigo. Ahí sudó frío.

- Veo que llevas harto, ¿dónde están las bolsas de tu amigo?

- No tiene. Llegó tarde a la repartición de bolsas, así que me esta ayudando con las mías. Pensábamos terminar de llenarlas antes de llevarlas hacia la zona central y pedir bolsas para ambos – finalizó, esperando con eso terminar de convencer al sujeto. También de que no fuera a regresar.

Para su suerte, el otro asintió de acuerdo.

- Bien, sigan así y tal vez terminemos antes del mediodía – fue su contenido mensaje, cierta reticencia trasluciéndose al no creer del todo sus palabras, cosa que a MinGi no le podía importar menos, especialmente cuando este comenzó a retirarse. MinGi casi suspira de alivio al verlo irse, cuando este se giró de improviso y agregó – ¡Ah! ¡Y cuidado con los cangrejos!

MinGi sonrió a medias y asintió igual.

No fue hasta que estuvo seguro que el hombre no regresaría, que se volteó hacia su descubrimiento.

Unos ojos castaños recibiéndolo.

Curioso. Siempre había imaginado que las sirenas tenían los ojos del color del mar. Azul verdoso, o algo así.

Había escuchado historias en esa zona cuando se había mudado hace un par de años atrás. Historias sobre avistamientos, o que tuviera cuidado al nadar, que no fuera muy profundo porque una sirena lo podía atrapar. Creía que eran cuentos, mitos pueblerinos, pero ahora que lo tenía frente suyo, no podía decir lo mismo.

No cuando parte de su cuerpo estaba en íntimo contacto con una larga cola de pez que humedecía su ropa y piel, y frente sus ojos había un rostro tan humano como el suyo. Bueno…tal vez no tan humano.

Porque ese atractivo no parecía real.

Esa piel blanca casi brillaba con luz propia y sus labios rosados eran una invitación misma a besarlos. Tan suaves y apetecibles…

- Disculpa, ¿Cuánto tiempo piensas estar arriba mío?

La melodiosa voz lo engatusó, mucho más al ver los finos labios moverse. Un suave golpe en su hombro fue suficiente para distraerlo y traerlo de vuelta a la realidad.

Al hecho de que su boca estaba a milímetros de la contraria, y que la sirena lo miraba con el ceño fruncido.

Pestañeó.

- ¿Qué dijiste? – preguntó separándose varios centímetros hasta ver su rostro completo, sin poder creer aún que un ser mitológico le había hablado.

- Qué te muevas

- ¿Puedes hablar?

El otro rodó los ojos.

- Por supuesto que puedo hablar – refutó, como si poner aquello en duda fuera ridículo.

- Pensé que tu voz sonaría como la de los delfines- y al momento de decir eso, MinGi se quiso pegar un zape mental.

¿Realmente había dicho eso en voz alta? ¿Era idiota o qué?

El otro debió pensar lo mismo por la expresión que colocó. Era contraída.

O eso pareció por unos segundos, porque un destello travieso cruzó sus ojos, una sonrisa tironeando sus comisuras.

- ¿Un delfín? ¿Algo como esto? – dicho eso, abrió la boca, el sonido agudo y cantarín de un delfín apreciándose con total nitidez.

MinGi boqueó. El otro en cambio, rio ante su expresión.

- Si, puedo imitar a los delfines y hablar con ellos, si te lo preguntas – respondió antes de que cualquier consulta se formulara por la boca contraria- Puedo hacer el sonido de otros animales marinos. Te los puedo mostrar, si dejas de aplastarme.

Balbuceando algo inentendible y asintiendo a trompicones, MinGi se movió sin poder creerlo aún.

- ¿Hablas con los delfines? – solo pudo articular y el otro rio ligero.

- Si, creo que eso dije.- asintió risueño – Por cierto soy un tritón, no una sirena – lo corrigió.

Y MinGi se sintió enrojecer, sus ojos yendo directo hacia la aleta de pez del otro, que… ya no estaba.

Sus ojos se abrieron en redondo.

- ¡Tú aleta! – exclamó, apuntándola al ver que ahora había dos pies tan humanos como los suyos, siguió subiendo la mirada, solo largas y tonificadas piernas recibiéndolo - ¡Tienes piernas! – chilló sin poder creérselo.

¿Acaso lo había imaginado, soñado, alucinado o lo que fuera?

La rica risa de la sirena, perdón, tritón, trajo de vuelta su atención a él.

- Si, tenía una aleta. Cuando salimos a la superficie adquirimos características humanas para mezclarnos entre ustedes. Arrastrarse con una cola de pescado no es muy cómodo. – admitió con una media sonrisa – Parte de tu ropa ayudó a que mi cola se secara y también que la marea bajara. Eso hizo que mi aleta ya no esté húmeda y cambió – explicó simple, encogiéndose de hombros.

MinGi asintió lento.

Se mezclaban entre ellos. Eso quería decir que podía haber más sirenas y tritones en ese pueblo de lo que pensaba. Eso también explicaba porque el tritón hablaba su idioma sin problemas.

Lo miró una vez más, con embelesado asombro. Desde los pies, pasando por sus piernas, saltando directo a su torso – para no ver demás-, y rostro. Era perfecto.

Era…

- ¿Te gusta lo que ves?

Era descarado.

MinGi se sonrojó y miró hacia otro lado al verse descubierto.

- Sólo observaba que estas desnudo – se excusó- ¿Cómo puedes mezclarte entre nosotros sin ropa?

- Generalmente se la robo a un turista desprevenido – respondió sencillo – Aunque ahora no hay muchos – admitió dando una mirada a la playa, sus ojos ensombreciéndose.

MinGi lo notó y algo similar a un nudo se formó en su garganta.

- ¿C-cómo llegaste hasta aquí? – preguntó intentando desviar su atención del alrededor, que el otro volteara a verlo, aliviándolo en cierto modo.

- La verdad, no lo recuerdo. – aceptó frunciendo el ceño – Creo que una corriente me atrapó y de ahí…¡auch! – se quejó. En medio de su intento de recordar se había llevado los dedos a la frente, donde un dolor lo aguijoneó al tocar esa zona.

- Estas herido – pronunció MinGi dándose cuenta recién de la herida que el otro portaba cerca del nacimiento del cabello. Gracias a su flequillo, no lo había visto, pero ahora con el movimiento de su mano, podía apreciarlo.

- Seguramente me golpeé contra algo y por eso terminé inconsciente en la arena – fue su conclusión, viendo ahora las puntas de sus dedos manchadas de carmín.

- Necesitas un médico. Ven, te llevaré al pueblo…

- ¿Desnudo? – consultó el otro inclinando la cabeza- Yo no tengo problema, pero no creo que a tu gente le guste…

MinGi se mordió el labio, impaciente. Tenía razón. Bueno, no del todo. Cualquiera con dos ojos le gustaría la vista del tritón desnudo, el punto era que los escandalizaría. Lo cual, al final, era igual de problemático.

Miró a su alrededor. Justo estaban al amparo de una gran roca que rompía la orilla del mar, de ahí que no los divisaran tan fácilmente. Si miraba hacia el lado opuesto, estaba el final de la playa con el imponente acantilado.

Frunció sus cejas.

- ¿Crees poder esperarme por unos minutos? – y al ver que el otro lo miraba curioso, agregó – Llevaré estas bolsas y diré que voy a mi casa por algunas cosas. Así te puedo traer ropa…

- O simplemente, puedo regresar al mar

- ¿Quieres regresar al mar? – preguntó sin pensar, la sola idea de no verlo más encogiéndole algo en el estómago.

El otro pareció meditar su respuesta, sus ojos yendo hacia las tranquilas olas. Al final, negó.

- Hay mucha gente en la playa, y seguramente hay varios escombros en el agua que hacen peligroso regresar. Esperaré la noche para volver. – respondió, volteando a ver a MinGi que se veía notablemente aliviado – Esperaré que regreses. ¿Cuál es tu nombre?

- MinGi. Song MinGi

- YunHo – pronunció el tritón de vuelta tan pronto vio que se formaba la misma pregunta en la boca del otro. – Mi nombre es YunHo. Te esperaré, MinGi.

El susodicho asintió, casi sintiéndose en las nubes al escuchar su nombre ser pronunciado por esa melodiosa voz.

Presto, tomó las bolsas que traía consigo. Les agregó un par de cosas más y se apresuró hacia la zona central donde se dejaban las bolsas. Con palabras precisas y sin dar mucho espacio a la conversación, avisó que iría a su casa a recoger algunas cosas y que luego volvería. Nadie hizo muchas preguntas y eso fue perfecto para él.

Prácticamente corrió hacia su hogar y agradeció que este estuviera cerca de la playa. Si bien daba a la zona del acantilado, tenía una vista increíble del mar que le fascinaba, especialmente porque lo ayudaba a inspirarse al momento de escribir. Ingresando a su casa, tomó un bolso mediano y lo llenó con una muda de ropa. También algunos melocotones por si el otro tenía hambre y una botella de agua. De paso, tomo un gorro para cada uno y regresó de vuelta a la playa.

No tuvo tiempo de pensar en mascarillas.

Desde su perspectiva, entre ir, buscar lo necesario y regresar, se había demorado cerca de veinte minutos. Esperaba que en ese tiempo no le hubiera sucedido nada al otro y que nadie haya dado la alarma de que había un exhibicionista en la playa.

Para la suerte de ambos, y alivio de MinGi, YunHo seguía en el mismo lugar que lo encontró. Parecía tararear algo mientras observaba apaciblemente el mar.

Tan tranquilo e irreal, como cuando lo conoció hace minutos atrás. La diferencia que antes estaba inconsciente.

En cambio, ahora estaba…vivo. Por decir algo.

Como si el otro leyera sus pensamientos, volteó a verlo, una sonrisa surcando sus labios dejando entrever su entusiasta personalidad. Risueña y humorística.

- Regresé con la ropa. También traje algo de comida…no sé si te guste – agregó, recién preguntándose si los tritones comían fruta. Sacando un melocotón, se lo mostró. Que los ojos contrarios brillaran en reconocimiento siendo suficiente para él.

- Gracias – pronunció antes de darle un mordisco, MinGi nuevamente perdiéndose en esos suaves labios, casi sintiendo envidia por la pobre fruta.

Despabilándose, sacó su ropa y se la entregó.

Agradeciendo una vez más, YunHo le dio otro dos mordiscos a la fruta, antes de pedirle a MinGi que la sostuviera para él y así poder vestirse. Sacudiéndose las manos, se puso de pie, MinGi observando todo boquiabierto. El tritón tenía un cuerpo de infarto.

Avergonzado, logró despabilarse y voltear la mirada.

YunHo rio al notar su bochorno.

- No me ofende que mires – tarareó tranquilo - Después de todo, solo es costumbre humana el usar ropa.

- ¿Ustedes no la usan?

- ¿Cuándo me encontraste, viste que estuviera vestido? – consultó risueño mientras se colocaba el bóxer, MinGi volteando a mirarlo, antes de desviar la vista una vez más.

- No, no del todo. Tenías cola…

- Pero mi cola no es ropa, a diferencia de esto – indicó, al tiempo que se colocaba las bermudas entregadas.

MinGi apretó los labios, YunHo tenía un punto.

- Como decía, no te avergüences. Comprendo la cultura humana, así que no caminaré desnudo por ahí. No al menos ante la vista de todos – agregó, guiñándole un ojo.

Sintiendo que no podía sonrojarse más, MinGi le regresó su fruta para así evitar ahondar más sobre esa aseveración. Una insinuación indirecta, demasiado directa para su impresión.

- ¿Siempre eres así?

- ¿Así, cómo? – consultó, volviendo a sentarse a su lado, sus dientes mordiendo una vez más la fruta.

- Tan…abierto a hablar sobre las sirenas – contestó, sin saber muy bien por qué se sintió incomodo al comentarlo.

- No realmente. No es habitual que revele a un humano mi procedencia marítima – tarareó al final, divertido.

- Entonces, ¿por qué…?

- ¿Por qué confié en ti? – YunHo se encogió de hombros – Creo que tu intento de cubrirme cuando se acercó el otro humano, hizo que te ganaras mi confianza. Eso, más tu mentira sobre el cangrejo – agregó risueño. – No muchos humanos crearían algo así para proteger a un desconocido, menos a una criatura mitológica. ¿Por qué lo hiciste?

- ¿Mentir?

YunHo asintió a medias.

- Protegerme – corrigió.

- Bueno…

- ¡Hey! ¿Se puede saber que están haciendo ahí? Supuestamente deben recoger basura, no parlotear sin hacer nada – exclamó un aldeano asomándose, su abrupta aparición haciendo que MinGi diera un respingo. En cambio, YunHo simplemente saludó.

- ¡Ya vamos! – respondió por MinGi, el otro pareciendo recuperar el aire después de la sorpresa. Colocándose de pie, se sacudió la arena y estiró su mano hacia el otro. - ¿Vienes?

- ¿Vas a recoger basura?

YunHo se encogió de hombros.

- El océano es mi hogar, si no ayudo a limpiar aquí, todo eso retornará al mar y ya tenemos suficiente basura ahí – aclaró, sus ojos tomando un tono frío al decir lo último.

Sintiéndose desencajado y sin nada bueno que decir, MinGi aceptó la mano que se le extendía y se colocó de pie.

Sin intercambiar muchas palabras más, fueron hacia la zona central por bolsas y guantes para YunHo. También aprovechó de extenderle un sombrero para protegerlo del sol y con eso listo, se dedicaron a limpiar. Mientras lo hacían, MinGi sintió cierta pesadez en el estómago, y no era por hambre precisamente. Culpa y remordimiento, esas serían las palabras que resumían su malestar, especialmente al ver a YunHo recoger los peces muertos que la tormenta había dejado. Su semblante tenía cierta expresión solemne mientras guardaba cuidadosamente cada uno en la bolsa; como si cada pez mereciera respeto posterior a su partida.

Supuso que para alguien que venía del mar, debía ser triste todo ese proceso.

No fue hasta que se tomaron un descanso, compartiendo la botella de agua que MinGi había traído, que se atrevió a hablar nuevamente y cambiar, aunque fuera un poco, la melancólica expresión del otro.

- ¿Cómo es? – consultó y al notar que el tritón volteaba a verlo, agregó – Vivir en el océano

Recuperando ese brillo que lo caracterizaba, YunHo lo miró renovado.

- Es increíble. Es mucho más libre que aquí en la tierra, donde tus pies están obligados a caminar todo el tiempo. En cambio, en el mar, simplemente te puedes dejar llevar. – expresó, estirándose. – Además puedes hablar con delfines – agregó, travieso.

Sonriendo mucho más cuando vio a MinGi atorarse con el agua.

- Nunca debí decir eso – dijo, apenado.

- ¿Por qué? Yo lo encontré gracioso

- ¿Seguro? Al principio pareció que no te había gustado

- ¿Eso pareció? – replicó YunHo, inclinando la cabeza- Puede ser que quedé algo extrañado. No todos los días alguien me dice que hablo como delfín – respondió risueño, riendo nuevamente.

Una risa melódica que encantó a MinGi.

Se preguntó cuántas veces más la podría escuchar, su mirada cayendo en la basura que se reducía cada vez más.

Su reducción señalando el tiempo que le quedaba con el tritón.

Cada vez menos.