AMOR DULCE

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Kate era una adolescente que vivía con sus padres, la madre trabajaba en una empresa de Marketing y el padre perdió su trabajo como abogado. El padre siempre maltrató a su esposa e hija ya que nunca las quiso. La enfermedad de Kate hizo que su madre se diera cuenta del daño que le estaba haciendo su marido a ella y a su hija.  Kate se enamoró del chico popular y guapo del instituto pero al terminar el instituto desaparece sin dejar rastro dejándola con el corazón roto. Años después, Kate se graduó y empezó a trabajar reencontrándose con su ex. ¿Se seguirán amando cómo años atrás o habrán rehecho sus vidas con otras personas?

Estado:
Completado
Capítulos:
28
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

-PRÓLOGO-

Estaba intentando levantarme pero no me sentía bien, estaba mareada, me levanté como pude. Me dirigí al baño, hice mis necesidades, me duché y me vestí. Bajé a la cocina y estaba mi padre desayunando. Me dirigí a la nevera y no había nada de comida.

-¿No hay fruta?- dije hambrienta.

-No necesitas comer, estás demasiado gorda.- dijo mi padre con desprecio.

Mi complexión era delgada, adelgacé mucho en cuestión de meses. Antes mi complexión era atlética.

-Papá llevo cuatro días sin comer, yo sólo quiero una fruta.- dije triste.

-Haz lo que quieras pero deberías dejar de comer, bebe agua que te llenará el estómago. dijo mi padre enfadado.

-ME VOY.- dije gritando. Salí de casa tambaleándome. -Te odio.- dije susurrando.

Salí de casa para ir al instituto pero cada vez me encontraba peor. Me estaba tambaleando y noté una mano en mi hombro.

-¿Kate, te encuentras bien?- me preguntó Ryan preocupado.

-Sí, estoy bien, gracias por preguntar.- dije sin mirarle a los ojos.

Corrí cómo pude al instituto para alejarme de Ryan.

Ryan era el chico popular, el más guapo y muy inteligente. Normalmente los chicos populares eran los típicos chicos malos, por regla general pero en este instituto era todo lo contrario, aunque había de todo tipo cómo en todos los institutos.

Ryan era hijo de un médico que trabajaba en el hospital de la ciudad y él quería seguir los pasos de su padre. Me pasé los cambios de clase yendo al baño. No sabía que me pasaba, iba mucho al baño y tenía mucha sed. Después de la última clase volví a ir al baño. No quería ir a casa para encontrarme a mi padre, cada vez le odiaba más. Salí del baño y me volví a encontrar a Ryan. Se veía preocupado y se acercó a mí.

-Kate llevo días viéndote yendo al baño en cada cambio de clase, tú no estás bien, déjame llevarte al hospital para que mi padre te examine.- dijo preocupado.

-No, no quiero ir al hospital.- dije nerviosa y asustada.

-Entonces deja que te lleve a casa y descansas.- dijo Ryan.

-A casa tampoco.- dije temblando de miedo. -No quiero...- me desmayé antes de terminar la frase.

Lo último que oí, fue a Ryan llamándome y cogiéndome en brazos para evitar caerme. Me desperté en el hospital y allí estaba mi padre enfadado como siempre.

-¿TENÍAS QUE DESMAYARTE PARA LLAMAR LA ATENCIÓN? ESTOY HARTO DE TI, TENÍA COSAS MÁS IMPORTANTES QUE HACER PARA QUEDARME AQUÍ CONTIGO, NIÑA MALCRIADA.- dijo gritando enfadado.

-¿Cosas importantes? Gastándote el dinero de mamá para tu amante.- dije riendo con sarcasmo. -La qué está harta soy yo, mientras mamá está trabajando y yo en el instituto, te traes a la zorra de tu amante en casa y me tratas como una mierda.- dije de lo más enfadada. -LLEVO CUATRO DÍAS SIN COMER, JODER.- le grité. Me pegó en la mejilla.

-No sé porqué me quedé con tu madre y contigo.- dijo.

-Eso me pregunto yo.- dije a punto de llorar y con una mano en mi mejilla. Mi padre iba a volver a pegarme pero Ryan lo detuvo.

-Señor no la vuelva a tocar o llamo a la policía.- dijo Ryan enfadado.

-Yo hago lo que quiero con mi hija.- contestó enfadado.

-Esto es un hospital, está alterando a los otros pacientes.- dijo Ryan.

-ME IMPORTA UNA MIERDA LOS OTROS.- dijo mi padre gritando.

-A ti nunca te ha importado nada salvo a ti mismo.- dije enfadada.

-Niña insolente.- dijo acercándose con la mano alzada para pegarme.

-Se acabó, acabo de llamar a la policía por lo que acabo de presenciar.- dijo Ryan con el teléfono en la mano.

Mientras estábamos esperando a la policía los guardias de seguridad lo esposaron. Llegaron dos policías, se llevaron detenido a mi padre mientras gritaba que no le tocasen. Yo empecé a llorar.

-Siento que vieras eso.- dije llorando.

-Tranquila, no pasa nada.- dijo abrazándome. -¿Desde cuándo pasa esto, Kate?- me preguntó Ryan.

-Desde hace mucho tiempo.- dije llorando.

-Tranquila.- dijo Ryan volviéndome a abrazar.

Ryan y yo estuvimos abrazados hasta que llegó su padre con los resultados de las pruebas.

-Bueno Kate, tengo los resultados y no son muy buenos.- empezó a decir el padre de Ryan. -Tienes el nivel de glucosa en sangre muy elevado, lo qué significa que tienes diabetes tipo 1 y también tienes desnutrición, lo que significa que no has comido en varios días.- dijo el padre de Ryan.

-Cuatro días.- murmuré triste.

-¿Cuatro días? ¿Por qué?- preguntó confuso.

-Porqué...porqué...- intenté articular palabra pero sólo lloré.

-Por culpa de su padre.- contestó Ryan por mí.

-¡Mi madre! ¡Hay que llamar a mi madre!- dije desesperada.

-Ya la hemos llamado.- contestó el padre de Ryan.

-Gracias.- dije sollozando.

El padre de Ryan se fue. Ryan y yo hablamos durante horas hasta que llegó mi madre. Mi madre entró llorando y se acercó a mí para abrazarme.

-¡Oh, cariño! Lo siento, nunca imaginé de lo que tu padre era capaz.- dijo llorando.

-¿De qué hablas?- pregunté confusa.

-Acabo de ver a tu padre con una mujer hablando mal de ti cuando llegué a casa.- dijo mi madre.

-Pero si se lo llevó la policía de aquí.- dije aún más confusa.

-Pues estaban en casa.- contestó mi madre.

-Mamá hay algo que deberías saber de papá.- dije triste.

-Tiene una amante, lo sé.- dijo interrumpiéndome.

-Sí, pero...- dije.

-También lo sé, me lo acaba de decir el doctor Martin.- volvió a interrumpirme.

-Vale.- contesté. -Mamá te presento a Ryan Martin, él fue quién me trajo.- dije mirando a Ryan. Mi madre se giró y le extendió la mano.

-Encantado de conocerla, señora Morgan.- dijo Ryan saludando a mi madre con la mano.

-¿Martin, eres el hijo del doctor Martin?- preguntó mi madre a Ryan.

-Sí, señora.- contestó Ryan.

-¡Oh, por favor! Has salvado a mi hija, llámame Sam.- dijo mi madre.

-De acuerdo, señ... digo Sam.- dijo Ryan nervioso.

-Me cae bien, además es muy guapo.- dijo mi madre sonriendo.

-Mamá, por favor.- susurré avergonzada.

-¿Es este el chico que te gusta?- preguntó mi madre sin ningún pudor, yo me moría de la vergüenza.

-Sí, mamá.- contesté susurrando y avergonzada.

-Se le ve buen chico.- dijo mi madre.

-Lo es.- dije nerviosa y sonrojada.

-Y...yo creo que me voy.- tartamudeó Ryan nervioso y señalando la puerta con el pulgar. -Un gusto, Sam.- dijo despidiéndose.

-Creo que le gustas.- dijo mi madre cuándo Ryan se fue.

-Mamá, por favor, es uno de los chicos populares del instituto, nunca se fijaría en mí.- dije triste.

-Cariño, si no se fijase en ti, ahora mismo no se hubiese quedado aquí a tu lado.- dijo mi madre pero seguía pensando que lo hizo por amabilidad.

Mi madre y yo hablamos hasta que me llevaron a una habitación de planta. A la mañana siguiente, aún estaba ingresada. Mi madre se fue a casa a ducharse y descansar un poco. Me enseñaron los pasos para el tratamiento con insulina. Llamaron a la puerta.


TOC-TOC


-Adelante.- dije incorporándome en la cama.

-Buenos días Kate ¿cómo te encuentras?- dijo Ryan entrando por la puerta sonriendo.

-Hola, estoy bien ¿y tú?- dije sonriendo también.

-Ahora que te veo mucho mejor.- dijo Ryan sonriendo.

Miré a Ryan confusa. Estuvimos hablando un buen rato, Ryan iba hablar pero llegó su padre con una enfermera.

-Buenos días, Kate ¿qué tal estás?- dijo el padre de Ryan.

-Muy bien.- dije mirando a Ryan.

-Bien, vamos a enseñarte a medir la glucosa y a ponerte la insulina ¿preparada?- dijo sacando el medidor hacia la mesa de comer.

-Algo recuerdo como lo hace la enfermera pero sí estoy preparada.- contesté.

-Bueno a partir de ahora este medidor será para ti.- dijo sacando el medidor de su estuche.

-De acuerdo.- contesté.

-Bien, primer paso saca una tira reactiva de ese pequeño bote y lo colocas en la ranura del medidor.- explicó mientras lo hacía. - Después coges el pequeño bolígrafo y lo pones en las yemas de uno de los dedos, a cualquier dedo y aprietas el botón blanco, y por último acercas el dedo con la gotita de sangre la tira reactiva y ahora hay que esperar unos segundos.- terminó de explicar. Esperamos unos segundos y salió el resultado.

-Es fácil.- comenté con una sonrisa.

-Sí, a la hora del almuerzo volveré.- dijo. -Ahora la enfermera te enseñará a inyectarte la insulina y enseguida te traerán el desayuno.- dijo señalando a la enfermera.

-De acuerdo, doctor.- contesté.

-Después de desayunar si quieres salir a dar un paseo por el jardín, te iría bien.- dijo el padre de Ryan.

-Sí, eso haré no quiero quedarme encerrada en la habitación.- contesté.

-Yo la acompañaré.- le dijo Ryan a su padre.

-De acuerdo.- dijo el padre de Ryan guiñándole un ojo, y se fue con la enfermera. Miré a Ryan confusa.

-¿A qué ha venido eso?- pregunté confusa.

-¿Por qué no vamos a dar una vuelta y te lo cuento?- dijo Ryan nervioso y cambiando de tema.

-De... acuerdo.- dije nerviosa y confusa.

Ryan siempre me ponía nerviosa, antes de lo que me había pasado el día anterior, nunca habíamos hablado y siempre que le veía no me atrevía acercarme a él. Salimos al jardín trasero del hospital. Caminamos unos minutos y nos sentamos en un banco.

-Bueno... y...yo...- empezó a decir nervioso. Puse mi mano derecha en su rodilla izquierda para tranquilizarlo.

-Tranquilo, sí no quieres decírmelo no pasa nada.- dije para no presionarlo.

-No, sí quiero hacerlo, en realidad quería decírtelo desde hacía mucho.- contestó.

-De acuerdo.- dije

-Kate.- dijo carraspeando. -Pienso en ti cada momento, cada hora y cada segundo, tu voz y tu sonrisa son culpables del gran amor que siento por ti, haría lo que fuera por ti.- continuó. Se levantó y se paró enfrente mío y me cogió de las dos manos. -Kate ¿quieres ser mi novia?- preguntó Ryan.

-S...- empecé a decir emocionada pero mi padre apareció hecho una furia y me interrumpió.

-De eso nada, no quiero que te acerques a ella, no mientras vivas bajo mi techo.- dijo mi padre acercándose e interrumpiéndome.

-Eso tiene solución.- dijo mi madre acercándose enfadada. -Porqué quiero que te largues de mi casa, sí no quieres que llame a la policía por maltrato.- dijo mi madre dándole un sobre marrón grande.

-No tienes pruebas, sería mi palabra contra la tuya.- dijo mi padre enfadado.

-Ahí te equivocas, te recuerdo que hay cámaras de seguridad que graban todo el día, toda la casa.- contestó mi madre enfadada.

-No te creo.- dijo mi padre en shock.

-¿Ah no?- dijo mi madre con una sonrisa y enseñándole su teléfono con las grabaciones. Eran grabaciones de la casa con él pegándome.

-Y eso también. - dijo Ryan enseñando la grabación del día anterior.

-No puedes hacerme eso, somos una familia.- dijo mi padre llorando.

-¿Una familia? Tú no sabes el significado de una familia. -dije riendo de forma sarcástica. -Y esto lo demuestra.- dije señalando los teléfonos. Mi padre se fue enfadado, mi madre me abrazó.

-Bueno os dejo solos chicos, nos vemos luego.- dijo mi madre antes de entrar al hospital.

-¿Por dónde íbamos?- dije cogiendo su mano izquierda con mi mano derecha. -¡Ah sí! Claro que quiero ser tu novia, estoy enamorada de ti desde que te conocí.- dije rodeando mis brazos por su cuello.

Ryan y yo nos besamos. Fue un beso de amor y cariño. Desde entonces Ryan y yo fuimos inseparables. Una semana después me dieron el alta en el hospital y volví a mi vida normal.