The Kidnapping (PAUSADO)

Sinopsis

Louis hará todo lo que sea necesario para asegurar su libertad, incluso si eso significa tener que seducir a su captor.

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Sinopsis


—¿Qué es eso? —preguntó Louis, con sus dedos rozando uno de los tatuajes de mi caja torácica.

Me las arreglé para no reírme apretando los dientes, pero me retorcí por la sensación. —No hagas eso.

—¿Hacer qué? ¿Preguntar por tus tatuajes o por esto? —Volvió a rozar con las yemas de sus dedos mis costillas.

Apartándome, le lancé una mirada de advertencia.

—¿Tienes cosquillas? —Sus ojos se iluminaron con una chispa traviesa.

—Te romperé la jodida mano si vuelves a tocarme así. ¿Entendido?

Riéndose, volvió a mirar la tinta negra por todo mi cuerpo. Llevaba no sé cuánto tiempo inspeccionándolas, encaramado sobre mí y moviendo mis extremidades como un maniquí para ver lo que quisiera. No tenía ni idea de por qué se lo permitía.

Tocó el mismo punto que antes, pero mucho más fuerte. —¿Te gustan los gatos?

—¿Qué? —Miré hacia abajo para ver de qué estaba hablando. Era un gato negro de dibujos animados con un sombrero de copa. —No. Quiero decir, no me interesan. Son solo gatos.

—Entonces, ¿por qué te hiciste este?

—Porque soy un ladrón —. Arqueé una ceja, esperando su indignación moral. Ni siquiera parpadeó.

—¿Qué significa esto? —Golpeó la calavera en mi pecho.

—Que soy un asesino —. Le sostuve la mirada mientras respondía. A su favor, no apartó la mirada ni mostró ningún tipo de emoción. No es que debiera haberse escandalizado, teniendo en cuenta que maté a dos policías delante de él no hace ni una semana. —Y esto —, continué, señalando la gigantesca daga que me atravesaba el esternón, —significa que lo haré si me pagas.

Se acercó más, apoyándose en el codo y estudiando el lobo que gruñía en medio de mi abdomen. —¿Por eso te llaman el Lobo?

—No —. No era mi intención responder tan escuetamente, pero no iba a disculparme después del hecho.

No se inmutó por la brevedad de la respuesta ni por mi tono, como si hubiera llegado a esperar ambas cosas. —¿Entonces por qué te llaman así?

—¿Qué historia te gustaría escuchar? ¿La de que me criaron los lobos o la de que los utilizo para despedazar a la gente?

—Iván dijo que cortaste a alguien y se lo diste de comer a un lobo.

Me reí. —Iván es un idiota.

—¿Así que no mataste a alguien cuando tenías diez años?

—Oh, no, esa parte es cierta —. Se incorporó hasta quedar sentado, con su mirada clavada en la mía, como si tratara de saber si yo estaba bromeando. Por desgracia para él, no lo estaba. —Fue en defensa propia —, añadí. —La vida no es amable en Verkhoyansk.

—¿De ahí eres?

Asentí con la cabeza.

—¿Y cómo acabaste aquí?

—¿Alguna vez dejas de hablar? —Le contesté. ¿Realmente esperaba que le contara la historia de mi vida? ¿Qué le contara grandes historias de cómo crecí en el brutal desierto de Siberia antes de recorrer los barrios bajos de Moscú, Nueva York y Chicago?

—No —, respondió con una sonrisa, volviendo a centrar su atención en los tatuajes, trazando el contorno de la escritura bajo la cabeza de lobo. —¿Tienes algún favorito?

—¿Tienes un piercing favorito? —resoplé, flexionando los abdominales para evitar retorcerme de nuevo bajo su mano.

—Este —. Se tocó el aro de plata en la fosa nasal. —Pensé que la cabeza de mi padre iba a explotar la primera vez que lo vio.

No pude evitar reírme de nuevo. Por lo menos era un grano en el culo para todos y no solo para mí.

—Estos —, respondí por fin, doblando una de mis piernas para mostrarle una de las gigantescas estrellas de ocho puntas que tenía en la rótula. Hacían juego con las más pequeñas que tenía a ambos lados del pecho.

—Dios mío. ¿No te ha dolido? —, preguntó con una mueca, pasando el pulgar por el centro. —Es todo hueso ahí.

Me encogí de hombros, bajando de nuevo la pierna. —No. No me duele nada.

—¿Nada?

—No, ya no.

—¿Qué significa eso?

Sacudiendo la cabeza, me senté y recogí la chaqueta del suelo. Saqué mis cigarrillos del bolsillo y me metí uno entre los labios, encendiéndolo ante la objeción de Louis, tan desesperado por la nicotina como yo por que terminara el interrogatorio.

—Esta es una habitación para no fumadores —, señaló.

—¿Parece que me importa un carajo?

—Al menos pasa por el balcón. Jesús.

Por obligación, me puse de pie y empujé la puerta corrediza de vidrio para que el humo saliera al exterior.

—Sabes que eso te dará cáncer, ¿verdad? —, preguntó, poniéndose de lado y apoyando la cabeza.

—Estaré muerto antes de tener cáncer —. Inhalé y aguanté un momento, exhalando por la nariz y ajustando mi apoyo contra el marco de la puerta a una posición más cómoda.

—¿Te molesta algo?

—Sí. —Quité un poco de ceniza de la punta, entornando los ojos hacia él. — Tú.

—Gracioso —. Se incorporó, pasándose una mano por el pelo revuelto. —Voy a ducharme —. No esperó a que le respondieran antes de bajarse de la cama y caminar hacia el baño.

Quedándome donde estaba, terminé mi cigarrillo, tratando de averiguar qué carajos debía hacer ahora. Tenía la llave y técnicamente aún tenía a Louis. No me costaría mucho dejarlo inconsciente y arrastrarlo de vuelta a la casa de seguridad. O bien, podía irme. Vestirme, salir por la puerta y no volver a verlo. Eso habría sido lo más inteligente.

Louis estaba preocupado por el cáncer; yo estaba preocupado por una enfermedad aún más oscura. Ya se había llevado a Pavel y ahora estaba a punto de llevarse a mí también. Por mucho que me gritara internamente o castigara a mi cuerpo por reaccionar como lo hacía, no podía detenerlo.

Pero si Viktor lo quería muerto, Louis no tenía ninguna posibilidad. Como mi jefe aún no había tomado esa decisión, no quería perder de vista a Louis, aunque eso significara que tenía que volver a acecharlo. Probablemente sería más fácil ahora que se había graduado y presumiblemente estaba de vuelta en la casa de su padre. No tendría que perseguirlo por todo el campus ni seguirlo a sus lecciones después de clase, obligado a escuchar a los niños destrozar el violín. Cómo seguía siendo tan paciente y alentador era un misterio. Habría roto el instrumento por la mitad y habría maldecido a los mocosos por deshonrar la música.

No, no podía dejarlo ir solo para seguir acechándolo. Verlo, aunque fuera de lejos, era un recordatorio que no necesitaba.

Siempre podía fingir su muerte. Encontrar un tipo con su complexión, su cabello. Si le destrozaba la cara lo suficiente, Viktor nunca lo sabría. Louis podría seguir con su vida y yo podría fingir que nada de esto había sucedido. Mirando las sábanas arrugadas, le di una calada al cigarrillo y aparté la mirada con la misma rapidez.

Apretando los ojos, me froté la frente con una mano. Era más fácil culpar a Pavel de todo, decir que fue una estúpida indiscreción de mi juventud, una tonta curiosidad y nada más. ¿Pero veinte años después? No podía volver a utilizar esa excusa.

—¿Harry?

Soltando la mano, abrí los ojos. Louis estaba de pie en la puerta del baño, con la cabeza inclinada hacia un lado. —¿Vienes?

Dando una última calada, lancé el cigarrillo por el balcón y cerré la puerta.

—¿Estás bien? —, preguntó, observando cómo me acercaba con el ceño fruncido.

—Estoy normal.

—Ok...

—¿Por qué? ¿Me pasa algo en la cara otra vez?

Una sonrisa suavizó su preocupación y apartó la mirada, con un tenue color rosado en las mejillas. —No, no me refería a eso. Ahora, o antes. Parecías... triste.

—Es mi aspecto —. Me encogí de hombros ante él. —No pierdo el tiempo sonriendo por cualquier cosa.

—Sí, lo sé —. Le pillé poniendo los ojos en blanco antes de que se diera la vuelta, metiéndose en la ducha y mojándose el cabello.

Le seguí, quedándome fuera de la puerta de la ducha para observarlo. Tenía los ojos cerrados mientras se lavaba el cabello con el champú, y la fragante espuma le caía por el cuerpo. Se enjuagó el cabello y se quitó el agua de los ojos justo cuando entré y lo empujé hacia atrás contra el azulejo.

—Joder, qué frío —, jadeó, arqueando la espalda. Mi pecho se apretó contra el suyo, inmovilizándolo contra la pared de la que intentaba alejarse, y yo incliné mi boca sobre la suya. Gimió suavemente y me rodeó con los brazos, agarrándose con fuerza.

Mis manos se apoyaron en sus caderas mientras lo besaba lentamente. Le mordí el labio inferior y le besé la barbilla, recorriendo su mandíbula y bajando hasta su garganta. Hundiendo mis dientes en el lateral de su cuello, chupé su piel, saboreando su sabor y el modo en que gemía. Sus labios ya estaban oscuros e hinchados, pero podría haber pasado por natural. Quería marcarlo para que el mundo lo viera, para que supiera que estaba tomado.

Su mano se deslizó entre nosotros, frotando su polla contra la mía. No, no solo frotando, las acariciaba juntas, sus largos dedos se deslizaban hacia arriba y hacia abajo con facilidad. Horizontalmente, verticalmente, girando una alrededor de la otra. Era una sensación tan extraña, pero era jodidamente increíble.

Volví a besarlo, acompasando el ritmo del beso a lo que hacía su mano. Las caricias largas, lentas y sinuosas obtuvieron un beso suave y lánguido. Duro y rápido obtuvo un beso duro y rápido, con dientes y lenguas, hasta que nos separamos solo para tomar aire.

Sus caderas se movieron hacia adelante con la mano, su respiración aumentó. Atrapé su cara entre las palmas de mis manos, besándolo fuerte y profundamente. Cuando estuvo cerca, dejé caer una mano sobre su pecho, con el pulgar rozando su pezón en patrones aleatorios. Gimió dentro de mí, y su agarre sobre nuestras pollas se tensó justo antes de correrse sobre mí.

—Joder —, jadeó. Dejó caer su polla por completo y agarró la mía, untando su semen como si fuera lubricante. Por el camino que llevaba, yo no iba a estar muy lejos de él.

Se inclinó hacia delante, besando y lamiendo mi pecho. Cuando pasó su lengua por mi pezón, una descarga de electricidad fue directa a mis pelotas. Agarré la parte inferior de su mandíbula entre el pulgar y el índice y empujé su cara hacia arriba, aplastando mis labios contra los suyos mientras mi orgasmo se precipitaba, sobre su mano y su polla.

Jódeme —, gruñí mientras el último resto de semen salía, goteando en el suelo de la ducha.

—Eres tan sexy cuando hablas en ruso —, murmuró Louis, acercándose y besando la fecha tatuada en mi clavícula.

—¿Es eso un hecho? —pregunté con una sonrisa.

Se apartó y me miró con una sonrisa irónica. —Sabelotodo.

—Mira quién habla —. Di un paso atrás para que el agua me diera en el pecho, lavando la mayor parte del semen antes de coger el jabón corporal y ocuparme del resto.

—¿Tienes hambre?

Le miré con una ceja fruncida, mientras me lavaba el cabello con champú. —¿Qué?

—Comida. Ya sabes, eso que no dejas de ladrarme para que lo consuma —. Cogió la botella de jabón corporal y me apartó del camino para mojar el resto de su piel. —Me gustaría comer algo. Hoy no he comido nada.

—Pide al servicio de habitaciones.

—Hay un lugar alrededor de la-

—No deberían vernos juntos —. Agaché la cabeza bajo el rociador y me enjuagué completamente, saliendo de la ducha lo más rápido posible sin resbalar en el azulejo mojado.

Él cerró la ducha y me siguió. —¿De qué estás hablando?

Le lancé una toalla y seguí adelante.

No lo frenó lo más mínimo, pero al menos se la puso alrededor de la cintura, eliminando parte de la tentación.

Tenía que alejarme de él. Ahora. Estar tan cerca de él me hacía desear cosas que no debería desear. Hacía que él quisiera cosas que no debería querer. Quedarme era una mala idea. Ahora lo veía.

—¿Adónde vas? —, preguntó, pisándome los talones.

Lo ignoré.

—Ya puedes dejar de lado la mierda de la melancolía —, espetó. —He visto detrás de la cortina.

—¿Cortina? —Me di la vuelta, avanzando hacia él. —¿Otra puta broma comunista*?

Se mantuvo firme, con las cejas fruncidas. —¿Qué? No. El Mago de Oz —. Me detuve en seco y él se estremeció, reanudando su mirada un segundo después. —Si esta cosa va a funcionar entre nosotros, necesitamos algunas putas reglas básicas. Para empezar, no puedes golpearme más. ¿Entendido?

—No hay ninguna cosa —. Me di la vuelta y volví a la cama, cogiendo mis pantalones del suelo. —Estoy bastante seguro de que ese no era el trato.

—Tengo la llave. Eres libre. El trato está terminado —. Me puse la camisa y me la metí con brusquedad antes de volver a colocar las fundas en su sitio. Me puse la chaqueta del traje para ocultarlas y me dirigí hacia la puerta.

—El trato no está terminado —. Louis se puso delante de mí, bloqueando mi salida. Podría haberle movido, de un modo u otro, pero me guardé las manos apretándolas a los lados.

—Muévete.

Cruzó los brazos sobre su pecho desnudo, todavía brillante por la ducha. —No.

—¿Crees que puedes evitar que me vaya?

—Para empezar, no sé por qué te vas. Un minuto estás encima de mí y al siguiente vuelves a ser un idiota.

¿Por qué tenía que ser tan malditamente terco? —Apártate de mi camino, joder.

—Regla dos, ya no puedes ladrarme órdenes.

—Que te jodan a ti y a tus reglas. Me voy. Ahora.

—Apesta estar atrapado en algún lugar, ¿eh? Tienes suerte de no estar metido en una puta jaula de perro o esposado a una cama.

Igualé su mirada mordaz. —A no ser que quieras volver a la puta jaula del perro, apártate de mi camino.

—No hasta que me digas cuál es tu maldito problema. Acordamos que te ayudaría a sacar lo que necesitas de la bóveda y tú le metías el miedo en el cuerpo a mi padre. Y ahora estás, ¿qué? ¿Te levantas y te vas sin tener algún tipo de plan?

—¿El plan? ¿Quieres saber el plan? El plan es entrar en ese banco, abrir esa maldita caja y conseguir lo que mi jefe quiere. Luego encontraré a alguien que se parezca a ti y le meteré una bala en la cabeza. Ese es el plan. ¿Contento?

—¡No! —Me miró fijamente, atónito. —No puedes matar a alguien solo porque se parezca a mí.

Resoplé, sacudiendo la cabeza. —Eres tan ingenuo.

—Ilumíname, entonces. Por favor. Dime por qué debería estar perfectamente de acuerdo con que salgas corriendo a matar a alguien.

—Porque es lo que hago.

—No es suficiente.

Mis puños se cerraron con tanta fuerza que los huesos parecían estar a punto de romperse. —Alguien tiene que morir. Así son las cosas. Así que serás tú o alguien que se parezca a ti.

—No tiene por qué ser así.

Su optimismo era lindo. Fuera de lugar, pero lindo. Muy americano de su parte. — Tiene que ser así —, dije en voz baja.

Las líneas de su rostro se suavizaron, sus hombros se hundieron. —¿Vas a volver?

Tragué saliva y miré la puerta detrás de su cabeza. No podía mirar la tristeza que sustituía a su ira. Sabía la respuesta desde el momento en que hizo la pregunta.

—Mantente alejado de tu padre —, dije, aún sin mirarlo. —No es un buen hombre y no te protegerá cuando la gente venga a por él.

—¿Eres tú el que viene a por él?

Pasando por delante de él, giré el pomo de la puerta y la abrí una rendija, a pesar de que él seguía de pie frente a ella. —No vuelvas a buscarme. Y nunca vuelvas a ese club. Esos hombres son peligrosos.

—No puedo creer que sean más peligrosos que tú.

—Hablo en serio —, espeté, encontrando su mirada abatida con la mía, esperando que viera cada parte de mi frustración. —Por una vez, jodidamente escucha lo que digo.

—¿O qué? —Siempre presionando...

Sacudiendo la cabeza, abrí más la puerta. Le presionaba el hombro, pero estaba arraigado en su lugar por su obstinado orgullo. No aflojé la presión. Con cada segundo que pasaba, me cuestionaba mi decisión de no apartarlo por la fuerza de mi camino.

Finalmente, se hizo a un lado.

La puerta se abrió el resto del camino y salí, con la mirada fija en el frente. No había mirado hacia atrás al cadáver de Pavel y no me permitiría mirar hacia atrás para ver las grietas en el caparazón dorado de Louis.

No, había tomado mi decisión. Puede que haya sucumbido a un momento de debilidad, pero sabía que era más fuerte que la corrupción de mi sangre. Terminaría este trabajo y nunca más pensaría en Louis Tomlinson.





Broma comunista: Se refiere al término “cortina de hierro”, el cual hace referencia a la barrera/línea imaginaria que separaba ideológica y políticamente la Europa Occidental (capitalista) de la Oriental o soviética (comunista) tras la Segunda Guerra Mundial.


Muchas gracias por leer la historia.

Por favor si hay algún error son libres de avisar, se los agradecería.

Nos leemos pronto <3