Capítulo 1
Presente.
Abrir los ojos fue el proceso más largo que pude haber hecho alguna vez. Mis párpados pasaban de manera increíble, y mi mirada no lograba enfocar algo en sí. Solo una luz blanca brillante, muy brillante. No entendía dónde estaba, intenté recordar lo que había hecho horas antes y...nada.
No llegué a nada.
¿Ya me morí?
No pude haberme muerto, ¿verdad? Aún no había gritado a los cuatro vientos la libertad de la vida, no había nadado de noche con posible hipotermia, no había visto algo que me dejara sin palabras, y sobre todo, no me había ido de casa.
No, no pude haberme muerto. Además, ¿qué había hecho para quedarme dormida durante tanto tiempo y no recordar nada? Parpadee varías veces y al final mi vista dejó de estar nublada, está vez, un pesado pitido entro en mis oídos y poco después un dolor desagradable en todo mi cuerpo, junto con un dolor de cabeza horrible.
Trate de moverme, para, aunque sea, comprobar que no estaba en el cielo, o al menos por lo que leía, en el infierno. No lo logré, es más, no podía ni mover mi cabeza, mucho menos el cuello. Me queje de forma casi inaudible, y segundos después, la mirada nerviosa de mi madre apareció en mi campo de visión.
—Nani, despertaste, ¿cómo te sientes? —murmuró, pasando su mano por mi cabello.
Cerré los ojos de golpe, dolía su contacto. Ella quitó su mano inmediatamente, cómo pude deslice mis ojos por todo el lugar, entonces sin entender cómo había llegado ahí, supe que me encontraba en un hospital.
Las paredes blancas, el pitido ensordecedor, el silencio y el olor tan despreciable.
Genial, odiaba estos lugares.
—Me duele la cabeza y el cuello —admití—. ¿Qué me pasó?
—Te caiste de las escaleras de los chicos.
Ah bueno, eso tenía más lógica de porque estaba en un hospital, con dolor en todo el cuerpo, y sin poder moverme. Me había caído de unas escaleras, de la casa de...
Espera, ¿que chicos?
—¿Qué chicos? —dudé, lamiendo mis labios— ¿Jean o Paul? De igual forma nunca he ido a sus casas.
Jamás había ido a la casa de mis mejores amigos. No entiendo nada. Por la mirada de mi madre, supe que yo estaba loca o posiblemente no entienda ni media parte de lo que ella me decía. Al igual que la mía, su entrecejo se arrugó.
Seguí tratando de pensar un poco a lo que ella se refería, pero no. De igual manera no llegue a nada. Jamás había ido a ninguna de sus casas y tampoco recordaba haberlos visto con anterioridad.
Ella, siguió mirandome en silencio. Mi madre no era una mujer vieja, pero tampoco era alguien joven. Estaba en esa corta línea de no me veo mal pero tampoco espectacular. Para mi familia ella estaba en la flor de la vida, a pesar de tener tres hijos.
Así qué, que su frente se frunciera no significó más que ella tampoco entendía lo que me decía. Así que suspiré un poco tratando de hacer una mueca graciosa para que sonriera. Y lo hizo, pero poco después volvió a hablar.
—¿No lo recuerdas verdad?
—Mamá ahora mismo no sé si estoy viva o estoy muerta. —aseguré.
Abrió la boca para hablar, sin embargo se quedó con la palabra en la boca en cuánto la puerta de la habitación se abrió. No podía moverme, solo logré mirar la cabeza de dos personas. No logré reconocerlas.
Volví a sentirme en el segundo uno que desperté: no sabía que rayos hacía aquí.
—Angelina Rels, un gusto, yo te he atendido desde que llegaste en emergencias —se explico el que supuse era el doctor—. Soy el Dr. Leander. ¿Cómo te sientes?
Asentí cómo podía, o como el collarín me lo permitía, después de oírlo hablar. Carraspee mi garganta tratando de que mi voz saliera sin regularidad. Sin dejar de mirar a la otra persona de cabellera negra, que pude divisar era un chico.
—Tengo como vibraciones en mi cabeza cada que hablo, el collarín ya empieza a molestar.
—Es normal, te has dado un gran golpe, al menos no tuvimos que darte una sutura. Tengo una pregunta para tí —respondió—. ¿Sabes quién es él?
A su lado, dió un paso adelante el chico de cabellera negra, solo eso pude verle. Por lo que mi madre ajustó un poco la camilla para que pudiera estar medio sentada.
Y entonces pude verlo completamente. Cabellera negra, piel completamente blanca con dos ojazos verdes que me miraban con una tímida sonrisa en su rostro, su cabello apuntaba a distintas direcciones, cómo si hubiera pasado su mano muchas veces en él. Mantenía las mismas dentro de su pantalón oscuro, aún mirándome fijamente.
Sentí... sentí tantas cosas en ese momento, las cuales no sabía identificar completamente, sólo sabía que no comprendía lo que me sucedía. Aunque, al final, ni sabía quién era, eso no podría significar mucho.
Sabía que había podido descolocarme solo con una mirada. Y sabía que había algo entre los dos que me hacía sentir cómoda. Sin embargo, no lo conocía y tampoco lo había visto en mi vida.
—¿Por él me he caído? —bromeé, pero nadie se inmutó—. No, no lo reconozco, en mi vida lo he visto.
La primera impresión tan tímida del chico desapareció al instante, mientras cambiaba por una completamente distinta. Un poco ¿dolida?
—¿Qué? ¿Cómo qué no? —habló, dando otro paso al frente—. ¿No me recuerdas, Nani?
Nani...
Oírlo decirme cómo solo mi familia lo hacía, me hizo tener una enorme puntada de dolor en mi cabeza. Sentía algo cada que le dirigía la mirada o siquiera una palabra. Cerré mis ojos de golpe debido al dolor.
—Basta, no la agobies, Eric —mi madre lo miro—. Entonces, ¿lo que nos dijo es cierto?
Deslice la mirada por los tres, y la deje por más tiempo del necesario sobre aquel chico que no dejaba de mirarme.
¿Quién eres ojos verdes? Y ¿Por qué me siento así cuando me ves?
—Al parecer no me equivoqué. —pronunció con pesar el doctor— Ella no recuerda nada de lo que vivió los últimos meses.
—Eso no puede ser posible, ¿no hay algo que se pueda hacer? Ella no...
El chico, ahora llamado Eric, el cuál mi madre conocía más que yo, trató esta vez bombardear al doctor con preguntas sobre mí. Parecía ansioso y nervioso. Mientras yo seguía sin entender qué sucedía.
—La verdad no, es cuestión de tiempo, podría volver los recuerdos o quizás no —argumentó, mirándolo fijamente—. Puede ser poco a poco o de golpe. Lo importante ahora es no ponerla de los nervios con preguntas que ella no tendrá respuesta y que puede afectarle.
Mi madre asintió en silencio mientras el doctor hablaba cosas que no entendía, el ojiverde dió tres pasos hacía atrás pasando las manos por su cabello, está vez, frustrado. Quise preguntarle qué le sucedía, más no lo conocía y jamás había sido una persona entrometida. Así que me límite a jugar con mis dedos en silencio.
¿Podía pedir que me dieran mi celular para oír música?
Cómo no entendía nada. Me sentí un tanto inútil de estar ahí sentada sin hacer nada. Y la verdad tampoco quería hacerlo. Comenzaba a aburrirme este lugar, cómo siempre. Entendía lo que ellos decían y lo que sucedía, sólo por decir que los escuchaba. Sin embargo no pronuncié ninguna palabra puesto que no entendía ni medio melón respecto a ese chico y tanto interés en mí.
Aunque sí tenía una pregunta que hacer.
—Entonces..—llamé su atención—. Me he caído por las escaleras, quizás rodado como saco de papas y ahora perdí la memoria de algunos tres meses, a todas estás, lo importante es que sé cómo me llamo, dónde vivo, que me gusta, eso es lo que realmente importa, ¿verdad?
Las expresiones de los tres me dejaron atónita por lo cuál solté una carcajada. ¿Que les preocupaba tanto? Estaba con vida eso era lo importante.
¿Verdad?
Venga, quizás me estoy tomando este tema muy a la ligera y eso pareció alterarlos un poco más.
—Pues...parece que tu sentido del humor sigue intacto —declaró y sonreí, miró a sus acompañantes—. Ella tiene razón, pudo ser peor. Te daré el alta en unas horas, solo no te quites el vendaje.
Asentí, después de decirle gracias, miró a mí madre y salió de la habitación, dejándome con mi progenitora y un chico de no dejaba de mirarme afligido.
—¿Puedo hacerle unas preguntas?
Miró a mí madre y está asintió en respuesta, el chico dió tres cortos pasos hasta llegar a mi lado, me mostró una hermosa sonrisa, que hacía que sus ojos verdes brillarán, antes de hablar.
Me gustaba su sonrisa.
Sentí que en otro momento ya había dicho eso, negué con la cabeza, eso era absurdo.
—¿Me recuerdas? —murmuró.
—Ni un pelo.
—¿Sabes que tienes novio?
—En mi vida he tenido un novio. —respondí y él negó con la cabeza.
—¿Recuerdas el concierto?
—¿Qué concierto? —interrumpí— Jamás he ido a uno, quiero, pero siempre los miró tras el computador. —admití— ¿A dónde quieres llegar con todo esto?
Miré a mi madre y está solo dijo—: Escúchalo, Lina.
Suspiré, resignada. Pues no tenía nada mejor que hacer que escucharlo, volví a mirar al chico de malas maneras, él continúo hablando.
—¿Tienes una banda favorita?
Vale una pregunta a la cuál sí tenía una respuesta, asentí emocionada y su mirada se iluminó.
—The Girls.
Su mirada se apagó de golpe, pareció ahogarse con su propia saliva y por consecuencia me hizo borrar mi sonrisa. ¿Ahora el enfermo era él?
—¿Qué? —espetó—. No, tu banda favorita es Ever.
¿Ever? En su cara estaba muy seguro de lo que decía. Fruncí mi ceño, confusa, casi soltaba una carcajada con lo que veía en su rostro.
—¿Y esos quiénes son? Espera...—comenté, rebuscando en mi cabeza. Él sonrió—. Ya los recuerdo, los cinco chicos más codiciados de Pasadena California y tú...eres uno de ellos.
Recordaba haberlos visto por ahí o que simplemente los mencionaran, pero solo eso. No solía escucharlos demasiado.
—Sí. —admitió risueño.
—No me gustan —le rompí la burbuja—. Eres uno de ellos, ¿por qué estás aquí? ¿Que interés tienes en mí?
Eso sonó muy mal en otros sentidos.
Suspiró, para poco después, sin previo aviso entrelazar su mano con la mía. El cosquilleo que la misma sintió en ese momento logró dejarme desprevenida. Miré nuestras manos sorprendida sin entender porque reaccionaba así.
—Soy Eric Buffe —continuó, con voz pasiva— Tu novio desde hace dos meses, te has caído de las escaleras de mi casa. Bueno, en la casa de la banda.
¿Eh?
Creo que jamás había escuchado algo tan ridículo en mi vida. Yo no escuchaba sus canciones, tampoco me consideraba tan fan de ellos, en lo absoluto. Puedo asegurar que de haber tenido algún tipo de contacto con ellos, lo recordaría. Además, ¿mi novio? ¿Por quién me tomaban? Imposible que un artista este con una mortal, y sí es real, yo no corría con esa suerte.
Hice una mueca para volver a reírme. Miré a mi madre con una mueca de confusión en el rostro y ella se apresuró a aclarar la situación.
—Sí, —dijo, segura— Has estado viviendo con ellos desde un mes atrás. ¿No recuerdas al chico que amas desde que lo conociste?
Volví a mirarlo, él seguía teniendo un toque de esperanza en que dijera que sí, y realmente lamentaba decepcionarlo, no obstante de verdad no lo recordaba.
Tan mala no es la situación. Un chico guapísimo que dice ser tu novio, encima famoso.
No podía ser tan falsa de aceptar una realidad que no era la mía. Sacudí esos pensamientos y hablé, soltando mi mano de la suya, entrelazandolas sobre mis piernas.
—Que va, qué dicen, si a mí no me gusta nadie —me encogí de hombros—. No tengo novio y en mi vida he oído sus can...
Tres puntadas de dolor se estrellaron en mi cabeza obligandome a cerrar mis ojos de nuevo y callarme de golpe.; solté un chillido suave, al mismo tiempo, que dos lágrimas salieron de mis ojos.
—Ya no insistas más, por favor, no te recuerda.
La voz de mi madre me dejaba en claro que estaba muy aterrada. Supe que él estaba aún más cerca de mí cuando paso sus pulgares debajo de mis ojos para limpiar mis lágrimas. Suspiró y volvió a hablar.
—Por favor, no. —pidió en un susurro— Dime qué no me has olvidado, dime que es una mala pasada. Nani, por favor dímelo.
Me había vuelto a llamar Nani.
—N-nani... —arrastré las palabras— Solo así me dice mi familia y yo jamás te he visto en la mía. No me digas así.
Lo miré casi inexpresiva, y él seguía murmurando cosas sin parar. Maldiciones, específicamente. Mientras me insistía que yo no podía olvidarlo, que no podía olvidar todo lo que habíamos vivido juntos, que yo...
—No te conozco de nada, por favor, ya no me insistas antes que pida que te saquen de la habitación. —pedí en un murmuro.
—¿Puedo llevarlas a su casa? —se ofreció.
Yo no respondí, al contrario de mí madre que se puso de pie, acomodó sus cosas, y para pocos buscar los papeles de mi alta.
Me quedé sola en la habitación con Eric en completo silencio. Infle mis mejillas y después lo miré con una sonrisa, él me miró extrañado.
Y un tanto ilusionado, la verdad.
A ver, tenía a un chico que asegura ser un cantante aquí a mi lado. Obviamente, seria un poco cotilla respecto a su vida. Me dolía la cabeza, pero no me impedía pensar.
Alcé mis cejas constantemente.
—Asi que cantante, ¿eh?...no los escucho sin embargo, ¿cómo es vivir así? —me anime a preguntar.
—Tú aprendiste a vivir así —me respondió al segundo—. Con la prensa, las fans, las salidas, porque has vivido conmigo.
Volví a mirarlo extrañado, cansada ya del cuentito de que vivía con él. ¡Eso no podía ser posible! Miré la camilla sin decirle nada más. Él suspiró sentándose en la silla junto a mí, supuse que dejaría que le hiciera preguntas.
—¿Cómo son las fans?
Sonrió, un poco nostálgico.
—Un poco obsesivas, aunque cuando aprendes a amar una en específico, las demás dejan de ser un problema.
Por simple curiosidad quise saber a lo que se refería así que seguí indagando en el tema, me removí en la camilla.
—¿A qué te refieres?
—Que me he enamorado de la chica que asegura ser mi fan número uno. —me miró.
Alcé una ceja divertida, mientras cruzaba mis brazos. Vaya..esa respuesta no me la esperaba.
Se sintió raro.
—¿Así? —inquirí sarcástica— Eres contradictorio, ¿sabes? Dices que soy tu novia, cosa que no creo posible, y ahora me dices que te enamoraste de tu fan número uno, creo...
—Me refiero a tí, estoy enamorado de ti, tú eres mi fan número uno, Lina.
Eso logró dejarme sin palabras, nuevamente. En sus ojos estaba de vuelta ese brillo singular, y mi pecho comenzó a palpitar con rapidez.
—Eso no es cierto y ya no quiero hablar. —refunfuñé.
Sabía que yo había iniciado el tema de las preguntas, sin embargo, ya no quería seguir con este tema. Me llenaba de muchas confusión, y de muchas rabia por no comprender porque reaccionaba de esta manera.
Aunque, no negaría que una parte de mí insistía en que lo que él decía era cierto. Y era como si lo conociera... quizás en otra vida, porque en esta jamás habíamos cruzado, ni por casualidad ni por confusión. Obviando este momento desde luego.
Él no volvió a decirme nada más, así qué comenzó a juguetear con su pulsera mientras yo seguía viendolo fijamente.
Podía tener más o menos mi edad incluso, mi estatura. Su físico, era una pasada, mentiría si dijera que era normal. Porque no lo era, estaba tan formado que se veía increíble. Además, esa camiseta blanca le sentaba bien encima de su chaqueta de cuero. Pinta de cantante tenía, y mucha.
Era conciente de que sí era guapo. Guapísimo. Pero jamás admitiría en voz alta eso, principalmente porque lo acababa de conocer.
***
—Me he caído pero no estoy lisiada. —informé mientras sarandeaba al chico para que me soltase.
Quizá estaba siendo grosera, sin embargo, no me gustaba que me tocará tanto, puesto que no lo conocía, mi piel ardía con su tacto y trataba de evitarlo.
Estábamos frente a mí casa. Ese pequeño gran hogar en el que he vivido durante toda mi vida. Imposible que haya dejado de vivir aquí para estar con unos desconocidos.
Tan desconocidos no son.
Espanté una vez más a esa nueva voz que había llegado a mi casa a ponerme más confusa. Comencé a caminar rápidamente, dejándolo a ambos atrás, no obstante, segundos después me detuve para preguntar.
—¿Dónde está mi celular?
Alcé una ceja acusadora en cuanto ví cómo Eric sacaba mi celular del bolsillo de su chaqueta.
—Lo tengo yo.
Quise lanzarle muchas preguntas en ese instante pero no tendría ningún sentido puesto que siempre sería la misma respuesta. Que ya nos conocíamos y bla, bla.
—No creo que debas estar ya pegada a la pantalla, deberías...
—Lo sé, mamá. —interrumpí— Solo quiero saber si han actualizado un libro.
No era del todo mentira. Pero en realidad quería tener mi celular para confirmar si esto que tanto decían era cierto. En mi celular estaba prácticamente gran parte de mi vida y las cosas que me gustaban.
El pelinegro me entregó mi celular y una forma menos amable se lo quite de las manos. Me quedé ahí, esperando que este se encendiera. Mi madre continuó el camino hasta la entrada mientras que él seguía parado frente a mí sin decir ni una palabra.
Al final de unos segundos mi celular encendió, y al desbloquearlo lo primero que ví fue el fondo de pantalla. Inmediatamente me giré hacía él para mirarlo.
—¿De verdad? —inicié, cansada— ¿Tú has puesto esto aquí?
Se acercó a mí, apoyando su mirada en la pantalla, y poco después sonrió. Me quedé estática al verlo así, de verdad que me gustaba su sonrisa. Aclaré mi garganta, captando nuevamente su atención.
—Esa foto nos la tomaron el día del concierto —explicó, separandose de mí— Cuando nos conocimos, la misma noche que te pedí salir conmigo.
Creo que en ese instante mi cara no pudo haberme delatado más. Estaba levemente sonrojada. Yo...con él...si eso realmente sucedió en algún momento, no tenía ningún corto recuerdo sobre eso.
—¿Que nos conocimos en un concierto? —repetí, analizando la situación— ¿Eres conciente de lo poco irreal que es toda esta situación, Eric? Imposible que de tantas personas que asistan a tus conciertos, tu te hayas fijado en mí.
—Es que realmente no fue así, ganaste un sorteo donde primero tuvimos una videollamada grupal semanas antes del concierto...desde ese momento no pude sacarte de mí cabeza.
—No te creo nada.
No volví a darle el encuentro, ni la oportunidad de que pudiera explicarse, giré sobre mis pies y camine hasta mi casa.
Empujé la puerta de la entrada dejándola abierta porque sabía que de igual forma él entraría detrás de mí. Segundos después mis hermanos se detuvieron delante de mí con unas enormes sonrisas. Leo y Frank.
El primero ya tiene su propia vida lejos de aquí, mientras que él segundo vivía en una fraternidad. Mientras que yo seguía aquí, en el año final del instituto. Aunque parecíamos contemporáneos, no lo éramos, mi tampoco tan parecidos cómo el resto podía pensar. Leo es rubio, por mi madre, y Frank y yo castaños cómo papá.
Siempre me gustó saber cómo sería mi versión rubia, aunque ahora mismo eso no fuera tan relevante.
—¡Bienvenida! —chillo mi hermano mayor— ¿Qué tal el hospital?
Quise asesinarlo con la mirada. ¡Odio los hospitales, bastante claro está la respuesta!
—¿Te han puesto puntos? ¿Te ha dolido algo? Mamá ha dicho que estás bien pero que...
—Me agobian, ¿saben? —los miré a los dos—. Me duele un poco, aunque puedo soportarlo. Lo único es que un...
Supuse que habían dejado de escucharme, pues la puerta se cerró detrás de mí y ambos centraron su atención en quién acababa de entrar. Puse mis ojos en blanco.
—¡Eric!
—¡Cuñado! —está vez Frank fue el último en hablar—. ¿Qué son esas caras de velorio? ¿Mi hermana te ha negado un beso o lo que le sigue a eso?
—¡Frank, cállate!
¿Por qué...?
—¿Entonces qué le hiciste a tu novio?
Sentí como Eric se detuvo a mi lado mirándome de reojo. La situación comenzaba a hacerse familiar, el hecho de que todos los conocieran bien no lo hacía tan extraño. Sin embargo la principal de toda está historia era yo, y parecía ser la única que no lo recordaba.
Porque fuiste la única que se rodó por unas escaleras, ¿quizá?
—¿Ustedes también? —inicié, con fatiga— ¡Qué él no es mi novio y en mi vida he tenido uno!
La cara de mis hermanos pasaron de sonrisas gigantes a un enorme signo de interrogación, ambos lo miraron a él con confusión.
—¿Qué? Pero si usted.. —el rubio trato de hablar, lo amenacé con la mirada.
—Nani..
—Angelina —le corregí al instante.
Ya no me estaba gustando que me dijera de esa forma. Solo mi familia lo hacía, y él estaba tomandose muchas atribuciones que no le correspondían.
—Lina ha perdido la memoria de lo sucedido en los últimos tres meses. —se explico.
—¿Quieres saber la verdad? —me giré hacia él—. Yo no he perdido nada, me encuentro bien y tú no eres mi novio ni llegaste a serlo. ¡Deja de decir que sí!
Me exaspere, él apretó los labios, bajando la cabeza un poco. Así que dejándolos con la palabra en la boca, subí las escaleras hasta mi habitación, sin ningún tipo de ayuda, ignorando el pinchazo detrás mí cabeza que palpitaba. Noté de reojo a mi madre en la cocina quién mantenía las manos en su cabeza, y no tuve que pensarlo mucho para saberlo, estaba llorando.
¿Por qué este tema es tan difícil para mí? Entendía que había perdido la memoria, solo que no era justo que no recordara nada. Todo sería mucho más sencillo si al menos tuviera presente la noche en que nos conocimos.
Había algo dentro de mí que me hacía creer que nada de esto era una mentira, pero francamente, mis recuerdos eran mi fuente de vida más real, y no tenía ningún recuerdo con él.
Al entrar a mi habitación, pensé en tirar mi puerta con fuerza, sin embargo, no lo hice, habían otras cosas que robaron mi atención en el instante que puse un pie dentro de ella.
—¿Qué?
Murmuré para mí misma mientras veía todas las cosas que decoraban mi habitación. Pósters, objetos, discos y todo de Ever. Camine hasta mi pequeño escritorio en dónde estaba un pequeño papel enmarcado.
Para la chica más increíble que he conocido, mi chsica.
Eric Cross
Contuve la respiración unos segundos mientras en mi mente trataba de reproducir momentos con él. Y intenté, intenté...y nada sucedió, porque no lo recordaba. Ni lo más mínimo
Volví a mirar a mi celular mientras me sentaba en mi cama con el papel enmarcado entre mis dedos. Al desbloquearlo entré a mis fotos, y no solo se encontraba mi fondo de pantalla, habían más de trescientas fotos con Eric. Y en todas, mis ojos brillaban de manera increíble al igual que los de él.
Al parecer éramos felices, juntos, solo sabía que mis ojos no brillaban de esa forma.
¿Entonces no me mintió? ¿De verdad era su novia?
De pronto me encontré tecleando en mi pantalla, todo sobre la vida de él en internet. Y, aparte de dejarme en cara que era el más guapo de la banda junto con una chico llamado Joey. En todos lados, en distintos lugares se encontraba una foto de nosotros dos juntos.
El primer mes de novios para Elina. Las fans dicen que si ella lo ha logrado el resto también.
¡Muchas felicidades!
Negué varias veces con la cabeza, mientras miraba todo de regreso. No recordaba nada de esto, nada ni de lo que salía en internet, ni nada de lo que él me había dicho.
—Jamás te mentiría —murmuraron a mis espaldas— Si quieres tu espacio te lo daré, porque sé qué esto no es algo que vayas asimilar de un día para otro.
Alcé mi mirada para ver al chico de pie en la puerta de mi habitación de brazos cruzados.
—Es que yo no lo entiendo...—farfullé— Todo es tan confuso.
—Yo tampoco —se excusó— Todo estaba bien, de pronto durante la gira recibí una llamada, que habías tenido el accidente. Supe que las cosas no estarían bien después de eso.
Caminó hasta estar dentro del lugar, y poco después, se agachó a la altura de mis piernas, dejando leves caricias a mis rodillas.
—This is the truth, you are the girl of my dreams, I had never felt like this until the day I met you. —cantó en un murmuró.
Mi piel se erizó por el contacto y por oírlo cantar tan íntimamente para mí y por mí. Puse mi mano encima de la suya con lágrimas en los ojos, después de un segundo le respondí.
—No te recuerdo de nada, Eric —inicié— Todo esto es extraño. Necesito... necesito que me dejes sola. No puedes esperar que te recuerde o algo así.
Él asintió en silencio limpiando mis lágrimas, no lloraba por mí. Lloraba por él, porque no se merecía que la persona que él amé no lo recuerde.
—Estoy segura que alguien más querrá estar contigo, que podrás sentir esto por alguien más. —le animé.
Negó con la cabeza, y segundos después sostuvo mi cara entre sus dedos.
—Yo no quiero esto con nadie más, lo quiero contigo, porque es todo o nada.
Dicho esto, beso mi frente y poco después se alejó de mí. Aparte la mirada sacando mis lágrimas mientras él salía por la puerta, y antes que fuese demasiado tarde, las palabras ya habían abandonado mi boca.
—¿Te volveré a ver?
Él se detuvo y con sonrisa triste asintió.
—Todos los días —apretó los labios— Hasta que te recuperé a mi fan número uno. Es una promesa.
Después de eso salió dejándome sola con muchas preguntas y muchos pensamientos en mi cabeza. Me dolía demasiado que él esté pasando por todo esto. Pero también me dolía no recordar nada. Todo apuntaba que teníamos una increíble relación y que él estuviera aquí, intentando que lo recordara...es demasiado.
¿Cómo me había podido caer de unas escaleras?
Por más que quisiera tener una respuesta no la tenía, ni siquiera una cuarta parte. Realmente quería recordar, quería hacer un esfuerzo por entender que era lo que sucedía. Pero lo único que ahora tenía en mi mente era que no podía entender nada de lo que estaba sucediendo en ese momento. Solo tenía en claro que estaba muy confusa y mi cabeza dolía a horrores.
Volví a poner todo en mi escritorio mientras oía pasos acercarse a la entrada.
—¿Han terminado?
Levanté la mirada para ver a Leo de pie frente a mí. Suspiré alzando mis hombros.
—Creo que no se puede acabar algo que ni siquiera empezó. —admití con desgano.
—No lo hagas, porque estarías perdiendo una parte de tú vida y lo estarías perdiendo a él.
—Está es mi vida, la misma que había empezado antes de él.
Mi hermano negó con la cabeza, apoyándose en el marco de mi puerta.
—Mira todo esto —inició, señalando todo lo que estaba en cada lugar de mi habitación— ¿En serio seguirás diciendo que no lo conoces? Y no dirás qué él colocó todo esto aquí para confundirte.
—¡No lo recuerdo!
—Está bien —aseguró— Ninguno se esperaba esto, ¿bien? Pero ¿crees que si no te quisiera estuviera aquí, por ti?
Hice una mueca, bajando la mirada hasta mis manos. Ahí fue que note algo que no había visto hasta el momento. La misma pulsera con la que él estaba jugando en la habitación del hospital, es la misma que yo tenía en mi muñeca.
Mi estómago volvió a revolotear.
—Siento cosas cuando me mira, pero no sé que...¿puedo sentir cosas por él aún cuando no lo recuerdo?
—El corazón nunca se equivoca. —sonrió— Es lo que me dices siempre.
No respondí.
—Una vez me dijiste que en tu libro favorito la chica tuvo que agotar todas las posibilidades para darse cuenta que sí amaba al chico mientras que él se lo demostraba todo el tiempo —continuó—. Es tú turno, agota todas las variables y si no recuerdas nada, él jamás dejará de intentarlo contigo...
—¿Cómo puede gustarme un extraño? —ladee la cabeza.
—No es un extraño y lo sabes.
Quise volver a refutar, no obstante, mi hermano se fué, dejándome con la palabra en la boca.
Una parte de mí sabía que realmente él no era un extraño, que aunque no lo recordara, no significaba que él lo fuera. Pero seguía siendo muy confuso.
Tome mi celular mientras ponía un vídeo, le dí en reproducir, en este aparecíamos cuatro chicos, Eric y yo. Uno de ellos, realmente no sabía quién, estuvo grabando todo.
—¡Día uno de Lina en la casa de los Guys Five! —gritó con emoción, en él yo estaba felíz, disfrutando el momento.
—Aquí es donde sabemos quién es quién y si realmente tengo a los mejores ídolos. —dije acercándome a la cámara.
Ídolos....¿eran mis ídolos?
El resto empezó a sonreír y a gritar mientras entrabamos en la gigantesca casa. Se me hacía familiar, pero no llegué a nada. En realidad, eso no era una casa, era una mansión enorme. No podía creer que yo había vivido ahí.
Cortaron el vídeo y poco después volvió a aparecer solo que está vez, los únicos que aparecían ahí éramos Eric y yo, tomados de las manos.
—¡Bienvenida a tu nueva casa, chica Ever!
Dicho eso dejo un corto beso en mis labios. No pude seguir mirando más, lance el celular a la cama mientras yo masajeaba un poco mis sienes. Una punzada, tras otra y otra. Mi cabeza dolía de vuelta.
¿Podía llegar a recordarlo? ¿Podía creerle todo lo que me decía? ¿Realmente yo era su chica? Negué con la cabeza convenciendome a mí misma que todo eso era absurdo. Que nada de lo que él había dicho era cierto. Y que no iba a seguir torturandome con eso.
¿Pero si no era cierto como explicaba la pulsera, mi habitación, las fotos, los vídeos, cada detalle?
Me recosté en mi cama, dejando que ese olor familiar para mí me inundara, aliviando poco a poco las punzadas en mi cabeza. T
enía muchas preguntas, pero cómo había dicho el doctor poco a poco las cosas volverían a la normalidad, ¿cierto? Eso quería creer, todo era cierto pero para mí el era un extraño. En esta vida, porque en la anterior, parecía ser mi compañero.
Mis ojos comenzaron a cerrarse, y con eso, dió la bienvenida al sentimiento más agrio que había sentido hasta el momento
Bienvenida a casa, chica Ever.
Esas palabras revolotearon en mi cabeza hasta que dejé de pensar.