The longest morning ~ Larry Stylinson

Sinopsis

La mañana del 11 de septiembre aparentaba ser una normal para Louis y Harry, a pesar de ser una fecha especial para ellos. Así es, aparentaba serlo..

Genero:
Other
Autor/a:
Ellie_Thiall
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Parte única

Se despertó con una gran sonrisa esa mañana. Cumplía tres años de relación con su novio Louis, no podía estar más feliz. Tener una relación en secreto con el chico no le afectaba en nada, es más, lo llenaba de emoción y le gustaba esconderse en medio de las horas de trabajo para brindarle todo su amor.

Louis Tomlinson, de 27 años, ya tenía un puesto asegurado en el piso noventa y seis de la torre sur del World Trade Center. Trabajaba en el sector financiero y estaba a punto de conseguir un ascenso por el gran desempeño en los últimos meses. Gracias a él, Harry pudo obtener su primer empleo como asistente, a solo unos seis pisos debajo de él.

Se habían conocido hace varios años, cuando aún estaban en la Universidad. Louis fue su tutor los primeros dos años de su carrera. Cada vez que Harry tenía alguna duda, acudía a él. Al ojiazul le gustaba eso, el ruloso lo veía como una especie de sabelotodo y lo hacía sentir especial. Una vez que Louis terminó sus estudios, decidió mudarse a Lower Manhattan para estar más cerca de su nuevo empleo. Sin embargo, eso no impidió que el chico de ojos esmeralda lo siguiera viendo.

– Lou, se nos va a hacer tarde, otra vez –. El nombrado lanzó un quejido y metió su cabeza una vez más en la almohada. El menor se rio–. Si sigues así te echarán amor.

– No es así –suspiró y miro al chico, como si estuviera mirando a un ser divino, logrando que éste se sonroje–. Feliz aniversario rulitos.

– Feliz aniversario Lou.

Harry se levantó y arrastró a Louis a la ducha. Se bañaron juntos y se cambiaron rápido para evitar demorarse aún más. El tráfico era infernal, todo el mundo corría en una dirección distinta. La pareja trotaba para llegar a tiempo al trabajo. La mañana del once de septiembre no había sido distinta a ninguna otra, salvo porque el ojiazul tenía una sorpresa para su novio.

– Te veo en el almuerzo –dijo Harry cuando llegaron al piso 89, en el próximo debía bajar.– Deberíamos tener un día de Mc Donald’s, hace mucho que no comemos chatarra –el mayor asintió y sonrió.

– La comida especial es a la noche –susurró en su oído.– Je t’aime mon amour.

Louis sabía que su novio se había sonrojado, demasiado. Lo pudo comprobar cuando éste volteó y lo miro con una sonrisa.– Basta, no es justo –se muerde el labio para intentar ocultar una sonrisa pero no lo puede evitar–. Yo más, mucho más –susurra antes de bajar del ascensor y entrar en su piso.

En el piso 96 las cosas estaban un poco alteradas, el día apenas empezaba y había muchas cosas que atender. Louis Tomlinson llegó y fue directo a la oficina de su amiga, su confidente, Anabelle. Eran buenos compañeros de trabajo, habían establecido una buena relación desde que entraron juntos a la compañía. Ella era la única que sabía del piso de la relación que Louis y Harry mantenían.

– A un minuto de estar tarde, menos mal que no te pasó como ayer, que llegaste a las nueve –exclamó la mujer apenas lo vio cerca–. Hay que agradecerle al chico que te haya despertado.

El castaño se rio.– Si no lo tuviera no sé qué sería de mi Belle –suspiró. Sus manos estaban llenas de sudor, estaba muy nervioso.– Belle, ¿trajiste lo que había encargado? ¿Tuviste algún tipo de problema?

Anabelle volteó, tomando su bolso–. No puedo creer lo que hago por ti, esto es lo malo de que trabajen en la misma compañía y con los mismos horarios.

De su bolso sacó una pequeña cajita, la cual Louis abrió. Allí se alojaba un anillo negro con la inscripción de los nombres de la pareja sobre la parte interna del metal. Sonrió con satisfacción, había esperado mucho para esto. Fue difícil persuadir a su novio, tratando de convencerlo que tenía una reunión importante para poder elegir el anillo de compromiso que le regalaría cuando cumplieran tres años de noviazgo.

– Eres tan cursi que das asco Louis.

– Gracias, gracias, en serio no sé qué haría sin ti –. El chico la abraza con una gran sonrisa–. Estoy hecho una bola de nervios, ¿crees que me dirá que sí?

La rubia rodea los ojos ante la insistencia del tema.– Louis, por supuesto que dirá que sí, es Harry. Te ama con locura. Además, ya viven juntos, te hace llegar a horario casi todos los días, ya parecen casados.

Louis sonríe una vez más, asintiendo.– Tienes razón, esta noche será más que especial –afirma mientras va a su puesto de trabajo, listo para empezar con todo el papeleo del día de una vez por todas.

Tres grandes carpetas debían ser ingresadas a la base de datos de la compañía, el castaño ya se sentía agotado de solo pensarlo. Con taza de café en mano, se acomodó en su escritorio con una pequeña sonrisa. Nada podía arruinar su día, absolutamente nada.

O eso era lo que creía.

Aproximadamente cuarenta y cinco minutos después de su llegada al trabajo, el constante sonido de datos siendo ingresados al sistema y llamadas de un lado a otro fue reemplazado por un gran estruendo, seguido de gritos y expresiones de sorpresa por muchos de los compañeros de Louis. El suelo vibró por unos segundos, el fuego y el humo aparecieron en el gran ventanal frente al chico.

Todos alarmados se acercaron a ver qué ocurría.– ¿Cómo es eso posible? –susurró Belle a su lado. Un compañero respondió diciendo que se trataba de un grave accidente. Nadie sabía qué hacer, o qué mirar, o a dónde ir. Nadie entendía qué estaba ocurriendo. Un avión había golpeado en la torre norte del WTC, a la altura de sus ojos.

El teléfono de Louis comenzó a sonar, sacándolo de su trance. Muchos de sus compañeros seguían a su lado, sin entender, mirando qué ocurría. Desconocidos abrían las ventanas y les hacían señas desde unos pocos pisos más arriba, pidiendo ayuda. Corrió a atender, un escalofrío corría por su pecho con cada paso que daba.

–¿Louis? –una débil voz se escuchó del otro lado, aterrada, buscando consuelo.– ¿Qué es esto Louis? ¿Qué pasó? Tengo muchísimo miedo, nadie sabe qué hacer –. El desespero estaba presente en la voz de Harry. Los habían entrenado para enfrentar cualquier tipo de problemas, más no los de la vida real. Una emergencia verdadera.

– Amor, no... No lo sé, fue un accidente. Nadie sabe qué pasó –la voz de Louis tembló y se maldijo por ello.– Creo que nos evacuaran, el humo nos puede afectar horriblemente –susurró, mirando hacia todos lados, su jefe estaba hablando por celular, dando pasos desesperados, sus compañeros no se encontraban en mejor estado. Nadie estaba trabajando.

– Lou, ¿puedes venir? Siento que me está por dar un ataque de pánico y yo... –. Una pequeña alarma empezó a sonar en ambos pisos, indicando que el piso debía ser evacuado. Louis respiró profundamente cuando su novio dejó de hablar.

– ¿Escuchas eso? Nos están evacuando. Tranquilo, nos vemos en el hall, junto a tu maceta preferida, ¿sí? No podemos usar ascensor, nos vamos a demorar un poco. Te amo mucho –intentó tranquilizarlo mientras recogía todas sus cosas, asegurándose de guardar su anillo de compromiso.

– Te amo Lou, intenta llegar lo más rápido posible. En serio siento que se me está cerrando el pecho.

– Te lo prometo, voy a llegar a ti ni bien llegues a la planta baja. Voy a ser rápido.

Colgó y se encaminó a la salida, dónde su jefe esperaba a todos sus empleados.– Muy bien, es una salida por precaución, solo nuestra empresa lo está haciendo en estos momentos, vayan tranquilos, nos reuniremos en la calle, en la esquina, West St. y Liberty St., por favor, no se desvíen. Es por precaución –recalcó al final, pero eso solo hacía que mis nervios aumenten.

Había dos opciones, utilizar los ascensores, que prácticamente era una misión imposible intentar subir a uno, o ir por las escaleras, el ojiazul se inclinó por la segunda opción. En un minuto ya habían llegado al piso 94, también de la misma compañía. Louis tomaba de la mano a Anabelle, que estaba siendo presa del pánico. El chico intentaba hacer que se relajara pero era imposible. Él necesitaba abrazar a su bebé con todas sus fuerzas. Sabía que lo esperaría para que pudieran ir juntos al lugar que había dicho su jefe.

Gritos se escuchaban por todo el edificio, otro avión se acercaba, pero esta vez a ellos, su amiga se abrazó a él, con el miedo carcomiéndole los huesos. Lo que para él fue una eternidad, para todo aquel que estaba fuera del edificio habían sido segundos. El edificio se movió, se escuchó todo, como el segundo avión impactaba en pisos más abajo del suyo, como las paredes intentaban amortiguar el impacto. En ese milisegundo donde todos sufrieron el impacto, que no sabían de dónde provenía pero no podían ser más de diez pisos.

Harry.

Louis soltó a su amiga de repente. Todos intentaban ir en distintas direcciones, el ojiazul quería atravesar para poder llegar a su bebé lo más rápido posible, todos gritando, empujando, nadie sabía qué hacer. Solo Louis. Necesitaba llegar a su bebé. Seguro estaba teniendo un ataque de pánico en su piso porque el avión pasó cerca de él.

Todo el mundo intentaba subir, refugiarse, intentar sobrevivir más tiempo del fuego y humo que ahora atacaba en su edificio. Louis sacó su pañuelo y se cubrió la nariz, no se podía vez nada y eso empeoraba a medida que avanzaba. Gritaba el nombre de su amado, más no obtenía respuesta. Ya casi todos estaban subiendo a pisos a los cuales el humo no había llegado cuando llegó al piso 86. Se vio obligado a entrar allí. Las llamas cubrían las escaleras de ese lado del edificio. Era su última esperanza de encontrar a Harry.

Se agachó y empezó a arrastrarse. Llamó a su novio una vez más y logró ver una figura moverse. Casi corrió hacia él, definitivamente era su novio, estaba con unos serios problemas respiratorios y de pánico. Lo tomó en brazos y lo beso. Con delicadeza tapó su nariz del humo y se puso a pensar. Era el WTC, debía tener otra escalera, otra salida de emergencia, debían bajar. Si subían estaban condenados, Harry colapsaría, necesitaba asistencia médica.

– Harry, ¿me escuchas? Soy Lou –tosió con fuerza sintiendo como sus pulmones se llenaban de humo. El ruloso asintió levemente.– Amor, debemos movernos.

El menor volvió a asentir, pero sin poder realizar un gran movimiento. El ojiazul empezó a arrastrarlo, buscando otra salida. Debía ser igual que en su piso, no podían estar en distintos lugares, no tendría sentido ser evacuados así. Sin embargo no sabía dónde estaba, no podía localizar dicha salida. No veía nada.

El ojiverde apuntó hacia la derecha con los ojos lagrimosos.– Allí, yo la vi, antes de que dejara de respirar –una voz más ronca de lo normal se escuchó, seguido de una tos incontrolable. Le entregó su pañuelo con parsimonia, y le volvió a señalar el lugar. Louis asintió y volvió a arrastrarlo consigo hacia el lugar que había dicho.

Nada más se podía decir, faltaba el aire, faltaban fuerzas. Lo único que sabían era que tenían que llegar a la planta baja. Y efectivamente allí estaba, la otra escalera. Lo único que venía de allí eran gritos, tos, humo descontrolado, más no fuego. Lo cual era una muy buena señal.– ¿Puedes bajar? –. Una vez que vio a su chico asentir, continuó–. Debemos pegarnos a la baranda de la escalera, no la sueltes por nada, baja por inercia Harry, concéntrate en eso. Debemos salir.

Y así fue. Ninguno veía nada, los gritos se escuchaban por doquier, el calor de las llamas se acercaba a ellos, tuvieron que pasar por tres cuerpos sin vida, que estaban desplomados en las escaleras. Está de más decir que se resbalaron muchas veces por los papeles y portafolios esparcidos por allí. El reloj de Louis marcaba las 9:13 de la mañana, ellos solo habían llegado al piso 80 cuando sus cuerpos empezaron a jugarles malas pasadas. El avión estaba en ese lugar.

Louis notaba que Harry cada vez descendía más lento, por lo que se colocó a su lado, ambos se sostenían en el otro y en la baranda. Las llamas estaban cerca del ojiazul, pero eso no importaba con tal de que su novio estuviera sano y salvo. Ambos intentaban ocultar el miedo, el pánico. El ambiente no los ayudaba a encontrar la calma, intentaban mantenerse enfocados en la misión que se habían impuesto pero era difícil con tanto horror que se había formado en menos de una hora. El ojiverde apenas podía consigo mismo.

Lograron avanzar un piso más cuando Harry susurró el nombre de su amado, llamando su atención, para luego caer desplomado. Louis actuó tan rápido como pudo, perdiendo el equilibrio y cayéndose varios escalones. La desesperación y adrenalina era tanta que no podía sentir el esguince que se le había formado en el tobillo.

Unas lágrimas recorrieron su rostro, demostrando su impotencia, él debía sacar a su novio, como sea. Aunque sea lo último que hiciera en su vida. Tomó a Harry y lo cargó en su hombro. Su pie dolía, debía mantener el pañuelo cubriendo su nariz, por lo que tenía que descender sin el barandal de la escalera. Lo peor de todo, debía apurarse si quería que la salud de la persona que más amaba siguiera en pie.

Eran las 9:39 cuando llegó al piso 58, todo estaba vació, el sector donde el avión impactó ya lo había pasado. Sus pulmones estaban llenos de humo y tóxicos, todavía podía sentir el casi insoportable calor de las llamas que los seguía paulatinamente, como quién no quisiera la cosa. El dolor punzante de su tobillo aumentaba a cada paso, ahora su brazo también dolía, no estaba acostumbrado a cargar tanto peso.

Sus rodillas flaquearon y él cayó al piso. Se levantó como pudo y arrastró a Harry con él. Debía seguir, debían sobrevivir, debían vivir su historia de amor, casarse simbólicamente, como ambos lo habían soñado por meses. Un ataque de tos lo invadió, sin embargo seguía bajando las escaleras como si nada.

Un hombre, un bombero, llegó a él. Su vida volvió a tener sentido por unos segundos, le gritaba que debía dejar al chico, que lo acompañara, que tenía la única salida rápida que quedaba en el edificio. Louis se negó rotundamente, era como si dejara su vida en ese piso si dejaba a Harry allí. El bombero aceptó que lo llevara de todas formas, debían seguir evacuando, y no tenía tiempo para discutir con un joven alterado, en shock, que necesitaba atención médica.

Lo hizo entrar a un elevador, junto con quince personas más. El castaño aprovechó para colocar a su novio en el otro hombro, y poder continuar–. Bien, este ascensor los llevará al hall de entrada, diríjanse a una ambulancia de inmediato, necesitan oxígeno –informó el señor de contextura robusta y voz grave. Louis asintió, acariciando la espalda del ruloso, estaba a punto de cumplir su promesa.

Todos salieron corriendo cuando el ascensor llegó a la entrada. El ojiazul lo intentó, pero era casi imposible en su estado–. Déjame a mí, yo lo llevaré –. Él peso en su hombro desapareció, y el bombero estaba caminando a su lado–. Matt, cúbreme –le pidió a un joven que estaba entrando al edificio.

Louis tuvo suerte, pudo salir y llevar a Harry consigo. Había sido un milagro llegar a dónde llegó, y mucho más fue que el hombre apareciera. Eras las 09:55 cuando los tres hombres cruzaron la puerta. Todo era un caos, gente corriendo, gritando, grabando, ignorando las advertencias de los policías y bomberos que les pedías que retrocedieran, que el peligro de derrumbe era inminente.

Habían avanzado cuatro cuadras cuando llegaron a un lugar medianamente seguro, con médicos a disposición de aquellos que salían de los edificios. Louis sentía como el humo aún estaba en sus pulmones pero lo ignoraba completamente, debía ver a Harry despertar y que estuviera bien antes de fijarse en él. El bombero le deseo suerte luego de colocar a su novio en la camilla y desaparecer entre la multitud.

Pero las cosas no iban mejor.

La pareja apenas había recibido oxígeno cuando la torre en la cual ambos trabajaban se desplomó por completo. Sin embargo, Louis había podido cumplir su promesa, Harry estaba a su lado, vivo, siendo atendido por especialistas.

Y el anillo estaba en su saco. La promesa de una vida juntos seguía en pie.




Mensaje que escribí hace años cuando lo hice:

Creo que es el one shot que más tiempo me tomó. Tuve que leer y leer sobre este día, las compañías que había en los edificios, en qué piso estaba cada una, si las personas que estaban en los edificios podían salir, incluso si el elevador funcionaba. Todo eso es real. Intenté que todo pareciera lo más real posible.

Es corto, pero sí, fue el regalo de cumpleaños para mi mejor amiga @LouisLovesBottoms. Era una idea que quise desarrollar por mucho tiempo pero nunca tuve un motivo o una inspiración para terminar. So, gracias Di por ayudarme a terminar una vez con algo que escribí. (?

Como siempre, puede haber errores de ortografía, sepan disculpar.


2023:

Subo este os para probar inkitt, espero que al que lo haya leído le haya gustado. Es corto, todo pasa muy rápido y siento que puedo mejorarlo de mil maneras distintas. Pido disculpas por cómo escribía cuando era adolescente.

Ni bien tenga un momento libre haré una nueva versión de esto.

Gracias por leer ♥