Familia
Mi nombre es Janelle Kowalski vivi en Polonia tengo 16 años, mi vida es supuestamente pacífica, solo si ignoro el hecho de que siempre nos amenazan los alemanes con destruir nuestro pequeño pueblo, que gracias a el señor aún no ha sido invadido por esos pecadores, lamentablemente ya no podemos salir mucho, hay toque de queda, mis padres son sumamente concerbadores jamas he abrazafo a ningún hombre, a excepción de mi padre pero todo cambiaría hoy, que por cierto me he levantado un poquito tarde.
Me levanté de mi cama, me lave la cara y regrese a hacer mi cama, me hice dos trenzas para sujetar mi largo cabello el cual tenía prohibido cortar hasta que me casara, ya que es una prueba de mi pureza y virginidad.
Baje las escaleras pero al llegar al salón principal note que no estaba el gran reloj de péndulo que mi abuelo le había regalado a mi padre hantes de que muriera.
-¿padre?- dije algo desconcertada al ver que el estaba sacando algunas cosas del sótano.
-oh Jany que bueno que ya estas despierta por que justo necesito que me ayudes con algunas cosas- dijo cargando la caja de madera que acababa de sacar del sótano.
- Deacuerdo, pero, primero quisiera preguntarte algo padre- dije asomandome por la puerta principal de mi casa- Adelante cariño dime- dijo el poniendo la caja en el suelo.
- ¿Que ha pasado con el gran reloj?- pregunté
-Lo he vendido, necesitamos dinero, los alemanes nos estan pisando los talones y teníamos pensado irnos a América, hay rumores de que han resivido a varias familias-
Me desconcerto el hecho de que los alemanes avanzarán tam rápido, pero no le preste más atención a la situación, simplemente continue ayudandole a mi padre.
La tarde transcurio muy tranquila, con mi madre empacamos algunas cosas de manera provisional, entre todas las cosas encontamos un vestido muy hermoso mi madre ne explico que ese fue su vestido de bodas y que quería que también fuese mío, mi hermana menor Judith bromeó sobre que mis senos eran demasiado pequeños acomparacion con los de mi madre, y gracias a ello fue reprendida.
-No digas barbaridades Judith, el tamaño de los senos de una mujer no define su belleza, tu hermana es pura, por eso su cuerpo es sencillo, para no ser causa de lujuria, deberías disculparte- dijo mi madre algo molesta.
Yo solo voltee a ver a mi hermana con algo de diversión. Llegó la noche y nos fuimos a la cama, me puse mi bata de pijama y me acosté, estaba apunto de quedar dormida cuando mi madre entro de golpe a nuestra habitación, entonces lo que más temíamos se hizo realidad.








