LOS PRIMEROS SINTOMAS
Harry había pasado demasiadas cosas malas en el transcurso de su vida, el haberse enterado de que era un mago era algo emocionante para él, sin embargo desde el primer año tuvo que preocuparse por muchas cosas como que debía sobrevivir, tenía que salvar a todos, no dejar morir a nadie, matar a Voldemort, todo eso cargaba en su pequeña espalda desde los 11 años, sus amigos o supuestos amigos que lo abandonaron al saber que era gay fue devastador, hasta que unas palabras se cruzaron por su mente “No te conviene amistar con los equivocados” Vaya razón tenía Draco Malfoy a esa edad, aunque ya era tarde para arrepentirse.
La multitud, los elogios, la presión que tenía al ser reconocido como El salvador del mundo mágico, Héroe de guerra, lo sofocaba, deseaba huir, querer irse, dejar todo inclusive si eso significaba volver al mundo muggle. Los sueños de querer ser auror ya no estaba, se sentía carne de cañón y más que un sueño era como una obligación serlo, sinceramente quien querría eso para sí mismo, la respuesta es nadie, así que opto por lo más fácil y sensato que pudo, esfumarse a otro país donde su nombre no resone tanto en la comunidad mágica. Que mejor idea que ir a América.
Luego de haberse marchado hace dos años decidió buscar otra cosa que lo apasione, profesor de defensa podría ser, escritor aficionado era su hobbie, pero involucrarse con algo que tenía que ver con pelea donde dejar su hogar no era opción alguna, así que decidió poner una heladería en el mundo mágico con sabores ciertamente peculiares a su parecer sin embargo lo hizo, empero no espero encontrarse un día a Draco Malfoy por allí, tenía curiosidad ¿Por qué estaba en América? Era algo que no comprendía así que decidió seguirlo, así como hace 4 años cuando pensaba que era mortifago.
El rubio paseaba por los lares buscando ingredientes siempre con ese porte elegante que tenía, sin bajar la mirada ni un instante; en cierta parte sintió como lo seguían y para ser sincero, nada sutil, giro una esquina y se quedó parado —sé que me sigues -resopló- déjate ver de una buena vez.
—Harry salió de su escondite un tanto apenado por haber sido descubierto —Potter —el rubio pronunció su apellido con el mismo tono de siempre con su entrecejo fruncido —se puede saber ¿Por qué me andas siguiendo? -cruzo sus brazos para cederle la palabra-.
—Solamente te vi y... —no había alguna excusa que decir así que callo.
—oh ya sé pensaste que Draco Malfoy un mortifago huyó hacia otro país para revivir al señor oscuro -dijo molesto-.
—¡No! -exclamo- simplemente me dio curiosidad verte... a ti -suspiro-, luego de ese momento ambos decidieron ir a un lugar para conversar acerca de su vida o bueno, esos años que no estuvieron cerca.
—Así que dejaste Inglaterra porque eres gay, no quieres ser un héroe, tus amigos te dejaron y no lidias con la presión -pregunto-, dando un sorbo a su cerveza.
—en pocas palabras sí —comento el moreno que jugaba con el vaso —simplemente no pude con todo eso así que... Decidí irme.
—Ya veo, supongo que somos dos en ese caso -poso su mirada en la bebida-.
El moreno decidió observarlo, primero su perfil, aunque lo pensó hace algunos años se dio cuenta que Malfoy era alguien lindo aun cuando hacia comentarios mordaces y el sarcasmo que se cargaba. —¿Tú también? -preguntó-.
—Sí, yo también... Veras ser un Malfoy y un ex Mortifago no es una buena carta de presentación allí, no toman en cuenta el talento o habilidades que tienes solo por haber sido participe del bando malo, la aberración que tenía la gente, los insultos y demás... Eran abrazadores para mí, mataron a mi padre, mi madre se suicidó y yo... Bueno, no había razón para quedarme por eso me fui.
Se habían quedado conversando, ninguno pensó que podían llegar a tener una plática civilizada, donde no había insultos o golpe alguno, descubriendo que tenían más cosas en común al parecer, la plática fue amena así que decidieron dejarlo para otro día, el tiempo fue pasando poco a poco donde cada vez se hacían más cercanos, sin darse cuenta que cada uno era soporte para el otro, citas donde iban a lugares muggles como mágicos, juegos donde terminaban en cosquillas, miradas que bajaban a los labios, toques que terminaban en manos entrelazadas y en ciertos besos. Habían pasado dos años en los cuales siguieron conociéndose y en un punto ambos decidieron salir como pareja, creando rutinas que eran tan hogareñas, claro que a veces se separaban porque Draco tenía que ir a clases de pociones avanzadas y especializadas y Harry para ver cómo iba su heladería.
Cierta madrugada que estaba calurosa se revolvió entre los brazos de su pareja hasta que sintió como caían copos de nieve en su habitación, movió a Draco para despertarlo.
—Draco... despierta -suspiro- al ver que no se movía opto por o mejor —Draco despierta tienes que ir a tu examen.
El rubio se paró rápidamente hasta que noto la habitación —que pasó -pregunto- Harry, cielo ¿tu magia se descontrolo? —se acercó a su pareja para quitar sus cabellos del rostro.
—sí, lo siento -bosteo un poco- es solo que no comprendo por qué no puedo controlarla ahora.
Draco abrazo a Harry para comenzar a darle suaves caricias en su espalda —será mejor que vayas al hospital no estaría de más hacerlo, digamos que es preventivo —le dio un beso en su coronilla.
—me vas a acompañar o iré solo, digo tengo que sacar cita -hizo un leve puchero-.
—te acompañare así que tranquilo mañana tengo libre.
El azabache asitio y aun con los ojos adormilados miro a su pareja —me acaba de dar hambre, quiero galletas con chispas.
—el rubio negó con la cabeza y le dio un beso iré por tus galletas entonces, algo más que desees amor -pregunto mientras lo dejaba en cama- leche, quiero leche también; —vio como su pareja iba por su pedido mientras que él fue a abrazar su almohada.