La princesa y el lobo guerrero, o como la princesa se convirtió en una guerrera de verdad
Después de haber sido destruido su castillo, Sofía, la princesa, decidió emprender un viaje para derrotar al culpable: un enorme dragón que lanzaba fuego de su boca.
Antes de partir, decidió visitar a su más leal compañero: el lobo guerrero. Necesitaba su consejo y ayuda. Estando en presencia de él, le comentó que iría a derrotar al dragón. El lobo guerrero, mirándola fijamente, le dijo: “no bastara con tu espada para derrotarlo, debes convertirte en una guerrera de verdad”. Al escucharlo, la princesa quedó en silencio. “Anda vamos por él. En su momento sabrás a que me refiero”, le dijo el guerrero.
La princesa se puso su armadura, echa del más fino acero. Se colocó unos guantes aterciopelados y de color rosa; se abrochó sus botas, también del mismo tono, con agujetas blancas; y se dispuso a partir en la búsqueda del dragón.
Juntos caminaron por grandes llanuras; combatieron zombies y peligrosas bestias; escaparon de castillos y mazmorras encantadas; salvaron a los más desvalidos; ayudaron a brujas misteriosas; y obtuvieron las más increíbles y poderosas armas. Pensaban que encontrar al dragón no sería sencillo.
Sin embargo, en realidad la maldad siempre ha sido fácil de hallar. Se podía ver en los campos destruidos. Se observaba en el llanto de las personas que habían sido atacadas por él. Se olía en el ambiente de las ciudades. Era un terrible olor a quemado. Se sentía en todas partes: una fuerte sensación de miedo, resentimiento, dolor y odio a todo lo que fuera humano.
Siguiendo esas pistas, al fin lo encontraron. Escondido en lo más alto de una montaña, al sentirse enfrentado, el dragón bajo volando a donde Sofía y el lobo aguardaban. “No permitiré que acaben con mi reinado”, les gritó la enorme bestia, mientras con su gran poder logró oscurecer las nubes, provocando que cayeran unos rayos estruendosos.
La batalla fue muy difícil. Sofía blandía su espada y atacaba con golpes rápidos al dragón. Sin embargo, este poseía unas escamas muy duras. El lobo guerrero daba grandes saltos para golpear la cabeza del dragón, pero éste se defendía lanzando constantemente bolas de fuego y levantado el vuelo.
La princesa y el lobo guerrero, agotados, se ocultaron en una cueva. “Su odio es muy poderoso”, dijo Sofía exhalando aire de una forma muy rápida y con fuerza. “Siento como al acercarme, el miedo, el dolor, el resentimiento y el odio tratan de absorberme”, continuo. El lobo la observó. Tenía su carita muy bella y brillante, a pesar de la dura batalla. Miró sus ojitos, resplandecientes como dos estrellitas que iluminaban todo lo que veían.
El lobo guerrero sabía que la princesa lo necesitaba, ahora más que nunca. Entonces, se acercó a ella y le dijo: “¡sé que el dolor, el miedo, el resentimiento y el odio son sentimientos muy fuertes, a veces aplastantes, pero también sé que tu corazón y la nobleza de tu espíritu son mucho más grandes, tanto, que te han llevado hasta aquí, a enfrentar a la bestia más terrible de la humanidad. Si la derrotas sé que podrás lograr todo lo que te propongas. Eso te hará una guerrera de verdad. Recuerda, mi querida princesa, siempre sé valiente!“.
“Y así fue como Sofí, mi princesa, lucho con todas sus fuerzas contra un terrible dragón y lo derrotó. Trayendo la paz a todo el reino”, contaba el lobo. A su alrededor, un grupo de niños y adultos lo escuchaban con mucha atención. “¿Verdad que yo también puedo derrotarlo?”, no dejaban de preguntarle. “Claro”, les respondía el guerrero. Solo recuerden que ese dragón siempre estará ahí, es parte de ustedes; de lo humano. Combatirlo es el deber de un guerrero verdadero. Eso lo entendió la princesa, y gracias a ello pudo derrotar a la bestia. Ahora, les toca a ustedes.
Para Sofi (la princesa)
De Betito (el lobo guerrero)








