Chapter 1
―¿Vas a decirlo, o lo hago yo? ―preguntó Lisa.
Jimin suspiró, estudiando el cuerpo frente a ellos. Phillip Dreyer estaba en su sofisticada silla ergonómica de oficina, con los antebrazos apoyados en su amplio escritorio de caoba como si estuviera recibiendo a un cliente… aunque la imagen estaba algo estropeada por la forma en que su cabeza colgaba hacia atrás y hacia un lado, con la garganta cortada de oreja a oreja en un arco abierto. La sangre empapaba el frente de su traje de diseñador y se había acumulado en el borde del escritorio.
Sus ojos seguían abiertos.
―Es posible que tengamos un asesino en serie en nuestras manos ―afirmó Jimin.
Lisa inmediatamente tomó el puesto de abogada del diablo.
―Dos cuerpos con MOs¹ similares no significa un asesino en serie. Ni siquiera es técnicamente un patrón. ―Su acento era puro Flatbush², sin ni un ligero vislumbre del haitiano de su infancia que brillaba cuando ella estaba emocionada.
Jimin se acercó al escritorio. Por costumbre, mantuvo las manos en los bolsillos, aunque llevaba guantes de nitrilo.
A su alrededor, toda la espaciosa oficina zumbaba de actividad: oficiales uniformados conversando en la puerta, el fotógrafo haciendo tomas desde todos los ángulos, investigadores de la escena del crimen rastrillando la habitación en el patrón de cuadrícula que habían establecido. Jimin ignoró todo, se centró en un detalle en particular.
Asomándose desde el bolsillo del pecho de la chaqueta de Dreyer, salpicado de gotas sangre pero aún legible, había un único naipe… el siete de picas³.
Al acercarse al costado del escritorio, Jimin observó que el pañuelo que
originalmente había estado en el bolsillo de Dreyer había sido dejado caer
descuidadamente sobre el piso junto a él. Él notó su posición y se volvió hacia Lisa.
―Siete de picas. Igual que Billy Campbell.
―Lo cual es espeluznante ―afirmó ella― pero no saquemos conclusiones precipitadas.
―La mayoría de los asesinos no dejan tarjetas de presentación.
―Podrían hacerlo si quisieran disfrazar sus motivos y poner a la policía en el camino equivocado.
Él asintió.
―¿Piensas que una persona tenía razones para matar a ambos hombres? ―No se veía conexión aparente. Además de ser hombres blancos de mediana edad y las extrañas similitudes de sus escenas del crimen, Dreyer y Campbell no tenían nada en común. Dreyer había sido un asesor de gestión patrimonial de gran éxito en el prestigioso Skyline Financial Services; Campbell había sido una rata de bajo perfil que se había librado de múltiples cargos por violencia doméstica y posesión de drogas. Vivian en mundos completamente diferentes.
―Tal vez. Estadísticamente, es más probable que ambos sean el blanco de un asesino en serie.
Habían mantenido el naipe del homicidio de Campbell en secreto, por lo que, a menos que hubiese una filtración en el departamento y un imitador que lo descubriera, ambos hombres habían sido asesinados por la misma persona. Jimin esperaba que los asesinatos tuviesen motivos personales; eso haría que el asesino fuese mucho más fácil de atrapar.
Él se paró directamente detrás del cuerpo de Dreyer, sus ojos recorriendo la silla y el escritorio. El investigador forense aún no había llegado, pero Jimin había visto suficientes escenas de crimen en sus cuatro años como detective de homicidios para estimar la hora de muerte
aproximadamente dos o tres horas antes. Garganta cortada por detrás, muerte por pérdida masiva de sangre...
Lisa frunció el ceño, inclinándose hacia adelante para estudiar el cadáver desde el lado opuesto. Sus cortos y elásticos bucles cayeron sobre sus ojos, y ella se los sacudió con impaciencia.
―No hay signos de lucha.
Él justo había estado pensando en lo mismo. Se giró en un círculo lento para abarcar la habitación como un todo.
Era una oficina magnífica, la pared de atrás consistía en ventanas de piso a techo con una fantástica vista de la resplandeciente Las Vegas Strip⁴ veinticinco pisos más abajo. Dreyer había colocado su escritorio en el centro de la pared, su silla a solo unos centímetros del cristal. La única entrada a la oficina era la puerta del otro lado, ligeramente en diagonal al escritorio y sobre una amplia extensión de piso de madera pulida.
Conclusión: poco espacio para que el asesino se detuviese detrás de Dreyer, y no había manera de que se alguien se acercase sin ser advertido.
Sin embargo, no parecía que Dreyer siquiera se hubiera levantado de su silla. Jimin tendría que echarle un vistazo más de cerca una vez que le permitieran mover el cuerpo, pero tampoco podía ver alguna herida defensiva en los brazos o las manos del hombre.
―¿El asesino lo tomó por sorpresa? ―dijo Jimin dubitativamente.
―¿En cuántas personas confías tú como para que estén de pie tras de ti mientras estás sentado?
Muy pocas como para contar con una mano y que sobren dedos.
Continuó su recorrido alrededor del escritorio.
Todo en la superficie del escritorio estaba en perfecto orden… Dreyer no había tomado nada, ni para defenderse del ataque ni en estado de pánico después de que hubiesen llevado una cuchilla a su garganta. Por supuesto, el asesino podría haber reorganizado la escena para su satisfacción después de la muerte de Dreyer, pero en ese caso, la salpicadura de sangre estaría contando una historia diferente.
La historia que Jimin leía aquí era que Dreyer se había sentado obedientemente quieto mientras que alguien le había cortado el cuello, y luego había seguido sentado mientras él se desangraba. ¿Por qué?
Un vaso de cristal estaba a unos centímetros de la mano derecha de Dreyer, lleno con una pequeña cantidad de líquido ambarino. Jimin entornó los ojos.
―Campbell estaba drogado cuando murió, ¿verdad? ―le preguntó a Lisa.
―Sí, con todo tipo de mierda. Sin embargo, creo que lo bastante inusual para él sería no estar drogado.
―¿Qué encontraron exactamente?
Ella sacó una libreta del bolsillo interior de su chaqueta y la ojeó.
―Metanfetaminas, trazas de oxicodona y Adderall, algo de marihuana lo suficiente para lograr una buena medida, y… ―Ella hizo un ruido reflexivo―. Ketamina. Mucha.
Sus ojos se encontraron con los de Jimin, y entonces ambos miraron el vaso de cristal en el escritorio.
La ketamina era una droga disociativa, y en una dosis lo suficientemente alta, podría poner al que la usara en trance, incluso provocar una parálisis temporal. Una persona drogada con la suficiente
ketamina no sería capaz de luchar contra un atacante, que era una de las varias razones por las que a veces se usaba para facilitar violaciones en una cita.
Campbell había sido un consumidor habitual de drogas, por lo que su informe de toxicología no había levantado alguna bandera roja. Si Dreyer daba positivo también en ketamina, sería una conexión fuerte y una ventaja sólida.
Jimin hizo un gesto con la mano a uno de los investigadores de la escena del crimen. Ella detuvo lo que estaba haciendo y de inmediato se apresuró hacia él.
― ¿Sí, Detective Park?
―Cuando procese el escritorio, asegúrese de tener especial cuidado con el vaso de vidrio. Necesito informes de toxicología sobre el líquido restante y cualquier residuo dentro del mismo vaso. Huellas digitales también.
―Por supuesto, señor. ―La técnica hizo una nota personal antes de regresar con sus colegas.
―Entonces, aquí está mi pregunta ―dijo Lisa mientras Jimin se reunía con ella frente al escritorio―. Si sabes que vas a asesinar a alguien y te tomas la molestia de drogarlos, ¿Por qué no matarlos con una sobredosis?
―Quería cortarles la garganta ―supuso en voz baja―. Asesinar a alguien con alguna droga no es lo mismo que asesinarlas con un cuchillo. No hay una satisfacción visceral y práctica. Sin sangre. No hay emoción.
―Jesús. ―Ella guardó silencio por un momento, mordiéndose el labio inferior mientras pensaba―. Está bien. Entonces, quieres cortarle la garganta a alguien, pero primero lo drogas hasta dejarlo noqueado porque… deseas mantener las cosas agradables y tranquilas, no quieres arriesgarte a que pidan ayuda o hacer el suficiente ruido como para llamar la atención.
O porque no puedes arriesgarte a luchar, porque hay muchas posibilidades de que pierdas.
―O podría ser más pequeño que la víctima. Víctimas.
―Si esto es obra de un asesino en serie…
Jimin negó con la cabeza.
―No nos anticipemos. Tenías razón en que dos cuerpos no son pruebas suficientes para hacer flotar esa teoría. Primero tenemos que trabajar el ángulo de las conexiones personales.
Sin embargo, dejando a un lado toda lógica, él tenía una sensación de enfermiza inquietud en sus entrañas, nacida de la experiencia y la intuición.
A juzgar por la expresión en el rostro de Lisa, ella sentía algo similar.
Aunque ya sabía la respuesta, preguntó:
―¿Quieres quedarte aquí y correr la escena del crimen, o entrevistar a la mujer que lo encontró? ―Lisa era una líder natural, cómoda en una posición de mando, mientras que Jimin prefería trabajar con personas en un uno a uno.
―Me quedaré ―afirmó, y luego agregó―: No llevaré mi trasero al CCDC a esta hora de la noche.
Esa última parte fue una sorpresa: no había razón alguna para que un testigo fuera llevado al Centro de Detención del Condado de Clark.
―¿Qué hace ella allí?
―¿No escuchaste? Agredió a uno de los oficiales que respondieron.
Jimin parpadeó.
―¿Qué? ¿Por qué?
―Viene de Europa del Este, de Ucrania o algo así, es lo que escuché, y supongo que no confía demasiado en los policías. Uno de los genios amenazó con llamar a ICE⁵ cuando ella no cooperó. Así que salió corriendo, él la persiguió, y ella lo golpeó en la mandíbula.
Poniendo los ojos en blanco, Jimin preguntó:
―¿Qué oficial fue?
Lisa sonrió.
―Adivina.
―Namjoon―aseveró con disgusto. Kim Namjoon era un impulsivo cabeza hueca con una gran boca y más bolas que sentido. —Va a lograr que demanden al departamento uno de estos días.
―Bueno, tal vez un buen moretón lo tranquilicé por un tiempo.
Jimin echó un vistazo a su reloj, calculando cuánto tiempo le llevaría vadear este lío en el CCDC antes de poder entrevistar a la testigo, y dejó escapar un suspiro. Ya estaba al final de un turno de diez horas cuando lo llamaron a esta escena del crimen; Lisa y él habían trabajado en el homicidio de Campbell, y cuando uno de los uniformados había notado la conexión, también se les había asignado este caso, a pesar de que no eran los siguientes en la rotación de su escuadrón.
―No puedo creer que deba cancelar nuevamente a Taemin. No va a estar muy feliz.
Lisa agitó una mano desdeñosamente.
―Él sabe lo que significa salir con un policía. Lo ha estado haciendo durante tres años, ¿no? Tendrá que superarlo.
Jimin no respondió. Últimamente, Taemin había estado haciendo comentarios más frecuentes y puntuales sobre las largas e irregulares horas de Jimin, sobre el peligro en que se metía y qué significaban esas cosas para su futuro juntos. Había sido especialmente sensible al respecto desde...
―Detective Manoban, ¿tiene un momento? ―llamó Fred, el fotógrafo de
la escena del crimen. Él había trabajado antes con los dos muchas veces, y no tenía que preguntar para saber que Lisa estaba a cargo.
Jimin aprovechó la oportunidad para despedirse y hacer su salida.
Cerró la sesión en el registro de la escena del crimen mantenido por los oficiales en la puerta, se quitó los guantes y los botines, y se dirigió por el lujoso pasillo a la plataforma del ascensor en el centro del piso veinticinco, presionando el botón de abajo.
Mientras esperaba, notó una cámara de seguridad encaramada en una esquina, dándole una vista panorámica del área exterior de los ascensores y una buena parte del pasillo que iba en ambas direcciones. Sacó su teléfono para enviarle un mensaje de texto a Lisa.
Quizás podrían tener suerte.
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Jungkook tocó el timbre de una casa en Henderson, un pequeño rancho de estuco con techo de tejas de arcilla que se mezclaba perfectamente con el entorno desértico. Era uno entre docenas que lucían iguales en el tranquilo bloque suburbano, ahora silencioso mientras el vecindario se sumía en la noche.
Mientras él esperaba, tiró del borde de su gorra de béisbol de color rojo brillante y rodó sus hombros debajo del rompevientos a juego, ambos con el emblema de Pete’s Premium Pizza. El gerente de la franquicia local había estado ansioso por prestar su ayuda, emocionado por la idea de ayudar a capturar a un fugitivo, pero incluso la chaqueta del empleado más grande que había tenido a mano no era lo suficientemente grande como para que cupiese cómodamente un hombre de la altura de Jungkook y con estructura tan musculada.
Las persianas revoloteaban sobre la ventana delantera. Segundos después, Danny Ruiz abrió la puerta, concentrado en la caja de pizza en la mano izquierda de Jungkook.
Jungkook reprimió con fuerza una emoción de triunfo. Había aprendido de manera difícil a nunca relajarse en el trabajo hasta que su fugitivo estuviera bajo custodia policial… de vez en cuando había demasiadas cosas inesperadas que podrían salir mal.
―Sobre la hora, hombre. ―Ruiz se estiró con una mano por la pizza y le arrojó un puñado de efectivo a Jungkook con la otra―. El chico del teléfono me dijo media hora.
El hombre del teléfono no sabía dar cuenta del tiempo que le tomaría al gerente alertar a Jungkook de que Ruiz había ordenado, o el que Jungkook se preparara. Jungkook dejó que Ruiz tomará la pizza, pero no aceptó el dinero en efectivo.
―Lo siento, Sr. Ruiz —se disculpó.
Ruiz se congeló, su mirada se elevó hacia la cara de Jungkook. Había ordenado la pizza bajo el nombre del primo con el que se había estado escondiendo durante las últimas dos semanas.
―Daniel Ruiz, he sido autorizado por Sin City Bail Bonds para ponerle bajo custodia...
Dejando caer la pizza y el dinero allí justo en el umbral, Ruiz dio media vuelta y salió disparado hacia la casa. Jungkook gimió y le persiguió.
El interior de la casa era estrecho pero acogedor, con juguetes esparcidos por todo el piso, las paredes y las mesas lucían fotografías de dos lindos niños. Jungkook no les prestó atención mientras pasaba corriendo, el primo y su esposa habían llevado a los niños a visitar a su abuela durante el fin de semana. El viaje planeado era la razón por la cual Jungkook había esperado tanto para arrestar a Ruiz, a quien había rastreado días atrás.
Aunque Ruiz viró en el sofá de la sala de estar, Jungkook saltó sobre él, lo que lo puso sobre los talones de Ruiz mientras corrían hacia la cocina en la parte trasera de la casa. Ruiz abrió la puerta y entonces patinó hasta detenerse con un grito asustado.
Posicionada en los escalones traseros estaba una mezcla de setenta kilos entre pastor alemán y rottweiler. Rebel estaba sentado en completa atención, sus orejas levantadas, su cuerpo entero sintonizado con cada movimiento de Ruiz. No mostraba signos de agresión, no lo haría a menos que Jungkook diese la orden y solo lo utilizaba como último recurso.
Ruiz miró hacia Jungkook, quien se había detenido en la puerta de la cocina. Mientras la cabeza de Ruiz se balanceaba violentamente hacia atrás y hacia adelante, Jungkook pudo ver la lucha en su rostro: ¿Escoger al hombre musculoso dos veces su tamaño, o el perro que podría arrancarle la garganta en segundos?
Naturalmente, no tenía opción, por lo que Ruiz se quedó paralizado.
Jungkook se quitó la gorra de béisbol y la arrojó a un lado, pasando una mano por su cabello para volver a ponerlo en orden.
―Se perdió su cita en la corte, Sr. Ruiz. Sabe que tengo que capturarle.
―No pude pagarles ―susurró Ruiz―. Solo es que no tenía el dinero.
―Entiendo ―aseguró Jungkook, lo cual era la verdad sin adornos.
Simpatizaba con la situación de Ruiz más de lo que la mayoría de sus socios haría―. Pero ignoraste todas las oportunidades que se te dieron para zanjar la deuda antes de que se convirtiera en una acusación penal, y entonces escapaste después de que tu propia madre cubrió la fianza. Cuanto más tiempo sigas con esto, peor será para ti al final.
En Nevada, los casino markers⁶ no pagados se consideraban equivalentes a los cheques sin fondos: intentos intencionales de fraude, procesables como un delito grave si la cantidad era lo suficientemente alta.
Al ignorar los intentos del casino de saldar la deuda antes de presentar una queja ante el fiscal, Ruiz había caído en aguas muy calientes.
Jungkook sacó un par de esposas del cinturón y avanzó lentamente, con los brazos abiertos.
―No quiero hacerte daño. Sin embargo, lo haría si tuviera que hacerlo. Tenía un permiso de porte oculto, y nunca iba a trabajar sin la Glock sujeta por debajo de su brazo izquierdo. Hasta la fecha, nunca había tenido que usarla en un fugitivo, pero si se había valido de su arma paralizante y gas pimienta.
Ruiz retrocedió un paso, se detuvo y se estremeció cuando Rebel resopló en señal de advertencia. Su cuerpo temblaba de pies a cabeza.
Preocupado por cualquier movimiento repentino, Jungkook cerró la distancia entre ellos. Aunque Ruiz parecía más un corredor que un luchador, la gente era capaz de sorprender cuando era arrinconada, y la cocina estaba repleta de armas potenciales, era uno de los mejores lugares para terminar en un altercado violento.
Ruiz rebotó en las puntas de sus pies, respirando con dificultad, mirando alrededor como si hubiera una ruta de escape que se le hubiese pasado.
Con voz suave, Jungkook explicó:
―Tu madre usó su casa como garantía para tu fianza. Si no vienes conmigo, ella va a perderla. ¿Es ese el tipo de hijo qué quieres ser?
Los ojos de Ruiz se cerraron mientras sus hombros caían derrotados.
―Joder ―murmuró, y extendió sus muñecas.
―Gracias. ―Jungkook hizo clic con las esposas en su lugar y dio unas palmaditas a Ruiz en busca de armas. Al no encontrar ninguna, como esperaba, silbó para que Rebel entrara y aseguró la puerta de atrás.
En su camino al frente, se detuvo para recoger el efectivo disperso y apilarlo cuidadosamente en el aparador. Sin embargo, se llevó la pizza con él, porque solo podía imaginar cómo sería para la familia regresar el domingo a una casa con una caja llena de queso podrido de varios días.
Además, no tenía sentido dejar que se desperdiciara una buena pizza.
¹ MOs: Modus operandi: El modus operandi en un hecho criminal es el conjunto de pautas de comportamiento y actuación de un delincuente contra su víctima en un tiempo y lugar.
² Flatbush: Barrio o vecindario de Brooklyn/New York.
³ El autor usa indistintamente 7 de picas como de espadas, para mantener el hilo utilizaré siempre 7 de picas que es el término en las barajas francesas, las espadas son más comúnmente utilizadas en las barajas españolas.
⁴ Las Vegas Strip: Las Vegas Strip (en español: La Franja de Las Vegas), también conocida como The Strip (del inglés La Franja), es una sección de aproximadamente 6,4 km de la calle Las Vegas Boulevard South en las localidades de Paradise y Winchester, Nevada, al sur de los límites de la ciudad de Las Vegas.
⁵ ICE: Servicio de inmigración y Aduanas de los Estados Unidos.
⁶ Casino Markers: generalmente se definen como líneas de crédito a corto plazo, sin intereses, extendidas por los casinos. En realidad, sin embargo, esta explicación es extremadamente engañosa. Debido a que las instituciones de juego tratan estos marcadores como crédito cuando los distribuyen, muchas personas asumen que no son diferentes de las líneas de crédito de las tarjetas de crédito. Esto no podría estar más lejos de la verdad. La ley describe a los casinos markers de las Vegas como cheques, y los no pagados pueden ser procesados bajo las leyes de cheques sin fondos de Nevada.








