Pavlove | Sukufushi

Sinopsis

—A las chicas les encantas, Sukuna —dice Megumi con frialdad. Haces una mueca, apretando los dientes. Megumi se inclina sobre ti, su cálida respiración choca con tus mejillas. Sus pupilas están dilatadas, grandes y oscuras—. Pero a ti no te gustan, ¿por qué? —Sientes tu rostro palidecer y el corazón te late con rapidez en el pecho. Megumi te muestra una brillante sonrisa—. ¿Te gustan los chicos, Sukuna? ••• Inspirado en el fanfic "Eden Burns" de coricomile en ao3. Ella me dio permiso de usar su idea así que aquí estamos ;3 Narración en ✨segunda persona✨ para más placer. Arte de la portada inspirado en pantarheio8 en twitah.

Estado:
En proceso
Capítulos:
9
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Diez años

Estás jugando en el jardín, cavando en busca de fósiles de dinosaurios bajo los tulipanes de tu madre, canturreando sobre triceratops, pterodáctilos y t-rexes. Tienes 10 años y estudias en casa. Tu madre es algo paranoica y además, debe cuidar a tu hermano pequeño. Extrañas a los pocos amigos que tenías, pero cada vez que obtienes buenas notas mamá te prepara galletas con forma de dinosaurio así que crees que está bien. Hasta ahora no has encontrado ningún fósil pero sigues excavando con la pequeña pala de plástico de tu viejo juego de playa.

El sol es cálido y en el cielo las nubes dan la impresión de que va a llover. La señora Fushiguro, de la casa de al lado, avanza por el camino de entrada mientras sonríe y te saluda, te das cuenta de que siempre está sonriendo. La saludas antes de volver a cavar en el suelo pues has visto algo blanco entre la tierra así que podría ser un gran descubrimiento.

Todavía no hay ningún fósil cuando tu madre sale al jardín junto a la vecina y te llama. Vuelves a cubrir el agujero con tierra para que nadie más encuentre algún hueso y corres hacia ella. La mujer mira tu pantalón sucio y suspira. La señora Fushiguro ríe, tiene una risa muy bonita y piensas que es agradable.

—Sukuna, cariño, ¿recuerdas a Megumi? —Te pregunta tu mamá. Megumi. El nombre te es familiar, recuerdas unos mechones de cabello negro desordenado y unos profundos ojos verdes. Oh, sí, esos bonitos ojos verdes. Asientes con la cabeza.

—Está bien en casa ahora —comenta la señora Fushiguro, como si supieras que se había ido.

—¿A dónde fue? —preguntas, con los ojos muy abiertos al instante en que tu estómago ruge, con rapidez lo presionas con una mano. Esperas que haya galletas en la cocina.

—De campamento —responde la mujer. Su voz suena firme y triste. La reconoces de las peleas que tus padres creen que no escuchas.

—Vendrá a verte los viernes —te dice mamá—. ¿Está bien, cariño?

Asientes. Tal vez ahora sí puedan ser amigos.


El primer viernes estás parado detrás de tu mamá mirando a la puerta, expectante, mientras jugueteas con el borde de su blusa verde, te sientes nervioso, no sabes qué esperar realmente y por más que lo has intentado, no pudiste ponerle un rostro al nombre de Megumi. A las cuatro y treinta y cinco, el timbre suena, aguantas la respiración y cierras los ojos.

Los abres cuando escuchas la puerta cerrarse y unos ligeros pasos avanzando sobre la alfombra que tu madre no quiere que ensucien. Piensas en todas las veces que te ha regañado por ir corriendo con botes de pintura o los zapatos sucios de tierra del jardín. Ves a Megumi, sus ojos se encuentran con los tuyos y tu mente se queda en blanco.

Megumi es... Megumi. Es el adulto más lindo que has visto, incluso más lindo que tu mamá. Tiene el cabello negro y desordenado y sus labios forman una sutil sonrisa. Es alto, camina con calma y sus ojos son de una tonalidad verdosa que te llama la atención. Tu madre lo ha saludado con un abrazo antes de darte un beso en la mejilla e irse diciéndoles que ha dejado comida en el horno.

—Soy Megumi. —Se arrodilla frente a ti extendiéndote una mano que no dudas en tomar. Te sientes mayor cuando lo haces.

—Sukuna. —Agitas tus manos como has visto que hacen en los dibujos de la televisión y Megumi sonríe aún más—. ¿Vamos a ser amigos?

—Los mejores.

Sientes un cosquilleo en el estómago al escucharlo.