Solamente platónicos

Sinopsis

En una fiesta de Pearson Hardman, cuando todos están afectados por el alcohol, Donna le confiesa a Harvey que le gusta. La manera más fácil de proseguir es pretender que nunca lo dijo, pero a medida que el tiempo pasa y las cosas se asientan, la tensión sigue siendo evidente para ella. Harvey, por otra parte, mantiene también su propia lucha con los sentimientos.

Genero:
Romance
Autor/a:
Drarrystories__
Estado:
Completado
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Capítulo I. You said at the party that I was too drunk.

Donna ríe por los pasos de baile de Louis desde un rincón. No podría decir que está aburrida, pero ciertamente una fiesta de Pearson Hardman no habría sido su elección predilecta para pasar esa noche de viernes. Se pide otro mojito mientras acomoda la falda de su vestido en el taburete, frunce los labios al pensar en que, para el final de la noche, la tela estará irremediablemente arrugada.

Desde su lugar tiene un panorama aceptable de todo el salón. Rachel está cerca de un ventanal, parece descansar solamente, pero incluso sin verla mucho tiempo, Donna nota las miradas esporádicas que le da a Mike de vez en cuando.

Harvey se encuentra en medio de una conversación con Jessica a un costado de la puerta, beben mientras ríen animadamente, y esa expresión despreocupada y serena de Harvey aparece como una faceta cada vez menos recurrente debido a la cantidad de trabajo que últimamente están teniendo. Le sienta bien estar, por una vez, preocupado solamente por decidir qué pedir después de que su trago se acabe, es una expresión que le resta años, que lo hace lucir juvenil.

Mike, por su parte, permanece sentado cerca de las mesas de botanas. No es difícil intuir que el camino a su corazón es a través de la comida, y Donna se permite reír suavemente al tiempo que ve a Mike meterse un puñado de frituras a la boca cuando piensa que nadie le presta atención.

Donna vuelve su vista casi en automático hacia Rachel, quien también trata de disimular su sonrisa.

Harvey también lo nota, pero el peso de su mirada parece ser más fuerte que el de la observadora Donna o Rachel, así que Mike lo ve a los ojos con un ápice de inocencia que va bien con su personalidad obstinada, Harvey solo le sonríe y rueda los ojos hacia Mike, que ensancha su propia sonrisa orgullosa. Parece feliz y Donna concluye que es debido a la falta de regaño de Harvey, en otra ocasión, el cerrador no habría desaprovechado la oportunidad para reprenderlo y darle una charla sobre modales y apariencias que todos saben que Mike ya conoce de memoria.

Es refrescante ver a Harvey más enfrascado en las charlas y las risas con los socios, Jessica se mantiene todo el tiempo a su lado, y pese a que Mike parece temerle a la imponente mujer, se envalentona con algunos tragos para posarse a un lado de Harvey, lo que, desde hace un tiempo, se vuelve la manera más fácil de encontrarlos, “una dupla inseparable”, los llama Louis.

Donna levanta su sexto trago de la barra, sus uñas bien cuidadas se ciernen sobre el cristal mientras su entrecejo se arruga suavemente. Está sopesando la idea de acercarse también al círculo de Harvey, pero al final decide que no, que es mejor mantenerse en su lugar, que pasar tiempo con su jefe y mejor amigo puede esperar, que de nada sirve alcanzarlo si su atención se mantendrá fuertemente dividida entre Mike y Jessica. A Donna le da la sensación de que esa, es una batalla que esa noche no puede ganar.

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Donna se aferra mejor a los hombros de Rachel. En algún momento de la velada decidió acercarse al centro de salón, el que los trabajadores de la firma habían adaptado como la pista de baile. Rachel baila con ella, sus movimientos descoordinados y sus vacilantes pasos en tacones altos las hacen sostenerse mejor entre ellas.

Desde los altavoces suena una canción pop pegadiza que, para su sorpresa, incluso Harvey baila, bueno, quizá “bailar” no es exactamente la palabra correcta, pero sí mueve la cabeza y los hombros muy suavemente mientras Mike lo imita a su lado de manera mucho más efusiva y enérgica.

—Tal vez deberíamos sentarnos, Donna —sugiere con diversión Rachel mientras nota como el equilibrio ha dejado sus sistemas. —Siento que todo me da vueltas y tú no estás mejor.

—¡Oh, vamos, Rachel, solo esta canción!

Rachel asiente mientras escucha “Last train to London” y nota como, en su mayoría, todos se animan más. Donna y Rachel bailan tan bien como el alcohol les permite, pero aun así es una experiencia divertida; Louis parece tararear mientras mece rítmicamente las caderas al son de la música, e incluso Harvey, Mike y Jessica parecen haber mordido su lengua o simplemente no tienen ningún comentario ácido para soltar, en su lugar, Mike y Harvey cantan la canción con sonrisas tontas en sus caras y movimientos extraños que, si alguien menciona después, Harvey negará haber hecho.

El alcohol hace mella en el sistema de todos, e incluso quienes tienen mejor aguante a las bebidas parecen haber cedido a la embriaguez. Todos actúan con cierta ligereza, y las risas y el choque de los vasos en medio de descoordinados brindis llena el abarrotado ambiente febril.

Rachel y Donna se acercan a dos asientos libres a trompicones. Ambas deciden quitarse los zapatos casi al mismo tiempo, y sus tacones pronto terminan en el piso, con un suspiro de alivio escapando de ambas mujeres como respuesta a sus pies adoloridos.

Pasan un buen par de minutos contemplando el lugar, el cambio evidente entre la divertida noche ligera contra el espacio serio y lúgubre de todo el resto del año.

Donna no sabe muy bien en qué momento sucede, pero termina al lado de Harvey. Probablemente es el hombre quien se acercó en primer lugar, después de todo Donna no se ha levantado de su asiento desde que Rachel la dejó ahí y se mudó a la barra, pero rápidamente concluye que no le importa, porque su esencia termina encapsulándola a ella y a su atención. No puede mentirse a sí misma, Harvey de alguna manera siempre parece hacerla sentir complacida.

Bebe de un vaso que, en ese punto, no está segura de sí es suyo o no. Posiblemente sea de Rachel si no es que de Mike, que se pasó brevemente por allí unos diez minutos atrás para perderse presumiblemente en el baño o tal vez en dirección a su cubículo.

Harvey conversa a su lado, le cuenta esas historias que se sabe de memoria, le habla sobre el último caso que manejó junto a Mike y comenta casualmente sobre los gustos musicales de su asociado, quien se apoderó de las bocinas en algún momento en el que nadie prestaba atención.

Es de alguna manera entrañable cómo Harvey pierde el filtro de sus palabras cuando el alcohol se apodera de su sistema. Es una versión suya más habladora, más graciosa, o por lo menos con un humor menos ácido, y, sorprendentemente, igual de astuto que cuando está sobrio.

Donna asiente en sus historias, comenta sobre el caso y se ríe de las bromas. Hay cierta ligereza e intimidad en el ambiente, a veces es fácil olvidar lo bien que se conocen, los años por detrás de su amistad y ese pequeño desliz del que nunca volvieron a hablar, pero en el que Donna seguía pensando mientras bebía ese buen café que Mike le pasaba silenciosamente por las mañanas o cuando el insomnio llegaba a asaltarla en esas medias noches robadas.

A veces también es más fácil ser sincero así. Las bebidas de toda la noche le quitaron la inhibición y su sentido de la preservación, el ambiente menos lleno también le da una sensación de quietud al lugar que se inunda de bailes lentos y canciones cada vez menos movidas.

Rachel está en la barra sola, tiene un vaso de agua entre sus manos y probablemente se ha obligado a detener su consumo de alcohol. Seguramente Donna debería hacer lo mismo, debería concentrarse en bajar la ebriedad en su sistema, en llegar a su departamento a una hora medianamente decente incluso cuando nadie la espera en casa, pero no lo hace, porque cuando está con Harvey es difícil prestar atención a otras cosas, a otras personas.

Harvey se mantiene a su lado, le cuenta sobre Jessica y también suelta comentarios aquí y allá sobre Louis. Es divertido ver cómo, con menos sensatez, Harvey a veces halaga a Louis. Donna sabe que las cosas van en ambos sentidos, porque más temprano esa noche, cuando Louis se cansó de bailar y se dejó caer a un costado de ella, habló un poco sobre Harvey y algunos halagos también se le escaparon en medio de su usual diatriba.

Mike regresa nuevamente a la habitación. Por decirlo menos, es interesante ver la atención de Harvey centrarse en Mike tan rápido como este está en su rango de visión.

Mike se acerca a ellos, una sonrisa en su rostro se mantiene todavía, sus movimientos son suaves y fluidos incluso cuando sus mejillas rojas, pupilas dilatadas y el olor a alcohol parecen delatar su verdadero estado. Saluda a Donna como si no se hubieran visto en el día, ella solo ríe ligeramente mientras devuelve el ademán.

A Harvey parece observarlo más tiempo, sus ojos se detienen en la corbata ladeada del hombre y antes de que cualquiera registre el momento, Mike ya está con sus manos en el cuello de Harvey, acomodando la prenda con un movimiento casual que ninguno de ellos tres se esperaba, ni siquiera Mike, que actuó por puro impulso.

Mike carraspea un poco luego de eso y se inclina para susurrar algo solo para Harvey, un movimiento atrevido para las circunstancias que, quizá de estar sobrios, no habría hecho. El campo magnético de Mike es fuerte, quizá no tanto como el de Harvey o el de Jessica, pero rápidamente Donna sabe que no es necesario siempre y cuando pueda tener la atención que quiere sobre él.

Le sorprende que, al irse, Mike todavía se roba la mirada de Harvey, quien lo vigila desde su sitio, aún cerca de ella, tan cerca que sus rodillas se tocan de vez en cuando.

—Me gustas —dice y eso parece obtener la atención de Harvey, de nuevo de vuelta a ella.

Harvey le sonríe y da una suave palmada a su rodilla descubierta —Estás muy borracha, ponte sobria.

Donna aguanta el ceño fruncido y la mueca que viene inconscientemente con eso. Las palabras de Harvey de alguna manera duelen, pero incluso poco lúcida, sabe que debería evitar decir algo más.

Su confesión está muy lejos de ser planeada, de haber sabido que las palabras se le escaparían en un descuido, en un berrinche borracho por no ser el objeto de atención de Harvey, no se habría quedado en la fiesta.

De alguna manera también le alegra que Harvey no la haya tomado muy en serio, será más fácil excusarse si alguna vez el hombre decide sacar el tema a colación, no cree que lo haga, no sobre todo con lo reacio que es Harvey a hablar de sentimientos, pero la experiencia solamente le ha enseñado que a veces él es impredecible.

De alguna manera es increíble lo poco que Harvey profundizó en la confesión de Donna, cómo no dedicó más de un par de segundos en pensar lo que dijo la mujer en medio de su arrebato mental antes de descartarlo. Si hubiera considerado las palabras que acabaron su conversación y los metieron en un silencio cómodo, quizá habría encontrado indicios de que la situación era un hecho, de que no era nada más que la verdad.

Donna no mentiría con algo como eso, ¿por qué lo haría? Para ojos extraños incluso es un poco evidente que la mujer siente algo por su jefe, Louis lo ha mencionado algunas veces, los ojos conocedores de Jessica simplemente dejan en claro que hace mucho que lo sabe, Rachel actúa con una cautela impropia de ella cuando tiene que interrumpir algún momento entre ellos e incluso ha recibido esas miradas indescifrables de Mike que todavía no sabe cómo interpretar.

—Creo que a mí también me gusta alguien —menciona casualmente Harvey.

Donna no sabe en qué momento se despojó de su chaqueta y sus gemelos de plata, pero la piel blanca de sus antebrazos brilla bajo los focos claros. Hay algunas cosas que no cambian y pese a estar bajo la influencia, todavía dobló con cuidado las mangas de su camisa justo por debajo de sus codos.

El ambiente se tensa un poco, hay muchas cosas en la atmósfera densa y se siente como si hubiera mucho que decir, pero no las palabras correctas para expresarlo. Además, es extraño que Harvey revele este tipo de información así sin más, sin chantajes ni sobrepasos emocionales.

—Y si te espero, ¿eso tal vez podría servir? —ofrece Donna con sus manos entrelazadas en su regazo.

Harvey echa la cabeza ligeramente hacia atrás —La paciencia no cambiará mis sentimientos, Donna.

Parece muy consciente de lo que hace incluso con las copas encima, es casi alucinante ver a Harvey resolver situaciones de manera racional incluso cuando no está en sus cinco sentidos, pero él por sí solo es un hombre impresionante.

Donna no agrega nada, la conversación le resulta un poco triste y su corazón aprieta y quema ligeramente mientras se obliga a serenarse y cambiar de tema. Vuelve su vista hacia Harvey y ladea un poco su cabeza, el hombre se encuentra viendo al frente sin prestar atención a nadie en particular. Su perfil brilla y una ligera capa de sudor perla su frente. El clima es extrañamente caluroso para ser Nueva York y la brisa de aire cálido mece sus cabellos casi como una caricia.

Sacan otro tema del que hablar casi como en un acuerdo silencioso, porque ambos saben que no importa lo que digan, todavía se manejarán con esa sintonía suya por muy en desacuerdo, peleados o incómodos que se encuentren.

En su mente, Donna sabe que ha hecho un mal movimiento al confesar lo que siente por Harvey, y aun así se permite felicitarse por no decirle al hombre lo mucho que lo ama o siquiera que está enamorada de él. Sabe que lidiar con un “gustar” es más fácil que con un enamoramiento, amar está en palabras mayores incluso si trata de verlo como algo sin el peso suficiente para arruinar lo que hay entre ellos, la conexión a la que nunca le pusieron etiqueta.

Todavía beben, todavía bromean y todavía se mecen desde sus asientos al compás de la música, pero ahora hay cierta tensión que, incluso con la confianza que construyeron, ninguno puede eludir, no por el momento al menos.

Rachel regresa más serena por sus tacones que permanecen olvidados junto a los de Donna, tiene el cabello recogido en una coleta desprolija y su abrigo cuelga superficialmente de sus hombros. Se pone sus zapatos mientras menciona la hora y es ahí cuando todos se permiten dar un escrutinio al salón. Todavía hay algunos asociados, pero ciertamente el lugar está más vacío que al principio, aun así, el ambiente relajado se mantiene.

Donna imita a Rachel un poco tambaleante todavía, la mano de Harvey se mantiene en su hombro para estabilizarla mientras alcanza sus zapatos. Le da un ademán en agradecimiento y se calza nuevamente sus tacones antes de levantarse.

Rachel se mantiene ajena a la extrañeza del ambiente, pero aun así sostiene a Donna que ya está un poco más sobria, aunque con un ligero mareo en su sistema.

—¿Vas a irte en Taxi, Rachel? —pregunta Mike que llegó al mismo tiempo que ella regresó por sus tacones.

Rachel niega con la cabeza —No, mi padre viene por mí.

—¿Y tú, Donna?

—Sí, tengo el número de teléfono de un taxista —asegura tanteando su bolso para encontrar su celular. —Debería irme también antes de que sea más tarde —añade después.

—Deja que Ray te lleve —interrumpe Harvey. —Iba a dejar a Mike primero, pero no hay problema si él espera —menciona tomando a Mike por el hombro.

Mike asiente —Es ciertamente más seguro, Donna.

—Está bien —responde porque sabe que en ese momento no podrá ganar una pelea a un abogado, su secuaz de dudosa legalidad y una paralegal, y si lo hiciera, definitivamente sería en mejores condiciones.

—Ray no debe tardar mucho en llegar, dice que está a un par de calles —comenta Harvey viendo su teléfono.

—Mi padre debe estar a cinco minutos de aquí, ¿nos vamos Donna? —pregunta Rachel acomodando sus cabellos sueltos.

—Si, iremos al lobby. Nos vemos —se despide Donna.

Ambos hombres asienten, preguntándose si tal vez deberían acompañarlas, pero cuando se dan cuenta, Rachel y Donna ya están fuera de la habitación y de su alcance.

Mike se encoge de hombros, dando unas palmadas en el brazo de Harvey, deteniendo su palma sobre la camisa blanca del hombre un poco más de lo que duraría el contacto normalmente. Sus pieles son cálidas ante el toque y aunque es sin dudas un movimiento ajeno a ellos, muy profundamente en sus cabezas se siente correcto.

Todavía beben otro par de copas, dos dedos del Macallan de la oficina de Harvey cuando el ambiente en el salón se siente muy ruidoso y abarrotado. Sus miradas se pierden en el horizonte, la noche es oscura, pero Nueva York brilla en faroles, luces fosforescentes y vida.

Están en silencio, pero no sienten que sea necesario llenarlo. Alguna vez Harvey pensó que las palabras permitían que su mente no se fuera lejos, que sus pensamientos se mantenían a raya cuando había algo a lo que aferrarse, algo en lo que concentrarse.

Sorprendentemente halló más que eso con Mike, era un contraste divertido, porque podían tener comentarios y discusiones inteligentes, citas en las puntas de sus lenguas y sarcasmo ácido en sus conversaciones, pero también ese entendimiento que solo venía acompañado del silencio y a veces miradas esporádicas.

Su celular vibra en el bolsillo de su pantalón. Da un último sorbo sabiendo que Donna ya ha llegado a su hogar, que la vibración fue producto de un texto de la mujer. Ray le confirma poco después lo que ya sabe. Deja a Donna un simple “descansa” en su buzón de mensajes.

No hay mucho tráfico a esa hora, pero también sabe que su conductor seguramente estaba dormido antes de que Harvey lo interrumpiera, siente un pinchazo de culpa, pero ya nada puede hacer. El recorrido a su departamento tardará desde la firma otros quince minutos, pero ir a dejar a Mike a su piso de mala muerte es una pésima idea se le mire por donde se le mire, no solo retrasará la ida a casa de Ray, sino que también es un área insegura por decirlo menos.

Rellena ambos vasos con el licor ámbar, Mike agradece con su expresión y un gesto fluido que probablemente tomó de él. Harvey quiere hacer un comentario sobre cómo ha mejorado desde que trabaja ahí, pero decide no hacerlo porque a veces Mike está un poco a la defensiva y el halago débil podría ser tomado como el intento de una broma.

Harvey se apresura a beber los últimos sorbos de su copa, recoge su chaleco, su chaqueta y pasa sus dedos por su cabello que, hace tiempo, perdió la firmeza del gel.

—Vamos, novato, Ray debe estar por llegar —dice con la mano en la espalda de Mike.

Mike asiente y da un último trago.

Dejan la oficina con sus chaquetas colgando de sus brazos. Bajan en el ascensor porque no son tan inmunes al whisky que bebieron toda la noche y son demasiados pisos incluso si ninguno de ellos está dispuesto a admitirlo. Mike se tambalea un poco, es sutil, pero Harvey lo nota y afianza a su asociado echando un brazo sobre su hombro.

Ray está estacionándose cuando ambos salen del edificio. Harvey le abre la puerta a Mike, quien se recorre y pega inmediatamente al otro extremo, bajando la ventanilla en un movimiento un tanto infantil que Harvey no sabe cómo no se esperó.

El sonido de la radio es apenas audible y el aire es fresco a través de la ventana. Mike tararea gustoso mientras hunde un poco la cabeza en el respaldo del auto. Ray se vuelve hacia Harvey, pensando la ruta que tendrán que seguir ahora que Mike se anexó al viaje, pero sus ojos cansados finalmente lo hacen cambiar de decisión.

—Vamos a mi condominio, Ray, estoy seguro de que no habrá problema. Además, Brooklyn ahora mismo no es un viaje del que esté seguro de que saldremos ilesos.

—¡Harvey! —reniega Mike, más por costumbre que por desacuerdo.

—¿De qué te estás quejando? La cama del cuarto de invitados vale más que todo tu departamento. Deberías agradecerme por dejarte pasar la noche en un lugar indudablemente más cómodo.

—Nunca has usado mi cama como para afirmar eso.

—Y no me hace falta, con solo ver tu dolor de cuello y espalda queda claro mi punto.

Mike murmura algo sobre colchones ridículamente caros y sábanas de mil hilos antes de que Ray y Harvey interpreten eso como una derrota. Ray arranca el auto y se embarcan en un viaje de pocos minutos en los que Mike cede a un sueño pesado.

El auto aparca en las afueras del edificio y Harvey se despide en un tono alto que no perturba en lo absoluto el descanso de Mike.

—Descansa, Ray.

—Hasta luego, señor Specter —corresponde Ray dando una mirada divertida a los dos hombres por el retrovisor. Mike está con su rostro enterrado en el hombro de Harvey mientras su jefe trata ineficientemente de despertarlo.

—¡Vamos, novato!

—Ya voy, Harvey, ya voy —murmura enfurruñado.

Ambos suben al piso de Harvey después de saludar al estoico portero. En el ascensor de cristal, Mike recarga todo su peso sobre uno de los muros, su pie se mueve contra el piso y el ruido incesante hace a Harvey apretar el puente de su nariz.

Las puertas se abren y Mike entra a trompicones al recibidor, Harvey niega con la cabeza y cuelga su chaqueta en el perchero, ya después se ocupará de mandar su traje a la tintorería.

Mike se queda en el medio del lugar, luce desubicado y sin saber qué hacer, así que Harvey lo guía a través de la cocina y le ofrece un vaso de agua y un par de pastillas, estando casi seguro de que la mezcla de bebidas le dará a su asociado una resaca por la mañana.

—Espera aquí, iré a traerte algo de ropa —dice Harvey antes de perderse en una habitación que presumiblemente es su recámara.

Cuando regresa trae una camiseta un poco deslavada de sus años de Harvard y unos pantalones deportivos grises que desde que toca, Mike sabe que serán cómodos. Harvey lo guía hacia otra habitación, parece estar deshabitada y es un espacio tan impersonal y elegante como lo que puede observar del condominio.

—El baño está por ahí, si quieres comer puedo calentar algo de comida tailandesa —ofrece haciendo memoria de lo que tiene en su refrigerador.

Mike sinceramente no espera esa amabilidad tan directa de parte de Harvey, pero rápidamente decide que no le molesta en lo absoluto. Tener expresamente la atención positiva del hombre solo para él le deja una sensación cálida en la boca de su estómago —Creo que puedo comer un poco. Gracias, Harvey —habla Mike antes de perderse en la puerta del baño, apretujando la ropa entre sus dedos y empujando la satisfacción de ser mimado en el fondo de su pecho.

Harvey regresa a su cocina. Tener un invitado es extraño para él, su vida se basa mayormente en lo que ha construido en la firma y la soledad cuando el día se termina, sin embargo, con la visita repentina de Mike, su condominio adquirió un sentimiento hogareño que va acompañado del tarareo que sale del baño y la chaqueta colgando junto a la suya en el recibidor. Es agradable, no puede mentirse a sí mismo.

Calienta la comida que después divide en dos platos y se sirve un vaso de agua. Sus ojos arden un poco y desde las ventanas puede ver el flujo de gente mermar. Son casi las cuatro de la mañana y debería ir a dormir pronto si quiere ir al gimnasio temprano, pero deja el pensamiento de lado cuando Mike aparece en el lugar, enfundado en su ropa un par de tallas más grande, y, aun así, luciendo tan cómodo como si siempre le hubieran pertenecido.

Harvey le tiende el plato, ambos saben que es mejor tener algo en el estómago después de beber, así que comen sin prisa. Mike parece tener menos sueño que cuando abordaron el auto y Harvey sabe que no está en su límite tampoco.

Mike decide no abordar la extrañeza de la situación, en su lugar da una mirada al piso de Harvey y saca conversación con las cosas que se va encontrando mientras da su recorrido con el plato entre sus manos.

Harvey es especialmente cooperativo esa noche, Mike no ha escuchado ningún comentario pasivo-agresivo dirigido hacia él ni tampoco algún gesto de desdén. Está extrañamente complacido con la atención positiva y en medio de la charla sobre un cuadro que cuelga en el salón, casi se lo dice a Harvey, pero no lo hace porque sabe lo reacio que es su jefe a las situaciones emocionales y él no quiere arruinar el momento.

Mike ahoga un bostezo con su mano, el reloj sobre el sofá marca las cuatro con quince y ambos saben que están cansados, aunque ninguno haya dicho nada.

—Deberíamos ir a dormir, Mike —interrumpe Harvey, notando los movimientos lentos de Mike, incluso podría jurar que lo vio cabecear.

Mike asiente, sus ojos se mantienen un momento cerrados —Sí, buenas noches, Harvey.

—Dame el plato, iré a dejarlos a la cocina, parece que tú tienes más sueño que yo.

Mike no contradice a Harvey, solo le da la pieza de vajilla y se despiden nuevamente con un asentimiento y una sonrisa que Mike dirige primero, pero que Harvey corresponde también; debe ser totalmente un truco de la luz y de su cansancio si desde su lugar los bordes cálidos de las arrugas en los ojos de Harvey no se esconden de su vista.

El momento dura un poco más antes de morir. Ninguno profundiza mucho en ello ni en ese nuevo contacto que surgió, no al menos esa noche. Será definitivamente mejor que lo conversen con la almohada antes de considerar hablarlo entre ellos, los sentimientos casi siempre son peligrosos si no se abordan con cuidado y ambos son conscientes de ello.

De cualquier manera tienen tiempo para llegar a eso; más allá de las horas insanas que pasan en la firma y los almuerzos y cenas de un par de veces a la semana, estarán indudablemente juntos por lo menos hasta después del mediodía considerando los hábitos de sueño de Mike. Harvey no puede negar que en algún momento la diversión sobrepasó su molestia por cosas como esa, dirá para sí mismo que es el efecto Mike y su carisma y corazón sangrante. De todos modos, nadie más que él tiene que saber que, según su percepción, su asociado se ha vuelto entrañable.

Harvey se va a su habitación y su celular se queda olvidado sobre la barra. Otro texto de Donna permanece sin respuesta y un “Buenas noches, Harvey. Te quiero” fue eliminado después de que pasaran cinco minutos sin obtener respuesta. Donna, al otro lado de la línea difusa y en una posición incómoda sobre su sofá, se pregunta si tal vez se equivocó. Nunca se entera que Harvey no lo vio.


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