CONEXIÓN ILÍCITA - KOOKMIN

Sinopsis

En una ciudad de luces parpadeantes y callejones oscuros, Jungkook, el poderoso alfa obsesionado con el control, parece tenerlo todo bajo vigilancia. Sin embargo, su mundo se ve sacudido por la irrupción de un hermoso ladrón de sonrisa peligrosa. Cuando sus caminos se cruzan en un evento inesperado, la chispa del desafío enciende una conexión imprevista. Dos universos dispares colisionan, desencadenando una danza de intrigas y pasiones prohibidas. Entre la opulencia de la mafia y el encanto de un robo, el destino se entreteje en una partida de amor y riesgo. *Omegaverse *18+ *Lenguaje inapropiado *Violencia *Asesinatos *Amor/odio

Estado:
Completado
Capítulos:
44
Rating
5.0 8 reseñas
Clasificación por edades:
18+

La subasta

Respiró profundo una vez más. Levantó el rostro con determinación, como siempre lo hacía.


Tragó saliva. Sintió ese nudo familiar en la garganta y, con la manga de la camisa, se secó las lágrimas que le recorrían las mejillas.


Abrió el grifo de nuevo y tomó la vieja esponja para lavar los trastes.


- ¿Todavía no terminas?


- Ya casi, señor.


- ¡Han devuelto pedidos por tu maldita lentitud!


- Lo siento mucho. Me corté la mano con un cuchillo y no ha dejado de sangrar.


- ¡Me importa un carajo que te cortes la puta mano! Termina de lavar de una vez para que puedan salir los platos. Para esa mierda te pago.


Su jefe salió dando un portazo.


Apretó la mandíbula con fuerza. Se tragó todas las palabras que le quería decir, sacrificándolas solo para no perder el trabajo.


Al terminar su turno, empezó a recoger sus cosas para marcharse.


- Al menos cinco clientes se fueron porque no quisieron esperar...


- Lamento que no haya suficiente material para trabajar —dijo sin mirarlo.


- ¿Tan difícil es lavar un plato rápido para servir la comida?


Alzó la mirada. —Mi mano estaba sangrando...


- Y ya te dije que eso me importa un bledo —respondió con desdén—. Hoy perdí dinero por tu culpa.


- Lo siento. No volverá a pasar.


- Oh, claro que no volverá a pasar. Pero creo que deberías compensarme —lo examinó de arriba abajo.


Otra vez no...


- Por favor, no me haga nada —imploró. Retrocedió hasta chocar contra una nevera. Sus ojos estaban agotados.


- Vamos... Todos saben que a los omegas como tú les encanta —su tono era burlón, pero sus ojos destilaban deseo—. No ganas nada haciéndote el difícil —sonrió con desprecio.


- No me toque —advirtió con voz temblorosa.


- ¿Y si lo hago? Tienes una fragancia tan dulce... me pone demasiado cachondo...


Jimin miró a su alrededor y vio un cuchillo en el borde de la encimera. Actuó rápido: lo tomó y apuntó a su jefe.


- Ni se le ocurra ponerme una mano encima.


El hombre se echó a reír. —¿Me vas a apuñalar? —preguntó divertido y desafiante.


- Si no tengo otra opción, lo haré.


- No me das miedo, Omega.


Se abalanzó sobre él con furia, buscando ultrajarlo. Pero un dolor frío lo sorprendió en el estómago cuando el filo del cuchillo se le hundió en la carne. Abrió mucho los ojos y la boca, incrédulo, al ver la mirada vacía del rubio, sin rastro de sentimiento alguno.


- T-tú... —susurró con voz temblorosa.


- Nunca subestimes a un Omega —su voz sonó firme mientras sacaba el arma, desatando una marea carmesí que manchó el piso. El hombre que lo había acosado durante meses se arrodilló, sin poder soportar que su vida se escapara.


- Y por si no quedó claro... ¡Renuncio! —sus palabras resonaron cargadas de desafío y liberación antes de que desapareciera entre las sombras, mezclándose con la oscuridad.



- ¿Hiciste lo que te pedí?


- Sí, señor. El evento es mañana en el salón acordado.


- ¿Sabes cuánta gente asistirá?


- Unos cincuenta, de momento.


- ¿Y las cámaras?


- Están en posición, jefe.


- Perfecto. Puedes irte —movió el hielo de su vaso antes de darle un trago a la bebida fría que tanto le gustaba cuando estaba estresado.


Se levantó de la silla y caminó hacia el lienzo frente a él, para asegurarse de que todo estuviera como quería.


El sábado por la noche llegó al evento, vestido con traje negro y camisa blanca; ese toque de elegancia que no podía faltar. Resaltaban sus tatuajes en el cuello y las joyas que lucía.


La seguridad bajó primero y lo escoltaron al entrar.


Había mucha gente. Las paredes estaban decoradas con pinturas de los mejores artistas, incluidas algunas hechas por él mismo.


Caminó con calma, vigilando el salón, hasta que vio a un hombre frente a uno de sus cuadros.


El chico no se movía, pero su olor era tan intenso que, aun estando a metros de distancia, logró marearlo.


Se acercó y le habló desde atrás.


- Parece que tienes buen gusto.


El rubio no se giró, pero respondió: —La forma en que el fuego está sobre ellos y parece no importarles... Es increíble.


- Quise plasmar el dolor que existe en el amor y el significado de seguir sosteniendo a quien amas sin importar lo que pase.


El joven se giró.


Jungkook sintió algo raro al ver esos ojos tan profundos y preguntó: —¿Nos conocemos?


- ¿Tú me conoces? —preguntó él, quizás igual de curioso.


- No lo sé... Me parece haberte visto antes, pero no recuerdo dónde. ¿Cómo te llamas?


- Jimin... ¿Y tú?


- Jeon... Jeon Jungkook —sonrió con galantería.


- La subasta empezará en diez minutos. Por favor, todos ocupen los lugares asignados a su número.


- Nos vemos, Jungkook —el rubio se despidió dejando un rastro de vainilla que hizo que el más alto olfateara largo y profundo.


- Adiós —dijo en voz baja, mirándolo partir y sin perderse ningún detalle de su cuerpo esbelto.


Tomó su lugar y buscó al chico con la mirada, pero ya no pudo encontrarlo.


La anfitriona tomó el micrófono para dar la bienvenida a los artistas y a los compradores.


— Hoy tendremos muchas cosas de valor. Empezando por...


Mientras la mujer presentaba las piezas y la gente pujaba, Jungkook actuaba como un artista invitado más.


A pesar de ser un empresario exitoso, también amaba el arte y, en su tiempo libre, se dedicaba a pintar.


Cuando el evento terminó, la anfitriona gritó pidiendo ayuda.


— ¡Las joyas! Las han robado. Llamen a la policía.


El pelinegro salió del lugar con una sonrisa socarrona, subió a la camioneta y arrancó lejos de ahí.


Su teléfono sonó.


— Buen trabajo, lleva el paquete a donde acordamos.


— S-señor... No logramos robar las joyas.


— ¿Qué?


— Cuando llegamos... Ya no estaban.


— ¡¿Cómo mierda no van a estar, si yo mismo vi cuando las guardaron?!


— No sabemos cómo pasó... Alguien llegó antes que nosotros.


— Envíenme ya mismo las grabaciones de las cámaras que debieron vigilar. En cuanto vuelva a la mansión los mataré. —Colgó apretando la mandíbula para contener el enojo.


¿Cómo era posible que su plan hubiera fallado si lo habían preparado durante semanas?


4 días antes...


Forzó una sonrisa antes de abrir la puerta y entrar a su casa.


La anciana que tejía sentada en el sofá levantó la vista para observarlo.


— Mi niño... Llegaste.


— Abuela. —Le dio un besito en la frente.


— ¿Cómo te fue hoy en el trabajo?


Jimin tragó saliva. —Me fue muy bien —mintió—. ¿Comiste algo?


— Algunos granos, sí. ¿Y tú?


— En el restaurante siempre me dan comida. —Más mentiras.


— Me alegra mucho que estés cómodo allí.


— ¿Y cómo te sentiste hoy?


— Yo... Oriné la cama, lo siento mucho.


El rubio acarició la mejilla arrugada de su abuelita y sonrió. —Lo limpiaré y cambiaré las sábanas. No te preocupes... En poco tiempo podré pagar una enfermera que cuide de ti mientras yo no estoy. También tendré dinero para la hipoteca y todas tus medicinas.


— Lo agradezco mucho, hijo. Pero estás desperdiciando tu juventud y belleza trabajando por esta vieja, y eso me destroza el corazón.


— No digas eso nunca más. —Sus ojos se llenaron de lágrimas—. Eres todo lo que tengo.


Después de hablar, esa noche entró a su habitación y lloró en silencio.


Había cambiado de trabajo cuatro veces en un año y nada de lo que ganaba le alcanzaba para todos sus gastos. Necesitaba algo más.


Una llamada entró como si fuera una señal y contestó callando su llanto.


— ¿Sí?


— ¿Estabas llorando?


— No. —Mintió.


— Conozco tu voz cuando lloras.


— ¿Qué pasa, Taehyung?


— ¿Sigues en ese asqueroso trabajo?


— Renuncié hoy y creo que asesiné a mi jefe.


— ¿Cómo?


— Solo me defendí de sus abusos... Hoy, hoy quiso propasarse.


— Ese maldito hijo de puta...


— Por meses me trató como basura, me humilló y me acosó, pero hoy intentó violarme.


— Bastardo de mierda... Me alegro de que lo hayas matado.


— Me fui cuando se desangraba. No tengo certeza de si murió, pero de ser así, la policía vendrá pronto por mí.


— Necesitarás dinero para huir, entonces.


— Es lo que menos tengo ahora...


— Por eso te llamé. ¿Recuerdas al hombre con el que salgo?


— ¿El francés?


— Necesita robar algo en una subasta que habrá pronto en el centro de la ciudad, y no conozco a nadie tan escurridizo como tú.


— ¿Es lo que yo creo?


— El pago es muy bueno... Servirá para que te vayas de ahí con tu abuela y pagues sus tratamientos por un tiempo.




Jungkook agitaba el pie contra el suelo, una muestra clara de su estrés abrumador.


Las imágenes de las cámaras de seguridad aparecieron en la pantalla de su móvil. Las examinó una por una con intensidad, esperando descubrir alguna pista sobre el ladrón.


Al principio, todo parecía normal. Sin embargo, se detuvo abruptamente al verse a sí mismo conversando con el rubio de la galería. Negó con la cabeza, intentando mantener la concentración, y cambió rápidamente a la cámara de vigilancia ubicada en la habitación donde se guardaban las joyas y los objetos de valor.


Una figura misteriosa irrumpió en escena; llevaba una máscara y vestía un traje negro.


— Maldito sea...


Con un arma silenciada, disparó a todas las cámaras, excepto a aquella que uno de sus hombres había ocultado magistralmente.


Acto seguido, colocó todas las joyas en una mochila y abandonó el lugar rápidamente, dejándolo vacío.


La sonrisa que se formó en el rostro de Jungkook parecía de satisfacción. Tras hacer zoom, habló en voz baja: —Con que resultaste ser un ladrón...


Había reconocido esa figura.


Muy pocos hombres tenían un cuerpo así; no había manera de que fuera alguien más.


Las joyas habían pasado a segundo plano porque ahora solo le importaba atrapar al chico.