La Omega rechazada y embarazada

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Sinopsis

Harlyn, una mujer lobo sin loba, hija de los condes, es rechazada por el príncipe Stefan el día de su decimosexto cumpleaños. Dos años después, despierta con escasos recuerdos de la noche anterior tras haber bebido demasiado. Pocas semanas más tarde, descubre que está embarazada, mientras aquella noche sigue siendo un borrón difuso. Su padre, lleno de asco, la destierra de la manada y del reino. Durante los siguientes ocho años, Harlyn encuentra su verdadera esencia y una versión más fuerte de sí misma mientras cría a sus cachorros prácticamente sola. Justo cuando encuentra a un hombre al que ama y se compromete, una llamada de su hogar la obliga a regresar. Pero la pregunta sigue en el aire: ¿con quién pasó aquella noche y quién es el padre de sus cachorros? El príncipe Stefan es ahora el Rey y, por alguna razón, ya no puede ignorar el mate bond.

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Rechazada

Harlyn

Vine al palacio para ver al príncipe Stefan, pero la princesa Lucy me interceptó en la puerta y me arrastró hasta sus aposentos. No tuve el corazón para decirle que no venía a verla a ella. Simplemente dio por hecho que había venido por mi cumpleaños, y tampoco tuve el valor de contarle la verdadera razón de mi visita. No estaba segura de cómo terminaría el día de hoy, y no quería decirle que hace poco descubrí que su hermano, el príncipe, era mi pareja destinada.

Así que me he quedado sentada aquí durante una hora, escuchándola hablar de mil cosas, y sé que debo irme. En cierto modo, estoy usando a la princesa Lucy como un escudo para evitar hacer lo que planeaba.

—Su Alteza —la abrazo levemente—. Debo irme. Como sabe, hoy también es el cumpleaños de mi madre —hago una reverencia y ella asiente en respuesta.

—Cuídate, Harlyn, ¡feliz cumpleaños 16! —Me abraza brevemente antes de dar un paso atrás y finalmente permitirme escapar. Al cerrar la puerta de sus aposentos, me dirijo a los del príncipe; la preocupación crece en mí mientras entro al pasillo.

Al llegar a su puerta, llamo, y aunque lo hago con suavidad, el sonido resuena en todo el pasillo. Escucho la voz del príncipe Stefan dándome permiso para entrar. No había pensado en esto. Reunindo todas mis fuerzas, empujo la puerta y entro, pero tropiezo al hacerlo; casi caigo, pero por suerte logro estabilizarme.

La mirada del príncipe Stefan se posa en mí unos segundos antes de desviar los ojos. Su actitud ya muestra que está impaciente y molesto conmigo. Siempre es igual cuando estoy cerca de él. Está deseando alejarme, como si me odiara o tuviera miedo de tenerme demasiado cerca.

—¿Qué quieres, piltrafa? —me suelta con desdén. Mi boca se abre para hablar, pero me trabo con mis propias palabras. Su enojo parece crecer cuanto más tiempo paso aquí, y eso hace que me resulte imposible hablar.

—¡Por el amor de Dios! ¡Suéltalo de una vez o dile a mi hermana que venga ella misma! —exige el príncipe Stefan, y su frustración parece aumentar mientras lucho por hablar. Sería más fácil si no empezara a gritarme nada más verme.

—¿S-sabías? —pregunto, pero tartamudeo, lo cual parece molestarlo aún más. Es una pregunta estúpida. Claro que lo sabe. ¿Cómo no iba a saberlo? Él tiene dieciocho años, dos más que yo; lo supo antes que yo.

—¿Saber qué? —ladra, irritándose más conmigo. Sé que debería haber hecho la pregunta completa—. Date prisa, estoy ocupado. El volumen de su voz me asusta y doy un salto; mis nervios aumentan con cada segundo que pasa.

—Que s-somos pareja. ¿Que estamos destinados a estar juntos? —balbuceo y veo cómo se levanta de su asiento para caminar hacia mí. Mi cuerpo retrocede conforme él se acerca. Su ira parece irradiar desde su interior.

—No somos pareja —replica con veneno en sus palabras. Observo cómo recorre mi cuerpo con asco—. ¿De verdad crees que yo, un príncipe, aceptaría a una patito feo como tú, débil y sin lobo? —gruñe, y vuelvo a retroceder hasta que mi espalda choca contra la pared.

No puede ignorar esto, no está permitido.

—Es la bendición y el deseo de la Diosa de la Luna, Su Alteza; debe cumplirse —protesto. No puede negar el vínculo de apareamiento. Por mucho que quiera, no está permitido. La gente no aceptará que lo ignore.

Él me agarra por el cuello, forzando a mi cuerpo a permanecer pegado a la pared. Se acerca tanto que su cara queda frente a la mía.

—¿Bendición? —se ríe con burla—. ¿Quién te vería como una bendición, piltrafa? Ni siquiera el Conde lo hace. —Sus palabras me golpean con fuerza y lucho por contener las lágrimas. Él conoce las reglas. Sabe que no puede fingir que esto no es real.

—Su Alteza, es lo que la Diosa de la Luna deseó —susurro—. Ella nos eligió para ser pareja. Me eligió como su futura reina. —¿Por qué no entiende que este reino es muy estricto con los vínculos y las parejas? Especialmente cuando se trata de la realeza, el pueblo cree que quienquiera que sea la pareja debe serlo, pues es una señal de la Diosa de la Luna.

—¡Nunca serás mi pareja! —grita y se inclina más—. Yo, el príncipe Stefan de la Manada Darksun, te rechazo, Harlyn Richmose de la Manada Darkmore, sin lobo —declara. Lo veo abrir la puerta—. No le digas a nadie sobre esto, nunca. Nunca fuimos pareja. Nunca fui tu pareja, piltrafa. ¡Créeme, no querrás que nadie más se entere! —me grita.

¡No puede decir eso! —Su Alteza, si... —Su mano se cierra sobre mi boca y me silencia.

—¡Por Dios, cállate! La Diosa de la Luna se equivocó. Créeme, ni a ellos les importará que te haya rechazado. Aléjate de mí. ¡Hablo en serio! —grita y me empuja fuera de la habitación. Sin volver a mirarme, cierra la puerta de un portazo y caigo al suelo contra la madera.

Esperaba algo de resistencia, pero no que me rechazara. Al levantarme, salgo apresurada del palacio y corro a través de los jardines. Sus crueles palabras parecen atormentarme mientras intento huir de su rechazo. Sigo sin entender por qué me odia tanto.

He notado que cuando estamos cerca, me evita, me aparta, y si intento hablarle, usa palabras viles para herirme y alejarme. Aun así, no hay razón para su odio. No se me ocurre nada que yo haya hecho para lastimarlo o causar que me odie.

Sentada sobre un árbol caído, reflexiono sobre lo que acaba de pasar. Pensé que me aceptaría y que así mi padre no me odiaría tanto. Sé que no tener lobo hace que mi padre me vea como alguien débil y sin valor. Aun así, sinceramente pensé que si el príncipe me aceptaba como su pareja, mi padre vería que no soy solo la hija sin lobo que él ve.

Eso no sucederá ahora que el príncipe Stefan me ha rechazado, tal como mi padre siempre me dijo: Tendrás suerte si alguna vez encuentras a alguien que te acepte cuando careces de lo único que nos hace hombres lobo.

El lobo.