Inamorata

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Descubrir que tenía 5 inamoratos era lo que menos me preocupaba. Tenía decisiones que tomar… Decisiones que afectarían a toda mi vida… No solo podrían cambiar mi vida, sino también la de todos los que me rodeaban… Estaba saliendo a la luz cierta información que iba a causar un revuelo mucho mayor… ¡Libro 2! ¡NO LEAS ESTO SI NO HAS LEÍDO «Captive» ANTES!

Estado:
Completado
Capítulos:
78
Rating
4.8 37 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Mila -

Casi no podía respirar. Salí tropezando de la casa y bajé los escalones de la entrada para buscar el aire fresco de la tarde.

Me dejé caer en la hierba. Aspiré todo el aire que pude e intenté calmar mi ansiedad.

No sé qué estoy haciendo…

Mi mente se inunda con todo lo que ha cambiado desde que Cassiel me sacó de aquí hace un mes. Todo era tan distinto ahora y no parecía que fuera a cambiar pronto. Nunca me había sentido tan agradecida por lo que todos habían hecho por mí. Pero yo no nací para esto. No nací para esta vida de ellos, llena de lujos y libertad. Todavía estaba intentando asimilarlo todo.

¿Qué significaría si los aceptara a todos? ¿Qué nos pasaría a ellos o a mí? Si hacíamos esto, ¿cómo se suponía que debía vivir ahora? ¿Viviría aquí, en su lujoso palacio? ¿Era esto siquiera lo que yo quería?

Ni siquiera sabía cómo se hacía. Probablemente era algo de lo que debieron advertirme antes de que mordiera a Xade por accidente. Solté un suspiro y me tiré de espaldas en el césped. Me quedé mirando el cielo.

—Mila —la voz suave de Cassiel me acaricia como siempre y suspiro con alivio.

—Lo siento —murmuro cuando aparece y se sienta a mi lado en la hierba.

—No lo sientas, nena. No es culpa tuya. Entendemos que es mucho que procesar y pensar.

—Gracias… —suspiro. Él me sonríe y estira su brazo mientras se tumba en la hierba. Yo me acurruco contra su costado. Pasa su mano de arriba abajo por mi espalda. Él sabe exactamente cómo calmarme y hacerme sentir en paz. —Es demasiado, Cass… —susurro y siento que asiente.

—Lo sé, nena —suspira y me aprieta un poco contra él.

—¿Qué nos pasaría? —pregunto después de unos momentos. Necesito respuestas por mi propia salud mental y él se queda quieto un instante. —A todos nosotros… —añado en voz baja.

—No lo sé con exactitud. Por lo que hemos visto y oído, es una experiencia muy íntima. Sería algo que cada uno de nosotros pasaría contigo, uno por uno. Pero nos uniría a ti de forma permanente. Sería algo más profundo de lo que puedas imaginar, y te pasaría lo mismo con cada uno de nosotros. —Se queda callado un momento. Su mano libre acaricia mi abdomen y mis costillas. Me hace cosquillas sobre el pecho y presiona justo encima de mi corazón. —Te sentiríamos. Estés donde estés, estaríamos contigo, justo aquí —susurra con suavidad.

—¿Cómo? —le devuelvo el susurro. Tengo miedo de su respuesta, pero al mismo tiempo la deseo.

—Nos apareamos contigo… y también tenemos que morderte.

Siento un escalofrío al oír sus palabras. Me asusta, pero una oleada de excitación me recorre la espalda y me muevo un poco contra él.

—¿Entonces tenemos sex? —pregunto bajito y él suelta una risita.

—Sí. Sería un poco diferente a las otras veces, pero todo saldría bien. —Me tranquiliza y yo asiento mientras me muerdo el labio. —Es una especie de ceremonia que hacemos. Pero si se hace, ya no hay vuelta atrás.

—¿Entonces…?

—Entonces ninguno de nosotros podría irse nunca, Mila… pero tú tampoco podrías.

—¿Así que estaría atrapada con ustedes? —bromeo con una sonrisa y él ríe entre dientes.

—Por desgracia —responde de broma y le doy un empujoncito juguetón en las costillas. Pasamos un momento de silencio cómodo antes de que vuelva a hablar. —¿Mila? —Me pone dos dedos bajo la barbilla. Levanta mi cara de su pecho para que lo mire.

—¿Sí? —susurro.

—Estoy total, absoluta y ciegamente enamorado de ti —susurra. Su mirada cálida y acogedora me derrite al instante. —Desde el momento en que te vi por primera vez, supe que eso nunca cambiaría. Así que no importa lo que decidas, siempre te amaré.

Se me llenan los ojos de lágrimas y su rostro se nubla un poco, pero siento un calor inmenso por dentro.

—Cass… —susurro y siento sus ojos fijos en mí. —Yo… creo que también te amo… —digo con la voz un poco quebrada. Él sube la mano a mi mejilla y limpia mis lágrimas. Acerca mi cara a la suya con dulzura y me besa con una pasión suave y cálida.

—¿Solo prométeme una cosa? —susurra sin aliento al separarse y yo asiento. —Te tomarás todo el tiempo que necesites para pensar. Xade estará bien, al igual que todos nosotros.

—Lo prometo —susurro y le sonrío.

Levanta la mano y me aparta el pelo detrás de la oreja con una sonrisa aún más brillante.

—Eres increíblemente hermosa —suspira satisfecho y hace que me sonroje. —Vuelve adentro, vamos a que comas algo.


—A ver… ¿cómo va a funcionar esto? —me río mientras los miro a todos de pie a los pies de la cama. Xade es el que está más cerca, esperando mis órdenes con ansiedad.

—Yo me quedo en el sofá —dice Atlas en voz baja. Se aleja de sus hermanos y camina hacia el chesterfield. Se deja caer en él y apoya un brazo bajo su cabeza mientras mira al techo.

—Xade va a tener que estar al lado tuyo —dice Cass. A Xade se le ilumina la mirada y me mira con esperanza.

Suelto una carcajada y asiento. Él corre a mi lado y salta a la cama, envolviéndome rápidamente con sus brazos.

Todavía estoy intentando asimilar la sorpresa en las caras de sus hermanos y en la mía propia.

Cass me sonríe con ilusión. Todos hacen lo mismo, esperando ver quién se queda con mi otro lado.

Orion pone los ojos en blanco y no espera a nadie. Se sube a la cama y quita las almohadas de detrás de mi cabeza. Las sustituye por su cuerpo cálido y me recuesta contra su abdomen mientras me acaricia el pelo. Ezra le da un toque a Cassiel, que se acerca a mi lado libre con una sonrisa. Ezra sube a la cama y se acurruca alrededor de mis piernas, apoyando la cabeza en mi monte de Venus. Cass se acomoda con cuidado a mi otro lado y pone su mano sobre mi vientre.

—Tan hermosa —susurra en mi cuello y me da un beso suave que me hace sonreír. —Te amo.

—Yo también te amo —le devuelvo el susurro. Él suspira y siento el peso de sus cuerpos sobre mí mientras todos empiezan a quedarse dormidos.

Recorro la habitación con la mirada y me detengo en Atlas, que se ve muy solo.

Odio que tenga que estar lejos de mí, allá solo…

No me gusta nada. Ojalá las cosas no fueran así para él…

Se me ocurre una idea. Frunzo el ceño mientras me muerdo el labio y lo pienso bien…

¿Y si…?