Yoichi Sensei (Kiis • Kaisagi) por Yogurt en Inkitt
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Yoichi-sensei (kiis • kaisagi)

Sinopsis

AU Escolar / Omegaverse. A sus treinta y cinco años de edad, Isagi Yoichi (Ω) creía que su tiempo para el romance; terminó. Pero Michael Kaiser (α), está dispuesto a demostrarle su error. • Michael Kaiser; 16 años. Isagi Yoichi; 35 años.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
Yogurt
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Única parte.

La televisión estaba mostrando un dulce drama de romance, específicamente uno coreano. Cosa que a Isagi le desagradó, y suspirando cambió de canal.




No necesitaba recordar que era un fracaso como Omega y que, a sus treinta y cinco años, tenía una vida amorosa inexistente. 




Después, la pantalla de la televisión mostraba un partido de fútbol bastante intenso, era uno de los equipos favoritos de Isagi, pero al instante, apagó el televisor.




Tampoco necesitaba recordar que su sueño como futbolista se había hecho trizas, todo por culpa de su estúpido segundo género.




El fútbol era un deporte solo para Alfas, no había espacio para Omegas. Cuando en su juventud había llegado su primer celo, se presentó como un omega, ya desde allí, todos sus sueños fueron destruidos, porque en ese momento debía dedicarse en algo más importante; conseguir un buen marido Alfa.




Pero a pesar de todo, no se rindió, incluso si en la secundaria fue rechazado cientos de veces por el club de fútbol, y cuando por fin logró ser aceptado, sus compañeros de equipo no dejaron de molestarlo con burlas, hasta el punto de hacerle la vida imposible. Su fuerza mental había sido increíble cuando apenas era un adolescente, no renunciaba a su sueño por nada del mundo, y seguía jugando hasta el día de su graduación. 




Sin embargo, después vendría el golpe doloroso a la realidad. Al terminar la secundaria, nunca más fue convocado para jugar, porque era un Omega, y esa era su única realidad.




Cuando menos se lo esperaba, ya había terminado la universidad, y debido a la forma terrible que le afectaba el hecho de ser un Omega, en todo ese tiempo, jamás tuvo ningún tipo de experiencia con un Alfa, es más, aún no se sintió atraído por ninguno.




Algo que a cualquier persona le resultaría difícil de creer. Pero por culpa de la presión que tenía en ese momento, estaba desesperado por conseguir un Alfa, y no tuvo más opción que comenzar a utilizar las famosas aplicaciones de citas.




Para sorpresa de nadie, no funcionó, tenía el horrible recuerdo de haber sido citado con un Alfa bastante carismático y guapo, pero quien apareció en aquella cita, no era nada más ni nada menos que un hombre viejo, gordo y calvo. Se escapó con la excusa de ir al baño, y borró al instante la estúpida aplicación, nunca más quiso saber sobre las citas a ciegas.




Ahora, en su completa adultez, con treinta años, tampoco había conseguido nada, estaba bastante ocupada en hacer un buen trabajo. Se había acostumbrado a ser un simple maestro de Literatura, a pesar de que poco o nada le importaba, se dedicaba a hacerlo con el mejor esfuerzo que podía dar. Pero él, más que nadie sabe qué trabajar en una escuela secundaria solo para Alfas siendo un omega; Era prácticamente un suicidio.    




Tener que tolerar a Alfas hormonales, groseros y agresivos, era parte de su pan de cada día, pero podía vivir así, todo por el jugoso sueldo que tenía sobre la mesa.




Sacudió la cabeza, evitando pensar en sus desgracias, y se dedicó a beber el último sorbo de su jugo, antes de salir de su departamento para llegar a ese horrible instituto.




||




Una vez en el lugar, se dirigió a su primera clase, antes de entrar inhaló y exhaló para intentar calmarse lo más posible, enfrentar al curso más agresivo no era una tarea fácil.




Abrió la puerta, y se encontró con un desastre, gritos, peleas... Típico de un salón lleno de Alfas. Isagi mentalmente solo imaginaba una forma de escapar, en especial, cuando sus ojos se enfocaron primero en el peor de todos sus alumnos.




Ese era Michael Kaiser. 




El adolescente estaba sentado, relajado, mientras colocaba sus pies en la mesa, sin importarle que eso iba contra las reglas, al igual que su uniforme lo utilizaba de forma incorrecta, varias veces ya le había llamado la atención, sin embargo, Kaiser jamás hacía caso.




Por otro lado, los demás hablaban sin moderar su tono de voz, como Meguru Bachira molestando a Itoshi Rin, o Barou Shouei regañando a Nagi Seishiro por jugar tanto con videojuegos, mientras que Mikage Reo defendía a su amigo. Todo un caos, Isagi no tenía idea de cómo controlar a esos niños, ha intentado de todo, pero nada servía.




Nadie lo respetaba.




—Bien, ¡silencio chicos! 




Intentó callarlos, aunque sabía que era imposible tratándose de unos alfas tan incontrolables.




Nadie hacía caso, todos seguían en lo suyo. Isagi suspiró, no importaba que tan fuerte gritara, ninguno de ellos lo escuchaba, pero no se quedaría con los brazos cruzados, no mientras su estúpido alumno, —que quizás no debería llamar "estúpido" a un estudiante— se burlaba de él.




—Michael Kaiser, ¿cuántas veces le he dicho que esas no son formas de traer el uniforme? 




Él solo se encogió de hombros, y lo ignoró, eso irritaba más a Isagi, porque sabía que en el fondo, ese mocoso se seguía burlando de él.




Ya no insistió, y ahora se dirigió a otro de sus alumnos; —Nagi, ya deja ese celular, en un rato comenzamos la clase.




En eso, Barou y Reo guardan silencio.




—Un omega no va a decirme que hacer —le respondió sin siquiera mirarlo.




Y ahí estaba la razón principal por la cual no respetaban a Isagi, más claro que el agua. Era un omega dándole clases a un montón de Alfas pubertos, quienes estaban en la peor edad de todas, donde se creían ser los mejores y que sabían más que un adulto.




En eso, Reo se rio incómodo, y a pesar de que hace unos segundos estaba defendiendo a Nagi, esta vez decidió apoyar a Isagi.




—Oe Nagi, sensei tiene razón, ya es hora de que empiece la clase. ¡Y todos ustedes, cállense! Aprendan a respetar a los Omegas.




Gracias, Reo. Agradeció Isagi internamente, Reo era de los pocos que no le faltaban al respeto, al igual que Kunigami, Chigiri, Bachira y Kurona, pero estos dos últimos habían fallado en algo y era que...




Una vez Kurona se le declaró después de darle una carta, la cual tenía muchos stickers de tiburones decorados, y bueno, Bachira solo puso en un examen como respuesta; "No tengo ni idea. Pero sensei, ¿quieres salir conmigo? ;)" 




Por supuesto que ambos fueron rechazados, solo eran niños confundidos, ya que era su único acercamiento hacia un omega, por eso no tomaba en serio esos sentimientos. Al menos eran amables, mientras que los demás Alfas dejaban mucho que desear. 




Después de eso, la clase fue normal como siempre, a excepción de que cada vez que Isagi escribía en el pizarrón, se sentía como si varios estuvieran devorándolo con la mirada. Nada fuera de lo normal, a los Alfas les encantaba atacar por la espalda.




A veces deseaba ir a una escuela solo para Omegas, todo sería más divertido; sin embargo, aquí, el sueldo era mucho más bueno.




Luego de un rato, comenzó el receso e Isagi decidió ir al salón de maestros para matar tiempo, lo de siempre, un día aburrido siendo profesor como cualquier otro. Cuando terminó su descanso, regresó a ese mismo salón de clases con normalidad, tapándose con la inesperada escena de que todos estaban calmados en sus respectivos asientos, y a pesar de que eso era bastante raro, Isagi no le dio muchas más vueltas y quiso seguir con la clase, hasta que se fijó en el pizarrón, viendo un montón de dibujos obscenos que a simple vista eran bastante obvios que se trataban de su persona haciendo... Ni siquiera quería pensarlo. Casi todo el salón estalló de risas, y por supuesto, Isagi se puso rojo de la rabia.




No se dignó en preguntar quién lo había hecho, tampoco sabía si ese chico tenía talento con el dibujo. Pero de que fue el de la idea, estaba cien por cien seguro de ello. En ese salón lleno de Alfas apenas lo respetaban, y el principal causante de todo eso era él.




—Michael Kaiser, después de clases, a detención conmigo —dijo severamente intentando recomponer la compostura.




El joven no dijo nada, simplemente se encogió de hombros —otra vez— como si no le importara y aquello molestó mucho más a Isagi, saber que su alumno ni siquiera se arrepentía de lo que había hecho, le hacía pensar que era un total fracaso como profesor.




Se dedicó a borrar el dibujo teniendo un gran rubor en su rostro, el cual necesitaba ocultarlo cuanto antes, le daba la espalda a toda la clase, sin imaginarse que cada vez que lo hacía, todas las miradas sucias de aquellos Alfas hormonales, iban dirigidas a él. 




Todo el salón estaba en silencio, y ninguno disimulaba su interés en el Omega. En realidad, a pesar de hacerle la vida imposible a su profesor; todos deseaban la atención del mismo, no podían evitarlo, no cuando Isagi Yoichi era tan adorable a pesar de ser mayor.




Un omega, ya en sus treinta años luciendo con un rostro bonito y bien conservado, no era muy común de ver, y si bien Yoichi tiene un rostro promedio, al igual que un físico no muy trabajado, no dejaba de captar la atención de aquellos adolescentes.




—La próxima que hagan algo parecido, me encargaré de que reciban el castigo que se merecen —dijo serio—. Espero que nunca vuelva a ocurrir.




—¿Por qué se enoja? ¿No es eso lo que hacen los Omegas todo el tiempo? —esta vez, quien hablaba era Oliver Aiku, burlándose. 




En ese momento, Yoichi tenía ganas de desaparecer, no podía creer como sus alumnos podían ser tan repugnantes, había un grave problema en el método de crianza que se usaba en los alfas, ¿acaso nadie educaba a sus hijos de forma adecuada?




Cada vez empeoraba más la situación con esos niños, el omega ya no tenía idea de que hacer con ellos, si bien había estudiantes que no se unían a aquellas burlas, tampoco ayudaban mucho, por lo que no podía soportar estar un segundo más en ese salón de clases. Salió del aula, bastante molesto, sin dar ningún tipo de explicación.




Estaba harto de aquellas burlas y tratos que recibía simplemente por ser un omega. Pero de una cosa estaba seguro, y es que, luego de finalizar las clases, se desahogaría castigando al principal causante de todo aquello, Michael Kaiser. Ni siquiera podía creer que era un estudiante de intercambio, su promedio era de los mejores, y no reprobó ninguna de sus clases, pero su comportamiento nunca era el adecuado, a veces se preguntaba cómo un chico podía ser tan rebelde, y al mismo tiempo tener excelentes calificaciones, no era normal.




Después de un largo momento a solas en el baño, pudo seguir su clase con normalidad. Hasta que por fin se indicó el horario de salida, todos estaban felices porque era hora de regresar a casa, pero el único quien no festejaba era Kaiser, él estaba con la mirada seria, completamente molesto.




—¿Sabes, Yoichi-sensei? Tengo entrenamiento —le dijo cruzándose de brazos.




—Eso debiste pensarlo antes de incitar a tus compañeros a burlarse de mí —le respondió más severo—. Oh, y procura llamarme por mi apellido, más respeto.




—No tienes ninguna prueba sobre esa acusación —le reprochó—. Es sencillo, no tengo ningún interés en que esos bastardos toquen lo que es mío. 




Ante esa declaración, Isagi quedó confundido, no entendía a qué se refería Kaiser, pero supuso que era algún truco para distraerlo.




—No necesito pruebas —le dijo mientras se volvía a sentar en su escritorio—, con la forma en que te diriges hacia mí sin ningún tipo de respeto, es suficiente. Desde que llegaste solo tengo dolores de cabeza.




—Vaya, ¿un maestro admitiendo que odia a su alumno? Esto es nuevo.




—¡Deja de poner en mi boca palabras que no he dicho! —le reclamó irritado— no tomas en serio mis clases, no tomas en serio nada, ni siquiera prestas atención a lo que digo. A veces me pregunto como logras obtener excelentes calificaciones, no has demostrado ningún tipo de esfuerzo en mi hora.




Para Kaiser, el regaño estaba haciéndose eterno y aburrido, comienza a bostezar sin mucho interés en lo que hablaba Isagi.




—Hago lo mismo que los demás idiotas, pero solo te estás desquitando conmigo, sensei —dijo con una sonrisa divertida—. ¿Acaso es esta tu excusa para estar a solas conmigo?




De nuevo, Isagi procedía a sentirse irritado por las palabras del adolescente, ni siquiera castigarlo servía para algo, no tenía ninguna intención de arrepentirse o siquiera disculparse.




—Ese tipo de comentarios son una falta de respeto, te lo he dicho mil veces. Soy tu maestro, deberías dejar de burlarte de mí.




Kaiser simplemente se rio, no le importaba en absoluto esos regaños, solo se preguntaba la razón por la que Yoichi aún no captaba en la situación que se encontraba; por ser el único omega en esa institución. 




—No lo entiendes, ¿Verdad, Yoichi-sensei?




—Entender qué...




—Ninguno de nosotros te consideramos como nuestro maestro —confesó mirando fijamente a Isagi—. Eres más como... El omega al que todos quieren tirarse. 




Ante esas terribles palabras por parte de Kaiser, se quedó perplejo sin emitir un solo sonido, ya que no le cabía en la cabeza como alguien podría decir algo tan asqueroso sin sentir ni un poco de pena. Quería creer que era una simple broma por parte del Alfa, siempre lo hacía para burlarse de él, pero ahora había algo distinto en esa sonrisa burlona.




—¡No voy a permitir que me hables así! —se levantó del escritorio molesto.




—¿Te duele la verdad? Creí que era obvio, digo, eres un omega rodeado de alfas —declaró seguido de una risa—. Lo que buscas es seducirnos todos los días, ¿no?




—Como te atreves...




—¿Vas a decir que nunca te diste cuenta de la forma en que esa bola de bastardos te miran? 




Por supuesto que Isagi podía sentir las miradas de sus alumnos, y debido a aquella incomodidad que sentía, simplemente asumió que lo estaban observando con odio por haber sido demasiado estricto por las tareas, o simplemente haberlos regañado. Él estaba seguro de que varios de sus alumnos lo odiaban.




—Ellos solo estaban molestos por mis regaños y...




—¿Te sigues haciendo el inocente Yoichi-sensei? Todos saben que eres una zorra capaz de seducir a tus propios alumnos.




Listo, era suficiente, no podía seguir escuchando las crueles palabras que decía Kaiser, se preguntaba como alguien decía tales barbaridades sin sentir nada de pena, además, con una sonrisa totalmente egocéntrica en el rostro. Aquello era lo que más irritaba al omega, su propio alumno insultando y faltando al respeto sin estar preocupado por las consecuencias.




Se levantó de su silla, y fue hasta el lugar donde estaba Kaiser, con una mirada llena de ira hacia el adolescente.




—Vuelve a repetir lo que acabas de decir, niño.




La palabra "niño", activó un tic nervioso en la frente de Kaiser, también estaba irritado con el omega, pero en un ambiente más burlón.




Mientras que para Isagi Yoichi ese había sido el límite, y Kaiser jamás se imaginó lo que estaba a punto de suceder. 




Un fuerte golpe resonó en toda el aula.




Fue tan rápido que ambos a duras penas podían asimilar lo que había ocurrido recién. Kaiser tenía una mano en su mejilla sin ningún tipo de expresión, y mientras tanto, la mirada determinada de Isagi cambió a una de susto, se tapó la boca con ambas manos, mirando preocupado a Kaiser, y completamente arrepentido de lo que hizo. Eso podría costarle el trabajo.




Esperaba de alguna forma que Kaiser le devolviera el golpe, o incluso que comenzará a gritarle con enojo, pero en vez de eso, solo escuchaba una pequeña risa, seguido de una carcajada. Por enésima vez, se estaba burlando de él.




—Ah~, Yoichi-sensei —dijo suspirando, para luego dirigir una mirada terrible al omega—. De verdad eres una jodida perra.




Y antes de que pudiera protestar, Kaiser ya lo había acorralado en aquel escritorio, no podía escapar, sus piernas no respondían, todo lo que hacía era escuchar la respiración entrecortada del Alfa, quien se notaba furioso, con ganas de asesinar a un gatito. Ninguno decía nada, simplemente sentían como el ambiente de a poco se tornaba distinto, una atmósfera que comenzaba a intensificar el calor en la sangre.




—Aléjate —logró susurrar el omega, sin ser capaz de mirar al Alfa.




Solo escuchó una risa burlona, y unos dedos posarse en su mentón para ser obligado a mirar a Kaiser. Yoichi sintió que perdía la respiración cuando se topó con aquella intensa mirada felina, como si estuviera a punto de ser cazado por un León.




—Hace tanto tiempo quería hacer esto, sensei~ —murmuró antes de tomar los labios de Isagi.




El corazón del mayor latía con fuerza, no podía creer que uno de sus alumnos lo estaba besando, los labios del Alfa se movían bruscamente sobre los suyos, obligándole a abrir la boca para que la lengua de Kaiser pudiera hacer su trabajo. No importaba cuántas veces intentaba empujarlo, o cuántas veces chillaba en medio del beso, el adolescente no planeaba detenerse hasta quedar lo suficientemente saciado.




Los gemidos de Isagi solo encendían más a Kaiser, así que no dudó en tomarlo por la cintura mientras seguía dejándolo sin aliento por un simple beso, lo acercó a su cuerpo sin darle ninguna oportunidad de que pudiera moverse, provocando que el pobre Omega comenzara a temblar en los brazos de Kaiser. Necesitaba tomar aire, estaba sofocado por culpa del beso, en especial cuando las feromonas de Alfa comenzaban a hacerse presente. Perdió su sentido, la vista comenzó a nublarse, con su omega interno completamente deleitado por el aroma de un adolescente.




Una vez que Kaiser por fin dejó en paz a su profesor, se relamió los labios, seguido de una sonrisa satisfecha por el simple hecho de ver a ese omega convertido en un completo desastre. La blanca y suave piel de su adorable rostro estaba de un leve color rosa, una pequeña gota de lágrima cayendo por su mejilla, sus labios rojizos e hinchados por culpa de la intensidad del beso, y claro, la saliva también deslizándose por el mentón. Era una mezcla deliciosa de feromonas.




—Acabamos de empezar, ¿y ya estás así de necesitado? —se burlaba, recibiendo una mirada de odio por parte del Omega.




—Suéltame.




Kaiser le tapó la boca para que no pudiera seguir hablando, mientras su otra mano bajaba hasta la entrepierna del omega.




—Dices eso, pero estás empapado como una verdadera puta.




—¡Ugh, no! ¡Detente! —la vergüenza volvió a los sentidos de Isagi—. Juro que vas a arrepentirte p-por hacer esto.




Nada parecía a asustar al Alfa, en realidad estaba disfrutando ver a su profesor desesperado por escapar, nada podía excitarlo tanto como aquello, ver al estricto y amargado Yoichi-sensei de esa forma, no tenía precio. 




—Veamos la linda expresión que haces ahora —susurró antes de colarse en los pantalones del omega, y llegar a sus bragas.




Isagi intentó negarse, pero la traviesa mano de Kaiser ya estaba por encima de su ropa interior, toqueteando toda la zona como si supiera todos los puntos débiles del Omega. 




—¿¡Dónde estás tocando!? —le reclamó con un gemido.




Trató de morderse el labio para detener los sonidos extraños que salían de sus labios, pero era imposible, los movimientos que hacía Kaiser simplemente eran de otro nivel. Odiaba admitirlo, pero la experiencia que tenía ese muchacho lo dejaba más que sorprendido, no podía evitar preguntarse dónde había aprendido a hacer todo eso.




Pero que un mocoso tenga mucha más experiencia sexual que él, lo hacía sentirse más miserable de lo que ya era, peor aún cuando era ese mismo mocoso quien lo estaba estimulando tan bien.




Ni siquiera cuando se masturbaba llegó a sentir esta calidad de placer, era algo completamente nuevo, ser acariciado, seguido de pequeñas embestidas con los dedos en su interior.




—K-kaiser... P-para —decía entre murmullos—... Detente o voy...




No pudo terminar la oración, un gemido fuerte, casi como un grito salía de sus labios, todo su jugo había chorreado en los dedos de Kaiser, logrando tener un orgasmo en segundos. El alfa simplemente sacó sus dedos para probar la deliciosa esencia de Yoichi.




—Esto es para lo que sirves, ¿no lo crees, puta?




Esas palabras fueron dichas en un susurro, mientras que las piernas del omega seguían temblando, y su mirada apenas procesaba todo el placer que logró sentir, era como si no fuera él mismo. Y, por otro lado, Kaiser aprovechaba para dejar mordiscos, chupones en toda la piel del Omega, así todos podrían saber a quién pertenecía.




Y así, luego de tantos roces, besos e intentos de escape... Por fin, para el completo deleite de Kaiser, Yoichi estaba completamente rendido, recostado en la mesa, con la camisa abierta, lleno de marcas y chupones, con los pezones tanto hinchados como rojizos, ni hablar del rosado coño escurriendo el delicioso lubricante natural después de haber sido profanado. Definitivamente, estaba listo para recibirlo, y obviamente el Alfa no podía resistirlo más, necesitaba entrar en lo profundo de Isagi cuanto antes, necesitaba probarlo, follarlo hasta que no pueda más.




—K-kaiser… No lo hagas —intentaba convencerlo—, soy tu maestro, soy mucho mayor que… 




—Al parecer todavía no entiendes tu posición —gruñó Kaiser—. Vas a convertirte en mi omega, voy a ser tu dueño a partir de ahora, ¿comprendes?




Isagi comenzó a negar con la cabeza casi chillando, era inaceptable estar con un alumno, un menor de edad que hasta podría ser su hijo. No podía perder su virginidad así, no de aquella forma tan inmoral, incluso si era patético que un adulto como él llore por su primera vez, no le importaba, no quería que fuera con un adolescente, mucho menos con Michael Kaiser, el peor de todos. Se maldecía a sí mismo por ser tan débil, por ser un omega, que hasta un adolescente hormonal era capaz de humillarlo de una forma tan vulgar. 




—¡N-no! Todavía eres un niño… ¡¡ngh!! —gimió cuando sintió como la punta del pene de Kaiser.




—Un niño, ¿Eh, Yoichi? Veamos si sigo siendo un niño. 




Sintió un escalofrío en todo su cuerpo cuando el Alfa le habló al oído, no podía creer el efecto que lograba provocarle. Su omega estaba realmente feliz, por fin, después de años con instintos reprimidos, podía sentir el calor de un Alfa, uno muy joven y dotado.  




—Lo eres así que... ¡Suéltame!




Intentó zafarse luego de ese grito, pero fue en vano, estaba completamente atrapado por un Kaiser agresivo y ansioso por probarlo, hasta podía jurar que estaba en su rut, eso explicaría la razón por la que era incapaz de razonar.




El Alfa no dijo nada, y solo sonrió con satisfacción al ver la expresión de dolor que hacía Isagi, porque su miembro entró de repente con mucha brusquedad en el interior del omega. En ese momento, maldijo al sentir aquella increíble estrechez, la cual podía jurar que era estar en el cielo, nunca se sintió tan bien. De todas las experiencias sexuales que había tenido con Omegas tanto en Alemania como en Japón, ninguna se comparaba a esta, ninguno de esos sucios Omegas era igual que su sensei. Y allí comprobó que nunca otro coño podría satisfacerlo tanto como el interior de Isagi Yoichi, definitivamente debía convertirlo en su omega.




—Mierda, eres realmente estrecho —se reía de forma descarada—. Como si fuera tu primera vez.




Yoichi estaba avergonzado, no dijo nada al respecto, no quería que por nada del mundo, Kaiser se dé cuenta de que fue su primera vez. Nada podría ser más vergonzoso que justo él, supiera de su mayor inseguridad.




—¿Por qué esa cara?




Volvió a hablar burlándose, estaba realmente fascinado por ver a ese omega mayor de esa forma, tan sumiso y sin nada que pueda hacer, así que se dedicó a moverse, pero no precisamente de una forma gentil. 




No había necesidad de ser gentil, ni siquiera si escuchaba los gritos y pedidos de auxilio que hacía Yoichi. No le importó en absoluto, y seguía moviéndose, hasta que bajo la mirada, y se topó con una sorpresa que jamás se hubiera imaginado. 




Su pene estaba empapado con el lubricante natural del omega, pero había algo más que le hizo volar la cabeza, y era ese color rojizo goteando sobre él. Al darse cuenta de lo que eso significaba, la mirada en sus ojos cambió drásticamente. 




Ahora estaba mucho más animado y mucho más duro. 




—Entonces, soy tu primer Alfa, ¿no, Yoichi-sensei? —se relamió los labios para volver a embestir sin piedad el coño de su profesor. 




—¡Ugh, d-detente! ¡No, no! —gritaba Isagi cuando sentía el gran miembro del alfa en su interior.




Yoichi podía jurar que con cada estocada era más profundo, duro y certero. No podía pensar con claridad, todo lo que venía a su mente era el dolor, y la extraña sensación de placer por la que su omega interno estaba encantado.




La vista comenzó a nublarse para el omega, estaba sintiéndose débil, y por puro instinto se abrazó al cuello del Alfa para sostenerse.




—Mm~, así que todo este tiempo... ¿Nadie se atrevía a probarte, sensei? —decía completamente excitado— quizás esto haya sido el destino. Estuviste esperándome todo este tiempo, debió ser frustrante para ti, ¿no? —todas las palabras que estaba soltando, poco a poco hacían sentir terrible a Isagi— lamento haberte hecho esperar, omega.




Embestida tras embestida, Yoichi no podía evitar lagrimear de placer, con el tiempo, ya nada le dolía, solo se dedicaba a gemir, hasta el punto de olvidar que quien lo estaba follando era su alumno diecinueve años menor. Se sentía demasiado bien ser abrazado por un Alfa de esa manera, jamás había experimentado algo tan bueno, y se maldijo a sí mismo por desperdiciar sus treinta y cinco años de vida en perder el tiempo, debió haber buscado mucho antes el buen sexo con un Alfa.




Abrió los ojos en medio de tantos gemidos, y le dedicó una mirada a Kaiser, completamente ido, dejándose llevar por el placer. Se encontró con el apuesto rostro de su estudiante, y podía sentir a su corazón estallar, por supuesto que siempre supo de la belleza masculina de Kaiser, sin embargo, ahora estaba en un momento vulnerable, donde su omega lo estaba dominando, y claro, ver simplemente una expresión suya, en medio del sexo, solo eso bastaba, para correrse de nuevo esa misma noche, seguido de un grito placentero.




—Oh, ¿ya te corriste, omega? —dijo riéndose— ¿Qué se siente que un mocoso te esté follando? 




—¡Ngh, K-kaiser! —gimió molesto.




El Alfa estaba completamente encantado escuchando los gemidos de Isagi, cada vez lo encendía más. Tenía fuerza física de sobra para otras rondas, aunque al parecer su querido, no podía más.




Estaba agotado, necesitaba un respiro, pero el maldito Alfa insaciable de Kaiser, no lo dejaba. Hasta había llegado en lo más profundo con un gran bulto, que se formaba en el vientre de Isagi cada vez que recibía una embestida.




Ya había perdido la cuenta de en cuantas poses lo había follado Kaiser contra la mesa, en todas entrando perfectamente en su interior, como si encajara por completo en él.




Se había corrido tantas veces en esa tarde, no podía dictaminar cuánto tiempo había pasado, solo sabía que Michael Kaiser lo estaba usando como un jodido agujero.




—Yoichi sensei~♡ —susurraba en su oído—. ¿Qué te parece si te convierto en madre?




El cuerpo entero de Isagi se estremeció ante esa proposición, y sabía perfectamente que aquello era una locura, pero al momento de visualizarse a sí mismo cargando con un cachorro, su omega interno se retorcía de amor. Miró a los ojos a Kaiser, con pequeñas lágrimas por los bordes, asintiendo tímidamente. 




Y con solo eso, el miembro del alfa se había endurecido más, haber visto esa hermosa expresión en el rostro de su sensei, había despertado en él muchos más deseos de lo que había imaginado. No podía creer como podía verse tan adorable, como si fuera un pequeño niño de secundaria, hasta dudaba quién era el mayor en la habitación. 




—Bien, esto es lo que harás —declaró demandante—, cuando te preñe vas a renunciar a este trabajo, y tu única prioridad será ser una excelente madre/esposa. ¿Entendido, omega?




Yoichi lloriqueó debajo de Kaiser, apretando más en su interior, ni siquiera era capaz de protestar, estaba perdido.




—S-si, Alfa... —susurró apenas.




Kaiser puede jurar que su corazón está a punto de retorcerse por lo adorable e inocente que se veía el omega, confirmando cada vez más lo mucho que quería verlo preñado de sus cachorros. Por eso no dudó más, cambió de posición a su gusto, con facilidad, logrando poner a Isagi como perrito, y aunque deseaba ver la expresión del omega en el punto final, también necesitaba hacer otra cosa.




—Vas a recibir muy bien mi semilla, Yoichi~♡  —Murmuró en el oído del chico antes de seguir penetrando sin piedad.




En toda el aula se podía escuchar el caliente sonido de las pieles chocar, mezclados con el húmedo chapoteo cuando llegaba hasta el fondo del coño de Isagi, podía sentir como con casi cada embestida, el omega seguía corriéndose de placer.




Kaiser finalmente sintió que estaba a punto de correrse, aunque aún no era su límite, ya que es capaz de aguantar varias rondas, tenía un poco de piedad por Yoichi.




—Vas a tener a mis cachorros sensei, tu alumno adolescente va a convertirte en madre... ¿No estás feliz?




Isagi era incapaz de responder todas aquellas palabras, solo pensaba en lo bien que se sentía y en lo mucho que deseaba tener cachorros, tantos como sea posible. Un omega cómo él, debía tenerlos.




Gritó de placer tan fuerte cuando sintió su último orgasmo de la noche, y más cuando, al mismo tiempo, Kaiser le estaba llenando todo el coño. El Alfa se corrió profundamente, descargando todo su semen en el interior de Isagi, se corrió tanto que podía jurar haber abultado más el vientre del omega.




—Ugh, K-kaiser... Y-yo... 




No pudo seguir hablando, se retorcía del dolor cuando comenzó a sentir el nudo formarse en su interior, Kaiser lo abrazaba fuertemente, completamente cegado por las feromonas y sus malditos instintos, todo lo que podía pensar era en marcarlo. Podía visualizar perfectamente lo precioso que se vería ese omega con su marca, siendo solo suyo y de nadie más, estaba realmente feliz por haberse adelantado de aquellos bastardos como Nagi o Rin, e incluso imbéciles como Ness y Aiku.




Todos esos idiotas podían ir a llorar en una esquina, ahora el sensei le pertenecía a Michael Kaiser. 




Liberó sus colmillos observando el apetecible cuello del omega, olfateó aquel dulce aroma justo en donde estaba la glándula de olor. Mientras tanto, Yoichi estaba completamente ido, su cuerpo temblaba con el aliento del alfa chocar contra su cuello. 




—Toda tu vida vas a recordar muy bien a quién perteneces —dijo antes de enterrar sus dientes en el cuello del omega.




Pudo escuchar el perfecto grito de placer que hizo Yoichi, y como las paredes de aquel apretado interior se aferraban a su pene. Abrazó mucho más fuerte el débil cuerpo, el cual estaba tembloroso, sudado, rojo, lleno de marcas, mordiscos y chupones.




Yoichi sollozó en sus brazos debido a todo el dolor y placer al que fue sometido, Kaiser estaba feliz por el resultado.




Después de varios minutos, el nudo por fin se deshizo, dejando a Yoichi caer inconsciente, su cuerpo estaba demasiado agotado, tanto que no pudo evitar desmayarse.




—Supongo que es hora de llevarte a casa, omega sin batería —susurró acariciando las mejillas rojizas de Isagi.




||




Lo único que Yoichi podía hacer era llorar, jamás volvería a ese trabajo, no después de haberse dejado follar por uno de sus alumnos. La vergüenza, la culpabilidad, todo eso lo atormentaba en lo profundo de su conciencia. 




Se maldecía a sí mismo por no haber luchado lo suficiente, por haber sido tan ingenuo y no haber sido más cuidadoso con su imagen delante de sus alumnos, Yoichi no tenía idea de que en algún punto terminaría de esa forma. Con mucho dolor tuvo que tomar la importante decisión de renunciar al trabajo, no podía regresar a ese lugar por nada del mundo, no quería volver a ver a ese Alfa nunca más. No le importaba que estuviera marcado.




Podía soportar el dolor que sentía un omega al estar lejos del Alfa con el que estaba enlazado, y no solo eso, fue peor cuando su vida diaria fue arruinada por ciertos síntomas que comenzaron a aparecer.




Yoichi sabía lo que significaban, incluso si probó pastillas anticonceptivas; fue anudado y marcado por un Alfa. No había muchas posibilidades de usar más métodos para evitar el embarazo. Sin embargo, decidió tener al bebé, pero antes, regresó a su ciudad natal; Saitama. Junto a sus padres, quienes lo recibieron con mucho amor y comprensión. Yoichi tuvo que mentir, dijo que todo se trataba de una discusión con una pareja y que en su periodo de embarazo, no tenía ganas de verlo.




Así que para suerte del omega, vivió tranquilo en la ciudad sin tener ningún tipo de noticia sobre Michael Kaiser, agradecía que en todo ese tiempo, jamás logró encontrarlo. Hasta pensó que ese chico ya lo había olvidado, después de todo, era un adolescente y no tenía claro sus ideas aún.




Y era mejor así, no habría forma de que aquella relación funcione, solo iban a ser juzgados por la abismal diferencia de edad, y nadie más que él recibiría todo el peso de aquellos comentarios, por ser un omega mayor aprovechándose de un adolescente. Simplemente, quería olvidarlo, cuidaría a su cachorro sin la necesidad de tener un Alfa a su lado, y aunque eso sea difícil, casi imposible, debido a que las feromonas del padre son fundamentales para el crecimiento saludable de un cachorro, Yoichi se esforzaba el doble para que no le faltara nada.




Los meses pasaron, cada vez su barriga era mucho más grande, faltaba menos de dos meses para que el cachorro naciera, todo iba bien, al parecer, hasta que la paz del omega fue perturbada, una vez más, por un adolescente rubio.




Aquella tarde, se encontraba solo en su hogar, por lo que era raro que alguien tocara la puerta, ya que no solían tener visitas. De todas formas, sin darle mucha importancia, fue a ver de quién se trataba, y cuando abrió la puerta, todo su mundo se vino abajo.




—¿¡Michael Kaiser!?




El omega estaba temblando al verlo, y no era fácil tener delante de él al Alfa que lo había embarazado, le hacía doler el corazón. Su marca estaba ardiendo, como si quisiera saltar a abrazarlo para sentir el calor que tanto deseaba en todo el embarazo.




—Así que los rumores eran ciertos, Yoichi —dijo mirándolo de pies a cabeza—. Estás jodidamente embarazado.




Lo último lo dijo gruñendo, como si estuviera molesto al respecto, Isagi retrocedió un paso por sí las dudas, quién sabe de lo que era capaz, en especial cuando se trata del padre de su cachorro y el hombre que lo marcó. Todo aquello le estaba afectando cada segundo que pasaba, especialmente, por las fuertes feromonas que estaba soltando Kaiser, uno muy amargo, cosa que podría afectar al bebé.




—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó firme mientras se acariciaba el vientre, tratando de proteger a su cachorro de aquel horrible aroma.




—Vengo por ti —respondió con obviedad—, y también por nuestro cachorro.




Kaiser lo miraba totalmente enfadado, el hecho de que se haya ido sin decir nada lo volvió loco, y además, que le haya ocultado un embarazo, lo hacía mucho peor.




—¡No! No es tu cachorro —lo negó—, eres demasiado joven.




—¡Al diablo con eso! 




El fuerte sonido que hizo Kaiser azotando la puerta asustó un poco a Isagi. 




—Vete —le volvió a decir con firmeza, no debía dejarse intimidar por él—, no irrumpas en mi hogar de esta manera.




—Siempre lo mismo contigo —dijo acercándose peligrosamente—, aún no conoces tu posición como mi omega. Yo te marqué, te reclamé, y por lo que veo, también te deje preñado, ¿o vas a seguir negándolo? 




Isagi podía sentir un dolor en su vientre, posiblemente por el estrés que le estaba generando hablar con Kaiser, quien parecía no rendirse.




—Vas a arruinar tu vida, ¿sabes? —es lo único que respondió Yoichi.




—¿No lo entiendes? Dije que al diablo, me importa un carajo —dijo todavía encarando a Yoichi, quien ya no tiene otro lugar para escaparse al chocar con una pared—.  Solo quiero que vuelvas a ser mío.




Ahora que dejó a Isagi sin salida, se acercó para robarle un beso, uno bastante lento del cual el omega se separó al instante, casi con lágrimas en los ojos.




—¿¡No tuviste suficiente, mocoso!? 




Isagi ya estaba frustrado y abrumado por las feromonas del Alfa, su vientre dolía demasiado, toda la situación comenzaba a afectarlo, y no solo a él, sino también al cachorro.




—Simplemente, estoy aquí para recuperar lo que es mío —contestó sin rodeos, tomando al omega de la cintura.




Inesperadamente, Yoichi no hizo nada para apartarlo, ni siquiera fue capaz de moverse, y es que, aquella acción por parte de Kaiser lo había dejado sin aliento, como si no pudiera separarse del chico al que su omega llamaba Alfa. Estar rodeado de esas feromonas, estaban nublando sus sentidos, ya que pasaron de un olor fuerte y metálico, a transformarse en uno más relajante para su actual sensible sentido del olfato.




—¿No vas a decir nada? 




Volvió a hablar con una sonrisa divertida, sabiendo perfectamente que estaba logrando perturbar al omega embarazado, sabía que los Omegas no podían resistirse a las feromonas del padre biológico de su cachorro, menos aún si era un omega marcado. Isagi Yoichi tenía todo aquello, estaba preñado y marcado, no había forma en que pudiera alejarlo.




—V-vete —susurró; sin embargo, su cuerpo decía otra cosa.




Poco a poco se acercaba al Alfa, para sentirlo más cerca y abrazarlo, por tanto tiempo, había necesitado el confort de uno, ni siquiera podía hacer un nido en momentos de estrés, sus propias feromonas no eran suficientes para calmar al bebé, necesitaba de un Alfa, necesitaba de su Alfa, Michael Kaiser. 




Yoichi olfateó, y su instinto maternal sabe que el cachorro estaba tan bien en ese momento, relajado porque por fin había sido capaz de sentir a su padre. Si tuviera que quedarse al lado de Michael, la razón sería únicamente por su bebé, así que no tuvo más opción, su naturaleza lo gritaba.




Michael Kaiser era su Alfa, estaban enlazados y debía estar con él.




—Te tengo en la palma de mi mano, Yoichi —sonrió acariciando las mejillas sonrojadas de Isagi, completamente encantado—. No voy a dejarte ir, jamás.




Lo último lo pronunció en un susurro antes volver a besar los labios de su omega, esta vez, Yoichi no se resistió y solo disfruto el momento al lado de ese chico. Trató de no pensar en todas las cosas incorrectas que había en esa relación, solo debía pensar en el bien de su bebé.




—¿Qué hay de tus estudios? —preguntó preocupado cuando se soltaron— un bebé va a arruinar tu vida escolar y...




Kaiser no pudo evitar reírse, era tan adorable ver a Yoichi preocupado, en especial por él, simplemente puso un dedo en los labios del omega para callarlo.




—A quién le importa? Tengo confirmado un futuro prometedor en el fútbol —se encogió de hombros y trató de no preocuparse—. Tú solo debes centrarte en ser una buena esposa, y cuidar correctamente a nuestro cachorro.




—¡Esposa!? —dijo molesto y sorprendido por aquel adjetivo.




—Ay, eres tan adorable —dijo pellizcándole las mejillas—. Y solo mío.




Lo único que hace Yoichi es matarlo con la mirada, no podía creer que después de todo, de tanto esfuerzo por esconderse y no ser atrapado por él, al final terminó por aceptar a ese estúpido Alfa.




—De verdad eres de lo peor... 



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yo siempre te seguiré desde wattpad JAJAJA

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