Chapter 1
Lo irónico es que la primera que lo vio, lo confundió con un ángel.
Pero, Floch siente que no pueden culparlo, pues la belleza del joven es solo comparable con los querubines que adornan las pinturas de la iglesia. Su cabello es castaño largo y sedoso mientras que, sus ojos son verdes, como las copas de los árboles, como el pasto fresco. Verdes como las más bellas creaciónes de Dios. Como el arte sagrado en esa iglesia.
Y puede decir que brillan con la más intacta pureza, con una inocencia que no se puede comparar, completamente libres de todo mal, de todo pecado existente en el mundo.
Floch casi cree que ha visto al ángel enviado desde lo alto de los cielos.
Y sin embargo, ha descubierto que Eren Yeager no es más que el mismo diablo disfrazado del cordero divino.
Lo sabe, pues su suave piel está cargada del pecado original, sus dulces labios no son más que tentación y los gemidos que salen de su boca son el recordatorio de que arderá en las llamas del cruel y abrasador infierno.
Y la vergüenza lo invade pues él a caído como un niño ignorante en la trampa del vil demonio. No ha podido superar la tentación y a quebrado todos sus votos eclesiásticos sin dudar solo por un poco de placer terrenal.
Solo puede rogar por la piedad de Dios, la bondad que solo él puede otorgar a los pecadores como él pero, Floch cree que ya caído muy bajo para tener el descaro de peticiones así, pues incluso si una segunda oportunidad le fuera dada para salvar lo que queda de su podrida alma, seguiría pecando y hundiéndose en la averno.
Pues la tentación es demasiado fuerte, la piel de Eren es adictiva, y su nombre en esos dulces labios suena tan bien...
Su conciencia lo mata, pues no debería pensar en eso antes de la santa misa.
Los servicios deben ser llevados a cabo, como de costumbre. Incluso si sus prioridades estaban cambiando. Incluso si no puede sacar de su mente la imagen de Eren y su tentadora boca.
Durante el sermón, la sonrisa amable de Carla taladra en su mente, su suave súplica porque cuide de su hijo se repite en sus oídos al igual que las bendiciones que no merece del Dr.Grisha por llevar a Eren al buen camino, la culpa lo come vivo y se niega a mirar al fondo, dónde Eren lo mira con burla, con esos ojos verdes abriendo la puerta de los infiernos y esa sonrisa que lo condena al fuego eterno.
Y sin embargo parece un alma santa, con el cabello castaño cayendo con gracia sobre su espalda. Hablando al oído a sus padres sin vergüenza de nada, aún cuando una clara marca de mordida se asoma por su perfecta piel bronceada.
"Así que, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo lejos de ti. Más te vale perder una parte del cuerpo que ser arrojado entero a la gehena..."
Las palabras queman en su garganta y desgarran sus entrañas como un letal veneno. Siente la hipocresía golpearlo con fuerza mientras su estómago se hace un nudo.
Eren lo ha arruinado tanto...
Floch sabe que ha estado desafiando la paciencia de Dios, alabando de día y retandolo durante la noche, dejándose caer en los más bajos instintos del hombre solo por su puro egoísmo.
Pero Floch quiere decir que no peca solo, no cuando Eren está ahí, porque Eren nunca ayuda, menos en la comunión, al igual que todas las veces desde que lo conoce, Eren acercaría a él, casi angelical con las manos cruzadas en oración si no fuera porque su pequeña lengua rosada se asoma, dispuesta a devorar la eucaristía de los propios dedos del pelirrojo, como un íncubo viviente que invade su sueño sagrado.
"El cuerpo de Cristo" dice Floch sosteniendo la hostia.
Eren lo mira a los ojos y sonríe, pronunciando un suave amén antes de tomar la hostia ofrecida, envolviendo la punta del dedo índice y pulgar de Floch entre sus suaves labios.
Dura menos de un segundo sin embargo se siente eterno, Floch está aturdido por la audacia del castaño y arde por su propia receptividad al acto indecente de Eren.
Las mejillas de Floch se calientan y teme que se hayan cubierto de un rojizo similar a su cabello, de manera casi hipócrita ruega a Dios porque eso no se note en lo queda de la misa.
"El pecado trae como pago la muerte" susurra tan bajo como puede, más para si mismo que para el moreno. Eren sonríe brillantemente al escucharlo.
Eren muerde su labio y luego se va, Floch se queda para recoger rápidamente lo que queda de su dignidad antes de tener que atender a otro feligres.
No se detiene ahí, nunca lo hace. Después de la misa, Floch se pone de pie junto a la puerta, despidiéndose de ellos o hablando con ellos si así gustan. Un hábito que había tomado al ser diácono en su iglesia anterior, y puede decir que está encantando con la fácil relación entre sacerdote y congregación. Eren espera, como todos los días junto a sus padres hasta que el último feligres salga de la iglesia. El decir que la familia Yeager es devota sería poco.
"Dios lo bendiga, padre" saluda el Dr.Yeager llegando frente a él. Floch siempre se ha sentido intimidado por la presencia del hombre pero nunca ha dicho nada, así que sonríe, encantador como es él recibe la misma sonrisa, seguido de un amistoso apretón de manos.
"Queremos agradecerle" Comienza Carla tomando el lugar de su esposo frente al pelirrojo "nuestro Eren, jamás lo vimos más cercano a la Iglesia hasta que usted llegó" las palabras de la mujer son dulces, su sonrisa lo es más y la forma en la toma la mano de Eren con total alegría es digna de enmarcar.
Lastima que toda esa felicidad es producida por un sucio engañó.
"El camino de nuestro señor es para todos, Eren solo ha sido guiado por el sendero correcto" La voz del pelirrojo tiembla.
Para su suerte nadie parece notarlo, ni siquiera el castaño que lo mira con atención, la familia se retira, Eren, sin en cambio de ha quedado al lado de Floch.
"Ayudaré al padre con sus deberes hoy" dice Eren despidiéndose con amabilidad.
Sus padres lo miran con orgullo y Forster se siente realmente culpable por engañarlos así pero, cuando los señores Yeager se encuentran lo suficientemente lejos, la mano de Eren se envuelve con tal suavidad sobre la suya que le es imposible pensar en otra cosa además del adictivo toque.
Aunque muy dentro él teme, no solo por su alma sino también, por la de Eren y el terror de que el deseo carnal haya traspasado las fronteras y se haya vuelto amor.
"Tiene una gran lista de pecados ¿no padre?" Las palabras de Eren llegan sin aviso y hacen tambalear al pelirrojo, devolviéndolo a la realidad.
"¿Así lo crees?" pregunta, Eren sonríe apretando su agarre sobre la mano del contrario guiandolo hasta una de las muchas bancas de la Iglesia.
"Eres un pervertido" acusa con rapidez "no creas que no he notado como me miras durante la misas"
"Sin embargo tú tampoco te puedes salvar de esa acusación ¿O si Eren?" Responde Floch divertido. El ceño del castaño se frunce dando un ligero golpe en el hombro a Floch.
"Yo no soy un sacerdote, estoy seguro que Dios podrá perdonar mis pecados"
Floch ríe, enternecido por la actitud infantil que ha tomado su acompañante.
"¿Solo me acusaras de lujurioso?"
Eren parece pensarlo un poco.
"También mientes, dime ¿Qué se siente engañar a tantas personas?" La sangre de Floch se hiela Po esta ocasión "¿Qué se siente hablar de un Dios en el qué ya no crees?"
"Todavía creo en Dios" dice al aire y el eco resuenan entre las paredes del templó, Eren lo mira con burla, sus ojos verdes parecen brillar.
"Eres un sacerdote, sería extraño si lo hicieras" Responde altenero dejándose caer en el regazo del pelirrojo nuevamente. Acomodando sus piernas al lado de las caderas de Floch. "Sin embargo creo que ahora me adoras más a mi que tú Dios"
Floch abre los ojos con sopresa ante la acusación sin embargo las palabras no salen de su boca, quedando en un silenció que lo sentencia, tal vez solo un poco pero, Eren parece sorprendió.
"¿Haz encontrado en mi a tu nuevo Dios?" La pregunta es llena de burla y Floch muerde su labio al sentir la fricción de las caderas de Eren sobre él.
"Estamos en la Iglesia" dice tan rápido como puede. El castaño gira los ojos.
"Y sin embargo no haz respondido a mi pregunta, ¿no debes ser honesto, padre, y confesarle a nuestro señor todos tus pecados?"
La voz de Eren baja hasta convertirse en un susurro pero, sigue haciendo eco en el templo vacío. El pelirrojo traga, nervioso.
"Eren" se apresura a decir sin embargo los suaves labios del castaño se encuentran con los suyos callando cualquier queja.
Son suaves, y aún puede sentir el sabor de la hostia en ellos. Así que se acerca aún más, sosteniendo con fuerza las caderas del castaño, obligándolo a moverse sobre su creciente erección.
Escucha los suaves gemidos de Eren apagarse en su boca.
"Tu Dios nunca te perdonará por esto" susurra Eren.
Floch sonríe, sabiendo que incluso si buscará el perdón no lo obtendría.
Y seguramente dedicar su vida a este demonio sería un error. Pero había hecho su elección y no iba a dar marcha atrás ahora.