Control || Brumilo

Sinopsis

"Camilo no tiene el control sobre muchas cosas, pero su tío es tan fácil de manejar..."

Genero:
Other
Autor/a:
FresasBg
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo Único

Hay cientos de espejos en su habitación. De distintas formas y tamaños. Cada uno más grande que el otro, cuelgan de todos lados y algunos están pegados a las paredes y sin embargo ninguno tiene una imagen suya en el cristal.


Son otras personas quienes se ven reflejadas ahí al punto de que parecen cuadros en constante movimiento, en los espejos puede ver a su familia, a la gente del pueblo, pero no existe uno solo en la habitación donde esté él, incluso cuando se para frente a uno, el espejo reflejará cualquier otra cosa pero nunca a él.


Es agobiante, es molesto. Pues ahí en su habitación se siente perdido entre un mar de personas. Por eso ha generado un especial desagrado por los espejos que adornan el lugar, ha intentando de todo para deshacerse de ellos, los ha roto, tirado o rayado con lo que haya encontrado, pero no funciona, nunca funciona, y por cada uno que rompa parece que salen dos más.


Nunca le ha dicho algo de eso a su familia, pues sabe que si lo hiciera recibiría un regaño, sus habitaciones son parte de casita y hacerles daño es como es hacerle daño al milagro y mantener el milagro es una de las cosas más importantes para la familia Madrigal.


Pero los espejos no son lo único que lo molesta, también detesta su don: ¿Cambiar de forma?, A él le gusta su apariencia y sin embargo nunca se mantiene fija, el como luce cambia igual que los minutos del día, nunca se queda quieto y depende de lo que los demás necesitan, puede ser alto, puede ser bajo, gordo, delgado, castaño, rubio, de cabello rizado o lacio.


Puede ser lo que todos desean ver, puede ser el chico más hermoso del pueblo o ser un anciano en un abrir y cerrar de ojos. Todo a la decisión de los demás.


Por eso Camilo no sabe mucho de si mismo, pero sabe todo sobre cada una de las personas del pueblo, recuerda como son, sus voces, los detalles en sus cuerpos, el lunar que se esconde en su cuello, porque Camilo es observador, Camilo ve lo que nos demás no ven, así como Dolores escucha todo, Camilo puede ver todo aunque nadie lo sepa, porque su don se trata de eso, de copiar lo que observa, por eso su habitación esta cubierta de espejos que reflejan a todos en el pueblo pero no a él.

Es como un mal chiste, piensa, que entre millones de espejos nunca pueda ver su propio reflejo.


Camilo se pregunta si alguien en realidad lo nota, si saben quién es más allá del apellido Madrigal, más allá de su don, o si no es más que el remplazo de lo que los demás desean ver, si acaso lo miran a él o miran a otra persona reflejada en él.


El solo pensamiento lo hace querer vomitar, pues nadie en el pueblo lo conoce, saben de él solo como el cambia formas de la familia, el bufón qué hace reír a la gente.


Camilo quiere demostrarles que es mucho más que eso, quiere que se arrepientan por siquiera pensar eso sobre él.


Pero es imposible, toda su familia es reducida a sus dones, incluso si ellos no se dan cuenta. Él lo sabe: Dolores es quien escucha, Isabela es perfecta, Luisa es fuerte, y solo por esas características se les conoce en el pueblo, no por algo más, son simples herramientas, como si fueran algún tipo de animal de carga usado para distintos trabajos.


Solo una persona se salvó de eso. Su tío, Bruno. Camilo no quiere decirlo en voz alta, pero le tiene envidia a su tío, no por haber sido expulsado de la familia, sino por el miedo que causa su nombre, el terror que le causa a las personas y porque el fue mucho más haya de su Don. Lo conocen por ser malo, una persona de quién debían cuidarse, no por adivinar el futuro, y Camilo desea eso.


Que los demás lo respeten, si no es por su valor que sea por miedo.


Le hubiera gustado intentarlo alguna vez; llevar a una persona a las montañas que rodean al encanto para que nadie más la volviera a ver, crear terror en el pueblo y volverse (al igual que su tío) en una de las leyendas que le cuentan a los niños para asustarlos en la noche, pero el regreso de su tío Bruno le facilito la cosas.


Claro, debe decir que sintió decepción cuando conoció al verdadero Bruno Madrigal pues no era el monstruo del que todos hablaban, en realidad parecía ser más bien alguien frágil y tímido, distaba mucho de la imagen que por tanto tiempo su madre le contó.


Pero no todo en su tío fue una decepción, había cosas en él que le gustaban, como la forma en que se escondía de los demás o la manera en que trataba de complacer a todos, para él, Bruno no era más que una mascota buscando a su dueño. Lo notaba en su mirada, en la forma en la que actuaba frente a todos, buscando la aprobación de los demás, buscando ser aceptado, añorando cariño o la más mísera pizca de amor.


Por eso no puede verlo como a un igual, no sabiendo eso, ya no puede mirarlo con el respeto que alguna vez profeso por él, pues Bruno en realidad nunca tuvo el control, nunca deseo ser temido o reconocido, el quería algo mucho más bajo y mundano, solo quería ser amado.


Siente rechazó al pensar en eso, la idea de buscar la aprobación de otros nunca le ha gustado. El quiere destacar, sobresalir, no perderse entre la marea de personas, ya está harto de eso, cansando de tener que ser alguien más solo para recibir un mísero gracias.


Lo que él quiere es tener el control sobre algo, sobre alguien, por qué no puede tener el manejo sobre si mismo, ni de su apariencia, tampoco de su Don. Así que solo necesita buscar a la persona perfecta para usar.


Para su suerte, Bruno parece una presa lista para ser cazada. Es pequeño y su mirada refleja un deseo constante para complacer a todos quienes están a su alrededor, empezando por su familia.


Cree que esa es la invitación perfecta.

Por eso le gusta estar cerca de su tío, es divertido ver cómo reacciona al sentir que le dan un poco de cariño, se emociona y sonríe, igual que un perro dispuesto a hacer los trucos necesarios para recibir su premio.


Sonríe ante sus propios pensamientos, recargando su cuerpo en la puerta, esperando a su tío habrá. Cómo de costumbre suele pasar la torre de Bruno, la mayoría de veces solo para hablar, sin embargo quiere que está vez sea diferente.


Cuando escucha la puerta abrirse, se da la vuelta, mirando con obscura satisfacción al más bajo. Admira entonces a su tío, la sonrisa tímida de su rostro, la forma en la que cuerpo se mueve cuando habla, lo graba en su memoria porque sabe que esa será la última vez que su tío actúe de forma con el.


Bruno lo invita a la pasar a su habitación, completamente ajeno a los pensamientos que en ese momento invaden el interior de Camilo.


Al principio no hay palabras, y la habitación se hunde en el silencio. Su tío luce nervioso y comienza a hablar de cosas al azar, en un intento penoso para llamar su atención, Camilo se pregunta si Bruno es así con todos, si muestra su desesperación a cualquiera.


Ese pensamiento lo hace gruñir, Bruno es su presa. No dejará que nadie más tome el control sobre su tío, pues Camilo ha decidido que él es el único que puede manejarlo.


"Tío" Dice, con expresión sería acercándose hacia el más bajo.


"¿Si, Cami...?" Pregunta Bruno, la sonrisa en sus labios se borra. Camilo ríe, sabiendo que su sola expresión ha preocupado a su tío.


El castaño camina otra vez, quedando más cerca de su tío, siente la respiración agitada del mayor sobre él, Bruno trata de alejarse casi tan rápido como se da cuenta de lo cerca que están.


"No te muevas"


La voy de Camilo no luce natural, parece más un gruñido animal, la clase de ruido que haría un jaguar cuando al fin consigue a su presa.


"Mijo me estás asustado" Bruno trata de reír, como si todo lo que está pasando en ese instante no fuera más que una simple broma.


Camilo no responde, dando un paso hacia delante, hundiendo su rostro en el cuello del mayor, aspirando su aroma como de un perfume se tratara.


"¡Camilo!" La voz de Bruno es temblorosa y su cuerpo retrocede, chocando sin querer contra una de las paredes de la habitación.


"Haz sido un buen chico conmigo" Canturrea sobre la piel de su cuello, conteniendo las ganas de morder "mereces un premio, tío"


"¿C-camilo?" Jadea el mayor, llevando sus manos al pecho del castaño, tratando de empujarlo sin éxito alguno. " Si esto es una broma, no es divertido"


"No estoy bromeando tío. Lo digo muy en serio, puedo ser lo que tú quieras" responde en un tono qué trata de ser seductor cambiando de forma siendo ahora más bajo y con el cabello largo, caderas anchas y pechos abultados.


Camilo luce como una chica, siendo el reflejo de alguna desconocida que vio pasar alguna vez por el pueblo. Sin embargo Bruno no parece feliz por lo que ve, en realidad  tiembla en su lugar, desviando la mirada, con un sonrojó recorriendo su rostro, susurrando palabras que Camilo no alcanza a entender, tiene miedo, su tío está tan asustado que solo hace que Camilo quiera reír.


"¿No te gusta?" Pregunta el menor, ladeando la cabeza fingiendo inocencia con la pregunta, antes de volver a cambiar, siendo ahora más alto que su tío Bruno, mostrando un cuerpo conocido para ambos, pues ahora refleja a su tío Agustín "dime lo que deseas, y yo lo cumpliré, ese es tu premio"


Esas palabras son un mantra para Camilo, lo ha dicho cientos de veces. Pero ahora es diferente. Porque ahora él es quien tiene el control de lo que pasa.


Bruno se queda quieto en su lugar, incluso parece que ha dejado de respirar, sus ojos están cerrados con fuerza como si deseara desaparecer en ese instante.


Camilo no se molesta en preguntarle si está bien. Muerde con fuerza la suave piel del cuello buscando dejar una marca roja en el lugar, sacando sin querer un grito por parte de su tío.


"Guarda silencio" Amenaza el más joven, bajando sus manos hasta las caderas ajenas, apretando su agarré causando dolor con el solo toque "no querrás que los demás se enteren ¿Verdad?"


Bruno no responde con palabras, solo se limita a sollozar, negando una y otra vez ante cada una de las caricias.


Camilo sonríe, desea reconocimiento, y su tío se lo está brindando, no de la forma correcta, no de la manera moral, pero está llorando por él, todo lo que le está causando quedará en la mente de Bruno y así por lo menos alguien sabrá quién es, más haya de don y su apellido.


Sus manos recorren el torso del mayor, sintiendo las costillas con la punta de sus dedos, apretando la carne a su paso, jugando con las reacciones que le brinda el mayor. Bruno se retuerce, llora y súplica porque todo se detenga.


"Tío" arrulla Camilo, sosteniendo el rostro del mayor entre sus jóvenes manos, mirando los ojos verdes con atención. Los ojos de su tío son grandes y reflejan genuina preocupación. "Dios, luces tan bonito así"


Camilo no miente cuando dice esas palabras, realmente cree que su tío luce bien así, con los ojos llenos de lágrimas y esa expresión de dolor. Jala su rostro hacia él, besándolo, mordiendo los delgados labios hasta sacar sangre paseando su lengua por encima de las heridas, disfrutando de cada uno de los ruidos que salen de esa dulce boca.


"Tranquilo Tío" arrulla Camilo, como si le cantará a un bebé, ignorando por completo que el llanto de Bruno no tiene otra causa que no sea él "yo te cuidare, haré que no te olvides de mi"


Camilo mira expectante como los ojos verdes del mayor se abren, y trata de huir cuando él le da vuelta sin cuidado alguno, pegando su rostro a la pared. Ve como su rostro se contrae cuando siente como las manos de su sobrino viajan por su ropa, desabrochando su pantalón, haciendo un ruido sordo al jalar la tela hacia bajo, quemando la piel de Bruno en el acto.


Camilo lleva una de sus manos a la boca del mayor, tratando de callar los sollozos y gritos, quiere escucharlos pero sabe que si Dolores llega a oír algo está acabado. No se toma tiempo para prepararlo, tampoco le importa si lo llega a lastimar.


Solo entra en Bruno y jadea, porque esa es su primera vez. Cree que también es la de su tío, por la manera en que se tensa y por la forma en la que su interior se aprieta a su alrededor. Pero Camilo no se detiene para preguntar, mueve sus caderas contra él, en un ritmo torpe, pues aún haciendo eso, sigue siendo un niño inexperto.


El cuerpo de su tío ya no se resiste a los toques, las reacciones naturales de su cuerpo lo traicionan pero Camilo decide no burlarse de él por eso.


Esto no es por placer y Camilo lo sabe, le gusta tener el control, le gusta saber que en ese momento puede cambiar la vida de su tío, hacer que el delgado cuerpo bajo el reaccione justo como el desea.


Lo muerde y araña, se divierte con su cuerpo como si de un juguete nuevo se tratará. Deja marcas por toda su espalda, y cree que sus manos se han quedado gravadas en los muslos del mayor.


Cuando termina, Camilo está satisfecho, no porque al fin haya llegado a su climax, sino porque la persona bajo él está jadeando y los espasmos recorren el cuerpo ajeno, como el perfecto recordatorio de lo que acaba de pasar, y le gusta, más bien le encanta.


Se empuja una vez más en el interior de su tío, escuchando un gemido roto salir de los labios de Bruno. A ese punto no sabe si ha dejado de llorar porque le ha gustado o solo porque se ha rendido ante los deseos de su joven sobrino.


Camilo sonríe cuando sale del interior de Bruno y trata de acomodar lo mejor que puede la ropa del mayor, no le habla y su tío no hace más que temblar hasta por el más mínimo toque.


Camilo finge que nada paso. Saluda a sus primas cuando las ve, y por primera vez en mucho tiempo no le molesta el hecho de volver a su habitación. Porque ahora no importa lo que mire en los espejos, sabe que hay una persona que no lo mira por su don, sino por quién es.


No importa que esa persona lo haga por simple miedo.