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Parada óptima (EunHae +18)

Sinopsis

Donghae es el profesor de matemáticas. El aburrido. El hombre de treinta años que vive solo, atesora su espacio personal y pasa las tardes de domingo corrigiendo ejercicios. Hyukjae es el alumno nuevo. Coqueto, burlón e inteligente, aunque no apruebe ni uno de sus exámenes. También es el chico que vive con su tío, roba, se mete en peleas y adora las mariposas, pero esto último Donghae no lo sabe hasta que le obliga a vivir con él. «En matemáticas, la teoría de la "parada óptima" ayuda a resolver el problema de cuándo detenerse en una acción particular para "maximizar" la recompensa o "minimizar" los costes. En el amor, la cuestión está en saber cuándo se presenta esa oportunidad que puede ser única en la vida y cazarla al vuelo... o dejarla escapar»

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Cherry-kun
Estado:
Completado
Capítulos:
123
Rating
4.9 32 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Prefacio

Estaba terminando de redactar el examen del tema 7: potencias y raíz cuadrada, cuando la puerta se abrió y volvió a cerrar de golpe. Levanté la cabeza para ver quién había entrado. Recuerdo que al verle pensé algo así como: «¿Éste se ha creído que está en su casa o qué?».


No era normal que un adolescente entrara en el aula de profesores durante el horario escolar a no ser que alguien le hubiese mandado hacerlo, en cuyo caso, todos tenían la obligación de llamar a la puerta y pedir permiso. Y con obligación me refiero a educación, algo de lo que ese chico carecía por completo. Me quedé mirándolo a la espera de una disculpa o una explicación. Él se rascó la pierna a través de un agujero de sus pantalones rotos y se apoyó en la pared con el teléfono móvil entre las manos.


Estaba claro que no era alumno del instituto porque 1) no lo había visto antes y 2) no llevaba el uniforme, sino una camiseta negra y arremangada hasta los codos con la frase "I give you permission to wake me up if you get horny".


Te doy permiso para despertarme si... ¿estás caliente?


Aparté la mirada y chasqué la lengua. ¿No le daba vergüenza llevar eso? Entendía que a la gente le gustase ponerse camisetas con frases graciosas o ingeniosas, pero eso me parecía excesivo.


No obstante, decidí que su forma de vestir no era de mi incumbencia y seguí con mi examen. Si él no había venido a hablar conmigo, posiblemente estuviera esperando a que Jungsoo, el jefe de estudios y profesor de física, terminara con sus clases de primera hora. Ya me encargaría de enseñarle modales si terminaba convirtiéndose en alumno del instituto.


Pasé la página de mi libro y me llevé un lápiz a los labios, empezando a releer los problemas que les había explicado en clase y a pensar la manera de adaptarlos sin que fuera demasiado fácil pero tampoco muy complicado. Mordí el lápiz unos segundos y me lo saqué de la boca para apuntar hacia la pantalla de mi ordenador con él.


—Menos siete al cubo... —pensé en voz alta.


—Trescientos cuarenta y tres.


Alcé la cabeza, sorprendido, encontrándome con la sonrisa ladina del chico a una mesa de distancia. Me subí las gafas, curvando mis labios también.


—Te falta un "menos" delante.


Sus ojos se movieron durante unos segundos mientras él pensaba. Pareció darse cuenta del error y asintió, como si con ello me otorgara la razón, antes de apoyar ambas manos sobre mi escritorio. Pude ver cómo tres pendientes negros brillaban en sus orejas bajo la potente luz sobre nosotros.


—¿Debo suponer que eres el profesor de matemáticas? —ladeó la cabeza.


Enredé el lápiz entre mis dedos, conteniendo las ganas de decirle que diera un paso atrás, pero no era mi alumno y no podía ordenarle nada. Y mucho menos por algo tan tonto como mi manía del espacio personal.


—Supones bien. ¿Vas a matricularte?


—Sí. La mujer de ahí fuera me ha dicho que espere a un tal Jungsoo para arreglar los papeles.


—¿Y tus padres no vienen contigo? Son ellos quienes tienen que firmar.


Él hizo una mueca, encogiéndose de hombros. Metió una mano en el bolsillo trasero de sus pantalones y sacó un montón de papeles mal doblados.


—Mi tío ha firmado esto como mi tutor legal —me los enseñó vagamente y volvió a guardarlos—. Creo que servirá.


En cuanto entendí lo que aquello significaba, me sentí mal por haber preguntado por sus padres. Agradecí que él no pareciera afectado por mis palabras antes de sonreír con amabilidad y señalarle la mesa de Jungsoo.


—Está bien. Puedes esperarle sentado; no creo que tarde más de quince minutos en volver.


Dicho esto, le lancé una última mirada y volví a centrarme en mi trabajo. Les puse que transformaran algunos números en potencias y coloqué el -343 en primer lugar. Usé la calculadora del ordenador para sacar más números y no tener que pensar demasiado. Además, tenía que hacer varias versiones del mismo examen para que no se copiaran los unos de los otros. Era un alivio que los números fueran infinitos y una bendición que mi primera clase no comenzara hasta dentro de dos horas.


Eché un vistazo al reloj. Tenía tiempo de sobra para terminarlo y tomarme un café de la máquina como premio. Volví a morder el lápiz. Incluso cabía la posibilidad de que me comprara un bollo relleno de chocolate, uno de esos cubiertos de caramelo y con almendras por encima...


—¿Quieres que te traiga algo, Hae?


Di un brinco en el sitio que hizo retroceder mi silla hasta chocar con una estantería. Esto provocó que el libro de ciencias cayera de lo más alto y me golpeara la cabeza, tirándome las gafas al suelo y rebotando en mi rodilla derecha hasta llegar al suelo con un golpe seco. Y por si fuera poco, el lápiz se me cayó también y salió rodando como quien escapa de una lluvia de meteoritos.


Recogí las gafas y me las puse para poder mirar a Jungsoo con las mejillas ruborizadas y frotarme el (futuro y seguro) chichón en la cima de mi cabeza. Con otra persona me habría enfadado, pero Jungsoo era prácticamente mi mejor amigo.


—¿Por qué no me has dicho que estabas aquí antes de... Ya sabes, asustarme.


Jungsoo rió suavemente. Tenía varios años más que yo, tres o cuatro, aunque a veces parecía que tuviera muchos más. Era elegante, simpático, inteligente y divertido. Todos sus alumnos lo adoraban por esto, además de su atractivo rostro, el hoyuelo en su mejilla cada vez que sonreía y esa forma que tenía de preocuparse por todo el mundo que lo mereciera. Estaba claro por qué tenía tantas pretendientas entre las adolescentes, y era un completo misterio que siguiera soltero.


De mí no podía decir lo mismo. La razón estaba clara solo con ver el desastre que había armado por pensar en comida cuando no debía.


—Estabas tan concentrado que no quería molestarte. ¿Te has hecho daño?


—No, estoy bien —mentí, cogiendo impulso con los pies en el suelo para empujar las ruedas de mi silla hacia delante. Fui buscando sin éxito el lápiz hasta encajarme bajo la mesa—. Ha venido un chico a matricularse —me levanté. Rodeé la mesa, pasé por su lado y fui agachándome cada varios pasos— Está en tu mesa, creo.


—Sí, ya he hablado con él. Pero estaba pensando en bajar a por un café y tomármelo mientras le explico las cosas, ¿quieres que te traiga algo de comer?


Me levanté otra vez, con las manos en las caderas, y me coloqué de frente a él. El golpe de la rodilla me empezaba a doler.


—Sí. Quiero un bollo de chocolate —me giré— y mi lápiz. ¿Dónde se ha metido ese dichoso lápiz?


—¿Chocolate? Veo que ya te has olvidado de esa estúpida idea de hacer dieta.


Me encogí de hombros y volví a tirarme al suelo. Ni limpiándome las gafas con la camisa lograba encontrarlo.


—No dije "hacer dieta", sino "comer más sano".


—¿Me vas a soltar la excusa de que el chocolate también es una planta? No tengo un doctorado en nutrición, pero creo que la cosa no funciona así.


—¿Quién eres, mi madre?


—A veces creo que sí. Pero si el niño quiere un bollo de chocolate, se lo voy a comprar, no vaya a desmayarse de hambre.


Me reí sin necesidad de ver sus expresiones mientras hablaba. Avancé a gatas en busca de mi lápiz amarillo, pequeño, mordido y desgastado. Cuando lo vi, no pude hacer más que mover rápidamente mis brazos y piernas hasta llegar a él. Lo apreté en un puño, feliz.


—Además, un dulce de vez en cuando no hace daño a nadie.


Erguí mi espalda para levantarme y lo que hice en su lugar fue golpearme la cabeza con algo. Miré hacia arriba, encontrándome con una mesa, y a mi izquierda, donde había un par de piernas abiertas. Salí de allí a toda prisa y me puse en pie.


El chico me miró con una media sonrisa, casi sin entender lo que había sucedido, así que le mostré el lápiz. Intenté no ponerme totalmente rojo, pero él no era mi amigo, era un completo desconocido que había visto a su futuro profesor haciendo el ridículo.


—Y-yo... estaba buscándolo. Normalmente no soy tan... Es decir, en clase esto no me pasa. Ha sido algo puntual y...


De repente, él se llevó una mano a la oreja y se quitó un auricular negro que yo no había visto hasta ese momento. Me miró entre confuso y divertido.


—¿Puedes repetirlo?


—Es... Yo... —me ruboricé aún más (si es que era posible) y apreté los puños— ¡No se puede escuchar música en el instituto!


Di media vuelta y me puse recto. Intenté andar tranquilamente hasta mi mesa mientras por dentro me moría de la vergüenza. Jungsoo ya no estaba. Y si el chico le contaba eso a sus futuros compañeros, mis días como profesor serio y respetable estaban acabados.


En cuanto tuve el culo sobre la silla, me metí detrás de la pantalla y dejé el lápiz en la mesa. Enterré la cara entre los brazos con un gruñido bajo.


Al menos no me había visto arrastrándome por el suelo como un gato.

¡Cuéntale a Cherry-kun lo que piensas sobre este capítulo!
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Trama absorbente

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Buenos personajes

2

Buenos personajes

Diálogos potentes

6

Diálogos potentes

Ver 8 comentarios anteriores...
author

descargué inkitt solo para releer esta historia porque la amo mucho🥺

un año
author

20.10.2025, 2da relectura <3

9 meses
author

tocará releer una de mis historias favoritas ✨🌙

6 meses

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