Un matón y un tipo ordinario

Sinopsis

Entonces Katsuki le pregunta a Izuku que si es gay enfrente de toda la clase, e Izuku le refuta con: "¿Por qué? ¿Buscas novio?"

Genero:
Humor/Romance
Autor/a:
Jackari
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Le comió la lengua el gato

En el salón de clases del primer grupo de último año había cierto chico de cabello cenizo que era bien conocido por su mal genio, al cual conocían como el matón de la clase, ese era Katsuki Bakugo.

En ese mismo salón, había otro chico el cual era el centro de ciertos rumores, era un chico ordinario, pero al igual que el matón, también era de los primeros de la clase, ese era Izuku Midoriya.

Izuku Midoriya había pasado toda su preparatoria como cualquier chico ordinario, no era alguien que destacase más allá de sus calificaciones —y por lo nerd que era—, pero, durante este semestre, surgió cierto rumor. Este era sobre si Izuku Midoriya era gay o no. El cómo se originó el rumor no se sabía, pero no era algo que a Izuku le importara, él sabía perfectamente cuáles eran sus preferencias y un solo rumor no le haría caer.

Pero este rumor también había llegado a oídos de cierto individuo, un tipo de cabello cenizo y ojos rojos había cedido ante los rumores, y ahora mismo estaba decidido a enfrentar al pecoso, con el cuál jamás había cruzado palabra.

—¿Es cierto que eres gay? —preguntó Katsuki, tal vez con el afán de molestar.

Izuku no sabía qué significaba la expresión de su rostro, pero no se dejaría amedrentar.

Y con la mirada de la mayoría del salón encima, refutó con una sonrisa ladina—: ¿Por qué? ¿Buscas novio?

Inmediatamente se escuchó la bulla en el salón.

Los muchachos estaban sorprendidos por el ataque verbal del pecoso, pero no perderían la oportunidad de reírse de la situación, le habían cerrado la boca al matón de la clase.

Avergonzado y rojo de impotencia, Katsuki se enderezó en su lugar y se colocó los auriculares.

Después de que el cenizo se giró en su asiento, Izuku sintió como el alma le regresó al cuerpo. Sentía que se había meado de miedo cuando Katsuki se le acercó, era un tipo que imponía con su sola presencia, sentía que había arriesgado su vida al haberle contestado, y ahora rezaba por esta misma.

Aún era demasiado joven para morir, aún no completaba el nivel 62 del videojuego de superhéroes que tanto le gustaba.

El profesor de aula llegó y el resto de las clases transcurrieron con normalidad, Izuku sentía que la había librado, pero entonces, una bolita de papel llegó a la mesa de su banco, y como había estado ensimismado, no se dio cuenta de quién se la mandó.

El pecoso abrió la bolita, extendiéndola en un pedazo de papel que tenía escrito lo siguiente: “Te veo en mi habitación después de clases -k”.

Y su alma se fue a algún lugar abandonando su cuerpo. Los nervios y el miedo se apoderaron de su cuerpo y su imaginación comenzó a volar.

Dios me ha abandonado, pensó. ME VAN A MATAR DE UNA FORMA HORRIBLE. Arroz con leche me quiero matar, canturreó en su propia cabeza. Un sinfín de pensamientos trágicos vinieron a su cabeza mientras el día escolar terminaba y se acercaba la hora de regresar a las residencias, lo que aumentaba los nervios de Izuku.

Saliendo de clases, Izuku se encontró con sus amigos: Shoto, Ochaco y Tenya, quienes tenían mucho que decir.

—Me van a matar, me van a matar —dijo Izuku, con paranoia.

—¿Por? —preguntó Shoto.

—El matón, Katsuki Bakugo, le contesté y lo humillé frente a todos —contestó.

—¿Hiciste algo como eso?

—¿No viste? —preguntó Ochaco, con cierta sorpresa.

—Es que me dormí —excusó Shoto. Eso ya era algo normal, no les extrañaba encontrar a Shoto durmiendo en hora libre. No era nada nuevo.

—En fin, lo que sucede es que me dijo que lo viera después de clases —comentó Izuku, mientras dibujaba el kanji de persona en la palma de su mano varias veces, para después hacer como que lo comía.

—Rezaré por tí, fuiste un gran amigo, Izuku —mencionó Tenya, serio.

—Si sucede algo nos hablas —comentó Ochaco.

—Nos vemos, Izuku —se despidió Shoto, así los tres amigos del pecoso se adelantaron.

—Dios, no soy tu mejor guerrero —dijo Izuku con mirada al cielo.

Se sentía traicionado, pero si ellos no se mostraban preocupados, es porque tampoco debía preocuparse, a lo mejor no sucedía nada y la nota solo era para asustarlo —cosa que logró, si es que ese era el objetivo—. Aún así se dirigió a la residencia, dejó sus cosas en su habitación y después fue hacia el piso donde se encontraba la habitación de Katsuki.

Sentía que podía vomitar hasta su estómago por los nervios.

Al final se decidió por golpetear la puerta tres veces, para que al poco tiempo esta se abriera. Se abrió lo suficiente como para dejar ver al cenizo, que tenía un rostro serio y un muy leve sonrojo en sus mejillas.

—Viniste. —Fue lo primero que dijo Katsuki, con un tono tranquilo, parecía ser.

El cuerpo de Izuku se tensó y su imaginación empezó a correr nuevamente.

—Ho-hola —saludó Izuku en un tartamudeo, mientras sudaba frío. Katsuki se hizo a un lado, dándole el pase a Izuku.

—No te quedes afuera, pasa —indicó, extrañamente educado.

Sin quererlo del todo, Izuku ingresó a la habitación del chico. Y mientras entraba, sintió la mirada de este encima suyo, y así todavía aún después de cerrar la puerta.

Me está viendo mucho, realizó Izuku, al tiempo que observaba la habitación, en un intento de ignorar la sensación de ser observado. Pensemos. Si quisiera matarme, me habría llamado a otro lugar y no a su cuarto, seguro no es nada, concluyó, pero la incertidumbre que le produjo no saber la verdadera razón del porqué estaba aquí le seguía molestando.

—Oye —habló Katsuki. En un saltito, Izuku se giró hacia el contrario, mantenía la misma seriedad en su rostro.

No era el mismo rostro que, como característica, siempre lucía un ceño fruncido. Si es que no estaba delirando, Izuku podría asegurar que el rostro de Katsuki se veía un poco... sereno. Era algo nuevo y, a su vez, un tanto agradable de ver.

—Sobre lo de esta mañana... —Tomó Katsuki la palabra, pero inmediatamente se vio interrumpido por Izuku, quien se arrodilló sobre el suelo, desesperado.

—¡Lo siento demasiado! ¡Te contesté y te humillé!

Katsuki frunce el ceño, extrañado por las disculpas de Izuku.

—¿Por qué te disculpas? —preguntó el cenizo. Izuku levantó su cabeza del suelo y lo vio con una gran interrogante en su rostro.

No entendía.

—¿Porque te humillé frente a la clase? —recordó, mientras se enderezaba.

—Ah, eso, olvídalo. —Restó importancia.

—¿Qué?

—Eso me lo busqué yo —murmuró, mientras desviaba la mirada—. No era algo que me incumbiera —agregó.

—Ah...

El ambiente se tornó incómodo en cuanto el silencio se apoderó por unos segundos.

—Sobre lo que me preguntaste —inquirió Katsuki, volviendo su mirada a Izuku.

—¿Sí?

—Sí, busco novio —confesó Katsuki, sin miramientos y ni una sola pizca de vergüenza.

—¿Qué? —cuestionó Izuku, incrédulo con lo que sus oídos escuchaban.

Katsuki comenzó a acercarse a Izuku con pasos lentos y una mirada intensa en sus ojos carmesí, lo que puso a Izuku más nervioso de lo que el pobre ya se encontraba.

—Me preguntaste que, si buscaba novio —recordó—. Y la respuesta es sí.

—Bueno, yo solo… —intentó excusar Izuku, pero la distancia entre ambos se reducía cada vez más.

—No me importa que haya sido para molestarme —sinceró. Izuku dio un paso hacia atrás, intentando huir—. Me gustas.

El pecoso chocó con la pared, ya no tenía escapatoria.

—A quien quiero como novio eres tú —declaró el cenizo.

El rojo coloreó el rostro de Izuku, que comenzaba a sentirse abochornado.

—¿Disculpa? —Izuku frunció ligeramente su ceño, esperaba no haber escuchado mal.

Katsuki soltó un suspiro en reacción.

—¿Cómo te lo demuestro? —Apoyó una de sus manos en la pared, al lado del rostro de Izuku—. De verdad me gustas, tomé tu rumor como excusa para acercarme, pero esa no fue la forma correcta de hacerlo, debo decir.

Ambos se miraron a los ojos por unos segundos; a este punto, Izuku ya no sabía cómo es que podía sostenerle la mirada y, curiosamente, ya no se sentía tan nervioso como antes.

—No sé qué decir, lo siento —contestó, finalmente.

Katsuki frunció su ceño fugazmente, le había dolido que Izuku dijera eso, especialmente por la cara que este estaba haciendo, era de lástima, como si se preparase para rechazarlo. Katsuki sabía que Izuku no tenía porqué decirle que sí, es decir, hasta apenas este semestre se dirigieron la palabra, y no fue de la mejor manera. Es solo que, Katsuki no quería que el chico que le había gustado durante toda la preparatoria, le rechazara con esa cara.

—Puedes pensarlo, no tienes que contestar ahora —sugirió, casi como si rogara.

Izuku pudo visualizar un poco de miedo en los ojos carmesíes de Katsuki, el mismo que este se esforzaba en ocultar. En sólo estos minutos, Izuku pudo ver más expresiones de Katsuki que en todo el tiempo que llevaban de preparatoria. Se sentía afortunado y feliz.

Y no iba a negar que le gustaba Katsuki. Ese porte de matón le atraía demasiado y le hacía fantasear. Pero, a pesar de ello, ahora Izuku quería conocerle más.

Izuku relajó su cuerpo y sus labios se curvaron ligeramente, regalándole una linda sonrisa tranquilizadora a Katsuki, quien se sonrojó levemente por este pequeño acto.

—No te asustes, no voy a rechazarte —comentó Izuku, sin saber el caos que provocaría en el interior de Katsuki.

¿Miedo? ¿Katsuki sentía miedo? ¿Y cómo es que Izuku pudo verlo? Más bien, ¿cómo se atrevía a decir tal cosa? Esas eran de las preguntas que más rondaban en la cabeza de Katsuki.

—¿Miedo? —preguntó Katsuki, con cierta molestia. ¿Por qué Izuku podía ver tan bien a través de él?

Izuku cambió su expresión a una de pena.

—Lo siento, seguro dije algo que no debía. —Sonrió, con intención de relajarlo, cosa que logró.

—Está bien.

—A decir verdad —continuó Izuku—, me gustaría conocerte más.

Katsuki expandió sus párpados, demostrando asombro y victoria.

—Entonces, ¿ya somos novios? —preguntó Katsuki, mientras hacía un gran esfuerzo por ocultar su emoción.

—Sí, supongo que sí —contestó Izuku, confirmando su relación.

Ambos se encontraban sonrojados, era el primer noviazgo de ambos, sinceramente, no sabían qué hacer ahora.

Katsuki llevó sus manos a los hombros de Izuku, quien dio un respingo por el repentino contacto; después, las deslizó hasta sus manos y entrelazó sus dedos, todo esto mientras veía el rostro pecoso; luego, una sonrisa apareció en su cara.

—¿Puedo besarte? —preguntó Katsuki.

—¡¿Besarme?! —gritó Izuku, nervioso—. Eso...

—Tampoco he besado —confesó Katsuki, para calmarlo, mientras seguía sonriendo ligeramente.

—Oh, vaya. —Fue lo único que dijo el pecoso.

Izuku alzó su rostro y lo acercó al de Katsuki, ahora sus labios estaban separados por sólo unos centímetros.

El pecoso llevó sus labios a los de su ahora novio, y presionó sobre estos suavemente. No tenía la menor idea de qué hacer. Solo sabía de besos intensos por las novelas que miraba su mamá, pero no sabía si hacerlo tal cual, o si sería muy rápido hacerlo así.

No tenía idea de nada.

Izuku tenía los ojos cerrados, en cambio, Katsuki tenía sus párpados como una rendija.

El cenizo comenzó a mover torpemente sus labios sobre los de Izuku, quien sintió su cuerpo temblar al sentir el cambio. Izuku le siguió el beso como pudo, mientras que las mariposas se adueñaron de su estómago y todo su ser. Era mentira si decíamos que Katsuki no se sentía igual.

Izuku apretó el agarre de sus manos y Katsuki acortó la distancia de sus cuerpos, gracias a eso, el beso se intensificó.

El cenizo soltó las manos de Izuku y las llevó a las caderas del pecoso, para después arrimar su entrepierna con la de él.

Al sentir el arrimón, Izuku soltó un quejido entre besos. Katsuki sonrió travieso al escucharlo reaccionar.

—¿Qué? —preguntó el cenizo, con mofa, al romper el beso.

—Es solo que... —habló Izuku con dificultad, mientras retomaba el aliento—. Presionaste de repente...

—Ah, ¿sí? —Volvió a presionar sus pelvis, mientras sonreía con malicia.

—No lo hagas... —pidió, para después morder su labio, mientras fruncía su ceño.

—Si pones esa cara, solo me darían más ganas de molestarte.

Katsuki volvió a presionar, obteniendo en cambio, el crecimiento de un bulto. El cenizo relamió sus labios.

—Mira como estás, ya se te paró, nerd —se mofó.

Izuku mordió sus mejillas internas al tiempo que desviaba la mirada. Se sentía atacado, pero le gustaba. Aún así, no iba a dejar que su novio se saliera con la suya, tenía que molestarlo también.

—Ah, maldición. —Suspiró Izuku, mientras le daba una mirada severa a Katsuki, quien sintió un escalofrío recorrer su espalda. La mirada de este se había intensificado con creces.

Mierda, pensó el cenizo.

—Dije que no lo hicieras, Katsuki —espetó.

La mirada de Izuku era intensa, el cenizo sentía que había tocado un terreno peligroso. En un rápido movimiento, Izuku acorraló a su contrario contra la pared.

—Es mi turno de molestarte —dijo.

Katsuki tragó duro.

Izuku colocó su piernas entre las de Katsuki, y presionó el bulto de su entrepierna contra la de este, lo que, a su contrario, le hizo soltar un gemido bajo. El pecoso alzó los brazos de Katsuki por sobre su cabeza y restringió cualquier futuro movimiento de su novio, tomando las muñecas con una mano.

Besó los labios de Katsuki y, cuando este estuvo por corresponder el beso, el pecoso alejó su rostro y llevó sus labios a la garganta ajena, donde dejó besos húmedos.

—Ngh… —Katsuki se sentía acalorado, que Izuku lo retuviera de esta forma le causaba muchas sensaciones que no sabía que podía sentir.

Izuku, sintiéndose victorioso por haber ocasionado esa reacción en Katsuki, llevó su mano libre al trasero de Katsuki y con ella, dio un apretón, al tiempo que volvía a presionar la entrepierna con su muslo. Katsuki gimió nuevamente.

—Espera- —pidió Katsuki, entrecortadamente. Izuku lo ignoró y, acto seguido, introdujo su mano en la camiseta de Katsuki, donde comenzó a acariciar su marcado abdomen.

El pecoso volvió a unir sus labios con los de su novio y en medio de este beso deseoso, el cenizo introdujo su lengua en la cavidad de Izuku, quien tardó un poco en reaccionar.

Izuku siguió el beso y jugueteó con la lengua de Katsuki, siendo ahora él quien introducía su lengua en la cavidad del más alto.

Es por esto, que Katsuki se sintió embriagado, por el torpe beso que compartía con su pareja, lo que lo volvía más vulnerable.

Y percatarse de aquello era algo que a Izuku le erizaba la piel, le hacía querer hacerle más cosas.

Gemidos ahogados acompañaron el beso de ambos, mientras que Izuku se colocaba por completo entre las piernas de Katsuki.

Por inercia, el cenizo dio un brinco y con sus piernas tonificadas, rodeó la cintura de Izuku.

Izuku comenzó a mover sus caderas de adelante hacia atrás, generando un vaivén y provocando el roce de sus erecciones, brindándoles otro tipo de placer.

Es por falta de oxígeno, que ambos rompen el beso, por lo que sus gemidos quedaron al descubierto. Ambos eran una persona totalmente distinta ahora, la situación lo ameritaba. Y a ambos les gustaba. Esto se sentía muy bien. Izuku miró el rostro sonrojado y sumiso de Katsuki, era algo bello ver como los ojos carmesíes brillaban como destellos.

Izuku soltó las muñecas de Katsuki, y con ambas manos entre su ropa, el pecoso comenzó a jugar con los pezones erguidos del cenizo, quien gemía cada vez más alto y sin reparo, limitándose a disfrutar el tacto.

—Shh..., pueden oírnos, Katsuki —siseó Izuku.

Katsuki sabía que debía ser discreto, pero la forma en que Izuku lo tocaba no ayudaba para nada. Se sentía embriagado, realmente. Al ver que era inútil, Izuku decidió silenciar los gemidos de Katsuki besándolo de nuevo, torpe y fogosamente.

Todo esto se sentía de maravilla, apenas hace unos momentos era un tipo sin nada de experiencia, y ahora mismo estaba teniendo un faje con el nombrado matón de la clase.

Y ambos estaban tan absortos en su mundo, que no escucharon la puerta abrirse.

—BA-KU-GO —deletreó Denki, efusivo y quien paró en seco al ver la escena en la habitación. Inmediatamente, su cara se enrojeció de la vergüenza.

La pareja de tórtolos se separó inmediatamente para ver al que irrumpió en el lugar, por supuesto, se sentían expuestos. Eran un desastre, sus ropas y cabello estaban desordenados, sus rostros estaban enrojecidos y ni hablar del bulto en sus entrepiernas.

—¡¿ACASO NO SABES TOCAR LA PUTA PUERTA?! —Gritó el cenizo, con rostro enrojecido, pero de la furia. Katsuki se preparó para ir hacia el rubio, quien no podía moverse de su lugar, estaba en trance por lo recién visto.

—¡T-toqué, pero no respondiste, así que-! —excusó Denki inmediatamente, con voz temblorosa, temeroso de que Katsuki se enojara más.

—¡¿Y entras así como así a un cuarto que no es tuyo, pendejo?! —Gritó nuevamente, mientras se acercaba hacia él con prisa.

—¡Katsuki! —llamó Izuku, mientras iba hacia él y lo rodeaba con sus brazos después, esperando que se calmara—. Tranquilo, no es su culpa.

Katsuki forcejeó, pero no logró soltarse.

—Suéltame, debo matarlo.

Pidió Katsuki con tono duro, estaba avergonzado y molesto de que fuera Denki quien los haya encontrado en esta forma.

—No es para tanto, tranquilízate, Kaminari no dirá nada, ¿verdad? —aseguró Izuku, dándole una mirada secretamente filosa a Denki, el cual concuerda efusivamente—. ¿Ves?

Katsuki dejó de forcejear, pero eso no impidió que le diera una última advertencia al rubio.

—Tú no has visto nada, ni se te ocurra abrir el hocico, pedazo de mierda —declaró, mientras apuntaba a él con su dedo índice.

—¡Entendido, no diré nada, Bakugo! —se disculpó y pronto se fue de la habitación, cerrando la puerta tras de sí con cierto estruendo.

Ya solos en la habitación —finalmente—, Izuku soltó a Katsuki, quien se alejó unos pasos y luego se colocó de cuclillas, dándole la espalda a Izuku.

—¿Katsuki? —llamó Izuku, acercándose con cuidado hacia el mencionado.

Entendía que ahora mismo Katsuki se sentía, por sobre todo, avergonzado y no quería decir o hacer algo que lo molestara más.

Katsuki solo contestó con un ruido ronco proveniente de su garganta, entonces, Izuku se colocó frente a su novio, igualmente de cuclillas y miró su rostro.

—Lo lamento, no me di cuenta de que habían tocado la puerta —se disculpó.

—No es tu culpa —aclaró Katsuki, sin alzar el rostro.

—¿Aún sigues enojado? —No hubo respuesta. Izuku intentó acercar su mano hacia Katsuki, pero este solo se encogió más.

—¿Puedes dejarme solo? —preguntó el cenizo.

—¿Sucede algo? —preguntó Izuku, con preocupación y por ello, bajó más su rostro, para poder ver el de Katsuki, que aún seguía sonrojado.

Katsuki mordió su labio y confesó—: Es que arrimaste tu bulto en mi culo y aún sigo excitado.

El carmesí volvió a colorear el rostro de Izuku, quien comenzó a tartamudear cosas sin sentido e incomprensibles.

—E-está bien, necesitas privacidad, así que me voy — con una graciosa voz aguda. Izuku se preparó para levantarse e irse, pero Katsuki lo tomó de la corbata del uniforme y lo atrajo hacia él enseguida, robándole un beso brusco.

Katsuki apartó a Izuku de él, porque sentía que no podría controlarse si este seguía aquí, donde podía tocarlo libremente. A pesar de haber tenido un faje con su novio hace unos segundos, era muy pronto para dar el siguiente paso con él.

—Ya vete, nos vemos después —indicó el cenizo de forma brusca.

Anonadado, Izuku se despidió con su mano y salió de la habitación de su nuevo novio. Estando fuera, siente su entrepierna palpitar con fuerza, recordándole que su erección seguía ahí y que debía calmarla sea como fuere.

—Oh, Dios... —Suspiró. Deberé llegar a mi cuarto sin que nadie me vea de esta forma, concluyó internamente, mientras tallaba su rostro.


Apenas hacía unos minutos que sus amigos habían venido a su habitación, para que les hablara sobre lo que había pasado con Katsuki, podía jurar que querían lujo de detalle, o por lo menos Ochaco.

—¿Y? ¿Cómo te fue? —preguntó Ochaco, curiosa.

Al recordar lo sucedido esta tarde, Izuku se sonrojó y parecía que humo salía de su cabeza. Aun no creía que habían sucedido tantas cosas en sólo unos quince o veinte minutos.

—Ay Dios, ¿por qué te pones así? —cuestionó Ochaco, pícara e intuyendo lo que había sucedido, después de todo, ella, junto con Shoto y Tenya, ya sabían del gusto de Katsuki hacia su amigo.

Por eso, más temprano, se encontraron tan tranquilos.

—B-bueno… —El pecoso vio a todos lados, ignorando las miradas sobre él.

—¿Son novios? —preguntó Shoto sin pelos en la lengua.

—Oh, vamos, no le preguntes así como así, capaz no sucedió nada y solo se disculpó —comentó esta vez Tenya.

Pero el rostro de Izuku lo delataba, era demasiado obvio.

—¡Vivan los novios! —gritó Ochaco, con entusiasmo y mientras aplaudía.

Izuku siseó, llevando un dedo a sus labios y pidiéndole a Ochaco que bajara la voz, lo cual ella entendió a la perfección.

—Hmm, sí, me pidió ser su novio y yo acepté, así que ahora somos novios —respondió, maquillando un poco lo sucedido y, a su vez, como si lo dijera para sí mismo, porque aún no se lo creía del todo.

—Guau. —Fue todo lo que pudo decir Tenya.

—Pero no le digan a nadie, por favor —pidió Izuku—, de hecho, ni siquiera le pregunté a Katsuki si podía contárselo a ustedes, ah Dios... —Llevó sus manos a su rostro.

—No te preocupes, no contaremos nada —aseguró Shoto, alzando un pulgar, acto que Ochaco y Tenya imitaron.

Izuku solo sonrió.


Más tarde, esa noche, se escuchó un pequeño golpeteo en la puerta de la habitación de Izuku, por lo que, extrañado, este fue a abrir con cuidado.

La luz de la luna que entraba por el ventanal del balcón, iluminaba débilmente al individuo fuera de la habitación.

—¿Katsuki?

—¿Puedo pasar?

—Claro —respondió Izuku, abriéndose paso y dejando a Katsuki entrar a la habitación.

En silencio, se entraron en la orilla de la cama del pecoso, uno al lado del otro, mirando a la pared.

—¿Puedo preguntarte por qué estás aquí? —preguntó Izuku, con timidez.

Hubo un breve silencio, luego Katsuki contestó—: La verdad es que ni yo lo sé, supongo que solo quería verte —confesó.

Las mejillas de Izuku se sonrojaron ligeramente, al igual que las del cenizo.

—Oh... —Es lo único que dijo.

Las mariposas bailaban por el estómago de ambos, haciéndolos sentir nerviosos. Izuku recargó su cabeza en el hombro de Katsuki, quien, en consecuencia, le imitó al apoyar su cabeza encima de la de él.

El pecoso soltó una pequeña risa de la nada, lo que llamó la atención de Katsuki.

—¿De que te ríes?

—Nada, es solo que de verdad me gustas —confesó, con una sonrisa.

—C-cállate —contestó Katsuki, avergonzado.

Izuku volvió a reír y es entonces cuando Katsuki entrelazó su mano con la de Izuku, quien dio un apretón.

—También me gustas —confesó Katsuki.

Izuku levantó su cabeza, provocando que Katsuki también lo hiciera, luego, llevó sus labios a los ajenos y los besó con calma, tomando el tiempo para dejarse llevar.