Devil's Temptation [One Shot - DekuKatsu]

Sinopsis

Ese ser tan perfecto fue creado para servir y ser sometido, pero él no lo acepta. Sus actos tienen consecuencias y termina en un lugar completamente diferente a su lugar de origen. Ahí se encuentra con un ser muy distinto a él, bastante intimidante pero la amabilidad de sus acciones lo desconcierta. ¿Se acercará a esa criatura? (Basado en la historia de Lilith y Lucifer)

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18+

Chapter 1

Abrió sus ojos y parpadeó varias veces en un intento por acostumbrarse a la iluminación del lugar. Alzó sus manos y observó sus dedos, volviéndose consciente de su propia existencia, pudo percatarse de la posición en la que se encontraba, acostado boca arriba, rodeado de vegetación. Tomó asiento y apreció con mayor detalle su desnudo cuerpo, observó su alrededor y poco a poco se incorporó.


Una vez que logró pararse sobre sus piernas, el conocimiento llegó a su cabeza; de repente fue capaz de saber su propio nombre, fue conocedor de sus "deberes y obligaciones", frunció el ceño al no estar de acuerdo con la mayoría.


Su creador era injusto.


No quiso pensar más en aquello y decidió explorar el jardín. Conoció diferentes especies de flora y fauna, a pesar de ser la primera vez que los veía, conocía sus nombres y tuvo una sensación de superioridad que le desagradó.


Pronto sintió hambre y se dedicó a buscar alimento, sabía que podía tomar cualquier fruto, excepto el fruto prohibido. Eso le parecía ridículo, sentía como si su creador jugara con él.


Recolectó un poco de fruta y se sentó debajo de un árbol para poderla degustar.


—Te encontré — dijo una voz, una que no conocía pero al mismo tiempo sonaba familiar.


Alzó su mirada y se topó con otro ser humano como él, de cabello y ojos negros, no lo conocía, sin embargo, sabía quién era y el porqué estaba ahí.


El otro se acercó a él con demasiada confianza.


—Veo que ya has conseguido nuestros alimentos — habló sonriente mientras intentaba tomar una uva.


El rubio le arrebató el fruto, dejando al de cabello negro bastante confundido.


—Fui yo el que se esforzó en conseguir estos alimentos, los conseguí con mi propio sudor y esfuerzo ¿Por qué debo darte mis alimentos? — preguntó molesto.


El otro tipo parpadeó sin entender —Porque fuiste creado para servirme y complacerme, a cambio yo te daré seguridad y protección — explicó aquello que ambos sabían desde que aparecieron ahí y abrieron sus ojos.


El rubio bufó con molestia —Yo puedo cuidarme solo, tampoco es como que haya muchos peligros en este jardín — dijo mientras cruzaba sus brazos —No estoy de acuerdo con lo que se me ordena, ambos fuimos creados como iguales, no tengo porque atender tus necesidades — habló firme y con seriedad.


El otro humano los observó indignado —Tenemos una apariencia similar, pero no somos iguales. Tú fuiste hecho para servirme y parir a mis hijos, yo fui hecho para cuidar de ustedes — explicó con seriedad.


El rubio no cambió su expresión de enfado —Ni siquiera sé tu nombre — dijo con fastidio.


El hombre suspiró —Mi nombre es Yo — se presentó tratando de permanecer tranquilo.


—Bien — dijo mientras descruzaba sus brazos —Te diré algunas cosas — dijo con su voz más tranquila —Creo que soy lo suficientemente capaz de vivir sin tu valiosa protección; Si quieres comer de mis alimentos, deberás ayudarme a recolectarlos; si quieres que engendre a nuestros hijos, tendrás que convencerme de que realmente fuimos hechos el uno para el otro y, lo más importante, somos iguales, ambos fuimos creados del mismo barro y polvo, ninguno está por encima del otro — habló con seriedad, pero tratando de estar relajado


Pudo ver el descontento y confusión en la oscura mirada del otro tipo, pero este no dijo nada más.


Así pasaron algunos días en el jardín, el rubio intentaba que ambos convivieran como iguales, pero Yo no ponía de su parte. El tipo aún parecía reacio a colaborar con él, casi no trabajaba y, cuando lo hacía, lo hacía de mala gana.


Para ambos era una situación frustrante.


Frustración que pronto se convirtió en incomodidad, pues entre más tiempo pasaban uno al lado del otro, parecía que Yo tomaba mayor confianza, comenzó con pequeños roces en el cuerpo del rubio, que pronto se convertían en caricias indiscretas que el hombre de ojos rojos siempre detenía.


Esa tarde en especial, Yo había estado muy insistente en tocar su cuerpo y, como siempre, el rubio se había negado a ser tocado.


Yo gruñó —¿Por lo menos me dejarás saber tu nombre? — preguntó con notable enojo.


El rubio ni siquiera se inmutó ante su enojo —No te has ganado ese derecho — dijo con simpleza mientras descansaba recargado contra el tronco de un árbol.


Yo sintió que había llegado a su límite. Tomó al rubio de sus muñecas y lo derribo, haciendo que el de menor tamaño quedara debajo de su cuerpo, sus ojos rojos reflejaban sorpresa.


—Soy un ser muy paciente, pero estoy comenzando a desesperarme contigo, sabes que soy superior a ti y puedo hacer que te doblegues ante mí — dijo con molestia, su rostro estaba muy cerca del rostro del rubio —Podemos hacer esto por las buenas o me obligarás a tomarte por la fuerza —


—Eres un maldito cobarde — dijo con enojo.


Yo apretó con mayor fuerza las muñecas del contrario, pero a pesar de eso, el rubio no se doblegó ni mostró dolor o debilidad.


El de cabello negro frunció su ceño —Como quieras — dijo para después besar y morder el cuello del rubio.


El hombre de ojos rojos sintió algo que sabía no era propio de un ser creado por su creador, odio. Sintió el odio florecer en su pecho y, sin pensarlo más, le dió un fuerte rodillazo al estómago de Yo.


El de cabello negro comenzó a toser y se vió obligado a soltar al otro.


—No voy a doblegarme ante ti — escupió con enojo.


Quiso decir mucho más, pero un sonoro estruendo lo silenció. El cielo se tornó gris y el viento sopló con fuerza, sabía que su creador estaba molesto y sabía que iba a ser castigado duramente, probablemente con la muerte.


Tragó saliva y decidió huir de ahí. Corrió sin saber a dónde dirigirse, pues su creador gobernada el jardín y conocía el lugar como la palma de su mano, ya que ese precioso lugar también había sido una de sus creaciones.


No supo en qué momento llegó hasta el borde de un acantilado por el cual descendía una cascada, el agua caía hasta desembocar en una laguna de aguas profundas.


Otro estruendo se escuchó y no lo pensó de nuevo, saltó a la laguna, si iba a morir, sería por su propia mano.


Despertó con un terrible dolor de cabeza, tosió un poco y agua salió de su boca, limpió sus labios con el dorso de su mano y decidió observar su entorno.


Estaba a la orilla de un río, la mitad inferior de su cuerpo aún se encontraba dentro del agua. El lugar se veía diferente al jardín, se veía más hostil e infértil.


¿A caso había muerto?


¿Era a caso esta la tierra de los no vivos?


Lo dudó.


Había demasiada vida al rededor como para ser ese lugar de muerte.


Salió del río y se puso de pie, pero al hacerlo pudo apreciar su desnudes y por primera vez sintió vergüenza, su rostro se sonrojó, miró a su al rededor y, al verse solo, la vergüenza disminuyó un poco.


Avanzó por tierra y cubrió su desnudes con algunas hojas que encontró.


Exploró el lugar en busca de comida, descubrió que las frutas no eran tan dulces como en el jardín y muchos animales eran hostiles, pues algunos habían intentado devorarlo.


Tuvo que buscar refugio para protegerse de los depredadores que querían alimentarse de su carne. Se refugió en una cueva que encontró, ahí pasó sus siguientes días. Fue consciente de lo calurosos que eran los días y lo frías que eran las noches. Aprendió a cazar y pescar para poder alimentarse, pues los árboles no rebosaban de frutas.


Definitivamente ya no estaba en el jardín, estaba intrigado por ese lugar, pues en ningún momento había tenido contacto con su creador, era como si estuviera solo.


O al menos así se sintió las primeras 3 semanas, pues al pasar ese tiempo, comenzó a sentirse observado. Al principio pensó que era su creador, pero sabía que no era así, lo que sea que lo estuviese observando ya no era un ser de luz.


Una tarde, mientras pescaba con una lanza dentro de un río, sintió aquella mirada sobre él, se sentía más pesada, como si esa presencia estuviera más cerca de él.


Intenta ignorar esa presencia que lo persigue y poner atención en lo que hace.


Logra capturar un par de peces y decide salir del cuerpo de agua, pero cuando recarga una de sus manos sobre una gran roca, su palma resbala, siente un fuerte dolor que lo hace soltar su lanza con el pescado y con su mano libre toma su muñeca para observar su herida.


Es la primera vez que siente ese tipo de dolor, es la primera vez que ve su propia sangre salir de su cuerpo. Inevitablemente sus ojos se llenan de lágrimas por el recién descubierto dolor de una herida sangrante.


—¿Te encuentras bien? —


Su cuerpo se estremece por la sorpresa, había creído que él era el único de su especie en ese lugar. Levanta su rostro y sus ojos llorosos buscan al dueño de dicha voz, cuando lo encuentra, no puede evitar soltar un jadeo por la sorpresa.


A unos cuantos metros de él logra ver una enorme figura, una criatura con una apariencia similar a la suya, tiene cabello rizado y enormes ojos verdes, sus mejillas cubiertas de lunares le recuerdan al cielo nocturno, pero las enormes alas negras y los cuernos de carnero le advierten que no es algo igual a él.


El rubio traga de su propia saliva en un vago intento por desaparecer el nudo que se ha formado en su garganta, abre su boca para hablar, pero nada sale, se siente de piedra en ese instante.


La criatura desconocida avanza lentamente hasta quedar a un par de pasos de él, le regala una amable sonrisa, dejando al descubierto sus filosos colmillo, y le extiendo su mano de manera educada, mano con largas y filosas garras.


—¿Puedo ver tu herida? — pregunta lo más amable posible.


El rubio duda en extender su brazo y mostrar su herida, pero ve un leve destello de preocupación en los ojos verdes del contrario y decide darle su mano herida.


El rubio lo sigue sin saber porqué, debería de estar huyendo de ahí, justo ahora ha visto la delgada cola con punta de flecha que sale de la espalda de la criatura, pero parece que sus piernas de niegan a irse. Se deja guiar hasta aguas más profundas, el agua le cubre hasta las caderas y se detiene cuando la criatura lo hace.


—Aquí está bien — dice de nuevo con una sonrisa amable en su rostro.


Ambos están uno frente al otro, la criatura de cabello rizado sumerge la mano del rubio en el río y comienza a limpiar la sangrante herida con su mano libre.


El joven suelta un gemido de dolor e intenta retirar la mano, sin embargo, el agarre que sostiene su muñeca es fuerte y no puede librarse de él.


—Tranquilo, te prometo que no pasará nada — dice con voz calma para tranquilizarlo.


Nadie dice nada más.


La criatura parece terminar su labor, pues saca la mano del rubio del río, pero en ningún momento suelta el agarre.


—Necesito vendar tu herida — le dice mientras observa directamente los ojos rojos del pequeño ser que lo observa con un poco de temor.


El rubio asiente y siente que su mano es soltada, observa como la criatura desgarra parte de su propia ropa, dejando su torso desnudo, sostiene la tela de color negro con una de sus manos mientras vuelve extender su mano libre hacia el rubio, pidiéndole en silencio que vuelva a darle su mano herida.


El chico vuelve a darle su mano, la cual vuelve a ser tomada con delicadeza por esa intimidante criatura. Observa con curiosidad como el ser alado envuelve la tela al rededor de su mano, el amarre es firme pero suave a la vez.


El rizado termina de vendar la herida y sonríe, pero en vez de soltar la mano del rubio, acerca sus labios a los nudillos de la blanquecina mano y deposita un fugas beso.


El chico siente sus mejillas calientes y siente su corazón agitarse con fuerza, como si hubiera corrido por horas.


—Deberías tener más cuidado — dice cuando por fin suelta la mano del contrario —Morir es muy fácil — agrega con su voz tranquila.


El rubio observa la mano vendada y por instinto la lleva a su pecho.


—Fue un descuido — le contesta sin saber el porqué —No volverá a pasar — dice con el ceño fruncido.


Los ojos verdes brillan ante la actitud del más jóven y sonríe —Me alegra, no me gustaría que algo te pase —


Aquello molesta al rubio —Sé cuidarme solo — dice con enojo para después darse la vuelta y caminar hacia la orilla.


La criatura lo sigue mientras sonríe divertido —Lo sé, te he visto — dice con tranquilidad mientras ve al rubio llegar a la orilla.


El joven se detiene y voltea a ver a la criatura que se encuentra a algunos pasos de él —Eras tú — lo señala de manera acusadora con su dedo índice —Tú eres el que me ha estado observando — dice con el ceño fruncido.


El de cabello rizado asiente —Me pareces una criatura muy interesante — dice mientras se acerca al rubio, acortando la distancia entre ellos.


El de ojos rojos gruñe, no parece intimidado, una parte de él le dice que esa criatura no va a dañarlo.


—Esa no es razón para espiarme — dice molesto.


El más alto ríe divertido —Lo sé — dice con una tranquilidad que logra molestar aún más al rubio —Pero también tenía curiosidad, quería saber por qué una criatura como tú estaría en la Tierra, lugar de los desterrados — cuestiona con un poco más de seriedad.


El rubio parpadea un par de veces, la comprensión le llega de golpe y se siente estúpido por no haberse percatado de que se encontraba en ese lugar, pero varias preguntas comienzan a formarse en su cabeza.


¿No se supone que él huyó del jardín?


¿Él fue desterrado?


¿El creador le había perdonado la vida a cambio del destierro?


El de cabello rizado observa la confusión y las dudas en el jóven, una mueca se forma en sus labios, no le gusta verlo de esa manera.


—Supongo entonces, que también eres una obra del creador — dice con tanta seriedad que llega a asustar al rubio, aún así, este asiente —Ya veo — dice mientras coloca una mano en su mentón —Si estás aquí, significa que desobedeciste — concluye.


El rubio frunce el ceño al recordar porqué huyó, pero asiente —Lo hice — dice con seriedad.


Siente como los largos dedos de la criatura lo toman de la barbilla y alzan su rostro, esos grandes ojos lo observan de una manera que lo hacen sentir desnudo sin siquiera estarlo.


—Sin embargo — habla mientras se aleja un poco —No parece que tu apariencia haya cambiado o mutado de la original — habla para sí mismo mientras observa de pies a cabeza al joven.


De nuevo siente sus mejillas calientes al sentirse observado, pero algo en esas palabras le hace comprender algunas cosas. De repente, información que estaba en su cabeza parece desbloquearse, información que había sido puesta ahí por su mismísimo creador.


Da un paso hacia atrás y traga saliva, por primera vez se siente realmente intimidado.


El hombre de cabello rizado nota el cambio de actitud y se siente confundido.


—Eres tú — dice con seguridad a pesar del temblor de sus manos —Eres ese que algunas vez fue El portado de la luz —


El mayor forma una mueca en descontento al comprender la actitud del rubio, debió suponer que el creador les habría advertido de él.


—Así es — afirma tranquilo —Y no todo es como se te ha contado — dice con seriedad —Si estás aquí por desobedecer, sabrás que el creador no es tan justo como se cree —


El rubio desvía la mirada, avergonzado de juzgarlo cuando él mismo estaba en la Tierra por destierro, por no haber cumplido su deber para el que fue creado.


El de ojos verdes sonríe por la adorable reacción del otro, toma de nuevo la mano herida y deposita otro beso en sus nudillo.


—Debo retirarme — dice sin muchas ganas, pues era cierto que tenía deberes, ese imperio que ha estado formando no se terminará solo, pero una parte de él desea seguir al lado de esa maravillosa criatura.


El joven lo observa con un destello de preocupación en su ojos rojos —¿Volveré a verte, Lu... — pero el pulgar que se posa en sus labios no lo deja terminar de hablar.


—Por favor, no uses ese nombre — separa el pulgar de los labios del rubio y acaricia con el mismo la mejilla del joven, sintiendo la suavidad de la piel aterciopelada —Ni siquiera es mi nombre, a lo largo de los años, se me ha llamado de muchas formas, menos por mi propio nombre — explica con tranquilidad.


—¿Cuáles tu nombre? — pregunta con genuina curiosidad.


El hombre alado niega con la cabeza —Los nombres tienen poder, en especial en criaturas como nosotros — habla refiriéndose a él y a sus demás compañeros —No te daré mi nombre, al menos no aún — dice con una amplia sonrisa.


El rubio frunce el ceño —Entonces ¿Cómo debo llamarte? — pregunta con un poco de irritación en su voz al no haber obtenido la respuesta que deseaba.


El rizado vuelve a acariciar la mejilla del chico, eso comienza a ser adictivo, acerca su rostro al del menor para poder observar sus hermosos ojos rojos —Te permito darme un nombre, uno que solo tú puedas utilizar —


El menor lo piensa un poco mientras mira los enormes ojos verdes —Deku — logra susurrar.


—¿Deku? — cuestiona divertido.


El rubio asiente —Por inútil — dice con una sonrisa de lado.


Lejos de molestar al mayor, este se ríe ruidosamente por la ocurrencia del más pequeño.


Definitivamente ese chico tiene toda su atención.




Hacía mucho que Deku había sido desterrado por rebelarse en contra de su creador.


Había convencido a un tercio de los guerreros que servían a su creador para que pelearan a su lado, fue una guerra larga y difícil, una que culminó con su derrota y destierro. Él y sus seguidores fueron arrojados a la Tierra, en el proceso todos sufrieron un cambio radical en sus apariencias, adquiriendo formas bestiales y aterradoras, Deku fue el único que no tuvo cambios significativos, con dientes y agarras afiladas, cuernos de carnero, alas de dragón y esa larga cola puntiaguda.


Adaptarse a la Tierra no fue tan difícil como pensó, quizás lo difícil fue crear un orden.


Al inicio, todos peleaban contra todos, pues al perder la guerra la gran mayoría le dió la espalda, culpándolo a él de su destierro. Algunos lo desafiaron, obligándolo nuevamente a mancharse las manos de sangre, pero está vez sin tener buenas razones para hacerlo. Le costó mucho que los demás volvieran a respetarlo, sabía que algunos lo respetaban pero otros simplemente le temían.


La Tierra era un lugar sin reglas, donde los desterrados llegaban a morir, pero la mayoría de sus compañeros ocupó la Tierra  para dar rienda suelta a sus inhibiciones, aún le parecía increíble la cantidad de cosas que hicieron y el nulo remordimiento que demostraban; las violaciones, hurtos y asesinatos entre ellos mismos se volvieron algo cotidiano.


Deku intentó controlar la situación, sabía que no podría erradicarla, pero por lo menos logró moderarla. Recientemente había encontrado un lugar al que llamó El Abismo, un lugar oscuro y sombrío, pero al mismo tiempo era poseedor de un calor tan abrazador que podía llegar derretir la piel de cualquier criatura, descubrió que él y sus compañeros podían tolerar esas condiciones, así que estaba preparando todo para que habitaran ese lugar, no quería seguir en la Tierra, pues sabía que su creador aún podía vigilarlos.


Deku se tomó en serio su papel de líder y fue muy diligente con la preparación del Abismo, sin embargo, la aparición de esa bella criatura de ojos carmín se robó toda su atención. Al principio intenta ignorar a tan perfecto ser, pero con el paso del tiempo ignorarlo se vuelve casi imposible. Está intrigado, quiere saber qué hace ahí, cómo llegó sin ser detectado, quiere saberlo todo, no, en realidad necesita saberlo todo.


Al principio no reconoce la sensación que se instala en todo su cuerpo, pues, a pesar de haber presenciado los actos tan impuros de sus compañeros, jamás había sentido la necesidad de sucumbir ante tales actos; no es hasta que ve al precioso rubio que todo su cuerpo le implora tocar ese delicado ser. Quiere tocarlo, sentirlo, probarlo, quiere hacer tanto que se avergüenza de sólo pensarlo, la sensación es nueva y la idea de caer en la tentación de la lujuria es cada vez más apetecible.


Él considera que su único pecado fue rebelarse ante su creador y provocar esa terrible guerra, pues ninguna otra "mala acción" había atraído su atención. Pero ese rubio despierta muchos instintos en él, que llega a desconocerse. Como aquella vez que encontró a uno de los suyos espiando al rubio mientras este se aseaba en el río, ver la lujuria en los ojos de ese imbécil mientras devora al joven con la mirada le da asco y lo molesta al punto de arrancarle la cabeza al maldito que se atrevió a mirarlo con tan impuros ojos, no siente remordimiento al hacerlo, sólo un profundo enojó y el deseo de devorar él mismo al pequeño rubio que se asea sin tener conocimiento de lo que ocurrió entre las sombras. Deku entonces teme de él mismo y de lo que es capaz de hacer por esa hermosa criatura.


Pero a pesar de todo, se niega a separarse de él. Para Deku, el mejor momento del día es cuando se acerca al rubio y conversan durante horas, hasta que el sol se oculta o hasta que el precioso chico se queda dormido. Es entonces cuando puede tocarlo, acaricia la suave piel de sus mejillas o brazos, no se atreve a tocar más, a pesar de que su cuerpo grita por tocar cada parte de la blanquecina piel, al final termina alejándose para no realizar actos que incomoden al menor.


No quiere que el chico lo odie sino todo lo contrario, por eso comenzó a darle obsequios, como esa misma tarde que le ha regalado ropas para que ya no tenga que cubrirse con hojas.


—Me siento ridículo — dice con sus mejillas sonrojadas mientras toma la blanca tela entre sus dedos.


Deku lo observa con atención, la parte inferior de la vestimenta no es muy larga, dándole una perfecta vista de las largas piernas del rubio, mientras que la parte superior es holgada y deja a la vista parte de sus hombros y pecho, está tan tentado a morder esa piel expuesta, pero en vez de eso, muerde su labio inferior y se obliga a reprimirse.


—Luces hermoso — se limita a decir.


La cara del rubio se torna completamente roja —Cierra la boca — dice con un puchero en sus labios, cosa que le parece totalmente adorable al rizado.


Ríe levemente mientras se acerca y toma el mentón del rubio para obligarlo a ver sus ojos, acción que se ha vuelto una costumbre entre ambos —¿Vas a callarme sólo por decir la verdad? — cuestiona con tranquilidad y sin borrar la sonrisa de su rostro.


El rubio niega con la cabeza —Te callo por decir tonterías — dice con aparente tranquilidad.


Para el chico de ojos rojos también ha sido difícil ignorar todo lo que ese intimidante ser provoca en él.


Al principio le temía, con solo verlo sabe que ese ser es capaz de asesinar a cualquier bestia sin ningún esfuerzo, pero Deku lo ha tratado tan maravillosamente que ese temor rápidamente se convierte en interés. Desde el inicio, Deku lo a tocado con respeto y delicadeza, nada comparado a los toques que Yo le dio en el jardín. En ocasiones, incluso Deku pregunta si le permite tocarlo, él siempre acepta sus toques pues sabe que no hará nada indiscreto, la mayoría de las veces el de ojos verdes acaricia sus mejillas o besa sus manos, eso le gusta, pero no piensa admitirlo en voz alta.


Poco a poco el deseo de ser tocado por esa criatura incrementa, quiere que Deku lo toque un poco más, necesita que bese más que solo sus manos.


Pero no sabe cómo pedirlo o si debe pedirlo.


Deku deja salir una pequeña risa mientras pasa el dorso de sus dedos por la mejilla derecha del menor —No son tonterías — su expresión se vuelve un poco más seria antes de hablar —De verdad eres hermoso — sonríe mientras toma el rostro del chico entre sus manos y masajea ambas mejillas con sus pulgares.


El rubio tiene que tragar saliva para pasar el nudo que se ha formado en su garganta, su corazón palpita desbocado y sabe que su rostro debe de estar completamente rojo. Quiere decir algo, cualquier cosa, pero al abrir sus labios no sale ni un sonido. Entra en pánico al sentir como las manos de Deku se mueven para despegarse de su rostro, entonces decide soltar el aire que ha estado conteniendo en sus pulmones, cierra sus ojos y toma una de las manos del mayor entre las suyas antes de que se retire por completo de su mejilla, presiona la palma contra su propia piel y abre sus ojos en busca de la mirada del mayor.


Deku lo observa atento, su mirada refleja desconcierto y confusión, el rostro del rubio aún sigue rojo. El menor mueve su rostro, sin apartar su mirada de los ojos verdes y deposita un beso en la palma de la mano del demonizado ser.


El de cabello rizado se sonroja, cierra sus ojos y trata de tapar su rostro con su mano libre mientras intenta darle sentido a las acciones del menor.


¿Es eso agradecimiento por la vestimenta que le ha regalado o es una invitación a algo más?


Definitivamente espera que sea lo segundo, pero no quiere interpretar por su cuenta las acciones del rubio, no quiere incomodarlo.


En algún momento, ese hermoso ser humano le habló sobre el propósito de su creación y como su compañero del jardín había intentado obligarlo a cumplir su deber, cabe mencionar que se llenó de ira al saber el trato que el otro humano le dio a su adorado rubio, ya incluso se encontraba planeando una venganza en contra de él, Deku no parará hasta que ese infeliz sea castigado.


Es por esa razón que ha decidido no tocar de más al menor, no quiere obligarlo a nada que él no quiera.


Pero la sensación de esos suaves labios contra la aspereza de su propia piel le hacen las cosas difíciles. Quiere besar cada centímetro del cuerpo del menor, probar esa delicada piel, morderlo hasta hacerlo gemir, tantas cosas se reproducen en su cabeza, su deseo incrementa, pero no puede, no debe.


Agita su cabeza e intenta alejar su mano, pero el rubio no se lo permite.


—Deku — lo llama, pero el mayor no lo deja hablar.


—No — habla severo —No hagas eso — dice mientras retira su mano.


El rubio frunce sus cejas con molestia —¿Por qué? — pregunta dejando notar el enojo en su voz.


—Porque no — es lo único que dice antes de darse la vuelta y comenzar a caminar.


El menor deja salir un gruñido de frustración, sabe que el mayor está intentando huir —¡Eres un cobarde! — le grita con enojo al sentirse rechazado.


Deku se detiene, mira por sobre su hombro al pequeño rubio, observa sus bellos ojos rojos y puede ver algo en la mirada del rubio que no logra identificar con exactitud ¿Enojo? ¿Tristeza? ¿Decepción? No sabe, lo único que sabe es que no quiere eso en el jovén.


Regresa su mirada al frente para dejar de ver al rubio y suspira —Quizás lo soy — admite mientras mira al cielo, el atardecer está cerca.


Escucha los pasos del otro sobre la hierva que crece en el suelo, siente como una de las manos del chico se posa sobre su espalda, mientras la otra acaricia una de sus alas, siente como deja tímidos besos sobre toda la zona. Cierra los ojos y disfruta la sensación.


—Deku — lo vuelve a llamar al tiempo que detiene el camino de besos que traza en su cuerpo.


Deku suspira —No empieces algo que no estoy seguro que pueda parar después — advierte aún sin mirarlo.


Un fuerte sonrojó golpea el rostro del chico al escuchar las palabras del mayor. Pasa saliva por su garganta y lentamente pega más su cuerpo al del otro.


—¿Y si no quiero que pares? — pregunta despacio.


Deku lo escucha y reprime un jadeo, su cabeza intenta procesar lo que escucha salir de esos preciosos labios.


Pero debe ser firme —¿Y si te arrepientes? — pregunta con seriedad.


—¿Y si no lo hago? — pregunta de vuelta.


—¿Y si sí? —


El rubio gruñe y se separa —¡Sólo dime qué no quieres! — grita con molestia.


Deku se gira al escucharlo gritar, lo observa y siente a su corazón partirse, su hermosa criatura tiene una expresión de dolor en el rostro y sus ojos acuosos, sabe que es lo suficientemente orgulloso como para no llorar frente a él, pero el sentimiento está ahí.


El menor vuelve a gruñir ante el silencio del contrario —¡Sólo recházame de una vez y deja de hacer que me humille tanto! —


Deku se acerca despacio y lo abraza, el rubio se remueve molesto entre sus brazos, pero al final termina cediendo ante el abrazo, el mayor acerca su rostro al menor y deposita un beso en la cabeza del rubio.


—No quiero lastimarte, no quiero obligarte a nada que no quieras — confiesa sus temores.


El rubio gruñe una vez más —¿Te parece que soy del tipo al que obligan a hacer cosas que no quiere? — pregunta mientras lo observa con el ceño fruncido.


—Para nada — es lo único que atina a decir, en realidad él mismo sabe que no tiene muchos argumentos para resistirse.


El rubio bufa y se traga su orgullo —Quiero que me beses, quiero que toques cada parte de mí, quiero sentirte en mí — dice eso último con el rostro totalmente sonrojado, incluso parte de sus hombros y orejas están teñidos de ese color.


Deku muerde su labio inferior mientras sus ojos brillan con deseo, ese pequeño es su más grande tentación —¿Estás realmente seguro de eso? — pregunta más por educación.


—No me hagas repetirlo — dice con un puchero en sus labios.


Deku sonríe, acerca su rostro al del menor y captura entre sus dientes el labio inferior del chico, puede sentir como el cuerpo del rubio se estremece y eso sólo hace que su sonrisa se haga más amplia.


Definitivamente va a devorar a ese hermoso rubio.




Aprieta sus labios con fuerza, pero aún así no puede dejar de gemir.


Su espalda desnuda está pegada al tronco de un árbol al cuál intenta sostenerse con sus manos, pero el frenético movimiento de las caderas de Deku contra su cuerpo no le permiten afianzarse a nada.


Intenta abrir sus ojos, pero cada que lo hace solo puede sentir como estos se ponen en blanco de manera involuntaria por el placer que está experimentando en este momento.


No siente sus piernas, pero supone que es por la posición, la parte interna de sus rodillas se encuentran sobre los hombros de Deku, el pecoso hombre lo tiene bien sujeto contra el árbol, su mano izquierda se encuentra afianzada a su cadera mientras que la derecha aprieta con fuerza uno de sus muslos.


Gime fuertemente al sentir como el miembro del mayor toca un punto en su interior que lo hace ver las estrellas de cerca, el pecoso hombre lo nota y se concentra en golpear ese punto.


—Eres increíble — escucha la rasposa voz de Deku antes de sentir como volvía a besar su cuello.


Otro sonoro gemido escapa de sus labios sin poderlo evitar —Deku — logra llamarlo entre jadeos, sus manos dejan de insistir con aferrarse al árbol y se enredan en el cabello verdoso.


De repente siente como las embestidas bajan de intensidad hasta detenerse, Deku sale de su interior y una sensación de vacío lo invade, el de cabello rizado baja las piernas del rubio de sus hombros y las coloca al rededor de su cadera, el cuerpo del menor da un respingo al sentir como la cola del mayor se enredan en una de sus piernas, Deku pone sus grandes manos sobre los glúteos del más pequeño y lo sujeta con fuerza, en un rápido movimiento ahora es Deku el que está recargado contra el árbol, se desliza lentamente por el tronco hasta quedar sentado sobre el césped.


El rubio lo observa expectante, los rayos naranja del atardecer chocan contra el rostro del pecoso, el jovén queda hipnotizado por la belleza de ese ser. Deku le sonríe, dejando a la vista esos filosos colmillo que ya le han dejado bastantes marcas en la piel.


El mayor se acerca nuevamente y lo besa de manera salvaje, el rubio enreda de nuevo sus dedos en el cabello rizado mientras intenta igualar el ritmo del beso.


Cuando se separan, se observan mutuamente, respiraciones agitadas, cabellos desalineados, labios hinchados y marcas rojas por todo el cuerpo. Sonríen satisfechos con la vista que tienen.


—Izuku — dice el mayor una vez que su respiración se calma.


El rubio lo observa sin entender.


Deku ríe levemente —Izuku es mi nombre — confiesa, el rubio siente su corazón palpitar con emoción e Izuku amplía su sonrisa —Ese es el nombre que vas a gemir de ahora en adelante — dice al mismo tiempo que levanta al rubio y lo penetra de nuevo.


El chico gime en alto, suena casi como un grito, y se aferra al cuerpo del mayor, su mente parece tardar en asimilar lo que está pasando, está más concentrado en sentir placer que en pensar coherentemente.


—Izuku — gime al recordar el nombre, el nombrado sólo sonríe sin detener sus movimientos.


El raciocinio, que parece haber abandonado al rubio, regresa levemente. Da un fuerte tirón a las hebras de cabello que están entre sus dedos y aprieta sus piernas, obligando al mayor a detenerse.


—¿Qué pasa? — pregunta en medio de jadeos, pero con preocupación, tiene miedo de que el pequeño se haya arrepentido de continuar.


El jovén intenta regular su respiración, cuando parece que lo logra, se acomoda mejor, suelta las caderas de Deku y recarga sus rodilla a los lados del mayor; sus manos sueltan el rizado cabello y se posan en los fuertes hombros de su acompañante.


Sin previo aviso, toma uno de los cuerno del pecoso y lo empuja hacia atrás, pegando su cabeza al tronco del árbol. Deku lo observa confundido, el rubio alza su rostro, sus brillantes ojos rojos observan el rostro del pecoso y una sonrisa ladina se posa en sus labios.


—Katsuki — dice sin borrar su sonrisa.


Deku lo observa con asombro.


—Soy Katsuki — suelta el cuerno del mayor y lleva su dedo índice a la barbilla de Deku —No lo olvides — le dice antes de levantar sus caderas haciendo que el miembro del mayor salga casi por completo de su interior y después se deja caer, dándole un fuerte sentón.


Izuku jadea con fuerza mientras aprieta las caderas del rubio, intentando no lastimarlo con sus garras. Quiere moverse y embestir con dureza ese pequeño cuerpo, pero Katsuki ejerce presión sobre sus hombros y le impide moverse.


—Eres cruel — logra articular con esfuerzo la palabra, pues siente que pierde el aliento cada que ese perfecto ser se deja caer sobre su miembro.


Katsuki solo le sonríe.


Deku está fascinado por lo maravilloso que es ese carnal encuentro, y no es el único, Katsuki se siente extasiado, la sola idea de pensar que tiene cierto control sobre ese ser tan perfecto y poderoso lo excita más de lo que debería.


Katsuki sabe que fue creado para complacer y por eso sus instintos lo llevan a ser sumiso en un inicio, pero ahora que siente que tiene control sobre Izuku no quiere volver a estar debajo nunca.


Se encarga de mover sus caderas en diferentes direcciones, probando y explotando las reacciones de su amante y las suyas mismas, las mueve en círculos, de adelante hacia atrás y por último las sube y baja de manera desigual, subiendo el lado izquierdo y luego el derecho y cuando baja primero baja el izquierdo y luego el derecho, como si imitara el movimiento del agua. Ve a Izuku poner los ojos en blanco cada que se mueve, no puede evitar lamer los labios del pecoso cada que este los muerde.


Izuku entierra sus garras en la piel del rubio, acción que hace gemir al menor, acerca su rostro al blanquecino pecho del jovén y se dedica a besar y morder cada parte de él.


—Katsuki — dice mientras le da leves mordidas a uno de los pezones del rubio —Creo que estoy cerca —


Katsuki entiende, entierra sus uñas en los hombros del mayor y aumenta la velocidad de sus movimientos, todo se vuelve errático y salvaje, hasta que Izuku deja escapar un fuerte gemido que suena casi como un gruñido y Katsuki siente como su interior es llenado deliciosamente por el tibio líquido de la semilla del mayor. La agradable sensación lo hace terminar sobre el pecho de su acompañante, en el mismo momento en el que el sol se oculta y quedan cubiertos por el manto de la noche.


Izuku abraza al rubio antes de que este se desplome por el cansancio, ambos vuelven a observarse, jadeantes, sudados y satisfechos, se sonríen mutuamente y se acercan para besarse, pero ahora es un beso diferente, uno menos exigente y más romántico.


El tiempo no perdona y pasa rápidamente, aquel encuentro carnal entre humano y demonio fue sólo el primero de muchos otros, una vez que empezaron, no hubo nada que pudiera detenerlos. Se entregaban mutuamente cada que podían, no importaba el lugar o la hora.


Ni siquiera se detuvieron cuando el vientre del rubio comenzó a hincharse.


La noticia no los toma por sorpresa, pues no tienen idea de la cantidad de veces que han sucumbido a sus deseos carnales, era algo que ya venían venir.


Quizás lo único que sorprende a Deku es el hecho de haber podido engendrar su descendencia en el humano, pues, a pesar de ambos ser obras del creador, no son de la misma especie, supuso que ese sería un obstáculo, le alegra que no sea así, pues el saber que su Kacchan carga con sus hijos le fascina.


Pero al notar como pequeños cuernos de cabra comienzan a crecer en la cabeza de su pareja, es que entiende que ahora son seres iguales, supone que el hecho de que esa perfecta creación entregara su cuerpo al rival de su creador es motivo de demonización.


Para Izuku eso no es más que una preocupación menos, pues había tenido el temor de perder a su bella pareja en algún momento, ni siquiera se lo habría podido llevar al abismo, la demonización de su Kacchan es un alivio, aunque el rubio se queje de la comezón que le provoca el crecimiento de los cuernos.


Kacchan, esa es la manera en la que él lo llamaba, así como el rubio lo llama Deku, pues ambos son conscientes de que no pueden utilizar su nombres reales frente a otros seres, los nombres tienen poder. Esos apodos se vuelven exclusivos de ellos, pues a Izuku lo siguen llamando por diferentes nombres, mientras que a Katsuki comienzan a apodarlo Lilith, según palabras de sus seguidores, lo llaman así por ser un espíritu libre. A Katsuki le da igual como lo llamen los demás, sólo le importa que Izuku lo siga llamando por su verdadero nombre durante la intimidad.


—¿En qué piensas? — esa dulce voz lo saca de sus pensamientos.


Izuku estaba sentado en el suelo, con su espalda apoyada en el tronco de un árbol y sus alas reposaban a sus lados, miraba el cielo sin realmente verlo, estaba perdido en sus pensamientos, pero cuando su adorado amante lo llama es que pone toda su atención en él. Katsuki luce hermoso con ese redondo vientre; su túnica, que ahora es adornada con telas traslúcidas, lo hacen seguir siendo una tentación para él y ver ese blanquecino cuello lleno de marcas rojas lo hacen querer devorarlo de inmediato.


—En que no me arrepiento de haber ocasionado la más grande guerra hasta ahora ya que gracias a eso pude conocerte — dice con voz tranquila y con una sonrisa en sus labios.


Katsuki ríe mientras se acerca a su amante, se sienta sobre el pecoso, con sus rodillas a los lados del cuerpo del mayor y pasa sus manos por detrás de su cuello, quiere abrazarlo pero su abultado vientre no permite un acercamiento tan estrecho.


—Que romántico — le dice divertido mientras sus dedos juegan con el cabello rizado del mayor.


Deku ríe y besa los labios del rubio de forma fugaz —Sabes que mataría por ti, mi amor — dice antes de volver a besarlo, pero está vez de manera más lenta y amorosa mientras acaricia la espalda del rubio con sus manos.


Katsuki rompe el contacto después de un rato y sonríe —Hablando de tus fechorías por mi causa, acabo de ver a un idiota que pensé jamás volver a ver, él y otro humano de pecho muy redondo andan por la Tierra, parece que no tienen idea de lo que hacen — ríe con burla al recordar el semblante de ambos humanos mientras buscaban con qué tapar su desnudes.


Deku ríe —Sorpresa — dice mientras se encoge de hombros.


Había estado planeando su venganza en contra de ese humano de cabello negro por haber maltratado a su precioso rubio, había estado espiando el jardín hasta que encontró la debilidad del hombre, un humano diferente a ellos, lo llamaban mujer y, por lo que se enteró, había sido creada a partir de la costilla del hombre.


Le desagradaba lo parecida que era esa criatura a su Kacchan, con el cabello rubio cenizo en punta y ojos afilados, solo que los de ella eran azules, supuso que no podían ser completamente iguales; tenía pecho redondo y caderas muy amplias. A Deku le molestaba que un ser tan parecido a su amado fuera tan sumiso con el otro humano, por eso la utiliza para que ambos sean desterrados del jardín. Envía a uno de sus seguidores que tiene la habilidad de cambiar de forma para convencer a la rubia de comer el fruto prohibido y así profanar el jardín.


No le sorprende que su plan tenga éxito, le sorprende lo rápido que ha sido, esperaba que su seguidor tardara un par de meses más en lograr su cometido.


Katsuki rueda los ojos —Es agradable ver sufrir al idiota, pero me molesta que se pasee por aquí — admite con un puchero en sus labios.


—Para ser honesto, no los esperaba aquí tan pronto — explica el de ojos verdes —Esperaba que llegaran mucho después del nacimiento de nuestro hijo —


—Supongo que adelantaremos nuestra partida al abismo — infiere el rubio.


Deku sabe que Katsuki no está muy contento de abandonar la Tierra, pues le gustan los atardeceres que esta les brinda.


—Puedo matarlos y quedarnos la Tierra para nosotros — sugiere mientras toma las manos del rubio y deposita besos en sus nudillos.


Katsuki sonríe y niega con la cabeza —Me agrada este lugar, pero no me gusta ser vigilado — admite con molestia, sabe que su creador los observa todo el tiempo, no le gusta.


Izuku toma la barbilla del menor entre sus dedos y sonríe, dejando a la vista sus largos y filosos colmillos —Entonces me esforzaré por que el abismo sea un lugar digno de ti — besas los labios del rubio.


Katsuki sonríe en medio del beso y se separa un poco —Cualquier lugar será perfecto siempre que estés a mi lado — siente el roce de los labios del contrario al decir esas palabras.


—Te amo — le dice antes de volver a besarlo, pero está vez el beso es más profundo y apasionado.


El rubio se separa, intenta regular su respiración mientras observa los brillantes ojos verdes del contrario, conoce esa mirada, sabe cómo terminará ese encuentro y sonríe solo de pensarlo.


—También te amo, Izuku — susurra el nombre, pero lo dice lo suficientemente alto para que su amante lo escuche.


Izuku besa a Katsuki con tanto amor y devoción, dejándole en claro su sentir a ese pequeño ser que es su tentación y perdición, pero que no cambiaría por nada.


Y así ambos comienzan ese tentador juego previo de roces y caricias para poder entregarse mutuamente y consumar ese deseo carnal que tienen el uno por el otro.