You're the devil in disguise
Izuku Midoriya ha Sido un aclamado cantante, compositor y actor de la última década. Una estrella con un ascenso impactante ante el público, tan grande que incluso ha Sido apodado como El Rey del Rock and Roll.
Pero, después de regresar de su servicio militar, ha pasado por una mala racha. Siente que ni él ni su manager han tomado buenas decisiones y ha Sido victima de burlas por parte de los medios, los cuales han ridiculizando su trabajo actoral y musical.
Se siente frustrado, pues es como si aquella chispa que lo caracterizaba lo hubiese abandonado.
—¿Vas a ordenar algo? —
Izuku parpadea, aquella pregunta lo ha sacado de sus pensamientos pesimistas.
—Yo... — con nerviosismo intenta leer la cartilla que previamente se le había entregado.
Ha estado tan decaído por los fracasos en su carrera, que parecía estar pasando por un bajón emocional, encerrado y desmotivado. Pero ese día fue diferente, algo dentro de él lo impulsó a salir de ese círculo depresivo que lo mantenía atado a la cama. Tomó una gorra de béisbol y unos lentes de sol, en un improvisado intento por ocultar su identidad, y condujo su auto hasta el primer restaurante de paso que encontró.
El lugar parecía agradable, el típico restaurante de comida rápida y malteadas, con los típicos meseros moviéndose en patines de bota blanca.
Fue mero impulso el entrar al lugar, pues ni siquiera tenía mucho apetito, sólo había tomado asiento en la primera mesa que vio y se había dedicado a pensar en el declive de su carrera.
—Aun no decido — confesó con su rostro enterrado en el menú.
Escuchó el resoplido del mesero y se sintió culpable por hacer que el chico perdiera su tiempo. Alzó su vista para disculparse con el trabajador, pero se quedó sin habla al ver semejante figura.
Cabello rubio, tan claro como el sol, sus ojos eran como un par de brillantes rubíes enmarcados por frondosas pestañas, su cuerpo era esbelto pero curvilíneo a la vez (demasiado femenino para un chico) y su rostro ¡Rayos! Era como un Ángel.
Vio al chico fruncir sus cejas y formar una mueca en sus labios.
—Te daré otros 5 minutos para que pienses en tu orden — se dió la vuelta para retirarse, pero antes de eso lo miró por sobre su hombro —Más te vale estar listo o te sacaré de aquí —
Izuku se limitó a asentir, intentando ocultar su sonrojado rostro con el menú.
Ese chico tenía una voz profunda y encantadora.
El rubio rodó los ojos y avanzó hacia otra mesa.
Izuku aprovechó para observar mejor el cuerpo del rubio, agradeciendo mentalmente a la persona que diseñó esos uniformes, los mini shorts rojos le permitieron apreciar las largas piernas del rubio y la entallada camisa blanca remarcó perfectamente bien la cintura del chico.
Tragó saliva en un intento por pasar el nudo en su garganta.
Se sentía culpable por observar de esa manera a un hombre, jamás le había pasado algo así. Es decir, sí, había salido con muchas chicas, en especial después de su estrellato, pero ninguna había provocado en él sensaciones de esa magnitud.
Pero ese rubio, definitivamente necesitaba saber más de ese hombre.
Levantó su vista y buscó al rubio con la mirada, lo observó atendiendo a un par de tipos en una mesa, lo vio hablar mientras anotaba cosas en una pequeña libreta que sostenía en una de sus manos y presenció el momento exacto en el que el rubio se dio la vuelta y uno de esos tipos aprovechó para palmear con fuerza uno de los glúteos del rubio.
El mesero se quedó quieto, la expresión en su rostro se convirtió en furia total rápidamente y en un veloz movimiento se dio la vuelta y acertó un fuerte puñetazo en el rostro del atrevido hombre.
—¿¡Qué demonios te pasa!? — preguntó el otro tipo mientras intentaba limpiar la sangre que escurría de la nariz de su compañero.
—¿¡Qué me pasa a mí!? — preguntó indignado el rubio —¡Eso le deberías de preguntar al imbecil ese! — señaló al tipo con la nariz probablemente fracturada —Ustedes, imbéciles, se creen con el derecho de venir y hacer lo que les plazca con los trabajadores de este lugar ¡No somos unas putas prostitutas! Trabajamos aquí y nos merecemos el mismo respeto que cualquiera —
—¡Yo voy a enseñarte a respetar! — el tipo se puso de pie e intentó golpear al rubio.
Pero el golpe nunca llegó.
Izuku no estaba dispuesto a ver cómo un idiota intentaba lastimar a tan bella criatura, así que rápidamente se acercó y llegó en el momento justo para detener el puño del idiota con su propia mano.
—No creo que tus métodos de enseñanza sean buenos — comentó mientras le dedicaba una mirada de odio al tipo.
—Métete en tus propios asuntos — dijo con enojo el tipo.
Izuku, que no había soltado el brazo del hombre, aplicó fuerza en su agarré, provocando que el atacante del rubio se doblara del dolor.
—¡Suéltame, maldito loco! — gritó en medio de quejidos.
—No hasta que te disculpes — dijo con tono tranquilo pero sin aflojar el agarre.
El hombre apretó sus labios, intentando así no soltar sus quejidos de dolor.
Izuku, al ver la actitud del tipo, apretó un poco más el brazo del hombre.
—¡Lo siento! — gritó desesperado.
Izuku sonrió y le soltó el brazo.
El hombre de inmediato comenzó a frotar con su otra mano la parte afectada de su brazo.
Alzó su mirada y observó al pecoso con molestia —No valen mi tiempo — y después de decir aquello se retiró del lugar, llevándose consigo a su casi inconsciente compañero.
Izuku, al verlos partir, suspiró con satisfacción, dirigió su mirada al rubio y casi de inmediato un escalofrío recorrió su espalda al ver como un par de rubíes lo fulminaban con enojo.
—No necesitaba tu ayuda — dijo con molestia en su voz —Soy completamente capaz de cuidarme por mi cuenta — dijo con las manos puestas sobre sus caderas.
Izuku sonrió nervioso —Lo sé — contestó lo más normal posible, pues sentía que su voz sonaría temblorosa por su nerviosismo —Pero dos contra uno no me parecía una batalla justa —
No iba a mencionarle que el sólo pensar que un idiota mancillara su precioso rostro lo molestaba enormemente.
El rubio no dijo nada, hizo un puchero con sus labios y cruzó sus brazos sobre su pecho, parecía meditar las palabras del otro.
Estuvo apunto de hablar, pero otra voz los interrumpió.
—¡Katsuki, ven aquí! — un hombre mayor de cabello largo color negro veía con severidad al rubio.
Katsuki rodó los ojos con fastidio —Ya voy — dijo para después regresar su mirada al pecoso —Ahora debo enfrentar a mi jefe, regresa a tu asiento y trata de no meterte en más problemas, Rey —
—S-Sí — contestó nervioso, pero ni siquiera fue capaz de dar el primer paso cuando la comprensión llegó a su cabeza —T-Tú... ¿Cómo... — el nerviosismo no lo dejaba completar ni una sola palabra.
Sintió su cuerpo derretirse al ver la sonrisa ladina que se posó en los labios del rubio —Eres el rey del rock and roll, no el rey de los disfraces — dijo mientras jalaba la vicera de la gorra de Izuku hacia abajo, tapando la cara del pecoso.
Izuku se sonrojó y se quitó la gorra —Yo... —
—¡Katsuki! — volvió a gritar el jefe del rubio.
—¡Que ya voy! — gritó de regreso el rubio, esta vez con un tono molesto, regresó su atención al pecoso —Sólo siéntate y pide algo de una vez — dijo para después retirarse.
Izuku sólo se quedó observando la espalda del rubio hasta que esté desapareció de su vista.
Decidió obedecer al chico y regresar a su asiento, lo esperó pacientemente mientras jugueteaba con el menú del restaurante entre sus manos.
—¡Perdona la demora! — exclamó una voz femenina —¿Puedo tomar su orden? —
Izuku alzó su mirada al percatarse del cambio de voz, sus ojos se toparon de inmediato con un par de ojos color chocolate. Una chica castaña con mejillas sonrojadas y una figura bastante curvilínea estaba frente a él, con la sonrisa más amable que ha visto en su vida.
La chica era bonita, pero no era la persona que él esperaba.
—¿Él otro chico? — preguntó sin molestarse en contestar la pregunta de la chica.
La mujer enarcó una ceja con confusión —¿Katsuki? — preguntó con una mueca en su rostro.
Izuku asintió de inmediato al recordar que así había sido llamado el rubio por su jefe.
La castaña soltó un bufido —Como volvió a meterse en problemas con un cliente, el jefe le pidió que se tomará un descanso y reflexionara sus acciones — la mujer rodó los ojos y recargó uno de sus brazos sobre su cadera —Si me lo preguntas, Katsuki es un exagerado, los clientes juguetean algunas veces con nosotros, si no se acostumbra debería renunciar. El jefe es demasiado considerado al no despedir a alguien tan amargado — soltó con molestia en su voz.
Izuku frunció el ceño y apretó con un poco más de fuerza el menú, las palabras de la castaña lo molestaron, pero no estaba dispuesto a causar un alboroto más grande.
—En realidad perdí un poco el apetito, por ahora solo tráeme un vaso con agua — habló lo más educado y cortante que pudo mientras le regresaba el menú a la chica.
La mujer asintió —Lamento si la mala actitud de mi compañero lo molestó — equivocadamente, la mesera pensó que el mal humor del otro había sido causado por el comportamiento del rubio —De inmediato traeré su pedido — le brindó al pecoso una última sonrisa y se retiró del lugar.
—Tu compañero no es el de la mala actitud — soltó al aire mientras sacaba una pequeña libreta de entre sus ropas, era la libreta que ocupaba para escribir frases al azar y posteriormente volverlas canciones.
Abrió la libreta y se desánimo al comparar las primeras letras de sus canciones con las últimas que había escrito. Las primeras parecían tan pulcras y claras, había estado tan emocionado cuando escribió cada una de ellas; pero las últimas, eran, en su mayoría, horribles manchones de tinta desordenados de un lado a otro.
Escuchó como algo era puesto sobre la mesa, apartó su vista de la libreta y la sorpresa apareció en su rostro al ver una hamburguesa y una malteada de fresa frente a él. Molestia y pánico se instalaron en él, alzó su mirada para reclamarle a la castaña —¡Oye! — pero grande fue su sorpresa al ver como la preciosa figura del rubio se alejaba.
El chico se detuvo y lo miró por sobre su hombro.
Ambos se miraron por un par de segundos, pero que para ellos fueron eternos, a Izuku le pareció increíble la manera en la que parecía perderse en esos ojos que parecían arder como el fuego.
El rubio no dijo nada, regresó su vista al frente y se retiró.
—Parece un ángel, pero estoy seguro de que no lo es — aquello escapó de sus labios.
Sus ojos brillaron y rápidamente apuntó algunas palabras en su libreta.
Los días pasaron y para Izuku se volvió un hábito el acudir a ese restaurante de comida rápida. Se esmeraba por lucir apuesto, usando sus pantalones ajustados y las camisas de botones que no siempre se molestaba en abotonar por completo.
Sabía que llamaba la atención de la mayoría de personas que acudían al restaurante y las meseras casi siempre estaban sobre de él, pero Izuku aprendió cuáles eran las mesas que atendía el rubio y tomaba asiento en esos lugares.
—¿Tú de nuevo? — preguntó el rubio en cuanto se presentó frente a su mesa.
Izuku asintió —¿Te molesta? — preguntó con coquetería.
Al inicio, hablar con otras personas lo ponía nervioso, era el tipo de persona que tartamudeaba, sudaba y se congelaba, pero gracias a los años que llevaba trabajando en el medio artístico, aprendió a controlar sus nervios, también aprendió a coquetear y eso le consiguió muchas citas con chicas.
El rubio rodó los ojos —Sólo no entiendo cómo es que comes tanta chatarra y no subes de peso, pensé que las estrellas cuidaban su alimentación — sacó su pequeña libreta y tomó el bolígrafo que estaba detrás de su oreja —¿Qué vas a pedir? — preguntó sin molestarse en mirar de nuevo al pecoso.
Izuku se desanimaba siempre que su coqueteo fallaba, Katsuki tenía una habilidad magistral para ignorar sus intentos por llamar su atención y eso sólo lo hacía interesarse más por el rubio.
—Lo de siempre y, si se puede, tu número telefónico — dijo más nervioso de lo que esperaba.
Katsuki ni lo miró, se dedicó a anotar el pedido —Una hamburguesa y una malteada de fresa — posó sus ojos en Izuku, sonrió y se inclinó un poco sobre la mesa, haciendo sonrojar al pecoso —Lo otro ni en tus sueños — susurró, pero gracias a la cercanía, Izuku podía escucharlo perfectamente.
Después de eso el rubio se retiró sin decir más.
Izuku mordió su labio inferior y volvió a sacar su libreta, había estado escribiendo la letra para una nueva canción y está parecía ir mejor que sus últimas letras. Pero aún no le había dicho a nadie que acudía a ese restaurante sólo para ver al rubio, pues ese precioso hombre era la inspiración para esa nueva canción.
Estaba tarareando un intento de melodía para la canción, cuando la comida que ordenó fue puesta frente a él.
Rápidamente alzó su mirada y en un veloz movimiento tomó la muñeca del rubio —Por favor, espera — pidió suplicante.
Katsuki se sorprendió por el toque, pero no apartó su brazo, lo cuál fue una buena señal para Izuku, pues sabía que ese atrevido movimiento lo podía hacer merecedor de una nariz rota.
Izuku sonrió nervioso, el rubio lo observaba expectante, con sus cejas fruncidas y un puchero en sus labios.
—Habla rápido — dijo con voz seria.
Izuku entendió que el cronómetro de paciencia del rubio se había activado y si no hablaba rápido, Katsuki se molestaría.
—S-Sal conmigo — habló estrepitosamente.
Katsuki arqueó un ceja, se soltó del agarré del pecoso y cruzó sus brazos sobre su pecho.
—¿Por qué? — preguntó sereno.
—¿Por qué? — repitió la pregunta, nervioso y confundido, le asombraba la facilidad que tenía el rubio para ponerlo en ese estado.
Katsuki rodó sus ojos, bufó fastidiado, pero aún así, se tomó la molestia para explicarle su pregunta al pecoso.
—¿Por qué quieres salir conmigo? — miró a su al rededor e Izuku lo imitó, percatandose de las miradas indiscretas de algunas meseras —Hay muchas chicas, mujeres, anhelando tu atención, sin embargo, haz aparecido frente a mí todos los días por tres meses seguidos sin falta, no importar como te hable o te trate, siempre apareces al otro día con tu boba sonrisa en tu rostro — Katsuki suspiró, parecía molesto, pero Izuku había aprendido a leer al rubio en estos meses, sabía que no estaba molesto —Contesta — demandó con impaciencia.
Izuku pasó saliva y suspiró en un intento para calmar sus nervios —Eres increíble, desde el primer momento en que te vi captaste toda mi atención. Hay una fiereza en ti que me hace querer conocerte más y más, tan valiente y decidido. Eres tan diferente a cualquier persona que haya conocido antes, tan resplandeciente. Quiero que me mires, que tengas tus ojos en mí y sólo en mí — se levantó y caminó hasta estar frente al rubio —Por favor, Kacchan — dijo de manera dulce y tomó las manos del rubio con las suyas —Sólo te pido una oportunidad y te demostraré que puedo ser el mejor para ti — quería decirle tantas cosas más, pero había demasiada gente cerca de ellos y él quería que sólo Kacchan escuchara todas esas palabras dulces.
Las mejillas de Katsuki se tiñeron de un leve tono rosado, sus ojos carmín observaron con atención los ojos esmeralda del pecoso, agradecía que el chico no trajera esos estorbosos lentes de sol, así podía ver la sinceridad reflejada en esas brillantes esmeraldas.
El labio inferior de Katsuki tembló ligeramente antes de suspirar y hablar —El próximo sábado, cuando salga del trabajo —
Izuku lo observó confundido, pero casi de inmediato la comprensión lo golpeó y una amplia sonrisa se plasmó en sus labios —Apenas es lunes — dijo sin borrar su sonrisa.
—Tómalo o déjalo — dijo con el ceño fruncido.
Izuku besó los nudillos del rubio —Ya esperé tres meses, unos cuantos días serán pan comido — dijo con coquetería.
Claro que no fue pan comido.
Se sintieron como los días más largos de su vida.
Pero por fin había llegado el tan esperado sábado.
Izuku había tratado de arreglarse lo mejor posible, usando sus mejores ropas y peinando cuidadosamente su cabello, realmente quería impresionar a su bello ángel. Llegó puntual al restaurante donde trabajaba el rubio y esperó pacientemente en su auto.
Gracias a su nerviosismo había llegado 20 minutos antes, tuvo que esperar ese tiempo, sentía que su propio reloj jugaba con él mientras comenzaba a ir más lentamente.
Suspiró y sacó su libreta de canciones, aún había algunas cosas de la nueva canción que no le gustaban, se sentía tan inseguro al respecto, pensaba si esa canción era digna para Kacchan o no.
—Pareces concentrado — habló una voz con tono burlón.
Izuku se sobresaltó y casi deja caer su tan amada libreta —¡Kacchan! — exclamó mientras dirigía su mirada al rubio.
Katsuki estaba recargado sobre la puerta del copiloto del Cadillac, había una sonrisa burlona pintada en su rostro mientras observaba a Izuku con diversión.
—Lindo auto — dijo mientras pasaba sus dedos con delicadeza sobre la superficie del auto —Digno de un rey —
Izuku pasó saliva, con la esperanza de deshacer el nudo que parecía haberse formado ahí —Sólo lo mejor para Kacchan — dijo con confianza, pues no eran mentira, sentía que el rubio merecía eso y más.
Kacchan rodó sus ojos, pero su sonrisa no desapareció —¿A dónde planeas llevarme con tu lujosa carroza? —
Izuku formó un puchero con sus labios —No es una carroza, es un bellísimo Cadillac — explicó mientras salía del auto.
Caminó hasta estar frente a Katsuki y abrió la puerta del copiloto, invitando al rubio a entrar al auto.
Katsuki negó con su cabeza mientras subía al auto, divertido por lograr molestar al pecoso.
Izuku observó atentamente los movimientos del rubio mientras este subía al vehículo. Definitivamente Kacchan había nacido para vestir eso mini shorts de mezclilla, no recuerda haber visto al rubio con otra ropa que no fuese su uniforme, pero esa camisa roja de botones que dejaba ver su clavícula lo tenía fascinado y esos Converse de bota rojos le daban ese toque de rebeldía que tanto le gustaba del rubio.
Una vez más pasó saliva por su garganta y caminó hasta el otro lado del auto, subiendo de inmediato al asiento del piloto.
Katsuki lo observó, expectante de su siguiente movimiento.
—Entonces — habló al notar el nerviosismo del pecoso —¿A dónde iremos? — preguntó nuevamente, logrando disimular su curiosidad.
Izuku observó al rubio y luego regresó su vista al frente, mentiría si dijera que no tenía un plan, pero estaba seguro de que Katsuki lo golpearía si lo llevaba al restaurante lujoso donde había reservado una mesa para dos.
Quizás debió preguntarle al rubio antes de hacer eso, pero ¿Dónde habría quedado la sorpresa entonces?
Entonces el recuerdo de algo que leyó en el periódico por casualidad golpeó su cabeza y sus ojos brillaron mientras ponía en marcha el auto.
—Sé de un lugar que podría gustarte — dijo con una amplia sonrisa en sus labios.
Katsuki enarcó una ceja y lo miró con diversión —Eso espero — dijo para después abrochar su cinturón de seguridad.
La ida hacia el misterioso lugar fue tranquila, ambos conversaban tranquilamente, si algo había aprendido Izuku es que adoraba la preciosa voz del rubio, escucharlo hablar de cualquier cosa le encantaba, en especial cuando hablaban sobre sus gustos, pues al parecer compartían muchos gustos en común.
Katsuki sonrió —¿Quién hubiera pensado que el rey era todo un nerd? — preguntó sin realmente esperar una respuesta.
—¡Oh! Eso sonó bastante cruel, eres cruel Kacchan — dijo fingiendo estar ofendido.
Katsuki golpeó de manera juguetona el brazo del pecoso, mientras una risa leve salía de sus labios.
Izuku se sonrojó sólo de escuchar esa melodiosa risa.
Katsuki miró al frente y reconoció el camino por el que transitaba el pecoso. Enarcó una ceja y regresó su vista al pecoso —¿Me llevarás al autocinema? — preguntó.
Izuku enrojeció —No se te puede ocultar nada — bromeó —Vi en el periódico que van a proyectar una película de All Might, yo supuse que te gustaría — explicó con nerviosismo.
Los ojos de Katsuki brillaron, pero trató de disimular su emoción —Una película de acción no es para nada romántica — comentó burlón —¿Tratas de conquistarme o ser mi mejor amigo? —
—Ambas — contestó sin pensar.
Aquellas palabras tomaron por sorpresa al rubio y su rostro enrojeció por completo, obligándolo a voltear hacia otro lado.
Nadie dijo nada más.
Pronto llegaron al autocinema y, después de que el pecoso pagara las entradas, Izuku estacionó su auto en uno de los cubículos disponibles.
Izuku miró su reloj —No falta mucho para que la función empiece ¿Quieres algo para comer? — preguntó amablemente.
Katsuki pareció meditarlo —No tengo tanta hambre en realidad —
Izuku abrió la boca para hablar, pero no fue exactamente su voz la que se hizo escuchar.
—¡Bienvenidos al mejor autocinema de toda la ciudad! — un chico uniformado se acercó patinando y se paró justo al lado de Izuku —Mi nombre es Denki y soy el encargado de esta área — explicó mientras acomodaba el altoparlante en la puerta del lado de Izuku — si quieren algo de la dulcería sólo tienen que presionar este botón — señaló un pequeño botón rojo sobre la bocina —Y vendré enseguida — miró con curiosidad el interior del carro —¡Oh! ¡Están en una cita! — gritó emocionado, pero casi de inmediato cambió su expresión por una un poco más seria —Está prohibido besuquearse y jugar con sus manitas, si los atrapo con las manos en la masa, tendré que sacarlos de aquí — señaló al pecoso con su dedo índice a modo de advertencia.
—N-Nosotros no... — Izuku intentó defenderse pero el chico lo interrumpió.
—¡Wow! Tienes un parecido increíble con el Rey del Rock and Roll — comentó con asombro.
—E-En realidad... Yo... — pero volvió a ser interrumpido.
—¡Oh no! Ni siquiera esa ventaja física te salvará —
Izuku intentó hablar de nuevo, pero el extravagante rubio le dio la vuelta al auto y tomó el otro altoparlante para colocarlo en la puerta del copiloto.
—¡Lo mismo va para ti! — regañó con su ceño fruncido, mientras acomodaba el aparato en la puerta.
—Eres una molestia — se quejó Katsuki mientras miraba directamente al rubio.
Izuku sudó frío, por un momento pensó que el chico rubio los sacaría antes de que la película iniciara.
La boca del energético rubio formó una 'o' con sus labios —¿Katsuki? — preguntó con asombro y curiosidad —¡De verdad eres tú! — gritó feliz mientras metía la mitad de su cuerpo por la ventanilla del auto para abrazar al rubio malhumorado.
—¡Suéltame imbecil! — gritó molesto mientras intentaba arrancarse al rubio.
Denki rió en alto —¡Estoy tan feliz de verte! — dijo cuando por fin salió del auto. Miró al guapo pecoso que acompañaba a su amigo y regresó su vista a Katsuki, con una enorme sonrisa plasmada en sus labios —Esta vez te conseguiste uno bueno — dijo con intenciones de molestar a su amigo.
—¡Cierra la boca! — dijo con su rostro completamente rojo.
Denki volvió a reír escandalosamente —Recuerda que el toqueteo está prohibido — una sonrisa traviesa se pintó en sus labios mientras miraba a Katsuki —Pero por ti puedo hacer una excepción — le guiñó el ojos con complicidad.
—¡Cállate! — gritó el rubio, para este punto su rostro parecía brillar de lo rojo que estaba.
Izuku no estaba mejor, había bajado la cabeza y se había quedado quieto, rogando por no llamar más la atención.
Denki sonrió —¡Bueno! ¡Nos vemos pronto! — comenzó a alejarse con sus patines —¡Disfruten la película! —
Y así de rápido como llegó, el chico se alejó, pero dejó una leve tensión en el ambiente.
Ninguno de los dos se atrevió a decir algo o mirarse, demasiado nerviosos para hacerlo.
Izuku fue el que tomó la iniciativa, inhaló hasta llenar sus pulmones y exhaló para quitar la tensión de su cuerpo.
—Tu amigo parece agradable — mencionó, tratando de sonar lo más casual posible.
Katsuki gruñó —Es un imbecil al que le encanta molestarme —
—¿No es tu amigo? — preguntó curioso, quizás la amistad no iba en ambas direcciones.
Katsuki soltó aire con pesadez —Es un idiota — sonrió levemente —pero es un idiota agradable —
Izuku sonrió al contemplar el bello semblante de su ángel.
—¡Pero ni se te ocurra decirle que dije eso! — le dijo de la manera más amenazante posible.
Izuku se sonrojó y alzó sus manos en alto, en señal de rendición —Lo que tú digas — sonrió, embelesado por la belleza y fiereza de ese hombre.
Katsuki chasqueó la lengua —Mas te vale, tonto Deku — dijo mientras volvía a acomodarse en su asiento y cruzaba sus brazos sobre su pecho.
A Izuku no podía gustarle más ese hombre.
Más pronto que tarde, la película comenzó, ambos esperaban con ansias ver la película y pronto un ambiente agradable se formó entre ambos.
Tan agradable que terminaron uno al lado del otro, con Katsuki recargado en el hombro del pecoso y con Izuku dándole pequeñas caricias al cabello del rubio.
Todo aquello se sentía tan natural y correcto, como si lo hubieran hecho cientos de veces antes.
Para desgracia de ambos, la película terminó demasiado rápido y pronto tuvieron que retirarse del lugar, no sin antes ser interceptados por el escandaloso rubio que los criticó por no haber aprovechado la increíble oportunidad que les había dado.
Ambos chicos se sonrojaron y Katsuki le gritó un par de insultos a Denki antes de retirarse.
Justo ahora Izuku manejaba sin un rumbo fijo mientras Katsuki observaba el cielo, las tonalidades naranja y rosa que anunciaban el atardecer, eran una belleza natural.
Izuku detuvo su auto en un semáforo y dirigió su mirada al rubio —¿Quieres hacer algo más? — preguntó con una amable sonrisa en su rostro.
Las palabras indiscretas de Denki resonaron el la cabeza del rubio, sus mejillas se colorearon de rosa.
¿Era eso una invitación a algo más?
—¿Como qué? — preguntó sin mirar al pecoso, tratando de disimular su estado.
—No lo sé — miró al cielo pensativo —No volví a preguntar, pero ¿Tienes hambre? ¿Quieres comer algo? —
Katsuki iba a negar la propuesta, pero a su estómago traidor se le ocurrió gruñir.
Izuku rió levemente —Comeremos entonces — la luz del semáforo cambio a verde y avanzó de nuevo —¿Hay algo que quieras comer en específico? — preguntó de manera amable.
Katsuki lo meditó, no tenía ganas de comida rápida, la veía y olía todos los malditos días, no entendía cómo el pecoso la comía casi diario.
—¿Te gusta el curry? — preguntó en tono desinteresado.
La sonrisa de Izuku tembló —En realidad no consumo tanto picante, pero conozco un lugar donde venden todo tipo de Curry — dijo mientras cambiaba la dirección del auto.
Katsuki asintió y no dijo más nada.
Izuku le dijo que el lugar no estaba tan lejos, pero esa noche las calles estaban inusualmente transitadas y eso ocasionó que tardarán más de la cuenta.
Katsuki, que había estado observando el cielo, dirigió su mirada al pecoso, Izuku parecía concentrado en el camino.
El rubio pensó que Izuku era realmente apuesto, pero no se había tomado la molestia de detallar sus facciones. Sus ojos eran enormes y brillantes, en ocasiones parecían un bosque que deseaba explorar y otras veces un lago cristalino en el que quería sumergirse; su nariz era fina y respingada, algo casi imposible de conseguir de manera natural, definitivamente dios tenía a sus favoritos; sus pecas ¡Dios! ¡Sus pecas! Era lo que más le gustaba de ese hombre, podía distraerse buscando constelaciones diferente y jamás aburrirse; su mandíbula y su manzana de Adán eran tan varoniles.
Mordió su labio inferior y pasó saliva por su garganta, comenzaba a tener pensamientos para nada puros.
Entonces a sus ojos se les ocurrió posar su mirada en los labios naturalmente pigmentados de color rosa de Izuku. Su mente comenzó a hacer estragos dentro de su cabeza, preguntándose si esos bellos labios eran tan suaves como se veían y si eran tan dulces como imaginaba.
Se removió incómodo en su lugar, sentía como si la temperatura comenzara a aumentar.
—¡Llegamos! — anunció inocentemente el pecoso, ajeno a los pensamientos que surcaban la mente del rubio.
Katsuki parpadeó, ni siquiera se percató del momento en el que el pecoso estacionó el auto, intentó controlarse, pero parecía que sus esfuerzos eran en vano.
—¿Te sientes bien? — preguntó con preocupación el pecoso mientras se acercaba un poco más a Katsuki —Tus mejillas están rojas y parece que estás sudando ¿Será fiebre? — después de eso el pecoso se atrevió a invadir el espacio personal del rubio y tocar su frente con una de sus manos.
Katsuki reprimió un gemido por el repentino contacto, pero dicha acción no pasó desapercibida por el pecoso.
Izuku se quedó quieto, observando atentamente las acciones del rubio, debía admitir que estaba sorprendido y maravillado por partes iguales.
Katsuki observó los ojos del pecoso, que lo miraban de una manera tan intensa que no estaba seguro de poder controlar sus impulsos. Se sentía como un maldito puberto hormonal, pero ese tonto Deku tenía la culpa, nadie le dijo que tenía que ser tan malditamente sexy.
Izuku pasó saliva, Katsuki parecía inmóvil y él no quería forzar nada con el rubio, quería que las cosas se dieran de manera natural, así que decidió separarse del chico.
Pero en cuanto se movió sólo un centímetro hacia atrás, el rubio lo tomo fuertemente de su camisa.
—¡Tú! — le dijo en un tono molesto —¿De verdad piensas retirarte después de causar todo esto? —
Izuku se apresuró a negar con la cabeza.
Katsuki le dio una sonrisa ladina y lo observó con esa mirada que parecía irradiar fuego —Que bueno — se acercó lentamente a los labios del pecoso —Porque debes hacerte responsable de tus actos — susurró sobre sus labios antes de besarlo.
Izuku se sujetó de dónde pudo para no aplastar al rubio, Katsuki rápidamente tomó el control del beso, el cual elevó su intensidad de una manera demandante que hizo temblar las piernas de Izuku.
Definitivamente jamás había besado a alguien de esa manera, jamás alguien había tenido tal control sobre él.
Y le encantaba.
Se besaron hasta que se les fue imposible respirar, separaron sus labios y se observaron mutuamente, con pupilas dilatadas y respiraciones erráticas.
Izuku se separó sin decir nada y volvió a encender el auto.
—¿Q-Qué haces? — preguntó el rubio mientras intentaba regular su respiración.
Izuku apretó el volante, pensando en lo que haría —¿Quieres ir a mi casa? — preguntó con el rostro totalmente rojo.
Katsuki parpadeó sin despegar su mirada del pecoso —¿Y la comida? — preguntó con su típica sonrisa burlona.
—Tienen servicio a domicilio — contestó con simpleza.
Katsuki sonrió ampliamente, definitivamente no esperaba que su noche terminara así.
Llegaron a la casa del pecoso, pero Katsuki no se molestó en observar el interior del lugar. Pues en cuanto la puerta principal fue cerrada, sus labios volvieron a juntarse de manera más demandante.
Izuku paseó sus manos por las caderas del rubio, le brindó caricias suaves mientras trazaba un caminó hasta su esbelta cintura.
Katsuki enredó una de sus manos en los cabellos que rozaban la nuca del pecoso, mientras su otra mano delineaba el cuello y clavícula del cantante.
En un rápido movimiento, desesperado por sentir más de su precioso angel, Izuku sujetó los muslos del rubio con fuerza y lo elevó, obligando a Katsuki a enredar sus piernas al rededor de su cadera. Dio un par de pasos y recargó el cuerpo del rubio contra la pared.
Katsuki cortó el beso y jadeó al sentir el empuje de la entrepierna del pecoso.
Izuku aprovechó aquella separación de sus labios para comenzar a dejar un caminó de besos sobre Katsuki. Besó su mejilla, mordió su mandíbula, lamió su cuello y succionó su clavícula.
Katsuki gemía alto y clavaba sus uñas en la espalda del pecoso, pero sentía que la tela que lo separaba de la piel bronceada del cantante comenzaba a estorbar.
Comenzó a tironear la tela de la camisa del más alto, diciéndole, sin necesidad de palabras, que se retirara la estorbosa prenda.
Izuku dio una última succión al cuello del rubio y se separó de este —¿Estás seguro de que quieres continuar con esto? — preguntó con miedo de arruinar el momento, pero quería estar seguro de que aquello era consensuado.
Katsuki gruñó —¿De verdad preguntas eso mientras te tengo entre mis piernas? — frunció el ceño y dio un movimiento de cadera.
Izuku jadeó al no esperar aquello.
—¡K-Kacchan! —
Katsuki volvió a mover sus caderas y comenzó a dejar un caminó de besos húmedos por el cuello del cantante.
Izuku presionó aún más su cuerpo contra el esbelto cuerpo del rubio, fascinado por las sensaciones causadas.
—J-Jamás — jadeó —Jamás he estado con un hombre — confesó.
Katsuki detuvo sus besos e Izuku temió haber enfriado el momento.
El rubio se alejó un poco, lo suficiente para ver de frente al pecoso y sonrió ampliamente —Entonces déjame guiarte al paraíso — dijo con voz seductora mientras observaba al más alto con deseo.
Izuku pensó que algo tan pecaminoso no podía haber salido del paraíso.
Pero quería tomar todo de ese chico, deseaba quemarse en las llamas de ese infierno y fundirse con ese hermoso diablo disfrazado de ángel.
El sol se asomó en el horizonte y le dio la bienvenida a un nuevo dia. Sus cálidos rayos se colaron entre las finas cortinas de la amplia habitación y dieron de lleno en la cara de Katsuki.
El rubio se removió incómodo, no quería levantarse aún, era su día de descanso, merecía dormir hasta el medio día.
Pero sabía que no podía ganar la batalla contra el astro rey.
Rey
Se incorporó rápidamente al recordar todo lo vivido la noche anterior, la mejor noche de su maldita vida.
Observó la amplia y pulcra habitación, frunciendo el ceño al percatarse que sólo él se encontraba en medio de esas suaves sabanas.
Se levantó con molestia, sintiendo de inmediato un dolor en la cadera, gimió levemente por el dolor, pero se percató de que era un dolor soportable.
Por suerte el pecoso había sido gentil al inicio, si desde un inicio hubiese sido tan salvaje como lo fue al final, estaba seguro de que ni siquiera podría estar de pie.
Buscó su ropa, pero no la encontró, recordó que todas las prendas de ropa habían sido arrojadas en la sala del pecoso.
Bufó molesto y se dirigió a uno de los muebles del cantante, rebuscó y rebuscó hasta que encontró una camisa lo suficientemente grande como para cubrir su desnudes.
Volvió a su postura de enojo y caminó hasta la puerta, la abrió de un jalón, pero se quedó quieto al escuchar una melodía que venía desde alguna parte de la casa.
You look like an angel
Pronto la melodiosa voz de Izuku acompañó el sonido de la melodía.
Walk like an angel
Katsuki comenzó a caminar, tratando de seguir el rastro de aquella canción.
Talk like an angel
Aquellas palabras removían su interior, lo hacían recordar la manera tan dulce en la que Izuku lo llamaba siempre que lo veía.
But I got wise
La melodía entonces cambio.
You're the devil in disguise
Oh, yes, you are, devil in disguise
La canción se tornó un poco más animada, incluso la voz de Izuku sonada diferente.
You fooled me with your kisses
You cheated and you schemed
Heaven knows how you lied to me
You're not the way you seemed
Katsuki sonrió ampliamente, aquellas palabras le hicieron rememorar la noche anterior.
You look like an angel
La melodía volvió al ritmo que tenía al inicio, la voz de Izuku, ligeramente más ronca, logró hacer que sus piernas temblaran
Walk like an angel
Katsuki siguió buscando el origen de aquella canción, maldiciendo al pecoso por tener una casa tan grande y con muchas habitaciones.
Talk like an angel
Katsuki sonrió al percibir la canción más cerca, acelerando sus pasos hasta la habitación donde suponía estaba Izuku.
But I got wise
El rubio llegó a tiempo para presenciar el cambio de ritmo en la canción.
You're the devil in disguise
Oh, yes, you are, devil in disguise
Katsuki se tomó su tiempo para contemplar a Izuku.
El pecoso vestía un pantalón de chándal mientras su torso estaba desnudo, estaba sentado en un taburete, tenía una guitarra entre sus manos y un atril frente a él, reconoció sobre el atril a la inseparable libreta de Izuku, esa que siempre sacaba en el restaurante y en la que garabateaba mientras comía su habitual hamburguesa.
I thought that I was in heaven
But I was sure surprised
Heaven help me, I didn't see
The devil in your eyes
Izuku siguió cantando, tan absorto en la canción que no se había percatado del rubio a sus espaldas.
Pero Katsuki no iba a dejar que el pecoso lo ignorara.
You look like an angel
El ritmo volvió a cambiar y Katsuki aprovechó para llamar la atención del pecoso.
—Me lo haz dicho muchas veces —
Izuku se calló abruptamente, su espalda se tensó y un acorde desafinado sonó en la habitación.
—¡Kacchan! — exclamó el nombre del chico mientras cerraba su libreta con rapidez —P-Por favor, olvida que escuchaste eso — dijo estrepitosamente.
Katsuki sonrió y abrazó al pecoso por la espalda.
—¿Por qué? — preguntó, no sólo para molestar al pecoso, también por genuina curiosidad.
—Es... Era una sorpresa para ti — confesó —He estado trabajando en ella desde la primera vez que te vi, no quería que la escucharas hasta que fuera algo digno de ti —
Katsuki notó el desánimo en la voz del cantante, sonrió con ternura y caminó hasta quedar frente al pecoso.
—Me encantó — confesó con sus mejillas sonrojadas.
Los ojos de Izuku brillaron, bajó su guitarra acústica y la dejó a un lado del taburete. Con sus brazos, ahora libres, atrajo al rubio en un abrazo y juntó su frente con la del más bajo.
—Me hace feliz escuchar eso — dijo con una amplia sonrisa en sus labios y precedió a besar con ternura los labios del rubio. Un beso fugaz pero cargado de amor y ternura —Tú me haces feliz — dijo mientras acariciaba una de las mejillas de su bello ángel, disfrutando el contacto de sus dedos contra esa suave piel.
Katsuki suspiró, satisfecho por las palabras del pecoso.
—Eres un tonto Deku — dijo con la mirada fija en los ojos del otro —Pero que te quede claro que eres mi tonto Deku —
Izuku rió por las palabras dichas por el rubio —No puedo evitar enamorarme de ti — dijo para después besar una de las mejillas del otro.
Katsuki entrecerró sus ojos mientras veía al pecoso —¿Estás intentado coquetear con la letra de tus otras canciones? —
Izuku rió nervioso al ser descubierto.
Katsuki rodó sus ojos con fastidio, pero había una sonrisa en sus labios.
Se observaron mutuamente, con admiración y anhelo, para después fundirse en un profundo beso.








