Absconditus

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Sinopsis

Cuando cree que al fin su suerte ha comenzado a cambiar para bien, y luego de haber heredado una fortuna de forma inesperada, Anne Cofman descubre que su nueva residencia encierra un secreto escabroso. El pasatiempo de su extraño tío Josep, sería suficiente para ponerle los pelos de punta a cualquiera. Pero, junto con este descubrimiento, llega a su vida, quién ella cree que se convertirá en un nuevo miembro de su familia.

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
anyus15
Estado:
Completado
Capítulos:
58
Rating
4.3 3 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1 - La suerte de una huérfana

Tan solo con mirar las vías del tren, Anne comenzó a sentir náuseas nuevamente, habían sido 6 horas de viaje desde Amitte hasta Norwich, y su cuerpo dolía por pasar tanto tiempo sentada.

-Quien dijera que viajar en tren era cómodo, era por qué solo había viajado en primera clase- pensó la joven mientras se sacudía el polvillo imaginario del vestido.

Por fortuna ahora solo quedaba esperar en la estación al abogado Jacoffson para ir a completar el papeleo y todo habría valido la pena.


Hace tan solo unas semanas, Anne Cofman era una joven sin dinero, sin familia, sin hogar y sin trabajo.

Además de estar a punto de ser lanzada del pequeño cuarto que había estado alquilando a una anciana en el peor lugar de Amitte; estaba totalmente frustrada con la vida.

Pero ahora, de la noche a la mañana, le dijeron que tenía un tío materno, que este estaba moribundo muy lejos de ahí y luego que ella era su única heredera.

Es una pena que las cartas del abogado tardaran en llegar tanto tiempo con ese pésimo sistema de correos, lo que terminó en que ella recibiera el paquete de cartas consecutivas perdidas hasta hace menos de una semana, cuando la primera en realidad había sido enviada hace dos meses.

Anne sospechaba claramente de los motivos de quién eligió enviar cartas para algo tan urgente en vez de enviar a alguien con una encomienda.


Así que, con lo último que tenía en el bolsillo, compró un pasaje de ida en tren, y envió un telegrama al remitente de las cartas para por reunirse con él.

Ella no sabía si el impulso que tuvo sería una buena idea o no, pero era toda la esperanza que le quedaba.


El abogado Jacoffson no tardó en llegar montado en uno de esos lujosos automóviles de manivela, luciendo muy pomposo, a pesar de su prominente panza y avanzado estado de calvicie.

“Buen día, señorita Cofman, pongámonos en marcha”

Saludó el hombre, usando una grasienta sonrisa de negocios muy estándar en el rostro, mientras se estiraba sobre los asientos para abrir la puerta del copiloto.

Era obvio que su gesto no era muy de acuerdo a la etiqueta que debería tener un abogado para con su todavía cliente, pero la joven no notó la anomalía.

Esta sería la primera vez que Anne subiría a un automóvil, pensó que era afortunada, pues, aunque eran mucho más lentos que los vehículos tirados por caballos, decían que la experiencia valía la pena.

Pronto comprendió que era una vivencia que preferiría no volver a pasar.

Todo debido a la vibración continua de este.

La cual hizo que sus náuseas ocuparon la mayor parte de sus pensamientos durante todo el recorrido, no encontrándolo encantador en lo más mínimo.

Además, se dio cuenta de que el orgulloso abogado era un hombrecillo al que le encantaba parlotear sobre los enredos familiares de sus clientes, completamente sin la elegancia que ella imaginaba debería tener un abogado.

Anne a penas podía escuchar el soliloquio del hombrecillo debido al ruido que hacía el motor. Pero por lo poco que le entendió, sobre esta historia desconocida, hasta este momento: la hermana menor de su tío, su madre, se había escapado con “un hombre sin futuro” por lo que fue desheredada y su nombre prohibido en la familia Bolourt.

Haciendo que su único hermano se volviera el heredero universal de la fortuna familiar.

Era una pena que Josep Bolourt fuera un pésimo administrador, además de dilapidar la mayoría de la fortuna en malas inversiones, quedando únicamente una de las propiedades inmobiliarias de la familia y una antigua fábrica de hilos.

Según Jacoffson, el señor Bolourt era un hombre extraño, taciturno, sombrío y solitario.

La mayoría de los hombres del mundo contemporáneo estarían ansiosos de dejar descendencia, pero no ese hombre. Él no se relacionaba con nadie y nunca le conocieron un amorío, incluso solo mantenía a dos sirvientes ancianos en la mansión de campo Belaurt, la casa en la que vivió hasta el momento de su muerte.

Jacoffson también le contó que, aunque las ganancias de la fábrica no eran muchas, le permitirían vivir bien en el futuro. Y que esta prácticamente se administraba “sola”.

Sobre la mansión: su único defecto es que estaba demasiado lejos de la ciudad, y retirada también del pueblo más cercano.

Ahora mismo, en ella solo vivían: el viejo mayordomo Adam, la anciana ama de llaves Merie y su nieta Sofie, la cual estaba entrenamiento para convertirse en la nueva ama de llaves, con la aprobación por adelantado de su finado tío, por supuesto.

“... Y , por cierto, Adam y Marie no son familiares, por si se lo preguntaba la señorita...”


Tardaron tres horas completas en llegar a la propiedad y veinte minutos más en cruzar el bosque que rodeaba al edificio principal.

Para cuando Anne descendió el vehículo estaba pálida como un fantasma y de muy mal humor, pues las náuseas la habían estado castigado durante todo el camino.

Al dar una mirada al rededor, se dio cuenta de que la casa se veía descuidada y no tan grande como Anne lo habría imaginado. Incluso se preguntaba si todavía se le podría considerar “una mansión”.

A primera vista, era un edificio antiguo de dos pisos y un ático.

Y los jardines, que deberían estar llenos de hermosas flores y fuentes, eran un desastre con hierba alta y seca.


El abogado Jacoffson, tosió un par de veces para llamar la atención de la joven y señaló el camino hacia dentro.

“Por aquí, señorita Cofman”

Dentro, la casa parecía demasiado oscura, mayormente estaba adornada con molduras de maderas preciosas, pero algunos detalles evidenciaban que su gloria hace mucho se había esfumado.

Los dos sirvientes ancianos de la casa, contrario a la etiqueta para con su nuevo empleador, no estaban esperando en la entrada, sino sentados en el salón principal.

Anne, quien no sabía de estas regulaciones, no lo vio con malos ojos; pero el abogado resopló al verlos, inconforme.


Primero, Jacoffson presentó al mayordomo, el cual causó una muy mala primera impresión en Anne, ya que pudo darse cuenta de la forma altiva con la que la miraba, como si ella no fuera de ahora en adelante la dueña de esta casa. Cómo si ni siquiera mereciera estar ahí en ese momento.

En cambio, el ama de llaves, Marie, parecía ser una ancianita muy dulce, y de inmediato le dio una sonrisa bondadosa a Anne cuando la vio.

“Bienvenida, señorita Cofman”

Le dijo tomando su mano entre las suyas como una dulce abuelita.


En ese momento una encantadora joven entró al salón, llegando directamente desde la cocina, y llevando un delantal sobre su vestido, secándose las manos en este de una forma distraída.

La anciana la miró, y sacudiendo la cabeza, la presentó a Anne

“Esta es Sofie, mi nieta; una vez que aprenda todo sobre la mansión se quedará trabajando en mi lugar, y yo me retiraré para mi vejez. No se preocupe, señorita, ella es muy capaz, trabajadora y responsable”

Cuando Sofie levantó el rostro y vio a Anne, se quedó absorta por un momento, para luego sonrojarse hasta parecer una remolacha gigante, bajando la cabeza y retorciendo su delantal de forma tímida.

A primera vista se trataba de una jovencita dulce, pura y tímida de unos 17 años; con cabello pelirrojo y ondulado, ojos azules, labios delicados y lindas pecas sobre sus mejillas. Era fácil que evocara un instinto de protección en las personas.


La lectura del testamento y la firma de los papeles no duró mucho, una vez que llegó el notario pudieron comenzar con las gestiones, y todo se llevó a cabo en el salón.

Pronto, las llaves de la casa le fueron entregadas, y Anne le pidió al abogado ir a ver la fábrica al día siguiente.


La joven no había comido nada más que un poco de pan desde esta mañana, así que para cuando terminaron se sentía muy hambrienta.

Marie, como una ama de llaves experimentada, pareció adivinar su estado, y con una sonrisa la condujo hasta el amplio, pero un tanto oscuro, comedor de la casa.

“No se preocupe joven dama, la cena ya ha sido preparada y pronto Sofie la traerá. También se ha establecido y limpiado una habitación para que usted pueda descansar, si necesitara cualquier cosa puede llamar a cualquiera de nosotros”

Anne asintió y pronto le fue servido un plato de sopa de tomate asado, pan de centeno y estofado humeante.

Esta sería su primera comida en su nueva casa, y ciertamente estuvo deliciosa.

La joven estaba realmente cansada, así que ahora solo quería dormir.

Así que Marie la condujo a través de las escaleras de madera al lado de la entrada del salón hasta la segunda planta, y luego por un pasillo amplio, mientras iba conversando

“Al finado señor Bolourt no le gustaba que prendiéramos demasiadas luces, decía que era un desperdicio, solo permitía las que fuéramos usando en su momento; pero ahora que usted es la nueva dueña, si le disgusta que la casa sea tan oscura podemos cambiar eso. Solo tiene que decirlo y prenderemos todas las velas de cebo en las paredes”

“Le agradezco, señora Marie. A partir de mañana me gustaría que hicieran eso en los lugares de la casa que son usados para estancia y tránsito, como este pasillo, el comedor, el salón y la cocina”


La habitación donde se quedaría Anne era la penúltima al final del pasillo. En esta había un closet, una cama con doseles hecha de madera fina, una cómoda, un escritorio con su silla y dos cómodos sillones.

El amplio ventanal, de techo a piso, estaba cubierto con una pesada y gruesa cortina que durante el día estaría bloqueado la luz por completo.

La habitación también contaba con un baño propio con tina.


Marie le señaló a Anne una cuerda de terciopelo rojo, que colgaba al lado de la cabecera de la cama, y le dijo que si tiraba de ella cualquiera de ellos podían venir, que los llamara cuando lo requiriera.

Y luego de desearle un buen descanso, se retiró de la habitación.


Anne cerró la puerta y se quitó el pesado vestido, así como las medias y el corsé. Simplemente, dormiría con el fondo que tenía debajo de todo esto, ya que tenía la costumbre de no usar un camisón adecuado para dormir.

Soltando su hermoso y largo cabello castaño, ya estaba lista para dormir.

Y, realmente, en cuanto su cabeza tocó la almohada, se quedó profundamente dormida.