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Takemichi se encontraba en su habitación, sintiendo un nudo en el estómago que no lograba deshacer por más que intentara olvidar, las lágrimas recorrían sus mejillas, ensuciando y manchando la blanca camisa que llevaba puesta. El inicio de su día había sido un día normal en la escuela, particularmente hablando, las clases pasaban con naturalidad y lentitud, y los recreos la pasaba de maravilla charlando con su pequeño grupo de amigos, hasta que su novia, Hinata, lo había buscado al final de las horas de clases con una mirada seria en su rostro.
─ Tenemos que hablar ─ fueron las palabras que lo atormentaban ahora. Takemichi recordaba cómo Hinata lo había llevado a un rincón solitario del patio, lejos de las miradas curiosas de sus compañeros y amigos.
─ Lo sé, Takemichi. Sé que es lo que eres en realidad, sé que tú eres un Omega ─, dijo Hinata con voz firme, mientras lo miraba directamente a los ojos. Takemichi sintió cómo el suelo desaparecía bajo sus pies en ese momento. Sus ojos estaban al borde de las lágrimas, sentía como poco a poco el aire le empezaba a faltar y sus frágiles manos empezaban a temblar, sin saber si era por el miedo de haber sido descubierto o por la mirada tan fría que le lanzaba la chica.
Hinata le había confesado que había descubierto su secreto hace unos pocos días atrás por una conversación que había escuchado accidentalmente por parte de su grupo de amigos, la Mizo Gang, descubrió esa parte de él que nunca había revelado a nadie, ni siquiera a los chicos de la Touman. Takemichi había fingido ser un beta para poder salir con ella y también para poder entra a la famosa Tokyo Manji Gang sin ningún contratiempo, ocultando su verdadera identidad para ahorrarse problemas, ocultando su verdad, ocultando de que en verdad es un Omega a quien lo conociera por primera vez. La sensación de ser descubierto lo invadió, dejándolo sin palabras.
─ Lo siento, Takemichi. No puedo seguir fingiendo que todo está bien cuando claramente no lo está. No puedo estar contigo si no eres capaz de ser honesto conmigo y mucho menos contigo mismo ─ dijo Hinata con un dejo de tristeza en su voz. Se sentía destrozada.
Takemichi vio cómo su mundo se desmoronaba ante sus ojos. Había perdido a Hinata, a la única persona que había creído conocerlo de verdad. Vio como la chica dio una pequeña reverencia, en su mirada se podría lograr notar no solo la frialdad, sino también el dolor por todo lo que había ocurrido, el dolor por terminar con aquel chico con el que creía que pasaría feliz por el resto de su larga vida. Sin más, se retiró del lugar, dejando al pobre joven en la soledad del lugar.
─ Hina... ─ débilmente dijo aquel apodo cariñoso que le había colocado a la chica, esperando que regresará a su lado, lo abrazara con todas sus fuerzas y amor mientras lo consolaba con su dulce voz. Sus ojos desbordaban las lágrimas que había retenido hace unos momentos, sus manos se dirigen a la zona de su pecho, precisamente donde se encuentra su corazón, apretando la camisa entre sus manos, sintiendo los temblores de sus manos.
Después de haber llorado por un buen rato, Takemichi trato de limpiarse el rastro de lágrimas que habían quedado en sus mejillas y así evitar que alguien le preguntará la razón de su tristeza.
No paraba de repetir todo lo ocurrido en su cabeza, sintiéndose cada vez más miserable por cada minuto que pasaba.
Sin más, tomo una de sus almohadas, tirándola con fuerza y chocando en el pequeño estante que está al lado de su televisor, cayendo en el proceso los videojuegos y los pocos mangas que le había regalado Chifuyu.
─ ¡Mierda! ─ el olor a sándalo empezó a impregnar por completo la habitación.
Siguió llorando por más tiempo, ni siquiera sabe por cuánto, pero el toque en su puerta lo hizo salir de su pequeña depresión en la que se estaba consumiendo.
─ Hijo, ¿Está todo bien? ─ la voz de su madre se escuchó del otro lado, acompañado de unos pequeños toques a la puerta.
Del otro lado, se podía ver a la madre de Takemichi detonando demasiada preocupación, ya que, apenas haber llegado a la casa, sintió el leve olor a sándalo impregnando por toda la casa, un olor que demuestra tristeza. Había dejado sus cosas a un lado del mueble y subió rápidamente hasta la habitación de su hijo, sintiendo con más fuerza el olor.
Al no recibir una respuesta, decidió entrar, pidiendo permiso.
Al asomarse, pudo ver cómo su pequeño hijo se encontraba envuelto en una manta, posicionado como una pequeña bolita en medio de su cama.
Con tranquilidad y dejando que su suave olor a galletas recién horneadas, viendo cómo el cuerpo debajo de las mantas se relajaba un poco ante el olor. Se sentó en el borde de la cama, colocando su mano sobre donde creía estaba la espalda dando pequeñas caricias.
─ ¿Que paso mi niño? ¿Por qué te encuentras así, ocurrió algo malo? ─ Aoi hablo lo más despacio posible, trasmitiendo con su voz seguridad y cariño, para que su pequeño se relaje.
Takemichi no dijo nada por unos minutos, suspirando, se destapó, mirando a su madre quien se preocupó más al ver su estado tan lamentable. Sin pensarlo, sus brazos rodearon la figura de su hijo, dándole pequeñas caricias a sus suaves y rizados cabellos.
─ Mamá... ─ la mujer escuchó con atención las palabras que diría. ─ Hina... Hina me terminó ─ sus manos empezaron a temblar, soltando débiles sollozos. ─ Me terminó porque soy un Omega ─.
Aquella confesión sorprendió por completo a Aoi, quien no pudo evitar sentir pena por que pequeño y rabia por aquella chica que se había atrevido a romper el corazón de su hijo.
Aoi dio consuelo a su hijo, dándole pequeñas palabras de aliento y cariño. Quedándose así por un largo tiempo, transmitiendo cuanto amor puede tener una madre por su hijo.
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Apenas leyó el mensaje que le había llegado, Emma no pudo evitar gritar de la sorpresa y quitar el ceño fruncido que había tenido marcado desde que Hinata le había mandado el primer mensaje hace u la pocos minutos, tirando su celular a su cama e ignorando los siguientes mensajes que le llegaron por parte de su amiga, Emma corrió lo más rápido que podía, evitando caer ante el piso tan resbaloso y llegar ilesa hasta la habitación de su hermano Mikey.
Emocionada y contenta por lo que le contaría a su hermano.
Abrió con fuerza la puerta, la cual choco con demasiada fuerza contra la pared, después vería si dejo un orificio lo que estaba por decir era mucho más importante que la pared de la habitación.
Mikey se sobresalto, casi botando su celular por el susto y mirando a su hermana con curiosidad. Se encontraba en una llamada sumamente importante con sus amigos, quienes estaban tratando de armar perfectamente un plan para poder pedirle permiso a Emma (sin que se enoje) de hacer una fiesta en la residencia Sano, ya que, la casa de ambos hermanos es lo suficientemente grande como para armar la fiesta del año.
'Proximo proyecto X.'
Mikey ni siquiera tuvo tiempo de reclamar ante la entrada tan abrupta de su hermana, ya que no quería que la chica escuchará aún la conversación y se enojara antes con él.
─ ¡Takemichi-kun es un Omega! ─ grito Emma, sorprendiendo a Mikey y a los chicos que se encontraban escuchando todo lo que ocurría desde el otro lado de la línea. ─ ¡Tienes una oportunidad con él! ─.








