Introducción.
Aquella noche de luna llena, pasado un tiempo del inicio de todo su pesar, la hermosa princesa de Tokio de Cristal decidió salir a su balcón para contemplar el cielo estrellado, llevando entre sus brazos a una bebé, quien dormía tranquilamente, envuelta en suaves y acogedoras mantas que la protegerían del frío.
La dulce criatura que descansaba recostada en el pecho de su madre, había nacido hacía un par de días. Su nombre era Yumeko Pequeña Dama Serenity II, el primer nombre se lo había dado su madre, pues significa “Niña de los sueños”, y le quedaba a la perfección, además de que le recordaba mucho alguien que por más que pretendiera olvidar, ella bien sabía que jamás podría hacerlo.
En la Tierra ya era fin de año, todos estaban muy felices festejando y pidiendo deseos de paz y amor, pero la dama de cabellera rosada decidió apartarse de la fiesta para ir a un lugar más tranquilo y dejar de pensar en aquello que tanto oprimía su corazón.
Con cierta melancolía, observaba aquella hermosa luna, sentada junto a unos rosales mientras acunaba a su pequeña. Su voz pronunció aquél nombre que llevaba grabado en el corazón, como si lo llamara, mientras en sus recuerdos veía el rostro de esa persona que nunca podría dejar atrás. Aquél que alguna vez fue protagonista de sus más hermosos cuadros, de sus más bellos sueños.
—Helios... ¿En dónde estarás? —Preguntó al viento, y como siempre, no hubo ninguna respuesta.
Hacía un tiempo que aquél joven había desaparecido sin dejar rastro, lo único que la muchacha sabía era que se había ido y que no pensaba en volver nunca más.
Sin embargo, aunque trataba de convencer a todo el mundo de que lo único que podía sentir por él era una gran y terrible repulsión, sabía mejor que nadie que no podía engañarse a sí misma.
—Aún no puedo creer que todo este tiempo fuiste de esa manera... Un canalla, un cretino que se aprovecha de los sentimientos de las mujeres... —Añadió con un suspiro— Ese no es el “tú” al que amé... Sino el que me causó un daño irreversible, ¿ese es el verdadero tú...?
La de cabellos rosados miró a su niña, tan tranquila, tan ajena a toda esa tristeza. Sus ojos se habían cristalizado hacia un par de segundos, pero al verla a ella, se sintió mejor.
Desde que ella había nacido, la vida de la joven había cambiado, afortunadamente, para bien. En ella veía una nueva esperanza, una luz para su existir luego de todo el dolor por el que tuvo que pasar cuando el padre de ésta la abandonó, sin tan siquiera saber que tendría una hija.
Había podido resistir la tormenta y salir adelante apoyada por su familia y amigos, sin embargo, algo dentro de ella no le permitía encontrar la paz, por alguna razón no era capaz de ser completamente feliz.
Sus padres la apoyaron en todo momento, cuidaron de ella y le brindaron mucho amor, sus amigas y amigos fueron de mucha ayuda para subirle los ánimos y ayudarle en lo que necesitara, además de que había aceptado una propuesta de matrimonio de su nueva pareja, alguien que la amaba profundamente y con sinceridad, sin mencionar que adoraba a la bebé como si fuese suya.
Sin embargo, el recuerdo de Helios era como una sombra en su vida, no podía olvidarlo en ningún momento, pero ella sabía que él no sentía lo mismo y que realmente nunca la amó como tanto juró frente a aquella misma luna resplandeciente.
—Princesa, ¿Sucede algo malo? —La dama de rosados cabellos escuchó tras de sí la voz de su madre, la reina de Tokio de Cristal— estamos esperándote para el brindis, trae a tu Pequeña Dama contigo, sonríe un poco, no me gusta verte sufrir de esta manera.
—Mamá... Discúlpame, tuve un momento de melancolía. Sabes que desde que mi niña nació... Me he sentido bastante nostálgica, mi bebé me recuerda tanto a él, es imposible no pensar en lo mucho que lo amé cuando la tengo entre mis brazos —Explicó pausadamente mientras acariciaba suavemente la cabeza de la pequeña.
La neo reina Serenity abrazó a su hija para reconfortarla, mientras que la joven sostenía a su bebé entre los brazos a la par que dejó escapar un suspiro de añoranza.
—Hija, sé que algún día no volverás a mirar atrás, hacia dónde está él y todo eso que sólo te ha hecho sentir mal... Porque eres fuerte —La mujer de cabellos plateados miró con dulzura a la del vestido rosa pastel, para dedicarle una sonrisa— la fecha de tu boda se aproxima, así que tengo fe en que cuando estés casada podrás olvidar poco a poco ese dolor que ha lastimado a tu alma y volver a ser la misma dulce y alegre muchacha que todos aún recordamos.
—Lo sé, mamá, él me ama y de eso no me quedan dudas, soy feliz a su lado y no puedo esperar para convertirme en su esposa... Yo sé que todos ustedes me quieren mucho, por eso es que poco a poco he vuelto a ser feliz —La joven le dio la razón a su querida madre y sonrió de una manera que resultó enternecedora para la hermosa Reina de brillantes ojos azules.
—Acompáñame, Princesa, ya verás que mañana todo será mejor —Serenity hizo un gesto para que su hija la siguiera, y ella inmediatamente se apresuró a cerrar las puertas del balcón y a salir de su alcoba, yendo tras la Reina.
El festejo de aquella noche siguió con normalidad, hasta que llegó el momento de finalizarlo y los anfitriones de la fiesta agradecieron a sus invitados por haber estado presentes.
Días más tarde, ya no sólo todos en el reino terrestre supieron del nacimiento de la pequeña Princesa, sino que los habitantes de los bastos reinos del sistema solar, al enterarse de la noticia, se regocijaron y desearon bendiciones para la madre y su criatura.
Por otra parte, oscuros rumores llegaron a la dimensión onírica, la princesa Dama Serenity de Tokio de Cristal había dado a luz a la nueva Princesa del Reino Lunar varios días atrás, sin embargo, lejos de continuar como la protectora de la Tierra, era un ser maligno que acabaría con todo. Quienes habitaban el mundo de los sueños no podían creer lo que se decía a lo largo y ancho de cada villa y cada reino que ahí existía.
«Todos han dicho que nadie sabe de quién es hija esa niña, pero la mayoría asegura que va a traer la ruina y la destrucción...»
«Nadie sabe quién es el padre, la niña nació recientemente, por lo que es obvio que no es hija del prometido de la Princesa... Debe ser hija de algún ser maligno»
«Dicen que ella no había tenido ningún tipo de compromiso antes, pero todos coinciden en que esa niña fue fruto de algo bastante anterior al compromiso de su madre, algo bastante oscuro» Era lo que comentaban algunos plebeyos, completamente seguros de que aquella era la verdad, sin saber que la pequeña que hacía poco había llegado al mundo, era en realidad hija del joven sacerdote que tenía por misión proteger los sueños de todos, pero que hacía tiempo había desaparecido, como si la tierra se lo hubiese tragado.
A pesar de todas las mentiras que la gente había esparcido sobre él sin tan siquiera saber, lo que pasaba realmente con aquel muchacho, que fue alguna vez amado por su amabilidad y calidez, era terriblemente peor, él solamente podía mirar el tiempo pasar lentamente frente a sus ojos, sin poder hacer nada, sin saber todo lo que se estaba diciendo y haciendo en su contra.
Esa era la verdad, Helios era inocente de ese pecado del cual todos en la Tierra lo acusaban, pero él no podía hacer nada, simplemente esperar a que, el día de mañana, el tormento que cargaba consigo resultara ser no más que una cruel pesadilla y que pronto volvería a recuperar lo que le habían arrebatado sin piedad.
Detrás de todo el sufrimiento de la joven y fragmentada pareja, existe toda una historia para contar... La historia de dos almas amadas que fueron separadas, la historia de aquél primer y único amor.