Prólogo
Se sentía confundido, desorientado y tenía un fuerte dolor en la parte baja de su abdomen. Primero intento identificar el lugar donde se encontraba, pero no podía ver nada más que una profunda oscuridad; además, parecía que había un gran charco de agua debajo de él. Luego, con todas sus fuerzas grito pidiendo ayuda, mas solo el silencio respondió a su desesperación. El dolor seguía creciendo y ya no pudo mantenerse de pie. Cuando cayo, se escucharon los tintineos de las cadenas en su muñecas y esto lo lleno de una desesperación más profunda al recordar que no había forma de escapar de aquel lugar. Entonces, olió como una fragancia se acercaba a ese lugar y un profundo temor lo invadió. Él ya se encontraba muy familiarizado con el olor de su captor y con la horrible mezcla de sentimientos que lo acompañaban cuando ese hombre estaba cerca. Él era su pareja destinada, pero lejos de traerle felicidad había sido el responsable de todo su sufrimiento aún antes de saber que eran compañeros. El odio y repugnancia que sentía en su corazón al verlo entraban en conflicto con el deseo y dependencia que su cuerpo le obligaba a sentir. Solo su cercanía le generaba un dolor fuerte en todo su cuerpo; sin embargo, cuando ese hombre se iba por mucho tiempo no podía evitar extrañarlo, pese a conocer el daño que él le haría al regresar. Su fuerza de voluntad era fuerte e intentaba luchar y buscar formas de escapar, pero cada vez se sentía más débil y se preguntaba si no sería más fácil dejar de pelear y solo perderse en los sentidos de la carne. Ese hombre era un monstruo cruel que disfrutaba ver como luchaba cada vez, para luego, caer en la inconsciencia la cual le permitía controlarlo como una marioneta.
-Isaac, ¿has sido un buen chico?- dijo la voz de aquel hombre mientras se acercaba al pequeño joven encadenado.
Ese monstruo era un alfa, por lo que a diferencia del joven podía ver perfectamente en la oscuridad de ese lugar. Cuando vio el miedo del debil omega, el alfa sonrió, pues sabía que si liberaba sus feromonas este se sonrojaria y no podría evitar querer acercarse. Sin embargo, ahora no podía tratarlo con la rudeza a la que estaba acostumbrado, pensó mientras se acercaba al joven encadenado.
Aunque el omega sabía que el alfa no le haría ningún daño ahora, no pudo evitar temblar cuando sus manos tocaron sus tobillos encadenados. Esta acción le recordó cuando esas mismas manos le rompieron los tobillos múltiples veces para evitar que escapara lo cual nunca lo detuvo de volver a intentarlo. Ninguno de sus intentos estuvo cerca de escapar, pero no podía con la idea de rendirse ante ese horrible hombre.
Ademas, ahora tenía a esa odiosa criatura creciendo en su interior, por lo que no tenía que sufrir ningún daño físico; sin embargo, era otra cadena que lo unía a su captor y el fruto de toda la violencia que había estado recibiendo. Sabía que esa criatura era inocente, pero no podía evitar odiarla. Aún así, sabía que lo más probable es que instintivamente lo amaría en el momento de que lo viera.
De repente, se rompio la fuente del omega ,en medio de un fuerte dolor, comenzó a pujar y a maldecir al alfa frente a él. Por otro lado, el alfa se acercó fascinado al lugar de donde saldría la criatura y observó como salía poco a poco hasta que en la habitación se escuchó un fuerte llanto. Luego, él cargo al bebé, acerco su nariz a su cuello e inspiro profundamente para conocer su género secundario.
-Alfa- grito alegre
Entonces limpio al bebé llorón y lo acerco al pequeño prisionero quien no podía hablar por el cansancio, pero que con los ojos le pedía que alejara esa cosa; sin embargo, no le hizo caso y puso al bebe sobre el pecho del omega.
Las lágrimas corrían por su rostro, mas al ver a esa pequeña criatura no pudo evitar sentir una gran ola de afecto pese al rechazo que le hubiera gustado sentir. Aun siendo muy pequeño, era evidente que la criatura sería la viva imagen de su captor.
El alfa vio como el omega intentaba abrazar al bebé; sin embargo, no lo dejaría hacerlo. Antes de eso, él agarro al bebé y lo alejo bruscamente del omega que lo veía con ojos llenos de tristeza y dolor.
-Has hecho un buen trabajo- le dijo al oído- pero ahora tendrás que tomar una decisión- sus palabras cargadas de malicia provocaron escalofríos al jóven- Si prometes comportarte bien y obedecer, podrás salir de aquí conmigo y el niño como una familia normal y hasta tendríamos una pequeña boda. Por el contrario, si continuas con tus intentos de escapar y esa actitud rebelde, encontrare otra madre para el niño y no volverás a verlo ni los otros niños que vengan en el futuro.
Sus crueles palabras golpearon fuerte al omega quien quería responderle que nunca se rendiría. Entonces escucho el llanto del bebé y supo que solo había una respuesta, pues no creía poder soportar alejarse de esa pequeña criatura.
Con todo el dolor de su alma, mostró su cuello al alfa lo que era la mayor señal de sumisión. Siempre pensó que moriría antes de hacer eso, pues habia soportado las más crueles torturas. Sin embargo, ese dolor no fue nada comparado con la perdida total y definitiva de su libertad.








