Capítulo 1
Otro año de Hogwarts llegó.
Aurora terminó de empacar, guardando todas sus pertenencias en el baúl con la ayuda de la varita. Su varita es de espino y su núcleo es de pelo de unicornio, 35 cm.
Había vivido momentos mágicos y locos desde sus 11 años. Había enfrentado peligros desde la llegada de Harry Potter a Hogwarts. Su mejor amigo, quién... junto a Hermione Granger y Ron Weasley pelearon y lucharon con cada enemigo que se interponía en su camino. Claro, hubo peleas en palabras y pocas peleas de lucha con Draco Malfoy, quién se encargaba de molestarlos todo el tiempo.
Rodeó los ojos al pensar que tendrá otro año más que aguantar a Malfoy. ¿Alguna vez cambiará su carácter y comportamiento?
Aurora era una chica ni muy alta, ni muy baja, estatura promedio; tenía un color de piel blanca con un toque de amarillento, ojos mieles, labios gruesos. Su cabello era tan largo y con rulos, era negro.
Observo las fotografías al bajar de las gradas de su casa. Unas cuantas fotografías de ella junto a su madre de todos los viajes que hicieron. Soltó un suspiro.
— Voy hacerte sentir orgullosa, mamá. — dijo, tocando la fotografía donde ella abrazaba a su madre, el día de su cumpleaños. Tenía un pañuelo en la cabeza.
Las luces que palpitaban en la ventana de la sala la distrajeron.
Sonrió.
— ¿Lista, Frida? — hablo a su lechuza.
Abrió la puerta, saludando a Harry, Hermione y a la familia Weasley con un abrazo.
— ¡Aurora! ¡Que alegría verte! Te extrañe mucho en las vacaciones. — dijo Hermione dandole un abrazo.
— También yo, Hermione. ¡Hola Harry! ¡Familia Weasley!
Abrazo a todos. Invitándolos pasar un momento a la sala. Observaron cada rincón, más que nada, el señor Weasley por su curiosidad con los objetos muggles.
— ¿Empacaste todo, cariño? — preguntó la señora Weasley, acariciándome el brazo.
— Sí, señora Weasley. Tengo todo. — intento sonreír.
— Niños, lleven las cosas de Aurora al auto, por favor. Me asegurare la casa para que este seguro. ¡Ah! Harry, lleva a Frida, por favor.
— Gracias, señor Weasley.
Observo su casa, una vez más antes de subirse al auto y sonrió. Observo a los padres Weasley susurrar hechizos de protección a la casa. Sonrió observándolos, tenia tanta suerte de tener amigos que se preocuparan por ella, como lo hicieron con Harry. Hacerles saber que no estaban solos, que aún tenían familia que apoyarlos. Harry entendía perfectamente lo que sentía. Platicaron mucho en las cartas. Incluso Ron le pidió mudarse con los Weasley junto a Harry. Pero, no iba a abandonar lo único que tenía lleno de recuerdos.
Atravesaron el andén 9 3/4 de la estación de King's Cross en Londres. Aún había gente subiendo al tren, despidiéndose con prisa de sus familias.
— ¡Rápido, niños! ¡Suban, suban!
— Aurora, sé fuerte. No estas sola, aun tienes gente que te quiere. Puedes escribirnos todo el tiempo que quieras. Intenten vernos en Navidad, si es que deciden pasar con nosotros.
Asintió con una sonrisa. Dandole un abrazo a la señora Molly, luego abrazo al señor Arthur.
Subió al tren tras Hermione, delante de ella estaban Ron y Harry buscando un compartimiento libre. Finalmente, encontraron uno al final y se sentaron, Aurora se acomodo al lado de Hermonie.
El tren empezó a avanzar lentamente. Muchos estudiantes empezaron a despedirse de sus seres a través de las ventanas.
En pleno camino, había estudiantes haciendo pequeños hechizos. Comprando dulces del carrito. Harry compro ranas de chocolate para cada uno. Ofreció a Aurora, y ella acepto con una pequeña sonrisa como agradecimiento.
— Aurora, ¿cómo estás? — pregunto Harry, tragando saliva.
Aurora suspiro, bajando la mirada mientras encogía los hombros. No dijo nada por un rato. Harry, Ron y Hermione se miraron entre ellos, tristes. Tristes y preocupados por Aurora.
Aurora jalo las mangas de su sudadera, cubriendo sus manos antes de abrazarse por el estomago.
— Nada bien. — sonó ronca en un susurro. Frunciendo el ceño, parpadeando para evitar soltar una lágrima, pero fue en vano.
Hermione se acerco a darle un abrazo, después Harry y Ron, entonces lloro más. Lloro un largo rato.
— Perdón, ya vuelvo. Olvide ponerme mi túnica ahora que me doy cuenta que ustedes se pusieron. — trato de sonreír.
— ¡Espera! Te acompaño. — se levanto Hermonie.
— No, esta bien. Gracias. Volveré rápido.
Se estaba limpiando las lágrimas con la manga de su túnica mientras regresaba al compartimiento. Pero, antes de llegar, sin darse cuenta por tener la mirada baja se choco con alguien. Pero, fue extraño.
Cuando se chocaron, llegaron a tocarse las manos y sintieron como una corriente.
Aurora frunció el ceño y maldijo por dentro. Peor, cuando se dio cuenta quién era, la persona más desagradable que menos esperaba encontrarse.
— ¡Oye! Fíjate por donde caminas, torpe. — dijo el rubio mientras disimulaba acomodarse su túnica.
— Lo siento. — dijo a penas. No estaba de humor. Quizo seguir con su camino, pero sintió que le tomaron de la muñeca.
Aurora frunció el ceño mirando su brazo, su muñeca. Draco sujetaba su muñeca. Aurora levanto la mirada y observo sus ojos azules, tenia el ceño fruncido. Imagino que quería una disculpa mejor y directamente en la cara. Pero, antes que pudiera decir algo, Draco la llevo nuevamente al baño, la metió y cerro la puerta tras él. Aurora la miro confundida y un poco asustada. «¿Debería gritar?», pensó.
— ¿Estás bien? Tienes los ojos rojos.
— Eso no te incumbe, Malfoy.
— Solo pregunte si estas bien, no es necesario tanto drama.
— Como si te importara. No tengo por qué contarte si luego vas a ir por ahí contando a todo el mundo. — escupe.
Hizo a un lado a Draco para abrir la puerta, tratando de alejarse de él. Aferrándose de su ropa que tenia puesto antes. Rogando que no se le cayera nada.
Omitió el detalle a sus amigos sobre encontrarse con Draco cuando volvió. Guardo su ropa y se sentó. Intentando poner atención a sus amigos. El resto del camino tenia la mente a otro lado. Recordando la mirada de Draco mientras la preguntaba si estaba bien.
El cielo estaba oscuro a excepción de la luna que iluminaba y algunas pequeñas estrellas.
Cuando bajaron del tren, Hermione abrazaba a Aurora por los brazos mientras caminaban hacia Hagrid, el semi gigante y el guardabosques de Hogwarts.
— ¡Vamos! ¡No se atrasen! ¡Hermione, Aurora! Bienvenidas de vuelta. — intento sonreír mirando a Aurora con los ojos tristes.
Aurora jadeo al ver las criaturas que "sostenían" los carruajes. Volteó a preguntar a Hermione, pero tenia la misma mirada que en todo el camino. «¿Acaso no podía ver nada??», se preguntó. Se mordió la lengua antes de soltar la pregunta.
Subieron las gradas hasta llegar al banquete. Empezaban a llenarse las Cuatro Casas: Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cuando Aurora iba a dar un paso, a su lado sintió un pequeño empujoncito. Draco choco su brazo con el de ella. Avanzando hacia la mesa de Slytherin. De cerca, puso notar que estaba un poco más alto que el año pasado. El pelo rubio clarito. Su túnica verde. Iba acompañado de sus amigos, mejor dicho sus "torpes guardias".
Dieron la bienvenida a los nuevos estudiantes luego de ser seleccionados por el Sombrero. Pero, antes de aquello, la rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar, luego el público aplaudió.
Aurora observo a todos los maestros de la Mesa Alta, poniendo atención a los nuevos estudiantes. El Director Dumbledore estaba con su túnica gris, la barba larga estaba agarrada con una liga.
— ... La felicidad puede ser hallada incluso en los momentos más oscuros. Si tan sólo uno recuerda prender la luz. — Dumbledore termino con su discurso.
Aurora frunció el ceño al escuchar lo último. ¿Iba ser posible? ¿Salir de la oscuridad en la que se encontraba en este momento? No deseaba ni a su peor enemigo a sus 16 años la oscuridad.
Al finalizar la cena, la voz de Dumbledore sono a los oídos de Aurora, llamándola.
— Aurora, ven un momento, por favor. — la observo. — No, señorita Granger, espérala afuera por favor. — dijo amable, con una sonrisa observando a Hermonie, tras ella a Harry y Ron.
Aurora observo a su alrededor cómo se iban los demás a sus Casas. Cuando su mirada se topo con Draco, este le miraba sin alguna expresión. Pero, le estaba mirando hasta que salió del banquete. Su frente se arrugo, confundida. ¿Draco Malfoy le estaba mirando? ¿Por qué? Cuando el banquete estaba vacío, noto que los profesores también salieron. Solo quedaron Aurora y Dumbledore.
— Buenas noches, director Dumbledore.
— Buenas noches, señorita Morey. Discúlpame por quitarte un minuto.
— Para nada, director Dumbledore. ¿Quiere decirme algo?
— Preguntarte cómo estás.
— Oh... — Aurora abrió los ojos. Aclaro la garganta antes de continuar. — Estaré mejor pronto. Sigo asimilando aún.
— Entiendo... mi más sentido pésame. Tu madre fue una gran bruja, te crio muy bien. Heredaste su belleza, talento e inteligencia, ¿sabes? Eres la imagen viva de tu madre cuando tenía tu edad.
Aurora soltó un suspiro. Quería honrarla. Quería que... desde el mas allá, donde sea que este... se sienta orgullosa.
— Haber sido amados tan profundamente, aunque la persona que nos amaba se haya ido, nos protegerá para siempre. No lo olvides. No dejes que el dolor gane al amor.
— Gracias, director Dumbledore. — el nudo en la garganta le dolía. Quería llorar, sola.
— Ve a descansar. Buenas noches, Aurora.
— Buenas noches. — se dio la vuelta, intento no caminar muy rápido.
Los pasillos estaban vacíos. Iba camino a su Casa, pero se detuvo antes de llegar. Sus pies movieron rápidamente a la dirección opuesta. Casi corriendo. Lágrimas empezaron a salir. Rogaba no encontrarse con algún maestro para no ser castigada o peor, quitarle puntos a su Casa. Quería ir al baño y quedarse un buen rato.
Quería estar sola.
Por desgracia, no duro hasta que sintió chocarse con alguien de frente.
— Oye... — se calló.
Aurora levanto la mirada, rodeo los ojos al encontrarse nuevamente con Draco. No dijo nada e intento pasar a su lado, pero Draco le tomo del brazo.
— Aurora... ¿estas bien? — pregunto Draco.
— Sí, Malfoy. Estoy bien. — trato de soltarse.
— Es la segunda vez que te veo llorar. ¿Pasa algo?
Se giro para quedar frente a él. Casi quiso reírse.
— Como dije antes... no te incumbe.
— Bueno... sea lo que estes sintiendo, habla con alguien.
— ¿Crees que no lo hice? — escupí.
— Escucha Aurora, en estos momentos intento ayudarte porque desde el tren estas así. Si no sueltas lo que sea que quieras decir, te comerá por dentro.
— No es tan fácilmente superar algo así. No de un día al otro. Ahora si me disculpas, quiero irme a mi habitación.
Aurora paso de su lado, y después de dar como tres pasos, una voz demasiado familiar la detuvo. Maldiciendo por dentro.
— ¡Estudiantes fuera de la cama! ¡Una Gryffindor y un Slytherin fuera de la cama! Ustedes dos, castigados. — la voz de Filch sonó por el pasillo. Acompañado de su gata, la señora Norris.
Aurora amaneció de muy mal humor, anoche la habían atrapado y la habían castigado y lo peor, junto a Draco. Filch los llevo donde la profesora McGonagall, estaba muy seria. Ni le intereso escuchar lo que Aurora quería decir. La habían castigado por culpa de Malfoy, lo injusto era que fue solo como por un par de minutos en el pasillo. Le había contado a sus amigos en la clase de Criaturas Mágicas, donde Hagrid iba a dar la clase.
— Bueno, me dijeron que hay un par de castigados. Morey, Malfoy... ustedes quedan como pareja. Para al finalizar de la clase, recogerán todo y llevaran a su lugar.
Aurora le fulmino con la mirada a Draco, quien se reía junto a sus amigos muy detrás de todos lo estudiantes. Como si no les importara prestar atención a la clase. ¡Apenas era el segundo día y ya le habían castigado!
Frustrada se acerco a Draco, tomándole de la manga e ignorando sus protestas.
— ¡Suéltame, Morey! ¿Qué crees que haces? — le dijo frunciendo el ceño.
Los demás voltearon a observar la escena. Aurora les ignoro, arrastrándolo a uno de los pequeños escarbatos. Aurora intento tomarlo, pero se le escapo rápido de sus manos. Rodeó los ojos, mientras soltaba un suspiro. Ahora no estaba de humor. Para el colmo, Draco ni se molesto en ayudarla.
Aurora volteo disimuladamente observando a Hagrid hablando con Harry y Ron, quizás, dandole un pequeño consejo o ayuda sobre el escarbato. Entonces, con cuidado de no ser vista, de su manga saco un collar de oro enseñándolo al escarbato. Ese, sin dudar corrió a tomar el collar e intento con toda su fuerza guardarlo en su bolsillo.
— No tan rápido. — le hablo al escarbato con una pequeña sonrisa.
— Es loco como le enloquecen cosas que brillan a ese pequeño ladrón. — dijo Draco, observando al escarbato con el ceño fruncido.
— Es una criatura maravillosa. — lo defendió, sin mirarle. — Dale, aliméntalo.
— Qué se distraiga con ese collar mejor.
— Es el primer día de clases. ¿Podrías esforzarte un poco, al menos por tu Casa?
Draco con una mueca de asco tomo unos insectos y lo llevo frente al escarbato. El pequeño ladrón lo tomo con mucho entusiasmo. Cuando Draco intento apartar su mano, sin querer choco con la mano de Aurora, provocando una corriente en ambos haciendo que él se aparta bruscamente.
Aurora observo su mano con el ceño fruncido. Se había imaginado que se había hecho una herida al sentir esa corriente.
— ¿Me hiciste una maldición? — pensó muy alto.
— ¿Estás demente? — escupe Draco.
— Me hiciste algo. Sentí una corriente muy fuerte.
— Pues, yo también lo sentí. A lo mejor, quisiste lanzarme un hechizo con tu mente provocando esa corriente. ¿Querías lanzarme un hechizo para enamorarme?
Aurora jadea ofendida, observando sus ojos azules claros más ofendida. Ahora pensaba realmente lanzarle un hechizo como el que trato de hacerle Ron la vez que Draco le llamo "sangre sucia" a Hermonie: Escupir caracoles.
La clase termino. Aurora no dudo ni dos segundos en separarse de Draco, mantenerse lejos de él lo más rápido posible. Acercándose a Hermonie. Por supuesto, ella quería saber el motivo de la discusión. Aurora simplemente encogió los brazos.
Fueron a "Defensa Contra las Artes Oscuras", donde el profesor Lupin los esperaba sobre su escritorio. Siempre los esperaba con un traje, su bigote y su cabello bien peinados. Ahora, los asientos estaban a un costado, cerca de un muro. El profesor estaba parado frente a un armario de boggart. El mismo de cuando estaban en tercer año. Aurora sonrió al verlo de nuevo, recibiendo una sonrisa del profesor Lupin.
— ¡Profesor Lupin! ¡Volvió! — dijo Harry, emocionado.
— Hola Harry. Ron. Hermione... Aurora. — respondió con una sonrisa.
— Ay no... ¿el boggart otra vez? Me niego ver la araña antes de pensar en algo gracioso.
— Bueno, Ron. Puedes hacerte a un lado y darnos la oportunidad para los que no pudimos. — respondió Hermonie.
— Gran idea, señorita Granger. ¡Todos hagan una fila! señorita Granger, empiezas. — dijo antes de poner música con una melodía suave.
Hermione soltó un suspiro, para la sorpresa de todos incluyendo el profesor Lupin, cuando la puerta del armario se abrió, el boggart de Hermione es la profesora McGonagall saliendo de ella con las manos juntas, mirando fijamente a Hermione.
— ¡Fallaste en todo! — grito con enojo de repente el boggart de Hermione.
— ¡Riddikulus! — dijo con seguridad.
El boggart de Hermione se transformo en la misma profesora dando golpes graciosos con un pergamino a Draco. La clase empezó a reírse. Era un momento cómico ver que el chico que tanto molestaba a Hermonie con su "sangre sucia", ser castigado por la profesora McGonagall.
— Ah, ah... si dices algo, te quito puntos, Malfoy. — intervino el profesor Lupin al ver a Draco intentar acercarse a Hermonie con el rostro fruncido, enojado.
Draco bufo, retrocediendo dos pasos más con la misma expresión.
— Sigues tú, señorita Morey.
Aurora saco su varita, se paro a unos paso frente al boggart de Hermonie. Se concentro. ¿Qué era lo que más temía? El boggart empezó a transformarse. La habitación se oscureció, iluminando a una chica que estaba sentada, con la mirada baja. Sus manos cubrían su rostro. Mientras, alrededor de ella, aparecían siluetas qué empezaban a desaparecer como humo, uno por uno. Pero, mientras desaparecía cada silueta, el pecho de la chica, empezaba a salir una silueta. Como un alma oscura. Como un dementor.
— Señorita Morey... — hablo el profesor Lupin, nervioso.
— ¡Riddikulus! — la misma silueta y la chica se transformaron en una cajita sorpresa con dos cabezas que se movían los ojos en círculos, con una sonrisa exagerada y lengua afuera. Un cuerpo con dos cabezas. Un brazo saco una tarta con crema y le lanzo a su mitad.
Los demás estudiantes soltaron una risa. Aurora no, seguía con la mirada fijo a su boggart.
— ¡Bien hecho, Señorita Morey! ¡Vamos! El que sigue.
Aurora parpadeó al escuchar la voz de su profesor Lupin y se dirigió hacía atrás. Nerviosa con la cabizbaja. Noto que Draco le miraba con el ceño fruncido, pero evito decir algo.
La clase terminó. Aurora se apresuro de irse lo más rápido posible, pero Hermonie la alcanzó.
— ¡Aurora! ¿Estás bien? Tu boggart... ¿eres tú? — pregunto con la mirada preocupada.
No dije nada. Mis ojos empezaron a arder dándome señal que estaba apunto de llorar. Necesitaba un momento sola.
— Estoy bien, yo... —trago saliva. — lo siento, debo irme. Tengo que verme con un profesor.
Salió corriendo de ahí. Solo rogaba que ni Hermione, ni Harry, ni Ron estuvieran tras ella.
En todos los pasillos habían muchos estudiantes. Corrió rápidamente a la clase de astronomía, agradeció mentalmente que no había nadie. Ni los fantasmas que andan en los pasillos. Se paró frente al balcón y soltó el aire que llenaba en sus pulmones. Aurora se dejo caer, observando el paisaje frente a sus ojos. El pecho ardía, sus ojos empezaron a salir lágrimas.
Observo el atardecer, el cielo anaranjado. Las aves volando.
— Te extraño, mamá. — con su varita hizo aparecer la foto.
— ¿Aurora? — hablo alguien tras ella.
Aurora volteo rápidamente, con el corazón latiendo con fuerza. Con los ojos abiertos observo a la silueta que estaba cerca de las gradas. El pelo platinado daba brillo al lugar que estaban.
— ¿Malfoy? — frunció el ceño. Se levanto rápidamente, sujetando con fuerza la varita y la foto. — ¿Qué estás haciendo aquí?
— Vine a verte cómo estabas.
— ¿Por qué te importa tanto, Malfoy? — rodeé los ojos. — Estuviste acosándome todo el día.
— ¿Por qué lloras? El año pasado eras la chica más alegre, graciosa y bromista. Ahora tienes la mirada apagada.
— Repito... ¿por qué te importa tanto? ¿Para luego ir con tus amigos y burlarte de mí?
Draco empezó a suspirar. Rodeando los ojos, se acerco un poco más.
Draco noto mas cerca la mirada de Aurora, llena de tristeza, dolor, sufrimiento. La luz y la vida que tenía antes había desaparecido.
— Tu boggart.... Eres tú, ¿cierto? Fue un poco fuerte verlo.
No dijo nada. No tenía por qué darle explicaciones. Su ansiedad empezaba a aumentar. Los dedos inquietos golpeaban los muslos.
Estar en la misma habitación, nada mas que con Draco Malfoy, el chico que estuvo molestando por años tanto a ella como a... casi a todos. Era alguien muy cruel. Cruel con su personalidad, cruel con sus palabras.
Sentía envidia por Harry Potter. Siempre lo molestaba por ser el "niño que sobrevivió", más que nada por rechazarlo la primera vez que cruzaron palabras en las gradas, cuando este le ofreció ayuda y cuando Harry, lo rechazo dándose cuenta la clase de persona que es Draco.
Aurora no dijo nada. Paso por su lado intentando alejarse de él. Pero, se detuvo en el ultimo escalón justo antes de chocarse con alguien.
— Aurora... —dijo, observándola. Hasta que su mirada se dirigió tras ella. — ¡Oh, señor Malfoy! Finalmente te encontré. ¿Qué estaban haciendo ustedes dos solos ahí arriba? — frunció el ceño. Antes que Aurora pudiera contestar, hablo. — El Director Dumbledore te esta buscando en su oficina, señor Malfoy. ¡Acompañeme, por favor! — dijo la profesora McGonagall. — Señorita Morey, vaya al Gran Comedor.
Draco frunció el ceño. Casi nunca Dumbledore lo llamaba para algo, ya que siempre fue Harry.
Solo Harry.
Draco reacciono cuando Aurora paso por su lado, claramente, dirigiéndose al Gran Comedor. La profesora McGonagall llamo a Draco una vez más diciendo que la siga. Draco no tuvo otra opción que seguirla porque imagino que sí desobedecía, quitaría puntos a su Casa. Por exagerado que sea. «¡JA! Ahora entiendo cómo se sienten las demás Casas cuando el profesor Snape los quita punto sin motivo.»
Se pararon frente a la entrada de la oficina de Dumbledore. Draco se metió bajo el águila, mientras la profesora McGonagall se quedo ahí, enseñando las manos. Como si salpicara.
— Pastel de limón. — dijo de repente.
El águila empezó a moverse, dando vueltas. Las gradas empezaban a subirse como si fuera una escalera mecánica, como los que tienen en las estaciones de trenes en Londres.
Draco camino hacia la puerta de la oficina de Dumbledore, y antes que pudiera tocar. La puerta se abrió. Dumbledore estaba sentado tras su escritorio, mirando la entrada.
— Señor Malfoy, pasa. Adelante. Toma asiento por favor.
Draco aún con el ceño fruncido, se acerco lentamente. Observando la habitación. Observo todos los cuadros que habían ahí, el ave fénix.
Draco trago saliva cuando se quedo frente al escritorio de Dumbledore, tomando asiento.
— Bueno, veo que estas incómodo de estar aquí. Así que, iré directo al grano. — empezó hablar Dumbledore. — Primero, ¿conoces la leyenda de las "almas gemelas" de nuestro mundo?
— ¿La leyenda de una pareja que juntos tienen un gran poder de vencer casi todo?
— Exacto. Esa misma. ¿Y qué más sabes? — bajo un poco las gafas que llevaba puesto.
— Pues... que duran toda la vida. Cuando fallecen, renacen en otra vida. La pareja se encuentran en las casualidades imposibles, sin importar cuánto tiempo les lleva encontrar a su otra mitad.
— Excelente, señor Malfoy. Veo que estás muy al tanto de ello.
— Profesor Dumbledore, ¿qué tengo que ver yo con esa historia? ¿O por qué estoy aquí, en realidad?— dijo con el ceño fruncido intentando no sonar grosero.
— Verás, señor Malfoy, la historia es real. La leyenda de esa bruja y mago es real. Sus almas renacen en otra vida. Desde hace siglos que existe esa leyenda. Su amor duro toda la vida. Su amor es vence al miedo. Su amor es más poderoso. Esas almas saben que encontraron a su mitad cuando sienten una corriente al tocarse.
Draco abre los ojos con el ceño fruncido, sorprendido.
— ¿Entiendes a dónde voy, señor Malfoy?
— Pero... es imposible. No hay manera que yo... Aurora... no nos llevamos muy bien. — negó con la cabeza.
— Créeme que lo note. — junto sus palmas. — Pero, es depende de ustedes traer el equilibrio al mundo. Más que nada, nuestro mundo.
Draco se tomó un momento para asimilar la información que acaba de darle Dumbledore. Quería convencerse que era imposible.
Paso unos minutos de silencio. Hasta que finalmente hablo.
— ¿Morey sabe de esto? — Draco trago saliva.
Dumbledore negó la cabeza, con la misma expresión.
— No puedo decirle, no ahora... no con la perdida que sufrió.
Draco frunció más el ceño. Seguir sin entender.
— ¿A quién perdió?
— Oh... no lo sabe. — abre los ojos. — Bueno, me temo que no me incumbe decirte, señor Malfoy. Pero, si llegas a conocerla mejor o conectarte con ella, lo sabrás. Quizás, podrían terminar juntos.
«¿Conocerla mejor? ¡Ja! Como si fuera posible...» — pensó Draco.
Dumbledore le rogó que intenten funcionar por el bien de la escuela, por el bien del Mundo Mágico. Draco aún intentaba asimilar la información. Ahora empezó a preocuparse lo que pensara el padre de Draco. Su padre es un mortifago, no cree en esas tonterías que quieran un mundo mejor. Sabe que tanto como su padre, como los demás mortifagos quieren el poder. Quieren eliminar a aquellas brujas y magos que son "sangre sucia".
Dumbledore le había dicho que hará que el profesor Snape le ponga junto a Aurora durante la clase de Pociones y en Defensas Contras las Artes Oscuras con el profesor Remus Lupin, ante la última mención, Draco recordó algo.
— Profesor Dumbledore, ¿el profesor Lupin te mencionó sobre el boggart de Aurora?
El profesor Dumbledore abrió los ojos. Antes que pudiera decir algo, la puerta sonó. Dumbledore levanto un dedo, pidiendo permiso a Draco. Dijo "adelante", antes que la puerta se abra, revelando al profesor Lupin.
— ¡Oh! Veo que esta ocupado. —abre los ojos. — Lo siento, volveré luego.
— Profesor Lupin, justo con usted quería hablar.
El profesor Lupin entro nervioso, observando a Draco antes de dirigir su mirada a Dumbledore. Draco noto como el profesor Lupin trago saliva.
— Iba hablarle sobre el boggart de Aurora. — soltó después de un silencio corto.
— Oh, ya veo... ya te adelantaste.
— No llego a decirme todo porque justo tocaste la puerta.
— Bueno... es triste, es como... ¿recuerdas lo que me contaste sobre una alumna en tus tiempos como profesor? De la señora Lestrange.
Draco frunció el ceño al escuchar ese apellido. Era la bisabuela de Bellatrix Lestrange o eso le contaron.
— ¿Cómo fue?
Draco no pudo evitar quedarse callado. Sentía que necesitaba explicar en todos los detalles.
— Era una chica, parecía que era ella. A su alrededor habían siluetas que desaparecían como si se evaporaran. Uno por uno.
Dumbledore frunció el ceño, como si pensara. Luego asintió al llegar a una conclusión o eso creía.
— Ya veo... creo que ahora lo entiendo... ella esta sola. No tiene a nadie más sin contar que tiene a sus amigos. Aurora acaba de perder a un ser querido muy importante para ella. Eso hizo que su corazón empezará a encogerse. Haciendo que el dolor y el miedo supere al sufrimiento y al amor. Si ella sigue sufriendo, el mundo seguirá oscuro, lleno de dolor y sufrimiento. Necesita ser amada. Necesita ser amada aquí en Hogwarts. — observo a Draco. — Pero, nunca será suficiente si no se une a su alma gemela.
Draco abre los ojos, negando con la cabeza.
— ¿Yo? ¿Yo soy su alma gemela? ¿Cómo están tan seguros?
— Me informaron que los oyeron decir que sintieron una corriente cuando sus manos tocaron. — desvío la mirada. — Sin querer, por supuesto. Y no solo una vez.
Draco tragó saliva.
Draco frunció el ceño. La habitación quedo en silencio. Nadie le llamo, como sí le dieran un momento para asimilar todo lo que le informaron.
¿Qué iban a pensar sus padres? Muy dentro sabían que se iban a decepcionar, más que nada su padre. Porque tienen la obsesión de que los Malfoy's deben ser "sangre pura" y para las futuras generaciones. Aurora es mestiza, lo supo desde el primer año que ingresaron a Hogwarts.
— Por favor, Draco... nuestro mundo mágico depende de ustedes. Claro, también de Harry Potter si llega a enfrentarse al que no debe ser nombrado.
— Yo... no sé cómo establecer una conversación o acercarme a ella. No nos llevamos desde el primer año que entramos a Hogwarts.
— ¿Qué tal si intentando ser más amable con ella?
— Creerá que me lanzaron "confundus". — rodeó los ojos.
Dumbledore sonrió negando la cabeza. Intentando disimular su risa.
— Buen punto, señor Malfoy. Bueno... avisaré a algunos de los profesores que los pongan juntos para no levantar sospechas. Nadie más debe saberlo.
Draco salió confundido de la oficina de Dumbledore, repitiendo una y otra vez en su mente. «¿Aurora y yo, almas gemelas?», pensó.
Draco se dirigió al Gran Comedor, observo a todos los estudiantes comiendo, charlando. Su mirada se dirigió a la mesa de Gryffindor, ahí estaba... Aurora Morey. Parecía pensativa, mirando su plato mientras jugaba con su cubierto. Noto que el plato estaba lleno como si no hubiera comido ni un trozo de pastel. A su lado estaba Hermione y frente a ellas, Ron y Harry. Entre los tres se hablaban.
— Draco — dio un pequeño salto al escuchar su nombre. — ¿Qué tanto miras? — pregunto Pansy Parkinson con el ceño fruncido.
— Nada. — se volteó, ignorandola.
Hermione engancho su brazo con el de Aurora, esa le agradeció con una sonrisa. Agradecía tener a sus amigos, apoyándola.
Iban camino a su sala común, pero antes de llegar, Aurora se detuvo.
— Luego los alcanzo, iré al baño.
— ¿Te acompaño? — pregunto Hermione mientras la miraba.
— No, esta bien. Vayan, enseguida los alcanzo. — sonríe.
Los tres asintieron no muy seguros, pero no insistieron más. Supieron qué querían respetar su espacio.
Aurora entro al baño, agradeció mentalmente que estuviera vacío. Se acerco a uno de los lavados y se miro frente al espejo. Con frustración se quito la corbata, lanzando al suelo. Se sujeto del lavamanos y comenzó a llorar. Parecía que había estado aguantando todo el día el dolor que sentía en su pecho o era el mismo dolor que sintió en toda la semana, incluso antes de regresar a Hogwarts.
Recordó lo que paso en la clase de Defensas Contra las Artes Oscuras. Se maldijo por dentro por dejar mostrar su miedo. Era tan personal.
Lloró.
Lloró mientras caía al suelo. Se sentó cubriendo su rostro con sus manos. Su pecho empezó a doler.
No supo cuánto tiempo había estado así, pero juraba que sintió una eternidad. Se maldijo por dentro sabiendo que era tarde. Filch podría atraparla una vez más y aumentarle el castigo.
Salió con cuidado del baño, observando ambos lugares del pasillo. Rogando ser lo más silenciosa posible. El pasillo se sentía vacío, silencioso, es decir... no había ni un solo ruido.
Agradeció mentalmente no ser atrapada ni por Filch, ni por los prefectos mientras caminaba un poco rápido.
Hasta que choco con alguien. Alguien con quién menos deseaba encontrarse.
Hubiera preferido en esta situación encontrarse con Filch y recibir el castigo, arriesgando a su Casa que encontrarse nada más con Draco Malfoy.
— ¿Qué haces aquí afuera tan tarde? — preguntó con el ceño fruncido.
— ¿Qué haces tú aquí afuera tan tarde? Y baja la voz. — susurra, mirando los pasillos.
— No te incumbe, Morey.
— Entonces no te incumbe lo que hacía.
Ambos dieron un salto de susto al escuchar pisadas fuertes muy cerca. Sabían que alguien se acercaba.
Antes de que Aurora tuviera tiempo de huir de ahí, Draco le tomo de la mano y sintieron la corriente, pero antes que alguno de ellos pudiera decir algo, la vista de Aurora se convirtió en movimientos muy veloces. Después de un par de segundos, aparecieron en la torre de astronomía.
Ambos jadearon. Aurora aparto su mano de golpe, alejándose de Draco un par de pasos.
— De nada, Morey.
— No pedí tu ayuda. — frunce el ceño.
Draco rodeo los ojos.
— Si no fuera por mí, estarías ahí abajo atrapada por Filch y la señora Norris. Así que, de nada, Morey.
Aurora mordió su lengua. Sabía que tenia razón y estaba agradecida, pero no quería admitir en voz alta.
— ¿Por qué me sigues, Malfoy? Últimamente, te encuentro cada vez más cerca de mí.
— Coincidencia. No creas que te sigo, no sueñes mucho.
— Como sea. — le fulmino con la mirada. — ¿Por qué siempre que me tocas, siento una corriente?
Draco tragó saliva, mordiendo su lengua. Sabía que no podía decirle la verdad, la información que le contaron en la oficina de Dumbledore.
— Qué se yo. — evito mirarla. — No creo que sea yo, capaz lo sentiste con Potter, Neville...
— No. Por supuesto que no. No creo que sea normal.
— Escucha, no tengo tiempo para tonterías. Ve a tu Casa y yo iré a la mía.
Draco intento irse de ahí, pero se detuvo al escucharla juzgándolo.
— Sí llego a enterarme que me estas maldiciendo... — la interrumpen.
Draco se dio la vuelta, soltando un suspiro.
— Ya te dije que yo no lo estoy haciendo. ¿No lo entiendes o no te queda claro? — escupe molesto.
Aurora no dijo nada, pero no dejaba de mirarlo mal. Estaba molesta. Muy molesta de que le interrumpieran su noche.
— De acuerdo. Iré a mi habitación, buenas noches.
Avanzo, pasando a su lado. Dejando a Draco solo en la torre de astronomía.
Después de que Aurora se puso pijama, se sentó sobre la cama de Hermione. Le había contado lo que sucedió a Hermione, pero le rogó no contarle a los chicos para no ir tras Draco. Claro, Hermione frunció el ceño. No era propio de Draco Malfoy lo que acaba de hacer.
Acaricio a Frida, su lechuza antes de desearle "buenas noches" y acostarse.
Pero, no pudo dormir. Estaba confundida, no sabía por qué casualmente, Draco estaba frente a ella. Quizás, solo eran coincidencias o imaginaciones suyas que no la dejaban pensar con claridad.
Del cajón que tenia al lado de su cama, saco la fotografía de su madre. Solamente estaba ella, idéntica a ella. Sonreía. La foto era en movimiento.
Sonrió al verla, verla tan feliz. La extrañaba mucho.
Se había dado una ducha rápida, necesitaba mantenerse despierta y concentrada. Junto a Ron y Harry iban a practicar al Quidditch. Aurora es cazadora. Necesitaba estar al 100% para el día que jueguen. Tenían que ganar este año.
Estaba con su uniforme, ajustando sus guantes. Luego se hizo un moño. Rogó mentalmente que no se le saliera un mechón o más. Con esas ondas era un poco difícil de controlar mientras volaba.
— ¡Aurora! ¿Estás lista? — sonrió Harry, animándola.
— Claro, Harry. Estoy más que lista — intento convencerse. — ¿Sabes con quién jugaremos?
— Slytherin. — dijo rodeando los ojos.
Aurora abrió los ojos.
— ¿Qué? ¿En serio?
Harry frunció el ceño ante esa "sorpresa" de parte de Aurora.
— ¿Por qué te sorprende? Ya hemos jugado con ellos antes.
Aurora parpadeo, negando con la cabeza.
— Cierto... lo siento.
— ¿Estas bien? ¿Puedes jugar? — pregunto Harry, intentando disimular su preocupación.
— Claro, Harry. Puedo hacerlo. — sonrió. Mas bien, forzó una sonrisa.
Harry asintió no muy seguro. Pero, para eso iba a ponerla a prueba. Como era capitán, él solo iba a observar a todos los jugadores. Ginny, es muy buena. Tan buena como Harry. Ron... lo hace muy bien, pero con suerte.
Se dirigieron al campo de Quidditch, Harry dio unas instrucciones y consejos para jugar limpio.
— Amo tus rulos, Aurora. — le sonríe Ginny.
— Quisiera ponerme un gorro de ducha en todo el partido. — bromeo. Ambas rieron.
— Podrías hacerte unas trenzas si con moño te suelta.
— No se hacerme trenza yo sola. — suelto una mueca.
— Te haré uno rápido. — dijo observando a Harry, quién charlaba con Ron. — ¡Ven, siéntate frente a mí!
Torpemente, me acerqué a ella. Me di la vuelta, sentando. Sentí sus dedos tomando pelo por pelo grueso, desde arriba de la frente, tomando los costados. Hasta que terminó en la cola. Toque mi pelo, regalándole una sonrisa de agradecimiento.
— Te pediré el mismo favor el día que juguemos.
— ¡Claro! Oye, tu cabello esta tan largo como de Luna.
— ¡Ah! Encontre a mi melliza. — bromee.
La mitad del equipo se pusieron unas camisetas sueltas, para diferenciar y separar nuestro equipo. Como los que usan los jugadores de fútbol, los muggles. Lo supo, porque de dónde vive, a aveces veía a chicos y chicas jugando en el patio.
Necesitaba darlo todo. Tener la mente al 100% al partido, sino, Harry nunca le perdonaría. Además, también buscaba señales de distracciones de parte de Aurora. No con malas intenciones, claro. Solo quería cuidar de ella, pero también quería asegurarse de que no traicione al equipo.
La práctica estuvo más que bien, para ser sincera. Se enfocó y se concentró. Los mechones sueltos apenas le molesto.
Todos se habían dado una ducha y cambiarse para ir a cenar.
Aurora estaba distraída, no supo dónde estaba Hermione, tampoco encontró a Harry y Ron, pero conociéndolos, Ron no aguantaba el hambre y fue directo al comedor mientras Hermione lo regañaba y Harry... estaba ahí, escuchándolos. Rio con solo imaginarlo mientras negaba la cabeza.
— Hola Aurora.
Aurora se detuvo de golpe con el ceño fruncido al oír su voz. Se dio la vuelta.
— Hola Malfoy.
— Dime Draco.
— No somos amigos, Malfoy. — rodeo los ojos.
— Podríamos intentarlo. — dijo acercándose.
Aurora miro a ambos lados, con el ceño fruncido.
— ¿Vas hacerme una broma?
«¿Y a ese quién le lanzo "confundus"?» — pensó.
— ¿Qué? — preguntó Draco.
— ¿Por qué me hablas? ¿Qué estas planeando, Malfoy?
— No estoy planeando nada, Aurora. Solo quiero hablar. Solo.... — Draco se giro la cabeza, mirando ambos lados antes de que sus ojos azules vuelvan a los ojos mieles. — ¿Podemos hablar en privado? A solas.
Aurora levanto una ceja. Aún se le hacía extraño ese cambio de comportamiento. No era Malfoy. No era un chico amable.
— Si intentas algo, no dudo en lanzarte un hechizo.
— Hecho. — Draco rodeo los ojos. — Vamos a un lugar más despejado.
No le quedo otra a Aurora ir tras él. Mientras más se alejaban del Gran Comedor, más vacío estaban los pasillos. Seguían caminando hasta llegar fuera, justo en la entrada que estaba a la vista de la casa de Hagrid, en plena bajada. Noto la chimenea prendida por el humo que salía. En su jardín habían unas cuantas calabazas y un espantapajaros.
Estuvo un poco distraída pensando en visitar a Hagrid que no se dio cuenta que Draco se detuvo frente a ella, al momento de chocarse con él, reaccionó.
— Me parece que estas un poco distraída. — sonríe.
Aurora se sonrojo, rodeó los ojos.
— Dime para qué me trajiste o de qué querías hablar.
Draco sintió el olor a pintura óleo, se preguntaba si Aurora pintaba.
— Ya te dije, quiero que nos llevemos bien.
— ¿Y esperas que me lo crea?
— No tiene sentido que nos odiemos sin motivo solo por Potter.
— Bueno, sí tan solo fueras amable desde la primera vez... — remarco la última palabra. — no estaríamos así.
Draco soltó un suspiro. Mordiendo la lengua.
— Lamento todo lo que te hice, Aurora. Fui un idiota.
«¿Draco Malfoy se esta disculpando?» — pensó Aurora.
Aurora frunció el ceño, mirándolo a los ojos grises. Con los brazos cruzados se acerco sin apartar la vista de él. Draco era una cabeza más alto que ella. Noto cómo Draco trago saliva mientras la miraba desde arriba.
Draco olía muy bien, con ese aroma caro. Estaba con su túnica verde. Tal como Aurora llevaba su túnica rojo, de Gryffindor.
— De acuerdo... — dio un paso atrás. — Acepto tus disculpas.
— ¿En serio?
— Sí, solo.... Ya ni estoy segura si vas a cambiar. No sé si seguirás molestándome o a mis amigos.
— Aurora, solo quiero llevarme bien contigo. Quiero que estemos bien por el resto de nuestras vidas. —tragó saliva, nervioso.
— Bien. — cruza los brazos. — ¿Eso significa que debemos iniciar alguna amistad o algo parecido?
— Que tus amigos no se enteren. Van a sacar conclusiones estupidas. — rodeo los ojos. — Por ahora.
— Hecho. Veremos si hay algún avance. — sonríe.
Una sonrisa honesta. Aurora estaba sonriendo de verdad. No era forzado ni nada, era una sonrisa verdadera.
No supo por qué, pero el corazón de Draco empezó a latir con fuerza ante esa sonrisa.