¡La Declaración de Robin! (ZoRobin)- ONESHOT [TERMINADA - PEDIDO ESPECIAL]

Sinopsis

Después de que Luffy se ha convertido en el Rey de los Piratas, Nico Robin, decide que ya es tiempo suficiente para declararse. Disclaimer: todos los personajes pertenecen a Eiichiro Oda. Créditos de la imagen de portada a su respectivo autor.

Genero:
Erotica
Autor/a:
CrimsonAngel7
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

CAPITULO 1

CAPITULO 1

-Nueva Era Pirata

-En algún lugar del Nuevo Mundo

Ha pasado un año desde que Luffy se volvió el Rey de los Piratas.

Después de cumplir algunos de los sueños de sus nakamas y en busca de más aventuras mientras cumplen los demás faltantes, Nico Robin analiza la situación en las que se encuentra respecto a sus sentimientos; ella siente que es el momento adecuado para planear cierto evento que podría traer un cambio dentro de la banda. Sale de la recamara que comparte con Nami y Carrot y decide ir en busca de la primera para que la ayude a organizar cierto plan que involucra a un peliverde algo despistado y un tanto malhumorado y peleón, solo con cierto rubio cocinero de la banda, aunque honestamente era una de sus formas favoritas de pasar el tiempo aunque no lo admitiese.

— ¿Navegante-san, puedo pasar? — toca la puerta lo suficientemente fuerte para ser escuchada por la otra mujer.

—Por supuesto que puedes, Robin — contesta la de cabello bermellón, mientras dibuja un mapa de la última isla donde estuvieron. La puerta es abierta dejando ver a la pelinegra, quien cierra tras ella — ¿En qué te puedo ayudar? —la peli naranja se quita los anteojos y los coloca en la mesa de a lado con un tintero de color negro, bebe un poco de café mientras espera a que la ojiceleste hable.

— ¿Recuerdas que te hable sobre mis sentimientos hacia cierto hombre? — pregunta la pelinegra recostándose contra la pared de madera, a la peli naranja se le iluminan los ojos al recordar aquella confesión por parte de la mayor.

— ¡Por supuesto! — alza la voz emocionada. Se levanta de su puesto y abraza a su amiga- ¿En qué te ayudo, Robin?

—Pues quería que me ayudaras a planear como salir con él — la pelilarga sonrió y algo de rubor pinto sus mejillas.

— ¡Oh~! — sonrió la gata ladrona mientras cruzaba sus piernas mientras se encuentra sentada en su silla — ¿Algún plan en mente ya para conquistarlo?

—Más o menos, navegante-san fufu~.

— Entonces explícame querida- dijo Nami mientras se acomodaba en su asiento y tomaba una galletita en sus dedos para luego llevarlas a su boca y darles un mordisco.

Robin sonrió y se acomodó en un lugar cercano, sería una plática muy larga.

3 días después

Nami y Robin divisan al objetivo de su empresa, quien casualmente se encuentra en la cubierta haciendo ejercicio levantando unas enormes pesas. Las mujeres sonríen y se miran mutuamente a los ojos y asienten a la vez ante lo que es el inicio de su plan para una futura relación.

Robin se alista y se pone un vestido color blanco con estampado de flores rojas con un escote en forma de corazón y que llega hasta la mitad de los muslos con unas sandalias a juego de plataforma, se coloca un pequeño collar con el dije de una flor y unos bonitos pendientes que resaltan el color celeste de sus ojos, trenza su largo cabello negro y lo deja caer a un costado de su hombro. Lentamente se encamina hacia Zoro quien sigue con su cuenta de levantamiento de pesas muy concentrado, como para prestar atención alguna.

—hola, espadachín-san — Roronoa detiene toda acción y mira a la pelinegra curioso cuando esta le ha hablado y ahora le sonríe; traga fuerte y siente que está a punto de ruborizarse porque ella no deja de mirarlo con esa sonrisita de yo todo lo sé, y que le provoca cierto escalofrío.

—¿ Se te ofrece algo mujer? — él la miro inquisitivo mientras deja la pesa a un lado, toma la toalla y seca su cuerpo y rostro por el sudor al ejercitarse al máximo.

— ¿Quieres salir conmigo? — un suave tono rosado cubre las mejillas del espadachín y este se queda en silencio ante la pregunta, por suerte para él, su piel morena hace que no se note demasiado el color rosa en sus mejillas.

‹‹“Bueno, debería de aprovechar el tiempo a solas con ella ya que me está invitando a salir. Es una buena oportunidad”››.

—Está bien- el de ojos negros se soba detrás de la nuca y ella le sonríe- solo déjame tomar una ducha y alistarme. — Aquí te espero.

Roronoa camina hacia el cuarto de hombres y toma un cambio de ropa, luego se dirige a tomar la ducha aunque en el camino se pierde varias veces hasta dar con el dichoso lugar y eso que ya lleva un buen tiempo viviendo allí en el Sunny. Al finalizar de tomar una refrescante ducha, se coloca la ropa sin olvidar su preciado haramaki y el cual usa también para sostener sus espadas; sale fresco del lugar y se dirige hacia la morena quien lo espera pacientemente leyendo uno de sus tantos libros, pero versión de bolsillo.

—Vámonos mujer- ordena Zoro. Robin se pone de pie y guarda el pequeño libro en su bolso, rápidamente se coloca al lado del peliverde mientras bajan por la rampa hacia la ciudad.

Caminan un poco alejados uno del otro, pero Robin en un movimiento no tan sutil, toma la mano del peliverde quien en ese momento mira extrañado como sus manos se unen y entrelazan sus dedos, dicha acción hace que su estómago revoletee.

— ¿Y porque tomas mi mano? — pregunta mientras avanzan hacia la pequeña ciudad, donde dará inicio su cita.

—Porque sino te perderías, espadachín-san fufufu~ — la mujer ríe y el hombre se sonroja un poco ante ese comentario, aunque él nunca lo admitirá, ¡maldición!

—Mira ya estamos en la entrada — señala sonriendo la arqueóloga.

— ¿Y a dónde vamos? — pregunta Zoro mientras siguen avanzando y observando los edificios y distintos establecimientos que forman parte de la pintoresca vista.

— Ya lo veras.

La mujer sonríe y Zoro sabe, por instinto, que ella está planeando algo a sus espaldas, pero prefiere no pensar demasiado. Siguen su camino, mientras observan las pequeñas tiendas en la plaza y uno que otro artículo que llama la atención de ambos. Es un día fresco, después de todo es una isla de Verano en plena estación de Primavera.

Llegan a un pequeño establecimiento donde se hace una cata de vino de distintas frutas exóticas. Zoro sonríe, al saber que podrá beber el delicioso vino o mejor dicho, el alcohol que tanto ama desde que era un adolescente.

Allí en ese pequeño local lleno de distintas botellas y marcas son ofrecidos como muestra, para todo aquel interesado.

Robin, observa al espadachín y sabe que está complacido con que estén en ese lugar que sería un paraíso para él.

El espadachín bebe todo vino que es ofrecido y compra algunas botellas para sí mismo, cuestión que le saldría caro debido al préstamo que le pidió a Nami nuevamente, pero que disfrutaría ya que así no tendría que ver el rostro del estúpido cocinero riñéndole a cada rato cada vez que iba por algo de sake aunque nunca admitiría que le gustaba irritarlo y sacarlo de quicio algunas veces. Por alguna razón, se había convertido en su nuevo hobby desde hace años.

—¿Te gusto la sorpresa, espadachín -san? — pregunta Robin, quien prueba un vino de cerezos algo dulce y que es muy exquisito en su paladar. Era uno vino muy delicioso.

—Sí — responde. Este empina toda la botella hasta tragarse de un solo golpe lo que le queda en la botella —. Gracias.

—De nada — ella sonríe mientras analiza su cuerpo moreno y de músculos lisos y suaves.

Son las casi 3 de las tardes cuando Robin decide que ya es suficiente de tanto degustar vino. Saca a Zoro de allí y lo invita a un restaurante donde sirven una comida deliciosa.

—¿No quieres comer espadachín - san? — pregunta la morena mientras caminan de la mano.

—No he comido nada desde la merienda — hace una mueca de disgusto pero luego recuerda que el onigiri estuvo muy delicioso y sonríe, aunque nunca le diría al cocinero que cocinaba muy bien. Eso le subiría demasiado el ego, y eso que ya lo tiene muy alto para su propio bien —, te sigo mujer.

Siguen por un sendero después de dejar la Casa de Vinos RoseMary y llegan a un pequeño hostal estilo campestre, obviamente ya las reservaciones habían sido hechas con anticipación vía Den Den Mushi desde el Thousand Sunny gracias a Nami quien se había encargado de todo. Aunque le había dolido mucho semejante gasto de dinero, pero todo fuese por su amiga Robin con tal conquistar al peliverde.

La pelinaranja había llorado un mar de lágrimas por semejante gasto, aunque hubiese preferido gastarlo en ropa.

—Se ve muy acogedor — dice el marimo mientras observa el lugar detalladamente —, y familiar.

—Es un restaurante que recomendó cocinero-san — la ojiceleste sonrió y se apegó más al cuerpo del moreno, sus pechos rozando su brazo musculoso —, dice que la atención al cliente es muy buena y su comida es deliciosa y fresca. Además tiene una hermosa vista al campo de flores que cubre toda la colina.

Con paso firme el espadachín y la arqueóloga entraron y fueron recibidos por uno de los meseros quien cotejo la reservación con sus nombres. Luego fueron llevados hacia un puesto cerca del ventanal donde les fue entregado el menú; el cual fue repasado por Zoro muchas veces mientras se decidía a que comer. Después de tanto mirar el menú o meditar, Zoro se decidió por un guisado con arroz de calamar y papas al horno; Robin en su lugar, ordeno pollo en salsa blanca con hongos y vegetales al horno rebosados en mantequilla y vegetales sofritos.

Se dedicaron a comer en un cómodo silencio mientras disfrutaban de la comida en sus paladares.

Mientras comían fueron atendidos espléndidamente por el mesero quien se desenvolvía haciendo bien su trabajo atendiéndoles, razón tenía el Vinsmoke sobre el lugar. Era tranquilo y con una hermosa vista hacia los campos de flores de colores que se extendían frente a sus ojos celestes.

Al finalizar de comer, dejaron la mesa y salieron al jardín, caminaron por el campo hasta llegar a varios árboles de cerezo. Tomaron asiento debajo de la sombra del más grande.

— ¿Me puedes decir que hacemos aquí? — pregunto el espadachín mientras estaba acostado con los brazos cruzados detrás de su cabeza y con su único ojo cerrado.

La arqueóloga lo miro y sonrió ante su pregunta, el hombre era tan denso que no se había percatado de nada al parecer.

—Es una cita, espadachín-san - la mujer rio y Zoro hizo una mueca como si fuese algo molesto, pero en el fondo le alegraba el estar solos los dos y sin interrupciones.

—Sabes, eres extraña mujer- Roronoa respondió. Abrió su único ojo y quedo pasmado al tenerla tan cerca de su rostro, sus alientos combinándose por aquella cercanía — ¿Qué estás haciendo?

—Pues que más, espadachín-san fufufu~ — Nico Robin quería reírse y mucho, pero hacerlo acosta del peliverde quien la miraba con el rostro algo rojo hasta las orejas; era muy malvado de hacer — quiero besarte Zoro, me gustas mucho y quiero que seas mi novio.

Si alguien dijera que el mejor espadachín del mundo se había quedado sin habla, en ese preciso momento, nadie le creería.

Así que ella, como una mujer fuerte, decidida y que sabe lo que quiere, tomo las riendas del asunto y beso al hombre.

Amoldo sus labios rosados sobre los de él, seduciéndolo a ser correspondida y así lo hizo el moreno. La tomo de la cintura y la subió a su regazo donde siguieron su beso, sus lenguas jugando juntas y sus manos grandes sosteniéndola de la cintura mientras ella acariciaba su fornido pecho.

— Tú también me gustas, Robin — correspondió a su declaración.

—Entonces eso nos hace novios, espadachín-san.

Robin estaba tan feliz que su corazón podría salirse de su pecho en cualquier momento, definitivamente le debía una muy grande a Nami por su ayuda, y la daría un regalo al cocinero por haberle recomendado el lugar. El pobre rubio había despotricado al enterarse y no le había quedado de otra más que resignarse de que ella estaba enamorada de cierto peliverde con tendencia a perderse... si querer. Aun recordaba las palabras del Vinsmoke mientras encendía el cigarro con su encendedor de oro favorito: “Si la estúpida alga con patas te lastima Robin-chwan las pagara muy caro, no dejare que ese imbécil te haga llorar. ¡Maldito marimo, ojala sepa apreciar y amar a tan hermosa dama!“.

Son las 7:30 pm y Roronoa Zoro está muy nervioso por lo que sucederá a continuación. Se encuentra sentado en la habitación, aunque más específicamente en la cama esperando a la mujer que ahora es su novia. Él la amaba definitivamente, pero sería la primera vez que tendrían sexo y eso que solo llevaban unas horas de ser pareja. Aparte ella misma dijo que deseaba probar que tan compatibles eran en la cama; trago fuerte. Sentía que podría ahogarse o asfixiarse si no tenía cuidado. ¡Maldición!, hacía mucha calor y la ropa le apretaba demasiado, era insoportable. Quizás el haramaki era el culpable de que se sintiera acalorado pero la verdad sea dicha, sentía las sensaciones a flor de piel.

La puerta del servicio se abrió y dejo ver a una Robin con un atuendo demasiado sexy de lencería para su vista, obviamente su miembro palpito expectante de lo que sucedería esa noche en el cuarto del pequeño hostal.

La morena camino hacia el hombre y se sentó sobre su regazo, sus labios amoldándose en un beso que inicio lento y que iba desencadenando en lujuria mientras el peliverde la tocaba algo temeroso. Esas manos toscas y ásperas recorrieron sus muslos en una caricia hasta llegar a sus nalgas, donde apretó la suave carne en sus grandes manos, seguido hicieron su recorrido hacia arriba hasta llegar a su delgada cintura como avispa.

—Deberías quitarte esto, Zoro — dijo la morena mientras le quitaba la chaqueta y luego el haramaki, arrojando ambas piezas al suelo.

El moreno se veía apetitoso, con todos esos músculos lisos y suave piel, aparte de algunas cicatrices adornando su cuerpo por algunas batallas.

—¿Estas segura de esto? — pregunta el peliverde mientras sostiene a la pelinegra de sus caderas.

—Sí — responde la mujer que está muy excitada y que empieza un lento balanceo de su cuerpo sobre el hombre, frotando así su sexo contra el miembro semi duro.

Un suave suspiro sale de los labios del peliverde cuando la ojiceleste inicia un lento recorrido de besos en su cuello mientras el espadachín le acaricia la espalda; lentamente, y por idea de Robin, caen ambos a la cama. Ella sonríe maliciosamente y se sienta recta sobre su regazo.

Cruza sus brazos en su típica pose y dice: “Cien fleur: Cuatro mano”.

De pronto dos pares de manos aparecen y retienen al peliverde de sus muñecas en la cama, como si fueran cadenas de acero. Robin sonríe y se pasa la lengua por los labios, demasiada tentación hecha carne, aunque ahora podría salirse con la suya y probar el cuerpo del hombre bajo ella.

— ¿Qué crees que haces mujer? — gruñe el peliverde mientras observa como la ojiceleste desliza su dedo índice por el centro de su pecho hasta su abdomen.

—Solo siente, espadachín-san fufufu~

La arqueóloga se levanta de su posición y procede a seguir con los siguientes pasos de su lista. Desabrocha el pantalón del hombre y lo desliza por sus piernas hasta sus botas las cuales saca de un rápido movimiento y luego le quita la pieza faltante de ropa, aunque por suerte para ambos, el de ojos negros no llevaba ropa interior.

La mujer se trepa de nuevo sobre la cama y gatea hasta llegar a la entrepierna del hombre y sonríe maliciosamente; seguidamente, Zoro tiembla de excitación al ver y sentir como la pelinegra toma su miembro entre sus manos.

Con los labios rosados y brillantes de carmín besa la punta del miembro varias veces causando que Roronoa retenga el aliento por tantos mimos hacia su hombría. Lentamente los labios de Robin engullen el miembro semi duro del hombre y procede a chupar tiernamente la virilidad en sus labios. Poco a poco, entre suaves lametones, succiones y de masajear los testículos del espadachín entre sus dedos, logra una erección. De color chocolate, y con el glande de color violeta con forma de hongo, la mujer sonríe al tenerlo todo erecto. Gordo y venoso, con el largo justo para follarla, está encantada por semejante atributo de masculinidad. Lo toma en su mano y empieza a masturbarlo, derrama algo de saliva para mejorar la fricción y observa como Roronoa se retuerce de placer.

Él no sabía que estaba sucediendo, pero imaginar a Robin torturándolo de placer nunca paso por su cabeza. Era una vista muy excitante como para ser verdad, aunque él realmente quería liberarse y presionar su rostro contra su miembro y que se lo chupase como minutos atrás. Un gemido salió de sus delgados labios, cuando mira detenidamente como la pelinegra se quita el sostén y lo arroja al suelo. Sus pechos son grandes y suaves, de grandes aureolas y delicioso color chocolate, con unos pezones gordos que le encantaría morder en estos momentos. Ella le sonríe, cómplice de lo que se viene; toca sus pechos y los masajea con fuerza excitada por el placer, lleva sus dedos a los pezones, tira y aprieta con algo de fuerza cada mullido brote entre sus dígitos hasta ponerlos los suficientemente duros por el placer.

La ve poner sus manos bajo la base de sus pechos y con ellos abraza su miembro en medio de esa montaña de carne. Desliza sus tetas de arriba abajo mientras chupa el glande del pene y su rosada lengua juega con la pequeña ranura. Entre cada chupetón y jugueteo, Roronoa gime, pero es incapaz de apartar la vista de tan sensual suceso. Algo de saliva se desliza por el tallo del pene combinado con gotitas de preseminal, sus pechos nunca dejan de frotarlo; es una rusa tan deliciosa que podría venirse dentro de su boca.

Un suave ′plop′ se escucha cuando Robin separa sus labios de aquel delicioso miembro. Desea engullirlo nuevamente y tragar su cremosa semilla, pero se dice a si misma que puede probarla más tarde. Lleva sus manos hacia sus caderas y desata los hilos que amarran sus bragas a su lugar. Se quita la prenda y observa la mancha de humedad que se ha formado en ellas por el placer; la arroja cerca del rostro del más joven para que mire y huela lo caliente que esta en esos momentos.

Desliza una de sus manos por su vientre hasta su sexo, donde sus dedos comienzan a tocar suavemente los carnosos labios de su vagina para seguido tocar su clítoris y frotarse aún más su sexo. La humedad de su intimidad incrementa y sus dedos salen mojados de tanto placer dado, sus pezones son duros brotes de carne entre sus dedos. Ella sonríe y le da a probar al espadachín, el sabor de sus jugos para luego terminar en un beso muy caliente donde ambos se comen la boca y enredan sus lenguas en un beso húmedo y demasiado carnal.

—Eres deliciosa — dice el espadachín, excitado por el momento.

—Tú también, Zoro~— responde Robin con algo de urgencia

—¡Me encantas! - dice el peliverde. Se muerde el labio inferior por la expectativa de lo que está por venir.

— Y ahora viene lo mejor— comenta Robin muy deseosa.

Suavemente la mujer levanta sus caderas y frota la cabeza del miembro contra su vagina en un lento vaivén de adelante hacia atrás, lubricándolo así con sus jugos.

“¡Hm~! Tan gorda como me gusta, Zoro”.

Replica la arqueóloga quien poco a poco se va ensartando así misma sobre la polla del peliverde quien ahora se encuentra gimiendo al sentir como el interior de aquella dulce y caliente vagina lo aprieta tan delicioso. Pequeñas gotitas de sus jugos se mezclan y se deslizan perfectamente sobre el tallo hasta la base del miembro masculino. En un fuerte empuje, Roronoa logra liberarse de las restricciones de Robin y la toma de la cintura, y con un poco de fuerza logra clavar a la mujer sobre su durísima erección y hasta el fondo de su útero.

La pareja gime de placer por lo sexual del momento. Roronoa la mece sobre su miembro lentamente mientras ella gime con su suave voz. Los cuerpos del hombre y la mujer se encuentran poco a poco hasta tomar el ritmo o mejor dicho sincronizarse.

La forma en que Robin se movía sobre él, era de lo más excitante para su vista, poniéndolo cada vez, más caliente.

El movimiento sensual de caderas y como su sexo lo apretaba era muy exquisito, la dulce vista de sus pechos rebotando mientras lo cabalgaba duro y rápido aumentaba su lujuria logrando que sus manos dieran suaves tirones a los pezones de la mujer, ahora duros de placer. Dulces gemidos salieron de sus labios mientras el hombre tira de cada gordo pezón con sus dedos índice y pulgar, la pelinegra lo toma de las muñecas y lo deja hacer para su placer; Zoro deja sus pechos y dirige sus manos hacia la estrecha cintura de la arqueóloga, la sostiene fuerte, y en un rápido movimiento la coloca debajo de su cuerpo.

El peliverde sonríe malicioso ahora que tiene a la mujer debajo de él. Abre sus piernas y esta chilla cuando es penetrada más profundamente por semejante polla, la cual llena su apretada vagina.

Embiste fuerte y luego rápido dentro de ella. Las manos de la mujer se deslizan por sobre la morena piel del espadachín, siendo sus uñas, las causantes de esos rasguños en su espalda debido al placer. El hombre y la mujer se funden en un beso muy carnal que aumenta el calor de sus lujuriosos deseos, muerden sus labios, las lenguas se enredan de placer y el peliverde no deja de embestir dentro de la mujer. Los labios del hombre silencian los gemidos de la pelinegra, quien cada vez se derrite más al sentir los fuertes embistes dentro de su cuerpo. Le encanta como está siendo tomada, duro y rápido, sentir el peso del hombre sobre su cuerpo más delicado la excita de una forma inimaginable. Gime mucho más fuerte por el sexo pasional y lujurioso; el hombre en cambio, gruñe como una bestia salvaje llena de placer mientras embiste dentro del cuerpo de la mujer.

Roronoa se pone en una posición erguida y coloca las piernas de la mujer sobre sus hombros y nuevamente prosigue con la faena de la penetración. Es profunda y bestial, y ella puede sentirlo todo dentro de su cuerpo. Gime en éxtasis y tira de sus duros pezones, le encantaba la forma en que estaba siendo tomada. Desliza una de sus manos hacia su sexo y frota su clítoris provocando más placer para su cuerpo; sus piernas tiemblan y al igual que su cuerpo se estremece.

Un grito de placer sale de sus labios llenando la habitación, sus manos se aferran a las sabanas fuertemente mientras convulsiona en un delicioso orgasmo que le provoca ver estrellas detrás de los ojos. Mientras tanto Zoro, sigue empujando dentro de su cuerpo, da varios embistes más y gruñe de placer. El cuerpo de Roronoa se tensa y las venas de su cuello se inflan por la presión, gime y luego libera su semilla dentro del cuerpo de la mujer.

Era el placer más delicioso del mundo al llegar al orgasmo. Cae sobre Robin y ella lo abraza con fuerza, acaricia su fornida espalda en una suave caricia que tranquiliza al espadachín después del sexo.

—Te amo, Zoro — dice Robin, luego besa su mejilla y sonríe. Aún están recuperando el aliento.

—Yo también, mujer — declara Zoro.

Y ella sonrió, porque sabía que el hombre a quien ama lo dice de verdad y de corazón, aunque tenga la apariencia de un hombre frío. Nico Robin ama a Roronoa Zoro.

Ɀ♥FIN♥R