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Paternal Instinct [DraMitsu]

Sinopsis

❝Actúan como los hermanos mayores del grupo❞ ❝Yo digo que parecen una pareja de esposos❞ ❝Definitivamente son los padres de ToMan❞ ❏ Draken x Mitsuya ❏ No apegado al canon ❏ One-Shot ❏ Los personajes son creación de Ken Wakui

Genero:
Romance
Autor/a:
Tocchan
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

✎ . . . 父方の本能

Recientemente, aquellos que se hacían llamar "Los dragones gemelos" estaban pasando mucho tiempo juntos. No es como que al resto de la Tokyo Manji le molestase, incluso sospechaban que podrían estar saliendo como pareja.

En concurridas ocasiones se toparon con el vice-líder de la pandilla y el capitán de la segunda división, y gracias a esos encuentros pudieron darse cuenta de un peculiar instinto que ambos poseían.


❝Actúan como los hermanos mayores del grupo❞


Fue el comentario de Smiley, manteniendo su gran sonrisa ante la escena de Draken y Mitsuya, quienes conversaban tranquilamente bajo la sombra de un árbol.

Su gemelo Angry estuvo de acuerdo.


❝Yo digo que parecen una pareja de esposos❞


Chifuyu con mucho orgullo expresó su pensamiento, había leído muchos mangas shōjo para saber perfectamente que esos dos se comportaban como enamorados, además su instinto de emparejar a personas compatibles era fuerte, y se emocionaba cuando el rubio y el de cabellos lilas se acercaban mucho.

Takemichi rió nerviosamente por la audacia de su compañero al precipitarse en una suposición, pero internamente también pensaba igual.


❝Definitivamente son los padres de ToMan❞


Con la respuesta de Keisuke, el resto exclamó un sonido de afirmación. Matsuno saltó al debate para estar de acuerdo arrastrando a Hanagaki consigo, Hakkai se unió al diálogo expresando lo feliz que estaba de ser cuidado como un niño por Taka-chan, Pah-chin y Pe-yan bromearon entre risas por asignarles los roles a cada uno, y los Kawata siguieron observando a los implicados en la conversación.

Kazutora fue quien más contento se mostró, podía confirmar que esos dos le brindaron mejor amor paternal que sus verdaderos padres.


El amanecer se reflejaba en el horizonte avisando que el día iniciaba con una hermosa mañana, y si el sonido de la alarma no era suficiente para despertar a Manjiro Sano, entonces nada más lo sería.


Abrazado a su cobija vieja se removió con molestia en la cama por los murmullos de afuera. Podía escuchar la risa de Shinichiro y la voz autoritaria de Emma pidiéndole que se levante o llegaría tarde, y luego el sonido de la puerta abriéndose junto a los pasos entrando.


Cuando sintió que lo alzaban como si fuera una ligera pluma, supo que se trataba de Draken, pero también oyó el calmado tono de Mitsuya y se desconcertó por un segundo. Aunque luego de acordarse que ambos chicos empezaron a pasar más tiempo juntos, no le tomó importancia y siguió con los ojos cerrados volviendo a dormir.

Ellos se encargarían de alistarlo y llevarlo a la secundaria.


Perdió la noción de las horas, minutos y segundos desde el inicio hasta el final de la jornada escolar, pues se la pasó durmiendo en clases sin preocupaciones.

A la salida fue cargado en la espalda de Ken-chin, mientras caminaba amenamente con Takashi por los locales comerciales.


El enano rubio quería irse a casa pero su amigo tatuado no lo iba a acompañar hasta terminar con las compras de algunas telas para el futuro diseñador, y como el invencible Mikey tenía pereza para volver por su cuenta, decidió que los seguiría (siendo cargado para no mover un músculo).

En ciertas ocasiones se quejó de aburrimiento por estar mirando una infinidad de trapos, que para él todos eran iguales.


Y milagrosamente fue recompensado, o más bien, fue la manera de consentirlo para que dejara su berrinche. Hicieron paradas breves para comer, Ken-chin se encargó de comprarle omurice con la banderita incluida, con tal de que no agotara la paciencia de Mitsuya.

Y luego volvieron a la búsqueda de más telas, con el pequeño rubio tranquilo y feliz por sus dos taiyakis.


Manjiro rió internamente, se sentía como un hijo caprichoso.





Una actividad de un día específico que disfrutó, fue el de ese sábado. Su madre se había ido a trabajar temprano como de costumbre, quedando él y sus hermanas con la casa sola. No tenía inconvenientes con el cómodo silencio, pero Luna y Mana eran un tema aparte.


A sabiendas de que no se quedarían quietas, terminó por llevarlas a un paseo por el parque, al cual también se unió el menor de los Shiba por insistencia de las dos pequeñas que lo querían. Hakkai, Luna y Mana pasaron divirtiéndose en los juegos infantiles durante toda la tarde. Mientras él se encontraba sobre una banca, con la mochila escolar y los cuadernos para terminar las tareas.


Al finalizar decidió enviar un mensaje rápido por celular, obteniendo la respuesta al instante, para luego observar desde lejos a sus hermanas y amigo, que tenían una especie de juego del gato y ratón en donde el peliazul perseguía a las menores. A su alrededor habían mas asientos ocupados por otras madres que vigilaban a sus hijos, Takashi rió divertido al imaginarse como una de esas damas, que debía cuidar a las niñas y al adolescente infantil.


Faltaban pocos minutos para que el atardecer culminara cuando la persona a la que mensajeó había llegado, ofreciéndole con un sonrisa el lado izquierdo de su banca. A cambio, Draken compartió el frappé de moka con dos sorbetes que compró, y juntos observaron la puesta del sol.





Si algo aprendieron esa tarde Baji, Matsuno y los Kawata; era que no volverían a hacer enojar a Mitsuya.


La historia dio inicio con Keisuke paseando por las concurridas calles, casualmente encontrándose con Chifuyu y los gemelos en el camino, por lo que decidieron seguir entre todos. Hasta ahí era normal, pero el destino los cruzó con una banda de delincuentes sin importancia que optaron por molestarlos, por supuesto, la habilidad especial del pelinegro era recurrir a la violencia sin intentar persuadir. Smiley se unió a la pelea por simple diversión esperando un oponente fuerte, arrastrando a su hermano menor con él. Y el rubio de ojos turquesas terminó involucrado al tener que defenderse.


Para la suerte del grupo, la riña terminó rápidamente con la aparición de los dragones gemelos que se movilizaban en moto. Luego de haberse ocupado del problema con la pandilla, los cuatro implicados no tuvieron tiempo de agradecer al ver el semblante oscuro del chico de ojos lavanda.


Mitsuya era conocido por ser pacifista, razón por la que prefería no meterse en un altercado o dar inicio a peleas de ser posible, atacando sólo cuando la situación lo requería, contrario al colmilludo chico que era más impulsivo y que gracias a él, el resto lo siguió en un problema sin sentido e inmaduro. En la acera se encontraban de rodillas y con la cabeza agachada, haciendo una fila en silencio, Keisuke y Nahoya se llevaron la peor parte del regaño. Pero Souya y Chifuyu no se salvaron de recibir unas palabras, repitiéndoles que no se volvieran a precipitar a menos que las cosas se salgan de control.


Entre tanta tortura verbal, los chicos observaron disimuladamente a Ryuguji con ojos de cachorros tristes, suplicando por telepatía que los ayudara. Baji parecía el más afectado, si había alguien a quien temía era su mamá, y en ese momento el de cabellos lilas representaba la viva imagen de su querida y enfadada madre.


Draken optó por no darles la razón a ninguno de los castigados y mantenerse al margen, aunque en el fondo él también habría luchado imprudentemente sólo por sentir una buena adrenalina. Pero era preferible que ese pensamiento no lo supiera Takashi, no quería enfrentarse a ese furioso instinto maternal.





Takemichi siempre terminaba envuelto después de clases junto a Draken y Mikey, ya sea para ir a un local de dorayakis, uno de omurice (con bandera incluida), o un puesto de taiyakis. Y sabía que ese día no sería la excepción.

Luego de despedirse de Hinata, esperó junto a la entrada de su secundaria. Como lo predijo, Draken se iba acercando pero sorprendentemente quien lo acompañaba era Mitsuya.


El de cabellos lilas le explicó que su líder salió huyendo en cuanto los vio.

Y en palabras del rubio más alto: "Mikey ahora prefiere comer mil veces algo picante que volver a pisar una tienda de telas".

Hanagaki no pudo comprender la situación.


De un momento a otro ya estaban haciendo un recorrido por el centro comercial, y aunque a Takemichi tampoco le agradara la idea de observar, elegir y pagar; prefirió no quejarse y ayudar con las compras. También quiso aportar opiniones sobre ciertas opciones que le gustaba, pero fue silenciado por el concentrado Takashi, que le recalcó sutilmente su pésimo sentido de la moda. Ken sólo le dio palmaditas en la cabeza como consuelo.


Luego de tres horas donde Taka se hundía entre tanta tela, y los dos rubios esperaban sin objeciones cargando las bolsas de marcas reconocidas y costosas, finalmente se tomaron un descanso para visitar otras tiendas y sus alrededores. El rubio teñido se entretuvo en unas vitrinas con sus ojos brillando por un rompecabezas que llamó su atención, y de lo cual el tatuado se percató.


Entre un intercambio de miradas con Mitsuya y el asentimiento de éste, no lo pensó dos veces para adentrarse y comprar el juego como recompensa por el servicial apoyo del héroe llorón. El mencionado se negó a aceptarlo, pero no se necesitó más de una insistencia para agradecer y tomar el regalo. Como motivación extra, Draken le propuso armar las piezas en tiempo récord y obtendría su comida favorita. Takemichi salió contento de ese centro comercial con un rompecabezas nuevo, una bolsa de papas fritas, y sus dos amigos siguiéndolo con una sonrisa.





Pah-chin y Pe-yan quizás no tendrían una anécdota tan extensa para contar, pero sin duda se llevarían la medalla ganadora.


La jornada de clases había llegado a su fin, y ambos hombres esperaban en la entrada de la secundaria al capitán de la segunda división. Al cabo de unos minutos y observando como se despejaba la instalación educativa, sin tener la aparición del chico de ojos lavanda, se desconcertaron e ingresaron para averiguar. Quizás Mitsuya se había quedado nuevamente con Yasuda y las demás chicas, para terminar algunos diseños en el club de economía doméstica.


Pero se equivocaron completamente cuando abrieron la puerta del salón y lo encontraron casi vacío, a excepción de dos personas, dos hombres; específicamente Draken y Takashi. Comprendían la presencia del de cabellos lilas, pues era el líder del club; pero el de trenza rubia no tenía un propósito allí, ni siquiera iba a esa secundaria.


Analizando la situación se percataron de las íntimas posiciones que mantenían los dos, Mitsuya sentado sobre una de las mesas esquineras, mientras Ryuguji lo acorralaba. ¡Y se estaban besando!.


Se reprendieron mentalmente por no notarlo, pero agradecían haber interrumpido sin que los otros supieran, y que al parecer, recién iniciaban con la pasión. No querían haberse encontrado con una escena vergonzosa.


Sin duda habían visto algo que el resto no, y que seguramente Matsuno moriría por captarlo con la cámara de su celular; de cierto modo se sentían superiores por ser los primeros en confirmar la relación de esos dos. Y aunque tenían la opción de tomarles fotos para evidenciarlo con el grupo, decidieron respetar su privacidad.


Todos ya suponían que Draken y Mitsuya se traían algo entre sí, era más claro que el agua, sólo necesitaban que la pareja lo comunicara en voz alta, y podrían festejar por algo obvio.

Era seguro que eso lo dirían a su debido tiempo, y hasta mientras, esperarían con mucha paciencia.


Sin hacer ruido cerraron lentamente la puerta, asegurándose de colocar el seguro para que nadie más los interrumpa. Rezaron porque Ken no fuera tan brusco, y para que Takashi pudiera caminar sin dolor de caderas. Y sin nada más que hacer ahí, se retiraron a sus casas.





Kazutora se encontraba sobre una banca pública del parque, con las piernas cruzadas en posición de loto, asentando los codos sobre estas y recargando su barbilla en las manos. Tenía un gesto de fastidio, juntando las cejas y apretando los labios en una fina línea, mientras observaba la razón de su aborrecimiento.

Frente suyo había una familia de ambos padres y su pequeño hijo de cuatro años, divirtiéndose en el columpio rojo.


Aunque se convenciera que lo que sentía era odio, muy en el fondo sabía que era un anhelo triste. Su familia fue disfuncional, su padre fue un maltratador y su madre estuvo ausente, nunca pudo sentir lo que llamaban amor paternal.

Envidiaba a ese niño, se lo notaba muy feliz por tener lo que él nunca pudo.


ーEstúpida familiaー resopló con un puchero, bajando la cabeza mientras retenía las ganas de llorar. Para no sentirse más patético, estuvo por retirarse pero unas voces llamándolo lo mantuvieron quieto, girando la cabeza hacia los dos hombres que se acercaban. ーHola Draken y Mitsuyaー


Los nombrados devolvieron el saludo, depositando unas bolsas ecológicas sobre el suelo y sentándose en la misma banca para descansar, Takashi a su derecha y Ken en su izquierda.


ーVenimos de unas compras en la tienda, tomaー el de la trenza rubia rebuscó entre los productos, sacando tres empaques de helado de chocolate, repartiendo a cada uno.


Kazutora lo aceptó con un agradecimiento, mordiendo la cobertura de chocolate y saboreando el relleno de vainilla, todo en silencio mientras seguía mirando con disgusto a la familia.


Una mano sobre su hombro hizo que preste atención en el chico a su derecha, que lo miró con una sonrisa compasiva. ー¿Quieres ir al sube y baja?ー


ーYa no soy un niñoー fue la queja que dio con un leve rubor en sus mejillas por el bochorno, terminando su helado al mismo tiempo que el diseñador de ropa. Ambos le entregaron las fundas de basura al del tatuaje de dragón.


ーTampoco eres un adultoー respondió en broma, alborotando los mechones negros y rubios. Poniéndose de pie, hizo un ademán para que lo siguiera. ーVamos a jugarー


Sabía que no podría negarse, así que resignado caminó junto a Takashi. No imaginó que el capitán de la segunda división quisiera entretenerse en juegos para niños; ¿lo estaba haciendo por él?.


Con un poco de vergüenza escogió el lado izquierdo del juego, levantándose para permitirle subir al de cabello lila en la lado contrario, recargando su peso para impulsarse, dejando que la gravedad lo guiara al suelo y nuevamente arriba cuando volvió a impulsarse. Continuaron poco a poco entre subida y bajada, saltando como conejos y dejándose llevar por la diversión, el parque se había despejado cuando la anterior familia se retiró, y el único par de ojos que los observaban era Draken desde la banca.


Y tras analizarlo, abrió los ojos con asombro.

El desolado corazón del chico de lunar se llenó de un cálido sentimiento, su niño interior salió a flote mientras más se reía con su compañero, su mente le generó una bonita imaginación de él siendo nuevamente un mocoso y Mitsuya representando esa figura materna que estuvo ausente en su vida. Como el cariño de una madre divirtiéndose con su hijo por primera vez en el parque.


Y luego estaba Ryuguji, que los esperaba pacientemente hasta que decidan que era hora de volver a casa, cargando con las compras previamente realizadas y mirándolos de manera protectora, como un padre cuidando de su querida familia.


Los ojos de Kazutora volvieron a llenarse de lágrimas, que dejó escapar con mucho orgullo por ser de felicidad. Sonrío y rió con más ánimos y entusiasmado. Pidiendo ir luego a los columpios, también a la resbaladera, dar vueltas en el carrusel, el pasamanos no podía faltar, ¿y por qué no?, terminar haciendo un gran castillo en el arenero.

Su ilusión creció cuando recibió una respuesta afirmativa a todas sus peticiones.


Agradecía a Ken Ryuguji.

Agradecía a Takashi Mitsuya.

Finalmente sintió el amor de papá y mamá.

Le habían devuelto su infancia.





Ese 12 de junio despertó siendo aplastado por sus dos hermanas, que saltaban en la cama mientras le cantaban el feliz cumpleaños.

Y se quedó sobre el colchón por unos minutos más, sólo para permanecer abrazado a las niñas.


Por el resto de la mañana, los tres de la familia Mitsuya se dedicaron a preparar un pequeño pastel, a petición de las pequeñas que querían soplar las velas junto a su hermano.

Justo al mediodía habían terminado, y mientras preparaban la mesa, recibieron la visita de Draken.

Se repartieron el pastel para cuatro personas y conversaron hasta que una llamada de Mikey los citó al santuario de siempre.


En el camino reanudaron su plática, querían ponerse de acuerdo en el lugar al que irían luego de la reunión con ToMan, Ken proponía un paseo por la playa en moto y Takashi mencionaba una cena en el local favorito de ambos. Al final terminaron rechazando las dos ideas, y decidieron ver una película en casa luego de que Luna y Mana se acostaran a dormir.


Al llegar, el resto de sus amigos ya se encontraban esperándolos para recibir al más bajo con un grito en coro de ー¡Felicidades!ー


Sin duda había sido una sorpresa que hayan planeado su cumpleaños en secreto; pero tenía sus dudas respecto al cartel que sostenían Pah-chin y Pe-yan. Era rectangular y blanco hueso, decorado con exceso de brillantina, pegatinas y garabatos de crallones reemplazando el marcador que debió gastarse a media escritura, sin olvidar el hecho de que no calcularon la longitud del texto y casi se salía del extremo.

En conclusión, era un desastre, que probablemente fue hecho a última hora por Baji y Kazutora.


Pero la horrible estética no era lo que le causaba confusión, sino lo que contenía esa pancarta. En el texto se leía un: "Feliz día, madre".


Con algo de duda giró su cabeza lentamente hacia atrás, esperando encontrarse con la mamá de uno de sus compañeros de pandilla, no quería quedar como idiota por suponer que se trataba de su fiesta cuando en realidad no era así. Pero no había nadie, sólo él y Draken, por lo que nuevamente miró a los miembros de la ToMan.


ー¿Es para mí?ー susurró indeciso, apuntándose con el dedo.

Tan confundido estaba que no notó la risa mal contenida de Ken.


ー¡Por supuesto!, ¿quién más es la madre del grupo?ー con una gran sonrisa para mostrar sus colmillos, Baji fue el primero en acercarse y abrazar a un desprevenido Mitsuya. Y luego, el resto de la pandilla imitó la acción.


ーN-No digan tonterías, ¡no soy la madre de nadie!ー exclamó completamente avergonzado, sacudiéndose entre el abrazo grupal pero sin hacer esfuerzo por soltarse. Terminó suspirando con las mejillas sonrojadas, desviando la mirada mientras escuchaba los cumplidos cariñosos.


A poca distancia estaba el vice-líder, observando enternecido la escena junto al bajo líder. La tímida y agradecida sonrisa de Takashi era suficiente para llenar su pecho de un cálido sentimiento.


Mikey a su costado, lo miró sonriente, y con claras intenciones de molestarlo habló. ーNo te vayas a poner celoso, Ken-chin. Para tu cumpleaños te celebraremos como el padreー rió con burla hasta que un puño golpeó la cúspide de su cabeza.

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