Hermoso accidente

Sinopsis

Un inesperado acontecimiento está por aparecer en las vidas de Ciel y su fiel mayordomo, Sebastian, que por juegos del destino, bajo la firma del curioso shinigami, Undertaker, se convierte en el responsable del cambio que nuestros personajes pasarán, siendo no del todo agradable al ser algo que no estaba ni en sus más locos planes.

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Completado
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62
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5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

1

- ¿Disculpa..?

- Embarazado – tuve que volver a preguntar para saber si la respuesta que escuché era real...

- ¿Q-qué..? – siento la histeria recorrer en mis venas y tontamente vuelvo a cuestionar...

- Lo que escuchó conde – con su sonrisa que lo caracteriza me rectifica – y no estoy bromeando si es lo que piensa – entrelaza sus manos como si de un doctor se tratase dándole el resultado a su paciente.

- P-pe-pero ¿cómo? – con una mano toco mi cabeza ya que percibo una pulsación provocado por esta sorpresiva noticia.

- Hum, bueno – posa una de sus largas uñas en su barbilla a manera de pensar – creo que eso lo debe de saber a la perfección si está en esas condiciones – no entendiendo lo que dice lo miro con extrañeza – en este caso, la historia es así – carraspea un poco para iniciar su explicación – cuando un joven humano varón – alza su dedo índice enfatizando lo dicho – y un anciano demonio varón – hace la misma acción pero con la otra mano – se aman ardientemente – junta ambos dedos como si fueran los personajes – en una noche desenfrenada de alta pasión y lujuria, ellos...

- ¡¿QUÉ?!, ¡NO! ¡ALTO! – lo interrumpo efusivamente sonrojado ya captando la idea y más por el hecho de que lo insinuó haciendo un círculo con sus dedos derecho, mientras que con uno izquierdo perforaba el otro.

- Pero usted lo preguntó... - dibuja una sonrisa ampliamente burlona en su rostro.

- No me refería a... ¡Espera!, ¿qué?, ¿demonio varón?, ¿Sebastian? – a forma de respuesta, Undertaker asiente con la cabeza - ¿qué tiene que ver él en esto? – todo esto está siendo muy confuso - ¡No! – sacudo la cabeza como tratando de acomodar mis pensamientos – primero que nada ¿cómo demonios acabamos en esta ridícula plática?

- Primero, le sugiero que se calme. Tome este té – me otorga una de sus tazas – es para aminorar los nervios.

Le hago caso bebiendo hasta la última gota al tener la alta necesidad de verdad bajar la adrenalina.

- Listo. Ahora mis respuestas – sentencio con firmeza

- Claro. ¿Le parece que empecemos desde el principio? Desde el cómo es que usted se encuentra en “ese” – señala mi vientre – estado.

- Habla ya – le ordeno con voz más calmada al sentir los efectos del té.

- De acuerdo. Necesito que preste atención ya que debemos regresar desde su última visita, anterior a esta – lo miro un poco con extrañeza tratando de recordar algo anormal en mi estadía – sé que está muy confundido, no sería raro. Aunque de por sí esto ya lo es – no pudiendo aguantar la burla, se le escapa y lo fulmino con la mirada.

- ¿Y, entonces?

- ¿Recuerda que me encontró horneando unas galletas?

- Si... recuerdo...

- Bien, ahí viene todo el desastre – toma una de sus habituales galletas en forma de hueso y se recarga en su silla como contando una historia – si se da cuenta tengo una fascinación con la vida después de la muerte ¿no? – asiento en silencio – entonces pensé ¿por qué no interesarme también en la vida?

- ¿A qué te refieres?

- La especie que se encarga de dar vida a los seres humanos son las mujeres, sin embargo, no todas pueden tener la dicha de concebir por varias razones. Y por más procedimientos científicos o medicinales, no llegan al “milagro”. Entonces su servidor – se auto señala - se dio la tarea de investigar mucho, y de experimentar un poco hasta dar con la respuesta. Pero, ¿en qué vía podría transmitir el posible resultado? ¡Galletas! – su cambio me exaltó – cuando usted me atrapa cocinando, las galletas que usted vio en la mesa, fueron la primera tanda. Es decir, no había aplicado aun si realmente eran efectivas. Me atrevo a decir que jugué con la fertilidad femenina – coloca su mano en la barbilla a manera de pensárselo – el punto es que cuando usted llega, le pedí que me diera un momento ya que iba a sacar del horno la segunda ronda, ¿recuerda?

- Si... - es lo que más podía atinar a decir, ya que empiezo a hilar el camino de esta explicación temiendo lo peor, pero prefiero escuchárselo decir...

- Al regresar, me encuentro con la pequeña sorpresa de que hacía falta una pieza en el plato – trago con dificultad – y por obviedad, la única persona presente era el autor de la ausencia de esa galleta. Más no dije nada ya que era muy deducible que en un varón como usted, no habría ningún problema. Pero...

- ¿Pero... qué? – si el miedo se pudiera tocar, diría que se ha quedado atorado en mi garganta.

- Cuando tiene cerca un demonio todo es posible – esto lo dijo mostrando todos los dientes con una sonrisa exitosamente burlona.

- No... entiendo...

- Conde, me sorprende que a su corta edad usted ya haya tenido relaciones sexuales. Aunque no lo culpo, el efecto de la galleta del que le hablo, añadí feromonas, y creo que me pasé en la dosis. Le puse mucha para que la pareja de la mujer mostrara su lado instintivo, su lado animal. Es decir, no me sorprende que el demonio que tiene como mayordomo le ayudara a crear en su interior un lugar para el feto. Hablamos de un ser sobre natural, añadiendo los efectos de lo que comió – me encuentro en un total shock, aunque a pesar de lo que él me está diciendo, hay algo FUNDAMENTAL que no cuadra – dígame, ¿ha presentado estos días dolor abdominal?, ¿vómitos?, ¿cansancio?, ¿pequeños antojos?

- Y-yo – solo hay una respuesta para esas preguntas...

- Por su rostro deduzco que todas son afirmativas ¿verdad? Le explico, el dolor abdominal se debió al cambio que su cuerpo ha estado experimentando, es decir, usted originalmente no tiene una matriz donde guardar al feto. Por lo tanto su cuerpo no lo reconoce y está creando un “lugar” para él... o ella. Así que es probable que continúe con todos estos malestares hasta que haya sitio para ser desarrollado.

- Undertaker... yo... es imposible – agarro firmeza para encararlo - ¡Es imposible! – con el puño golpeo le mesa – primero que nada: yo no he tenido ningún tipo de intimidad con Sebastian ¡¿de dónde rayos salió?! – debe ser una maldita broma, pero no creo que esté bromeando, no, su rostro no muestra pizca de que esté mintiendo, eso lo hace peor.

- Conde, ¿realmente es cierto? – con seriedad me pregunta.

- ¡Por supuesto que sí! Uno: Soy hombre ¿por qué me metería con otro?, dos: ¿Por qué deduces que es él? Nunca me involucraría con mis sirvientes – por la euforia me he levantado de mi lugar, inhalando y exhalando con alteración.

- Porque – ahora él se levanta de su lugar para dirigirse donde estoy, arrodillándose a mi altura para señalar mi vientre – puedo percibir la esencia, aunque aún sea pequeña, de un demonio, ¿me permite? – refiriéndose a mi camisa, captando la idea, la alzo dejando descubierto mi abdomen – disculpe lo que haré – antes de que pudiera preguntarle, siento su mano en mi piel, causando una pequeña exaltación – aquí está. Ponga su mano donde estoy.

Con cierta vacilación hago lo que me ha dicho notando como esta parte baja de mi vientre se siente diferente al resto de mi cuerpo. Siento... una calidez, no podría describirlo con facilidad.

- Esto es...

- Su hijo, conde –mi... hijo... - y del mayordomo – dicho esto vuelve a poner en su rostro esa sonrisa que me molesta, llevándosela de nuevo a su lugar.

- Ya te dije que es imposible – intento acomodar la camisa lo mejor que puedo – yo no he tenido nada que ver con Sebastian.

- Veamos conde, con esta pregunta, necesito su total concentración que nos dirá que lo que puedo estar pensando, sea esa la respuesta.

- ¿Cuál es?

- La galleta empieza a hacer efecto cinco horas después de ser consumida. Con todo ese rollo de la digestión. Entonces podría contarme ¿Qué hizo después de que se fue de aquí? Para ser exactos, ¿esas cinco horas después? Contando que se va alrededor de, aproximadamente, cinco de la tarde – tratando de hacer memoria le cuento brevemente.

- Nos fuimos a la mansión residencial ya que aún teníamos pendientes aquí en la ciudad. Al llegar decidí tomar un baño para luego cenar temprano. De ahí estuve gran tiempo en mi habitación haciendo los reportes a la reina. Eran pasados de las diez de la noche cuando Sebastian ingresa y de ahí... - callo al tratar de buscar en mi memoria, sin embargo no logro mover la nube que bloquea el recuerdo – de ahí... - confundido veo seriamente al sepultero que escucha con atención – no sé... es todo lo que se me viene a la mente, es como si me saltara ese pedazo de escena para amanecer al día siguiente.

- ¿Recuerda la actitud del mayordomo desde ese momento? – indago en la mente buscando algo inusual, hallando varias.

- Ahora que lo preguntas, si me extrañó su actitud, ya que se volvió... - juego con las palabras tratando de acertar.

- ¿Frío?, ¿distante?

- Sí... serio. Su trato hacia mí, desde ese día ha cambiado. Como que manteniéndose al margen. Y realmente no le tomé importancia, solo me llamó la atención – hago una pausa... - ¿qué tiene que ver eso?

- Es muy probable que su... “mayordomo” – hace comillas en la palabra – sea el culpable de esa nube en sus recuerdos. De que sea el culpable de que usted ahora se encuentre en cinta.

- ¿Perdón?

- Conde, temo decirle que ese demonio ha manipulado su memoria. Haciéndole borrar lo que pasó esa noche donde bien pudo ser atacado por las garras de su mayordomo oscuro. Siendo impulsado por los efectos de la galleta. Él, al ser más sensible en ciertos sentidos, no estuvo exento a las consecuencias de su pequeña acción – coloca su rostro entre sus manos, apoyando sus codos sobre la mesa, mirándome divertido – por eso es que ha estado tan raro su sirviente desde ese día. Creo que por lo que le hizo, no puede ni verle a la cara, para evitar quizás, volver atacarlo. Manteniendo una distancia prudente.

- Im... posible – si con anterioridad ya me encontraba en un estado de choque, con esta revelación siento no tener la suficiente fuerza para mantenerme consiente.

- Este ha sido el diagnóstico. Y si me lo permite, estaré encantado de llevar su desarrollo. Al final cargo algo de culpa.

Sin poder darle una respuesta a su propuesta, pierdo la visión para pasar a ver todo negro y así caer en la inconsciencia.