EL ARTE DEL AMOR

Sinopsis

A Jasper le gustaba el arte, las fresas y vivir en soledad en aquella gran mansión. A Hermione le gustaba trabajar, leer, estar con sus mejores amigos, el amor y vivir con sus padres.

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
Gaspar H
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

C: 1 - PILOTO

Londres.

15 de Octubre de 2001-





-Hermione Granger sin duda era... extremadamente inteligente, sí, así se podía describir a aquella mujer de ojos color chocolate y cabello castaño.


Aquella mujer de veintidós años que después de vivir sus mejores siete años en Hogwarts junto a sus dos mejores amigos se convirtió en una heroína por salvar junto a ellos el mundo mágico de la horrible oscuridad del ex mago tenebroso, Lord Voldemort.


Aquello le había dado a la adulta joven un gran puesto en el ministerio de magia de Londres, claro, primero debía iniciar con lo básico; aún así ella era completamente feliz.


Harry Potter tenía una relación con Ginny Weasley, no era un secreto, todos creían que terminarían juntos después de aquellos años de estudiantes en el castillo de magia.


Por otro lado Ron Weasley creyó, cuando era joven, que se quedaría con Hermione, pero no, después de su sexto año, cuando eligió a Lavander Brown en lugar de a Hermione Granger, aquella castaña decidió no entrar en una relación donde desde antes el chico incluso debía pensar con quién estar.


Hermione no quería eso, ella quería alguien dispuesto a amar hasta lo imposible, que no tuviera que elegir nada porque ella debía ser el privilegio; desafortunadamente no encontraba ningún hombre que tuviera aquella mentalidad. Todos los que conocía, que eran pocos, siempre querían lo mismo... sexo.


Hermione Granger era virgen, aún a aquella edad, no se avergonzaba de ello, pero jamás creyó que entregarse en cuerpo y alma a un hombre debía ser solo por placer. No, ella quería experimentar el amor verdadero en aquella experiencia.


Los pocos chicos con los que había salido siempre le parecieron asquerosos, cuando besaba a alguno, se arrepentía al sentir el asqueroso sabor de boca; si bien los magos no tenían una buena higiene bucal, al menos sabían hechizos para mantener el buen aliento. Si aquellos con los que se topaba no conocían ni la existencia de la menta era porque eran cavernicolas, al menos eso pensaba la castaña.


Así que aquella mujer joven solo se dedicaba a su trabajo. Ginny Weasley, una de sus mejores amigas, siempre le decía que viviera su vida como quisiera, que cuando menos se diera cuenta el amor llegaría a su puerta. Hermione no creía eso.


Luna Lovegood, su otra mejor amiga, le decía que el amor a veces llega cuando menos lo esperamos. Podíamos encontrarlo incluso en el peor día, y posiblemente no nos demos cuenta, pero que tarde o temprano el destino nos hace reencontrarnos con nuestra alma gemela.


Sus padres estaban incluso un poco angustiados de verla soltera, no había presentado un novio formal jamás, la castaña ni siquiera les había presentado a alguien. Temían que su hija creyera que el amor no era para ella, claro, eso nunca se lo dirían, tampoco la querían hacer sentir incomoda.


Hermione Granger vivía con sus padres aún, en el mundo muggle, y cada mañana se levantaba temprano para poder llegar a tiempo al ministerio, claro, con una gran ayuda de una aparición.


Por otro lado, en el mundo mágico, una joven de veinte años de edad se encontraba sentada en su escritorio. El apellido Lestrange estaba casi muerto, nulo, la única sobreviviente y última heredera de aquel antiguo y respetado apellido era Jasper Richards Lestrange; hija de Rabastan, sí, el último de aquellos dos únicos hermanos.


Rodolphus Lestrange había muerto en la Segunda Guerra Mágica, era mortifago y no pudo escapar de los hechizos de los estudiantes y adultos que pelearon heroicamente protegiendo el castillo, aún así ninguno de ellos lo mató de forma intencional; al hombre le cayó un gran muro cuando corría intentando cazar y dar muerte a una valiente Gryffindor que salvaba a su hermana gemela, una inteligente Revenclaw.


Rabastan por otro lado estaba más dormido aquella noche como para querer ir a la guerra, tampoco es como que quisiera, no era mortifago como su hermano después de todo. Además, tenía una hija, no podía darse el lujo de "morir" o hasta de pensar en siquiera ayudar a cualquier bando. No era fanático de Voldemort, pero tampoco le agradaba aquel Harry Potter, no lo conocía y James Potter jamás fue amable con él cuando se conocieron, ¿por qué iba a ayudar a su hijo?


Y así, Jasper, junto a su padre Rabastan, eran los últimos Lestrange que quedaban con vida. Afortunadamente para Rabastan, Jasper había nacido con algo especial entre las piernas, algo que garantizaba por al menos una generación más el apellido de la familia, la línea sucesoria.


Porque sí, Jasper era una chica intersexual, aunque igual parecía más chico que chica; antes de su pubertad y cuando se habia descubierto a sí misma, se dio cuenta de que podían tratarla con ambos géneros y a ella no le desagradaba nada. Incluso habían veces en que ella se hablaba por los dos pronombres.


Su padre adoraba a su hija, así que no se opuso con aquella decisión. Lo adoraba, y respetaría todo lo que él decidiera. Jasper tenía un cabello corto y recortado, alborotado y de color azabache. Sus ojos eran igual de azules como las cristalinas costas de un mar. Su piel era igual de pálida como un muerto en invierno. Sus cejas eran igual de gruesas que un pincel lengua de gato.


Su cuerpo no era el más atlético, en sus años de estudiante en el Colegio Ilvermorny de Magia y Hechicería, en la escuela mágica de Estados Unidos de América, fue una buena jugadora de quidditch, era buscadora y una de las mejores de su casa, pero esa no era su pasión; la chica amaba pintar y tocar el piano, el arte, los bailes y observar el cielo nocturno cubierto de estrellas desde el techo de la ventana de su habitación. Así que no, Jasper no tenía un cuerpo atlético, pero era delgada y sus huesudas piernas hacían que sus pantalones bailarán a veces.


Jasper, a diferencia de muchos otros magos de su edad o un par de años mayores a ella, no tenía que trabajar para sobrevivir. ¿Por qué iba a serlo? La chica literalmente creció en una mansión.


Su tío había muerto, su tía había muerto, la fortuna Lestrange paso a manos de su padre, y su padre la amaba tanto que le heredó todo sin importar que él siguiera vivo; Rabastan ya tenía su vida, había encontrado una buena mujer cuando visitó Italia, eso hizo que quisiera vivir la buena vida en el campo en aquel país, dejando a su hija, o hijo, en Londres, sola y en aquella mansión.


Jasper no se sentía sola o triste por eso, al contrario, estaba feliz de que su padre siguiera su vida, él amo mucho a su madre y, aunque lamentablemente se enfermo cuando ella tenía siete y murió cuando la ojiazul tenía nueve; vivir en aquella mansión sin su padre y concentrándose en el arte le sentaba bien.


Se divertía cuando quería, y su mejor amiga Astoria Greengrass la visitaba frecuentemente. Ahora que Jasper había vuelto de Estados Unidos, la ojiverde no se alejaba para nada de aquella amistad que hizo cuando era una bebé.


Pero aquel día, o mejor dicho tarde-noche, las mejores amigas de aquellas dos protagonistas habían tenido la misma idea: Llevar a aquellas dos ermitañas del amor a divertirse un poco en el nuevo bar mágico del Callejón Diagon; lo habían inaugurado hace una semana y tanto aquella pelirroja junto a la rubia que estaban del otro lado, en Londres muggle; y aquella castaña de ojos verdes que estaba en la punta de Londres Mágico, tenían las mismas ganas de ir sin siquiera llevarse o conocer sus planes entre ellas.


Lo único que compartían eran esas ganas de conocer el lugar y hacer que su mejor amiga dejará aquella vida solitaria que siempre tenía. Querían que se divirtieran. Luna y Ginny querían que Hermione mínimo conociera a alguien para olvidarse un rato del mal amor y la mala suerte para atraer hombres que tenía.


Y Astoria, bueno, ella amaba su mejor amiga, amaba cuando Jasper le contaba con emoción que había pintado un nuevo cuadro y se lo enseñaba con un brillo en los ojos. Pero quería que la chica conociera a una buena mujer, a una mujer que supiera amarla y valorarla como ella había conocido a su chico especial, Draco Malfoy.


Astoria siempre le preguntaba a Jasper sobre el amor, y la ojiazul solo decía que aquello no era para él, que nadie en su sano juicio estaría dispuesta a tan siquiera aceptar una cita con alguien que tiene el apellido Lestrange. Que quizá debía conseguir el amor fuera de Londres como su padre, pero tampoco tenía ganas de irse de su hogar que la vio crecer antes de irse a Estados Unidos, al igual que el lugar que conservaba los recuerdos de su madre.


Una rendida Astoria solo intentaba cambiar la conversación para que Jasper no se pusiera de malas. Astoria sabía que siempre que le recordaba a su mejor amiga sobre "amor", la ojiazul se ponía de malhumor por saber que se quedaría sola, o solo.


Así que esa tarde, la ojiverde había encerrado a la azabache en aquella habitación del baño. La había encerrado en la ducha y había cerrado las cortinas para no verla como Merlín la había traído al mundo.


Esperaba de brazos cruzados a que la azabache terminará de bañarse (por obligación) para darle la toalla que tenía a su lado. No pasaría un día más sin ir con su hermana del alma y de otra madre a aquel bar mágico-


Jasper: Está bien, ya terminé. Dame la maldita toalla y cúbrete los ojos a menos que quieras verme sin ropa, Tori. -suspiró-


Astoria: Tampoco es algo que no haya visto ya, idiota. -rodó los ojos aventando por arriba de la cortina aquella fina toalla blanca-


Jasper: Que me hayas tenido que bañar un par de veces por pasarme de alcohol no significa que me hayas visto bien. No estaba en mis mejores momentos. -comentó ofendida saliendo de la ducha-


-Jasper salió con aquella toalla enrollada en sus caderas, como se dijo antes, tenía más cuerpo de chico que de chica, su pecho plano no llamaba mucho la atención, ni siquiera se podía pensar en morbo al ver a la chica sin camisa. Al menos eso pensaba su mejor amiga-


Astoria: Excelente, justo a tiempo. -sonrió mirando su reloj- Ahora cepilla tus dientes y afeitate un poco, ni siquiera sé cómo es que te sale barba y bigote, pero tienes, y no puedes ir así. -le apuntó-


Jasper: Ni siquiera quiero ir.


Astoria: Entonces solo cepilla tus dientes y ve a tu habitación. Te encontré la ropa perfecta para que cualquier chica que te vea babee por ti toda la noche. -chilló emocionada-


Jasper: Si sabes que hay personas más atractivas que yo, ¿cierto? -rodó los ojos-


Astoria: Pero eres atractivo, ¿por qué siempre dices que no lo eres? Yo estaría contigo... claro, si no te conociera desde bebés, y si no me parecieras una persona aburrida.


Jasper: No soy una persona aburrida. -murmuró ofendida-


Astoria: Solo cepilla tus dientes, buscaré el reloj perfecto para ti, también los anillos. -suspiró- Ese pantalón de vestir negro pegado te resaltara cierta zona, justo el objetivo para llamar la atención de las solteras. -le guiñó un ojo- La camisa negra que te compre también hará que te veas más sexy. -sonrió emocionada saliendo de aquel baño-


-Lestrange solo suspiró. Definitivamente su amiga estaba más emocionada por conseguirle una novia que ella misma, ella ni siquiera pensaba en casarse; la única vez que lo pensó fue cuando en su séptimo año conoció a Madisson Anderson, la bruja más popular de Ilvermorny, Jasper tuvo la suerte de que aquella chica se interesara en ella en su último año.


Tanto así que mantuvieron un "romance" los últimos meses y la azabache había perdido su virginidad con aquella chica. Jasper sí había creído en el amor y en un futuro feliz con aquella rubia de ojos verdes. Pero las flechas del romance, la pasión y el amor, se fueron a la borda cuando se graduó del Colegio y Madisson terminó con aquella aventura diciéndole que solo quería divertirse en su último año y experimentar con ella.


Jasper la paso mal, las amigas de esa chica se reían divertidas cuando la ceremonia de graduación apenas terminaba. Esa fue una de las razones por la que la ojiazul había preferido dejar Estados Unidos y regresar a Londres, odiaba la idea de encontrarse con esa rubia o cualquiera de sus tontas amigas.


Hermione por otro lado, ya con la noche llegando, estaba lista con aquel vestido negro pegado a su cuerpo, haciendo notar aquellas increíbles y sexys curvas que la castaña tenía; Ginny y Luna sonrieron encantadas de ver el resultado de su amiga, sin duda conquistaria hasta al chico más aburrido del bar-


Hermione: Siento que es mucho. -se miró al espejo- Me iré a cambiar y...


Luna / Ginny: ¡No! -gritaron-


Hermione: Pero...


Ginny: Te ves perfecta, Hermione. -sonrió-


Luna: Eres linda, con el vestido te ves más. -sonrió-


Ginny: Además, es el vestuario correcto para que encuentres una cita al menos esta noche. Apenas pongas un pie en ese bar, ya debes tener pareja.


Hermione: ¿Por qué? -preguntó confundida-


Ginny: Porque yo estaré con Luna bailando toda la noche y no dejaremos que te acerques a nosotras a menos que estés demasiado ebria como para cometer una tontería.


Hermione: ¿Si me van a dejar sola por qué me obligan a ir? -preguntó perdida-


Ginny: Es parte del plan. -se encogió de hombros-


Hermione: No me gustan sus planes. -frunció el ceño-


Ginny: Solo ponte algo de maquillaje y vayamos ya a ese bar. -rodó los ojos-


Luna: Ya quiero ir, ojalá sirvan pudin. -sonrió-


Ginny: Es un bar mágico, Luna. -frunció el ceño- no creo que haya pudin.


Luna: Bueno, es mágico, una nunca sabe lo que puede encontrarse en esos lugares.


Ginny: Bien, como sea. Te vemos abajo, Hermione. No tardes, o vendremos y te sacaremos de este lugar arrastrando si es posible. -la miró-


Hermione: Denme diez minutos. -suspiró rendida-


Ginny: ¡Esa es nuestra amiga! -sonrió feliz-


-y solo así, ambas mujeres jóvenes dejaron a su mejor amiga a solas, quien apenas escuchó la puerta cerrarse, suspiró. Esperaba que la noche pasara rápido, esperaba tanto el momento de regresar a su casa y envolverse en sus sábanas para leer un poco.


Lo esperaba tanto, y eso que aún ni siquiera salía-.