𝓘𝓷𝓲𝓬𝓲𝓸
Empecemos esto de una vez damas y caballeros, me presento, mi nombre es Alastor, punto, vivo en el infierno como el vil pecador que soy, no es por alardear, pero soy único en mi especie, a decir verdad.
¿La razón? Bueno, digamos que obtuve un rango alto dado por el mismo Lucifer, terminando siendo su mano derecha, aunque claro... más que algo provechoso es algo meramente insignificante, por supuesto tengo mis privilegios y demás... No obstante, no puedo meterme en problemas como solía hacer y menos ahora que la reina Lilith está embarazada y su cuidado recae en mis hombros.
—A veces me pregunto cómo termine así... —Mencione mientras paseaba por los pasillos cerca de los aposentos de la reina sumado en mi propia mente hasta que una voz me saco de aquel trance —Ja, ja, ja, ¿otra vez hablando solo Alastor? —Esa voz tan grácil que me es reconocible hasta por kilómetros. —Señorita Lilith, le recuerdo que no debe moverse mucho, afectaría el estado de su pequeño o pequeña. —Solté mientras me acercaba a mi señora y le ofrecí mi brazo para que no se estuviera sosteniendo por las paredes del palacio.
Lilith me miro con cierta gracia al desviar su pregunta—Vaya forma de cambiar el tema Al. —Dicho comentario me hizo soltar una ligera carcajada. —¿Qué le puedo decir mi reina? Es mi especialidad después de todo. —Mencione a la par que me deje guiar por mi señora en su andar, ella se detuvo un instante para posteriormente reír por mi comentario—Ja, ja, ja, si tú lo dices... —Lilith decidió cambiar el rumbo de nuestro andar hasta al gran salón, al llegar le ayudé a acomodarse en su asiento de cuero.
—Mi señora, ¿Segura que no se siente incómoda con dicho asiento? Puedo pedir que se lo cambien si así lo desea. —Pregunte al ver cómo le costaba a mi señora el acomodarse en dicho asiento. —No es necesario querido, me siento cómoda así. —No sabría si creerle, ya que ese tipo de asientos no solían ser cómodos, aparte si agregamos el hecho de que se tardó en acomodarse en dicho asiento...Decidí olvidar el tema y negando con la cabeza dije—Si usted insiste mi señora, ¿Quiere que le prepare algo? —Pregunte expectante a una respuesta. —No, estoy bien, aunque me gustaría escuchar una historia. —Aquella petición se me hubiese sido extraña hace algunos meses, pero hoy día parecía una rutina cotidiana entre la reina y yo. —Sus deseos son órdenes, ¿qué historia le gustaría que le contase? —Pregunte esperando una petición de una de mis clásicas matanzas en la tierra o como termine peleando contra ángeles en vida sin siquiera darme cuenta, más no me esperaba la petición dicha por mi señora—¿Una de amor?
—Hohoho, no soy bueno con ese estilo de historias, mi señora, más haré el intento. —Chasqueé los dedos para que una mesa apareciese enfrente de la reina Lilith junto con un sillón color carmín, me senté mientras que mi sombra nos ofrecía una taza de café y té respectivamente. —Gracias por la taza de té Al. —Agradeció Lilith mientras dama un sorbo gustoso a la bebida, yo solo opte por decir
—No hay de que mi señora, ahora... empecemos con la historia. —Mencione antes de tomar un sorbo a mi taza de café para después comenzar con mi relato.
“Era un bello día... puede ser que fuera 11 qué más da si era lunes. El punto es que el sol no paraba de brillar, la gente pasaba de un lado a otro cantando mientras gritaban a todo pulmón “La guerra ha acabado por fin”. Yo era más que un simple enclenque en aquel entonces, gozaba de lo poco que mi amada madre podía darme, ¿Mi padre?, bien gracias por él, lo único que le agradezco es mi existencia de ahí en fuera puede irse directo a la...” —Alastor. —Me vi interrumpido Lilith dando a entender que me estaba saliendo de la historia principal. —Oh perdoné mi señora, me metí de más en el papel. —Lilith solo soltó una risilla mientras negaba con la cabeza. —Prosigue querido. —Y sin rechistar acate el pedido no sin antes decir—Oh cierto, ¿en qué nos quedamos? Oh ya recuerdo...
“Como iba diciendo, yo gozaba de la compañía de mi amada madre, no necesitaba nada más o eso fue lo que pensé hasta que conocí a aquella chica.“—Oh, ¿el demonio del radio enamorado? Eso no se descubre todos los días. —Me vi interrumpido por segunda ocasión, aunque me dio algo de gracia puesto que su rostro mostraba una emoción hacía lo que había contado, parecía una adolescente en esos momentos. —Ja, ja, ja, mi señora. —Dije mientras me reía por lo acontecido —Lo siento, la emoción del momento prosigue. —Menciono mientras volvió a tener ese porte sereno que tanto se le caracteriza, sí que es digna de ser una reina. —Ejem, como iba diciendo. —Y con esas palabras decidí proseguir mi relato...
“Fue cuando la conocí que descubrí aquel sentimiento que hoy día veo como algo mundano, pero en aquel entonces era lo más bello que había conocido en mi vida. Aún lo recuerdo como si fuese ayer, sus labios, carmín, su piel porcelana, cuál muñeca, su lacio y sedoso cabello, el cual resaltaba con el sol... Sin duda alguna era la chica más hermosa de todas, recuerdo haberle dicho — buena dama, ¿acepta esta rosa de este humilde servidor? —No es por alardear, más mi labia siempre ha sido la más sofisticada de todas. Sin duda alguno soy único en mi especie, podría hasta afirmar que conmigo se rompió el molde.”
—Ejem Alastor, ¿podrías proseguir con la historia? —Pedía Lilith esperando que acatase su pedido, más opte por divertirme un rato. —Oh cierto, hablamos de una historia de amor, no de lo excelente que soy. —Jacte a la par que use mi poder para crear un fondo de risas que desapareció al segundo—Al, no es momento para que estés de egocéntrico. —Se quejaba Lilith ante mi actuar, esperando con ansías que prosiguiera con mi historia. —Lo sé, lo sé mi reina, solo quería molestarle, ¿En qué estábamos? Oh, cierto lo hermosa que era aquella chica y que le ofrecí una rosa. —Dije para proseguir con el relato.
“Ella tomó la rosa, la respiro, disfrutando de su esencia y al final me dijo — gracias por el presente, ¿Gustas acompañarme en mi caminata? —, yo solo asentí con la cabeza y le ofrecí mi brazo, éramos apenas unos niños más nos comportábamos como adultos. Nos volvimos buenos amigos al instante, compartíamos tanto en común, que casi siempre la pasábamos juntos, eran buenos tiempos, lástima que lo bueno no dura para siempre. El día que mi madre fue asesinada, tuve que ganarme la vida en el bajo mundo, distanciándome de mi amada... Al principio creí que saldría de dicho mundo y volvería a su lado como si nada hubiese pasado, cuál equivocado estaba. Jamás salí del bajo mundo, me moldeé ahí y nació, lo que en esos años se conoció como el monstruo de Nueva Orleans. Los asesinatos se volvieron algo cotidiano, al igual que probar la carne humana, era el más grande de los placeres.”
—A todo esto, ¿matabas inocentes y pecadores por igual? —Me interrumpió Lilith con cierta curiosidad hacía mis víctimas, decidí responder rápido para continuar con mi relato. —Oh, no, mi señora, yo solo mataba la escoria de mi querida Nueva Orleans, jamás me atrevería a tocar un alma pura, ya que eso sería decepcionar a mi querida madre. —Solté a la par que volvía a dar un sorbo a mi café—Vaya... bueno prosigue. —Se notaba decepcionada ante mi respuesta más decidí no preguntar la razón, y opté por terminar el relato. —Con gusto mi reina, como iba diciendo...
“Jamás pude salir del bajo mundo, y a pesar de ello intenté acercarme nuevamente a ella. Grande fue mi dicha al enterarme de que todavía era soltera, motivo por el cual me establecí una meta, conquistarla. No sería fácil porque puedo ser muy bueno en miles de cosas, pero el cortejo no es lo mío. Y así estuve desde los 18 hasta los 20, cabe aclarar que solo pasaron 8 años desde que la conocí. El punto es que mis esfuerzos dieron sus frutos y al cumplir los 20 teníamos una hermosa relación.”
—¿Hubo escena de cama? —Menciono mi reina con notorios brillos en sus ojos, mi sonrisa flaqueo en esos momentos por la incomodidad. —Mi señora, ¿qué clase de pregunta es esa? —Dije lo más sereno posible, cuando en verdad estaba que la tierra me tragara, ese comentario me agarro de imprevisto. —Perdón querido, la emoción del momento. —Menciono mientras intentaba verse serena nuevamente. —Sí que está disfrutando de la historia, ¿eh? —Mi comentario fue tan gracioso que hizo que mi señora Lilith soltara una de las carcajadas más emblemáticas de mí no-vida. —Ja, ja, ja lo siento querido, pero es una muy buena historia. —Dijo mientras intentaba recomponerse de la carcajada de hace unos momentos. —Me siento halagado, y sí, si hubo de cama, lamentablemente para usted mi señora, solo fue una vez antes de cortar.
—Oh... ¿Y por qué cortaron? —Se mostraba demasiado emocionada tan así que incluso podría decir que la persona que tenía frente mío era una pequeña niña. —A eso voy mi reina, todo a su debido tiempo... Continuemos... —Dije intentando calmar sus ansías para proseguir mi relato.
“Tuvimos una hermosa relación hasta llegados los años 30, donde nos separamos... no por odio, infidelidad o ese tipo de cosas... nos separamos por seguridad. A pesar de seguir teniendo los mismos gustos, inclusive el gusto por el asesinato y la carne humana... Mi seudónimo había tomado fuerza en ese transcurso de 2 años, haciendo que fuese más peligroso mantener nuestra relación. Así que por seguridad y por decisión de ambos, decidimos cortar, para que ella no se viera involucrada en el raro caso de que me casasen.”
—Espera un momento, eso quiere decir que ella está en el infierno, ¿No? —Pregunto Lilith mientras esperaba una respuesta—Es correcto mi reina. —Conteste esperando poder seguir con la historia, pero Lilith volvió a preguntar. —Y entonces porque no vas con... oh, ya... olvida lo que dije. —Parece que ella misma se respondió su propia pregunta, ja, ja, ja sin duda fue gracioso la expresión que hizo mi señora. —Bueno, como iba diciendo... —No pude terminar mi historia, ya que me vi interrumpido nuevamente, por alguien que entraba al palacio y refunfuñaba en voz alta.
—¡Malditos demonios de cuarta no saben hacer otra cosa más que pedir! —Dijo la voz de cierto rey del infierno. —Y aquí vamos de nuevo... —Menciono la reina mientras tomaba un sorbo de la taza de té. —¿¡Porque no pueden ser como Alastor!? Él por lo menos me da motivos para darle lo que me pide, no como esa bola mequetrefes, que lo único que hacen es cagarla y dar puta pena ajena bola de i... —Decidí interrumpir las quejas y maldiciones de Lucifer antes de que me viese obligado a limpiar su desastre. —Mi señor, le recuerdo que debe tranquilizarse, tanta rabia hará que le salga una hernia. —Mencione intentando contener mi risa mientras que Lilith se reía de mi comentario, Lucifer molesto dijo—Ja, ja, ja qué gracioso Alastor. —Era notorio su sarcasmo, cosa que no sorprende viniendo de él. —¿Por cierto que hacen en el gran salón? —Cambio de tema logrando con éxito que Lilith se dejara de reír para responder su duda. —Alastor me estaba contando una de sus historias, querido.
—Oh, ¿En serio? Yo también quiero escuchar la historia —A veces pienso que Lucifer es bipolar, ya que de la nada cambio de un semblante siniestro a uno alegre y ensoñador. —Lástima, ya terminé la historia, aparte de que se me está haciendo tarde, debo hacer mi transmisión matutina, de lo contrario perderé el toque. —Ya iba a retirarme hasta qué...—Espera Al, no has dicho como se llamaba esa chica. —Pregunto Lilith expectante a una respuesta, decidí darles una respuesta a medias. —Oh, es cierto... eso es un secreto mi señora... lo que, si le puedo decir mi reina, es que es una buena amiga mía, aparte de que es muy buena tejedora. —Dije sin más mientras retome mi dirección a la salida, dejando a los reyes solos y con la duda de quien era aquella mujer que logro tomar mi corazón hace tiempo.
—Ja, ja, ja si solo supieran quién es, seguro de que se les caería la quijada. —Dije para mis adentros mientras me reía de la situación en la que posiblemente se encontraban ambos reyes.
Continuará...