Buscando en tí, un refugio

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Para una persona que ha internalizado sus sentimientos desde su infancia... es muy complicado comenzar a hacerlo. es un proceso que puede ser lento pero agotador para la persona. Admitir y pedir ayuda puede ser aterrador.

Estado:
Extracto
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Solo un poco...


Tantos son mis deseos de pedirte que me ayudes, como el no querer que sepas que necesito de ti.

Mis brazos se encogen antes de poder aferrarme a ti en un abrazo. Mis labios entreabiertos no emiten ninguna palabra porque mi garganta se cerró antes de producir algún sonido.

Me despido de ti como en cada encuentro, rogando por dentro que te quedes aún más tiempo conmigo.

Al cerrar la puerta, la máscara sonriente y tranquila que te muestro se fragmenta por la angustia que golpea mi ser y el silencio que me abruma.

Ya no me queda energía para nada más. Busco desesperadamente mi cama, para dormir. Dormir, dormir, dormir. Que la inconsciencia del sueño me saque de la realidad asfixiante.

Cierro los ojos, y al tratar de relajarme, los pensamientos brotan uno tras otro haciendo que intentar dormir se convierta en un martirio.

Toc, toc, toc... Escucho en la lejanía el sonido de los golpes, que tras un pequeño silencio vuelve a oírse. Limpio la humedad de mis ojos y arreglo un poco mi cabello, mientras me acerco al origen del sonido.

Frente a la puerta, me preguntó quién será el que esté detrás de ella. El leve golpeteo me sorprende, así que me acerco y abro un poco la puerta para saber de quién se trata.

Con tu mano en el aire, te vi. No pude reaccionar enseguida, pero me di cuenta de la vergüenza colorearse fugazmente en tus mejillas. Apenas escuché tus disculpas por no avisarme por llamada.

Dudo que haya incluso parpadeado siquiera, sigo sin reaccionar y eso te preocupo. Te acercaste a mí.

Reaccioné cuando tus manos se acercaban a mi rostro, retrocedí sin pensarlo. Agaché la cabeza, tenía miedo de que en mi rostro se note el momento de crisis que atravesé hace rato.

Sin decir palabra, me hice aún lado para que pudieras entrar y tras cerrar la puerta me seguiste. El silencio duro hasta que llegamos a la sala.

Ninguno tomo asiento, aún seguía dándote la espalda. No sabía que decir, no quería que me vieras en ese deprimente estado. De nuevo la desesperación comienza a apoderarse de mí.

Antes de darme cuenta, ya estaba rodeada por tus brazos. Tome tu brazo en respuesta.

Quise preguntar razones, pero no me atrevía. Por momentos quise apartarme, pero todo mi ser me lo impedía.

Mis intenciones de callar, mis pesares, se debilitan, conforme, el abrazo, se prolonga. Comienzo a recordar tantas cosas, haciendo que ya no puedo retenerlas más. Mis piernas flaquean en señal de rendición y me aferró aún más a tus brazos, tampoco era tu intención dejarme caer.

Sollozo tras sollozo la agitación de mi pecho aumenta buscando liberarse. Continuaste en silencio dándome todo el tiempo y espacio del mundo, estrechaste más el espacio entre los dos.

Me giré hacia ti y te abrazaré con tanta fuerza, deseando fusionarme con tu ser. Restregué mi rostro en tu pecho, buscando desesperadamente tu calor. Acariciando mi cabello me brindas consuelo, evitas cualquier acción que pueda ejercer presión sobre mí.

Retrocedes poco a poco sin soltarme, caemos lentamente en uno de los sillones. Acomodas mi cuerpo sobre tu regazo. Besas mi cabeza, mis sienes, mejillas y repites el proceso varias veces.

Sentirme amada por ti es lo que necesito para borrar de mi mente todos esos momentos que me sentí tan sola en este vasto mundo. Sé que hay muchos que me aman, mi familia siempre ha estado allí.

Eres a quien más confianza tengo para mostrar mis debilidades. Mostrar el dolor que muchas veces sofoca mi pecho. Con quién más puedo hablar, las veces que de mi nazca hacerlo, lo admito. Y es por eso que siempre estoy agradecida contigo, por no presionarme a hacerlo.

En susurros y sollozos te digo - gracias, gracias. Te quiero mucho más de lo que demuestro. -aquí...