Mamihlapinatapai |Cherik|

Sinopsis

Mamihlapinatapai: Mirada entre dos personas, que esperan que la otra comience una acción que ambos desean, pero que ninguna se atreve a iniciar. Este escrito es parte del evento de San Valentín organizado por el grupo de Facebook "Team Cherik (ES)". Al principio solo fue pensado cómo un OS, pero como me agrado demasiado la idea lo convertiré en un long fic. /AU Cherik/Sin poderes/

Genero:
Romance
Autor/a:
SunGirl21
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Di Algo.

N/A: Los textos que vean en cursiva y entre comillas (“”)son los pensamientos de los personajes.

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Martes, 22 de Octubre del 2019.

05:23 p.m.

Charles.

Suspiró cansado, sosteniendo entre sus brazos la última caja con algunas de sus pertenencias más personales, mientras veía al camión de mudanzas alejarse calle abajo.

Una sonrisa resignada se formó en sus labios, al pensar en todo el trabajo que le tomaría desempacar y terminar de amoblar su nuevo apartamento, sin duda tendría que llamar a Logan para que le echase una mano, aunque días atrás le había recalcado que no iba a necesitar su ayuda. Al fin y al cabo él no era alguien orgulloso.

Apretó la caja con más fuerza contra su pecho y se dio media vuelta para ingresar al edificio, aún no terminaba de acostumbrarse a la confusa puerta giratoria, pero supuso que era cuestión de tiempo. Se balanceo un poco al saludar a la recepcionista, tratando de mantener el equilibrio para no dejar caer un pequeño prototipo en miniatura de metal de lo que parecía ser una torre de señal, bien posicionada sobre la caja que sostenía. Charles no se había atrevido a guardarla dentro con sus demás pertenencias por temor a que pudiera romperse.

Caminó con calma hasta el ascensor, dejando todo el peso de la caja en un solo brazo para poder presionar el botón, acción que no pudo completar ya que su pequeño tesoro había decidido deslizarse sobre el cartón y dirigirse al suelo. Charles casi pudo escuchar el sonido del metal chocando contra las baldosas del piso mientras las piezas quedaban esparcidas por todo el lugar. Y así habría sucedido, si no fuese porque una mano lo atrapó a mitad de su caída.

Charles suspiró aliviado, viendo cómo su prototipo era devuelto a su posición inicial sobre la caja.

—Gracias. —dijo, moviendo los ojos hacia el rostro de quien fuera que haya sido su salvador.

Un hombre; un poco más alto que él, con barba y cabello castaño; asintió a modo de respuesta, metió ambas manos en los bolsillos de su buzo y se dispuso a esperar a su lado.

Que apuesto, ¿vivirá aquí o solo estará de visita?”

Las puertas del ascensor se abrieron y ambos entraron, posicionándose a cada extremo del pequeño espacio.

—¿A qué piso?

—Quince, por favor.

El hombre desconocido volvió a asentir y presionó los botones en el tablero.

Las puertas se cerraron y el silencio los envolvió.

Al parecer es tímido.”

Charles lo miró de reojo, lo más disimuladamente que pudo, haciendo un análisis más exhaustivo de su rostro.

“Que peculiar color de ojos, ¿son azules? No, azul metálico. Que curioso, su cabello no es castaño pero tampoco rojizo como me pareció hace un momento, son cómo delgados hilos de cobre, um… parece un leñador con esa camisa holgada y las botas de cuero, tiene físico de leñador, ¿será leñador? ¿Debería preguntar? Si él vive aquí lo correcto sería presentarme cómo su nuevo vecino, ¿o debería empezar preguntando si vive aquí? ¿Estaría bien? ¿No sería muy intrusivo?”

El agudo pitido del ascensor anunciando que ya había llegado a su piso lo sacó de su ensimismamiento. Ambos intercambiaron miradas por un par de segundos, pero nada pasó, ni una sola palabra fue dicha.

Las puertas se abrieron y Charles salió.

“Oh, bueno. Si él realmente vive aquí, ya sé que su piso está más arriba. Si me lo vuelvo a encontrar le preguntaré.”

Y caminó hasta su nuevo apartamento.

Miércoles, 23 de Octubre del 2019.

10:41 a.m.

Erik.

Golpeó sus dedos, impaciente, contra el escritorio de la recepcionista, su mañana ya estaba siendo bastante mala como para que ahora la mujer de grandes anteojos redondos le haga irritar más.

—Aquí está. —Ella dejó el sobre blanco perfectamente sellado contra la superficie de madera pulida, dándole una mirada compasiva.

Erik tuvo que contener un gruñido, odiaba que personas por completo ajenas a él metieran sus narices en asuntos personales. Él ya se había cansado de decirle a Magda que mandara los citatorios a su oficina del trabajo, no al edificio donde vivía, pero al parecer la mujer adoraba fastidiarlo. Si hubiera sabido que el divorcio sería un proceso tan tedioso, en primer lugar no se habría casado, lo único bueno que obtuvo durante esos años de tortuosa unión fueron sus dos pequeños tesoros, Wanda y Peter.

Sus ánimos se calmaron un poco al pensar en sus gemelos, y hasta casi le agradeció a la recepcionista.

Se giró con el sobre en sus manos y caminó hasta el ascensor, no veía la hora de llegar a su habitación y meterse a la cama para no salir hasta el día siguiente.

Presionó el botón y esperó con impaciencia a que las puertas se abrieran, la suela de su zapato tamborileando sobre el piso.

—¡Hola, buen día! ¿Me dejaron algún recado? Soy el nuevo inquilino.

“Esa voz...”

Erik no pudo evitar girar un poco el rostro para encontrar al dueño de aquella voz.

“Es ese muchacho de nuevo, así que estaba en lo cierto, él se acaba de mudar.”

Vio como la recepcionista le entregaba lo que parecía ser una caja de herramientas, y pudo apartar la vista a tiempo cuando Charles caminó hacia él.

La puerta del ascensor se abrió entonces, y ambos entraron.

“¿Para qué serán las herramientas? ¿Será que necesitará ayuda para armar algún mueble? ¿Debería preguntar? De todas formas, ya sé que él acaba de mudarse, tendría que presentarme por educación.”

Erik se aflojó el nudo de la corbata, de repente empezó a sentirse un poco ansioso. Sus iris se movieron con lentitud para aterrizar sobre la figura más pequeña a su lado.

“Él se ve muy joven, ¿Qué edad tendrá? Espero no menos de veinticinco. Por dios… no puede ser que apenas esté notando las pecas de su nariz, eso lo hace ver aún más adorable. Vamos, Erik ¿Qué carajos pasa contigo?”

Ahora se desabrochó el primer botón de su saco, con un movimiento sutil de su mano.

“Él… ¿Se ha sonrojado? Oh dios… Tendría que ser ilegal que alguien pueda verse tan lindo con las mejillas rosadas. ¿Por qué se ha sonrojado?

Tal vez porque no le quitas la mirada de encima, estúpido, aparta ya.”

Giró el rostro hacia el lado opuesto con tosquedad, reprimiendo el impulso de abanicarse con el sobre de papel que sostenía en una mano.

“En definitiva tengo que hablarle, pero no será hoy, no quiero que piense que soy un acosador, seguramente él se preguntaría cómo es que sé que acaba de mudarse, eso de que «lo escuché de casualidad» suena como excusa barata. La próxima vez.

Lo haré la próxima vez.”

El ya familiar pitido del ascensor anunciando que habían llegado al piso quince se escuchó, la puerta se abrió, y Erik sintió que el joven de lindas pecas en la nariz se despidió de él sin decir una palabra, tan solo una mirada bastó para expresar algún deseo oculto en su interior.

Se sintió descubierto, atrapado, sus propios deseos reflejados en esos ojos profundos que calaron hondo en su ser.

Y Erik…

Erik por poco va tras él cuando lo vio alejarse por el pasillo.

Viernes 25 de Octubre del 2019.

3:58 p.m.

Llovía a cántaros en Londres.

La gente corría por las calles, desesperada por buscar refugio y mantenerse secos; excepto cierto tipo pintoresco, que vestido con un suéter delgado color celeste pastel y pantalón holgado, caminaba tranquilo por la vereda, como si estuviera disfrutando realmente del clima y de su aspecto desastroso.

Él cruzó la calle, acomodándose el maletín de cuero marrón que llevaba colgado en el hombro, seguro de que el agua no llegaría hasta los valiosos papeles que se encontraban dentro; se detuvo en la entrada del edificio, saludó al guardia y se limpió los zapatos antes de empujar la puerta giratoria para continuar su camino hasta su apartamento.

Pudo ver su reflejo en el cristal, y sin tener control sobre sus pensamientos, rogó por no encontrarse con el hombre guapo del ascensor.

Pero “el hombre guapo del ascensor” tenía otros planes.

Él había visto salir al joven de lindas pecas más temprano, y se preocupó cuando la lluvia empezó y él todavía no regresaba, así que se sentó a esperarlo en la recepción. Los minutos pasaron, una llamada del trabajo entró en su móvil, y resignado, tuvo que volver a su apartamento a buscar algunos archivos que necesitaba.

No se molestó en disimular ese atisbo de tristeza creciendo en su pecho al creer que ya no lo vería ese día, y suspiró, viendo como la puerta del ascensor se cerraba con él adentro.

—¡Espere!

Un brazo se interpuso, la puerta volvió a abrirse. Erik dio un respingo por lo inesperado de tal acto, pero se recuperó enseguida, viendo al muchacho por completo empapado acomodarse a su lado y presionar el botón en el tablero.

El ascensor se puso en movimiento.

E: “No me lo creo; quería verlo hoy, pero no así, ¿en qué rayos estaba pensando para salir sin un abrigo o siquiera un paraguas? Podría contraer un resfriado o alguna otra enfermedad.”

C: “¿Por qué hoy? Mierda, justo hoy que luzco como un vagabundo tengo que encontrarlo. Bueno, con suerte él no me ha reconocido, tal vez ni me recuerda, es más, ni siquiera se debe haber fijado en mí ¿por qué sigo preocupándome por eso? ¡Al diablo!”

E: “Oh, él acaba de fruncir el ceño, se ve tan lindo… ¿Será que empieza a sentirse mal? ¿Y cómo no? Quién sabe cuánto tiempo estuvo expuesto al frío y bajo la lluvia, lo que debería hacer ahora es quitarme el abrigo y ponerlo en sus hombros, podría servir como excusa para empezar una plática, él me miraría sorprendido diciendo algo cómo: «Oh, gracias, pero no quisiera mojar su abrigo.» Y yo respondería: «No te preocupes, me lo puedes devolver la próxima vez que nos veamos.» Y luego… Lo invitaría a cenar… No, eso sería tonto.”

C: “Él parece preocupado por algo, ¿tendrá que ver con el citatorio del otro día? Raven es abogada, estoy seguro que podría ayudarle con cualquiera que sea su problema. Ah… No sería bueno empezar diciéndole eso, pensará que lo espío.”

E: “Está inquieto, tal vez… ¿nervioso? Miren nada más cómo juega con sus dedos, es adorable…”

C: “¿Me está mirando? Oh por dios, me está mirando, oh dios, oh dios, oh dios…”

E: “Otra vez se sonroja, esto ya no puede ser casualidad…”

C: “Se ha fijado en mí, ahora estoy seguro…”

E: “Yo debería…”

C: “Debería…”

... Hablarle.”

Se miraron, la puerta se abrió.

Charles salió.

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