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Entre Espadas, Lagrimas y Rosas.

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Sinopsis

Sarah al llegar a un nuevo pueblo, se enfrentará a una verdad que nadie es capaz de decirle y descubre por ella misma. Las cosas no serán como parecen.

Genero:
Fantasy/Mystery
Autor/a:
5h1n3
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

—¿Por qué les gusta?

—¿Qué cosa?

—Los viajes... a todos parece emocionarles mucho los viajes.

—¿Por qué? ¿No te emociona ir a un nuevo lugar?

—Si... pero... nadie te habla de los calambres en la espalda y las náuseas por el movimiento.

—Deja de quejarte, otras personas ni siquiera tienen la oportunidad de viajar— dijo más concentrada en el camino que en lo que decía.

Los viajes son aburridos tediosos y te hacen doler las nalgas... pero al menos el paisaje es reconfortante o eso es lo que pensaba una chica de cabello castaño que iba de copiloto en un auto, rumbo a su nuevo hogar, la muchacha solo esperaba quedarse el tiempo suficiente para poder terminar sus estudios, en esos seis meses ya era la tercera vez que se mudaban.

—¿A qué hora llegamos? — preguntó ya que llevaban más de cinco horas de viaje comenzó a sentirse mareada.

—Falta poco— habló en un suspiro su madre, quien también estaba cansada por el viaje. —¿Recuerdas al Tommas? —

—¿Es el viejo amigo de papá? — al decir esto se le hizo un nudo en la garganta pasando su vista al paisaje boscoso, el cielo estaba de color rojizo.

—Si, nos ha ayudado mucho este último mes...— suspiró. Ninguna siguió la conversación. El caminó se hacía eterno, el reloj en la muñeca de la joven parecía detenido. Se recostó en el asiento para relajarse. Cerro los ojos y al abrirlos, ya había caído la noche cuando empezaron a encontrar casas con grandes patios y las calles desérticas. Hasta que llegaron a una casa de dos pisos de madera color blanco con algunos detalles celestes además de a ver un hombre muy alto fuera con pantalones de jean, camisa blanca, cabello blanco, ojos azules y unos lentes que terminaban su look de profesor.

—Bueno ya llegamos— se escuchó como su madre puso el freno de mano y salió del auto, Sarah por su parte espero que su madre estuviera frente al auto, salió y la chica se estiró junto con un bostezo que cubrió con su mano.

—Me alegro mucho de que hayan llegado— se saludaron los mayores con un abrazo y Sarah los miraba de atrás.

—Espero que recuerdes a Sarah—

—Sarah, tanto tiempo— se dirigió a la más joven también la saludo con un abrazo. —Por favor entren les voy a mostrar la casa— se acomodó los lentes —la casa estuvo desocupada por muchos años, pero me tomé el trabajo de arreglarla para que estuvieran cómodas— les presentó la casa en la cual había un pasillo en la cual había dos puertas enfrentadas y al final una escalera a un lado una puerta que daba el fin de la casa; la puerta de la derecha los llevaba a la cocina y la de enfrente a una sala de estar con unos sillones y una tele. Las guio por las escaleras en donde había otro pasillo que se separaba en dos habitaciones cada una con su respectivo baño, además de ser espaciosas.

—Pedí algo para comer, espero que no les moleste— Tommas acomodó sus lentes.

—Gracias— festejo Sarah saltando sobre la cama que tenía sabanas nuevas y suavecitas, a decir verdad, la casa no parecía abandonada.

—No tenías que molestarte— reprocho en un susurro Anna, la madre de Sarah.

—No es ninguna molestia, es un placer tenerlas aquí— ambos se miraron por un segundo y rápidamente desviaron sus miradas.

—Sarah, por cierto, Tommas es el director de la escuela secundaria que esta por aquí— la castaña se sentó en la cama para mirar al de pelo blanquecino.

—Ya te inscribí en la escuela, las clases comienzan la próxima semana, así que vas a tener tiempo para establecerte y acomodarte— se escuchó el motor de una motocicleta seguido de una bocina. —Ese seguro debe ser Ricardo, le pedí que fuera por comida— Sarah se levantó y siguió a los mayores quienes bajaron para abrir la puerta.

—Buenas noches— apenas abrieron la puerta estaba aquel sujeto aún con el casco puesto vestía una campera de cuero con unos jeans oscuros y unas botas negras, extendió algunas bolsas, su madre la sacó de sus pensamientos diciéndole que ayudara con las compras. Tommas había salido a buscar las bolsas de las compras que estaban en el baúl integrado de la moto, algunas las recibió Sara para dejarla en la cocina, sobre la mesada, además había olor a papas fritas que le hizo crujir la pansa de hambre. La chica empezó a revisar las bolsas buscando donde estaba la comida.

—¿Buscabas esto? — preguntó el del casco mostrándole la bolsa que tenía la comida.

—Si era justo eso— afirmó —muero de hambre— abrió rápidamente la bolsa sacando una papa frita a la cual le dio un mordisco hasta que el señor Tommas llegó detrás de él y dejó las bolsas en la mesa.

—Ricardo— el señor Tommas puso su mano en el hombro del mencionado —ella es Sara y Anna su madre—

—Bienvenidas y buenas noches— saludó el mencionado quitándose el casco dejando ver a un chico de cabello azabache tenía algo de barba bien perfilada y una ceja cortada en su ojo derecho, extendió su mano a ambas para saludarlas, Ana fue la primera en estrechar su mano. Sarah estaba perdida en el café de sus ojos cuando notó que Ricardo le extendió su mano, Sarah, nerviosa, terminó de comer la papa frita que había sacado y se limpió rápidamente en sus pantalones para estrechar sus manos, sintió una sensación cálida, se sentía extrañamente segura... al soltar sus manos sintió un leve escalofrío.

—Veo que compraste muchas cosas— le murmuro Anna a Tommas, cuando se acercó a él.

—Solo estoy cumpliendo una promesa— mostró una sonrisa melancólica.

—Bien, si están de acuerdo, primero guardemos toda la despensa y luego nos sentamos a comer— Anna dio aquella orden más a Sarah, pero todos se pusieron a ordenar y lo hicieron muy rápido, al terminar los hombres quisieron irse, pero Anna los detuvo y los invitaron a comer ya que ellos habían usado su tiempo para que estuvieran cómodas e incluso compraron la comida para el mes, no había chance que los dejara a ir así como si nada. Así que ambos accedieron a quedarse, a regañadientes.

Los mayores se la pasaron hablando, se pusieron al día, después de todo habían sido mejores amigos en algún tiempo pasado. Sarah estaba más concentrada en comer papas fritas pero escuchaba algunas historias que contaban los mayores. Ricardo se encontraba más serio, pero atento a lo que decían, comieron unas hamburguesas que Sarah agradeció ya que no había podido permitírselo hacia mucho tiempo. Ocasionalmente ambos cruzaban miradas que rápidamente se perdían. Los mayores abrieron un vino, y la situación se tornó peor para los jóvenes, no paraban de reír.

—Riky, puedes ayudar a Sarah a sacar maletas del auto— dijo Tommas pudo respirar, le dio una palmada en el hombro al de cabello azabache quien afirmo. Anna le paso las llaves a Sarah. Al salir de la casa la castaña intentó entablar una conversación.

—Bueno, que bueno que nuestros padres se lleven bien— se ajustó la campera, ya que hacía frio, el otoño estaba por comenzar.

—Si... es bueno que se lleven bien pero el señor Tommas no es mi padre... él es más como un maestro para mí— su mirada era seria, casi inexpresiva.

—Lo siento pensé...

—Todo el mundo lo piensa, no te preocupes— sonrió la situación se volvió incomoda rápidamente, y Sarah le sacó la alarma al auto y el chico abrió la maletera para sacar todas las maletas que acomodó en sus brazos. Sara por su parte busco su mochila que estaba en el asiento trasero, cerró la puerta y la maletera.

—Si quieres...— intentó tomar una de las maletas sin embargo este las apartó. Le sorprendía la fuerza del chico, ella apenas había podido levantar la su maleta cuando lo habían empacado, tuvo que pedir ayuda a un extraño que pasaba para que ayudará a guardar lo demás.

—Estoy bien, esto no es nada—

—Valla, yo apenas podía...— mencionó aun sorprendida.

—Te agradecería si...— señalo la puerta con la cabeza

—Por supuesto— se adelantó para abrir las puertas e indicarle donde tenía que dejarlas. Cosa que Ricardo hizo sin siquiera derramar una sola gota de sudor, le hacía pensar a Sarah que debería ejercitarse seguido para levantas las maletas sin problemas.

—Esto es demasiado poco para unas chicas...— observo ya que solo había tres maletas dos grandes y una más pequeña.

—Si, es que tuvimos que vender muchas para venir aquí, o las donamos— reflexionó extrañando algunas de sus pertenencias ropa, algunas joyas, juguetes o cosas que por su edad ya no necesitaba también sus peluches, por que sí aun tenía una colección de minipeluches que donó a unos niños porque simplemente era eso o era algo de comer —pero vamos a comprar más cosas aquí, o esa es la idea, si el trabajo de mamá va bien— se auto consoló pensando que desde que su padre se había ido las cosas eran mucho más difíciles para ambas... dejo la mochila arriba de la cama, para luego dejarse caer, claramente agotada.

—¿Por qué vinieron? — preguntó con curiosidad para agarrar la silla del escritorio para sentarse al rebes usando el respaldar como apoyo para su cabeza.

—Mi padre... falleció, hace siete meses... mamá dijo que fue por su trabajo, era policía— miró sus manos intentando no llorar —unos...

—No tienes que decirlo si no quieres— aunque su corazón se estrujaba del dolor, Sarah, decidió hablar, solo así, quizá, se aliviaría más su dolor.

—No, fueron unos malvivientes... desde entonces nos la pasamos mudando... inclusive vivimos en el auto por que las autoridades no podían hacer nada por nosotras— bajó la mirada decepcionada, sin esperanza.

—Lo lamento— el tonó de su voz, aunque firme, le proporcionó cierto consuelo

—Está bien, en parte, sabíamos que el trabajo de mi papá era peligroso...— ella se miró las manos tratando de no mostrar su dolor, sin embargo, el dolor, la angustia y la incertidumbre del futuro pudieron más —pero no esperaba perderlo todo de la noche a la mañana— sollozo tapándose la cara sin poder contener lo que sentía —Lo siento—

—Sarah— se levantó, acomodó la silla en su lugar y se acercó a ella, se sentó en la cama y acarició su espalda —no te disculpes por llorar—

El chico dejó que ella llorará en su hombro. Mientras intentaba consolarla.

—Siento todo lo que perdiste... pero no deberías mirar eso... si no lo que ganas o apreciar más lo que aun tienes— aquellas palabras le estrujaron aún más su corazón desecho. —Deberías ver esto como...

—un nuevo comienzo—dijeron al unísono y sus miradas se cruzaron por un minuto hasta que él desvió la mirada.

—Lo siento, no soy bueno para esto— Ella lo miró con los ojos rojos, él saco de su bolsillo un pañuelo de tela blanca con detalles negros en los bordes. Con duda lo acepto.

—Gracias...— murmuro secando las lágrimas y su nariz. Sintiéndose idiota por desmoronarse con un completo extraño super sexi al que acababa de conocer, rogaba para su interior que sus ojos no estuvieran tan rojos ya que preocuparía a su madre y en esos instantes era lo que menos quería.

—Si necesitas salir, puedes decirle a Tommas que me avise, con gusto te acompañaré— se levantó de la cama.

—¿Te vas? Pero aun el señor Tommas— trato de encontrar alguna escusa para que se quedará.

—Tengo pendientes... además— se escucharon unas carcajadas— caminó hacia la entrada de la habitación —creo que ellos no terminaran pronto—.

—Espera, te acompaño— ambos bajaron las escaleras.

—Ricardo ¿ya te vas? — dijo Anna, tenía las mejillas sonrojadas y una copa de vino en la mano.

—Si, señora Anna—

—Oh Ricardo solo dime Anna, aun soy muy joven— el chico asintió y la mujer hizo girar el vino en su copa —Sarah acompáñalo—

—Eso hago mamá— hizo un rápido blanqueamiento de ojos, y evitó mirarla por mucho tiempo, antes de que notará que estuvo llorando.

—Ricardo, mañana no me esperes— apareció Tommas detrás de Anna, también con una copa de vino en la mano derecha y en la izquierda tenía el casco que le paso a Ricardo.

—Bien— recibió el casco y abrió la puerta para salir de la casa, ambos jóvenes salieron. Sarah vio con pena como el joven se iba, quería invitarlo a que se quedará pero no podría mirarlo de nuevo si este la rechazaba. Vio como este se subía a la moto y se ponía unos guantes de cuero negro que había sacado de la maletera.

—Por cierto, bienvenido a Ivory Nest—

—Muchas gracias... y también por el consejo— dijo tímidamente se acomodó para poner sus manos bajo sus brazos, el chico la miro y luego paso su mirada al frente para ponerse el casco, encendió la motocicleta.

—Fue un placer conocerte— le extendió la mano y Sarah la estrechó con él. Mientras veía como Ricardo se fue, la chica de cabello castaño se preguntaba si volvería a verlo, sacudió su cabeza sacando esas tonterías de su cabeza, nunca le había ido muy bien en los temas amorosos. Sarah entró a aquella gran casa, subió hasta su habitación. Al buscar su mochila se le cayó el pañuelo que le había dado Ricardo. Lo levantó para dejarlo en la mesita de luz. Cerró la puerta de su habitación para cambiarse a su pijama, estaba realmente cansada cuando escuchó un ruido miró por la ventada que daba a un enorme y sombrío bosque, un escalofrió recorrió su espalda, solo cerro la ventana para acurrucarse entre las sábanas.

Los adultos hablaban y reían cálidamente sobre las aventuras que habían tenido en su juventud.

—Recuerdas aquella vez que se perdió y llego con un conejo?

—Lo recuerdo, él siempre traía cosas raras de sus viajes—

—Y ni siquiera hablamos del último— recordaron pero pronto se hizo un silencio.

—¿Cuándo vas a decirle? —

—¿Sobre qué? —

—De todo— le conversación cambio de rumbo hacia algo más serio.

—Cuando esté lista—

—Vas a esperar a que se entere por las malas o quizá pueda descubrirlo por ella misma, quizás...— jugaba con la copa en la mesa.

—Basta— susurro molesta —En si cumpleaños dieciocho le diré el diario de su padre y solo tal vez pueda decirle— se levantó aun con la copa en su mano para mirar a la ventana que daba hacia el bosque —prefiero que viva tranquila sin preocuparse por nada— tomó un trago del vino. Tommas se levantó y se puso tras ella.

—No vas a poder protegerla toda la vida— puso uno de sus manos en su espalda y él la agarró.

—Mientras viva, la protegeré, solo por eso vine aquí, para que me ayudes a cuidarla—

—De acuerdo, aunque sea una locura, te ayudaré—

—Gracias—

Entre las sombras del bosque un lobo de al menos dos metros se detuvo a observas los recién llegados.

—Así que, ¿vas a darles la bienvenida con lengüetazos y agitando la cola? — un hombre con apareció por detrás, el rojo de sus ojos resaltaba en la noche.

—Ten cuidado o te descubrirán, semáforo— aquellas palabras ofendieron al del traje quien llevo su mano al pecho.

—Mira quien lo dice, híbrido— el lobo se dio la vuelta y mostro los colmillos amenazadoramente se preparó para saltar. El de traje mostro una sonrisa burlona.

—¡Basta!— gruñó una tercera vos mucho más profunda. —Vuelvan cada uno a su manada, no me obliguen a llevarlos de la mano—

—Uff— el de traje suspiro fastidiado —claro mamá— se dio media vuelta para desaparecer entre los árboles.

—¿Por qué los dejaste entrar? — cuestionó el lobo.

—No tengo porque darte explicaciones—

—Te lo ordeno como Alfa— inmediatamente se dio cuenta de lo que hizo. El otro hizo un gruñido bastante profundo que retumbó en el bosque. El alfa bajo la cabeza en señal de disculpa. —Lo siento— gruño por lo bajo.

—Solo fue un favor, acostúmbrate a que lleguen nuevas personas y que confíes en mí, ellas no son un peligro para nadie, te lo aseguro— el lobo asintió y como el hombre de traje se perdió en el bosque. Aquel ser miró un segundo en dirección a la casa para luego desaparecer...

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