Soulmates VI - El misterio del príncipe

Sinopsis

¡Y si el héroe que todos conocemos... fuera una chica? Con dieciséis años cumplidos, Gianna Potter inicia su sexto año en Hogwarts en medio de terribles acontecimientos que asolan Inglaterra. Elegida capitana de Quidditch y Premio Anual, los entrenamientos y sus ganas de olvidar a su ex novio ocupan todo su tiempo. Sin embargo, Draco Malfoy estará mas presente en sus pensamientos de lo que a Gia le gustaría, y olvidar es mucho mas difícil cuando hay magia de por medio. Y es que nadie, ni La Elegida, puede huir de lo que está escrito de antemano.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Gilesa17
Estado:
En proceso
Capítulos:
11
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1. Aprender a distinguir entre el amor y obsesión

POV Ginny Weasley

Crecer siendo la única hija de siete hermanos tiene sus consecuencias. Y Ginny Weasley, lo sabía.

«Nunca deben verte llorar, o creerán que eres débil».

Esa frase era muy recurrente para su madre, y se había encargado de enseñársela por activa y por pasiva. Tanto le había enseñado a reprimir sus lágrimas que, con el paso de los años, ver llorar a alguien si no era por necesidad le repugnaba, y podía contar con los dedos de la mano las veces que había llorado en su vida.

La primera fue cuando su padre, con siete años, le contó su historia. La historia de Gianna Potter, La Niña Que Vivió. Y ni siquiera lo hizo por pena, o por emoción. Ciertamente, nunca sabría por qué había llorado. Durante los años venideros que pasaría en Hogwarts, recordó esa noche como si hubiese sido la anterior: fue antes de irse a dormir, que Ron y ella estaban en el salón con su padre, sentados en el sofá, y Arthur Weasley estaba mencionando algo sobre los Lestrange, una de esas tantas familias seguidoras de Quien-vosotros-sabéis, que habían acabado en Azkaban tras su caída. Con timidez, Ginny recordó que había preguntado:

- ¿Quienes son los motífagos, papi?

Arthur Weasley la miró unos segundos, y le hizo un gesto en el sofá para que se sentara a su lado. Ron, que leía por enésima vez Quidditch a través de los tiempos, alzó la vista para escuchar lo que su padre tuviera que decir.

- Los mortífagos son los seguidores del mago mas oscuro que ha conocido nunca el mundo mágico - la nariz de la niña se arrugó, preocupada -. Cuando cayó, algunos fueron a la cárcel por las cosas que habían hecho. Otros, mintieron para librarse, diciendo que los obligaron.

- ¿Y como cayó ese mago tan malo, papá? - preguntó Ron, intrigado. Arthur sonrió.

- Fue hace siete años. Quien-tu-sabes buscaba aún mas seguidores, y fue a por una pareja muy poderosa, los Potter. ¿Recuerdas la foto que te enseñé de la Orden del Fénix? - Ron asintió -. El hombre de gafas y la mujer pelirroja - Ron miró al suelo, tratando de recordar, y el rostro se le iluminó.

- ¿Esa mujer tan guapa? - Arthur asintió -. ¿Ellos acabaron con él? ¿Y donde están? ¿Por qué nunca los hemos visto? - el semblante de Arthur se ensombreció.

- No fueron ellos. Fue su hija - respondió -. Gianna Potter. Ellos… ellos no… - Molly, que entraba en el salón y había escuchado su conversación, chistó con tristeza.

- Fue una gran pérdida. Lily y James… eran increíbles. Y creo que Gia es adorable. Una niñita preciosa y dulce. Tiene tu edad, Ron - Ron se sorprendió.

- ¿Ah sí? - preguntó con interés -. ¿Y dónde esta? ¡Nunca la hemos visto!

- Dumbledore consideró que estaría mas segura alejada de todo esto - comentó Arthur.

- No seré yo quien cuestione a Albus, pero a veces me pregunto si tomó la decisión adecuada. Cuando esa niña llegue a nuestro mundo, se abrumará muchísimo - replicó Molly.

- Es su padrino, cariño - le recordó.

- Ya, pero… no sé… tan pequeña… aislada de todo…

- ¿Y qué pasó? - preguntó Ginny, muy interesada -. ¿Cómo lo derrotó?

- Nadie lo sabe - respondió Molly -. Fue asombroso. Gia debe ser una bruja de muchísimo poder, tan pequeñita… creo que hizo magia a los pocos meses. El mundo mágico le debe tanto a Gianna Potter… - dijo con nostalgia -. Y la pobrecita sin saber quien es.

- Todos los niños de nuestro mundo conocen su nombre - les explicó Arthur a sus hijos -. En parte entiendo que Dumbledore decidiera dejarla en el mundo muggle. Se sentirá muy perdida cuando por fin le llegue la carta de Hogwarts.

- Bueno, pero ella debe saber quien es, ¿no? - preguntó Ron. Sus padres se miraron.

- Imagino que sus familiares le habían contado algo, si, pero lo justo. Son muggles.

- ¿Muggles? ¿Gia está con muggles? - repitió Ron, asombrado -. Vaya.

- Creo que es hora de que os vayáis a la cama, niños - les ordenó su madre. Ron y Ginny se miraron y asintieron, encaminandose por las escaleras. Ninguno habló mucho. Se despidieron en el rellano de la habitación de Ginny y ésta entró, muy pensativa, algo ciertamente inusual dentro de su comportamiento. Se puso el pijama y se acurrucó en la cama, pensando en Gia. ¿Cómo seria? ¿Alta, baja? ¿Morena, pelirroja? ¿Ojos castaños, ojos verdes? ¿Guapa, fea? ¿Inteligente, tonta? Debía ser inteligente, pues venció a Quien-tú-sabes. Se imaginó que era pelirroja y que tenía los ojos castaños, como ella. Que era alta, con pecas, como el resto de sus hermanos. Se preguntó dónde estaría, y cómo podría llegar hasta allí para conocerla. ¡Conocer a Gianna Potter! ¡Ser amiga suya! Ginny se echó a llorar de manera irracional. Quería conocerla. Necesitaba conocerla.

La segunda vez fue después de que Gia la salvara en la Cámara de los Secretos, aunque mas de rabia que de agradecimiento, pues sabía que la pelirroja no la había salvado por sí misma, si no por ser la hermana pequeña de su mejor amigo. ¿Se lo agradecería? Si, pero la rabia era mas grande que el agradecimiento. Esa misma noche, Ginny fue a ver a Hermione para disculparse por atacarla, aunque hubiese sido sin querer. Estuvieron toda la noche hablando hasta que se animó a confesarle su fascinación por Gia. Al principio, y sobre todo recordando la tarjeta, a Hermione le pareció tierno. Algo retorcido teniendo en cuenta que se notaba que a Ron le gustaba Gia, pero por alguna razón que no entendía, los sentimientos de Ron no le incomodaban tanto como los de Ginny. Y no era por su sexualidad.

Con el transcurso de los años, esa sensación de incomodidad que tenía cada vez que Ginny le habla de su mejor amiga no disminuye, al contrario: se acentuaba. Y empeoró la primera vez que, en tercero, la vio hablando con Diggory. Su cara y su pelo podían confundirse de lo roja que estaba de celos, despotricando contra el Hufflepuff, y lo mismo con Chang y con Zabini.

- Me están quitando a Gia - gruñía -. ¿Es que no se dan cuenta de que es mia, joder? Gia y yo estamos hechas la una para la otra. ¿Verdad? - le dijo con tono acusador. Hermione se limitaba a asentir cada vez que le hacía esa pregunta, pero para sus adentros, deseaba que se alejara lo máximo posible de Gia. No obstante, hubo tres sucesos que hicieron que a la morena le saltaran las alarmas.

El primero, sin duda, después de que Gia comentara con ellos que se había acostado con Diggory. Ginny mantuvo el tipo, pero esa misma tarde, se coló en las cocinas con la intención de envenenar a Diggory. Fue Dobby quien la reconoció y, cuando salió por la puerta, se apresuró a cambiar el plato del muchacho. Dobby le contó a Hermione este suceso una noche que se encontraron en la sala común, antes de la tercera prueba, y ambos decidieron que era mejor no decir nada, ya que a fin de cuentas, Ginny no había llevado a cabo su cometido, por lo que prefirieron darle un voto de confianza.

La segunda fue la conversación que su mejor amiga le narró en Grimmauld Place. Gia nunca había tenido ropa nueva, y Sirius había desembolsado un montón de dinero para regalarle un vestidor nuevo a su adorada ahijada. La muchacha estuvo horas probándose ropa entusiasmada, contenta al fin de poder dejar de transformar la ropa de su primo en ropa mas femenina. Subía de nuevo a la habitación cuando se cruzó con Ginny y la menospreció por llevar una falda que encima le sentaba de maravilla. Se incomodó tanto que se cambió de ropa. Sabía que Ginny no era precisamente el ideal de belleza femenina, pero… ¿despreciar a la chica que supuestamente le gustaba por vestir por fin como quería, cuando sabía perfectamente que siempre había tenido que vestir con ropas usadas? ¿Era que tenía envidia o que narices le pasaba?

Pero sin duda lo peor fue cuando se enteró de que Gia tenía un novio secreto. Ginny se levantó corriendo de la mesa de Gryffindor, hecha un auténtico basilisco, y Hermione fue tras ella. Se detuvo en los jardines, furiosa y golpeándolo todo.

- Puto desgraciado - murmuró. Vio a Hermione parada a su lado y la miró -. ¡LE ODIO, LE ODIO! - gritó.

- ¿De quien estas hablando, de Gia o de su novio?

- ¡DE LOS DOS! - rugió -. ¿Cómo se atreve ese… quien es, Hermione? - le espetó, acercándose a ella, muy furiosa -. ¿Quién ese ese hijo de puta?

- N-no lo se - mintió -. Gia no quiere decírnoslo. Hemos intentado que nos lo contará pero… no suelta prenda. Ya sabes cómo es de reservada con su vida privada y… - Ginny se echó a reír.

- ¿Reservada? - repitió -. No me hagas reír. Se paseaba con Diggory cogiditos de la mano. No, Gia no es reservada. ¿Quién es, Hermione?

- Te digo que no lo se - repitió, cruzándose de brazos -. Y de todas formas, ¿a ti qué mas te da? Gia y tú casi no sois amigas.

- ¡Gia es mía, Hermione! - exclamó -. ¡Gia es solo mía, ¿entiendes?! ¡Estamos destinadas, lo se! ¡Somos la pareja perfecta!

- Gin… De verdad te lo digo… creo que te estas obsesionando con Gia y…

- ¿Obsesionada? ¡¿Obsesionada?! ¡Gia es mi amor verdadero, lo sé, siempre lo he sabido! ¡Y ella en el fondo también! ¡Seríamos perfectas, como sus padres! ¡Quiero saber quien es, necesito saberlo!

- ¡Pues tendrás que preguntárselo a ella, Ginny, porque no lo se! - repitió, y se dio media vuelta para marcharse.

Ginny miró como su amiga se iba, furiosa. Tarde o temprano, averiguaría quién era ese cerdo. Y entonces…

***

POV Draco

24 de junio de 1996 - ultimo dia de curso, estación de Kings Cross

Cuando el tren al fin se detuvo en la estación de King’s Cross, Draco miró unos segundos por la ventana, tratando de procesar la idea de que tenía que bajarse. Necesitaba ver a su madre, saber que estaba bien, pero… Bajarse del tren implicaba dar carpetazo al curso por fin. Y Draco no estaba en absoluto preparado. Tenía miedo.

Miedo por lo que había pasado en el Ministerio. Miedo por la ira del Señor Tenebroso y de que pudiera repercutir en él. Miedo por su padre, por su madre. Pero sobre todo miedo por Gia. No la había visto más que al pasar por delante de su compartimento ese mismo día desde la ruptura. Tampoco es que él hubiera salido demasiado.

- ¿Vienes? - le preguntó Theo.

- Si - asintió, cogiendo su mochila y saliendo del compartimento. Puso un pie en la estación y vio como, a lo lejos, una comitiva esperaba a la muchacha, pero que ésta se lanzaba a los brazos de un hombre moreno, bastante atractivo, aunque con el semblante bastante triste, y con pintas de macarra. Pese a todo, iba muy bien vestido; fuera lo que fuera lo que llevase, estaba claro que debía costar una fortuna. El hombre la recibió en sus brazos y vio que suspiraba con alivio.

Conque ese era Sirius Black…

Podía ver en él ese toque arrogante y atractivo tan característico de la familia de su madre, casi aristocrático. Como si realmente fueran de la realeza. Casi podían decir que lo eran. Era probable que entre los Sagrados 27 (28, si se volvía a incluir a los Potter) no hubiera nadie que no tuviese sangre Black. Suspiró y apartó la vista, mirando a su madre.

«Al menos sé que a partir de ahora será feliz», pensó. «Y que tendrá a gente que la cuide y que la quiera como se merece. Como yo nunca podré quererla». Abrazó a su madre levemente y trató de animarla con una sonrisa.

- ¿Cómo esta? - Narcisa alzó las dos cejas, y agitó la varita para hacer desaparecer sus cosas.

- Indignado. Frustrado. Humillado… El Jefe del Departamento de Seguridad Mágica esta revisando su caso a conciencia. Quiere encalomarle cosas del pasado.

- Obvio - replicó Draco -. Si lo mandas a Azkaban, que sea por una buena temporada - suspiró -. Esta en casa.

- Si - admitió -. Quiere hablar contigo - Draco no se sorprendió, de hecho, era algo que esperaba - Pero quiero que tomemos un café antes de irnos. Hay cosas de las que quiero avisarte.

- ¿No deberíamos volver enseguida? - Narcisa se encogió de hombros.

- Si, pero por unos minutos no va a empeorar o mejorar nada, ¿no crees? - madre e hijo se encaminaron fuera de la estación, y Draco vio como su madre miraba de reojo hacia Sirius. El resto de sus compañeros, que aún quedaban en la estación y se reunían con sus familias, los miraban de reojo al pasar. Algunos con rabia, otros con asco. Otros, con simple indiferencia o con suficiencia.

«Ya no impresionas a nadie», pensó. Tampoco le interesaba ya impresionar a nadie. Cambiaron algo de dinero mágico por libras y se encaminaron a la primera cafetería que Draco supo reconocer como tal: un logo verde de una sirena sobre un fondo blanco.

- ¿Cómo sabes que esto es una cafetería? - preguntó Narcisa cuando su hijo le apartó la puerta para que pasara. Draco torció el gesto. Gia le había hablado muchas veces de Starbucks, como buena amante del café que era, describiendolo como «la muerte al expreso».

- Pone café en la cristalera - comentó.

- Podrías haber elegido uno con servicio en mesa - protestó cuando se pusieron en la cola.

- Nuestras cuentas están bloqueadas, madre. Y nunca se les ocurrirá pensar que estamos aquí.

Pidieron y se sentaron en la mesa mas alejada con sus cafés. Narcisa no tardó ni dos segundos en soltarle la bomba.

- Quiere que tomes el lugar de tu padre - le soltó. Draco no alzó la vista. Claramente, era algo que esperaba -. No pareces sorprendido.

- No, la verdad es que no. Siempre esperé que fuera asi, la verdad. Quiero decir… el abuelo, padre… Mi historial familiar me precede - sonrió para sus adentros, pensando que Gia habría hecho alguno de sus comentarios sarcásticos relacionados con algún aparato muggle que él no conocía.

- Pero yo no quiero - añadió.

- Pues yo sí - terció. Gia no había confiado en él lo suficiente como para pedirle que fuera con ella al Ministerio, y Snape había estado de acuerdo. Si el Señor Tenebroso quería que tomase la Marca era porque lo consideraba digno, ¿no? Que tenía algo que ofrecerle.

- Draco, no digas tonterías. Tan solo tienes dieciséis años. Estoy tratando de convencerle de que…

- No lo hagas - la interrumpió de nuevo -. Es mi decisión, igual que la de padre. Y quiero aceptar. Sé que puedo aportar algo a su causa.

Narcisa miró a su hijo y negó con la cabeza.

***

POV Ginny

- No me lo estas diciendo en serio, ¿verdad, Ronnie?

- Ojala no fuera en serio, pero si. Los vi juntos muchas veces, cuando intentaba pedirle disculpas. De hecho, él era quien mas se lo impedía. Pero han roto - añadió. Ginny le miró, sonriendo.

- ¿En serio? - preguntó. Ron asintió, también sonriendo -. Eso es una excelente noticia, Ronnie. Gia al fin está disponible y…

- ¿Disponible? - repitió -. ¿Disponible para que, Ginevra?

Ginny empezó a dar vueltas por la habitación de su hermano, feliz. Gia, al fin, estaba disponible.

- Disponible para que, Ginny - repitió. Ginny le sonrió.

- ¿No te has dado cuenta de lo perfectas que seríamos juntas? - le preguntó. Ron arrugó la frente.

- Gia y tú no pegáis ni con cola - le espetó -. No te ofendas, hermana, pero es la verdad.

- ¿Y contigo si? - le espetó. Ron la fulminó con la mirada.

- Pues seguramente mas que contigo. Yo no la juzgo por como viste ni…

- No, solo la juzgas porque es mas popular que tú - le soltó -. Gia y tu no pegais. Simplemente…

- Ni tú tampoco. No tienes rabo entre las piernas ni pelo rubio, Gin - le recordó.

- Por favor. Gia no estaba enamorada de Malfoy. Y si lo estaba… no te preocupes, porque yo haré que lo olvide, te lo aseguro.

- Mira, Ginny. Me costó mucho aceptar que mi mejor amiga estaba con ese gilipollas, pero es asi, lamento decirtelo. Y lo siento, pero Gia nunca se enamoraría de ti, de ninguna manera, la conozco bien. No eres su tipo de chica.

- ¿Y tú qué sabes? ¡Claro que soy su tipo! Lo único… que Gia todavía no lo sabe.

- Te recuerdo que tienes novio - replicó. Ginny se encogió de hombros.

- ¿Y a quién le importa Dean Thomas? - le soltó -. Él no es nada, nada comparado con Gianna Potter.

- No puedes hacer que Gia se enamore de ti, Ginny.

- Bueno, eso ya lo veremos - sentenció con voz fría. A Ron se le erizaron los pelos de la nuca, y por alguna razón, pensó que no debía esperar nada bueno de esto.

***

POV Draco

Rostro pálido, ojos como rendijas, fríos y enrojecidos. Aspecto cetrino, como de serpiente. Draco contuvo las ganas de estremecerse cuando vio por primera vez al Señor Tenebroso. Gia no había exagerado en absoluto en su descripción cuando le dijo que era aterrador. Tenía razón.

«No es el momento de pensar en Gianna Potter», pensó. Su tía, al lado del Señor Tenebroso, le dedicó una sonrisa que no supo interpretar si era de amabilidad o para darle miedo. Se decidió por la segunda. Ya habría tiempo después para las presentaciones.

- Siéntate, Draco, charlemos - le ordenó Voldemort. Draco no osó replicar, y se apresuró a sentarse en la butaca de enfrente de la chimenea. Tom Riddle estaba de pie, mirándole. No es como si pudiera interpretar que estaba pensando. Dudaba que eso pudiera hacerlo cualquiera -. Quiero que sepas que no estoy enfadado contigo, Draco - le aclaró -. Tú no tienes la culpa de lo que ha sucedido.

- Se-Señor…

- Me han llegado ciertos rumores, Draco - le soltó. Draco no se atrevió a mirarle -. Tengo entendido que has compartido mucho tiempo con nuestra querida Gianna.

- No se si a eso se le puede llamar compartir tiempo, señor. Casi me mata - le explicó.

- Explicate, chico.

- En el partido de Gryffindor contra Slytherin tuvo un ataque de ira y me lanzó un hechizo que estuvo a punto de matarme. Me lanzó contra una roca que había y me abrió la cabeza.

- ¿Conocías el hechizo?

- Dissulta, creo que recordar - Voldemort miró a Bellatrix.

- Es el mismo que me lanzó a mi, mi señor. No lo había escuchado nunca.

- Debe ser cosa de Dumbledore. Ese viejo ha estado enseñando a esa niñata durante cinco años, adiestrandola. Resulta que es su padrino. Es un dato que se me había escapado.

Draco no dijo nada, pero no le encontraba sentido a que no lo supiera.

- La cuestión es que esa mocosa ha resultado ser un arma de doble filo, mas difícil de eliminar de lo que yo pensaba, teniendo en cuenta su condición.

- ¿Su condición? - Voldemort emitió un sonido que supuso que era una risa, pero que mas que otra cosa, lo que hacía era helarte la sangre.

- Es una mujer. Y como todas las mujeres… bueno, ya sabes - Draco asintió, pero evitó mirar a su madre de reojo. Después de seis años, hacía tiempo que había dejado de pensar que una mujer podía ser débil -. Cuéntame, Draco. ¿Cómo es Potter?

- No hay mucho que contar, señor. Potter y yo no nos hemos llevado nunca bien - el Señor Oscuro le miró a los ojos -. Es una engreída, una cretina, que se cree superior solo por esa estúpida cicatriz. Y claro, como cuenta con el beneplácito de Dumbledore, cree que puede hacer lo que le de la gana y que esta exenta de normas. He intentado que la expulsen pero siempre hay alguien dispuesto a lavarle los trapos sucios y que se libre.

No sabia de donde le salía la rabia para decir todo eso, pero hasta él mismo parecía sorprendido de lo convincente que sonaba. Hacía muchos años que no pensaba así de Gia, mas bien todo lo contrario. Quizá era por lo enfadado que estaba por descubrir que la que había sido su primera novia no confiaba en él como él confiaba en ella.

- Si, estoy de acuerdo contigo - admitió -. Potter goza de demasiada suerte y protección. Y creo que es hora de cambiar eso, ¿no crees?

- Su-supongo, señor.

- Narcisa, Bella, dejadnos solos, por favor - les pidió. Las dos hermanas se miraron, y Narcisa miró a su hijo con preocupación, quien asintió, y juntas salieron de la habitación. Voldemort agitó la varita, imposibilitando la puerta, y se sentó -. He preferido tener estas palabras a solas contigo, Draco, porque creo que entre hombres podemos entendernos mejor. No voy a mentirte, chico, estoy muy, muy decepcionado con tu padre. Confíe en él. Me prometió lealtad y se dejó atrapar. Le di una oportunidad y me falló. Y lord Voldemort es alguien a quien nunca hay que decepcionar - le aseguró. Draco quiso echarse a temblar, pero le sostuvo la mirada con firmeza. Aquello pareció complacerlo, pues cuando volvió a hablar, su tono de voz parecía que, aunque no pudiera considerarse amable, si era menos duro -. Pero soy de los que piensa que los hijos no deben pagar por los errores de sus padres. Y no creo que deba culparte, Draco. No, en absoluto. De hecho… tengo grandes planes para ti, chico.

Draco alzó la vista, sorprendido. Se esperaba una tanda de cruciatus.

- Severus me ha dicho que eres un alumno de singular talento, y que estas entre los primeros de la clase - Draco asintió -. Eso me congratula, aunque para serte sincero, no es necesario. También se por tu padre que desde hace años eres gran amante de las Artes Oscuras, y he visto vuestra colección de libros en la biblioteca del viejo Abraxas.

- Así es, señor. Pasaba los veranos y las vacaciones leyéndolos.

- Bien, bien. Entonces puede que seas útil, mas que tu padre. También se que, desde hace años, anhelas unirte a mi.

Draco abrió la boca, pero no dijo nada. Si, hace años que había soñado con unirse al Señor Tenebroso y servirle, cuando creía en la pureza de la sangre… antes de darse cuenta de lo enamorado que estaba de Potter. Entonces su mundo se puso patas arriba, y Gia le mostró sin quererlo lo extraordinaria que era. Hasta que decidió, sin embargo, que no era lo bastante fuerte para ella y le dio de lado.

- Para confiar en ti necesito pruebas, Draco. Pero no dudo que estas mas que capacitado para la tarea que quiero encomendarte.

- ¿Que tarea, mi señor?

- Es hora de quitarnos de enmedio al problema principal. Y creo que eres perfecto para eso. Si, ya lo creo, chico… Pero antes… ¿que estarías dispuesto a hacer, Draco, por demostrar tu valía

- Lo que usted me pida, señor. Estoy dispuesto a todo.

- Bien, veremos si eso es verdad. Espero muchas cosas de ti, Draco. En primer lugar, y como es obvio, lo que tu padre no ha sabido darme: lealtad y obediencia, y un buen servicio.

- Por supuesto - le aseguró.

- A lord Voldemort no se le puede engañar, muchacho - le advirtió -. Yo puedo ayudarte con eso que tanto deseas, Draco.

- ¿Mi… señor?

- Poder. Fuerza. A mi lado, muchacho, serás todo lo fuerte que quieras ser, incluso mas. Vienes de una de las familias de sangre limpia mas extensas de nuestro mundo. Es tu deber para con esa sangre unirte a mi. Es tu mejor… no, es tu única opción, chico.

- Por supuesto, mi señor, por supuesto.

- Bien, entonces es el momento. No creas que no doy nada a cambio - agitó la varita e hizo pasar de nuevo a Narcisa y Bellatrix.

- Draco esta mas que dispuesto a unirse a nuestra causa - Bellatrix miró a su sobrino con profundo orgullo. Pero era la única. Narcisa lo miraba con preocupación -. Y quiero que este sea un momento muy familiar. Por eso os he hecho entrar, quiero que presencieis su momento de gloria…

- ¡Mi.. señor! - exclamó Bellatrix, emocionada, como si realmente fuera su madre.

Voldemort cogió el brazo izquierdo de Draco y le apuntó con la varita, murmurando «¡monsmadre!». Draco sintió un dolor en el brazo que fue aumentando progresivamente. Snape y Narcisa se asustaron, pero Bellatrix y Voldemort parecía complacidos.

«Eso no es normal», pensó Narcisa, viendo al muchacho retorcerse y chillar de dolor en la butaca. «No debería de dolerle tanto». Histérica, se abalanzó sobre su hijo, tratando de consolarlo. Fueron veinte minutos de angustioso dolor que terminaron tan súbitamente como se fueron. Cuando se irguió, los cuatro miraron el antebrazo: una brillante Marca Tenebrosa de color gris habia aparecido en su palida piel, contrastando con ésta y con sus venas. Draco la miraba entre orgulloso e intrigado y la comparó con la de su tía.

- Es gris - comentó -. ¿Por qué?

- Porque es muy reciente, acaba de hacerse - replicó Snape -. Ya se oscurecerá.

Sin embargo, Naricsa sabía bien porqué la Marca de Draco era gris. Por la misma razón por la que la de Regulus Black lo habían sido: porque no puedes venderle tu alma y tu corazón al diablo si estos pertenecen a alguien desde hace muchos años. Y cuando algo oscuro choca contra algo tan puro como es el amor, no hay nada que pueda hacer. Y el corazón y el alma de Draco Malfoy pertenecían a alguien desde hacía muchos años.

A Gianna Potter.