Soulmates V - La Orden del Fénix

Sinopsis

Sufrir. Perder. Llorar. Repetir. En esas tres cosas se ha basado la vida de Gia en los últimos catorce años: perder a sus padres, sufrir los malos tratos de sus tíos, descubrir que era una bruja, que la utilicen, que intenten asesinarla, humillarla... Pero ver morir a su novio, a Cedric, delante de ella, fue la gota que derramó el vaso. Gia se ha cansado. Y no es para menos. Por eso, cuando cruza la barrera que separa el mundo mágico del muggle decide que es el momento de dejarlo todo atrás: la profecía, a Voldemort... y sobre todo a Dumbledore. Gia ahoga sus sentimientos, sepultándolos tras la barrera, para que no vuelvan a suponer un lastre en su vida. Solo dos sentimientos la acompañan durante todo el verano: el odio hacia su padrino y... el amor por alguien que no debería amar. ¿Cuánto tiempo puede la heroína del mundo mágico dejarse sucumbir por su lado mas oscuro? Incluye contenido sexual, explicito y drogas.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Gilesa17
Estado:
Completado
Capítulos:
30
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1. Verano, como siempre al estilo Potter

POV Draco

- Amo Draco - le dijo una de las elfinas -. El amo Lucius lo espera en su despacho, quiere hablar con usted.

Draco bufó. No había puesto un pie en la casa, ni había ido a buscarlo a la estación, y su padre ya lo estaba llamando para darle alguna tremenda chapa. Asintió con desgana, se quitó la capa de viaje (que ni siquiera entendía por qué llevaba, porque hacía un calor de mil demonios), y se encaminó al despacho de su padre.

- Entra - le ordenó con voz fría cuando llamó tres veces. Lucius estaba sentado detrás del escritorio, con gesto serio, pero no parecía enfadado. “Tampoco he hecho nada, no tiene razones para estarlo” - pensó. Su padre le hizo un gesto para que se sentara y entonces pudo fijarse en el libro que había en el escritorio:

Cigares des ancêtres : arbre généalogique de la famille Malfoy

“Emocionante” - pensó.

- Supongo que te estarás preguntando por qué te he hecho nada mas llegar a casa - dijo con calma. Draco resistió las ganas de encogerse de hombros con indiferencia, y se limitó a asentir con calma -. Vuelvo a preguntarte: ¿Sabías que Potter podía crear sus propios hechizos?

- Evidentemente no, padre - mintió con calma -. Sabía que podía hacer magia sin varita, pero lo otro lo sé porque me lo dijiste tú en la carta.

- Debiste decir que podía hacer magia sin varita - replicó.

- Bueno… supuse que eso era algo que el Señor Tenebroso sabía - comentó. Lucius lo miró unos segundos, para finalmente asentir.

- Tienes razón - admitió -. Si, por una vez estoy de acuerdo contigo, hijo. Es algo que el Señor Oscuro debió prever.

- Entonces… - empezó Draco, sin saber muy bien como continuar.

- Si, claro. Era obvio. No esta contento con muchos de nosotros, pero hemos jurado seguir siendo fieles a su causa. Y en su causa es en lo que quiero volver a instruirte - dijo, empujando el libro hacia él -. ¿Te lo había enseñado alguna vez?

- No.

- “Puros desde los ancestros: árbol genealógico de la familia Malfoy” - leyó. “No me digas. No me machacaste con el francés desde la cuna, resulta que no se lo que pone”, pensó Draco con sarcasmo -. Haber estado en ese… colegio - dijo con desprecio -. Puede que te haya ablandado un poco las ideas.

- En absoluto - le aseguró, pero sabía perfectamente que era una gran mentira -. Sigo pensando exactamente lo mismo de siempre - Lucius asintió -. Lo que esta bien y lo que esta correcto. Los muggles y los sangres sucia son escoria, y los mestizos putas abominaciones - dijo, fingiendo desprecio.

- Bien, bien - dijo, asintiendo -. Veo que la lección la tienen aprendida. Eso es bueno. Pero creo que es importante que la reforcemos, ¿no crees? - abrió el libro y le mostró el árbol genealógico de la familia. Draco cogió el libro y lo analizó. Había nombres que no recordaba, aunque la última vez que miró ese peñazo de libro, era demasiado pequeño como para recordar alguno.

- A mediados del siglo IX nos fuimos al reino franco - comentó. Lucius asintió -. ¿Por qué? ¿De dónde veníamos?

- Del norte de Europa - Draco alzó la vista, interesado.

- ¿Del norte de Europa? Quieres decir… ¿Escandinavia?

- Se cree que el origen de la magia es muy anterior, de época griega, aunque realmente no hay nada que lo documente, pero su mayor esplendor en cuanto al surgimiento de los principales linajes mágicos se dio en esa zona. De ahí surgen los principales: los Peverell (que están extintos), los Black… los Malfoy. Aunque en ese momento no era con ese nombre.

Draco asintió y siguió revisando el árbol genealógico. Algo le llamó la atención, y es que a partir del personaje de Darius, en el siglo VII, desaparecen por completo del árbol genealógico las mujeres Malfoy.

- Que curioso - comentó -. No hay mujeres desde el siglo VII hasta ahora. Todas son por nacimiento - el semblante de Lucius se ensombreció, pero Draco estaba tan absorto en su análisis que no se percató -. ¿No es raro… y genéticamente imposible?

- ¿Qué sabes tú de genética, Draco? - él se sonrojó y le miró.

- Bu-bueno… es interesante, ¿no? Quiero decir… forma parte de la mendimagia y…

- ¿Mendimagia? - repitió -. ¿Y desde cuando te interesa a ti algo tan de baja calaña como es la mendimagia?

- ¿Qué tiene de malo?

- Que eres un Malfoy, ¿te crees de verdad que puedes caer tan bajo como para… trabajar? ¿Y mas de mendimago? - Lucius negó con la cabeza -. Tu deber y tu obligación es mantener puro el apellido y no degradarte de esa manera… - agitó la mano en un gesto de desprecio -. a trabajar. Eso es de pobres, como los Weasley, gente que tiene necesidad. Pero tú no lo necesitas, Draco. Tú solo tienes que escucharme a mí, y seguir mis pasos.

- Pero… Padre, este año que empezará hago los TIMOS… ¿no se supone que tengo que decidir qué quiero hacer con mi vida?

- Gestionar los negocios y la fortuna familiar, casarte con una mujer apropiada y tener un heredero. Eso es lo que tienes que hacer con tu vida. Nada mas.

- ¿Entonces? ¿Qué se supone que tengo que hacer con los TIMOS? - repitió. Él se encogió de hombros.

- Personalmente me da lo mismo. Viendo los años anteriores, no creo que vayas a ser el primero de la clase. Creo que ese puesto llevan disputandoselo Zabini, Potter y la sangre sucia de Granger, ¿no? No espero que les alcances, ni nada de eso, desde primero no espero eso de ti, ya me dejaste claro que no vales para estudiar - Draco se incomodó, pero mantuvo la mirada firme -. Lo único que espero de ti es que hagas lo que tienes que hacer. Tarde o temprano tendrás que llevar la Marca como yo, Draco - le dijo con voz seria y firme -. De ti depende que no seas una decepción como vienes siendo desde hace años - le hizo un gesto para que saliera del despacho, y Draco cogió el libro antes de levantarse. Echó un último vistazo a su padre y salió. Cuando cerró la puerta tras de sí, se dio a sí mismo un guantazo en la mejilla, tratando de aguantar las ganas de llorar.

“Eres una decepción”, le dijo en primero cuando le enseñó las notas. Eran todo nueves, pero aun así, no fueron suficientes para Lucius. “Dos chicas que vienen del mundo muggle te han superado. ¿Por qué no puedes ser como tu mejor amigo? Blaise ha estado al nivel de Potter y esa sangre sucia”

“No esperaba que atrapeses la snitch, Draco”, le dijo en segundo tras su primer partido. “Esta claro que la escoba no es suficiente. Para eso hay que tener talento, y eso es algo que tú no tienes, nunca has tenido y nunca tendrás”.

“Hagrid será un bruto, pero si no fueras tan estupido no te habría atacado el hipogrifo”, le dijo con desgana cuando le contó su primera clase de Cuidado de Criaturas Mágicas.

“No te creas tanto, Draco. Aunque hubieses tenido diecisiete años, el Cáliz de Fuego no te habría seleccionado igualmente. Qué vergüenza, hasta un Hufflepuff puede mas que tu”.

- Draco, ¿qué haces? - le preguntó su madre. Salió de su ensimismamiento y miró: ésta lo miraba desde la puerta del salón, con gesto de preocupación. Después miró el libro que llevaba en las manos -. Ohm, el árbol genealógico.

- Si… quiere que vuelva a recordar la pureza de sangre - le explicó. Narcisa entrecerró los ojos, mirándole con gesto interrogante, y le hizo un gesto para que fueran a la cocina.

- La pureza es importante, Draco - le recalcó, mandando a un elfo a hacer té para los dos -. Es lo que mantiene nuestra magia intacta.

- Lo sé, madre.

- Espero que así sea, hijo. Tengo mucha fe en ti - estuvieron en silencio un rato, mirando el libro, hasta que Draco se atrevió a sacar el tema.

- Madre… ¿tenéis que elegirme esposa? - preguntó. Narcisa lo miró de reojo.

- Ese tema queremos hablarlo contigo mas adelante - Draco bufó -. Es importante, Draco. No puedes casarte con cualquiera - le previno -. Tiene que ser la chica adecuada. Su estatus de sangre tiene que ser impecable. En teoría tenía que ser el año que viene, pero dada la situación actual… estamos barajando algunas opciones.

- Pansy - comentó. Narcisa negó.

- No. Pansy esta completamente descartada. Tu padre se ha enterado de su amistad con esa mestiza de Potter - dijo con asco. “Si tú supieras…”, pensó Draco -. Y por supuesto está completamente descartada. En unas semanas nos reuniremos con ellos, estaba pensado que si, pero les comunicaremos la negativa. Hemos pensado en otra familia.

- Sorpréndeme - dijo sin darle importancia.

- Greengrass - respondió. Draco se sorprendió. Tenía entendido que su padre odiaba a los Greengrass -. La pequeña.

- Astoria - su madre asintió, y Draco alzó una ceja -. Madre, Astoria es… bueno, es lesbiana.

- Oh - murmuró, como si aquello no fuera un inconveniente -. Si, algo había oído, si. Bueno, pero eso es un pequeño detalle que no tiene importancia.

- ¿Que no tiene importancia? - repitió -. Vale, supongamos que me caso con ella. ¿Como pretendes que tenga hijos con ella si no le atraigo físicamente por ser hombre? ¿Qué quieres que haga, que la viole? - su madre no dijo nada -. No pienso pasar por ahí.

- No te estoy diciendo que la violes - dijo con voz seria -. Solo digo que vuestro deber es tener un sucesor. Ya encontraréis la forma de solucionar ese asunto. Tenéis muchos años para ello.

“Ni siquiera creo que pueda llegar a sentirme atraído por ella”, pensó.

- Entonces… aunque sea lesbiana… ¿Astoria es mucho mas adecuada? - preguntó interesado.

- Por supuesto. La sexualidad de uno aquí no es relevante. De puertas para dentro, podéis hacer lo que queráis.

- ¿Y qué pasaría si… por ejemplo… fuera bisexual? - le preguntó, aguantando las ganas de mirarla -. ¿Pasaría algo?

- Seguirías teniendo que casarte con Astoria - afirmó -. ¿Eres bisexual?

- No… lo sé - dijo, ceñudo -. Creo que sí.

- Admito que es un tema que nunca hemos tratado contigo, pero… por mi puedes hacer lo que quieras, en tanto en cuanto mantengas la pureza de sangre y te cases convenientemente. ¿Quién?

- Eh…

- Espero que hayas tenido buen gusto, Draco - le previno -. Y que no hayan sido Crabbe y Goyle. Y que por supuesto hayas tomado precauciones.

- Madre… solo fueron un par de besos… y no fue con ellos, fue con… - suspiró -. Theo.

- Ohm - dijo con orgullo, sonriendo -. Es muy guapo - admitió -. Aunque no creo que su padre esté de acuerdo. Lo ha prometido con Daphne.

- Estais acelerando las cosas - comentó. Ella asintió.

- La vuelta del Señor Tenebroso ha traído muchos cambios en nuestras vidas. De momento quiere permanecer en el anonimato, pero quiere empezar a planear su futuro gobierno. Eso empieza por planear los futuros matrimonios de las familias que lo conformaran, y Theo, tú… sois de los que mas le interesan. Sois inteligentes, atractivos… si, sin duda. Seréis piezas clave.

- ¿Crees que soy inteligente, madre? - ella le miró, y vio que se había sonrojado mucho.

- Claro que eres inteligente, hijo. Siempre has sabido lo que te conviene, empezaste a demostrarlo cuando te seleccionaron en Slytherin. Eres un chico listo, astuto e inteligente. Puedes llegar a mucho en esta vida.

Draco sonrió, complacido. En ese momento, sentía una enorme gratitud hacia su madre. Era la segunda persona que creía que podía ser algo y llegar a mucho. “Solo hay dos personas que creen que puedo ser de provecho, Potter y mi madre”.

- Madre… no quiero administrar los negocios y la fortuna familiar - le confesó en voz baja -. Desde lo del… hipogrifo - mintió -. He estado… bueno… He estado formándome por mi cuenta y… creo que se a que me quiero dedicar. Este es el año de los TIMOS y…

- ¿Quieres dedicarte a algo? No lo necesitas, hijo…

- Lo sé, pero… quiero dedicarme a algo mas que ha gestionar dinero. Ya se que se me dan bien los números y puedo ser bueno en eso pero… no es lo que me gusta. Me gustaría estudiar sanación - le anunció. Narcisa se quedó boquiabierta, y cerró la puerta de la cocina para que nadie les oyera.

- ¿Tu padre sabe esto? - él negó.

- He dejado caer que he estado leyendo sobre genética y sanación, pero no le he dicho directamente que quiero dedicarme a eso. De todas formas no espera que saque las notas suficientes como para que me dejen entrar en San Mungo pero… ha hecho muchas donaciones al hospital, eso puede beneficiarme y… se que padre nunca aceptará que sea sanador, pero me gustaría pensar que puedo hacer algo provechoso con mi vida - sonriendo, su madre le cogió la mano.

- No se lo digas. Será nuestro secreto. Adelante, inténtalo. Pase lo que pase, que dentro de treinta años no te mires al espejo pensando en lo que pudiste ser y no fuiste - Draco sonrió de nuevo, recordando que Potter le había dicho exactamente lo mismo sobre su bisexualidad. Asistió y apuró su té, dispuesto a volver al sótano para estudiar, aunque fuera a escondidas.

- Y… madre… - ella asintió -. He vuelto a tocar el piano. Y he escrito algunas canciones.

- ¿De verdad? - preguntó, emocionada y sorprendida -. Siempre tuviste mucho talento. Espero que te animes a tocarlas para mí. Sé que te gusta estar en el sótano, así que moveré el piano allí para ti. Ahora que tu padre no estará tanto en casa…

- Podré tocar allí - terminó por ella -. Cuando… quieras. Estoy puliendo una, ya te la tocaré.

***

POV Gianna

El día mas caluroso del verano había dado paso a una noche igual de calurosa. O quizás eran las mas de quinientas personas que, borrachísimas, se apelotonaban en el centro de la pista de la discoteca Fabric de Londres, tratando de bailar una canción importada directamente de una de las zonas donde mas fiesta se concentraba en esos momentos en Europa: Valencia.

Es el sonido de Valencia

Es la musica infinita

Esto es… Barraca

Barraca Destroy

Esas cuatro frases eran las únicas que se repetían a lo largo de la canción, si es que se le podía considerar así, basada únicamente en ritmos repetitivos y frenéticos. En el medio de la pista, dos amigos bailaban, mientras él agarraba de la cintura a la chica. No estaba claro cual de los dos iba mas borracho. Blaise aseguraba que él. Gia aseguraba que ella. Y ambos aseguraban que Pansy debía haber ido con ellos esa noche.

- Le importa demasiado lo de Malfoy - dijo Gia, acercándose a la barra a pedir un chupito.

- No deja de ser un palo, Gia - dijo, cogiendo el bote de sal. Durante un segundo, miró el bote y luego a la morena. Gia le sonrió con malicia y lujuria, como si le diera permiso. Se giró para ponerse de frente, pasó la lengua sutilmente por su hombro cubierto únicamente por un fino tirante, para dejar algo de saliva y depositó un poco del condimento, para después succionarlo con la boca. Gia hizo lo mismo con su cuello, deslizando los labios hasta la clavícula -. ¿Lo bebemos y vamos al baño?

- Ya estamos tardando - dijo con voz pesada, lujuriosa. Bebieron el chupito de tequila apresuradamente y Blaise tiró de ella entre la gente para guiarla hasta el baño. De los diez cubículos, seis estaban cerrados.

- Metiéndose rayas - susurraron cuando encontraron uno vacío. Blaise la puso contra la puerta, atrancandola, y empezó a besarla con fiereza, llevando su mano derecha a sus muslos -. No debimos habernos fumado ese porro antes de entrar… - suspiró, removiendose incómodo por la erección que cargaba -. Entre eso y el alcohol… y tu culo en mi polla…

- No es como si te hubieses resistido, Blaise - le dijo Gia, desabotonando ligeramente su camisa gris oscura -. Pero si, quizá no ha sido buena idea… ¿Has traído?

- Sabes que nunca salgo sin ellos - dijo, sacando un condón del bolsillo. Gia soltó un gruñido que sonó animal, y metiendo la mano en sus boxers para acariciarlo, lo llevó hasta el retrete, sentándolo -. ¿Alguna vez me dejaras llevar el control a mi? - preguntó, agarrándola de la cintura para que se sentara encima suyo.

- Algún día - le aseguró -. Cuando estemos en el colegio.

- Por Merlin, quítate las bragas, Gia - le suplicó, metiendo la mano entre sus piernas -. Quiero follarte ya - Sonriendo con arrogancia, Gia se puso de pie y se quitó las braguitas, y él se las robó, guardandolas en el bolsillo. Antes de permitirle ponerse el preservativo, se frotó contra su erección, disfrutó aún mas cuando le vio morderse el labio. La alzó, se lo puso y asintió con algo de resignación, recostandose para que lo montara - Estas demasiado cachonda, hasta con el condón lo noto.

- Me has puesto así con la chorrada de la sal. No vuelvas a hacerlo - la cogió de la nuca para acercarse a su oído.

- Agradece que ha sido tu hombro y no tu coño - le susurró. Gia se agarró de sus hombros para cabalgarle, y Blaise le quitó los tirantes para liberar sus pechos y succionarlos -. El nuevo marido de mi madre me fundiría a cruciatus si supiera esto - dijo entre gemidos. Gia le agarró del cuello, echando la cabeza para atrás.

- Que les jodan a todos, Blaise… que le jodan a todo el puto mundo magico… - suspiró -. Ahora mismo solo me interesa correrme…

- Y a mi…

Al ritmo de la canción Strange de Interfront que sonaba en ese momento, Gia siguió montandole, mientras Blaise se aferraba a sus caderas, gimiendo desesperado.

- Dios, joder, no pares…

- Joder, estoy a punto…

Entre gemidos y gruñidos, unos minutos después, ambos alcanzaron el orgasmo. Aun con los espasmos recorriendole, se inclinó para darle un beso de satisfacción, tratando de recuperar el aliento.

- No hay mejor forma de acabar una noche - dijo Blaise.

- ¿Quién te ha dicho que la noche se ha acabado, Zabini? - le dijo con malicia, agarrándole de la nuca.

- ¿Es que tu no te cansas nunca, Gia? - preguntó, mordiendole el labio.

- Tenemos quince años, estamos borrachos y fumados, y los dos estamos buenísimos. Nadie sabe que somos magos, y estamos en una discoteca muggle follando en un asqueroso baño. ¿Por qué querría volver a casa, Blaise? ¿Acaso tú quieres volver?

- Touché - admitió. Le hizo un gesto para que se levantara de su regazo y se quitó el preservativo - ¿Y si no te devuelvo las bragas… que pasaría?

- Pues tienes dos opciones: o me vuelves a traer aquí para echar otro… y haces lo que se te ocurra - dijo, guiñandole un ojo. Sonriendo, dio unos golpecitos en su bolsillo -. ¿No me las vas a dar?- Ya decidiré cuando te las doy. De momento, vamos a echarnos el de post polvo - le pidió. Salieron del baño, arreglándose la ropa, y salieron a la calle a que les diera un poco de aire. Gia miró al hora. Aún eran las cuatro de la mañana.

- ¿Tus tíos no te dirán nada? - preguntó, encendiendo un cigarro y pasandole el mechero. Ella se encogió de hombros.

- Me importa tres cojones, la verdad. Supuestamente tengo que llegar antes que mi primo, y mi primo suele llegar a las ocho de la mañana todos los días, o casi todos. No es que me quite mucho el sueño, la verdad.

- Estas muy rara desde que nos fuimos del colegio, Gia. Es como si… no se…

- ¿Como si que?

- Como si nada te importara lo mas mínimo. Quiero decir… El año pasado empezaste con actitud disfrutona de la vida, pero este año estas… pasota, como si… nada de lo que pasa en el mundo mágico fuera contigo.

- Es que nada de lo que pasa en el mundo mágico va conmigo, Blaise. Me importa una puta mierda - le aclaró -. ¿Quieres que te diga la verdad?

- Somos amigos, creo que puedes ser sincera conmigo - Gia asintió.

- Desde que salí de la estación de King’s Cross y crucé la barrera no he sentido absolutamente nada. Dejé toda mi mierda atrás, en el andén.

- No te entiendo.

- Estaba harta, Blaise - le dijo -. Harta de ser la heroína, de ser la que sufre, la que pierde. Harta de sentir un peso que no me corresponde por decisiones de otras personas. Soy… Soy libre, Blaise - le aseguró, feliz -. Ese bucle de perder, llorar y repetir… me estaba ahogando, me estaba matando, te lo aseguro. Así que simplemente… lo apagué.

- ¿Que lo apagaste?

- Si, lo apagué - dijo, chasqueando los dedos -. Decidí que nada importaba ya realmente demasiado, que no me importa que haya vuelto y que el mundo se caiga a pedazos. Ha dejado de ser mi problema.

- Pero… Gia… ¿podrás vivir el resto de tu vida así, con miedo? ¿Pensando que va a por ti, que en algún momento podrá aparecer por alguna esquina y matarte?

- Pues hasta que llegue ese momento, habré vivido intensamente. Habré reido, habré bailado, me habré emborrachado y colocado, habre follado… y habré sido libre, que es lo que quiero ser.

- ¿Seguro que es lo que quieres, Gia? - le preguntó Blaise, poniéndose serio por un momento.

- ¿Quieres mi consejo? - añadió, dando una calada. Él asintió -. Todo eso de tu padrastro… que quieres que te diga, tio. Haz lo mismo que yo, si puedes. Yo pude ahogar mi capacidad de sentir. Hace semanas estaba llorando, desquiciada e histérica, sobre la muerte de mi ex novio. Y ahora soy libre. Y nunca me he sentido tan bien. Me dijeron que seria adormecer el dolor, que lo sentiría mas fuerte cuando decidiera volver a ser la misma, pero sinceramente… Estoy de puta madre - tiró la colilla y la apagó -. No tengo interés en volver a ser la que era. Estoy genial este verano, siendo quien quiero ser.

- ¿Eso quiere decir que no has leído un solo periodico desde que volviste? - ella se encogió de hombros.

- Uno. Y vi que se burlaban de mí, así que cancelé la suscripción y quemé el periodico. Fue muy liberador. Nada de lo que pase en el mundo mágico me afecta ya, Blaise.

- ¿Y Dumbledore? ¿Esta de acuerdo? ¿Y Ron y Hermione? - Gia esbozó una sonrisa.

- ¿Crees de verdad que se lo he dicho? No, solo lo sabes tú. Con vosotros… siento que puedo sacar mejor estar versión mejorada de mi misma. Y Dumbledore… sinceramente, no quiero saber nada.

Desde que había vuelto a Privet Drive, Dumbledore había estado mandando cartas para que se mantuviera en casa, para que tuviera cuidado con las salidas. Conforme le habían llegado, Gia las había quemado sin responder, aunque sabía perfectamente que estaba al tanto de sus escapadas nocturnas, porque cada día le mandaba una advertencia. Y no solo él, Sirius también insistía en que se mantuviera en casa, alejada de los problemas, al igual que Ron y Hermione. Gia simplemente había ido quemando las cartas o respondiendo algunas, según veía que eran muy pesados, y había seguido con su racha de salir casi todos los días.

- Es tu padrino, y tu mentor - le recordó.

- Es enternecedor, pero no le necesito. Es mas… si algo puedo decir que siento ahora mismo, es odio e indiferencia hacia él - Blaise abrió mucho los ojos.

- ¿Como? ¿Tú? ¿A Dumbledore? - ella asintió.

- Si, y considero que él solo se lo ha buscado, Blaise. Desde primero me ha puesto en peligro constante, sin darme opción a elegir. Me ha puesto a prueba, forzandome. El año pasado fue el colmo. “Arriesga tu vida, Gia, para que averigüemos quién hay detrás de todo esto”. Le avisé de que había algo raro en Moody, y no me prestó la suficiente atención. Me obligaron a participar en algo que no quería, a ponerme delante de él, algo que yo no pedí… nunca me han dado la opción de elegir. Estoy harta, ni siquiera quería dejarme gestionar mi propio dolor. ¿Eso es amor? Eso es una puta mierda.

- Pero sentir forma parte de lo que somos - replicó -. Si, yo odio al nuevo marido de mi madre, odio que quiera que me una a él, odio saber que mis amigos acabaran uniéndose… pero no querría dejar de sentir.

- Pues te aseguro que es muy liberador. Se supone que es mi padrino, que debe velar por mi seguridad, y me abandonó con los Dursley para sufrir y me instó a que antepusiera mi vida a los demás, como si yo no quisiera ser mas que carne de cañón. Pues mira, no. Resulta que he decidido que no quiero saber nada.

Se hizo un tenso silencio, mientras Blaise apuraba su cigarro. Sin decir nada, entraron y pidieron otro chupito. Para Gia, aún era pronto. Para Blaise, solo quería alejarse de casa y no tener que volver a lidiar con el nuevo marido de su madre. Y si podía volver a echar un polvo con su amiga, mas que mejor. Llevaban así dos semanas, y si Gia decía estar bien… Blaise no se lo creía, pero por lo menos se aseguraba. La conocía. Y Gia no era de las que ahogaba sus sentimientos. Tarde o temprano, sabía que su verdadero yo resurgiría.

Eran las seis de la mañana cuando, finalmente, decidieron fumar el último porro de marihuana mientras esperaban el autobús noctámbulo para volver cada uno a su casa. Se subieron y Gia se sentó de nuevo en su regazo descaradamente, aun sin ropa interior.

- Estas sin bragas, Potter. ¿Es que me vas a dejar irme a casa con una erección?

- Eso te pasa por quitarmelas. Devuelvemelas y me quitaré. ¿Pansy viene mañana?

- Si, creo que sí. Pero no pienso montarmelo con las dos, ya te lo dije.

- No lo digo por eso, puto pervertido. Lo digo porque no me he atrevido a escribirle desde lo que nos contó.

- Pansy esta super jodida, Gia - insistió -. Creía que iba a ser la futura señora Malfoy - Gia fingió estremecerse. Además de su resentimiento hacia Dumbledore, lo único que Gia le provocaba latigazos de sus antiguos sentimientos, como si quisieran resurgir, era cualquier mención hacia Malfoy, ya fuera por celos o por cualquier otra cosa.

- Le han hecho un favor. Ahora es libre, libre de elegir. Tampoco se la ve muy afectada - comentó, recordando los cuatro tipos diferentes con los que se había enrollado en una noche.

- Porque es como tú, ha preferido ahogar sus sentimientos.

- La he enseñado bien - añadió.

- Al que han jodido es a él. Después de rechazar la propuesta de los Parkinson, creo que Lucius y Narcisa consideraron la de Astoria Greengrass - Gia le miró, boquiabierta.

- ¿Esa puta? - dijo en voz baja -. Pero si es tan zorra como la hermana. Además, tengo entendido que es lesbiana, el año pasado Cho me dijo que le habia tirado los trastos, y que le pidió que fuera al baile con ella. Se cabreó muchísimo porque le dijo que no.

- Pero eso a ellos no les importa, Gia, mientras tenga la sangre limpia - replicó -. Mientras pueda tener un heredero… ¿qué mas da?

- La vida de los sangre limpia no me da ninguna envidia - admitió.

Vio que se acercaban a Privet Drive y Blaise le devolvió las bragas -. Que te siente bien la paja que te vas a hacer cuando llegues - se despidió con malicia.

- Pero que zorra eres - le espetó, viéndola bajar del bus. Cuando el bus se alejó, se puso las bragas y se encaminó hacia casa. En la esquina, Dudley aparecía, bastante mas borracho que ella. Ambos se miraron.

- Yo no digo nada si tu no dices nada - le dijo con frialdad.

- Siempre y cuando no le vomites en la alfombra a tía Petunia, nadie tiene por qué enterarse de nada, Dud - le aseguró. Con todo el sigilo que su estado de ebriedad le permitía, Dudley entró en la casa y cerró la puerta. Gia escuchó como subía por las escaleras. Por si acaso, trepó por el canalón para llegar a su habitación, ponerse el pijama y disimular que llevaba allí toda la noche como la niña inocente que se suponía que era, mientras oía a su primo vomitar (esta vez en el baño, por fin). Antes de meterse en la cama, miró la hora: las seis de la mañana. Por suerte, empezaba a amanecer. Gia sonrió.

Eso quería decir que dormiría poco rato, lo cual era una gran ventaja. Hacía dos semanas que había vuelto a Privet Drive, dos semanas desde que cruzó la barrera al mundo muggle y dos semanas en las que todo, absolutamente todo, le daba igual, en las que era feliz. A los pocos días, mientras planeaba una salida nocturna, le llegó una carta de Zabini: su madre había vuelto a casarse, esta vez, con un seguidor de Voldemort. Al principio el hombre no había querido darle importancia, pero después de unas semanas y que su madre los dejara a solas, el hombre empezó a dejarle caer que debería pensar en unirse a los mortifagos, algo de lo que Blaise no quería saber nada. Él quería poder, si, pero no estaba dispuesto a pasar por lo que había que pasar si se unía a Voldemort. “Azkaban no es un lugar de vacaciones para mí”, decía. Harto, le envió a su amiga para ver si podían quedar para charlar. Salieron, bebieron, fumaron. Se fueron de fiesta. Y cuando estaban muy, muy borrachos, se encerraron en el baño de una discoteca muggle y acabaron la noche con un polvo.

Quedaron dos días después. Blaise, sin saber qué decir. Gia siempre le había parecido atractiva pero… no le gustaba en ese aspecto, o al menos como Nora le había gustado.

- ¿Eso quiere decir que no te gustó? - le preguntó Gia. Blaise se encogió de hombros -. No me malinterpretes, me cuesta cero segundos encontrar a otro al que montar. Mira, por ahí va mi primo con sus amigos, ese esta bastante bueno - dijo, señalando a uno moreno -. Y le he visto varias veces mirarme las tetas.

- No le culpo - añadió -. Tienes buenas tetas.

- Gracias - le dijo con sinceridad -. El caso es que me da palo, es bastante idiota. Repito: ¿te gustó?

- Si, claro. ¿A quién no le gusta un buen polvo?

- Pues si quieres podemos seguir con eso.

- No se, Gia. Somos amigos desde hace años. ¿Y si alguno acaba… pillandose? - ella rodó los ojos.

- Zabini, sobre piensas demasiado - le aseguró -. No, en serio. Ese es tu problema, que siempre estas dándole vueltas a todo. Con lo de tu padrastro igual. Es muy sencillo: es tu padrastro. No tienes por qué hacer algo si no quieres. Simplemente mandalo a la mierda… sin mandarlo. Haz lo que te de la gana, confía en mí.

- No es tan fácil, Gia.

- Te aseguro que es muy fácil. Mírame: estaba hecha mierda por lo de Cedric, ¿y ahora? Estoy estupendamente. Salgo, me divierto. Lo repetiré por última vez: ¿te gustó? - él asintió, y a pesar de estar sentados en un banco en medio de una plaza, Gia se sentó encima suyo con descaro -. Pues entonces ya está. Deja de pensar tanto, Zabini. Hazme caso. Serás mas feliz.

Desde entonces, cada noche que salían, habían acabado en un baño encerrados. Pansy alucinó cuando se unió a ellos tras la decepción de que los Malfoy la rechazaran como futura esposa de su hijo una noche de fiesta.

Sin embargo, ambos conocían a Gia lo suficiente como para saber que, en el fondo, no estaba bien. Hermione había tenido el valor de contactar con Zabini y preguntarle si sabía algo de Gia, y éste le admitió que solían quedar para irse de fiesta.

“Estoy preocupada, Blaise” - le dijo en una carta -. “Porque es evidente que no esta bien, y que lo de Cedric le ha afectado mas de lo que ella dice. Dice que ya no le importa nada, que es feliz, pero… yo no me lo creo. Creo que pasó algo… algo que no nos ha contado, que le hizo darse cuenta de que estaba mas enamorada de lo que ella misma pensaba”

“Ella dice que esta bien, pero no es verdad” - le admitió Blaise -. “A ver… salimos, si, pero esta… lo que dices, rara. Hasta Pansy lo dice. Creo que estoy de acuerdo contigo: ha hecho algo, ha pasado algo que no nos ha contado… y creo que quería mas a Diggory de lo que ella cree”

Gia no se lo había dicho a nadie, pero la razón por la que volvía siempre tan tarde, y tan borracha, era porque tenía la esperanza de que, al dormir, las terribles pesadillas sobre el cementerio no volviesen a su mente, que no tuviese que revivir una y otra vez la muerte de Diggory. Que no se le apareciera en sueños constantemente a decirle que no podía ahogar sus sentimientos eternamente, o estos acabaron por desquiciarla. Y sobre todo, que no podía huir eternamente de quién era.

***

POV Draco

Es verdad

Mira como brillan por ti

Mira cómo brillan por ti

Mira como brillan por

Mira las estrellas

Mira como brillan por ti

Y por todas las cosas que haces

Se hizo un breve silencio en el sótano, mientras Narcisa miraba a su hijo con la boca abierta.

- ¿Qué te parece? - preguntó, nervioso.

- Es… es muy bonita, hijo… No sabía que… es… preciosa - admitió -. ¿La has escrito pensando en alguien? - preguntó.

- ¿Qué? No, claro que no - mintió -. Bueno, dedicársela a alguien que haga cosas increíbles - comentó -. Pero no.

- Pues es preciosa, de verdad - dijo, mirando las partituras de las otras canciones -. Aunque tengo que decir que son muy… reveladoras.

- ¿Reveladoras? - repitió -. ¿Por qué lo dices?

- Porque son muy profundas. No sabía que eras tan profundo… ¿Seguro que no las escribes pensando en alguien?

- Madre, ya te he dicho que…

- ¿Y seguro que esa persona no es Potter? - añadió de manera brusca. Draco se puso muy tenso.

- Madre… ¿por qué insistes con eso? Ya te he dicho que no me gusta Potter.

- Porque no creo que Theo te guste tanto como para inspirarte a escribir canciones que hablan de que quieres protegerle, que tienes que ocultar la verdad - dijo, mostrándole una de las canciones -, y en ésta - le mostró la siguiente -, te preguntas si es un amor correspondido. No sé, Draco. Hay cosas que me hacen pensar, dudar. ¡En esta reconoces que eres tan suyo que eres incapaz de enamorarte de nadie mas! - soltó, leyéndola. Draco se la arrebató de las manos.

- Eso no quiere decir nada, madre, y lo sabes - insistió -. Simplemente… leí un libro y me inspiré para escribirla. ¿Por qué siempre tienes que sacar a Potter en la conversación? Ni yo me había acordado de ella.

“Cochino mentiroso” - dijo una voz en su cabeza -. “No hay noche que no te acuerdes de Potter”.

- Siempre has tenido mucho talento para la música - admitió -. Pero ni siquiera teniendo talento eres capaz de evocar unos sentimientos tan profundos, si nunca los has experimentado. Mírame cuando te hablo, Draco - le exigió. El chico alzó la vista, mirándola a los ojos -. Dime la verdad, y quiero que lo hagas mirándome a la cara. ¿Estas enamorado de esa mestiza? - preguntó con desprecio.

- Y-yo… n-no… - dijo en voz baja, tratando de aguantarle la mirada.

- No te creo nada, Draco - le soltó -. No se lo voy a contar a tu padre, porque nadie sabe lo que haría si se enterase. Pero espero que llegue el momento en que me cuentes la verdad.

Dando un portazo, Narcisa salió del sótano, dejando a su hijo solo con sus pensamientos. Se levantó del banco del piano y se sentó en el sofá. Potter…

Claro que pensaba en Potter. ¿Como no iba a pensar en la chica de la que se había enamorado? Claro que las canciones iban por ella. ¿Por quién mas iba a suspirar, a quien más iba a preguntarle si sentía lo mismo? No había noche que no recordase las dos únicas veces en las que se habían besado. Claro que no podía enamorarse de nadie mas, ¿quien iba a estar a la altura? Y no dejaba de pensar en las posibilidades de ese curso: seguir manteniendo su amistad en secreto, pero sabía que Potter estaría mal por lo de Diggory y el Ministerio, y quería tener la oportunidad de ser su apoyo y consuelo.

“Es de buitre” - pensó -. “Cualquiera pensará que quiero… pero solo quiero ayudarla a superarlo. Sé que puedo hacerlo, puedo ser un buen amigo esta vez. Y… quizá…” - se sonrojó, dando las gracias por estar solo -. “Quizá, y solo quizá… cuando esté mejor… y vuelva a sonreír… Podría volver a intentar… que este conmigo. ¿Seré capaz de enfrentar lo que supone? ¿De no ser un cobarde?”

***

Salió deslizándose por detrás de la puerta, seguido de Crabbe y Goyle. La malicia iluminaba su rostro, y se colocó convenientemente detrás de Potter -. Me temo que tendré que descontar unos cuantos puntos a Gryffindor y a Hufflepuff - sentenció arrastrando las palabras. Notó que Gia se ponía muy nerviosa, y eso le encantó.

- Los prefectos no pueden quitarles puntos a sus colegas, Malfoy - saltó Ernie de inmediato.

- Ya sé que los prefectos no pueden descontarse puntos unos a otros - dijo Malfoy desdeñosamente. Crabbe y Goyle rieron por lo bajo -. Pero los miembros de la Brigada Inquisitorial… - Gia se removió un poco, y su mano se deslizó por su pierna. “Me encanta cuando no llevas medias, Potter”, pensó. Aun estando de espaldas, pudo ver como Potter no prestaba atención a la escena. Mas bien luchaba por no ponerse como un tomate.

- ¡¿La qué?! - exclamó Hermione con aspereza.

- La Brigada Inquisitorial, Granger - repitió, y señaló una «B» y una «I» diminutas y plateadas que llevaba en la túnica, debajo de la insignia de prefecto. Su otra mano deslizó los dedos por el borde de sus braguitas, acariciando una nalga -. Un selecto grupo de estudiantes que apoyan al Ministerio de Magia, cuidadosamente seleccionados por la profesora Umbridge. Los miembros de la Brigada Inquisitorial tienen autoridad para descontar puntos. Así que, Granger, a ti te voy a quitar cinco por hacer comentarios groseros sobre nuestra nueva directora. Macmillan, cinco puntos menos por llevarme la contraria. Y a ti otros cinco porque me caes mal, Potter - con sutileza, le dio un leve azote en el culo, haciendo que a la chica le diera un leve respingo -. Weasley, llevas la camisa fuera de los pantalones, tendré que quitarte cinco puntos por eso. Ah, sí, se me olvidaba, eres una sangre sucia, Granger: diez puntos menos.

Ron sacó su varita mágica, pero Hermione lo apartó y susurró:

- ¡Quieto!

- Una actitud muy prudente, Granger - musitó -. Nueva directora, nuevas reglas… A propósito, Potter… - dijo lanzándole una mirada de arriba a abajo -. ¿Esa falda no es demasiado corta? Nuestra directora estableció que había que vestir con decoro.

- Si no me estuvieras mirando el culo, no te habrías percatado - le soltó.

- Castigada, Potter - le anunció con una mirada maliciosa. Gia puso cara de protesta -. ¿De verdad crees que le miraría el culo a una sucia mestiza como tú? Después de clase, en la segunda mazmorra.

- Bueno, eso será si quiero - replicó. Ron y Hermione alzaron una ceja, tratando de entender la situación.

- Es eso o te castigo todo el mes.

- Uy, qué miedo tengo… - le dijo con desdén, viendo como se alejaba.

(...)

La mazmorra estaba casi a oscuras cuando entró, pero no le sorprendió. Era el encanto del lugar y de sus encuentros fortuitos. Dejó la mochila a un lado, cerró la puerta y antes de dar un paso, alguien salió de debajo de una capa de invisibilidad y lo arrinconó contra la pared, besándolo.

- ¿Cómo te has atrevido a castigarme? - le espetó.

- No podía castigar a Macmillan por mirarte las tetas - replicó, devolviéndole el beso con el mismo entusiasmo e intercambiando las posiciones -. Weasley y Granger habrían sospechado, y Crabbe y Goyle. Se supone que nadie debe saber esto, ¿recuerdas? Además… - apartó el cuello de su camisa para besar su clavícula -. Era necesario. Tenía que tener una excusa para tenerte aquí encerrada durante unas cuantas horas.

- Te bastaba con una nota.

- Lo se… pero ha sido mucho mas divertido viendote ponerte nerviosa - deslizó su mano por su pierna, bajo su falda, como había hecho en el pasillo, esta vez por delante -. Verte luchar por no ponerte roja, mientras aquí… - pasó el dedo entre sus piernas -. Aquí te estabas volviendo loca.

- No seas tan fanfarrón - sonriendo, la llevó hasta un pupitre para apoyarla. Con dulzura, la cogió de la mejilla para besarla, a la par que ella enredaba los dedos en su pelo rubio. Sonriendo, ambos se miraron. Sus ojos verdes brillaban felices, tan hipnóticos, que solo se le ocurrió besarla con mas entusiasmo y abrazarla con mas fuerza. Gia se sentó, envolviendole la cintura con las piernas. Sus manos recorrían su espalda, su sedoso cabello castaño, y la inclinó ligeramente sobre la mesa. Nada podía estropear ese momento, nada…

***

- Mierda - gruñó, dando un sobresalto. El corazón le latía desbocado, con los escalofríos asaltandole el cuerpo y un sudor frío por la espalda. La sensaciones que siempre le recorrían cuando tenía un sueño que acababa haciéndose realidad. Pero era una de esas veces en las que no le importaba que fuesen premonitorios, mas bien quería volver a quedarse dormido para ver en qué acababa el sueño.

“Bueno” - pensó -. “Hay muchas cosas que quiero que sean verdad. No sé qué narices es la Brigada Inquisitorial, pero prefecto… Estaría muy feo por mi parte no aprovecharlo a mi favor para pasar mas tiempo a solas con ella…”

Se levantó, muy decidido, y cogió un papel de los que solía llevar para tomar notas de hechizos u otras cosas de mendimagia que le interesaba practicar cuando estuviera en el colegio. Miró el folio ne blanco, pensando en qué escribir. “¿Querida Potter? No, suena demasiado formal. ¿Potter? Pero ya nos hemos llamado por nuestros nombres…”

Potter;

¿Cómo te van los primeros días de vacaciones?

La verdad es que no tengo demasiado que contar, al menos aún. Solo quería saber si estabas bien, y si necesitabas alguna cosa.

No te metas en líos.

Draco

“No esta mal” - pensó -. “Es un poco simple, pero es la primera carta que le mando en mi vida. Para empezar, yo creo que no esta mal”.


Gia tardó mas días de lo que se esperaba en contestarle. Muy emocionado, cuando el búho llegó por la mañana, Draco guardó la carta en el bolsillo y bajó a desayunar, dejándola para cuando estuviera en el sótano. Sin embargo, y para su sorpresa, era mas corta de lo que se esperaba.

Malfoy;

No puedo quejarme, la verdad. Ya sabes, es el sur. Mucho calor.

Me sorprende que no tengas nada que contar, y admito que pensaba que lo de escribirnos era algún tipo de farol. Me alegro de saber que no es así.

Estoy estupendamente, la verdad. No tienes de qué preocuparte, todo va de maravilla.

No te metas tú en líos…

Gia

Draco arrugó la frente. - “¿Que esta estupendamente?” - pensó -. “Vio morir a su ex… ¿como cojones va a estar bien? El Profeta la esta tildando de loca y mentirosa… ¿cómo puede estar bien? No entiendo nada”.