Única parte
➪One shot grindeldore.
➪AU moderno. Universo
sin magia donde ambos
son un par de universitarios
y compañeros de cuarto.
➪Tenía que escribir algo
inspirado en una canción
de los Arctic Monkeys
porque los amo, perdón 😭
El paisaje nocturno creaba un escenario hermoso, incluso una enorme escena de plasticidad, como si hubiera un misterio antiguo y cósmico en los pequeños detalles que otorgaba.
Sobre el azul oscuro de la noche contrastaba el helado fulgor de las estrellas, como un imposible gotear de agua, y un orgulloso cortejo junto a la luna nueva. Tal vez, Gellert nunca había prestado tanta atención a la viva naturaleza como ahora.
Su habitación —una de las muchas en la residencia estudiantil— que por el momento sólo era invadida por él, estaba llena de melodías de una de sus bandas favoritas. Distintas canciones se reproducían mientras él se encontraba sentado frente al escritorio cerca de la ventana, con un libro en sus manos que hablaba sobra el sistema constitucional del Reino Unido.
A un lado tenía una pila de hojas que estaban llenas de distintas anotaciones para su trabajo final de derecho constitucional. Era evidente que el año escolar estaba por terminar, y no era extraño que la mayoría de los alumnos estuviesen ahora enfocados en sus proyectos finales, con estrés encima y teniendo dosis de cafeína como su más preciada compañía.
Al pasar unos minutos, la puerta de la habitación se abrió, obligándolo a elevar la mirada. Su compañero de cuarto estaba ahora ahí, con una expresión de angustia. Grindelwald aseguró la página que estaba leyendo y cerró el libro, mirando al chico que había dejado caer su mochila.
—Hola a ti también, Dumbledore —mencionó con una leve sonrisa, presenciando cómo el joven caminaba hasta su cama y se dejaba caer en la misma. El rubio continuó observándolo en espera de una respuesta, mientras My Propeller de Arctic Monkeys acababa con el silencio en la estancia.
My propeller
won't spin
and I can't get it started on my own
When are you arriving?
Los orbes heterocromáticos buscaron el teléfono de donde provenía la música, y después de alcanzarlo, deslizo su dedo por la pantalla para desbloquearlo, pausando la canción luego de haber entrado a Spotify.
Albus levantó rápidamente la mirada, sosteniendo los ojos bicolores por una fracción de segundo.
—Deja que suene, me gusta esa canción —pidió, pero Gellert seguía atento observando, como si verlo a los ojos fuera suficiente para obtener las respuestas que necesitaba.
—Hace unos días dijiste que estabas cansado de escucharla. Casi me lanzas los auriculares en la cara.
—Jamás me cansaría de escuchar la música que te gusta —respondió, a la par que se sentaba en la cama—. Pero justamente hace unos días tenía que terminar mi proyecto final, Gell... no podía concentrarme con la música.
El rubio soltó un suspiro, pensando responder algo como: "¿la música de Taylor Swift sí hace que te concentres?", no obstante, lo ignoró y se dispuso a dar play a la canción, bajando un poco el volumen para poder escuchar al adverso.
—¿Y bien? —alzó una ceja, notando cómo el pelirrojo volvía a adquirir una expresión de nerviosismo.
Dumbledore era consciente de que Gellert no iba a descansar hasta saber la razón de su angustia, pero, en el fondo, había una sensación extraña que se alojaba en su pecho cada que pensaba en la idea de soltarlo, aún sin saber la razón.
—Bueno... ¿recuerdas a la presidente del consejo estudiantil? —esa simple pregunta logró captar aún más la atención de Gellert. Por supuesto que la recordaba, Grace Amery era una chica muy conocida en la universidad, y había notado que tenía cierto interés en Dumbledore. Claro, no es como si eso le importara... ¿o si?
Por mucho tiempo había intentado ignorarlo, deseaba poder dejar de lado los pensamientos que lo invadían cuando pasaba tiempo con su compañero de cuarto hablando de cualquier cosa; sus momentos de clases, su familia, sus gustos, sus pasiones u opiniones acerca de temas de política y demás. Desde el primer momento supo que Albus era un chico brillante, pero no estaba preparado para que su mirada se perdieran en el encanto de sus ojos, en sus facciones, en cada parte de él. No quería aceptarlo, le aterraba la idea de imaginar que algo más podría pasar entre ambos, pero en el fondo, admitía que le gustaba.
Nunca había sentido atracción por un chico, ni por una chica, en realidad. Había intentado salir con chicas, pero realmente creía que eso no era lo suyo. Gellert solía enfocarse más en sus propias metas que en alguna otra cosa, por lo que el tema de los romances nunca había sido lo más importante; sin embargo, ahora era diferente, pero no se atrevía a decir algo al respecto.
—No puedo olvidarla, le quitaré su puesto cuando llegue el momento de cambiar de presidente —bromeó, ganándose una risa por parte del pelirrojo, una risa que pudo haber sonado normal de no haber sido por la forma en la que su cuerpo temblaba.
—Estuvo enviándome mensajes por Instagram desde hace unas horas, pero estaba ocupado haciendo mi ensayo de teorías que olvidé responder —relamió sus labios, desviando la mirada hasta sus pies que parecían moverse con impaciencia. ¿Qué lo tenía tan ansioso? ¿La anécdota estaba siguiendo el camino que Gellert había estado pensando desde el inicio?—. Y... bueno, me topé con ella justo cuando estaba saliendo de la biblioteca.
—¿Te dijo algo malo? —se aventuró a cuestionar, sintiendo que los ojos azules volvían a contemplarlo.
—Me invitó al baile.
La habitación se inundó de un completo silencio después de esa simple oración; parecía incluso imposible escuchar la propia respiración o el latir de sus corazones que añoraban enlazarse.
Ambos chicos lo sabían, no era raro que la universidad realizara un baile para despedir el año escolar antes de que todos volviesen a su hogar. Gellert no tenía interés en ese tipo de eventos, por lo que rechazar la invitación de algunas chicas no le había hecho sentir mal; en el fondo, imaginaba cómo sería invitar a Albus, pero la idea salía de su cabeza de inmediato, sabía que ambos eran sólo buenos amigos, aún cuando deseaba algo más.
Quizás, tampoco había imaginado que Dumbledore conseguiría con quién ir al baile.
—Eso quiere decir que ya tienes pareja para el baile —fingió dar una sonrisa, intentando sonar lo más tranquilo posible, aún cuando una extraña sensación revolvía por completo su estómago. ¿Imaginar a Albus con alguien más provocaba celos en él?—. Me alegro por ti.
Albus soltó una risa nerviosa, negando con la cabeza.
—No... le he dicho que no.
Oh.
—¿Por qué? —ocultó la felicidad de su respuesta con aquella interrogante, conservando un tono de curiosidad en su voz.
—Es que... —Albus calló por un momento. La música seguía sonando mientras los orbes celestes encontraban la mirada del chico—. Jamás he bailado con alguien una canción lenta; de hecho, ni siquiera he bailado alguna vez.
Gellert soltó una risa, ganándose un fruncimiento de ceño por parte de Dumbledore ante aquella burla.
Bueno, no es como si estuviese burlándose de eso... o tal vez sí. En el fondo, su mente se cuestionaba si Albus habría aceptado ante una situación diferente; como saber bailar, por ejemplo.
—¿Albus Dumbledore no sabe bailar? —mencionó con un tono divertido, logrando que el joven rodara los ojos.
—No te burles.
—No me estoy burlando... pero me sorprende un poco —encontró su mirada por un instante para después alcanzar su celular, el cual que había estado descansando en el pequeño escritorio cerca de la ventana, junto con el libro que anteriormente había estado leyendo y el montón de hojas.
—¿Es sorprendente que a mis 20 años no sepa bailar? —indagó, cruzándose de brazos, a la par que observaba cómo el rubio parecía concentrado en su teléfono.
—Humillante, diría yo —respondió, deslizando su dedo índice por la pantalla. El tono suave y bromista que había utilizado le hizo saber a Dumbledore que no hablaba en serio; al menos, lo supo después de ver cómo elevaba la mirada y volvía a encontrar sus ojos, una mirada de encanto acompañada de una sonrisa.
—Supongo que tú eres experto en eso... —se aventuró a decir, imitando el tono de voz utilizado por el contrario.
El rubio se levantó de su lugar, sin dar una respuesta. Al poco tiempo, la habitación se había llenado de una lenta melodía, una melodía que Albus había escuchado antes. Gellert dejó su teléfono de nuevo en el escritorio que separaba las dos camas individuales, acercándose hasta el pelirrojo y extendiendo su mano en el proceso.
—Tal vez puedes descubrirlo —bisbiseó, todavía con una sonrisa en los labios—. Podemos practicar un poco —sugirió.
Albus miró la mano del chico por un momento, justo cuando los primeros versos de la canción hacían contraste con el acompañamiento musical.
I wanna be your vacuum cleaner
Breathing in your dust
El chico le regresó la sonrisa, levantándose de su lugar y tomando su mano.
Tal vez había mentido... tal vez, había bailado una que otra vez una canción lenta. Su madre siempre insistió en enseñarle pasos de baile pues mencionaba que en las instituciones siempre había alguno. Ahora, Albus pensaba que estaba en lo cierto.
I wanna be your Ford Cortina
I will never rust
Entonces, ¿qué razón tenía para rechazar la invitación a un baile al que la mayoría asistiría? Quizás no era el hecho de no saber bailar, en realidad, no estaba del todo interesado en ir con Grace Amery. Era una chica linda, por supuesto, pero... no era de interés para Dumbledore.
If you like your coffee hot
Estaba tan metido en sus pensamientos que sentir la mano del rubio colocándose en su cintura lo había tomado un poco de sorpresa, pero lo aceptó.
Let me be your coffee pot
Albus correspondió a aquella acción, y colocó su mano en el hombro del chico, mientras que sus manos se entrelazaban con dulzura, una unión tan simple que probablemente había estado deseando desde hace tanto tiempo. Podía sentir una calidez en su alma, como si todas las palabras nunca antes dichas lo acariciaran y las facciones del adverso lo conquistaran. Sabía la razón por la que había rechazado aquella invitación, como si su razón tuviese un nombre, uno que conocía tan bien: Gellert Grindelwald.
—No es tan difícil —el susurro de Gellert hizo presencia en medio de aquel tranquilo encuentro. Albus lo miró, prestando atención a lo dicho—. Te guiaré, intenta seguir el paso.
You call the shots, babe
Dumbledore asintió con la cabeza, experimentando una sensación de calor en todo su cuerpo cuando su compañero lo apegó un poco más a él, llegando a sentir incluso el latido de su corazón, galopando a un ritmo acelerado mientras sus pies comenzaban a moverse al tiempo de la música.
I just wanna be yours
Se miraron a los ojos por un momento, sosteniendo aquella mirada que podía hablar aún cuando no había palabras de por medio. Al contemplar los ojos de Gellert, Albus podía jurar que veía todo el universo a través de su mirada, como si fuera un fulgor de estrellas que titilaban, coronando sus sienes con una pizca de magia; constelando una luz en su sonrisa y escribiendo poesía sin estrofas escritas.
Por mucho tiempo había dejado sus sentimientos de lado, había ignorado la forma en la que esos orbes desiguales aparecían en sus sueños, encantando su corazón y su alma. Había ignorado, por mucho tiempo, la sensación que experimentaba ante aquella cercanía entre ambos. Quiso desdeñar la imagen de esos cabellos rubios, de esas finas facciones, de ese acento que tanto le gustaba y esas pláticas nocturnas sobre temas constitucionales o filosóficos, hablando de todo y nada a la vez. ¿Era posible ignorar la manera en la que ambos se miraban cuando compartían horas de estudio en aquella residencia? Por mucho tiempo lo había intentado, hasta que llegó un punto en el que sus esfuerzos se volvieron inútiles. Ahora sabía que era imposible.
Secrets I have held in my heart
Are harder to hide than I thought
Sus pies se movían en automático, como si estuviese condicionado para lo mismo. Ninguno de los dos parecía sorprendido cuando comenzaron a moverse con facilidad por toda la estancia, en una danza eterna, con movimientos lentos que no deseaban terminar. Gellert se separó un poco, sólo para lograr que Albus diera una vuelta. El chico sonrió, aprovechando esa acción para invertir el lugar de sus manos; esta vez fue Dumbledore quien rodeó la cintura del joven quien descendía un poco la mirada para poder contemplar bien aquellos ojos azules. Grindelwald colocó su mano libre en el hombro de su acompañante, dejándolo que esta vez fuera él quien marcara el paso.
—¿Qué opinas? —indagó el más bajo, admirando cómo el rubio soltaba una risa mientras seguía sus movimientos.
Maybe I just wanna be yours
—¿Estás seguro que esta es la primera vez que bailas una canción lenta? —se inclinó ligeramente al frente, sintiendo de cerca la respiración del pelirrojo. Rompió el lazo que había entre sus manos, y las bajó con lentitud, rodeando la cintura de su compañero mientras este último lo miraba con atención.
Una sonrisa se dibujó en su rostro, cuestionándose en sus adentros si sería buena idea lo que estaba a punto de hacer.
Sin más, siguió su instinto. Su cuerpo se acercó un poco más al contrario, rodeando el cuello de su —por ahora— pareja de baile. Volvió a experimentar aquella calidez, esa sensación extraña que se alojaba en su pecho y enviaba escalofríos a su espalda; podía jurar que incluso la luz de la luna llegaba hasta ellos en ligeros rayos, mismos que causaban un contraste perfecto en los mechones dorados de Gellert, en su piel y en sus movimientos.
Cuando se miraron a los ojos otra vez, el tiempo pareció detenerse, era incluso como si la música hubiese dejado de sonar y la magia comenzara a florecer entre ambos. Parecía como si los leves rayos de luna se hicieran llamas, como si quemaran la sangre al contemplarlos, o como si explotaran su mente y su alma. Podían ver el reflejo del otro en sus ojos, ese brillo de todas las auroras que estaban en sus pupilas dilatadas. Todo parecía fluir con tanta naturalidad, como si ese amor que habían estado escondiendo se impregnara por fin en sus fragancias, en medio de su cercanía, entre todo lo que habían anhelado. Gellert lo supo, tal vez desde un principio: quería que ese fuera su momento, que fuera sólo para él.
I wanna be yours
I wanna be yours
El ambiente se volvió más cálido cuando estuvieron lo suficientemente cerca, dejándose envolver por la suave melodía y respirando aquel aliento que los subsumía en una alegoría de ensueño y amor. Ninguno de los dos tenían claro cómo es que las cosas habían terminado así, pero parecía que ahora sus corazones entrelazados buscaban tocar el cielo hasta encontrar todos aquellos sentimientos nunca antes dichos.
Ese baile había sido suficiente para ambos.
¿Había sido quizás una excusa para que los dos pudiesen expresar lo que sentían?
Wanna be yours
—Albus... —el murmullo que escapó de los labios de Grindelwald se había sentido tan frágil y lejano, pero Dumbledore había sido capaz de divisarlo. Esperó una respuesta, obteniendo que el chico sólo siguiera la letra de la canción—. Wanna be yours...
—Gell... —lo llamó, sin un propósito en específico. Sus ojos analizaron las hebras rubias, el piercing en su nariz, la luz y la oscuridad en sus ojos, la suave piel de su rostro, hasta detenerse por fin en sus labios.
Había algo que lo impulsaba, algo que lo hacía desear terminar con todo eso. Ninguno de los dos mencionó nada, pues parecía que ni siquiera las palabras eran suficientes ahora.
Gellert siempre creyó que las palabras trabajaban de una manera peculiar, debía admitir que le gustaba ese poder que había en las misma; algunas veces, una palabra era suficiente para transmitir el mayor sentimiento, aunque en otras ocasiones había que hacer un uso más elaborado de las mismas. Era una naturaleza simple pero compleja, conservando el lenguaje como algo singular.
Grindelwald se consideraba bueno con las palabras; ¿cuántas veces no había logrado persuadir con sus discursos? Constantemente estaba de la mano con argumentos lógicos y leyes que había estado aprendiendo a lo largo de su carrera, pero los debates acerca de la fundamentación de derechos no era la única manera en la que utilizaba sus palabras. A veces, cuando la única compañía era el suave rugir del viento nocturno, o cuando su compañero se encontraba plácidamente hundido en el sueño, Gellert solía utilizar metáforas extensas, suaves rimas y poesías; guardó en su corazón cada verso colorido de palabras pintadas, convenciéndose de que eran simples escritos para el viento.
Pero ahora, teniendo a Dumbledore frente a él, comenzaba a conocer el sentido de todas sus previas acciones. Sabía que todos esos escritos pertenecían a ese amor secreto.
Sólo quería ser suyo.
Fue demasiado rápido cuando su cuerpo actuó antes de que su mente se detuviese a procesarlo, apretó ligeramente la cintura del pelirrojo, inclinándose para probar los labios ajenos que se habían mantenido entreabiertos ante la sorpresa de sus acciones. Al poco tiempo, lo sintió corresponder. Sus ojos se cerraron de manera automática, experimentando una sensación de calor cuando Albus se apegó un poco más a él. No era el primer beso de ninguno de los dos, pero podían reconocer que era mucho más mágico que algún otro encuentro. Sus labios se movían en perfecta sincronía, saboreando cada centímetro mientras la canción continuaba invadiendo la habitación.
I wanna be your vacuum cleaner
(wanna be yours)
Tal vez, Albus podía admitir que por mucho tiempo había imaginado el sabor de los labios de Grindelwald, pero ahora sabía que sus pensamientos estaban lejos de la verdad, pues todo era mucho más maravilloso a como había imaginado. Podía sentir cómo jugueteaba con sus labios, logrando el acceso completo a su boca tiempo después.
Breathing in your dust
(wanna be yours)
El calor regresó cuando Dumbledore sintió la pasión en su lengua, moviéndose con ansias y haciéndolo elevarse tan cerca del cielo. Sus dedos se enredaron en los cabellos dorados de su compañero; era como si estuviese tocando las nubes, y como si las estrellas estuviesen al nivel de sus ojos.
I wanna be your Ford Cortina
(wanna be yours)
Para ambos, todo era muchísimo más de lo que habían soñado alguna vez. Gellert jamás creyó que se encontraría perdido en el sonido de sus labios moviéndose con calma para después encontrar nuevos ritmos de intensidad. Bebió de sus labios, bebió todo de él, como si por primera vez las palabras no fueran suficientes para expresar lo que estaba sintiendo. Quería que Albus lo supiera, quería que sintiera lo mismo. Quería que fuera suyo.
I will never rust
(wanna be yours)
Después de un momento, sus labios se separaron, pero ambos continuaron con aquella cercanía entre sus cuerpos. Dumbledore podía sentir cómo su corazón galopaba en su pecho con rapidez, e inclusive se atrevía a decir que el rubio estaba en la misma situación. Podía jurar que sus corazones se habían convertido en uno solo.
—Creo que... eres un buen profesor —mencionó el pelirrojo, acabando con el silencio. Sus dedos todavía se dedicaban a brindar caricias en los cabellos de su acompañante, quien sonrió de inmediato ante su comentario.
—En mis planes no está ser profesor de baile, ni profesor en general —susurró, a la par que su mano subía lentamente por la espalda del chico—. Pero tú sí serás un buen profesor.
Albus sonrió ante lo dicho, escuchando los últimos versos de la canción.
I just wanna be yours
(wanna be yours)
Sabía que Grindelwald no había elegido esa canción sólo porque era de su banda favorita.
—Me gustas, Gellert —dijo por fin, experimentando una sensación de calma, como si acabara de confesar uno de sus más grandes secretos.
El rubio sonrió, relamiendo sus labios con ligereza antes de colocar su mano en la mejilla de Albus, quien había sentido como su rostro entero se calentaba.
—Creí que me odiabas —dijo por lo bajo, recordando aquella vez en la que Albus le había confesado ebrio que realmente aborrecía a los estudiantes de derecho. Claro, Dumbledore estaba lo bastante alejado del mundo como para reconocer que su compañero estaba ante él, pero a Gellert le gustaba seguir molestándolo con eso. Albus soltó una risa, dispuesto a responder, pero las palabras del chico fueron más veloces—. Tú también me gustas, Al... me has ayudado a confirmar que lo que siento por ti va mucho más allá que un aprecio por ser mi roomie.
La felicidad en el rostro del joven cobrizo fue clara, lo que hizo a Gellert sonreír.
Antes de que alguno de los dos pudiese decir algo más, Albus volvió a acercarse, disfrutando de nuevo la pasión entre sus labios, y el calor que lo envolvía ante la mínima cercanía.
Había esperado mucho por eso, y ahora, todo parecía ser mucho más mágico de lo que imaginó. Quería permanecer así toda la noche, incluso las noches que estaban por llegar.
Al separarse, volvieron a encontrar sus miradas, sonriendo como dos tontos enamorados.
—¿Aún no tiene pareja para el baile, señor Dumbledore? —cuestionó Gellert, brindando suaves caricias en las mejillas del adverso.
—¿Está pensando en invitarme, señor Grindelwald?
—Tal vez...
—Me encantaría.
Ambos sonrieron, sabiendo que ese sería el inicio de su mágica historia. Gellert jamás había imaginado que hubiese personas que pudiesen complementarse, pero ahora, comenzaba a creerlo. Era un ensueño, un deseo febril, una sensación indescriptible y un amor indeleble; detrás de aquellas murallas de palabras, ambos eran dos almas latiendo, dos corazones unidos, fugándose en un sueño. Albus jamás se había sentido tan vivo, parecía asombrado, sin aliento, e incluso temblando por las acciones y las palabras de Gellert. Estaba encantado y se sentía libre, elevándose cada vez más con alas hechas de sueños y anhelos.
Tal vez sólo quiero ser tuyo...


