𝚅𝚒𝚍𝚎𝚘𝚕𝚕𝚊𝚖𝚊𝚍𝚊 [𝚈𝚘𝚜𝚑𝚒𝚍𝚎𝚗 🔞]

Sinopsis

Denji es como un gato; le gusta tener atención y ama que cuando lo consienten. Por eso, cuando Yoshida, su novio, decide anteponer sus estudios a sus caprichos, Denji decide castigarlo y motivarlo a aprender con una muy intensa clase en línea.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
Lyl🌸
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

╰┈┈┈┈┈┈┈➤ ❝ [online. ] ❞

Un sonoro y molesto gruñido escapó del fondo de la garganta del rubio cuando se lanzó a la cama. No podía y tampoco ocultaría que más que enojado estaba furioso y el motivo era simple; por décima vez en la semana, Yoshida, su novio, se negaba a pasar la tarde con él.


Quería lanzar las almohadas contra la pared y patalear como lo haría un niño malcriado al que le han negado su capricho. De poco en poco la escasa paciencia de Denji iba desapareciendo y no era para menos.


Recordaba con nostalgia y un ápice de molestia cuando meses atrás había sido perseguido durante días y sin descanso por Hirofumi Yoshida, un chico de llamativa cabellera ébano y una aura misteriosa que estaba es su misma clase y cuyo comportamiento era cuestionable y muy similar a un acosador; uno que sabía todo sobre Denji.


Pero como el que persevera alcanza, después de varios intentos fallidos de Yoshida por conseguir una cita con Denji, varios gritos y negativas de por medio y el pensamiento pesimista de posponer su ambicioso deseo a al menos conseguir un tipo de relación con beneficios —momentáneo—, el rubio de afilados dientes accedió a su cita y en cuestión de días y con ayuda de pequeños detalles de parte del azabache se convirtieron en pareja.


Para sorpresa de sus conocidos y del propio Denji, su relación con Hirofumi parecía ir de maravilla. Yoshida era un chico extraño y que si lo pensaba demasiado podría dar hasta miedo, pero que para su sorpresa actuaba como un verdadero caballero; siempre preocupándose por él, cumpliendo sus peticiones y siendo su maestro y cómplice en su camino de lujuria.


Demasiado bueno para ser verdad.


Es así que para la buena fortuna de Yoshida —y la mala suerte de Denji en ese momento— el rubio estaba demasiado acostumbrado a su presencia y sus constantes mimos que pasar las tardes sin él se había vuelto un completo fastidio.


Al principio Denji le restó importancia cuando creyó que esa sería su oportunidad de tener libertad para poder salir más con sus amigos y holgazanear tanto como lo deseara sin que nadie interpusiera en su camino. Sin embargo, toda aquella libertad no tenía el sabor dulce que tanto esperaba y creía anhelar, muy por el contrario comenzaba a hastiarlo.


Extrañaba la insistencia de Yoshida por permanecer a su lado, sus mimos exagerados y su extravagante forma de quererlo. Además, su cuerpo, el que tanto acostumbró a saciar su lascivia, comenzaba a necesitar al azabache.


¿Dónde estaba todo el esfuerzo de Yoshida por estar a su lado? ¿Para eso había insistido tanto en salir con él su al final iba a dejarlo?


De tanto pensarlo, la mente de Denji hacía cortocircuito, pues sólo podía llegar a una conclusión: los hombres eran unos malditos bastardos.


No obstante, la repentina lejanía de Hirofumi tenía una justificación y esa no era otra que la inminente temporada de exámenes que, al contrario del pasado, amenazaba ser letal.


Claro que esto no le quitó el sueño a Denji, después de todo se trataba de un simple número que no definía lo que en verdad era. Preocuparse era para idiotas sin preocupaciones por la vida real, o al menos eso era lo que decía para convencerse de que hacía lo correcto.


Empero, este “ejemplar” argumento no aplicaba para Yoshida, el cual veía esto como un tema demasiado serio.


Hirofumi estaba al límite, lleno de ansiedad y con el peso de una gran responsabilidad sobre sus hombros. Quería y debía ser el mejor, no sólo de su clase, sino de toda la escuela.


Tenía que demostrarse a sí mismo, más que al resto del mundo, de lo que era capaz y que cuando se proponía algo nada era capaz de detenerlo.


Detrás de todos sus esfuerzos estaba el deseo de querer ser el mejor para en un futuro (no muy lejano) darle lo mejor a su querido y torpe Denji, porque si, Yoshida Hirofumi ya tenía planeada su vida con el lindo rubio que tenía por novio. De más está decir que esto Denji no lo sabía.


Lo que parecía ser un escalón hacia un mejor futuro que Yoshida podía darle a ambos, para Denji sólo resultaba un fastidio.


—¡Maldita sea! Llama al menos una vez.


Denji ahogó un grito de frustración y clavó su rostro contra la cama.


Miró con decepción su teléfono al comprobar que no tenía ni un sólo mensaje o llamada de Yoshida, sólo un par de textos de sus amigos; uno pidiéndole que dejará de ser tan dramático y no gritara tanto porque sus gritos llegaban hasta su casa y otro mensaje para pedirle —de una manera no tan educada— alimento para gato.


Denji no era paciente y su poca tolerancia hace mucho tiempo se había ido por el caño, sólo quería ver a Yoshida. Sí, era un dolor en el trasero y a veces demasiado empalagoso, pero le gustaba.


Tenía que hacer algo para tener su atención de nuevo. Para tenerlo a él.


Lo quería a su lado y tan real como que se llamaba Denji juraba que lo tendría. No importaba los trucos que tuviera que utilizar.


Porque para alguien que no conoce los límites nada es imposible, ¿verdad?


Sin pensarlo mucho, Denji buscó el número de Yoshida en su celular y le marcó.


El sonido del timbre sonó tres veces antes de que la llamada fuera respondida y la imagen del azabache se asomara en la pantalla de su propio celular.


El corazón de Denji se regocijó de ver al chico del otro lado, por cuestión de orgullo no lo diría en voz alta, pero estaba feliz de tener un poco de su tiempo.


Estaba decidido a hacerlo arrepentirse de descuidarlo tanto.


—Hola, Denji. ¿Sucede algo?


Las ojeras enmarcadas debajo de los profundos y cansados orbes oscuros y el cansancio teñido en la voz del chico provocó una punzada en el pecho del rubio. ¿Qué tanto había estado esforzándose? ¿De verdad valía la pena molestarlo sólo por un capricho?


—Ho-hola, Yoshida —titubeó y rascó su nuca, avergonzado—. Yo, bueno, quería hablar contigo. Espero no estar molestándote.


—No, no me molesta, todo lo contrario. —Sonrió galante, olvidando por un momento lo que estaba haciendo—. Me alegra que lo hicieras.


Hirofumi también estaba feliz de poder ver un poco más a su querido rubio, la sonrisa en su cansado rostro lo delataba. Se había dedicado tanto a estudiar que había olvidado lo demandante que podía ser Denji.


Denji negó con la cabeza. ¡No, no! No podía ser un mal plan distraerlo. ¡Al carajo su maldito examen! Yoshida necesitaba descansar. Yoshida necesitaba de él.


Sin importar que, era hora de poner en marcha su plan.


—Pareces ocupado —resopló con fingida tristeza, Denji, y mordió su labio inferior, acción que no pasó desapercibida para la aguda vista del mayor.


—Bueno, ya te lo había dicho. Tengo un examen muy importante y necesito estudiar lo suficiente o si no…


—Es una lástima. —La mano libre de Denji se posó sobre su pecho—. Y yo que quería pasar tiempo contigo.


Los orbes de Yoshida se abrieron con sorpresa al darse cuenta de cómo el rubio desabrochaba con una lentitud cautivante uno a uno los botones de su blanca camisa.


Denji contuvo la risa triunfante que luchaba por escapar de su garganta. Su cuerpo y hasta el menor de sus movimientos era examinado por la atenta y minuciosa mirada de Yoshida, quién parecía hipnotizado.


—¿Qué pasa? ¿Te comieron la lengua los ratones? —Canturreó con sorna y acarició su pecho desnudo con suavidad, como lo haría Yoshida de tenerlo a su lado.


La respiración del azabache se volvió agitada. ¿Denji estaba tratando de seducirlo?


—¿Qué estás…? —Tragó fuerte el azabache, intentando no perder ambas cabezas—. ¿Qué estás haciendo, Denji?


La imagen del lindo rubio provocándolo y la habitación que parecía volverse más asfixiante provocó que la temperatura corporal de Yoshida aumentara y que su “amiguito” de abajo despertara de un sólo estirón.


—¿No es obvio? Estoy acompañándote en tus estudios —respondió como si se tratara de algo obvio y comenzó a desaprobar sus pantalones—. Ese examen es muy importante para ti, así que decidí acompañarte y darte ánimos. ¿O no te gusta?


¿Qué si le gustaba? ¡Maldita sea! Quería tenerlo enfrente en ese momento y ser él quien le arrancara la ropa con los dientes.


—No es eso, pero no creo que funcione de esta forma.


—¿Ah, no? ¿Por qué? No te estoy deteniendo, ¿o si?


La mirada llena de lujuria y las pupilas completamente dilatadas que podía vislumbrar en los ojos de Yoshida a través de la pantalla le dieron a Denji la seguridad para continuar y colocar el celular contra una de las almohadas delante de él.


Iba a darle un espectáculo digno de recordar.


Con movimientos suaves y seductores, Denji terminó por despojarse los pantalones y quedó solo en ropa interior; un pequeño bóxer negro que se amoldaba a su figura, que aprisionaba su creciente erección y que levantaba su trasero.


Los ojos de Hirofumi brillaron ante tal imagen. Era tan clara que sus manos picaron queriendo tocar y apretar ese trasero a su antojo. Podía imaginar sus manos en esos montes, estrujándolos, dándole algunas nalgadas, ¿y por qué no? También mordiendo a su antojo.


Y ni hablar del blanquecino pecho de Denji. Podía imaginarse como una bestia hambrienta lanzándose sobre los rosados botones del chico, besando, succionando y dejando marcas sobre su torso como evidencia de que había estado allí.


Denji ignoró la mirada lasciva de su chico y continuó, ahora bajándose la ropa interior y dejando al aire su propio pene erecto. El aire frío golpeó su cuerpo caliente, erizando su piel y arrancándole un gemido involuntario. Tenía las mejillas teñidas de un ardiente carmín, su pecho subiendo y bajando con rapidez y su corazón latiendo con frenesí como si quisiera escapar de su pecho.


No estaba seguro de lo que hacía, pero tampoco era tiempo para arrepentirse. Había llegado demasiado lejos y alguien como él no se rendiría con facilidad.


Con toda la fuerza que le quedaba, y antes de que sus temblorosas piernas le traicionaran, Denji se recostó en la cama, de frente a su teléfono, dejando su cuerpo completamente expuesto para el azabache.


Yoshida se relamió los labios y gruñó por lo bajo. Usualmente, Denji no iniciaba el sexo, siempre se dejaba llevar y era fácil de guiar y eso era lo que le gustaba, la facilidad con la que se adaptaba a él. Sin embargo, ver esa faceta del rubio, provocador y descarado le estaba encantando. Había descubierto un nuevo fetiche por mirarle, aunque deseaba más poder tocar todo lo que veía.


Denji atrapó su miembro erecto entre su mano y comenzó un movimiento suave y preciso de arriba a abajo, y con su mano libre metió dos de sus dedos a su boca y los lamió con vehemencia, como si se tratara del miembro de Yoshida, además que este le mirara con tanta atención sólo lo excitaba aún más.


—Continúa estudiando, Yoshida —musitó entre suaves sollozos e introdujo sus dígitos húmedos en su entrada para después comenzar a penetrarse, buscando el placer que tanto necesitaba—. No te detengas por mí.


Ninguna palabra pudo formarse en la boca de Yoshida, quien obedeció y bajó la mirada a sus libros, intentando ignorar el palpitante dolor en su entrepierna, pero como era de esperarse, los suaves gimoteos del rubio le impidieron concentrarse en el texto delante de él. Eran tan claros y jodidamente calientes que podía jurar lo tenía de frente a él.


Tantos días en abstinencia comenzaban a pasarle factura, además de que escuchar a Denji gemir del otro lado de la pantalla mientras le miraba estudiar lo calentaba más de la cuenta.


Sólo podía imaginar a tener el rubio de rodillas frente a él, lamiendo y tragando todo su pene mientras gemía complacido, sólo para después calar en lo más profundo de su garganta y hacerle tragar su semen.


Quería joderlo de tal forma que no pudiera pronunciar ninguna palabra coherente y que cuando terminarán no pudiera ni siquiera ponerse en pie por si solo.


—Oh, Denji. —Sonrió y echó su cabeza para atrás, sin ser escuchado por el rubio.


Había perdido ante la provocación de su novio.


El sonido del zíper bajar hizo eco en la habitación cuando Yoshida bajó la mano a sus pantalones, dispuesto a atender la dolorosa erección que había provocado el rubio al otro lado de la pantalla. Empuñó su pene erecto, grueso y empapado de líquido pre seminal. Movió su mano de arriba a abajo mientras vislumbraba el rostro sonrojado de su novio, gimiendo y masturbándose frente a él.


Se maldecía internamente, pues imaginaba que de no estar recluido en su habitación como una rata de biblioteca en ese momento podría ser él quien estuviera penetrando con fuerza a Denji y el rubio no tendría que conformarse con una videollamada para saciar sus deseos.


La situación no era diferente del otro lado porque tocarse frente al azabache no era suficiente para Denji. Estaba desesperado por sentir la longitud de Hirofumi abrirse paso a través de sus paredes, golpeando con fuerza su próstata y haciéndolo gemir con desesperación mientras le pedía que gritara su nombre.


Cómo reflejo, Denji clavó su mirada en la pantalla, y grande fue su sorpresa al percatarse del sonido de piel húmeda, la expresión lujuriosa y los rápidos movimientos que lograba vislumbrar eran de la mano del chico. Sólo podía significar una cosa y eso era…


—¿Te las estás jalando? —Rió divertido y complacido, Denji, de haber logrado su cometido.


Yoshida sonrió y mordió su labio inferior.


—Todo esto es tu culpa, Denji-kun… Debería castigarte por causarme tantos problemas.


Las palabras de Hirofumi fueron como un afrodisíaco para Denji. Su vientre cosquilleó y sus paredes se contrajeron contra sus dedos al imaginar tener a Yoshida penetrándole con fuerza. ¿Estaba tan caliente o era Yoshida quien lo ponía así?


¡Joder! Si esa iba a ser su condena con gusto iba a ser culpable de lo que quisiera, cuantas veces quisiera.


—Entonces hazlo…—Sollozó con dificultad y aceleró los movimientos de sus manos. Estaba tan cerca de su orgasmo que no quería ni podía detenerse—. Yoshida…


Bastó un par de movimientos más para que Denji alcanzara su anhelado orgasmo, manchando su abdomen y las, hasta entonces, pulcras sábanas blancas de su cama.


El sonoro y dulce gemido que escapó de los labios del rubio cuando alcanzó su clímax provocó que Yoshida llegará a su límite y se viniera en su propia mano, manchando su abdomen y parte del interior de su uniforme con gran cantidad de su blanquecino semen.


Denji limpió el sudor de su frente con el dorso de su mano, intentando normalizar su agitada respiración. Su cama, al igual que él, estaba hecha un desastre y era casi un milagro que su teléfono no estuviera en el suelo después de tanto ajetreo.


Sin embargo, podía decir que estaba satisfecho. Después de todo había conseguido tener un poco de tiempo con Yoshida, aunque fuera de una manera muy particular.


—Ahora te dejo estudiar —soltó alegre, Denji y tomó el celular para terminar la llamada.


—¿Qué crees que haces? —Interrogó con voz firme. Denji lo miró confundido—. Primero me provocas y ahora quieres escapar como si nada. Las cosas no funcionan así.


El rubio rodó los ojos.


—¿Qué carajos quieres decir que no te entiendo?


Denji vio a Yoshida levantarse de su asiento y colocarse una chaqueta encima. ¿Acaso él…?


—No te muevas, ya voy en camino. —El ronquido grave del azabache erizó la piel del rubio—. Es mejor que te hagas responsable de lo que acabadas de provocar, Denji-kun.


Y sin más y ante un atónito Denji, Yoshida terminó la llamada.


El rubio suspiró entre risas al imaginar que explicaciones daría cuando no pudiera caminar con normalidad en por lo menos tres días.


Definitivamente, tenía que hacer más videollamadas con su novio.