El Mago
2004 fue un año importante para Harry Potter.
Mucho más que 1991, cuando descubrió que en realidad no era un fenómeno, sino un mago poderoso. Cuando descubrió que era el elegido.
Más que 1998, cuando cumplió la profecía, marcada desde su nacimiento, matando a Lord Voldemort, el Señor Oscuro. Aquel que lo dejó huérfano y lo convirtió en "El niño que vivió".
2004 fue el año en el que Harry Potter volvió a tener, por fin, aquello que le arrebataron con sólo 15 meses, su propia familia. Fue el año en que nació su primogénito James Sirius (como su padre y su padrino) Potter. Dos años después nacía su segundo hijo Albus Severus (por su mentor y su guardián a título póstumo) y de nuevo pasados dos años, vino a mundo Lily Luna Potter.
Estaba casado con una mujer que lo amaba, tenía el trabajo que todo el mundo se esperaba y tres hermosos hijos.
Había aceptado madurar y todo era cómo se suponía debía ser. Atrás quedaron los sueños y las locuras de juventud. Ya no había un gran mal acechando, no tenía que huir ni esconderse...
Y entonces se relajó.
Fue ascendido a jefe de Aurores, vivía para su trabajo aunque siempre encontraba tiempo para jugar con sus hijos, salir con sus amigos y visitar a su familia política y casi adoptiva, los Weasley.
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2018 fue un año importante en la vida de Harry Potter.
Mucho más que 2015 cuando su hijo mayor, James recibió su carta de Hogwarts.
Más incluso que 2017 cuando fue Albus quién empezó su educación de mago y el pasado consiguió por unos segundos asomarse a su idílica realidad.
2018 fue el año en que Harry Potter se dio cuenta de que su perfecta familia no era tal.
Con dos de sus revoltosos hijos fuera de casa se hizo evidente que Ginny y él habían dejado, hace mucho, tener algo en comun más allá de los niños y la vivienda que compartían.
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A sus 37 años Ginevra Weasley seguía siendo una mujer fuerte y hermosa. Había amado a Harry desde que lo conoció, habian estado jugando al gato y al ratón por años, siempre sintiendo que no era lo que él realmente quería. Por eso, cuando le pidió matrimonio y finalmente se casaron creyó que todos sus sueños estaban cumplidos y había sido feliz.
Incluso casada, y sin descuidar su vida familiar, había tenido una exitosa carrera profesional. Sin embargo, desde hacía un tiempo, sentía un vacío en su día a día.
El punto de quiebre sucedió cuando, a la salida de su trabajo como comentarista deportiva en el profeta, recibió insinuaciones de un compañero. Ella ni siquiera lo recordaba de sus años de estudiante. El chico había estado en su mismo curso en Hogwarts, en Ravenclaw, junto a Luna Lovegood.
Lo sorprendente no fue el acercamiento en sí, aunque pocos se atrevían a tal familiaridad con la esposa del héroe del mundo mágico. Lo que no esperaba era recibir las claras insinuaciones tan de buen grado.
Una conversación tranquila con su esposo, sin gritos, sin reproches, sin culpas ni recriminaciones. Sólo algunas lágrimas por lo que un día tuvieron y el matrimonio Potter-Weasley quedó disuelto.
Durante los últimos días del mes de mayo, Harry Potter tuvo dos conversaciones importantes.
En primer lugar con la primera mujer, además nacida de muggles, ministra de magia, su amiga Hermione Granger, para pedirle algunas semanas de vacaciones. Ella mejor que nadie sabía cuanto las necesitaba y tras organizar a sus mejores hombres para cubrirlo, le otorgó un mes completo.
La segunda fue con su ex-esposa Ginny. Le pidió permiso para llevar a su hija menor con él. Lo permitió sin ningún problema, ella sabía que no habría padre, ni hombre, con quien Lily estuviera mejor protegida.
Desde que los Dursley habían visitado Mallorca, parecía siglos atrás, que Harry deseaba conocer la isla. Lo preparó todo y en pocos días, tomaba el traslador internacional junto a su hija.
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Era el tercer día de aquellas vacaciones padre-hija.
Se habían alojado en un pequeño hotel rural del municipio de Sa Pobla y desde allí habían visitado lo más emblemático de la ciudad.
La Catedral de Santa María, un imponente edificio de estilo gótico que se elevaba junto al mar.
El castillo de La Almudaina dónde veranean los monarcas españoles
Y el Castillo de Bellver, una hermosa construcción del siglo XVI cuya curiosa planta circular hubiese deseado sobrevolar en escoba, si no fuese porque la vida nocturna de las islas, sobre todo de la cercana Ibiza, impedía que oscureciera lo suficiente para no ser vistos por los muggles.
En su segundo día, mientras callejeaban por la capital, Palma, disfrutaron de la gastronomía local. Harry temió por su salud digestiva y por la de su niña cuando, tras degustar un pedazo de la típica ensaimada mallorquina (una especie de bollo plano en forma de espiral) descubrieron que existían diferentes rellenos, crema, nata, chocolate, cabello de ángel... y Lily insistió en probar cada uno de ellos.
El resto del día lo pasaron en una hermosa cala de arena dorada, dejándose acariciar por el sol y las cálidas olas del mar Mediterráneo.
Esa misma mañana habían disfrutado del espectáculo de luces y sombras, agua y piedra de Les Coves del Drac. Lily había murmurado que aquello era lo más parecido a la magia que se podía encontrar en el mundo muggle.
Después de un almuerzo típico mediterráneo, con abundantes verduras frescas, decidieron pasear por el campo.
Tomaron una senda cercana al torrent de Ciurana, un pequeño río que nacía en la Serra de Gaieta y desembocaba en un humedal Natural: S'Albufera.
Tras casi una hora de caminata Harry, a pesar de su excelente forma física, decidió que sería buena idea descansar un rato a la sombra.
Lily, rebosante de energia, bufó con fastidio, pero se conformó cuando su padre le permitió explorar, aunque sin alejarse demasiado.
El mago se sentía afortunado, sus hijos habían aceptado la separación de ambos progenitores y su pequeña seguía tan apegada a él como siempre lo había estado.
A pesar de sus 10 años era aun bastante infantil y adoraba los cuentos y las muñecas de princesas muggles.
Quería aprovechar el tiempo antes de que se convirtiera en una pre-adolescente como su ahijada Rose, a la que adoraba pero que apenas se acercaba a él para darle un abrazo de cuando en cuando y siempre que ninguno de sus primos anduviera cerca.
No fue consciente de haberse dormido pero la voz de su hija lo despertó. Se puso en pie con la varita en la mano y todos sus sentidos de Auror alerta. Lily hablaba con alguien y su voz reverberaba en el valle cercano haciendo sus palabras ininteligibles.
Lanzó al aire un silbido especial y su hija le devolvió el sonido. La escuchó hablar de nuevo, seguramente despidiéndose, y segundos después vio la menuda figura emerger por el sendero.
La pequeña se acercó a su padre a paso rápido, con una corona de flores blancas en sus manos.
-Es para el hada del río- dijo la niña mostrando su manualidad -pero necesito de esas también- señalaba las grandes flores escarlata del árbol Flamboyan en el que Harry se apoyaba.
Hacía calor a pesar de que el verano aún no llegaba y la gran sombra era una bendición.
Cuando terminó de trenzar con mimo las flores, se puso en pie y de nuevo se dirigió al río con el permiso de su papá.
Tras verla alejarse unos pasos, Harry comenzó a seguirla. La niña se dió la vuelta y lo miró ceñuda.
-No puedes venir, papi, el hada se asuatará y no dejará que le ponga su corona.
-Cariño, soy auror, sé como esconderme y no hacer ruido. Y puedo hacer algo más. Si tu quieres podría hacer tu corona pequeñita, para que tu hada se la pueda poner. Es muy bonita, pero demasiado grande.
-No papá, ¡la corona es perfecta! Si la encoges no le quedarà bien.
-Pero Lily - insistió el mago -las hadas son pequeñitas.
-Mi hada es grande - repetía con tozudez- es más grande que tú.
Las cejas de la niña estaban muy juntas debido a lo fruncido de su ceño, los ojos avellana entrecerrados mirando a su padre con desafío mientras sus bonitos labios se curvaban en un adorable puchero.
-Está bien- concedió el adulto -si es más grande que yo la corona es perfecta. -la brujita lo miró con suficiencia -peeeero- alargó la "e" mientras levantaba las cejas -entonces puede que no sea un hada.
-Ay papá - el tono cansado de la brujita hizo sonreir a Harry, aunque trató de disimular - es imposible que no sea un hada.
-Vive en el bosque muy cerca del río en una casa de hojas, viste de verde y jamás vi una criatura más bella. En mis libros las hadas son bellísimas.
-Quizás sea una princesa - dijo el hombre en tono suave y conciliador, el soplido de la niña le dejó claro que no.
Papi, tiene el pelo largo y liso y aún más rubio que la tía Fleur sus ojos son color plata, grandes y con pestañas larguísimas, su nariz es como un pellizquito, muy pequeña y graciosa lleva una camisa y unos pantalones de color verde. Ah! Y puede hacer magia, hizo crecer estas flores blancas.
A cada paso que daban la curiosidad de Harry iba en aumento, aquella descripción se le hacía conocida. una mano en su pecho lo detuvo de golpe, su hija lo miraba muy seria. - No hagas ruido ¿no querrás que se asuste? - la mirada de la niña se volvió soñadora - a lo mejor te gusta y puede ser mi segunda mamá.
-Lily cariño tú ya tienes a tu mamá. Ginny es una mamá maravillosa y no necesitas ninguna más.
-Pero tú ya no la quieres y está con otro hombre. Owen me cae bien y hace sonreír a mamá. También deseo que haya alguien que te haga sonreír.
-Tu eres la única mujer que necesito en mi vida, tu me haces sonreír!
Tomó a su hija en brazos levantandola si esfuerzo aparente, comenzó a girar con ella riendo. La risa se contagió a la niña que reía con abandono mientras el aire mecia sus cabellos rojos.
Despues de muchas vueltas se dejaron caer al suelo, mareados y felices.
Cuando se recuperaron la niña se sentó, miró a su padre seriamente, pero con una en los labios.
-¿Sabes qué? Que es una suerte que el hada no sea una mujer- dijo poniéndose en pie y comenzando a caminar- porque le he hablado de ti. Sabe quien eres y le encantaría ser mi mamá y hacerte feliz