One Shot's Sereis, Vol. 1 - DabiHawks

Sinopsis

Toya es un estudiante popular, el mas popular de la U.A. Keigo es un estudiante un año menor, que secretamente está enamorado de Toya. Un día, el diario de Keigo, donde apunta todo lo que siente por él, desaparece y de alguna forma acaba en las manos de Toya.

Genero:
Romance/Humor
Autor/a:
Mr_Enxant
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

ONE SHOT - DABIHAWKS

FORMATO: One Shot.

UNIVERSO: Boku No Hero/ My Hero Axademia.

MODALIDAD: AU sin quirks, High School.

SHIP: Dabihawks

CONTEXTO:

AU sin quirks, Toya y Keigo son estudiantes de la U.A. Toya tiene 17 años y Keigo 16.

Toya es el chico mas popular de la U.A., no solo por la popularidad de su padre, si no porque él es inteligente, atlético y saca buenas notas, sin contar de que tiene un gran atractivo físico.

Keigo es un chico tímido al primer contacto, pero una vez se le conoce, se dan cuenta de que es un chico divertido, bromista e inteligente.

Keigo está enamorado de Toya desde que lo vio la primera vez, pero nunca se ha atrevido a decirle nada. Keigo escribe todos sus pensamientos en un diario que siempre lleva con él. En dicho diario, hay varias páginas dedicadas solo a Toya, donde escribe su nombre dentro de corazones, lo mucho que le gusta, incluso escribe pequeños relatos de ellos dos besándose o teniendo sexo.

Un día, ese diario cae de la mochila de Keigo en el pasillo, y por casualidades de la vida, Toya acaba encontrándolo y leyéndolo.

Y ahí, empieza todo.



—¿Qué es esto?

Toya, el estudiante mas popular de la gran academia U.A., estaba llegando tarde a su clase, había tenido que acompañar a su hermano pequeño a su colegio, y debido a eso corría por los pasillos, donde, de forma sorpresiva divisó una especie de libreta en el suelo.

Se detuvo y la agarró, mirando a todas partes, intentando averiguar si el dueño de esa libreta estaba cerca o algo. La miró un poco dudoso, pues no era de muy buena educación ver las cosas de los demás, pero él pensó que dentro habría algún nombre o algo que identificase a su dueño.

Cuando abrió la tapa y miró la primera de las páginas, sus ojos se abrieron alzando sus cejas a modo de sorpresa.

—¡¿QUE MIERDA...?!

La mañana pasó, y al finalizar las clases, un chico rubio corría por los pasillos mirando a todas partes. Keigo se había quedado encerrado en el baño esperando que todos se fuesen y poder buscar bien. Cuando, estando en clase miró su mochila y vio que su diario había desaparecido gritó, provocando las risas de sus compañeros y una mirada extrañada de su mejor amiga.

—¿Qué te pasa? —preguntó la chica, acomodándose su larga melena de color blanco.

—Rumi... he perdido mi diario... —dijo Keigo sintiendo sudores fríos recorrer su cuerpo y notando como su boca se secaba.

—¿Y?

—¿Cómo que “Y”?

Rumi miró que el profesor no la prestase atención e inclinó su silla hacia la mesa de atrás, donde Keigo se sentaba.

—¿No tiene tu diario una llave o algo?

—No... es una libreta normal...

La chica se llevó la mano a la cara y miró con furia a su amigo.

—Eres estúpido... ¿Cómo se te ocurre traer algo así, sin protección?

—Lo siento, pero sabes que no me separo de él... además... sabes que no me puedo permitir comprarme un diario de verdad...

La chica miró los nervios de su amigo, evidentemente ella sabía lo que había en ese diario, y entendía su preocupación.

—Mira Keigo, hay mas posibilidades de que nos caiga un rayo dos veces, a que Toya Todoroki encuentre tu diario y lo lea.

Keigo miró al techo.

—Rumi... no me cae ningún rayo...

La chica rodó los ojos y se volteó.

—Eres tonto...

—¿Dónde está?

Keigo miraba a todas partes, detrás de las papeleras, bajo los bancos, miraba dentro de las aulas, miraba detrás de la escalera. Estuvo recorriendo los pasillos que él mismo recorrió esa mañana esperando encontrarlo en alguna esquina o debajo de alguno de los bancos.

—Mierda...

Sin mirar al frente, Keigo avanzaba por la zona central, donde sin darse cuenta chocó con alguien, cayendo al suelo del golpe.

—Oh... lo-lo siento... —Keigo agitó la cabeza y viendo como alguien le tendía la mano —muchas gra...

Al mirar arriba, se topó con un sonriente pelirrojo de ojos azules, unos ojos que desde hacía mucho tiempo lo volvían loco.

—To-Todoroki-senpai... —Keigo sin darle la mano se puso de pie, nervioso y sin saber que hacer o decir —¿qu-qué hace aquí?

Toya lo miró alzando una ceja, entornando levemente los ojos y sonriendo de forma seductora.

—Tenía que entregar unas cosas al profesor... ¿Qué haces aquí?, ya todos se fueron.

—Oh... si, si... so-solo estaba buscando una cosa que se me ha caído esta mañana.

—Oh... —Toya lo miró fijamente, viendo como evitaba su mirada y como la cara de ese rubio, enrojecía de forma alarmante. No era la primera vez que lo veía, es mas, le había llamado la atención alguna vez, era guapo y parecía simpático —si quieres te puedo ayudar.

—¡¿QUÉ?!

Toya sonrió ante la expresión alarmada de Keigo.

—Eso, que si quieres te ayudo a buscar eso.

—Pero, Todoroki-senpai... no quiero molestarlo...

—No molestas, y por favor, llámame Toya.

Keigo abrió los ojos y tragó saliva.

—Eso sería muy irrespetuoso...

—Si yo te lo pido no lo es... ¿no, Keigo?

El rubio dio un paso atrás.

—¿Sa-sabes quién soy?

Toya sonrió, cruzando los brazos.

—Claro... eres Keigo Takami, de la clase 2.

La cara de Keigo se volvió incluso mas roja, apartando la mirada siempre que sus ojos se cruzaban.

—¿Y bueno, lo hacemos? —preguntó Toya.

—¿Co-cómo? —Keigo casi se atraganta.

—¿Qué si buscamos eso?

—Ah... —Keigo suspiró al ver que había malinterpretado lo que había dicho —cl-claro... Todo... Toya-senpai.

Durante una media hora, ambos estuvieron mirando y paseando por toda la academia, mirando a todas partes, pero sin éxito. Keigo, aunque nervioso intentaba por todos los medios no mirar a Toya, pero no podía evitar mirarlo cuando pensaba que no se daba cuenta, verle de perfil, esos ojos, esa cara, miró sus brazos, pues llevaba la camisa remangada, sus manos. Las veces que había soñado con las manos de Toya en su cuerpo, las veces que había escrito relatos de ellos dos besándose, tocándose, todo eso en su diario perdido.

Keigo cerró los ojos pensando en que si Toya lo encontraba antes estaría perdido. Y mientras Keigo estaba en su mundo, Toya siempre que tenía oportunidad miraba a Keigo, su rostro, su cabello, su cuerpo, no era muy disimulado que cada vez que Keigo se agachaba, los ojos de Toya iban al culo del rubio.

Tras buscar por todas partes, se reunieron en la entrada, Keigo seguía nervioso, pero entristecido por no haber podido encontrar su diario.

—Siento no haberte sido de ayuda —dijo Toya llevándose la mano a la nuca.

—No te preocupes, Toya-senpai... a-a lo mejor no lo había traído hoy y no me acuerdo... —dijo intentando convencerse de que esa mañana no había escrito una última vez antes de salir de casa un “TE AMO, TOYA TODOROKI” en las páginas de ese diario.

—Si resulta que no está en tu casa, avísame mañana y pediré al director que lo busquen.

—No... no... no quiero ser una molestia —Keigo se puso algo nervioso.

—No es ninguna molestia... —Toya sonrió y Keigo se vio hipnotizado por ello.

—E-está bien...

Tras despedirse, Keigo hizo una reverencia y empezó a bajar los escalones de salida, cuando sintió que lo agarraban del brazo y al girar su cara vio a Toya muy cerca de él, parcialmente iluminada por la luz del atardecer.

—Keigo...

—¿S-s-sí?

Se formo un breve silencio, ambos estaban muy cerca, Toya sujetaba al chico del brazo y la mirada de Keigo estaba enfocada al suelo.

—No... nada... perdona... —Toya tragó saliva y lo soltó, tras volver a despedirse, Keigo comenzó a bajar otra vez, pero debido a los nervios tropezó y perdió el equilibrio. Por un instante, Keigo se vio en el suelo, lo vio todo a cámara lenta, en su mente se vio lastimado en el hospital, cerró los ojos en cuanto pudo.

Pero no sintió dolor al notar que caía, y al abrir los ojos, se encontraba en los brazos de Toya, que al ver que se caía, había corrido y lo había agarrado en el aire antes de caer, cargándolo como una princesa.

—¿Estás bien? —preguntó entre exhalaciones el pelirrojo.

Keigo estaba completamente rojo, mirando fijamente la cara de Toya, petrificado y temblando. El pelirrojo lo miraba con algo de preocupación, pues si no lo hubiese agarrado habría sido una caída bastante dura.

—¿Keigo?

—Si... si, gra-gracias por salvarme... —no sabía en que momento, pero una de las manos de Keigo rodeaba el cuello de Toya y la otra la tenía sobre su pecho.

Por un instante, todo alrededor de ambos desapareció y solo estaban ellos, mirándose fijamente. Toya sonrió y Keigo pensó que iba a morirse por ver tanta belleza.

Tras unos momentos, Toya dejó en el suelo a Keigo y volvieron a despedirse, esta vez comprobando que el rubio bajaba bien y se dirigía a la estación de bus.

Toya suspiró, notando enrojecer sus mejillas, suspirando por haber aguantado todo ese tiempo, agarró su mochila y buscó algo dentro, sacando una libreta, observándola y esbozando una tierna sonrisa.

A la mañana siguiente, Keigo llegó cabizbajo a su clase, apenas había podido dormir por la preocupación de perder su diario y por supuesto, todo lo que pasó con Toya y que evidentemente ya se lo había contado a Rumi.

Al entrar en clase, sus ojos se abrieron al ver sobre su mesa su diario. Corrió hasta él y lo agarró con fuerza, abrazándolo y llevándoselo a su pecho, besándolo y mirando a todas partes, alarmado. ¿Cómo había llegado ahí? ¿Cómo saben que era suyo? ¿lo habían leído?

Estaba solo en clase, era el primero en llegar como cada mañana, suspiró y notando su pecho acelerarse, abrió el diario para ver si faltaba algo, fue entonces cuando sus ojos se abrieron al máximo, quedándose estupefacto y petrificado.

En la primera página, con una letra que no era suya se podía leer:

<Hola, Keigo... siento haberte mentido ayer... pero quería estar un poco contigo. Encontré tu diario por la mañana. Lo he leído... pero fue sin querer, te lo prometo, yo solo quería saber de quien era... bueno... te dejo mi número de teléfono, por si quieres hablar, o por si quieres hacer realidad algo de lo que tienes escrito aquí>

La cara de Keigo era indescriptible, no sabía como sentirse, pero una sonrisa apareció en su cara al ver que el que lo firmaba era Toya.