Mio y para siempre (Saga Deseo prohibido 3) (Chanbaek)

Sinopsis

Chanyeol siente que su felicidad con su lindo esposo. Esta siendo amenazada por sehun y kai, asique Decide ir a vivir junto a baekhyun a otro lados. Lejos de su amigos no tan amigo. Porque el no dejará que le arrebaten a su luz, a su razón de vivir. ★ este one-shot esta hecho a imaginación mía. ★ "Mío Y Para Siempre" de la Saga Deseo prohibido 3 hecho por mí.

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Mio y para siempre

Pov Chanyeol



Puedo ser un poco despistado, a veces hasta olvido dónde dejé mis llaves o pierdo la noción del tiempo cuando me concentro en algo, pero no soy idiota. Hay cosas que se notan a simple vista, y las miradas que Sehun y Kai le lanzaban a mi esposo eran demasiado evidentes, demasiado intensas y cargadas de un deseo que no tenía nada de amistoso. Cada vez que estábamos todos juntos, bastaba que Baekhyun se riera o moviera un poco para que sus ojos se clavaran en él como si quisieran devorarlo con la mirada. Y yo, aunque intentaba actuar con naturalidad, lo veía todo. Lo sentía en el pecho, una opresión que iba creciendo día tras día, transformándose en una inseguridad que al principio intentaba ignorar, pero que con el tiempo se volvió imposible de callar.


Ya no podía seguir así. Vivir con la angustia de que en cualquier momento alguien pudiera intentar arrebatármelo, o que la tensión entre nosotros terminara rompiendo la tranquilidad que tanto nos costó construir, no tenía sentido. No permitiría que nadie interviniera en lo que teníamos, ni que nadie pensara que tenía derecho a mirar, desear o intentar separarnos. Baekhyun era mi esposo, mi compañero, la persona que elegí, y yo haría lo que fuera para proteger lo nuestro.


Suspiré hondo, tratando de calmar los latidos acelerados de mi corazón, y desvié la vista hacia la cama. Ahí estaba él, durmiendo plácidamente, con el cabello revuelto sobre la almohada y una expresión tan tranquila que parecía que nada malo pudiera existir en el mundo. Me acerqué despacio a la ventana, procurando no hacer ruido, y corrí un poco la cortina. Afuera, la noche estaba despejada y la luna brillaba con una intensidad plateada, iluminando el jardín y las calles vacías con una luz suave pero inconfundible. Saqué mi celular del bolsillo y lo sostuve entre las manos, sintiendo que esa llamada cambiaría todo para siempre.


—Lo siento, bebé —susurré con voz tan baja que apenas salió de mis labios, como si el aire fuera a llevarse esas palabras antes de que pudieran llegar a sus oídos—. Solo quiero que estemos bien, que estemos tranquilos.


Desbloqueé la pantalla, busqué el número que ya tenía preparado y esperé a que contestaran. El silencio en la habitación solo se rompía por la respiración pausada y ligera de Baekhyun.


—Bueno.


—Hola, soy yo —respondí, manteniendo el tono serio pero firme.


—¿Por qué me llamas a esta hora? ¿Pasó algo malo? —preguntó la voz al otro lado, notando mi estado de ánimo.


—No ha pasado nada… pero he tomado una decisión. Ya no quiero esperar más.


—¿En serio? —se escuchó una pequeña pausa—. Pues entonces es perfecto. Ya he arreglado todo lo que hacía falta: la nueva casa está lista, los trámites terminados y el transporte organizado. Solo faltaba tu señal.


—Pues aquí la tienes —afirmé, sintiendo cómo una pequeña sensación de alivio empezaba a nacer en mi interior—. Partimos mañana temprano.


—Entendido. Todo estará listo para cuando lleguen. Que descansen.


—Gracias. Hasta mañana.


Colgué el teléfono y lo dejé sobre el pecho, cerrando los ojos un instante para reunir valor. Cuando los volví a abrir y giré para volver a la cama, me quedé inmóvil. Baekhyun ya no dormía. Estaba apoyado sobre un codo, con los ojos entrecerrados y una expresión confundida, observándome en silencio.


El corazón me dio un vuelco.


—Channie… —su voz sonaba suave, pero con un toque de inseguridad que me dolió hasta los huesos—. ¿Te vas a ir y me vas a dejar aquí solo? ¿Es por lo que sienten los demás? ¿Es que ya no quieres estar conmigo?


Sentí que el mundo se me venía encima ante esa pregunta. Corrí de inmediato hacia la cama y me arrodillé a su lado, tomando su rostro entre mis manos con mucha delicadeza, como si fuera algo frágil que pudiera romperse.


—No, bebé, no digas eso —le dije con urgencia, mirándolo directamente a los ojos para que viera la verdad en mi mirada—. Jamás haría algo así. Nunca pienses que te dejaría o que mi amor por ti ha cambiado. Al contrario: es precisamente por lo mucho que te amo que he tomado esta decisión. Te juro que prefiero mil veces morir antes que separarme de ti o permitir que algo nos pase.


Sus ojos se humedecieron un poco, y dejó caer la cabeza contra mi pecho, buscando mi calor y mi protección.


—Entonces… ¿de qué hablaba esa llamada? ¿A dónde vamos? ¿Por qué todo esto de repente?


—Bebé… te lo explicaré todo con calma mañana, sin prisas ni interrupciones —besé su frente, luego sus mejillas y finalmente sus labios con mucha suavidad—. Te lo prometo, todo saldrá bien y al final lo entenderás. Solo confía en mí, como yo confío en ti.


—Promesa —repitió, aferrándose más fuerte a mi camisa.


—Sí, mi vida. Promesa.


Volví a besarlo, más profundo esta vez, sellando nuestras palabras, y luego me recosté a su lado, jalando las sábanas para cubrirnos a ambos. Lo atraje contra mi cuerpo, pegando su espalda a mi pecho, sintiendo su respiración contra mi piel y su corazón latiendo al mismo ritmo que el mío. Sabía que esa sería nuestra última noche en esa casa, en esta habitación llena de recuerdos buenos, pero también de miradas ajenas y deseos ajenos que ya no nos dejarían en paz. Al día siguiente nos iríamos lejos, muy lejos, donde nadie supiera de nosotros ni pudiera interponerse en nuestro camino.


Mientras mis pensamientos daban vueltas, sentí cómo su mano se deslizaba con lentitud y curiosidad bajo la ropa interior, buscándome y agarrándome con ternura pero con intención. Sonreí entre la oscuridad, dejando escapar un suspiro cargado de deseo.


—Mgh… Bebé, no seas tan travieso —murmuré con una voz grave y suave, acariciando su cintura con mis dedos—. Mañana madrugamos, ¿lo recuerdas?


Pero no obtuve respuesta. Al mirarlo con más atención, vi que sus ojos ya estaban cerrados de nuevo, su respiración se había vuelto profunda y regular, y se había quedado dormido con la mano todavía en su sitio, relajada y cálida. Me reí bajito y le di un beso muy suave en la frente, acomodándole el cabello.


—Te amo, Baekhyun. Más de lo que imaginas —le susurré al oído, antes de cerrar yo también los ojos y descansar, sabiendo que mañana comenzaba una nueva etapa.




A la mañana siguiente


La luz del sol empezaba a colarse por las rendijas de las cortinas cuando desperté. Me sentí renovado, con la mente más clara y con una sensación de seguridad que no había sentido en semanas. Me giré hacia él, y ahí seguía, durmiendo como un ángel, cubriéndose hasta la nariz con las sábanas para protegerse de la luz.


—Bebé… despierta, ya es de día —le dije, pasando mi mano con suavidad por su espalda.


—Mgh… déjame dormir un poquito más, por favor —protestó con voz entrecortada, arremetiéndose más contra la almohada y cubriéndose hasta la cabeza—. Hoy no tengo prisa, ¿verdad?


—Sí que tenemos prisa, mi vida —le respondí con una sonrisa—. Hoy tenemos un día importante. Nos vamos.


En cuanto escuchó esas palabras, de inmediato bajó las sábanas de golpe y me miró con los ojos muy abiertos, llenos de confusión pero también de una curiosidad emocionada. Se incorporó en la cama, despeinándose un poco con la mano.


—¿Nos vamos? ¿A dónde? ¿De viaje?


—No exactamente de viaje —me acerqué y tomé sus manos entre las mías—. Nos mudaremos a otra casa, en otra ciudad, lejos de aquí. Todo ya está listo: la casa, los muebles, todo lo que necesitamos. Y es lo mejor para nosotros, créeme.


Se quedó callado unos segundos, procesando la información, y luego soltó un pequeño grito de sorpresa.


—¿¿Mudarnos?? ¿Así, de repente? Pero… ¿por qué? ¿Y a los amigos? ¿No los veremos más?


—Claro que sí puedes verlos cuando quieras, incluso podemos invitarlos a visitarnos más adelante si así lo deseas —le expliqué con calma, buscando sus ojos para tranquilizarlo—. Pero ya no podemos seguir viviendo aquí como hasta ahora. Hay cosas que no nos dejan estar tranquilos, y prefiero que empecemos de nuevo en un lugar donde solo seamos nosotros y nadie más interfiera en nuestra paz.


Baekhyun se quedó pensando un instante más, y luego, sin decir nada más, se lanzó sobre mí y me abrazó con tanta fuerza que casi me corta la respiración.


—Está bien. Si tú lo crees necesario, entonces lo hago —me dijo, apoyando su cabeza en mi hombro—. Te amo, Channie, y te seguiré a donde sea que vayas. No importa el lugar, mientras esté contigo todo estará bien.


Sentí que se me llenaba el pecho de un orgullo inmenso y un amor que parecía no tener límites. Le devolví el abrazo y acaricié su espalda, dejando caer besos pequeños por su cuello y su mejilla.


Nos levantamos juntos y nos dimos una ducha lenta, disfrutando del contacto, del agua caliente que resbalaba por nuestros cuerpos y de esos momentos de intimidad que no necesitaban palabras. Cuando salimos, Baekhyun se quedó frente al armario eligiendo ropa cómoda para el viaje, mientras yo bajaba a la sala y empezaba a revisar las maletas que ya había preparado el día anterior, asegurándome de que no faltara nada importante.


No había pasado mucho tiempo cuando escuché el sonido agudo y claro del timbre de la puerta. Fui a abrir sin esperar mucho, y me quedé congelado al ver quién estaba del otro lado. Ahí estaban Kai y Kyungsoo, y justo detrás de ellos, apoyado en el marco de la puerta, Luhan y Sehun. Todos parecían haber venido sin previo aviso, como si algo les hubiera hecho sospechar que pasaba algo.


—Hola, Chan —saludó Kyungsoo con tono tranquilo, aunque su mirada analizaba la habitación a mi espalda—. ¿Está Baek por aquí? Queríamos pasar a saludarlos antes de irnos al trabajo.


—Sí, está arriba, terminando de vestirse —respondí, intentando mantener la calma a pesar de la tensión que empezaba a sentirse en el aire—. Pasen, no hay problema.


Entraron y se quedaron de pie en la sala, mirando a su alrededor con curiosidad. Fue entonces cuando escuché pasos rápidos en las escaleras, y segundos después Baekhyun bajaba corriendo, alegre como siempre, sin imaginar lo que estaba por pasar. En su prisa, no calculó bien el espacio y chocó directamente contra Sehun, quien de inmediato reaccionó y lo sujetó por la cintura con demasiada fuerza y demasiada familiaridad, como si tuviera derecho a tocarlo.


Mi mandíbula se tensó al instante y sentí cómo se me aceleraba el pulso, pero antes de que pudiera decir nada, Baekhyun ya se había apartado bruscamente, con una pequeña sonrisa de disculpa, y vino corriendo hacia mí para refugiarse a mi lado, agarrándose fuerte de mi brazo.


—Chicos, qué sorpresa verlos aquí —dijo él con voz animada, sin darse cuenta de las miradas que se cruzaban entre todos—. Les tengo una noticia muy importante: ¡nos vamos a mudar hoy mismo!


—¿¿Qué?? —exclamaron casi todos al mismo tiempo, sorprendidos y sin disimularlo.


—¿Cómo que mudarse? ¿Y por qué tan de repente? ¿No habíamos hablado de esto? —preguntó Kyungsoo, frunciendo el ceño.


Miré de reojo a cada uno. Vi que en el rostro de Luhan apareció una leve sonrisa, tranquila y comprensiva, como si ya se esperara que esto ocurriera tarde o temprano. En cambio, la expresión de Sehun cambió por completo: la mandíbula se le endureció, sus ojos se estrecharon y una sombra de frustración y rabia cruzó su mirada. Kai no se quedaba atrás: apretaba los puños a los costados, intentando mantener la compostura, pero su incomodidad era más que evidente.


—Es verdad —confirmé yo, poniendo una mano protectora sobre el hombro de Baekhyun—. Baek y yo hemos decidido cambiar de aire, empezar de nuevo en otro lugar. Es lo mejor para nuestra relación y nuestra tranquilidad.


—Me parece una excelente decisión —intervino Luhan, asintiendo con la cabeza con calma—. A veces hace falta un cambio así para ver las cosas con más claridad.


—¡Exacto! —agregó Baekhyun, muy animado y ajeno a todo lo que estaba pasando a su alrededor—. Además, tenemos planes para esta noche. Channie y yo vamos a estar despiertos hasta el amanecer, disfrutando de nuestra nueva casa.


Kyungsoo se llevó una mano a la cara, negando con la cabeza y soltando un suspiro de resignación.


—Te he dicho mil veces, Baekhyun, que no cuentes los detalles de su intimidad a todo el mundo —le dijo con tono serio pero amistoso—. Hay cosas que son solo para ustedes dos.


—Pero es que es la verdad —respondió él con total naturalidad y sin malicia, y mientras hablaba, deslizó una mano bajo mi camisa y luego me apretó con suavidad por encima del pantalón—. Channie es increíble en la cama, me hace sentir como nadie más. Me encanta montarlo, y además tiene un miembro enorme que me hace sentir lleno y feliz.


En cualquier otra ocasión, ante cualquier otra persona, me habría puesto rojo hasta las orejas y le habría pedido que se callara, pero en ese momento, viendo las caras de Sehun y Kai, sentí una satisfacción inmensa. Vi cómo sus rostros se tornaban de incomodidad, envidia y frustración, cómo sus miradas se desviaban hacia donde Baekhyun tenía su mano y luego regresaban a mí con rabia contenida. Era la mejor forma de dejarles claro lo que nunca podrían tener.


—¡Dios mío… Chanyeol, por favor, haz que se calle! —pidió Kyungsoo, casi suplicando—. No soporto escuchar esto.


—Bebé… —lo interrumpí suavemente, tomando su barbilla y besándole los labios para silenciarlo, aunque con una sonrisa traviesa en la mirada.


—Pero es verdad, me encanta cuando lo hacemos —insistió él, acercándose más a mí—. ¿Verdad que sí, mi amor?


Sentí cómo mi cuerpo reaccionaba de inmediato ante su contacto, ante sus palabras y ante la forma en que me miraba.


—Está bien, ya es suficiente —dije, levantando la voz un poco para poner fin a la situación—. Ya pueden irse. Tenemos mucho que hacer antes de salir y poco tiempo para perder.


—Está bien —asintió Luhan, dándoles un codazo a los demás—. Vámonos ya, no queremos estorbar.


—Claro… nos vamos —respondió Sehun con sequedad, sin apartar la mirada de Baekhyun.


Dio un paso hacia adelante, como si quisiera acercarse más, pero de inmediato atraje a Baekhyun contra mi pecho, rodeándolo con mis brazos para dejar claro quién era su esposo y quién tenía derecho a tenerlo cerca.


—Si vienes a desearnos suerte, te lo agradezco —le dije mirándolo fijamente a los ojos—. Pero ya sabes cómo son las cosas. Baekhyun es mío, y nada va a cambiar eso.


—Esto no va a quedar así, Chanyeol —respondió él en voz baja, solo para que yo pudiera escucharlo, antes de girar y salir por la puerta con pasos firmes y enojados.


—Muy bien hecho, Chan… alejar a tu esposo de todo lo que no le conviene —comentó Kai con un tono medio irónico y cargado de celos, intentando disimular su verdadero sentimiento.


—Lo hago porque no confío en nadie cuando se trata de él —le respondí sin rodeos, sin miedo a lo que pudiera pensar—. Y menos en quienes miran con ojos que no son de amistad.


Kai forzó una sonrisa que no le llegó a los ojos y salió también. Baekhyun nos miraba a todos con una expresión totalmente confundida, sin entender por qué el ambiente se había vuelto tan pesado de repente. Kyungsoo fue el último en quedarse, nos dio un abrazo a los dos y nos deseó suerte de corazón antes de despedirse.


Cuando nos quedamos solos en la casa, Baekhyun me tomó de la mano y me miró con ojos inquisitivos.


—¿Qué ha pasado aquí, mi amor? ¿Por qué se fueron así? ¿Por qué hablaste de esa forma con ellos?


Me agaché un poco para quedar a su altura y le sonreí con dulzura, acariciando su mejilla.


—Nada que te preocupe, bebé, de verdad —le dije, cambiando el tono a uno más juguetón para distraerlo—. Oye… antes de que carguemos todo y salgamos hacia la nueva casa, ¿quieres un poquito de “lechita” para despedirnos bien de esta habitación?


Sus ojos brillaron de inmediato, olvidando cualquier duda al instante.


—¡Claro que sí! Quiero mucho.


Sonreí satisfecho, lo levanté en brazos al estilo nupcial, como tantas otras veces, y subí las escaleras despacio, sintiendo su cuerpo ligero y cálido contra el mío. Entramos a nuestra habitación, lo dejé con mucho cuidado sobre el centro de la cama y comencé a desvestirme lentamente, quitándome la camisa y dejándola caer al suelo, mientras él me observaba sin pestañear, con una mirada llena de deseo y admiración.


—¿Seguro que lo deseas, mi vida? —le pregunté con voz grave, acercándome a él.


—Sí, Channie, mucho —respondió él con voz suave y ansiosa.


Me desabroché el pantalón con calma y lo bajé junto con mi ropa interior, dejando al descubierto mi miembro, que ya estaba totalmente erecto y firme ante su sola presencia. Baekhyun se pasó la lengua por los labios, con la mirada fija en él, como si fuera el manjar más rico que había visto nunca.


—¿Y tú por qué sigues vestido, mi amor? —le pregunté, inclinándome para besar su cuello.


En un segundo, él se puso de pie y comenzó a quitarse toda la ropa con prisa, dejándola caer por todos lados hasta quedar totalmente desnudo ante mí, con esa piel suave y blanca que me volvía loco cada vez que la veía. Se agachó entre mis piernas, acariciando mis muslos con sus manos, y comenzó a besarme desde la base, subiendo poco a poco con la lengua húmeda y caliente, hasta rodearme por completo con sus labios.


Me encantaba la forma en que lo hacía: con dedicación, con cariño y con un deseo que nos hacía estremecer a los dos. Sentí cómo todo mi miembro desaparecía poco a poco en su boca, mientras él succionaba con una intensidad que me hacía cerrar los ojos y apretar los puños. Tomé su cabello con delicadeza entre mis dedos, guiándolo suavemente, y al mirarlo, vi que me observaba entre las pestañas, con esos ojos entrecerrados que parecían dos lunas crecientes llenas de placer, antes de volver a bajar la cabeza y seguir.


Empecé a mover las caderas con ritmo suave al principio, luego un poco más profundo, marcando el compás que nos gustaba, provocando que sus mejillas se hundieran y que salieran pequeños sonidos húmedos y placenteros. Sentía cómo todo mi cuerpo se tensaba, cómo la sangre corría más rápido por mis venas, hasta que sin previo aviso llegué al límite y me vine en su boca. Él no se detuvo, tragó todo con habilidad y limpió cada rastro con su lengua, sin dejar nada fuera.


Se puso de pie de un salto y se lanzó a mis brazos; lo sostuve con firmeza por las nalgas, mientras él se aferraba con fuerza a mi cuello, pegando nuestros cuerpos desnudos y sudorosos. Lo besé con pasión, profundamente, mezclando nuestros alientos, mordiendo su labio inferior con suavidad y luego succionándolo hasta dejarlo ligeramente hinchado y sensible.


—Channie… quiero que me hagas tuyo, ya —me susurró al oído, con voz entrecortada y llena de deseo—. No puedo esperar más.


—¿Qué quieres, bebé? Dime qué deseas, que todo sea como te guste —le respondí, mientras bajaba una mano para tocarlo entre sus piernas, encontrándolo ya húmedo y preparado para mí.


Froté la punta de mi miembro contra su entrada, sintiendo su calor y su humedad, pero sin entrar todavía, disfrutando de la sensación de tensión que nos invadía a los dos.


—¡Te quiero dentro de mí ya! Por favor, no me hagas esperar más —suplicó, arqueando la espalda hacia atrás buscándome.


Presioné despacio y fui entrando en él con mucha calma, permitiendo que se fuera acostumbrando a mi tamaño y a la sensación de estar lleno. Dejé una marca visible en su hombro, un recuerdo permanente que decía que era mío y de nadie más.


—Ah… Channie… así… despacio… —jadeó, clavando sus uñas con suavidad en mi espalda.


Una vez que estuve completamente dentro, lo llevé hasta la pared más cercana y comencé a embestirlo con un ritmo constante y profundo, escuchando sus gemidos llenar toda la habitación.


—S-sí… más fuerte… ah… me encanta cómo te sientes —decía entre respiraciones agitadas.


Cuando vi que ya estaba totalmente relajado y disfrutando, caminé despacio sin salir de él hasta llegar a la cama y me recosté en el colchón. Sabía que esa era su posición favorita, y en cuanto se dio cuenta, se acomodó encima de mí y comenzó a moverse hacia arriba y abajo a su propio ritmo, guiándose con sus manos en mi pecho. Con una mano le acariciaba la cintura y con la otra le sostenía la cadera para ayudarlo, viendo cómo su espalda se arqueaba hacia atrás, su boca se abría entreabierta y salían gemidos cada vez más altos y claros. Seguramente si los vecinos no sabían quiénes éramos, ya tendrían muy claro nuestro nombre en ese momento.


Era una sensación increíble, como si todo lo demás dejara de existir y solo quedáramos nosotros dos y nuestro deseo. Pronto aceleré el ritmo, empujándolo con más fuerza y profundidad, arrancándole lloriqueos y palabras entrecortadas.


—S-sí… así… más profundo… Channie… no pares…


—Estás tan… condenadamente apretado… tan mío… —apreté los dientes, sintiendo cómo mi propio placer crecía al mismo tiempo que el suyo.


Lo atraje hacia mí y lo besé profundamente, perdiéndonos el uno en el otro. Sin salir de él, lo giré con cuidado y lo dejé bajo mi cuerpo, abriéndole más las piernas para tener mayor acceso y seguir con la misma intensidad. Baekhyun hundió sus uñas con más fuerza en mi espalda, dejando marcas que durarían días, y cuando bajé la mirada vi sus pezones duros y rosados, así que comencé a acariciarlos y juguetear con ellos con los dedos, haciéndolo estremecerse con cada toque.


—Sigue así… Channie… me vuelves loco… —decía entre jadeos.


Lo giré luego boca abajo, tomándolo por la cintura para tener mejor ángulo, y seguí embistiéndolo con pasión, sintiendo cómo cada movimiento nos acercaba más al clímax.


—Di mi nombre, bebé… dime quién te hace sentir así —le pedí con voz ronca y cargada de deseo.


—Channie… —respondió al instante.


—Otra vez… más fuerte, para que sepas bien quién te tiene así.


—C-Channie… ¡Channie!


Comencé a darle palmadas suaves pero firmes en las nalgas, haciéndolo estremecerse entre mis manos y gemir más fuerte. Seguí haciéndolo hasta que su piel quedó de un tono rojo suave y sensible.


—¡Dilo bien fuerte! ¿A quién amas más que a nada en este mundo?


—A ti… ¡te amo a ti, Channie! Solo a ti.


—¿Te gusta que te haga completamente mío? ¿Que nadie más pueda tocarte como yo?


—¡Sí! Mucho.


—¿Te encanta cómo te sientes con mi miembro dentro de ti? ¿Te llena bien?


—¡Sí! Amo tu cuerpo… amo todo lo que me haces… no quiero a nadie más que a ti.


Sonreí, pensando en todo el camino que habíamos recorrido. Cuando lo conocí años atrás, creí que nunca tendría oportunidad con alguien tan maravilloso, alegre y lleno de luz como él. Me sentía inseguro, creía que no era suficiente, pero aun así reuní todo mi valor y le confesé mis sentimientos… y para mi sorpresa, descubrí que yo también era lo que él deseaba, que también le gustaba tanto como él a mí. Desde ese día habíamos construido nuestra vida, y nada ni nadie nos separaría.


—Te amo, mi Baekhyun… más de lo que las palabras pueden explicar —le susurré en su espalda, mientras aceleraba el ritmo una última vez.


—Yo también te amo… con toda mi alma… Channie…


Con una última embestida profunda y fuerte, llegamos juntos al clímax, sintiendo cómo todo nuestro cuerpo se tensaba y luego se relajaba lentamente, dejándonos agotados pero llenos de felicidad. Me quedé dentro de él unos segundos más, recuperando el aliento, y luego salí con suavidad, recostándome a su lado y jalándolo contra mi pecho.


—¿Estás bien, bebé? ¿Te gustó?


—S-sí… fue increíble… como siempre… no hay nadie como tú —respondió con voz cansada pero sonriente.


Limpié con suavidad el sudor y el rastro de nuestros cuerpos con un paño húmedo, luego lo cubrí con las sábanas y nos quedamos abrazados, recuperando fuerzas antes de continuar con el viaje.




Más tarde


Pasaron unas dos horas, el sol ya estaba más alto y era momento de partir. Me levanté primero, me vestí de nuevo y ayudé a Baekhyun a hacerlo también, mientras revisaba que no faltara nada en las maletas. Cuando todo estuvo listo, nos quedamos parados en la entrada de la casa, mirando hacia adentro un último momento.


—Ya es hora, mi vida —le dije con suavidad, tomando su mano.


—Voy a extrañar mucho esta casa… todos los recuerdos que tenemos aquí, nuestra primera noche, las risas, las comidas… —dijo él con un tono de tristeza en la voz, mirando alrededor con nostalgia.


—Lo sé, yo también —lo atraje hacia mí y lo abracé fuerte, dejando que apoyara su cabeza en mi hombro—. Pero recuerda: no nos vamos por olvidar esto, sino para proteger lo que tenemos. No quiero que nadie intente separarnos ni te arrebate de mi lado. Aquí habrá gente que no respeta nuestro vínculo, y prefiero estar lejos donde nadie pueda mirarte con ojos equivocados.


—No lo harían de todas formas —respondió él, mirándome a los ojos con seguridad—. Jamás me iré de tu lado, Channie. No importa dónde estemos, siempre seré tuyo y tú mío.


—Lo sé, mi amor… pero quiero que vivamos en paz, sin desconfianzas ni miradas que nos incomoden. Ahora vamos, que nos espera nuestra nueva vida.


Cargamos las maletas en el coche y emprendimos el viaje, dejando atrás esa casa y esa etapa, con la esperanza de lo que nos esperaba al llegar.




En la nueva casa


Cuando por fin llegamos, entré primero y abrí la puerta principal, dejando que Baekhyun pasara delante para verlo todo con sus propios ojos.


—¿Te gusta? ¿Es lo que imaginabas?


Se quedó parado en la entrada, con la boca entreabierta y los ojos muy abiertos, mirando hacia todos lados: la sala amplia y luminosa, las ventanas grandes que dejaban entrar mucha luz, el jardín al fondo y la escalera que subía a las habitaciones.


—¡Es enorme, Channie! Es preciosa… mucho mejor de lo que esperaba —exclamó emocionado, corriendo un poco hacia el centro de la sala.


—Aquí viviremos de ahora en adelante, solos, sin que nadie interfiera en lo nuestro —le expliqué, acercándome para rodear su cintura por detrás—. Podremos decorarla como queramos, hacerla nuestra y vivir tranquilos.


Baekhyun se giró rápido, se abrazó a mi cintura y ambos nos quedamos contemplando todo lo que nos rodeaba, sintiendo que al fin podíamos respirar con calma, sin miradas ajenas ni presiones externas.


—Bebé… —le llamé, tomando su rostro entre mis manos para que me mirara a los ojos.


—Dime, mi vida.


—Recuerda esto siempre, donde sea que estemos: eres mío y lo serás por toda la eternidad —me acerqué a su boca y lo besé con todo el amor y la pasión que sentía—. Así que no te alejes nunca de mi lado, ni permitas que nada ni nadie nos separe.


—No lo haré —respondió él con una sonrisa brillante, iluminando toda la habitación—, porque tú también eres mío, solo mío, para siempre. Te amo más que a nada en este mundo.


Lo volví a cargar en brazos y entramos juntos por completo a nuestra nueva casa, cerrando la puerta detrás de nosotros y dejando fuera cualquier amenaza, cualquier mirada o cualquier deseo ue no fuera el nuestro. Nadie volvería a separar al amor de mi vida de mi lado. No mientras yo siguiera con vida y estuviera dispuesto a luchar por él, a protegerlo y a cuidarlo cada día.


Y así sería para siempre, en ese nuevo hogar que construiríamos solo para nosotros dos.


*fin*