Educando a Emilia

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Sinopsis

Emilia, una ingeniera Italiana en busca del sueño americano, se convierte en profesora de italiano en la secundaria Rosehood, cuándo de pronto, se ve obligada a aceptar clases particulares para Liam, un estudiante de familia adinerada, para poder pagar el tratamiento de su padre enfermo. Sin embargo, su vida se complica aún más cuando conoce a Marco Walker, el apuesto director de la universidad donde trabaja, cuyo pasado está envuelto en misterio. A medida que Emilia se sumerge en su nuevo trabajo y en la vida de Liam, se encuentra atrapada en un torbellino de secretos familiares, amoríos, encuentros sexuales intensos y decisiones morales difíciles. Mientras lucha por mantenerse firme en sus principios, Emilia se ve cada vez más envuelta en un mundo de apariencias engañosas lujuria, a amor y oscuros secretos que podrían poner en peligro todo lo que valora.

Estado:
En proceso
Capítulos:
6
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Primer día de clases

Salgo temblando de la ducha tras bañarme con lo que parecía agua helada, dios, pago el dinero suficiente para tener al menos una cantidad considerable de agua caliente al bañarme, y en este mes de vacaciones no hubo ni una vez en la que faltara el agua caliente, pero heme aquí, el primer día de clases y justo hoy, el destino decide castigarme iniciando un día importante con nada más y nada menos que una ducha helada.

Tras ponerme un blazer café claro, camisa, pantalones a juego y mis tacones más cómodos y favoritos, salgo de mi alcoba y me dirijo al cuarto donde mi padre, para mi sorpresa, ya ha despertado.

Me mira, con ojos inexpresivos

-¿Qué haces despierto a esta hora papá? -le pregunto mientras miro a mi reloj y camino hacia su mesita de noche, donde están sus frascos de medicina. Con los medicamentos que toma para el tipo de Párkinson que padece, debería estar dormido hasta el medio día, pero apenas son las ocho de la mañana, para el esto es madrugar. Lo bueno es que se entretiene leyendo todo el santo día, y ese hábito también lo tengo yo, no tenemos televisión por lo mismo, lo cual nos deja leer en paz. Lo único malo que le veo a ello es que no me entero de nada de lo que sucede en el mundo real, pero para eso tengo a mis compañeras en el colegio.

-Me despertaron tus quejas en la regadera Emilia, estoy seguro de que despertaste a más de la mitad de la calle

Lo miro con cariño y suelto una pequeña risa mientras saco la última cápsula de “Levodopa”, genial, empezando bien el día, pasaré a la farmacéutica de regreso de clases para comprar un nuevo frasco, es costosa, pero vale la pena ver como ha mejorado su calidad de vida desde que la comenzó a tomar, puede hacer de todo ahora, pero tiene uno que otro ataque de vez en cuando, lo que le impide trabajar. La Levodopa es la razón por la que dejamos Italia, pues solo está a la venta en Estados Unidos, y no me arrepiento de nada. Ver a mi padre feliz, siendo la única persona que me queda, me hace también feliz a mi. Por supuesto hecho de menos mi ciudad Natal de vez en cuando, pero sin sacrificios no hay finales felices, y aunque esto no es para nada mi final ni el de mi padre, es un comienzo del que me siento orgullosa.

-Toma esto papá -le acerco un vaso de agua para que tome la cápsula, mientras lo miro con cariño, al notar que es la última, continúa:

-Ya me siento mejor, pronto podré ayudarte a trabajar -sonríe hacia mi- este viejo aun tiene mucho por dar

Le extiendo un plato con los huevos revueltos que le cociné antes de la ducha, relleno su taza de café y añado un nuevo pan francés a su plato.

-No te preocupes, me gusta trabajar, tu debes descansar papá -me acerco a el, dándole un beso en la frente, tomando mi bolso

La verdad odio ese colegio, pero vale cada centavo que me pagan

-Suerte en tu primer día! -grita mientras salgo de la casa- Que no te saquen de quicio esos niños!

-Adiós papá! -grito mientras comienzo a caminar por la acera, está un poco nublado, lo que significa que mi cabello se esponjará a lo Italiano; bruscamente y de repente.

Soy profesora de Idiomas en el colegio Rosehood, un colegio lleno de niños ricos y mimados que van y vienen desde los tres hasta los veintiséis años, el colegio tiene instalaciones para darse el lujo de impartir clases desde nivel preescolar hasta universidad. Yo en mi caso, como no es una materia de una sola especialidad, salto de grupo en grupo. Este semestre impartiré clases a tres grupos, un grupo que ha estado conmigo desde que su generación entró, un grupo de nivel secundaria y un grupo universitario. Por eso es que me gusta usar mis tacones color blanco favoritos, no sufro al caminar entre edificios para dar clase y me hacen lucir bonita y sofisticada, no soy rica como ellos, obviamente, pero agradezco tener el porte y personalidad heredados de mi padre como para poder mezclarme entre esa bola de élite que tengo como compañeros de trabajo, doctores, maestros, todos con al menos un posgrado. La única rescatable de ahí es Lucía, quien es también un doctora muy reconocida, pero es lo suficientemente humilde como para mantener los pies en la tierra.

De repente, tras minutos de caminar en la acera en camino al colegio, un suceso inesperado, de esos que realmente echan a perder un día que ya iba mal, me trae al presente de nuevo.

Estaba tan inmersa en mis pensamientos que no puse atención al abrir la puerta de mi cafetería favorita, en respuesta ante mi falta total de atención, la vida me recompensa con un ardor inmenso en el estómago.

¡Ouch!

Como si no hubiera tenido el mejor inicio de semana con mi ducha helada y la falta del medicamento de mi padre y ahora esto, salto ante el ardor en mi piel, y abanico un poco con mis manos.

Un tipo idiota acaba de derramar café encima mío

Mi piel escuece bajo el café hirviendo, y mi blusa blanca ahora está manchada y opaca, ahora mis compañeros de trabajo definitivamente van a poder burlarse de mi, tengo el tiempo calculado, no puedo regresar a casa a cambiarme, ¡Maldita sea!

Levanto mi cabeza en cámara lenta y me encuentro al hombre responsable de tremenda mancha mirándome.

-¡Oh, por Dios! Lo siento muchísimo, no quería hacerlo, me empujaste al abrir la puerta

Fue la gota que derramó el vaso.

-¿Entonces es mi culpa? -probablemente sueno mas agresiva de lo normal, pero no estoy para sonrisas ahora, estoy de malas.

Al parecer el si está de humor, pues me dedica un sonrisa que fácilmente podría iluminar la habitación llena de personas, aprovechándose de lo que parece su encanto natural, aprovecha para reír hacia mi también, sonando arrogante, sus ojos azules vuelven a mirarme al pecho, yo hago lo mismo y ahora observo como mi sostén se transparenta tras la mancha. Perfecto, mi día va mejorando cada vez más.

-Pues si, un poco -ríe, extendiéndome la mano- me llamo Víctor, Víctor Walker, ¿Cuál es tu nombre?

El hombre de no más de treinta y tres quien ahora sé que se llama Víctor no deja de mirarme. Yo en cambio, observo el reloj detrás de él en la cafetería, mierda, ya voy tarde.

Víctor me da un par de servilletas, las tomo con la mano izquierda y le extiendo mi mano derecha para corresponderle, en respuesta, me da un firme apretón, esperando pacientemente a que me presente. Quiero gritar y hasta llorar como la mujer dramática que soy, pero no tengo tiempo, ganas, ni humor ahora mismo así que decido ser sarcástica o hasta grosera.

-Mi nombre es señorita no te interesa, si me disculpas, ya voy tarde, hasta luego -agrego mientras comienzo a caminar hacia el colegio- ¡Gracias por la mancha!

Ducha helada, primer día de clases, la medicina se terminó y ahora esto.

Tras apretar las servilletas tratando de quitar la mayor parte de humedad en mi blusa, abrocho mi blazer, pongo mi bufanda y pido al cielo que el clima no se caliente porque no planeo quitarme esta bufanda de lana en todo el día, camino lo más rápido que puedo hasta que al fin llego al colegio. En punto, Lucía ya está esperándome en la puerta.

-¡Apúrate! -me grita- ¡Presentarán al nuevo rector!

Con pasos pequeños pero rápidos, me acerco a ella y me disculpo por haber llegado tarde. Las dos comenzamos a caminar en dirección al auditorio donde ya se debería encontrar el nuevo susodicho, nuestros compañeros profesores, y los estudiantes.

Aunque odie este lugar por las personas que trabajan en él, el colegio fácilmente podría confundirse con la infraestructura de Harvard y Yale, el diseño barroco de todo Rosehood es impresionante, a veces, hasta he fantaseado con quedarme aquí y fingir que soy una princesa en apuros, nada raro, lo hacen todas las chicas, o eso supongo. En cuanto llegamos al auditorio, tomamos asiento y nos disponemos a mirar al frente, donde el antiguo rector, relevará su puesto al nuevo jefe, quien según él está esperando a que lo nombre para salir al podio.

-También quiero mencionar, que es Doctor en ciencias, su postdoctorado tiene especial en Nanotecnología y fue el creador universal de la primera vacuna contra el SARS-CoV-2

Vaya, el tipo prácticamente salvó al mundo. Debe ser uno más de ellos, condescendiente, arrogante, déspota, grosero...

-Les presento al Doctor e Ingeniero, Víctor Walker

Ay mierda

Ese hombre precioso que acaba de salir al podio, con el cabello cobrizo, los mismos ojos azules, cuerpo tallado por los mismísimos griegos, y con manos y mandíbula tan filosos que podrían partir mi manzana de desayuno en dos, también es el tipo que acaba de dejar una mancha inmensa color muerte en mi blusa y que acaba de arruinar mi día dos veces en menos de una hora. Esto tiene que ser una broma.

Es mi maldito nuevo jefe. Mi maldito. nuevo. jefe.

-Muchas gracias -anuncia, en cuanto suelta la mano del rector anterior. Las demás profesoras comienzan a cuchichear detrás mío, dejándome saber que ya las trae babeando por él- es un honor para mi venir aquí. Siempre he dicho que si posees conocimiento, debes compartirlo, y es por ello que mi pasión por enseñar es lo que hoy en día, me trae frente a ustedes...

Seguramente así como es de guapo, es engreído. Viste completamente de negro, su barba está perfectamente recortada, con trajes que lucen hechos a la medida, habla con propiedad, y con un encanto que haría que Martha, la más gruñona de las profesoras cayera de rodillas ante él. Apuesto a que huele al más caro de los perfumes Armani y que conduce un auto carísimo.

Con un poco de suerte, no hablaremos nunca, trataré de no estar a la vista en los lugares en los que el esté y procuraré pasar de desapercibida, tal vez dejaré pasar un poco de tiempo hasta que se le olvide quien soy y todo quede en el pasado. La sensación de pena y vergüenza que siento ahora me está abrumando, no puedo darme el lujo de perder mi empleo, aunque no lo culparía por despedirme por lo grosera que fui con él. Esta vez si lo jodí.

Para mi absoluto horror y consternación, lo que dice a continuación, echa a perder todos y cada uno de mis planes:

-Como parte del plan con mi compromiso en este colegio, me presentaré ante todos y cada uno de mis docentes para conocerlos mejor. También evaluaré sus clases, entraré como oyente y retroalimentaremos su enseñanza...

Mierda mierda mierda, suerte que enseño Italiano y no química, esa plaza ya no estaba disponible, y ahora lo agradezco, porque el Italiano no tiene nada que ver con la ciencia.

-... cabe mencionar, que esto lo haré en todas las áreas, afines a la ciencia o no.

Mierda

Lo invoqué yo, ¿verdad?

Unos minutos después de todo su "speech", finalmente termina

-Es un gusto estar aquí -añade y señala frente a él a los alumnos- los chicos pueden tomarse un par de horas libres, veré a los docentes en la sala de juntas por favor, muero por conocerlos. Muchas gracias.

La sala se llena de aplausos y cada uno de ellos es un golpe a mis nervios, tengo que aguantar las ganas de abrir la web en mi celular e ir buscando un nuevo empleo.

Maldigo en voz baja a mi padre, porque así como me heredó el porte y la personalidad, también me heredó su horrible mal humor junto con su sarcasmo y contestaciones.

-Está guapísimo -me dice Lucía- ven vamos a presentarnos

Sin darme oportunidad de contestar, Lucía me toma por el brazo para dirigirnos a la sala de juntas, donde ya están yendo los demás. Estoy apunto de presentarme al mismo hombre que minutos antes había sido motivo de mi ira e irritación, y que ahora es el hombre que ocupa el puesto más alto en la institución.

Para cuando llegamos, las personas están formadas para hablarle, la Directora Luisa, quien es la que los está presentando, da una breve pero concisa introducción de cada uno de nosotros para que no sea solo decir nuestro nombre y ya, y también claro, para ahorrar tiempo.

Relájate Emilia, por favor, ya no puedes joderla más, ya estás aquí

Aliso mi blazer, acomodo mi bufanda que oculta la mancha enorme que él provocó y limpio mis manos nerviosas y sudorosas en mi pantalón.

¿Le pido disculpas ahora? No, eso va a verse mal frente a la directora.

¿Y si hacemos como si nada hubiera pasado? No, eso sería aún más grosero.

Tal vez debería buscarlo en privado después para disculparme personalmente y así verme arrepentida y quedar bien con él.

Si, eso es una mejor idea

Entonces, llega el momento de lo inevitable. Mis ojos se encuentran con los de Víctor cuando la directora menciona mi nombre para presentarme frente a él como una de las profesoras más destacadas del colegio. Mis mejillas se sonrojan y la vergüenza me envuelve en una neblina de ansiedad mientras me obligo a mantener la compostura frente a todos.

-Aquí tenemos a la señorita Emilia Ricci, una de nuestras más brillantes profesoras, ha enviado a cientos de estudiantes de intercambio con Italiano perfecto, incluso tiene una certificación avalada a nivel global -Anuncia Luisa, y siento que todos los ojos al rededor se ponen sobre mi.

Intento mantener la mirada baja una vez estoy frente a él, incapaz de soportar su fuerte presencia después de mi comportamiento esta mañana.

-Mucho gusto -le digo, armándome de valor

Sin embargo, cuando levanto la vista, me sorprende ver una chispa traviesa en sus ojos y una sonrisa sorprendida y juguetona en sus labios.

Imbécil, ¿Qué le da risa?

-Oh, señorita no le interesa, que agradable coincidencia.