prólogo
"En los tiempos antiguos, dónde todo era muerte y guerras, los humanos acababan a la naturaleza dejando atrás destrucción sólo por sus desacuerdos, un poco molesta la diosa de la naturaleza creó un enorme bosque, el más grande de todos, sólo para sus amadas criaturas.
Con el tiempo los animales iban llegando para habitar aquel bosque que los iba a proteger, era una sola criatura de cada especie y subespecie. Todas las criaturas para tener más libertad, el bosque les concedía un espíritu humano, así todos podían convertirse en humanos como una nueva experiencia, pero no era eternamente.
El bosque iba aumentando en pobladores, así que la diosa de la naturaleza decidió crearle también un espíritu humano al bosque para hacer su trabajo un poco más fácil.
Su espíritu tenía el cabello negro como la oscuridad, sus ojos eran verdes oscuros como la imagen del bosque en la noche, su personalidad... no la tenía definida, pero sabía cuál era su misión...
Proteger a todas las criaturas.
Pero había un pequeño detalle, el espíritu del bosque era invisible, y nadie lo podía ver, haciendo sentir solo al espíritu.
El ya se había definido como solitario, sintiéndose triste al ver a todos reír y divertirse. Desde que fue creado jamás sonrió.
Pero una linda mariposa se cruzó en su camino...
Era una niña cuando la vio, sus alas en la mayoría de blanco, con azul la hacían una mariposita muy bonita, una luz la empezó a rodear, dando señal en que saldría su espíritu, salió una niña de cabello y ojos color del mar con una sonrisa inocente que encanta a todos quién la conoce. Hasta a él.
Siempre la vigilaba, y siempre sonreía, no se sentía tan solo al estar a su lado, aunque ella no lo notara. La pequeña mariposa fue creciendo a los ojos del bosque, encantando y enamorando aún más a su espíritu, lo admitía...
La mariposa lo enamoró...
Pero él sabía... Que su amor no sería correspondido...
El bosque siempre la observa, pero ella no se da cuenta... "