Capítulo 1
NARRA T/N
Las clases acabaron con normalidad, recogí mis cosas y las metí en la mochila, me ajusté el cuello de mi uniforme universitaria y me dispuse a abandonar el aula acompañada de mis amigos. A diferencia de ellos, contaba con un horario que seguir estrictamente a fin de poder trabajar a la par que estudiaba y así costearme los estudios. Por lo que unirme a sus clubes de extraescolares, así como planes sociales y supuestamente divertidos, eran totalmente imposibles para mí.
En su lugar, debía darme prisa para tomar el autobús y llegar a casa lo antes posible, donde con suerte mamá habría dejado algo de comer para Diane y yo. A diferencia de mí, mi hermana asistía un instituto normal y corriente que quedaba cerca de casa, por lo que su vida de estudiante no era ni por asomo tan frenética como la mía. Cuando por fin llegué a casa, me apresuré en quitarme los zapatos, ponerme las zapatillas y saludé al marco que contenía la foto de nuestro padre. Todavía me inquietaba su ausencia, pero no es como si pudiera echar el tiempo atrás.
-T/N: ¿Diane, dónde has dejado botas negras?
-Diane: En el armario de la entrada - gritó desde la cocina - ¿Para qué las quieres?
-T/N: Me hacen falta en el trabajo, pero como siempre... Las has vuelto a coger sin permiso - rodé los ojos y las tomé - Oh genial, y encima están llenas de barro. ¿Qué te dije la última vez?
-Diane: Venga T/N, son geniales y combinan con casi todo - hizo un puchero - Si pudiera tener las mías propias no tendría que tomar las tuyas... Por lo que, aprovechando que se acerca Navida podrías-
-T/N: Ni hablar, no podemos permitírnoslo - la corté de raíz - ¿Has calentado el tupper que ha dejado mamá? - abrí el microondas - Agh, no has puesto la tapa y lo ha salpicado todo de salsa - la miré mal - Te toca a ti limpiarlo.
-Diane: Ooops - se encogió de hombros - En cuanto a las botas, trabajas todos los días. Creo yo que combinando un poco de lo que ganas con lo que gana mamá... Sí sería factible un par de botas nuevas - sonrió.
-T/N: - puse su plato delante de ella - Sabes que no, hay muchas facturas que pagar y mi universidad es de las más caras - suspiré y me senté a su lado - Además, ¿recuerdas lo que solía decir papá?
-Diane: “El tiempo es el regalo más valioso que puede entregarte una persona, porque este jamás podrá ser recuperado” - citó - Me lo sé de memoria, parecía un loro diciendo siempre lo mismo.
-T/N: Y además tenía toda la razón, el tiempo es algo maravilloso - sonreí - Es un concepto abstracto y a la vez familiar con el que convivimos desde hace siglos y proporciona explicación lógica a lo que somos prácticamente - la miré - Que una persona pase el tiempo contigo es lo más bonito que puede hacer por ti, y afortunadamente, tanto mamá como yo, somos afortunadas de pasar la Navidad contigo.
-Diane: - sonrió - Lo sé, y lo comprendo bien... Pero es que me muero por esas botas - soltó una risilla.
-T/N: No tienes remedio - negué con la cabeza enternecida - En fin. ¡A comer!
Disfruté escuchando a mi hermana hablar sobre sus múltiples historietas de adolescente mientras comíamos, pues cada día parecía ocurrirle algo nuevo. Desde situaciones graciosas con su grupo de amigos, a múltiples escenas vergonzosas con el chico que le gustaba y varias conversaciones disparatadas con profesores. ¿En serio había estado hablando sobre el divorcio con su nueva tutora? ¡¿De dónde sacaba el descaro para hacerlo?! ¿Qué le importaba a ella la vida privada de su maestra?
-Diane: Y es por eso que acabó por divorciarse - concluyó - Ahora está viviendo con su nuevo amor, aunque creo que durarán poco.
-T/N: ¿Por qué dices eso? No puedes ser tan negativa - hice una mueca y puse mi plato vacío en el fregadero - Si se quieren mucho, a lo mejor su relación perdura.
-Diane: Nah, nuestra tutora es más bien un alma libre... No tardará en enamorarse de otro y ponerle los cuernos con el que está ahora. A saber quién será su nueva víctima - se encogió de hombros - Las señoras de hoy en día están necesitadas de mucha atención, por eso hacen tonterías. ¿No crees?
-T/N: No sé - reí - Creo que hay formas más coherentes de entretenerse antes que jugar a coleccionar hombres.
-Diane: Como mamá, en vez de buscar a alguien nuevo después de papá... No ha hecho más que trabajar y trabajar - recogió los platos y empezó a lavarlos así como el microondas - ¿Crees que volverá a enamorarse?
-T/N: No creo, la memoria de papá aún sigue muy presente - apreté la mandíbula - Además, no es como si papá hubiese muerto o algo... Simplemente no ha regresado aún, quizá vuelva Diane.
-Diane: O quizá no - frunció el ceño - Mamá tendría todo el derecho del mundo a rehacer su vida. ¿No?
-T/N: Sí, pero papá volverá y volveremos a pasar el rato con él y a escuchar sus viejas historias sobre aventuras alucinantes. ¿No suena bien? - traté de convencerla.
-Diane: Echo muchísimo de menos a papá, T/N - suspiró - Pero si después de dos años, todavía no ha regresado... Es por algo, a lo mejor tiene hasta una nueva familia. ¿Quién sabe?
-T/N: Papá no sería capaz, y lo sabes bien - contesté un tanto molesta - Que aún no haya regresado no significa nada, su desaparición fue de lo más inesperada y la policía no llegó a encontrar ninguna pista concluyente. Lo cual quiere decir que todavía hay posibilidades de que regrese.
-Diane: Más bien de que no lo haga - me corrigió.
-T/N: Hay que mantener su recuerdo presente, es nuestro padre.
No quise seguir discutiendo con ella porque habían detalles sobre la desaparición de papá que no podía compartir, y también porque debía cambiarme de ropa y dirigirme a mi puesto de trabajo. Salí de casa decidida y tomé el bus hasta llegar a la estación de tren de la ciudad, una vez allí saqué mi tarjeta con mi identificación y me adentré en una especie de almacén. Una vez allí, abrí una escotilla oculta dentro de un armario que daba acceso a unas escaleras. Bajé por estas hasta llegar a mi verdadero puesto de trabajo, porque no, mi oficio no tenía nada que ver con el sistema ferroviario de Washington. Yo trabajaba para la ATF, o en otras palabras... La Agencia Temporal Federal.
-T/N: Agente T/N Hawthorne - me identifiqué antes de que abrieran las compuertas hacia el interior de la institución.