La Reina Y Su Dragón por aradia en Inkitt
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La reina y su dragón

Sinopsis

La reina quien recibió la frialdad del rey fue siendo olvidada luego de tener al príncipe, pero siempre olvidaba que el dragón volvería con su reina. [Esto será una historia GL o Yuri, como deseen llamarla]

Genero:
Romance/Other
Autor/a:
aradia
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Única parte

El evento que todos los habitantes del reino esperaban estaba dando inicio; el gran huevo de dragón fue puesto en medio del gran patio del palacio.


Todos los príncipes se pusieron a una distancia segura alrededor del huevo.


Era tradición que cuando encontrarán el huevo dorado del dragón, este cuando naciera elegiría al próximo Rey y le sería fiel hasta su muerte, estarían conectados.


Y hoy era ese día, los nobles de alto rango se reunieron con sus familias para presenciar el evento, algunos esperaban que el príncipe que apoyaban sea el elegido y otros solo querían que terminara rápido.


Pronto se escuchó el crujido característico, se formó un silencio sepulcral; pronto otro crujido seguido de otros más.


Un pedazo del cascarón cayó y un hocico se pudo apreciar, otro crujido y un pedazo más grande de cascarón, pronto la pequeña criatura se abrió paso hacia el exterior, sus ojos dorados se posaron en cada uno de los príncipes.


«Estos humanos apestan, no escogeré a ninguno de estos»


La dragona se sentó y miro fijamente al primer príncipe.


«Si estos son los candidatos de esta época... Están tan podridos»


La criatura dió unas vueltas en su lugar, negó y empezó a alzarce en vuelo, había vivido tanto estos momentos, ¿Elegir un rey digno?, ¿Cuántos siglos de hacer lo mismo?, Lo único digno que encontró en algunos eran sus esposas, y luego otras eran arpías fastidiosas.


Solo seguía al rey por el simple hecho de estar conectados, esta vez los candidatos estaban podridos, unos más que otros; no estaba dispuesta a formar parte de ese circo.


Y ahora iba a volar fuera de los límites del reino, tal vez cruzar a otro continente, pero esos planes de fueron al desagüe, ¿Qué olor más puro era ese?, Tal vez un niño, pero esos tenían un aroma distinto; ya lo había olido antes... Siglos atrás, una concubina del Rey a quien había tomado después de masacrar a su familia, no perdió pureza aún después de eso.


Aquella concubina le sirvió a su antiguo yo, le encantaba aquella pequeña chica; pero luego se corrompió cuando tuvo al primogénito del Rey, ya no había Sido divertido después.


Tal vez debía aprovechar ese olor para un descanzo, ya cuando tuviera un hijo de seguro y se corrompía.


Descendió cerca del lugar del olor, no estaba tan lejos de donde despegó, se abrió paso hasta estar frente a una niña, era linda.


Se acercó a ella, la niña sonrió mientras extendía sus manos para acariciarla.


-El dragón... No escogió a ninguno de los príncipes-


Los nobles empezaron a murmurar, nada importaba, estar en brazos de la niña era tan relajante; en verdad esperaba que la niña no se corrompiera, quería tenerla para ella, si la encerraba se mantendría pura, si; pero la empezaría a odiar, no le gustaría que ese olor estuviera contaminado con odio.


Bien solo debía tenerla para ella.


-Si fue escogida por el dragón en lugar de alguno de los príncipes deberiamos volverla reina-


«¿Le agradará la idea de ser reina?, ¿Tal vez le gustaría algo más?, ¿Ser emperatriz?»


-Pero no tiene sangre Real-


«¡¿Cómo se atreven?!»


Antes de que la criatura saltará de los cómodos brazos de la niña, el Rey hablo.


-El dragón escogió, es cierto que no tiene sangre real, pero aún se puede casar con uno de los príncipes y ser la reina-


Pronto la dragona saltó y quedó frente al rey, sus alas la cubrieron y luego al abrirse nuevamente estaba una niña de cabellos rubios y ojos dorados.


-Deja a mi reina en paz, tus hijos podrán casarse con ella solo si alguno de sobrevive, ella lo tendrá todo; esos niños tuyos apestan por eso no los escogí, tu país caerá en ruinas si alguno de ellos asciende al trono, pero si aún quieres seguir ciegamente con tu línea real entonces pondré condiciones- la niña miro seriamente al rey, era obvio quien tenía el poder- Si alguno de tus hijos logra ganar la guerra por el trono, algo que hiciste tú al yo no estar; entonces ella será la reina, principalmente será MI reina, quiero lo mejor para ella; cumple eso y tendrás al otro continente a tus pies en unos años, protegeré tu país primero, cuando ella tenga 19 iré a conquistar el otro continente, le daré a tu imperio oro y honores, tendrás lo que quieras... Pero ella será la reina, nada podrá hacerle daño, tendrá lo mejor- La niña sonrió mostrando los colmillos.


-Le daré la posición de Reina, tendrá lo mejor, lo prometo; mientras tú me des lo que prometes, el hijo que la tenga de Reina la tratará tan bien que será una diosa, y el hijo que tenga con mi hijo será bendecido y alabado junto a su madre por todo el continente que conquistes-


-Me alegro que nos entendamos Rey-


Los nobles que estaban ese día fueron testigos del pequeño pacto que hizo el rey con la dragona, la familia de la futura reina fue puesta en un alto pedestal de la nobleza, la dragona fue a vivir con ellos, obtuvieron de todo; y la pequeña Reina empezó a estudiar.


La dragona la seguía a todos lados, en ocasiones jugaban en el patio de la gran mansión, a veces en su forma original y otras en forma humana; cada día su lazo crecía.


-Aun no sé tu nombre- la voz de la niña se escuchó luego de que se cerrará la puerta.


A la dragona le gustaba su voz, era suave, casi dulce cuando hablaba con ella; y sus ojos un marrón oscuro, pero le gustaba más decirle marrón borgoña, brillaban cuando hablaban.


-No tengo nombre mi Reina, solo soy un dragón; solo existo para dar poder, por eso debemos de escoger bien a quien gobernará -


-Eso es triste, ¿Te la pasaste siglos sin un nombre?-


-Si-


La pequeña Reina inflo los cachetes y pensó por unos minutos.


-Te daré un nombre, buscaré bien para tí-


La dragona soltó un risa y asintió.


-Cualquier cosa que venga de mi Reina la tomaré-


La niña salió feliz de la habitación, fue directo a la biblioteca y estuvo buscando en cada libro que había.


-¿Ewen?... No, no suena bien para un dragón-


La dragona vio divertida como la pequeña subía las escaleras, no tenía que preocuparse, uso magia para que nunca se hiciera daño, le quitó mucho, pero se recuperaría en unos años, no escatimaria en gastos para mantenerla segura.


Debería traerle algo para que coma y mantenerla hidratada, miro al pequeño guardia de su Reina, no le gustaba; era demasiado débil para dejarle cuidar de su Reina, vería cómo crece.


Le tomo una semana buscar un nombre adecuado para la dragona, ella crecía más rápido que un humano normal.


-¿Ya tiene mi nombre mi reina?-


-Si- miro con emoción a la dragona cosa que hizo que está sonriera- Eugenia-


-Bien, soy la dragona Eugenia-


Hizo una reverencia que la niña imitó alegremente.

Pronto se pudo ver qué la futura reina no estaba fuera de peligro aún con el dragón protegiéndola.


Estaban tomando el té cuando la reina tomo unas galletas, al parecer estaban salada y tuvo que tomar mucho té, pero cuando terminó de beberlo empezó el caos.


La sangre salía de su boca, sus oídos y nariz, la Nana entro en pánico, todos gritaban, ella solo pudo pensar en Eugenia, quién por tanto ruido salió a ver qué pasaba.


Tomo a su reina en brazos para salir volando lejos del lugar.


-¡Viejo!- la dragona irrumpió en el palacio.


El rey la miro mal, pero al ver a la futura reina se trago todo insulto.


-oh por Dios... Llamen a los magos y médicos, ponla ahí-


Eugenia hizo caso, dejo a su Reina en la cama del Rey, la reina aún estaba dormida, pero no importaba ella.


-Estaras bien- Eugenia beso la mano de su reina.


-¿Tú estás bien?- pregunto el rey, ya con la reina en su lado.


-Yo estoy bien... Puedo soportarlo, el vínculo aún no es tan fuerte- miró la pequeña mano.


Los magos y médicos de palacio de abrieron paso a la habitación.


Eugenia fue a sentarse frente a los reyes mientras mantenía su mirada a las personas que tocaban a su reina.


-¿Cómo pasó esto?- pregunto el rey.


-No lo sé, hace unos días me dió un nombre, se supone que hoy tomariamos té junto a Carmen Donna su niñera; yo estaba leyendo un libro y luego escuché el ruido, si tan solo hubiera estado junto a ella-


-Esta bien, no te tortures... ¿Qué nombre te puso?-


-Solo ella puede llamarme por el nombre... Cuidala, tengo que ir a descubrir quién fue, lo asesinare con mis manos-


-Si, anda ve y matalo, no diré nada; igual yo no tengo voto en tu decisión-


-Exacto viejo, entre un Rey y un dragón existen escalas-


-Claro, claro; ve antes de que se te escape el culpable-


-No se me escapará-


Voló de vuelta a la mansión dónde le esperaba una fila de sirvientes amarrados y amordazados.

Carmen Donna dió un paso al frente.


-Estos son los sirvientes sospechosos, vino un mago y verificó que todos los ingredientes de la cocina tenían veneno-


Estaba el chef de la familia, el no olía a veneno, solo sus manos por tocar los ingredientes.

No importaba si moría, pero a su reina le gustaba su comida.


- Quítale eso al chef, el no fue; trae un mago para tratarlo, está algo envenenado-


Continuó el camino y olió a uno de los sirvientes, era nuevo, y apestaba como los príncipes, era tan putrefacto.


Lo tomó por el cuello y lo miro fijamente, sus ojos pasaron de dorados a rojos en segundos.


-Es nuevo, lo contratamos para trabajar como ayudante del chef- Carmen Donna habló por el chico.


Paso una de sus uñas por s el rostro asustado del sirviente, quitaron la mordaza antes de que ella le cortará la cara.


-¿Quién te envío?-


-No se lo diré, monstruo- escupió subiré su rostro.


-¡Maldito humano!-


La furia del dragón estalló, los sirviente y Carmen Donna huyeron de la habitación, unos minutos bastaron para que aquel chico estuviera arrastrándose dejando manchado el piso.


Antes de recibir otro ataque del dragón decidió hablar.


-Fue el duque Largy, el quiere que su hija sea la reina, dijo que si la mata a usted también caería-


-Largy... Bien hecho muchacho- sin pensarlo mucho hizo un corte limpio para cortar su cuello- se arrepentirá de tocar lo mío-


Esa semana toda la rama familiar de los Largy fueron exterminados, nadie tocaría el tesoro de un dragón sin que esté los matará en el proceso.


El domingo, Eugenia se dió el tiempo de visitar a su reina quien andaba corriendo por los jardines del palacio.


-¡Eugenia!- su reina estaba con una sonrisa tan grande.


-Mi reina- tomo su delicada mano y depósito un beso en el dorso de esta.


-Ven, vamos a comer algo; me dijeron que no te alimentaste está semana-


Durante unos meses Eugenia busco formas de fortalecer más rápido el lazo con su reina, pasando más tiempo con ella, llevándole regalos y durmiendo con ella.


Pronto llegó el cumpleaños de su reina, había volado una semana entera para buscar algo para ella, tenía que ser algo elegante, o tal vez suave; en especial tenía que gustarle a su reina.

Y ahí estaba, la mansión de su reina, la veía llena de personas; después del último intento de asesinato le ponía nerviosa que hubiera personas con mal olor, pero estás olían a miedo por lo que fue seguro bajar y verificar el estado de su reina.


-Mi reina, feliz cumpleaños; te traje esto- sonrió mientras le daba una gran caja y sobre está tela de seda, lo suficiente para seis vestidos- oh... Creo que la caja la pongo aquí-


Coloco la gran caja en el suelo antes de sonreír a su reina, le acaricio la cabeza mientras veía como sonreía.


-¡Son joyas!- su reina sonaba feliz, hizo un buen trabajo y eso le hizo inflar el pecho de orgullo- Mira hermana son diamantes- si, se veía tan feliz.


Horas más tarde, la caja de joyas y la tela más preciosa quedaron olvidadas por su reina, ya que la tenía abrazada a su cola, por alguna razón era su mayor entretenimiento por el momento; a veces la sacaba para que le ayudará a tomar a su reina cuando tenía las manos ocupadas.


-Eugenia- la madre de su reina la llamó.


-¿Si madam?-


-¿Podrías llevar a Itika a la habitación de invitados?, Se quedará por esta noche; abrigala bien, es algo enfermiza y su familia la dejo con un poco de duda-


-Esta bien-


Fue a ver a la pequeña niña de cabellos plata, ¿O eran blancos?; Estaba cabeceando, la tomo en brazos para llevarla a la habitación, pero antes de salir del jardín su reina la detuvo.


-Eugenia- se escuchaba algo dolida.


-¿Mi reina?, ¿Te hizo mal la comida?, ¿Te lastimaste?- antes de que pudiera seguir su pequeña reina la detuvo con otra pregunta.


-¿Por qué llevas a Itika en brazos?, Yo también quiero que me cargues así-


-Ella está dormida y madam me pidió llevarla a la habitación de invitados, puedo llevarla conmigo de otra forma si desea-


-Si, por favor-


Enrollo su cola alrededor de la pequeña cintura de su reina y la mantuvo al aire, cumplió con su deber de poner a la niña en la habitación de invitados y le prestó atención a su reina.


-¿Desea volver a la fiesta mi reina?-


-No, quiero un baño y dormir-


Eugenia sonrió, su reina aún era una niña; movió su cola para poder tener a su reina en brazos y llevarla a su habitación.


-Carmen Donna, mi Reina quiere un baño-


-Si-


Esos fueron días felices, llevo a su reina de paseo múltiples veces; jugaba con ella hasta que durmiera y regresaban a casa, eran días pacíficos.

Pronto se anunció la lucha de sucesión, todo el país sabía que la dragona ya estaba vinculada a la futura reina, celebraron mucho; pronto la futura reina iba a fiestas de té con hijas de otros nobles, todos veían con asombro al dragón en brazos de la niña.


No había problemas con el tamaño, Eugenia era buena adaptando su tamaño a las necesidades de su reina.


Eugenia en secreto con el pasar de los meses no quería que ninguno de los príncipes se casará con su Reina, hizo mal en compararla con una concubina cualquiera, ella era única; deseaba que esos días nunca acabarán.


Se fijó en el niño que seguía para "cuidar" de su reina, llevaba años viendolo, no le tomo importancia, pero ahora viendolo acariciar la cabeza de su reina; tal vez debía deshacerse de él.


-Manten tus manos fuera del cuerpo de mi reina niño-


-¡Eugenia!- su reina corrió feliz a su encuentro- mira él es Alex Weichter, será un caballero, y quiere protegerme.


-Alguien que a penas huele bien no puede proteger a mi reina-


-¡Yo puedo hacerlo!-


-primero muerta antes de confiarte a mi reina-


Había Sido divertido derrotar tantas veces a aquel niño, fue tanto el esmeró del niño que empezó a recordar su nombre.


-¡Una vez más!- le gritó el niño.


Le había dicho que si la derrotaba, él podría cuidar de su reina; ella estaba feliz de que cuando ganaba podía tener a su reina felicitandola y dándole agua "por el agotamiento".


-Rindete Alex, mi reina estará más segura conmigo-


-¿Y cuándo te vayas?, Tú le dijiste al rey, que cuando ella cumpliera 19 te irías a conquistar el otro continente; entonces ella se quedara sola y sin protección alguna-


El niño tenía razón, pero habían otros más capaces que él.


-Derrota al mejor caballero del reino y te daré la oportunidad de cuidarla, o puedes solo derrotar a 5 caballeros imperiales-


Con eso, el niño se detuvo, volvía a tener paz junto a su reina, a quien ahora le gustaba ir a campos de flores, eran días felices.


Cuando su Reina tuvo 9 años el príncipe sobreviviente de la masacre fue nombrado príncipe heredero y se comprometió con su reina a los 17.


Ese bastardo no la merecía, ¿Debería matarlo?, No... Ella se pondría triste, tan solo debería cortarlo, pero ya había hecho un trato, cuando la otra parte no cumpliera podría hacer lo que quisiera.


Esperaba que la trataran bien, hoy era el día en el que se conocerían.


El bastardo ya estaba sentado, no se levantó para saludar a su reina, no le abrió la silla; no le agradaba y cada vez le caía peor.


Evans así se llamaba el bastardo, ya tenía su odio; rogaba que su reina no se enamorara de él, no quería compartirla y peor que la peste de Evans la contaminará.


Gracias a toda su buena suerte su Reina no se volvió a reunir con él, eso le agradó.


Pronto volvieron a lo de siempre, su reina asiendo corona de flores y ella tratando de hacerlas, en su forma de dragón su reina la terminaba llenando de flores, la sonrisa de su reina era hermosa, sus largos cabellos, tan hermosa.


Sus largos dedos, su piel tan suave, su voz dulce y a la vez elegante, sus pestañas; empezaba a amar de verdad a su reina, su lazo estaba más fuerte que nunca.


Los pequeños actos que antes eran comunes entre ellas, se le volvieron difíciles de hacer cuando se dió cuenta de cuánto la amaba.


Tomarse las manos se le volvió complicado, los besos en la mejilla que su reina le daba, y dormir junto a ella le resultaba imposible, podía sentir la respiración de su reina, se abrazaban al dormir y le resultaba complicado no dejar de escuchar el corazón tan calmado de su reina, cuando no podía calmarse solo miraba a su reina grabándose cada pequeño detalle de su rostro.


Pronto no lo vería por un largo rato.


Cuando sintió que las cosas se complicaban tuvo que huir, era un dragón de Miles de siglos enamorada, dejo a su reina en la mansión con una nota de que iría a buscar un regalo para su cumpleaños como todas las veces, solo que esta vez quería pensar.


Su reina sería tratada como diosa, no podría entrometerse más de lo permitido, si tan solo el rey no cumpliera su trato, pero no quería que su reina sufriera.

Estaba torturandose cuando sintió a su reina en peligro, claramente había dicho que no se le permitiera salir.


Al llegar aquel chico estaba protegiendo bien a su reina, luchaba contra varias personas; bajo para tener a su reina en brazos.


-Eugenia, pensé que no vendrías esta vez- su reina tenía lágrimas cayendo.


-siempre estaré para ti cuando estés en peligro, nunca permitiré que algo te lastimé- la llevo a un lugar seguro antes de volver por la familia de su reina.


Fue rápido, pronto tenía el nombre de quién fue el que provocó que su reina dudará de ella y que derramará lágrimas.

Igual que antes, aniquiló por completo a otro ducado, y el rey tuvo a varios nobles sobre él pidiendo que controle al dragón, sin embargo él solo se burló de ellos; si no atacaban a la reina, el dragón no los mataría, fácil.


En cuanto a Alex Weichter, le dió su aprobación, pero tendría que completar el entrenamiento de caballero y hacer su juramento a su reina.


Trajo el regalo de su reina más otras cosas más como futuros regalos de cumpleaños, no estaba dispuesta a que leyeran su horario para que atacarán a su reina; también tomo la decisión de dejar que su reina decidiera, no iba a forzarla a amar al bastardo de Evans, tampoco a forzarla para que la amará, todo tendría un tiempo.


-No quiero casarme- hablo su reina con molestia, ya tenía 18; pronto tendría que dejarla.


-Es lo que prometí, pronto tendré que irme, cuando regrese puede que seas mayor, pero serás feliz como lo prometió el rey-


-No quiero que me dejes- se escuchó su voz lastimera, estaba por llorar.


-Nunca la dejaré mi Reina, siempre estaré para ti, cuando vuelva quisiera que me cuentes de todos los lujos y alagos que recibiste, quiero que me digas cuan feliz fuiste-


-Pero, ¿Y si no amo al príncipe?-


-No lo ames, no soportaría que lo amarás, aunque si quisiera que él te amará, así podrías ser más feliz-


-No seré feliz sin ti-


-Mi reina... Tiene que ser la persona más feliz de este mundo, volveré y te prometo que me quedaré contigo hasta que sea el fin-


-Vamos a los botes- la futura reina estaba furiosa, la dragona lo sabía, la conocía muy bien.


La futura reina se sentó en un extremo y la dragona empujó levemente el bote y se subió en el extremo opuesto.


-Mi reina debería abrir la sombrilla, no quiero que se queme con el sol-


Empezó a remar mientras su reina se cubría del sol.


-si te vas a ir... ¿Puedo pedirte algo?-


-Claro, puedes pedirme el mundo si quieres-


-Entonces... Besame-


-¿Qué?- Eugenia creyó escuchar mal.


-Dame mi primer beso... Tú siempre me dices algo bonito, siempre estás a mi alrededor, siempre, siempre, siempre; ¿Acaso no esperabas que desearía entregarte mi corazón?-


Eugenia no esperaba eso, aunque lo anhelaba; ¿Acaso podría tenerla completamente para ella?, Quería que fuera así.


Se acercó a su reina, tomo su rostro entre sus manos y sin perder detalle de su rostro se acercó aún más, estaba feliz.

Junto sus labios con los ajenos, pronto estuvo pidiendo permiso para que su lengua jugará con la ajena dominandola por completo, el beso que había anhelado estaba teniéndolo, y quería más, pero no era momento.


Escucho a la Nana de su reina llamarla.


Y tuvo que separarse, pero aún así, la atrajo a su pecho para abrazarla; Empezaba a crearse la idea de que un beso de su reina era mejor que cualquier tesoro, de cualquier continente.


-Quisiera que no te casarás, pero fue parte del trato; deseo que cumplan su parte, así podrás ser feliz-


-Sere feliz contigo-


Había algo que Eugenia se dió cuenta con el tiempo, el olor que tanto la relajaba y que estaba en el cuerpo de su reina se había hecho más fuerte, en especial en este momento, era feliz de saber que el olor se intencificaba cuando estaba cerca.


-Mi Reina... Te amo-


La futura reina solo escondió su cara en el pecho ajeno, pero sus orejas rojas la delataban; justo antes de llegar a la orilla habló.


-Tambien te amo Eugenia-


Eugenia ya podía irse feliz, ese príncipe nunca tendría el amor de su Reina, pero ella sería feliz mientras no estuviera; pronto la linda primavera de besos a escondidas, declararse su amor de noche y pasear por muchos lugares, se terminó.


-Ya tengo todo listo mi Reina-


Su reina se veía decaída, había llorado la noche anterior, había llorado sobre ella y mojado su camisa; nunca quiso que llorara por su culpa, pero no podía faltar al trato.


-Entonces vete antes de que me arrepienta de dejarte ir-


Eugenia sonrió, se acercó a su reina, levanto su rostro y se acercó.


-Dame mi beso de despedida-


Su reina se puso de puntas para alcanzarla, le ayudo un poco a profundizar el beso poniendo sus brazos alrededor de su cintura.


-Por favor vuelve a salvó-


La dragona sonrió, tomo las cosas que tenía y se despidió de todos, una vez fuera de la mansión volteo a ver a la habitación de su Reina, ella la miraba triste, bien tenía que regresar lo antes posible por ella.


Un gran dragón dorado salió de aquella mansión, surco el gran cielo ante la mirada de los ciudadanos; primero paso al palacio donde el rey la recibió.


-Me aseguraré de que mi hijo cumpla con la promesa que te hice... Al menos se que él gobernará bien, lo prepare bien para que tuvieras que arrodillarte pidiendo perdón por decir que ninguno de mis hijos eran dignos-


-El mal olor es de familia... Si algún día, en otra vida nos encontramos y tu hijo fue una mierda, te lo restregare en la cara-


-Juegas demasiado con un hombre moribundo-


-Bueno, me iré ahora, quiero volver antes con mi reina-


Al llegar frente al otro continente empezó su conquista.


La futura Reina a sus 21 años escucho los rumores del ahora Rey y un joven a quién amaba, no tenía noticias desde hace 2 años de Eugenia.


¿Aún seguía viva?.


A los sus 24 años La reina ingresó al palacio sin una ceremonia, simplemente recibió el título de Reina y la frialdad del Rey.

Paseaba por el palacio principal y iba a la biblioteca, paseaba por el jardín, tenía las joyas que le prometieron, aún así extrañaba a su felicidad.


No fue hasta un mes después que caminando por el jardín del palacio acompañada por sirvientas y su guardia personal, escucho a lo lejos un sonido conocido, una gran ave que conocía bien; era una especie de sombra hecha especialmente por Eugenia.


Está se puso frente a ella y le entrego la carta que Eugenia le entrego y una bolsa tejida con hilos de oro, al tener ambas en mano el ave desaperecio.


La Reina estaba feliz, abrió la carta esperando noticia, pero encontró una imagen, era Eugenia sin camisa, herida pero sonriendo y vendandose el brazo.


En la parte inferior de la imagen había una nota diciendo: "conquiste 3 imperios, faltan unos pocos para volver; descansaré para sanar, usa la bolsa para algo que el rey no te pueda dar"


La Reina estuvo Feliz, pero la felicidad duro poco; estuvo comiendo galletas en una de las salas reales, leía un libro cuando la puerta fue abierta, era el Rey y su concubino.


El chico parecía feliz viendo todo con emoción.


-Hola Reina-


El rey lo seguía por lo que tuvo que levantarse y saludar.

Ambos se sentaron frente a ella.


-Evans, el interior del palacio es realmente hermoso-


Con esa frase fue que todo comenzó, el palacio que le fue prometido tanto por el antiguo rey como por Eugenia, se le quitó y le fue entregado al concubino.

El otro palacio no estaba mal, su Nana hizo que las sirvientas limpiará todo, su Nana vio por su bienestar, preparo un jardín con las rosas que le gustaba; eso estaba bien.


Pronto el evento de la creación del imperio llegó, el Rey y la Reina estaban presentes, los nobles presentaban sus respetos; todo iba bien.

Pronto una carta llegó al palacio de la reina, otro evento; si la alababan como una Diosa, pero el Rey... Su poder empezó a caer cuando él no hizo la boda, pero no le importaba; era feliz de al menos pasear y ir a eventos saliendo de aquel palacio tan asfixiante.


Carmen Donna, la Nana de la reina se sentaba a hacerle compañía, cuando estaba en su hora del té.


-Si el rey no viene a visitarla, no habrá heredero-


-Esta bien Nana... Aún no quiero un bebé-


-Pero mi reina...- Carmen suspiró- Apenas nos llegó el mensaje del dragón conquistando otro imperio, gracias a eso los imperios del otro continente se pusieron agresivos y intentarán protegerse aún más-


-Me preocupa Eugenia... -


-Mi Reina... Ella es un dragón, además ella hará lo que sea para volver contigo con vida-


Pronto otro evento, el Rey y una guerra, todo se movía tan rápido y a la vez tan lento, no supo cuando se le prohibió asistir a eventos y cualquier actividad externa.


Daba igual, se empezaba a cansar de tener una estatua a su lado en todos los eventos, se negaba a bailar con ella.

Unos meses después ya era su cumpleaños, Carmen Donna le hizo el pastel que ella y Eugenia compartían siempre.


No hubo fiesta como antes, pero si llegaron regalos de nobles que aún la apoyaban, habían desde joyas hasta telas, Carmen Donna las tomo para hacer vestidos hermosos; aún la tenía a ella, podía soportar la indiferencia del rey hasta que Eugenia llegará.


Unos meses después se encontró con el rey y su amado concubino mientras paseaba por el jardín, podía sentir la mirada de odio del rey hacía ella y sus damas; se le fue prohibido caminar fuera de su palacio luego de eso.


Estaba enojada con el rey, pero solo duró unos meses, ella no tenía la culpa de que Eugenia y el antiguo rey hubieran hecho un pacto, tampoco que las leyes le prohibieran colocar la corona de reina a un hombre, por más que él lo amará.


El guardia que había traído con ella ya no le era leal, se había enamorado de alguien que no podría tener.


Carmen Donna siempre estuvo apoyándola, ella sería la única apoyándola hasta que Eugenia volviera, ambas la apreciaban.


Unos meses más tarde, cuando estaba caminando al comedor, sintió como su corazón era atravesado, más no era a ella a quien habían atravesado.

Carmen Donna la atrapó cuando cayó.


-Eugenia-


Pronto empezó a salir sangre de su boca, Carmen Donna y todas las damas de compañía de la reina entraron pánico, Alex Weichter tomo a la reina y pidió que llamarán a un médico, la llevo a su habitación donde Carmen Donna le limpiaba y trataba de entender lo que sucedía.


El médico llegó, reviso a la reina pero no había nada, un par de magos fueron llamados, lo único que pudieron decir era que algo le había pasado al dragón y al estar conectados la reina había sufrido.


La reina los escucho, Eugenia podría estar muerta.


Esa noche mientras todos descansaban, el mismo dolor la hizo retorcer.


«Eugenia, Eugenia, Eugenia... Regresa a mi»


«Eugenia»


«Eugenia, por favor»


«Vuelve»


Los médicos y magos no podían hacer nada, más que aliviar su dolor.


Ella no quería que el dolor se detuviera, no quería perder la sensación de que al menos Eugenia estuviera con vida.


«Eugenia, Eugenia, Eugenia... No me dejes»


«por favor regresa a mi»


Tan pronto como aliviaban su dolor podía dormir, al menos hasta que despertaba estaba segura de que ella estaba viva.


«Regresa a mi, Eugenia... Tu puedes hacerlo»


Un mes luego el dolor se detuvo de golpe, la reina sintió que moría.


-Eugenia-


Carmen Donna estuvo con ella mientras lloraba.


-Si hay alguien que pudo encontrar una forma de superar a la muerte y no hacerte sentir más dolor es ella- fue lo que dijo.


La reina ya no estaba viva después de eso, ella solo existió, sin una razón aparente; ella ya no estaba anclada a la tierra.


Una noche, la reina no supo si fue un sueño, pero estaba el rey sobre ella, algo brillaba alrededor del lugar; ¿Acaso eran velas?, La voz lejana de Carmen Donna y del amante del rey.


«Eugenia»


La reina estaba embarazada, vio su vientre crecer mientras los recuerdos de esa noche se volvían más borrosos de lo que ya eran.

Deseaba que Eugenia la viera, que le tocará el vientre, que le diera cariño; deseaba tanto que ese niño que llevaba se pareciera a Eugenia.


-¿Cómo te gustaría que se llamará?- Carmen Donna habló.


-... Es el rey quien decidirá-


- Tu también tienes voto mi niña-


La reina lo pensó, si el rey fuera tan generoso de preguntarle, quería ponerle con a Eugenia, si; una niña igual a ella, o un niño.


«No me dejes Eugenia, aún te espero»


Pronto llegó el día del parto.


«Te quiero a mi lado, por favor»


Las contracciones eran demasiado fuertes, escuchaba a su Nana hablarle, no entendía nada; estuvo concentrada en pujar hasta que escucho el llanto del bebé, había deseado que Eugenia estuviera ahí para ver al bebé al que había dado vida.


Aún se recuperaba cuando él Rey y el concubino vinieron, el niño apenas estaba en sus brazos, tenía cabellos rubios, pero no rubios como los de Eugenia, eran rubios como los del concubino; pero sus ojos, eran los de Eugenia.


Pero había algo raro, el niño olía mal, tenía su olor, pero había un olor que le repugnaba en él.


El Rey y el concubino vieron al niño y tan rápido como entraron se fueron.


Unos días después escucho de Carmen Donna que el concubino venía seguido y miraba el palacio, también que había entrado varias veces.


No importaba, el niño la miraba fijamente cuando tomaba de su leche, solo podía pensar en Eugenia.


Se escuchó una conmoción.


Carmen Donna entro preocupada.


-Se llevan a las damas mi reina-


Suspiró antes de pasarle al niño.


- No puedo hacer nada sin poder real niñera... Ni siquiera tengo autoridad- cerro los ojos mientras intentaba nuevamente tocar el lazo de Eugenia, no había respuesta.


Una vez que los guardias entraron en el palacio de la reina su estatus fue severamente dañado, el rey solamente se preocupaba porque su amado no sea amenazado o que alguien lo molestará, esperaba que lo recibieran como si de la reina se tratase.


-Mi reina, ese zorro... Perdón, el señor Yurgel quiere ver al príncipe -


-Dejalo... Que lo vea tanto como quiera-


Pronto le informaron del caballero para el príncipe, lo había enviado el rey, Mio Zodiac el caballero del príncipe.


-Juro por mi honor proteger al príncipe con mi vida-


Hizo su juramento, le recordó a Alex... Otro traidor más, le pasó a la sirvienta de su lado el niño para que se lo diera al caballero.


-Desde que eres el protector de ese niño, espero que cuando lo sostengas, él no sienta repulsión -antes de irse lo miro otra vez- Deberías agradecerle a su majestad por darte ese título que usarás ahora- sin más se fue.


Al caballero del príncipe se le dió su habitación y se le acomodo para que protegiera bien al príncipe.


Unos días después la reina perdió a la única persona que le quedaba en el palacio, habían Lladó a Carmen Donna justo cuando le terminaba de dejar la taza de chocolate que hizo para ella.


-Carmen Donna, ¿Cierto?- hablo el rey- escuché que la reina te trajo de su casa-


-Sí, su majestad. He cuidado de la reina desde que era una bebé -


El rey se levantó tan rápido y apuñaló a Carmen Donna.


-Carmen Donna. Estás bajo arresto por estar asociada con los magos oscuros-


El rey consoló a su amante y limpio la sangre que había caído sobre su mejilla con una voz tan dulce que Helo la sangre de la sirvienta que estaba en shock.

Ella sería la nueva niñera del príncipe, el rey y su concubino se fueron, pronto la reina paso por ahí.


-Mi reina-


La reina miro la sangre de su niñera, no pudo hacer nada.


Camino a su habitación con el sonido de su corazón en sus oídos, se había quedado sola; solo podía mantenerse con recuerdos y con la esperanza de que Eugenia volvería.

Por las noches buscaba un lugar que vio en sueños desde que la niñera había muerto, por el día amamantaba al príncipe tres veces al día.


Ash Tokein era la nueva niñera del príncipe, la iba a tener difícil, pobre chica.


-Entonces cuídalo Ash-


-Sí, mi reina; le llevaré al príncipe más tarde-


No quería al niño en su habitación, olía mal.


-No, no tienes que hacerlo. Odio el olor que el niño deja en mi habitación -


No podía con el olor del niño, pero de cierta forma lo amaba, sus ojos eran los de Eugenia, si tan solo tuviera algo más; no entendía que le hacía tener ese pequeño odio por el niño, sabía que no tenía la culpa de que su padre fuera así con ella, pero sabía que el rey amaba al niño por tener características similares a su concubino.


Sabía que el concubino iba a visitar al niño y a cantarle. ¿El niño podría recordarla?, ¿Podría recordar cómo lo amamantaba?; Y el nombre del bebé... No, no pensaba en eso; el Rey le haría más caso al concubino que a ella, esa tarde la nueva niñera le cuestionó eso.


-¿Cómo le gustaría llamarlo?-


-En un futuro este niño será el sucesor del trono, por lo que es correcto que su majestad lo nombre-


-Aun así, la reina es su madre por lo que estoy segura que ya lo pensó -


-Es mejor que no lo piense, porque no va a suceder... Quisiera que se llamará Eugene-


Si, Eugene... Miro al niño, pudo ver rastros de Eugenia.


-¡Eugene!, Es un nombre que da la sensación que crecerá con valentía -


Sí, Eugenia era muy valiente, recordaba sus historias, solo eso le quedaban.


Pronto llegaron noticias de que la guerra terminó, si tan solo Eugenia se hubiera quedado ella hubiera terminado la guerra más rápido, aunque sabía que solo era una tregua; igual no podría asistir.


Unos días después se encontró con el concubino en la habitación del príncipe, siempre que él estaba junto al príncipe, él apestaba más.


Se sentó para darle la leche al príncipe.


-Tiene un rostro apuesto-


-Gracias-


La reina empezaba a odiar esa sonrisa.


-Es un rostro apuesto que quiero tocar con mis manos-


-¿Lo harías ?-


-No-


No a menos de que Eugenia volviera.


El concubino sabía que la reina ya no tenía poder, el pequeño príncipe lo amaba, sí; todo iba bien.

Él y el rey eran felices, la reina era infeliz, las cosas ya no podían cambiarse.


Klein Capella, un maestro de la espada y héroe de guerra iba llegando y pronto celebrarían.


La celebración dónde nombraron al príncipe llegó y la reina sería la última en enterarse del nombre, claro que no sería Eugene.


El rey Evans elevó al príncipe para que todos los vieran.


-Con todas las personas aquí presentes. Para todos los que no pudieron estar presentes. Se anuncia el nacimiento de un sucesor del reino. Este niño bajo la bendición de todo lo que existe y del abismo de todo lo que no existe. Él gobernará el reino después de mí, es el sucesor de mi reinado. Bajo el nombre de Michael Van Apel-


El bebé ahora podía ser llamado príncipe, será el único heredero al trono y no habrá una lucha por el próximo sucesor.

La fiesta paso con el joven héroe y el mago fugitivo.


Mientras tanto la reina miraba las estrellas, recordaba cuando Eugenia se había ofrecido a regalarle una, pero había respondido que ella era el mejor tesoro; debía ser fuerte hasta que volviera.


Su hermana menor vino a ver al príncipe, pero no sé pasó por su habitación; cada una tenía distintos problemas.


Las sirvientas hablaban de un fantasma que aparecía por las noches, era ella que buscaba ese lugar.


Pronto se encontró con la nueva niñera que decidió acompañarla.


-Mi reina la acompaño, podría ser peligroso- Alex Weichter habló.


-cuando realmente estoy en peligro, las maravillas como tú, no parecen ayudarme-


Él no había hecho nada para ayudarla contra la frialdad del rey, pudo hacer algo cuando la mandaron a aquel frío palacio abandonado, al menos un intento de ayudarla; nunca abrió la boca solo miro con amor al concubino del rey, buscaba su mirada de apoyo, pero nunca estaba.


La reina se rindió después de que no dijera nada sobre que el rey le prohibieran caminar, al menos un intento de defenderla lo hubiera apreciado.


Habían muchas habitaciones abandonadas por la falta de personal en el palacio, abrió la habitación secreta que conducía al almacén secreto, Ash Tokein la ayudo a buscar y a entretenerse con las cosas que hacía y decía, pronto el destelló de la luz se hizo presente, aún no había encontrado aquel lugar.


Sir. Alex recordaba la sonrisa de la pequeña reina, recordaba lo feliz que era con Eugenia, él se había hecho cargo de la seguridad de la reina una vez que Eugenia se fue; se preocupaba si el viento le lastimaria su cuerpo o si se clavaría una espina mientras tocaba las flores. Pero cuando vio al concubino del rey por primera vez, todo cuidado hacía la reina se fue.


Eugenia lo colgaría si se enterará, pero Eugenia no estaba ahí, y ya habían pasado años, suponía que por lo que le pasó a la reina, ella había muerto y por eso la reina dejo de sentir dolor y vomitar sangre.


Otra noche mas y la niñera le acompañaba de nuevo, le pregunto si tubo miedo de casarse; no, no lo había tenido... Estaba segura de que cumplirían su palabra con Eugenia, pero si nadie se acordaba de Eugenia no tenía caso mensionarla, solo le dió un resumen.


Ahora que lo pensaba, ¿Había alguien que se acordará de ella?, ¿Había alguien quien se acordará de la reina que entró al palacio sin una ceremonia?; Ya sea conciente o inconscientemente, se estaban olvidando de la presencia de la reina, todos celebraban el amor del rey y su concubino; nadie preguntaba por ella.


Su hermana menor había venido de nuevo, ambas sentada una frente a la otra, sin de ir palabra alguna.


-Por favor déjame tener al bebé -


La reina miro a su hermana y solo volvió a mirar al té.


-Si eso es todo, creo que debes volver a casa-


Ella aún no sabía muy bien como resultó embarazada, a penas le llegaban pedazos de memoria de esa noche.


Una vez que su hermana se fue siguio bebiendo el té.


En la noche, fue al balcón a sentarse, escucho la puerta abrirse, Ash Tokein le puso la manta que le había dado la noche anterior.


-Mi reina, ¿Hace cuánto que deambula por las noches?-


-Fue después de que desaparición la niñera-


Sí, habían pasado dos meses, Ash Tokein hablo de poder llevarla al lugar que buscaba, sí... solo con magia, hace unas noches habían hablado de eso.


Fueron al almacén abandonado, cerraron los ojos, sintió el suelo desaparecer unos segundos y volvió a sentirlo, abrió los ojos y unos cuantos recuerdos le vinieron a la mente; sí, esté era el lugar.


Ahí estaba la cama, el maldito círculo de sangre; se acercó a tocarlo y este brillo como aquel brillo que vio en sus sueños.

No era un sueño, el rey estaba en la cama, con ella; la niñera estaba en una esquina junto al concubino, la niñera debió estar preocupada porque al estar casada no pudiera concebir.


En un mundo como esté, es lo que debió hacer. Recordaba que ella le dijo que pagarían el precio, que se vengaria.

Él rey amaba a su concubino, pero necesitaba un sucesor; a la familia de la reina eso no le importo, una vez que perdió contacto con Eugenia ya no tenía valor para ellos.


Se sentó en la cama recordando que no era un círculo dónde se pueda concebir por cuenta propia. Sí, se colocaba la sangre de las personas que iban a ser los padres, en el círculo; luego se realizaba el ritual en el centro del círculo, la reina deseo que hubiera Sido un sueño.


-Yo no ame al rey ni un solo momento- ese amor iba solo a Eugenia.


Se pusieron a ver el lugar como si buscarán un tesoro, encontrando un collar, dentro había un retrato del príncipe o eso pensaron, este no tenía los ojos de Eugenia, se lo dió a Ash Tokein para que lo desapareciera, ya era suficiente; había comprobado que no había Sido un sueño, quería a Eugenia con ella, quería a su niñera.


Otro día y tenía a su hermana menor de nuevo.

Pronto le avisaron de una guerra contra Nahe, su hermana seguía viniendo, así estuvo por casi todo el mes.


-Mi reina, la guerra contra Nahe termino, hoy vieron prisioneros de guerra, probablemente sea de la realeza -


Le había comentado su dama, al menos eso era bueno.

Su hermana llegó de nuevo al día siguiente, de nuevo con lo mismo; una conmoción fuera y pronto el anuncio, el esposo de su hermana, Cesar Kajik, entro para sacarla a jalones.


Al día siguiente el rey.


-Su alteza-


-Reina- ambos se saludaron.


Y empezó a reclamar, pero algo que le sorprendió fue la intervención de Ash Tokein.


-Fue mi culpa su majestad-


Era la primera vez que alguien que no fuera su niñera la defendía.


-Debo haber entendido mal. Hasta ahora, pensaba que la reina no estaba interesada en los conflictos políticos, pero estaba gobernando maravillosamente el palacio de la reina-


Se despidió para ir a se habitación.


La guerra contra Nahe se había terminado mucho antes de lo esperado. A pesar de que el rey desapareció toda la familia real fue hecha prisionera, por lo que fue una historia perfecta.


Sucedió cuando la reina miraba al cielo, las bolas de fuego se dirigían a su castillo, eran meteor, Alex había ido a pedir alguna bebida; un meteor cayó creando un agujero en medio de su habitación, entonces lo sintió; su lazo con Eugenia estaba vibrando en vida.


Por otro lado estaba Eugenia, quién después de conquistar a tres países fue atacada por dos imperios que se aliaron, le habían herido de gravedad y para no hacer sufrir a su reina, se sacó el corazón depositándolo en un lugar seguro; pero no lo consiguió hacer bien a la primera. Una vez que conquistó el otro continente envío una carta, pero no sé aguanto mucho, una semana después de terminar de arreglar todo y que la respetarán emprendió vuelo, calculaba que la carta llegaría un día antes que ella, fue en busca de su corazón y antes de ponérselo vio a lo lejos meteor caer sobre el reino.


Se puso el corazón de nuevo y sintió el vínculo con su reina, ella tenía miedo. Utilizo su visión de dragón para encontrar al archimago que causaba esos meteor que asustaban a su reina, ahí estaba; ¿Cuándo hubo una guerra contra Nahe?, No importaba.


Voló lo más rápido que pudo hasta ella, la tomo por sorpresa, le aplastó las manos primero, así se detendría el ataque.


-Reina de Nahe- estaba enojada, su reina estaba asustada.


No, primero tenía que ir a por su reina, tomo a la reina por el cuello entre sus dientes, aún no iba a matarla, por eso fue gentil a pesar de los gritos que dió, voló al palacio donde atravesó el escudo mágico del archimago para ingresar dónde olía al apestoso Evans, lanzó a la reina de Nahe quien todo hasta los pies del rey.


-Hola bastardo Evans- miro a todos lados buscando a su reina, solo guardias quienes de veían nerviosos, Evans también - ¿Dónde está mi reina?- Evans miro a otro lado-¡¿DONDE ESTA MI REINA?!- el rugido de la dragona hizo caer a los soldados del miedo.


-Esta en el otro castillo- hablo por fin el rey.


Los ojos de la dragona se volvieron rojos.


-Te mataré Evans-


Lanzó la advertencia para saltar por el balcón y volar lo más rápido que pudo, llegó a la entrada y empezó a correr, si entraba directo puede que la estructura cayera por los grandes daños.

Al llegar al piso dónde olía a su reina vio a dos mujeres, un bebé apestoso y dos hombres que abrían una puerta, el olor venía de ahí.


Se abrió paso entre ellos y pudo verla, por fin casi 8 años después.


-Eugenia-


Escucho su nombre salir de sus labios, ella se estaba levantando para correr y saltar, Eugenia también lo hizo, la atrapó en el aire.


-Mi reina- desplegó sus las para mantenerlas en el aire.


-Te tardaste mucho-


-Pero ya estoy aquí mi reina, recuerda que siempre estaré para ti cuando estés en peligro, nunca dejaría que algo te lastimé- la sostuvo de mejor forma, debía sacarla de ahí antes- tengo que sacarte de aquí y me contarás todo- sintió el jalón de dolor por parte del lazo, mataría a Evans, estaba segura.


-Sacalos a ellas también- apunto a las personas que las veían, su reina era muy amable.


-Primero estás tú- salió volando hasta el palacio principal-mago- llamo a quien le había destruido el escudo mágico- revisa a mi reina, tengo que sacar a algunas personas importantes para ella... No la toque demás, tu olor la contaminará-


Salió volando para tomar primero a las dos chicas a quienes también llevo al palacio.


-Gracias -dijeron ambas.


-No, esto es algo pedido por mi reina... Oye... Ese niño apesta, es algo que me está molestando- se giró para volver a por los dos hombres, los magos ya llegaban para ayudar cuando los saco.-Bien, hora de poner las cosas en orden- Eugenia camino hasta el asiento del rey y se sentó.- acerca ese niño-


-Eugenia no-


-Mi reina, es algo que me a estado molestando desde que llegué, tú también hueles a él y tienen un poco del mal olor... El que más apesta en este lugar es aquel sujeto- Eugenia apunto al concubino del rey que fue cubierto por el rey- interesante, tú también estás detrás... ¿Dónde está Carmen Donna?-


-Ella desapareció-hablo su reina acercándose a ella, sentía su enojó.


-Alex Weichter- miro a Alex que recién llegaba- ¿Dónde está Carmen Donna?-


-La ejecutaron por aliarse con magos oscuros-


-Esto es gracioso... Pásenme al niño- Alex tomo al príncipe y lo acerco a la dragona en contra de las quejas del rey.-ya veo porque apestan... ¿Es acaso un bonito recipiente?- miro al concubino del rey que le miro con horror- ¿Cuántos años viviste de recipiente en recipiente?, Apestas tanto a demonio que me es imposible verte bien por todo el hedor de tu cuerpo... ¿Qué tal si corto tus posibilidades?- tomo al pequeño príncipe, con claras intenciones de matarlo.


-Eugenia, no; por favor- su reina le suplicó.


-Este niño es una obra oscura mi reina-


-Hay otras formas de hacerlo, déjalo vivir, míralo tiene tus ojos-


Si, no lo podía negar, su reina la amaba tanto como para que este niño saliera con almenos algo suyo a pesar de ser creado con magia negra.


-¿Lo querrás como hijo?-


-Sí, para nosotras... Por favor-


Eugenia asintió, miro al niño y suspiró; llevo uno de sus dedos a su boca para poder abrir un poco y que saliera sangre, la sangre dorada del dragón dorado, el niño bebió su sangre a gusto.


-no... ¡NO!- miro al concubino del rey siendo detenido por el rey-Evans, mira lo que hace con nuestro bebé, Evans-


El niño en sus brazos se quedó dormido mientras ella cerraba la herida pudo oler que aquel niño solo tenía el olor de su reina.

Le pasó el bebé a su reina, mientras la veía recuperar su sonrisa. Fue a sentarse a su lado, en el trono que pertenecía.


-Evans bastardo... Le dije a tu padre que no lograrás ser un buen rey, y me está maldiciendo desde el más allá por tener razón; quiero que sepas que el pacto con tu padre quedó roto desde el momento en el que mi reina fue hechada a aquel palacio, tú padre me prometió que la tratarias como una diosa, que todos la alabarian, todas las joyas serían para ella, todas las riquezas del reino solo para ella- cada vez se iba acercando más al rey, los guardias no iban a intervenir; era el dragón del reino- ere basura Evans- el puño de la dragona fue a parar en la cara del rey.


Lo lanzó algo lejos, pero daba igual se iba a desquitar un poco.

Varios golpes luego el rey se desmayó, el concubino era agarrado por varios guardias, ahora era su turno, pero antes de siquiera dar un paso más, el guardia que rescató se puso frente a ella.


-No, el señor Yurgel es el concubino el rey, no puedo permitir que le ponga una mano encima-


Tenía agallas.


-Quitenlo, que no es con él el problema- varios guardias lo arrastraron- bien, sigamos-


Los guardias que retenían al concubino se fueron más rápido de lo que el puño de Eugenia choco contra su cara. No duró ni tres golpes antes de que se desmayara.


-Eugenia- la reina la llamó.


-¿Si, mi reina?- volteo a verla.


La reina había pasado el bebé a la nueva niñera que aún estaba en shock, y se acercó a ella.


-¿Qué harás?-


-Eso depende de lo que mi reina quiera, yo prometí que cuando conquistará el otro continente me quedaría toda mi vida contigo-


La reina la abrazo por los hombros y dió un salto para besarla, oh sí los besos de su reina eran el más grande tesoro.


Le pidió a su reina que le contará todo lo que pasó, lo cual hizo y Eugenia tomo la decisión de matar al rey y su concubino.

Todo el reino se enteró del regreso del dragón y mágicamente todos recordaron a su reina, estuvieron indignados que la elegida por el dragón haya Sido confinada a un palacio abandonado sin posibilidad de salir.


-¿Ash?, ¿Qué pasa?-


-Mi reina... Solo que aún estoy sorprendida de la existencia de un dragón-


-No te preocupes, fueron 8 años los que estubo fuera-


La reina sonrió mientras sostenía al pequeño Eugene, a Eugenia le puso muy feliz que lo llamaran así; nadie le iba a decir que antes se llamaba Michael, preferían un dragón feliz.


-Xodó- llamo Eugenia a la reina.-Es hora de comer-


-Voy-


La reina le dió a Ash al pequeño antes de ir a tomar el brazo de Eugenia.


-Te amo mi reina-


- Y yo te amo a ti mi dragona-


Sí, su reina era el único tesoro que necesitaba.

[Fin]

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