Yo, Belcebú
¡Meeeeeee abuuuuuuuurroooooo!
Si, yo, Belcebú, Señor de las Moscas, Hijo Impío, a veces llamado Anticristo, me aburro en mi despacho del infierno, con vistas a los pozos de azufre, los mejores de esta planta, claro, mientras repaso nuevamente la larga lista de candidatos al castigo eterno.
— Elvis, si, por gula. Swartz, si, para informáticos. Hawking, llevan tiempo esperándote arriba, no. Annan, quizás, hay que ver todo bien contigo. ¡Stan Lee! Te vienes, aunque solo sea para contarme historias. Franklin, no. Bryant, no. Bader Ginsburg, te falta un tiempo más a medio camino. Príncipe Philip, no, tu único pecado es el orejón. Maradona, nos vendrías bien en el equipo de fútbol, así que, te vienes.
Seguí y dejé la aburrida lista de famosos que aun esperaban en el purgatorio y tomé la de criminales. Esta era mucho más larga aun, entre ellos Escobar, Bundy y Manson, y los marqué a todos, no había razón para dejarlos a medio camino. Capaz y los llevarían a la sede superior por error.
Pulsé el intercomunicador en mi teléfono fijo y llamé a Mammon, mi asistente, para entregarle las notificaciones.
Mammon entró cargado de joyas. Es un hijo de Lilith, propiamente dicho, no como insulto. Mide casi dos metros y es grande como un armario, con fauces sonrientes llenas de dientes, cuernos largos de carnero y garras en lugar de dedos. Llevaba la última corona que le había regalado su madre, de las tantas que ha recibido por milenios, cadenas que cubrían su cuello y pecho, brazaletes, anillos e incluso, entre las pulseras, vi un Rolex de oro y diamantes. No por algo es un demonio de la ostentación y la avaricia.
— Toma, que vayan gestionando estos traslados, especialmente a Lee y Maradona. A ver si pateamos al equipo Celestial de una vez, que desde que tienen a Pelé, no ganamos un partido. Menos mal que no se dieron cuenta de que Maradona está en el Limbo. ¡Corre por ellos, anda! — Le dije, lanzándole el fajo de permisos y solicitudes. Los papeles, en lugar de caer al suelo, como sería lo lógico, flotaron rápidamente a la carpeta que sostenía abierta.
— Creo que es por el abuso de estupefacientes que cometió durante gran parte de su vida. Por allí arriba vi algunos como Michael Jackson y Freddy Mercuri. ¿Quieres que los traiga también? — Preguntó, porque él visita más esa sede que yo.
— Si aun están, tráelos. Luego arreglaremos sus papeles. No vendría mal que animaran esto un poco. — Contesté, sonriendo y mostrando mis propios colmillos.
Mammon es guapo, a pesar de su sonrisa, que se extendió aun más y se giró, para mostrar su desnudo trasero y su cola en forma de mazo. Hice una mueca de desagrado. Es un puto exhibicionista. Pero claro, no hay demonio original que no sea impúdico, sobre todo los hijos de Lilith.
Lilith no es mi madre, dejémoslo claro. Aunque me han asociado a ella algunas veces. Ella tampoco es un demonio propiamente dicho, ya que fue la primera humana creada. Si, creada, no sacada de Adán, como Eva.
El Creador, o Creadora, como quieras llamarle porque no tiene un sexo definido para nadie, ni para sus ángeles en realidad, creó a Adán y a Lilith en crisoles separados, pero con los mismos ingredientes, la tierra vera o verdadera, el Soplo de la Vida y unas gotas de intelecto. Creo que puso de más en ella, si me preguntas.
Eso hizo que Lilith, no mucho después de ser creada, decidiera que Adán era gilipollas y que no quería estar con él. Dios la dejó vagar por el mundo, sin saber que se llevaba la primera descendencia de Adán, ya que aun no sabían que podían hacerlo, y tuvo a sus primeros hijos en la región de Lot.
Oh, si, eso explica porque Caín encontró más humanos con los que relacionarse después, por supuesto, pero es otra historia, no de Lilith.
Lilith no era culo de buen asiento, así que siguió vagando en cuanto sus hijos, que fueron bastantes, nacieron. No me preguntes porqué pudo tener a tantos, yo aun no existía.
Y así conoció a Lucifer, antes de su caída. No sé si fue el trato con ella o si el propio Lucifer presentaba ya las tendencias ególatras, cuando casi incendia el cielo con sus teorías y sus conspiraciones.
¿Y cuando aparecí yo? Pues más o menos, quinientos ochenta años después, cuando un arcángel tuvo sexo con una humana. Fui uno de los primerísimos Nephilins o Nefilings, como quieras llamarnos, nacidos en la Tierra, y nuestros poderes llamaron mucho la atención a los humanos, tanto, que luego nos denominaron deidades.
Si, ya sé que según os enseñaron, las deidades de las distintas zonas se unieron a las filas demoniacas, pero eso no es cierto. Las distintas 'deidades' no siempre eran eso. A veces solo eramos nefilings aburridos e interesados en vivir lo mejor posible. Otras, ángeles, que, ya que no hacían nada en el cielo, se la pasaban jugando con los humanos. No había aún propósito para nadie, ni ángeles, arcángeles, nefilings, humanos... Ningún propósito en la vida. Así que matábamos el tiempo como podíamos.
Entonces Luci empezó con sus quejas y las vacaciones se terminaron. Los líos arriba estaban provocándole a Dios, dolores de cabeza, y no los quería. Para ese entonces, muchos ángeles partidarios de Luci tenían en la tierra sus propias casitas, como Asmodeo o Abaddon, y se lo pasaban teta con los humanos.
Así que sacó a un tercio de sus hordas del cielo, los mandó a lo que llamamos hoy Abismo y, de paso, a todo nefiling que considerase iba a ser más útil abajo que arriba. No todos fuimos mandados al Infierno, ¡cabrones con suerte!
Las órdenes eran claras, nos debíamos preparar para recibir a los humanos que merecieran ser castigados, por lo que debíamos preparar el lugar para que fuera lo más incómodo, desagradable y asqueroso posible. Fácil, teníamos todo el espacio vacío. Era cuestión de construirlo, desde cero. O eso decían los de arriba, que ya lo tenían todo hecho. Ellos solo tenían que construir un paraíso, nosotros un infierno y las oficinas correspondientes.
Y eme aquí, sentado en mi despacho color sangre, con mis moscas pululando, entre restos de comida podrida, excrementos y cosas que no quiero deciros, por los rincones, mi hermosa vista a los pozos de azufre, el mayor logro de Abaddon, por cierto, y con mi mesa de madera de hueso tallado, proveniente de los restos de un ser creado solo para burlarnos de los humanos en su momento, con calaveras humanas apiladas y atravesadas por barras de acero, como patas.
Tengo cuadros que sangran colgados en las paredes, con escenas de los primeros ladrones de cuerpos viviseccionados por demonios, aun vivos, por supuesto. Son solo representaciones de sus almas torturadas, no sus cuerpos materiales. Pero lo metafísico, cuando el alma es fuerte, crea estas hermosas situaciones.
El golpe de mi puerta al abrirse de par en par por el puntapié de Metatron, escriba de Dios y contraparte de Luci, el Emperador, cuando entró a mi despacho, con una hoja de traslado en la mano, llamó mi atención.
— ¡Por todo lo sagrado! ¡Belcebú, ¿cómo tienes la osadía de reclamar a Stan Lee y Maradona a tu sección! ¡Son nuestros! — Me gritó en voz baja, típica de los estirados de arriba, que ni siquiera tienen presencia para imponerse.
Metatron es un hombrecillo de pelo cano, algo rechoncho por a ver sido en su día lo más bajo entre los ángeles, una apariencia bastante anodina y un traje blanco impoluto.
— Maradona es adicto a las drogas e incitó, en su momento, a muchos otros a consumir. Se rumorea que se reunió varias veces con Escobar, quien le admiraba por su habilidad en el fútbol y mis moscas fueron testigos. Y Stan Lee a ayudado a distorsionar la forma de los humanos de ver su realidad con sus creaciones. Además, quien hace primero la solicitud, gana. ¿No es eso lo que dicen las reglas? — Le dije tranquilamente, mientras me limpiaba la mugre bajo las uñas con un abrecartas. No hay forma de estar entre esta y que no pasara a ser parte de ellas.
— ¡Pero son buenas personas! ¡No merecen castigos! — Trató de refutar.
— No te preocupes, Stan solo va a tener que romperse el coco para escribir más historias, y Maradona, cuando no juegue al fútbol, sentirá el mono de sus adicciones. Dentro de... No se... ¿Doscientos años? Podremos revisar si están arrepentidos de sus actos en vida. ¿Qué te parece? — Le dije sin mirarlo, porque la blancura de su traje me molesta.
— ¿Doscientos años? ¿Que tal cien? — Trató de regatear.
— ¿Y que tal quinientos? No es como si para ellos el tiempo pasase de forma alguna... ¿O temes que os demos una paliza en cuanto tengamos a Maradona en forma? Está mayor, claro, pero quien tuvo, retuvo, guardó para la vejez, y en el infierno lo podemos ver.
— ¡Eres insufrible, Belcebú! ¡Está bien, lo hablaremos en doscientos años en la reunión de revisiones! — Se dio la vuelta y se fue, dejando el apestoso olor a santidad en el aire. Mammon entró con un bote de ambientador de mofeta en la mano, rociando allí donde había estado y mis moscas se alegraron, zumbando animadamente.
— Lo siento, entró como una exhalación y no pude detenerlo.
— No hay problema, ¿conseguiste a los dos músicos al menos? — Pregunté animado. Mammon sonrió con malicia. Si, los había conseguido.
— Mercuri aparecía por su nombre real, y nadie se dio cuenta de quien era, está acusado de ser promiscuo y transmitir el sida a dos amantes. Aunque él no sabía en ese momento que sufría de eso. Y Jackson estaba entretenido jugando con las almas de los recién nacidos, antes de que subieran, al salón de las almas de nuevo, para sus renacimientos. Realmente es algo curioso ese hombre, en un momento es un adulto muy centrado, y en otra, un niño revoltoso o apático, dependiendo de lo que vea. Creo que no respondió cuando lo llamaron y lo pusieron como ausente a juicio.
— Pon a ambos a cantar para animar a los mecanógrafos y, para los que están haciendo las admisiones, proporciónales auriculares, las almas en pena son las que han de aburrirse, no nosotros. ¿Qué tal va Jane Austin con la bibliografía que le pidió el Emperador? ¿La ha terminado? —Mammon negó con la cabeza y yo sonreí. Le va a llevar milenios.
— Nuevamente, el Emperador a empezado a alabarse a si mismo y Leviatán a meterle mano, a estas alturas, ocurrirá antes la Segunda Venida que la publicación de las memorias del Emperador. — Hice una mueca, la fecha de ese evento humano estaba próxima. Solo algunas profecías cumplidas más, y tendríamos a Jesucristo caminando por las calles de nuevo. Un fastidio, perdonando pecados, curando a los ciegos, aliviando a los adictos, ya que ahora no había leprosos. Nos iba a joder la diversión, ¡con lo bien que iba el siglo!









